Hoy, que es el único día del año en que no quiero escribir, pero en el que no hacerlo sería cobardía.
No quiero, porque la única palabra posible para un día como hoy, en esta España que ya no es España ni tiene esperanza de volverlo a ser, sería la invocación al santo patrón de España: Sanseacabó.
Pero eso está lejos, quizá irremediablemente perdido también.
Por eso, hoy, que tendría mucho que escribir, sólo quiero dejar constancia de que sigo siendo el que siempre he sido desde aquél lejano día de 1975 en que el asco por los vivos, los vivillos y los vivales, me hizo interesarme y conocer la fecunda idea de vida humana que representa el Nacionalsindicalismo. Gracias -y que lo olvide quien quiera, pero no yo- a Francisco Franco, que quiso que la conociéramos, como quiso que supiéramos de José Antonio.
Nada más que decir, salvo lo que procede:
José Antonio, ¡Presente!
Francisco Franco, ¡Presente!
¡Arriba España!