Cada cierto tiempo, la prensa, radio, televisión, nos asalta con la noticia de que la incultura "progresa adecuadamente" entre nuestros estudiantes. Cada año se baten nuevos récords de desconocimiento, de deseducación, de incultura y de -digámoslo claramente- estupidez y necedad.
Cada año se nos notifica que los estudiantes españoles se encuentran entre los peor preparados, no sólo de Europa, sino del ancho mundo. Cada año se nos urge a cambiar los planes de estudio -y cada dos o tres se embrollan aún más- y a ampliar los medios -recuerden lo del zapateril ordenador per cápita-, y el número de profesores.
Y miren ustedes por dónde, ahora hemos descubierto la razón última de toda esa oceánica incultura de los estudiantes: que los aspirantes a profesores son -en su mayoría, y sálvese el que pueda- unos ineptos, unos necios, unos tontos de baba, unos idiotas con master, unos perfectos indocumentados y -ni que decir tiene-, producto de anteriores profesores igualmente estúpidos.
Nótese que inserto en correspondiente enlace a todas estas definiciones, en previsión de que los necios, -estúpidos, tontos...- crean, en su ignorancia, que les insulto, cuando lo que hago es calificarlos.
Porque díganme si no, que otra cosa pueden ser los individuos que como definición de "escrúpulo" afirman que es la puesta de sol, los que aseveran que la gallina es un mamífero -uno se acaba preguntando de qué huevo de pájaro bobo han salido-, que el Ebro y el Guadalquivir pasan por Madrid, y que Albacete o Badajoz son provincias andaluzas.
Entre paréntesis: también anotan como falta de ortografía la de escribir Navarra con b; pero me temo que eso no es cuestión de ortografía, sino de aldeanismo, influencia de los paletos baskos -que no vascos- y la soplagaitez progre. Fin del paréntesis.

Estos -profesores necios y sindicatos chaperos- son los que luego se van de manifa exigiendo una "enseñanza de calidad", que es, por lo visto, la que ellos dan.