Pero piense el Gobierno que si España se le va de entre las manos, no podrá escudarse tras de una excusable negligencia. Cuando la negligencia llega a ciertos límites y compromete ciertas cosas sagradas, ya se llama traición.
José Antonio Primo de Rivera. (F.E., núm. 15, 19 de julio de 1934)
Siglito, este presente, en el que el señor Mas asegura -dice El Mundo- que será el siglo en el que Catalunya recuperará su plena libertad.' Eso sí, ha añadido que nuestras armas no son las mismas que en 1714, 1713 o 1712, no son ni los cuchillos ni las bayonetas ni los fusiles, sino la democracia, el civismo, el espíritu pacífico y la movilización.
Falta por ver si los catalanes -o sea, los de verdad, no los que chupan de presupuesto a costa del resto de regiones de España- están por la labor, o si -como en otra fecha que don Artur obvia, pero que existió- le salen respondones cuando se animen a dejar de ser pasotas.
Copio del Diccionario para un macuto -magistral obra del maestro Rafael García Serrano- que en la papeleta correspondiente a la palabra Arenga, cuenta:
Arenga muy notable y divertida es la que cuenta Fontana en Los catalanes en la guerra de España. Resulta que Cabanellas fue a visitar en 1936 a la centuria catalana de Nuestra Señora de Montserrat que se batía en Espinosa. “Os traigo turrones y vinos -relata Fontana-, y cuanto precisáis para pasar las próximas fiestas navideñas. Ya sé que estáis lejos del hogar, pero yo os prometo que pronto tendréis la Cataluña libre... (codazo del ayudante y sonrisas en la centuria), libre... ¡libre de los rojos que la subyugan!”
Y es que ahí les duele: que Cataluña -la de verdad, la laboriosa, la culta, la del sentido común- poco o nada tiene que ver con estos advenedizos sinvergüenzas que la subyugan.
Nos lo cuenta El Mundo: El pulso político vuelve al Congreso y al Senado tras mes y medio de vacaciones.
O sea: como los niños al cole, acaso porque los diputados -diputadas, diputades, dipuleches-, no saben casi nada de todo; y, como los niños, tienen que ir a que les enseñen las cuatro reglas -sobre todo a restar-, a colocar los sujetos, verbos y predicados en su sitio -de figuras retóricas ni hablamos, claro-, a que les enseñen a aplaudir a cuatro patas al amo, y a poner la mano. Y el cazo.
Y estos trileros que disfruten de mes y medio de vacaciones de verano -y otro mesecito largo en Navidades, aunque sean laicos; y los días que sean en Semana Santa, que para eso sí somos católicos aunque para suprimir el aborto no- son los mismos que le quitan a los funcionarios los días de vacaciones que Gobiernos anteriores les dieron como compensación por las pérdidas salariales de escándalo.
Negociación de don Mariano Rajoy -lamentable presidente del Gobierno- y don Artur Mas -igualmente lamentable presidente de la región autónoma de Cataluña-, según dice El País.
En esta negociación -secreta, por lo que informa el referido periódico-, el señor Rajoy pretende encontrar una salida dialogada y de consenso a la crisis política, porque hay que ayudar a Mas a buscar una salida.
Quizá por eso -sigue El País- Rajoy, en ese afán por evitar ahora la confrontación, no quiso ayer ni siquiera descartar tajantemente la posibilidad de que se pueda buscar una fórmula para algún tipo de referéndum en Cataluña, por ejemplo a través de una no vinculante ley catalana de consultas.
Por su parte, el señor Mas ha declarado -lo dice también El País- que “La consulta se hará sí o sí. No hay ni un solo milímetro de marcha atrás en nada, ni de freno.”
Pues siga usted, señor Rajoy dándole aire al separatismo, no se vaya a sofocar; y tráguese sus palabras y sus promesas electorales, que ya sabe usted -como yo- que el pueblo soberano es gilipollas y no se lo tiene en cuenta; y siga usted siendo un dialogante, un consensuante, un calzonazos y un cagurrín.
Lo que tengo que decir -aparte de lo mentado- es lo que figura en primera línea de mi diario, justo debajo de la cabecera, y firmado por José Antonio Primo de Rivera:
Pero piense el Gobierno que si España se le va de entre las manos, no podrá escudarse tras de una excusable negligencia. Cuando la negligencia llega a ciertos límites y compromete ciertas cosas sagradas, ya se llama traición.
Y luego nos quejaremos cuando alguien modifique la ley, y restablezca la pena de muerte para tiempos de guerra -que la Constitución permite- y la empiece a aplicar según proceda con traidores, genocidas, hombrines y hominicacos.
Aprovechando que estoy de vacaciones -pues sí; ahora, cuando todo el mundo vuelve- puedo permitirme alguna alegría suplementaria, como es la de entretenerme un poco más al leer la prensa.
No es que traiga nada nuevo -los periódicos parecen copiar las noticias de un día para otro o, mejor dicho, los días se copian a sí mismos entre corrupciones y corruptelas- pero a veces se encuentra uno con algo a lo que merece la pena dedicar unos minutos.
Por ejemplo, el reportaje dedicado al submarino de Isaac Peral -que quien haya visitado Cartagena habrá visto- en El Mundo de ayer.
El País (4-9-2013): El secuestrador de Cleveland, hallado muerto en su celda.
Ariel Castro, el hombre condenado a cadena perpetua por haber secuestrado y violado a tres jóvenes durante una década en su vivienda de Cleveland, fue encontrado muerto en su celda del Correccional Oriente el martes por la noche, según ha confirmado un funcionario de prisiones del Condado de Franklin (Ohio).
El País (4-9-2013): China reconoce que un funcionario murió ahogado durante un interrogatorio
Según recoge la BBC, el informe forense indicaba que Yu había muerto por un fallo pulmonar producido por la inhalación de líquidos. Otras fotografías mostraban moratones y magulladuras en el cuerpo del ingeniero.
El País (9-8-2013): El juez obliga al etarra Bolinaga a que lo examinen los forenses de la Audiencia
Josu Uribetxebarria Bolinaga, el etarra enfermo de cáncer en libertad condicional desde agosto del año pasado por su estado incurable, tendrá que ser revisado en persona por los forenses de la Audiencia Nacional, quiera o no quiera.
Destitución que imagino pedirá ipso facto el portavoz adjunto del PP en el Congreso, don Rafael Hernando, por los motivos que a continuación explicaré.
A propósito de mi comentario de hace unos días -que ustedes pueden encontrar justo aquí debajo- un camarada me decía que le daba demasiada cancha a Gallardón, el cual sólo merece una frase catalogándole entre la fauna a la que pertenece; es cierto, pero a mi me divierte dejar con la popa al viento a los idiotas.
En aquél comentario decía que todos los progres -peperos incluidos- estaban de acuerdo en penar con cárcel las apologías diversas de todo lo que a ellos no les gusta. En consecuencia, los tolerantes populacheros quieren entrullar a quien -como yo, señor fiscal, se lo digo por si es tan cortito como su amo- luzca una Bandera de España con el Escudo del águila de San Juan, que es la de la época de Franco, si; pero también la de los Reyes Católicos.
Por supuesto, el señor Gallardón no mostraba intenciones de corresponder con la misma legalidad a la exhibición de otros símbolos, como el puño cerrado de los agarracuernos, o -sin ir más lejos- las banderas de la IIª República que tan profusamente lucen comunistas, socialistas, sindicatos marxistas y guarros en general.
Y miren ustedes por dónde, el citado señor Hernando declara ahora que considera que formaciones como el PSOE deberían expulsar a sus afiliados si exhiben banderas republicanas, por ser este un símbolo tan "inconstitucional", a su juicio, como la bandera franquista. Y ha añadido -siempre según El Mundo-: Habrá gente que podrá pensar que legítima era la otra, porque ha estado 40 años.
Don Rafael Hernando -ya saben, portavoz adjunto del PP- luce cierto desconocimiento de la Historia de España, cosa que tal vez sea consustancial con la política memocrática. En primer lugar, la bandera franquista no es inconstitucional, puesto que con ella se abre la Constitución del 78, y ahí tienen la imagen que lo demuestra. Tampoco ese Escudo está prohibido por ninguna Ley; simplemente, una disposición posterior a la Constitución, lo cambió por el actual, borbónico y desalado.
Por otra parte, la Bandera de España a que hace referencia, no ha estado 40 años. Ha sido la Bandera de España desde Carlos III, lo cual supone algunos añitos más. Siglos en los que se ha cambiado algunas veces el Escudo, tanto de lugar dentro de la Bandera como de cuarteles, corona, motivos heráldicos reflejados, etc. Pero la Bandera es la misma desde hace siglos, incluida la Iª República.
La que si es plenamente inconstitucional -y anticonstitucional- es la de la IIª República, porque la Constitución, en su articulo 4º, define claramente que la bandera de España está formada por tres franjas horizontales, roja, amarilla y roja, siendo la amarilla de doble anchura que cada una de las rojas.
En consecuencia, la bandera que don Rafael Hernando llama franquista, no sólo no es anticonstitucional, sino que ni siquiera es ilegal. La de la II República si está en confrontación directa con la letra de la Constitución. Y sin embargo, el señor Ruiz Gallardón no tiene a bien incluirla entre los símbolos a perseguir, ni entre los actos y opiniones que lleven puedan conducir al talego.
Por tanto, espero con verdadera impaciencia que don Rafael Hernando -tras afirmar que formaciones como el PSOE deberían expulsar a sus afiliados si exhiben banderas republicanas- eleve a su superioridad, por los cauces que correspondan, la solicitud de destitución del ministro Gallardón, por no considerar esta manifiesta ilegalidad punible en su nuevo Código Penal.
Reforma del Código Penal, que al parecer se centra en dar gusto -con perdón- a los fiscales progresistas de los que hablé hace unos días; a los jueces progresistas, a los gilipollas progresistas -disculpen, lo sé, es una tautología- y a los canallas a granel.
El caso es que don Alberto Ruiz Gallardón no se centra en perseguir la corrupción de los partidos políticos, ni de los sindicatos -¿hace falta decir políticos?-, ni de la banca, ni de las autonomías, diputaciones, ayuntamientos, aldeas y retretes con banda de música y banderilla propia. Don Alberto no se centra en que los asesinos cumplan sus penas; en que los delincuentes no puedan salir de la cárcel a delinquir en vacaciones o fines de semana; en que los paidófilos y violadores no puedan repetir sus hazañas durante las décadas que la Ley determine en manera proporcional a sus culpas.
Don Alberto no se centra en penalizar como corresponde la no tenencia de documentación válida de los inmigrantes ilegales; esto es en la misma medida que se penaliza a los autóctonos, para los que no tener el DNI a mano si lo pide la Policía puede ser un lío.
No se centra don Alberto en que los conductores borrachos y con el carnet de conducir retirado que causan muertes, paguen como determine la ley, sin indultos digitales, prevaricadores y, posiblemente, cohechistas.
No se centra don Alberto en garantizar para todos el derecho fundamental de la vida, ni la igualdad ante la Ley con independencia de los órganos genitales que a cada cual correspondan, de forma que si es delito darle una colleja a la mujer, también lo sea mesar los cabellos al marido.
Y menos aún se centra don Alberto Ruiz Gallardón en defender la libertad de expresión, que consagra el artículo 20 de la Constitución; ese cuyo primer apartado figura en mi cabecera, para advertencia de fiscales, jueces y ministros totalitarios.
No; don Alberto se centra en perseguir la apología del fascismo, el nazismo y -a poco que se le rasque- la Ley de la Gravedad. Así -vean la noticia en Alerta Digital- el señor Ministro Gallardón ha conseguido el apoyo unánime de todos los partidos para que en la reforma del Código Penal -según afirma un barandilla de los fiscales progres-, “la simple manifestación pública de actitudes fascistas tendrá una repercusión penal sobre estos individuos”.
Como los fiscales progres, los jueces progres, los giliprogres en general, no tienen ni idea de nada, carecen de razones y sólo degluten tópicos, está claro que la reforma de Gallardón pretende perseguir -el mismo barandilla de los fiscales progres lo cita- a quien se atreva a ondear la bandera de España que los necios llaman franquista porque lleva el escudo de los Reyes Católicos. O sea, y para entendernos: la misma que aquí, en mi cabecera, pueden ver los lectores, los fiscales giliprogres y el ministro Gallardón.
Es de suponer que el Ministro Gallardón conocerá muy bien esa bandera, pues a buen seguro en casa de su propio suegro debe haber alguna, si no en presencia viva, en multitud de fotos que José Utrera Molina, falangista que no cambia de bandera y, por tanto, camarada al que respeto y admiro, tendrá como testigos de una vida al servicio de una España mejor. También es de suponer que Gallardón estará pensando en el indulto que habrá de conceder a su hijo, que escribió un prólogo apologético del libro de su citado abuelo.
También permitirá la reforma, por ejemplo, que a quienes gustamos de saludarnos con el brazo en alto y la mano abierta -cosa que viene desde la antigua Roma que nos dejó, entre otras muchas cosas, la Lengua y el Derecho; pero que hay quien afirma que los romanos aprendieron de los hispanos- nos metan un paquete. Cuestión peligrosa, que puede convertir en heroicidad cuestiones tan habituales como saludar a un amigo que camina por la acera contraria -no necesariamente la de en medio-, llamar un taxi o agradecer a otro conductor que nos ceda el paso.
Por contra el señor Gallardón, los señores fiscales progresistas, los señores jueces progresistas, los señores políticos progresistas, los señores idiotas progresistas, no prevén la menor sanción a quienes se manifiesten con banderas que no sólo lleven un escudo que no es el vigente legalmente -aunque la Constitución si lo tenga como bueno-, sino que son manifiestamente ilegales, inconstitucionales y, si me apuran, prehistóricas, como son las banderas de la Segunda República, tan profusamente exhibidas por comunistas, socialistas, quincemierdas y gorrinos en general.
Ni que decir tiene, don Alberto y sus congéneres pijoprogres no contemplan punible lo de levantar el puño cerrado, actitud evidentemente amenazadora en toda cultura, todo lugar y todo tiempo, especialmente desde que los seguidores de Carlos Marx lo instituyeron para avisar de lo que le esperaba a quien se opusiera al totalitarismo de los revolucionarios de salón que usaban la canalla -palabras dirigidas por Marx a Engels- para comprobar sus doctrinas.
Y mucho menos se estipula como delito la apología de la guerra santa musulmana, ni las santas costumbres islamistas que predican sus imanes, como lo de sacudir a la coima -con lecciones especiales para que no queden señales-, el asesinato de las muchachitas que pretendan casarse con un no mahometano, o de las que se nieguen a casarse a los diez años con un desconocido.
Tampoco parece interesado el nuevo Código Penal de Gallardón en perseguir la apología de mas genocidio que el de los judíos en la GMII. Así, parecen quedar legalizados los genocidios por razones eugenésicas -los llamados bebés medicamento, por ejemplo, para cuya consecución deben morir muchos embriones viables hasta hallar el que sirva-; por razones hembristas -nosotras parimos, nosotras decidimos; y al hijo de este señor que me fecundó que me lo quiten de dentro, que me estorba-; o por razón del odio a los diferentes -niños con enfermedades-.
¿Puede desprenderse de esta reforma gallardoniana que entramos decididamente en el camino del totalitarismo marxista, con unas gotitas de islamismo?
Pues no; si miramos los detalles de la reforma del Código Penal de don Alberto Ruiz Gallardón, aún podemos tener esperanzas. Porque incluye a los que “fomenten, promuevan o inciten directa o indirectamente” al odio por motivos ideológicos, racistas, de religión u orientación sexual, entre otros.
Esto, con la letra del Código en la mano, implica que a los señores fiscales progresistas les esperan de uno a tres años de cárcel si me vienen a tocar las narices por mi ideología Nacionalsindicalista; que a los simpáticos inmigrantes de color -negro- les caerán de uno a tres años si nos vienen a jorobar a los blancos; que los amables musulmanes verán varios años las hermosas filigranas de las rejas si nos dan la murga con sus comidas especiales en los centros públicos -hospitales, colegios, cárceles-; que los homosexuales de los tres sexos se las entenderán con la ley si nos exhiben sus gustos por las calles...
Es más: significa que los blancos, católicos y heterosexuales tendremos, por fin, la protección que la Ley -o al menos su práctica- nos ha negado desde hace décadas.
Y no; no estoy borracho. Para tajada aparente -entiéndame bien, señor fiscal: apariencia de tajada- la del señor Gallardón en cierta ocasión inmortalizada en la tele, que pueden ustedes contemplar pulsando sobre la imagen o siguiendo este enlace.
Así es como se hacen las reformas legales en esta memocracia.
Ustedes ya saben -y si no lo saben, se lo digo- que progre y gilipollas viene a ser lo mismo. Hay gilipollas que no son progres, porque de todo ha de haber, y en las mejores familias sale un papanatas; pero no conozco un solo caso de progre que no sea gilipollas.
Si la afirmación les parece exagerada, tengan la bondad de comprobar la noticia que daba ayer Público -claro ejemplo de lo que les digo- sobre una llamada unión progresista de fiscales, que estudia denunciar los gestos fascistas de miembros y dirigentes de Nuevas Generaciones (NNGG) que han salido a la luz en los últimos días, para advertir de que el "auge" de estos comportamientos "no son una cosa trivial", según ha informado el presidente de esta organización, Álvaro García." Advierte, además, "que los actos de apología nazi y fascista "son delictivos" y "deben ser perseguidos por la Fiscalía y debidamente sancionados".
A mi -Nacionalsindicalista desde poco después de la muerte de Franco- me importa una higa lo que hagan o dejen de hacer las Nuevas Generaciones del PP. Según lo veo, y creo no errar en un buen porcentaje, son jovenzuelos que o no saben lo que hacen, o no saben donde están, o ambas cosas, que no hay que poner puertas al campo y la ignorancia es amplia y generosa.
Pero a mi, Nacionalsindicalista -o para que los fiscales progres y demás gilipollas me entiendan, Falangista- me parece muy divertido que unos funcionarios públicos, a los que pago con mis impuestos, decidan perseguirme por mis ideas.
Ya lo intentó algún Director General de Seguridad de la Segunda Republiquita -con el resultado de todos conocido, incluidos los fiscales progres que no sean demasiado incultos-, y José Antonio le respondió en el Parlamento comparando la persecución del fascismo -así lo decía para que los estúpidos le entendiesen- era la persecución de una idea y que era equivalente a perseguir, por ejemplo, la geometría euclidiana. El lo dijo con mucha más gracia de la que yo soy capaz de transcribir, y recomiendo la lectura del discurso de fecha 1 de febrero de 1934.
Hay por ahí una Directiva Europea que ordena perseguir a cualquiera que haga manifestaciones públicas de intolerancia, de radicalismo o de incitación a la discriminación por razón de las ideas. Como todavía no se ha institucionalizado el derecho de pernada en la UE -ni siquiera en la memocracia que nos acogota- espero que estos señores fiscales progres sean debidamente encausados. No tanto por intolerantes, radicales y discriminadores, sino por prevaricadores y, en último extremo, por imbéciles.
Pero como las Directivas Europeas, las democracias europeas, las tolerancias y las legalidades europeas son de sentido único y también, como aquellos gobiernillos segundorepublicanos, beligerantes contra el fascismo mientras el comunismo les roe el calcañar y aún otras cosas, y el islamismo les prepara para ponerles de cara a la Meca, supongo que estos señores fiscales prevaricadores, publicistas, políticos, que no obedecen a la Ley sino a la ideología -y que sólo toleran una ideología, que es la rojiprogre- tendrán un gran éxito persiguiendo el fascismo. Lo que ellos llaman fascismo, entendámonos, que es todo aquello que no era bueno para la IIIª Internacional, ahí es nada qué modernos son.
Y como uno, a fuer de español y falangista, tiene su puntito de fanfarronería y su miajita de generosidad, aquí tienen los señores fiscales progresistas toda la apología del fascismo que quieran encontrar. Aquí tienen la imagen del Valle de los Caídos, cruz fascista donde las haya; aquí tienen la bandera española con el águila de San Juan de los Reyes Católicos, fascistas redomados y contrarios a la alianza de civilizaciones zapateril y rajoyesca; aquí tienen enlaces a las publicaciones fascistas que he tenido el honor de dirigir, y a los artículos que durante más de 30 años he escrito haciendo apología del fascismo. Aquí tienen enlaces a otros varios sitios peligrosamente fascistas; y aquí tienen, por último, mi confesión.
También podría incluir la advertencia -que no amenaza, porque no es ese el estilo nacionalsindicalista- de que probablemente nos veremos las caras un día de estos, y puede que entonces las cosas sean distintas. Pero eso llegará por sus pasos contados, que algunos vamos viendo y ustedes, como los cenutrios que son, ni se enteran metidos en su burbujita de progremierda.
Tema que lleva coleando un par de semanas, y cuya ausencia en este diario habrá sorprendido a mis habituales. No había dicho nada por dos motivos. Uno, que estoy recuperando mis viejos y buenos hábitos de programar, lo que me sumerge en un mundo perfectamente lógico, totalmente racional, absolutamente consecuente. Abismalmente alejado, por tanto, de la porquería cotidiana, de la cotidiana mentira.
Otro -el principal- que no me lo creo, y a continuación me explicaré.
No me creo que a estas alturas, Rajoy y sus mangarranes sientan la llamada patriótica, ni el recordatorio de la dignidad, ni el peso de la Historia. Menos, aún, que hayan notado que España limita al Sur con la vergüenza de Gibraltar.
No me creo que la enésima afrenta, la enésima provocación, la enésima desfachatez de los llanitos haya colmado ningún vaso.
Y menos aún me creo que este Gobierno -con esta oposición y con estos cabritos aldeanos- vaya a llegar a las últimas consecuencias. Últimas consecuencias que no son bélicas, evidentemente, porque entre otras razones tampoco tenemos con qué. Pero últimas consecuencias que son, en buena lógica, la aplicación rigurosa de la legalidad vigente.
En el tema de Gibraltar hay un tratado internacional y varias resoluciones de la ONU. El Tratado de Utrech prohíbe terminantemente la comunicación por tierra entre el territorio usurpado por Gran Bretaña y el resto de España; las resoluciones de la ONU dejan claro que Gibraltar es un territorio ocupado y colonizado, y recomiendan el establecimiento de negociaciones para determinar la descolonización.
No hay más legalidad vigente al respecto, y la postura lógica del Gobierno español sería aplicarla a rajatabla, lo cual conllevaría el cierre absoluto de la verja, en primer término. Igualmente conllevaría el cierre del espacio aéreo español para aeronaves con destino u origen en Gibraltar, la negativa a dar soporte técnico de control aéreo a las mismas, y la expulsión de las aguas territoriales españolas, puesto que el Tratado de Utrech no se las reconoce a Gibraltar.
No tiene, pues, derecho el gobiernete colonial llanito ni a arrojar bloques de hormigón ahora, ni a arrojar en los pasados meses miles de toneladas de tierra, con el fin de ganar territorio al mar. No tiene derecho a mantener un aeropuerto que está en territorio español, ni a navegar su contrabando por aguas españolas.
Esa es la única política posible: cumplir el Tratado de Utrech, en tanto el Gobierno británico -no el llanito, que no tiene voz, ni voto, ni vela en entierro- no se avenga a negociar la descolonización ordenada por la ONU.
Política acompañada, en lo interior, con la necesaria creación de empleo para todos los españoles que a día de hoy han de pasar a Gibraltar para ganarse un pan que la democracia -no se olvide que cuando se cerró la verja en los años 60 se estableció un Polo de Desarrollo en La Línea- les niega.
Y política acompañada, en lo interior, con la inmediata disolución de partidos que, como ERC -véase El País- muestran su apoyo a los llanitos en contra de España.
¿Va a hacer esto el Gobierno del señor Rajoy? ¿O se la va a envainar si consigue aplacar los escándalos de financiación irregular de su partido? ¿Va a llegar hasta el final, empezando por proteger a los trabajadores españoles de la zona, o los dejará -una vez más- en la estacada cuando ya no le sea rentable mantener la presión?
Pues ahí tienen el por qué empecé diciendo que no me lo creía.
Libertad de expresión avalada por el Tribunal Supremo -véase Público- que le permite decir al citado individuo que "lo que mejor podían hacer con el Valle de los Caídos, previo al hecho de sacar los restos de los allí enterrados, era volar todo".
Para el mínimo Tribunal Supremo, estas palabras de Anasagasti -que perpetró en un artículo publicado en Deia- no incitan al odio ni a la violencia, ni contienen "de por sí un contenido vejatorio ni discriminatorio". Para el Tribunalillo, de la manita con la Fiscalía y de acuerdo con la doctrina del primo de zumosol del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, afirmar que hay que dinamitar un templo consagrado como Basílica es cosa de simple opinión.
Como el fulano Anasagasti -en el mismo artículo- decía que "Madrid limita al sur con una vergüenza mayor, el Valle de los Caídos, con Franco dentro", me considero eximido de presentar más prueba de que Anasagasti es un indocumentado, un necio, un inculto y un tonto. Porque todo el mundo sabe que el Valle de los Caídos está al norte -noroeste, por mayor exactitud- de Madrid.
Pero esta declaración del prevaricador supremo sobre la libertad del tontiloco para hablar sin saber de qué, sin saber con qué, y sin saber por qué, me va a permitir decir otras cuantas cosas acogiéndome al mismo derecho.
Así, espero que señor fiscal incompetente de guardia y -llegado el caso- en tribunalillo prevaricador que corresponda, entiendan que las declaraciones que siguen son "opinables, evaluables y cuestionables, pero se hallan dentro de los límites de la libertad de expresión, y desde luego no entran dentro del perímetro de cobertura de la norma penal que cita la parte querellante (art. 510 del C. Penal)".
Por tanto, espero que no sea considerada violencia, ni incitación, ni vejación, ni discriminación, la sugerencia de que lo mejor que se podría hacer con el alopécico vergonzante Aasagasti, es meterle un cartucho de dinamita por el camino recto, y explotárselo -por control remoto, para quedar al resguardo de la mierda-, previo sirenazo de aviso, como suele hacerse con las demoliciones de lo viejo, caduco, desfasado e inservible.
Entiendo que en este mundo tiene que haber de todo -hay gente p'a tó, que dijo El Guerra cuando le presentaron a Ortega y Gasset como filósofo-, y así la infinita bondad de Dios Nuestro Señor permite que existan los Unamuno y los Anasagasti; las águilas y las cotorras; los halcones y los buitres; que usemos el mismo idioma Rafael García Serrano y yo.
Pero también que coexistan los Anasagasti y los paramecios; los Anasagasti y los batracios; los Anasagasti y las hienas; que haya cabras, cabritos, cabrones y Anasagastis.
Todo ello, por supuesto, sin -como indica el tribunalillo ínfimo- vejar ni discriminar, y ruego me disculpen por la asociación con Anasagasti los paramecios, los batracios, las hienas, las cabras y los cabritos. Los cabrones no, que vienen a ser lo mismo.
Probablemente, ustedes habrán observado que los edificios de nueva construcción están coronados por una batería de paneles solares. Esto no es una concesión del constructor al ecologismo, no es un guiño al comprador sensibilizado, no es una oferta de ahorro: es una obligación desde que se aprobó hace unos años el Código Técnico de Edificación.
Pues ahora, cuando ya los edificios nuevos han incluido paneles solares, y muchos antiguos se han adaptado instalándolos para ahorrarse unos euros, viene el Gobierno con los aumentos. Concretamente, con la subida del peaje de respaldo que se pagará por generar energía en un domicilio, y que será un 27% más alto que si se opta por el consumo convencional y se abona el peaje por el uso tradicional de la red, según informa El País.
Dicho en román paladino: que si usted se produce su propia energía -pagando un buen precio por los paneles, evidentemente- tiene que pagarle a las empresas eléctricas más que si toma la corriente de la red sin más.
¿No les recuerda esto el invento de la gasolina sin plomo, mucho más barata que la normal hasta que ya todos los coches tenían que utilizarla por narices?
Nada nuevo bajo el sol, nunca mejor dicho. Hay que ayudar a los amiguetes -esos mismos que se quejan de no se qué déficit tarifario, pero cada año tienen ganancias multimillonarias-; y si encima cobramos el IVA sobre la estafa, mejor.
Nueva hasta el momento, que nunca se sabe hasta qué extremos de bufonez puede llegar este condenado ex juez.
Dice ahora -véase El País- que como el presidente del Tribunal Constitucional, Francisco Pérez de los Cobos, era militante del PP, debe ser anulada la decisión sobre el recurso que Garzón presentó contra su condena.
Y esto lo dice un señor que fue de número dos de Felipe González Márquez en las listas del PSOE por Madrid.
Érase un país carcomido por la corrupción, naufragando entre la incapacidad y la desidia, hundido en la cobardía. Érase un país donde las instituciones estaban llenas de miserables, de apocados, de traidores, de incapaces y de chulos. Érase un país donde cada región, y cada reyezuelo, y cada tribu, y cada aldea, y cada retrete, querían tirar por su lado, renegando de la unidad que les daba sentido.
Érase un país donde los pobres eran cada vez más pobres, los ricos más ricos, los sinvergüenzas más canallas y los criminales más impunes.
Érase un país donde los señoritos de izquierda no entendían de más libertad que la que les caía en la entrepierna, y los señoritos de derechas no conocían más principios que los que les salían de las cuentas corrientes.
Érase un país donde recordar con orgullo la historia patria era claro signo de fascismo, donde la Universidad estaba entregada a la horda asiática, donde la Justicia estaba entregada a la política y donde la política se vendía al mejor postor.
Érase un país... ¿a que están pensando que hablo de España hoy? Pues no; hablo de la España de 1936. Entonces, toda aquella podredumbre tuvo fin, y el fin comenzó un 18 de julio.
Evidentemente, este 18 de Julio de 2013 no va a suponer el fin de la miseria, la podredumbre y la apatía. Pero iguales causas tienden a producir idénticas consecuencias, y la esperanza es lo último que podemos perder. Al menos, hasta que tengamos los santos cojones de ponerle un buen cirio a Sanseacabó.
Suele verse escrito el dicho -más o menos- como que la mujer del César no sólo debe ser honrada, sino que debe además parecerlo.
Esto es inexacto, y así me lo hizo saber un lector de La Nación con ocasión de haberlo escrito como antecede en un artículo. No se trata -decía mi comunicante- de un dicho aplicable a un César indeterminado, sino al propio Julio César que dio nombre al cargo. Y la historia -continuaba- sucedió cuando las habladurías comentaron que la mujer de Cayo Julio mantenía relaciones inadecuadas con un íntimo amigo de César. Este aseguró que confiaba plenamente en su mujer y en su amigo, y afirmó que las habladurías eran falsas. Después, se divorció de su mujer, aduciendo que no sólo debía ser honrada, sino parecerlo.
Bien, discúlpenme la referencia entre lo histórico y el cotilleo de sociedad, y díganme si don Mariano Rajoy, por muy honrado que sea, no debería parecerlo un poquito más.
"España ha demostrado ser un país serio, en el que si perseveras, la justicia funciona".
Esto es lo que dice el ciudadano británico Keith Rule, tras conseguir -luego de cinco años de pleitos- la devolución de 53.434 euros que había dado como anticipo para la adquisición de una vivienda que no se llegó a construir. La historia la cuenta El País, y les recomiendo la lectura para hacerse con el cuadro.
El caso es que, tras buscar legislación aplicable a su caso, logró encontrar una Ley que protegía sus derechos y que surge -como dice la norma en su propio texto- por "la justificada alarma que en la opinión pública ha producido la reiterada comisión de abusos, que, de una parte, constituyen grave alteración de la convivencia social y, de otra, evidentes hechos delictivos".
Dicha Ley exige al promotor la devolución del dinero y obliga al banco donde se ingresan esas cantidades a garantizar que se dedican a la construcción de las viviendas prometidas.
Una ley perfecta para garantizar que promotores sinvergüenzas no nos van a estafar ¿verdad? Ahora, con tanto desahucio, con tanta hipoteca leonina, con los intereses usurarios, con tantas buenas gentes como se están quedando sin hogar, esta Ley es un soplo de aire fresco.
Tiene, sin embargo, un defecto. Grave. Muy grave. Es la Ley 57/1968.
Si, eso es: de la época de Franco. Cuando la justicia funcionaba.
Hay ocasiones en que el espectador de un acontecimiento tiene constancia de estar viviendo un hecho histórico. Hay ocasiones en que sólo el paso de los años, tal vez decenios, permite señalar un acontecimiento como frontera entre épocas.
Hay otras en que entre el hecho inicial y el final de una transformación, media un tiempo largo, que sólo al cabo de los siglos se entenderá como algo ligado. Así -por no irnos a las guerras europeas de cien años o de veinte, que antes estudiábamos en una lección y ahora ni siquiera se estudiarán- tendríamos la Reconquista española.
A riesgo de resultar pedante, tengo para mí que el hundimiento de la civilización occidental comenzó en la farsa de Nuremberg, donde los vencedores -uno de ellos antiguo cómplice de los supuestos crímenes- juzgaron a los vencidos por delitos no tipificados anteriormente a la comisión de los mismos. Esto, que hubiera horrorizado a los creadores -españoles- del derecho de gentes -esto es, el Derecho Internacional que rigió las relaciones entre los Estados durante unos quinientos años-, pudo ser el pistoletazo de salida que marca la carrera hacia una nueva barbarie, en la que toda guerra es justa si se gana, y en la que el único crimen de guerra que no se perdona es la derrota.
Han hecho falta, tras aquella vergüenza de Nuremberg, casi tres cuartos de siglo para que otro hecho -aparentemente irrelevante- pueda servir de punto final a la transformación de la civilización en barbarie. Evidentemente puedo equivocarme -lo más seguro es que lo haga- pero tengo la impresión de que la escala obligada del avión presidencial de Evo Morales en Viena, a cuenta de la negativa a permitirle el paso por su espacio aéreo varios países europeos, puede ser ese punto final del mundo que hemos conocido.
Sabido es que el señor Morales no es santo de mi devoción, que en ocasiones diversas he escrito que me parece un fantoche, un mentiroso, un indocumentado y un payaso. Pero ahora no tengo más remedio que darla la razón cuando dice -véase La Gaceta- que esto no es una provocación a Evo Morales, sino a Bolivia y a toda Latinoamérica. Es una agresión a América Latina de algunos países europeos.
Bien; salvando la gilipollez de la América Latina, don Evo -probablemente sin saberlo- acierta de pleno. Porque nada -al menos en tiempo de paz- justifica la prohibición al avión presidencial de un país de surcar el espacio aéreo de otro.
Además, este tipo de aeronaves -como los buques de guerra y las embajadas- gozan de extraterritorialidad, y por mucho que se pueda imaginar que en ellas viaja un perseguido, nada justifica la vulneración de tal privilegio consagrado en el -quizá extinto- Derecho Internacional.
Por lo tanto, este hecho -si se quiere, menor- de la retención del avión del Presidente boliviano, nos hace entrar de lleno en una nueva etapa en la que -arrojada toda careta de legalidad- la real gana de los poderosos impone sus deseos sin disimulo.
Se me dirá que siempre ha sido así. Y responderé que en la España imperial, el monarca más poderoso de su tiempo no sólo respetaba, sino que inventaba el Derecho de Gentes para poner coto a su santa voluntad. Claro, que aquél rey era Carlos I y el mascarón de proa del imperio de hogaño es un cómplice de asesinatos múltiples y de descarados robos cometidos por sus huestes.
UPyD es -ustedes ya lo saben; y si no lo saben, ya se lo digo y a continuación se lo demostraré- ese partido que nació para que doña Rosa Díez hiciera política de izquierdas con los apoyos y votos de las derechas.
Rosa Díez, que fue paniaguada socialista del PSOE hasta que se le terminó el momio, sigue siendo socialista, pero a cuenta de un chiringuito pensado para recoger a los sociatas descontentos por la colaboración con el terrorismo de Rodríguez, y a cuenta de los halagos de Federico Jiménez Losantos en la COPE. Sin que -todo sea dicho- los señores Obispos dijeran palabra en contra de favorecer desde sus ondas a un partido abortista -lo de divorcista se da por supuesto hoy en día para casi todos-, anticlerical, homosexualista, y que cifra la españolidad en tener un documento administrativo.
A UPyD -las primeras elecciones a las que acudió lo demostraron- saca su votos de los descontentos con la política del PP en asuntos como la lucha contra el terrorismo, la educación, la defensa de la unidad nacional, la cesión ante los separatismos y la tolerancia de la corrupción. Asuntos todos ellos que también protagoniza el PSOE, pero los votos socialistas no van a UPyD, a cuya dirigente ven como traidora.
UPyD -justo es reconocerlo- ha marcado una cierta diferencia con los demás partidos de la memocracia, y en este mismo sitio he aplaudido su actitud en algunas ocasiones, como la fulminante expulsión de su cargo de cierto concejal encausado por algún delito relacionado con los cuartos públicos; asunto del que ahora mismo no encuentro referencia, pero que estoy seguro de haber comentado. Porque como dijera José Antonio- nosotros no recatamos ninguna verdad.
Los que sí parece que asoman la patita son los de UPyD, que -informa Alerta Digital- han presentado una proposición no de Ley para introducir en el Código Penal el delito de negacionismo y evitar así que se "reinterpreten los crímenes del franquismo".
Doña Rosa Díez tiene edad más que suficiente para conocer de primera mano los crímenes del franquismo. Quiero decir para conocer la falsedad de los crímenes atribuidos al franquismo. Doña Rosa no es una adolescente descerebrada -por lo menos, adolescente seguro que no-, y debe tener un mínimo de memoria, si no histórica-zapateril, si personal.
Por lo tanto, debe saber que la reinterpretación de los crímenes del franquismo a que alude, es la que hacen ellos; y que las conductas lesivas para la convivencia en una sociedad democrática son las suyas. Pero parece bastante ilógico que doña Rosa se quiera entrullar a sí misma, luego lo que pretende es que nos toquen las narices a quienes pensamos, y decimos, que los llamados crímenes del franquismo son la mentira con que los rojos quieren ganar la guerra que perdieron, después de pedirla a gritos y proclamarla en mítines; que son la justificación para que grupos, grupitos y grupetes de desocupados, vagos y probablemente maleantes, se amorren a los presupuestos; que son la excusa para tratar de legitimar los auténticos crímenes, que fueron los suyos.
Debe saber también doña Rosa que -si bien ahora lo cita para darse una pátina de ecuanimidad-, ella misma negó el genocidio etarra cuando pertenecía al gobiernito autónomo de Vascongadas. Si vamos por ese camino, sus compadres del PSOE y su filial separatista vasca, que le daban a los etarras la consideración de luchadores por la libertad, y que en miles de ocasiones han dicho que con la democracia no se justificaban los asesinatos -con lo que daban por buenos los crímenes anteriores- están incursos en el delito de negacionismo que usted quiere establecer.
No sólo usted y sus compañeros; también los comunistas y los democristianos; los ultraizquierdistas y los peperos. Todos ustedes niegan un holocausto, y en su momento lo justificaron porque les venía bien.
Quizá por esto, doña Rosa advierte que la libertad de expresión no es un derecho "absoluto", sino que se encuentra sometido "a ciertos límites". O sea: lo justito para que a usted y a los suyos no le metan un paquete merecido, pero a mí me entrullen por decir la verdad. Nada nuevo bajo el sol: la historia la cambia a su gusto el que manda, y esto ya lo escribió Orwell en su 1984.
Así es que, doña Rosa, aquí tiene usted la prueba -le estoy firmando la declaración- de que soy un negacionista de lo que ustedes, colaboradores con el terrorismo, llaman crímenes del franquismo. No dirá que no se lo pongo fácil.
Si, vale, lo sé. Me estoy metiendo en un jardín; pero es que para eso estamos aquí.
El caso es que los rectores de Universidades protestan por el nuevo sistema de concesión de becas que propone el Ministro Wert, aumentando las exigencias académicas para la obtención de beca. Concretamente -dice El País- un 6,5 en lugar de un 5,5 para optar a una beca, y repartir la ayuda en dos partes, una fija mucho más baja que la que se concede ahora, y otra variable, cuya cuantía dependerá de la renta familiar, las notas del alumno y del presupuesto que quede después de repartir la parte fija, lo cual significa -en opinión de los rectores- disminuir la igualdad de oportunidades entre los alumnos que quieren cursar estudios universitarios.
En esto, como en casi todo -porque para todo hay respuesta en ella- me guío por la Norma programática de la Falange: La cultura se organizará en forma de que no se malogre ningún talento por falta de medios económicos. Todos los que lo merezcan tendrán fácil acceso incluso a los estudios superiores.
Y ahí, precisamente en la última frase del punto 24, está la clave: todos los que lo merezcan. Está bien, es justo y razonable, que el Estado -que somos todos- provea de oportunidades a quien las merezca. Que la falta de medios económicos no sea obstáculo para quien tenga dotes naturales y se esfuerce.
Pero ahora díganme si es justo y razonable que entre todos le paguemos los estudios -es un decir; lo más probable es que ni pisen las aulas- a quienes o no tienen capacidad o no les da la gana estudiar. ¿Por qué tenemos que pagarle para que estudien a los vagos que no se quieren esforzar? ¿Por qué parte de mi dinero -que el Estado me quita- ha de ir a darles la sopa boba a una pandilla de vividores?
Entendámonos, porque la casuística es enorme. Todos conocemos -de oídas o de sufrimiento directo- que hay profesores que tienen a gala suspender al 99% de sus clases, sin darse cuenta de que este elevadísimo número de suspensos sólo indica un mal profesor. Todos conocemos al típico hueso, al que tiene una noción esclavista de la enseñanza y al -simple y llanamente- profesor gilipollas. Y una de las fundamentales ocupaciones de los señores rectores sería determinar si tal o cual profesor sufre en sus clases una invasión de zotes, o es que no sabe enseñar, y tomar al respecto las medidas pertinentes.
Pero una vez excluidos los casos de malos profesores, el hecho es que obtener una calificación de 6,5 para ser digno de recibir ayudas no parece una exigencia desaforada. Obliga, evidentemente, a estudiar; pero es que las becas deben ser para quienes las merezcan, no una limosnita indiscriminada a todos por igual. Para eso, le damos la paga de fin de semana a todos los vagos, y que dejen las aulas libres para quienes quieran estudiar en serio, con lo cual ganarían alumnos y profesores.
Otra cuestión es la de la capacidad. La naturaleza es radicalmente injusta, y produce genios y tontos. Además, la proporción de los últimos suele ser alarmante. ¿Tiene sentido insistir en que estudie, año tras año y hasta la jubilación, quien no tiene dotes para ello? ¿Metemos un burro -de los de cuatro patas, digo- en la Universidad, hasta que termine la carrera?
Para los casos de incapacidad para estudios superiores hay soluciones. No todo el mundo ha de ser abogado, ingeniero, médico o periodista; y los medios empleados en su educación pueden ser más útiles si le encaminan a una profesión que no les exija estudiar lo que no quieren, y les permita realizarse personalmente con más satisfacción.
Otro tema es el que ya me planteó alguien en los comentarios a una entrada de hace tiempo, en el sentido de que hay estudiantes que a la vez tienen que trabajar, lo que merma su rendimiento académico. En esto nuevamente, la solución es fácil: La cultura se organizará en forma de que no se malogre ningún talento por falta de medios económicos. O sea: el que lo merezca tendrá las ayudas suficientes y adecuadas a su situación.
Por ello, no parece tampoco descabellado que las becas -en las medidas que propone el Ministro Wert- estén vinculadas en una parte a la renta familiar, las notas del alumno. Esto permitiría que al buen estudiante, con capacidad y disposición al esfuerzo, se le ayudase en todo lo necesario. La contrapartida, obviamente, es que al malo no se le prime la incapacidad o la vagancia.
¿No es esto justo en teoría? Queda por ver, por supuesto, la práctica; pero entiendo que lo único que cabe discutir de estas propuestas es el método de aplicación más adecuado.
Todo ello, claro está, fiándome de lo que dice la prensa. Si la realidad es distinta, y hay otros asuntos de fondo que desconozco, habría que empezar de nuevo.
Más de lo mismo, porque hay individuos que dejarían a las mulas en pañales en cuanto a tozudez. Este es el caso del ya citado ayer señor De la Cavada, director de Relaciones Laborales de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) que -según El Mundo- ha pedido "muchas disculpas" a quienes se hayan sentidos dolidos al plantear reducir los cuatro días de permiso por fallecimiento de un familiar en otra ciudad.
Dejando a un lado -porque pedir corrección gramatical a estas alturas sería floritura de puro adorno- la diferencia que va entre pedir disculpas -exigir que se pida perdón- y ofrecerlas o presentarlas, lo cierto es que la sinceridad no parece ser uno de los dones del referido señor De la Cavada. Porque a continuación se descuelga con lo que sigue: Hay permisos por intervenciones quirúrgicas que no requieren hospitalización de cuatro días y siempre se duplican por desplazamientos.
O sea: que mucho disculparse si a alguien ha ofendido -como si no lo supiera, el cenutrio-, pero vuelta a la rueda de la noria, como buen borrico, y a emprenderla con las enfermedades de los familiares.
Ignoro la situación personal de este individuo. No se si tiene padres, si tiene esposa, si tiene hijos, o si es un botarate surgido por generación espontánea y aislado del resto del mundo por una gruesa capa de necedad, en todas las acepciones permitidas para el sustantivo del que esta palabra deriva. Ignoro -aunque no soy necio, porque la vida privada del señor De la Cavada no es algo que debiera conocer- si este señor ha sufrido en su entorno familiar enfermedades más o menos graves, intervenciones quirúrgicas o resfriados comunes.
Por ignorar, ignoro incluso si el señor De la Cavada ha sido alguna vez hospitalizado y abandonado como un perro -cada cual es abandonado como lo que es, ya saben- en tal tesitura. O si cuando él y los suyos sufren alguna indisposición, tienen a todo el personal de una clínica privada pendiente de los estornudos del amo. Pero la gran mayoría de los trabajadores no estamos en condiciones de pagar enfermeros que cuiden de, por ejemplo, una persona operada de cataratas. Intervención ambulatoria, saldada en cuatro o cinco horas de hospitalización, y que a priori no reviste gravedad; pero que incapacita para cualquier esfuerzo durante varios días.
Insiste el señor De la Cavada en que estos permisos y licencias derivan de la legislación franquista -qué horror, nefasta época donde se sobreprotegía a los trabajadores y se vetaba la explotación humana-, y que estos permisos y licencias le cuestan un punto del PIB a las empresas.
Basándose en ello, el señor De la Cavada presiona a los políticos para que recorten derechos a los trabajadores -el derecho a enterrar a su padre, a inscribir a su hijo en el Registro Civil, a cuidar de sus hijos, a acompañar a su marido o mujer tras una operación- en vez de exigirles que retorne toda la legislación del franquismo, y la Seguridad Social se haga cargo de las bajas de los trabajadores desde el primer día, y no -como ahora- dejando de cuenta de la empresa hasta la quincena. Porque la legislación franquista, si a ello vamos, también sobreprotegía a los empresarios, que si pagaban su parte de las cuotas de la Seguridad Social, obtenían de ello los beneficios derivados de no tener que hacer frente al salario de un trabajador que se ponía enfermo. Contra eso, precisamente, se aseguraban los empresarios.
Pero el tema no es ese para el señor De la Cavada. El tema es lograr que reine el capitalismo sin legislación -franquista, lo dice él- que ponga coto a la explotación, al expolio y a la humillación de los trabajadores, en el mejor estilo caricaturesco del capitalista de puro y chaqué.
Nada extraño, si tenemos en cuenta que este simpático señor De la Cavada fue multado en 2010 por la Inspección de Trabajo -véase El País- por una infracción muy grave consistente en someter a prácticas humillantes a sus subordinados, que incluso -al manifestarse especialmente contra mujeres- podrían ser consideradas como acoso por razón de sexo.
Total: que el señor De la Cavada es un modelo de capitalista -probablemente sin ninguna empresa, simple botarate enchufado en la CEOE por ser incapaz de ganarse la vida de forma honrada-, y además muestra su cobardía al meterse preferentemente con mujeres.
En fin, señor De la Cavada: que lo suyo es, plenamente, el término resultante de trabucar una letra de su apellido por, justamente, la que cae encima en el teclado. Cosa que yo nunca haría, por supuesto.
En la Viña del Señor hay de todo, como es bien sabido. Tan es así, que lo mismo hay simpáticos jilgueros que buitres; truchas que besugos; mariposas que garrapatas; ovejas que machos cabríos, hormigas que sanguijuelas.
Entre buitres, besugos, garrapatas, machos cabríos y sanguijuelas, también tenía que haber un José de la Cavada que hiciera de -según El Mundo- responsable de relaciones laborales de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE).
Este responsable -irresponsable- considera que los cuatro días de permiso que el Estatuto de los Trabajadores otorga por defunción de un familiar de primer grado cuando ocurre fuera del lugar de residencia del trabajador son excesivos; y que el Estatuto de los Trabajadores se hizo pensando que los viajes se hacen en diligencia, y que se basa en la legislación del franquismo, superprotectora...
Este irresponsable responsable tiene razón en que la legislación de la época de Franco -inspirada por ministros falangistas- era infinitamente más protectora del trabajador que la actual. Pero es que ahora el trabajo es una mercancía, y entonces era un timbre de honor. También ahora el trabajador es un puñetero activo económico, y entonces era portador de valores eternos.
Este irresponsable De la Cavada considera que cuatro días cuando se te muere padre o madre es demasiado porque hay autopistas, y trenes y aviones, y con unas horas te basta para asistir al entierro. Luego, a producir y darle beneficios a la CEOE.
Entre, probablemente, muchas otras cosas, el irresponsable De la Cavada no sabe que padres o madres no se entierran solos; que la puñetera burocracia ni siquiera te deja tiempo al dolor, que toda persona deja tras de sí infinitos lazos con organismos, institucionales, empresas, que hay que resolver para que al fallecido no le reclamen el pago de recibos los empresarios como el señor De la Cavada.
Este irresponsable señor responsable de la CEOE debe tener -salvo partenogénesis- padre y madre. No entro a discutir si conocidos o no. Y algún día se verá en la tesitura -si aún tiene la suerte de tenerlos a su lado- de perder a sus padres, cosa que deseo tarde lo más posible, porque sus padres quizá no tengan la culpa de haber engendrado un capullo.
Pero este irresponsable, cuya organización cobra subvenciones estatales -esto es, de los que pierden padre o madre y necesitan darles tierra, entre otros muchos que no se ven en ese trance- se permite cachondearse de si los viajes se hacen en diligencia.
Y luego, cuando las cosas lleguen a donde tienen que llegar, se extrañarán los cabrones del sindicato mafioso empresarial de que les den la carrera del señorito.
Si seremos decentes que el Psoe, mientras arruinaba, no dejaba de insultarnos y falsificarnos y de hacernos películas fantásticas de los años 30.
Si seremos decentes que aún tenemos vergüenza, no vamos a ver a Obama y ni siquiera tenemos un E.R.E. Si lo seremos que no hemos escapado hacia el PP a jurar fidelidad a Merkel.
Ni siquiera nos hemos refundado porque seguíamos siendo los modernos. O sea, los de Falange.