Pero piense el Gobierno que si España se le va de entre las manos, no podrá escudarse tras de una excusable negligencia. Cuando la negligencia llega a ciertos límites y compromete ciertas cosas sagradas, ya se llama traición.

José Antonio Primo de Rivera.
(F.E., núm. 15, 19 de julio de 1934)

martes, 21 de febrero de 2017

SOBRE LA PROPUESTA DE DON PEDRO SÁNCHEZ.


Don Pedro Sánchez, honorable -es un decir- particular que pretende volver a ser un ejemplo de derrota, de hundimiento y de ridículo; o sea: volver a mangonear en un PSOE hecho a su imagen y semejanza, lo que equivale a decir un partido arcaico, novecentista, troglodítico y de simple transición al rojerío estalinista. Vamos, lo normal en el PSOE, aunque en ciertos momentos el disfraz le haya funcionado antes de tirarse de cabeza al precipicio zapaterista y vulgar.

Don Pedro Sánchez propone, como cosa nueva, varias cuestiones. La primera -al menos así la señala 20 minutos, edición papel de Madrid, pág. 3-, erradicar la corrupción.

Lo cual estaría muy bien; sobre todo, si no lo dijera un señor en cuyo partido hay dos presidentes -recientes- de comunidad autónoma empapelados, y en cuya historia atesora aquellas minucias de Filesa, Malesa, Time Export, el papel del BOE, la Cruz Roja, Renfe... Y probablemente, muchos que se me olvidan. No parece, pues, que sea el PSOE el indicado para tirar demasiadas piedras. Se me dirá que son casos antiguos, que ya se lavaron; y me remitiré de nuevo a los dos presidentes autonómicos encausados.

Propone don Pedro Sánchez un modelo territorial estable y equilibrado; y para ello -siempre según el citado periódico- reformar la Constitución para definir una España federal perfeccionando el reconocimiento del carácter plurinacional del Estado.

Pensar que un Estado federal -porque lo que puede establecer una Constitución es la forma del Estado, no de España en sí- sería estable y equilibrado es de una candidez rayana en la idiocia. No hay mas que ver lo bien que funciona el Estado de las autonomías para suponer lo que sería el federal. O mejor aún: basta con echar la vista atrás y recordar las maravillas de la Primera República, cuando, por ejemplo, Jumilla se declaraba independiente de Murcia y le declaraba la guerra, o cuando el Cantón de Cartagena asolaba las costas mediterráneas de sus pueblos enemigos en la costa murciana, alicantina o almeriense.

¿Cosas antiguas, también? Evidentemente. Tan antiguas como el socialismo, más o menos. Pero también tan actuales como las propuestas actualísimas de los cartageneros separatistas de hoy, que no hace mucho afirmaban -véase Libertad Digital- su deseo de abandonar la comunidad autónoma de Murcia si no les dejaban formar su propia provincia. Y hasta separatistas castellanos, tócate las narices, Pedrito, y equilibra eso.

Desea don Pedro Sánchez detener el cambio climático. Casi nada. El solito, metiendo a España en la caverna, acabará con el cambio climático. Porque el es capaz, ya lo creo. Como Zapatero lo fue de aliarse con las civilizaciones, soltándole una pasta gansa -nuestra pasta- al gobierno dictatorial y golpista de Turquía, que eso es lo que se llama tener ojo a la hora de buscarse aliados democráticos. Pues don Pedro va a detener el cambio climático, se supone que haciendo que los españoles dejemos de consumir electricidad, porque las llamadas renovables no nos llegan ni para empezar y nos cuestan uno y la yema del otro; y de las nucleares, claro, ni hablamos. Venga, don Pedro; dígale a sus posibles votantes que van a tener que dejar de ver el Gran Hermano por falta de electricidad, que no van a poder guasapear porque no podrán recargar el móvil; que no podrán feisbuquear por no poder encender el ordenador; que la electricidad será racionada, y también el agua, porque eso de hacer pantanos es vicio fascista. Dígale a sus presuntos votantes que se olviden del coche, del aire acondicionado, de la calefacción, y de tantos otros vicios burgueses, y a la vuelta me lo cuenta.

Pero esto casi es lo de menos, puesto que don Pedro va a establecer un nuevo modelo económico. En ese nuevo modelo, quizá no sean necesarios los vehículos particulares, ni la energía eléctrica, ni los derivados del petróleo -no sólo la gasolina de los contaminantes coches, sino también el gas para cocinar-; tal vez no hagan falta los ladrillos, ni los pantanos, ni los trasvases, ni los trenes, ni los aviones. Porque en las cavernas todo eso está de mas, y ya nos podemos dar con un canto en los dientes si conseguimos un cacho de mamut que echar en el perolo.

También puede andar por ahí la intención de dar respuesta al envejecimiento de la población. Porque me parece razonable pensar que sin gas, ni electricidad, ni agua, la población va a envejecer poco. Al menos, la población autóctona, mal acostumbrada por décadas de comodidades burguesas, originarias del atroz fascismo que por primera vez en siglos nos dio la posibilidad de comer caliente -en muchos casos, simplemente de comer-, de beber agua potable, de calentar nuestras casas -esa es otra, la posibilidad de tener casa-, y de tener vehículo propio. Lo que demuestra la maldad del franquismo, por supuesto. 

Acostumbrados a tales dispendios, no sería extraño que la población española envejeciera poco. Tampoco sería extraño que -cosa de las matemáticas- disminuyera bastante. Así es que don Pedro -tan progresista, tan democrático, tan zapaterista- tendrá que importar gente joven de lugares donde -por desgracia- las futuras condiciones de la España sanchista, zapaterista, socialista, podemista, sean habituales desde hace siglos. O sea: güelcome refugees y otras cacarmenadas.

Y entre las medidas que propone, una con la que difícilmente se puede estar en desacuerdo: la jornada laboral de 30 horas semanales. A eso, don Pedro, me apunto. Sobre todo, si significa que todos los españoles -y los millones de extranjeros que tenemos entre nosotros- van a trabajar 30 horas semanales, todas las semanas. 

Si se trata -como me temo- de que habrá el mismo trabajo, pero repartido entre más gente -el socialismo siempre ha sido muy hábil a la hora de repartir la miseria, puesto que la crea en abundancia, y ya don Felipe González inició el camino con las empresas de trabajo temporal-, le diré a don Pedro Sánchez que se vaya a.... Bueno, mejor no lo digo, no sea que acabe mandándolo a hacer algo que en el fondo le guste y aún así algún fiscal me quiera tocar...


sábado, 11 de febrero de 2017

SOBRE LO PROMETIDO.

Lo que prometí hace unos días, a propósito de la publicación en este blog del libro que hubiera debido homenajear al maestro Rafael García Serrano en el primer -o segundo- aniversario de su muerte.

Ya ustedes saben -lo decía en el mismo escrito- que se está celebrando el centenario del nacimiento del maestro. Al leer en este diario mi propósito, algunas personas de las que colaboran en el evento han pensado que este pudiera ser un buen momento para retomar aquella iniciativa, y publicar aquél libro, con nuevas incorporaciones, y en la forma debida; esto es, en papel, que -por mucho que la tecnología nos quiera llevar por otros caminos, y nos permita una acumulación de otra manera imposible-, es la única forma decorosa que puede tener un libro.

Esto me coloca en una posición no demasiado airosa, puesto que por una parte había prometido publicarlo aquí; y por otra, si lo hago, podría restarle posibilidades a ese nuevo proyecto. Y -lo más importante- podría restarle brillantez al homenaje. Que es, en el fondo, lo importante.

Esta última razón es la que me lleva a suspender lo prometido, o al menos a aplazarlo. Espero que los amigos y camaradas que me lean entiendan mis razones, y espero que -esta vez sí- sea la buena, y aquél libro -aumentado y mejorado- vea la luz en este año particularmente significativo.

Y prometo -en firme y sin posible escapatoria- que si el proyecto no ha alcanzado la madurez de aquí al próximo mes de Octubre -aniversario, como es sabido, de la muerte del maestro Rafael- entonces si, sin excusa ni pretexto, lo ofreceré aquí como había avisado.

domingo, 5 de febrero de 2017

SOBRE EL CENTENARIO DE RAFAEL GARCÍA SERRANO.


Hace unos meses -el 12 de Octubre pasado-, en mi habitual homenaje al maestro Rafael recordaba que este año en que ya estamos se cumpliría el centenario de su nacimiento, y lanzaba la llamada a que, quien tuviera ocasión y posibilidad, pusiera en pie alguna conmemoración.

Gracias a Dios, alguien ha tenido la misma idea -porque mi vanidad no llega a suponer que fuera mi modesto escrito el que haya dado pie a ello- y está en marcha el homenaje que Rafael García Serrano merece o, al menos, el que nosotros -como bien nacidos- debemos.

A Rafael García Serrano -supongo- no le va a homenajear ningún estamento oficial. No le va a recordar la prensa, ni la radio, ni la tele. Y, conociendo el paño, mejor. Porque le homenajearemos, le recordaremos, le daremos gracias por su ejemplo y su maestría, los que le hemos conocido -algunos afortunados en persona; otros sólo por sus obras- y seguimos en lo que él siempre defendió: sus camaradas.

Aquí está la convocatoria, ya bien próxima:

*****

Sábado, 11 de febrero a las 17:30
Gran Hotel Velázquez
Calle Velázquez, 62, 28001 Madrid

Presentación y mesa redonda:
EDUARDO GARCÍA SERRANO, ANTONIO GIBELLO, ENRIQUE DE AGUINAGA, RAFAEL IBÁÑEZ, JUSTO GÓMEZ, FERNANDO PAZ, KIKO MÉNDEZ MONASTERIO, JOSÉ JAVIER ESPARZA.

Al finalizar, cena homenaje en el mismo lugar, 50 € / cubierto.
Las reservas habrán de realizarse en centenario.rgs@gmail.com, antes del 9 de febrero, indicando nombre, apellidos y número de comensales.

*****

Por mi parte -independientemente de que, por supuesto, me sumo a esa convocatoria- ofreceré desde este diario, durante diversos días, el libro de homenaje que quisimos hacer, desde Juntas Españolas, hace ya muchos años. Aquél libro nunca vio la imprenta ni la luz, y creo que ya es hora de que vea, por lo menos, la segunda. 

Algunos de sus creadores ya han fallecido, a otros les he perdido la pista, y solamente cuento con el permiso de Arturo Robsy y Ángel Palomino (¡Presentes!), para dar al público sus palabras. Amén, evidentemente, del mío propio para la parte que me toca.

Si alguien de los que entonces fueron llamados y respondieron gallardamente, tuviera ahora inconveniente para que se publicara su colaboración -en este diario y, evidentemente, sin ánimo de lucro- no tiene mas que comunicármelo en la dirección de correo para contactos que figura en la parte superior de la columna lateral. Por mi parte, no quiero arrogarme mayor mérito que el de haber conservado aquellos originales durante casi treinta años, y darles ahora el destino para el que fueron creados.

viernes, 3 de febrero de 2017

SOBRE LAS VÍCTIMAS DEL SEPARATISMO CATALÁN.


Para los fundamentalistas del separatismo catalán, los pobrecitos chorizos arrestados ayer bajo las acusaciones de organización criminal, cohecho, tráfico de influencias, prevaricación, financiación ilegal de partidos políticos, blanqueo de capitales y malversación de caudales públicos, son víctimas de una persecución política de Madrit.

Los fundamentalistas del separatismo catalán son muy aficionados a las anteojeras, de manera que -lo mismo que los burros en torno a la noria- no ven mas que de frente, por la estrecha franja que sus amos les permiten. No ven, pues, que sus dirigentes separatistas son los que les han estado robando, y no esa España a la que le han mandado odiar, porque el separatismo catalán no puede vivir sin odio. 

No ven que ese tres por ciento -que no se lo ha inventado Rajoy, porque ya lo había denunciado otro separatista, Maragall-, o ese siete por ciento que dicen otras investigaciones, no se ha ido a las cuentas suizas del PP, sino a las cuentas de sus propios amos. Y no ven que ese tres -o siete- por ciento no ha salido de las arcas de Montoro, ni salió anteriormente de las de Solbes, sino que ha salido de las cuentas de la Generalidad de Cataluña, que -según los datos- concedía contratos públicos a las empresas -en muchas ocasiones también públicas- que le entregaban un porcentaje de esos contratos a los partidos que mangoneaban en la licitación.

O sea, y para ver si los separatistas lo entienden: los partidos separatistas se han estado quedando -después de darle un paseo por otras cuentas de empresas afines a los euros- con parte de los presupuestos de la Generalidad, o de los Ayuntamientos. Dinero que el Estado, o los propios ciudadanos de Cataluña, habían entregado para pagar obras, si, pero licitadas a su precio justo; para la dependencia, para escuelas, para sanidad, para fomento del empleo... y no para beneficio de partidos ladrones y prevaricadores. Se lo han robado a ellos, a los habitantes de Cataluña, no a esa España que lo único que les ha robado es un Gobierno autónomo justo y limpio.

Y todo esto no ha salido de un Gobierno de Madrit que les haya mandado a la Guardia Civil a perseguir independentistas; todo esto ha salido de una denuncia que, en su día, interpuso -véase Libertad Digital- la exconcejal de ERC en Torredembarra Montserrat Gasulla sobre las adjudicaciones del alcalde convergente.


jueves, 2 de febrero de 2017

SOBRE LA ANA ROSA.


Supongo que los habituales ya están al tanto de mi intención de escribir siempre con la máxima corrección que me sea posible. En manos de otros quede dilucidar si lo consigo o no, y hasta dónde. 

El caso es que en mi ya lejano Bachiller, aprendíamos -casi todos- a escribir y hablar con cierto decoro y, por tanto, se perfectamente que colocar un la delante del nombre de una persona tiene un significado despectivo y menospreciante en el idioma español. Y de ahí que lo haya escrito ante el nombre de esa individua llamada Ana Rosa Quintana. Y que lo explique, no sea que alguien me tome el número cambiado y entienda como falta de corrección -que las tendré, por supuesto, pero no en este caso- lo que es lisa y llanamente desprecio hacia una mengana -acaso fulana- que siempre ha parecido tonta y ahora lo demuestra.

Parece que la Ana Rosa -véanlo en La Gaceta, si gustan- dijo que le parecía bien que le hubieran partido la cara, a esa chica de Murcia a la que una recua de mulos y mulas -discúlpenme los de la acera de en medio, pero es que el mulo es de por sí un animal generalmente estéril- dio una salvaje paliza por llevar una pulsera con la Bandera de España. Lo dijo, claro, fuera de cámara, aunque no fuera de micrófono, por lo que se pudo escuchar. 

Por supuesto, no espero que a la Ana Rosa la enchiqueren por un delito de xenofobia -porque es evidente que los españoles somos de algún lugar distinto a la zahúrda en que viven estos gorrinos-; por un delito de odio ideológico, por un delito de incitación a la violencia en general, y de género en particular o -en su caso-, por gilipollas, que hoy en día no es delito, pero está claro que debería serlo. Aunque entonces no habría casi nadie por la calle.

Otro guarro de la misma cochiquera, el ya más que aburrido Guillermito Toledo -actorcete fracasado, vago cum laude y tontolaba máximo- también se ha sumado a la jauría de perros rabiosos -a lobos no llegan ni de coña, los mamones- declarando que la agresión de ocho o diez hideputas a una chica sola era justicia poética.

Espero que, en justa reciprocidad, el día que alguien le pegue dos bofetadas al Guillermito, o media colleja a la Ana Rosa, digan que es una muestra de justicia épica, de novela caballeresca o -por ponérselo fácil a los papanatas- de donde las dan las toman.

Porque, por mucho que la autodenominada Coordinadora Antifascista de Madrid -o sea, dos mamarrachos que viven del cuento, y seis idiotas que se lo creen- justifiquen la brutal paliza diciendo que es legítima la autodefensa en nuestros barrios, y que la izquierda radical -ellos nunca son de ultraizquierda, claro-  sufre la violencia y la barbarie fascista en sus calles, el hecho es que se juntaron ocho o diez cabrones -y cabronas, no se me ofendan las feministas- para pegarle a una chica sola. ¿Cual es pues la autodefensa, la violencia y la barbarie? Pues evidentemente, la de una chica sola que no hace mas que llevar una pulsera con la bandera del país donde ha nacido y donde vive. Los guarros -puercos, gorrinos, hideputas....- deben haber nacido todos en la Unión Soviética, o ser incluso más tontos de lo que ya parecen. O más vagos y maleantes, por recordar la clasificación que hacía de esta gentuza la Ley segundorepublicana de don Manuel Azaña.

Y para remate, llega Pablito -el señorito Iglesias, digo- y se declara antifascista. Como Stalin, que es lo moderno y lo actual. Para ser demócrata hay que ser antifascistas. Atocha, hermanos, nosotros no olvidamos, escribió en Twitter.

Lo cual me agrada muchísimo, porque indica donde estamos -es decir, por marzo o abril del 36- y hacia donde vamos.  Incluso me justifica para decir que nosotros tampoco olvidamos Paracuellos, citado sea como símbolo de tantas matanzas como los rojos llevan cometidas.

Y me confirma en la idea de que es legítima la autodefensa en nuestros barrios, que es una frase tan pronunciable por los rojos de mierda como por mi mismo, fascista y todo eso que ya saben ustedes. 


Así es que ¡hale!; vengan pasando de diez en diez, y luego no vengan con lloriqueos.



miércoles, 25 de enero de 2017

SOBRE LOS PRINCIPIOS DE LOS CIUDADANOS DESPELOTADOS.


Despelotados, porque como seguramente ustedes recuerden, el principio de Ciudadanos fue la imagen del señor Rivera en pelota picada como reclamo electoral, lo cual demostró -desde el principio- dos cosas: que el señor Rivera tiene unalto concepto de sí mismo, y que lo único que tienen para ofrecer es la pura fachada.

Bien; pues ahora, Ciudadanos expedienta a dos ediles por permitir dar una calle al dueño de un bar profranquista. La cosa -según cuenta El País- es que dos concejales de ese despelotamiento ciudadanista han permitido con su abstención que en Almuradiel (Ciudad Real) se le ponga a una calle el nombre del dueño del bar profranquista Casa Pepe, Juan Navarro, que falleció en noviembre de 2014, que convirtió el bar que regentaba en Despeñaperros (entre Ciudad Real y Jaén) en un homenaje a la dictadura del general Francisco Franco.

Delito inexcusable, eso de tener opinión propia y manifestarla, como si existiera un artículo 20 en esa Constitución que adoran -como becerro de oro- estos gorrinos de mierda. Delito inexcusable, pecado nefando, el de trabajar incansable y honradamente -cosas de por si inconcebibles para los paniaguados de esta cacocracia, o sea, gobierno de los cacos, que padecemos-; el de ofrecer un servicio impecable, unas atenciones inmejorables, un ambiente educado y limpio en el que hacer un alto y tomarse un café, o comer magníficamente a precio de trabajadores, no de chulos de tarjeta black.

Pero estos Ciudadanos del despelote, siempre condenarán la dedicatoria de una calle a una persona cuya ideología es abiertamente contraria a los principios y valores democráticos que defiende nuestra formación.

Es decir: no se oponen a dedicar una calle porque piensen que el homenajeado no ha hecho méritos para ello, sino por sus ideas. Puede haber hecho cosas buenas -como así fue, de hecho, pues patrocinaba equipos deportivos y actividades diversas de la comunidad-, pero como tuvo las ideas que tuvo, hay que condenarle por su ideología.

Espero que -inmediatamente- los Ciudadanos despelotados exijan la retirada de los nombres de calles como Largo Caballero (el Lenin español), Dolores Ibárruri (la Pasionaria), Luis Araquistáin, Manuel Azaña (el de los "tiros a la barriga" de Casas Viejas), Vicente Rojo, Segunda República, 5º Regimiento, 14 de abril,  Milicias republicanas, Enrique Lister, Juan Modesto, General Miaja y un etcétera tan largo como se quiera, todas ellas dedicadas a personas, fechas u organizaciones que sólo un necio puede considerar afectas a los principios democráticos salvo que el despelote ciudadánico lleve entre sus principios la apología del golpe de Estado (elecciones municipales que cambian un régimen, revolución de Asturias, 1934), la disculpa del asesinato político avisado en sesión parlamentaria, o la glorificación de militares guerracivilistas o de milicias radicalmente estalinistas.

Espero, ni que decir tiene, cómodamente sentado, porque los pánfilos de esta memocracia no tienen ideas, sino antipatías. Se que repito mucho esta sentencia de Longanessi, pero es que no hay definición mejor para tanto mamarracho.



sábado, 7 de enero de 2017

SOBRE LA "SEMANA DE ORACIÓN POR LA UNIDAD CRISTIANA".

Que promueve el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos en un documento donde se dicen cosas como estas: los cristianos luteranos y católicos “conmemorarán por primera vez juntos el comienzo de la Reforma;” “los católicos ahora son capaces de prestar sus oídos a los desafíos de Lutero para la Iglesia de hoy, reconociéndole como un ‘testigo del evangelio.

Teniendo en cuenta -como siempre aviso- que no soy especialista en el tema, sino católico del montón, probablemente muy malo, no voy a meterme en profundidades teológicas que me caen grandes. Llevo tiempo diciendo que protestante -en sus miles de versiones- son los que no tienen los santos... -en fin ustedes ya me entienden- de ser católicos. 

Teologías aparte, sólo quiero decir que, si la jerarquía eclesiástica conmemora el comienzo de la Reforma, y Lutero es un testigo del evangelio, exijo que el cura Paco -que pertenece a la Compañía de Jesús, creación de Ignacio de Loyola para combatir la Reforma, precisamente- devuelva a España cuanto perdimos por defender la Fe , comenzando por la salud del Emperador Carlos y la vida de los soldados de los Tercios que por ella se la dejaron en el campo -incluido Don Juan de Austria-; siguiendo por los Países Bajos, y continuando por los miles de millones invertidos en seguir las directrices del Papado.

Ni siquiera voy a pedir que los católicos -los que aún lo sigamos siendo en lo sustancial- procedamos a orar -no una semana, sino permanentemente- por la conversión del Papa, como aquellos magníficos tradicionalistas de finales del XIX y principios del XX.

jueves, 5 de enero de 2017

SOBRE LA PETICIÓN REITERADA.

Que, como ustedes saben si me hacen la merced de leerme habitualmente, es la que indica la viñeta.

Este dibujo -no tanto chiste como sarcasmo-, fue publicado hace ya muchos años; algo así como 36, si Pitágoras no mentía. No se puede decir que esta petición haya sido muy atendida hasta ahora, pero estarán ustedes conmigo en que el año recién acabado estuvo la cosa a puntito, con el suicida político señor Sánchez de la manita del chulo señor Iglesias, podemita maleducado.

Y no es que yo sea monárquico -a la vista está en la viñeta de referencia- entre otras cosas porque la monarquía borbónica es incompatible con la decencia de la vida pública a que aspira cualquier persona de bien; antes al contrario, soy republicano. Pero en ningún caso de esa reedición de la Segunda República que se traen bajo el brazo los socialistas y los comunistas y los antisistema y los gilipollas. 

Porque esta gente no quiere una República que limpie la vida pública, que tire a la basura la corrupción, el amiguismo, el enchufismo, el nepotismo y tantas otras delicias como disfrutan los paniaguados del sistema actual. No quieren una República que tire a a basura lo viejo, lo inútil, lo innecesario, lo zafio y grosero. 

No. Ellos quieren una Segunda República bis; una reedición de la hedionda República de sangre -azañistas tiros a la barriga- y de mierda; de robos, asesinatos y zafiedad inmunda. Porque ellos son así: zafios, groseros, hediondos.

Muy lejos de la República a la que un servidor se apunta sin dudarlo: la República Nacionalsindicalista.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

SOBRE LO TÍPICO.


Que en este día es, evidentemente, la tradición de las inocentadas.

Saben mis habituales que en esta fecha tengo por costumbre recordar titulares de prensa que nos recuerden que nuestros amados políticos viven en un continuo día 28 de diciembre. Acaso sin siquiera darse cuenta, porque viven en su mundo, que nada tiene que ver con el nuestro. 

José Antonio lo describió muy bien (1): 

Creen (...) que el mundo es ese mundo que se ve con la linterna mágica del Parlamento. Encerrados en el Parlamento se creen en posesión de los hilos de España. Pero fuera hierve una España que ha despreciado el juguete. La España de los trágicos destinos, la que, por vocación de águila imperial, no sirve para cotorra amaestrada de Parlamento. 

Salvando la distancia de 83 años, que ha convertido a la España de los trágicos destinos en una España de zafios destinos, y que ya no sabe ni qué coño es un águila imperial y sólo entiende de gallinas, la cosa es así. España se desentiende cada vez más de la política y -con vocación, en este caso, de avestruz- no se para a pensar que la política no se desentiende de ellos.

Porque nuestros políticos -tan memócratas-, nuestros giliprogres, nuestros papanatas aldeanos, nuestros rojos cavernícolas, nuestros trogloditas antifranquistas -que siguen viviendo cojonudamente contra Franco- nuestros bastardos regionales, nuestros bolcheviques de salón de actos de Instituto, nuestras cortesanas con complejo de modelo de lencería y una tajada tan soberana como para no distinguir una capilla de un burdel; toda esta fauna obtusa y roma -a veces municipal y siempre espesa- que nos ha caído encima desde hace décadas, no deja de pensar que el mundo es esa mierda de hemicirco donde hozan como gorrinos. Así es que, ¿para qué poner ejemplos de las permanentes inocentadas a que nos someten?

Para qué hablar del tancredo Mariano. Del señorito Sánchez, profuso perdedor, empeñado en hundir al PSOE cada día un poquito más y en defender su ruinosa dirección, navaja cabritera en mano, ante sus propios compinches; cosa que a mí no me molesta -antes bien, me regocija- pero que marca el estilo de la época.


Para qué hablar del señorito Iglesias, matón tabernario de patio de instituto que defenestra a quien -dentro de su recua- no le ríe las gracietas, y que se permite amonestar a diestra y siniestra -más a diestra, evidentemente- mientras exculpa a sus propios especuladores inmobiliarios, contratadores irregulares, becarios prevaricadores y exhibicionistas municipales.



De los separatistas catalanes, que se emperran en hablar de tanques porque saben que no hay gónadas para tomarles la palabra, ya que insisten. De los socialistas -con o sin graduación- que se escandalizan por la corrupción del PP y ni siquiera leen los titulares donde se anuncia el procesamiento de dos de sus expresidentes regionales. 

En fin, para qué hablar de nada de esta actualidad esperpéntica, esquizofrénica y grosera en un día como hoy, si lo mismo viene ocurriendo en otra fecha cualquiera a lo largo del año, de los lustros y de las décadas.

                    
(1) La victoria sin alas. FE., núm. 1, 7 de diciembre de 1933. Tachado entonces por la censura. Reproducido en Arriba, núm. 23, 12 de diciembre de 1935.

sábado, 24 de diciembre de 2016

SOBRE LO DE CADA AÑO.

Que es, por esta fecha, la conmemoración del nacimiento del Hijo de Dios, se pongan como se pongan los papanatas y los mamarrachos.

Se que no es demasiado cristiano lo que suelo decir en estos días, pero comprendan que -a efectos de este diario- me invade el espíritu navideño de los tres meses de compras compulsivas, de los papás noeles y -a poco que la señora CaCarmena y sus alegres chicas del bolchevismo feminista metan baza- mamás noelas.

O sea, que poco cristiano y tan poco católico como el mismísimo cura Paco, salvo hacia quienes no tragan con el ectoplasma de unas Navidades hechas a la imagen y semejanza de los palurdos eternamente deslumbrados por el más cursi esnobismo.

Por supuesto, sin la menor compasión, ni caridad, ni amor fraterno, ni leches, hacia los que celebran -solsticio de invierno- un acontecimiento astronómico, y que por presumir de laicos caen en el más puro panteísmo. Como la referida tribu de la señora CaCarmena.

Así es que, como de costumbre, deseo una Feliz Navidad a quienes saben que esta noche nos nace Dios, que se hace hombre en Su Hijo.

Y al resto, como de costumbre también, que les vayan dando.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

SOBRE EL NUEVO ATENTADO.


Que no es el del asesinato múltiple en Berlín -eso es lo habitual en esta sociedad europea y floja- sino el de los medios de comunicación españoles.

Medios de comunicación -de desinformación e intoxicación, más bien- que de la desgracia y el crimen hacen propaganda política. Y si, son los medios. Porque los partidos políticos están en su papel al afirmar ante los posibles electores lo que opinan sobre lo que pasa; de identificar los problemas y de proponer soluciones. Pero los periodistuchos y tertulianines que aprovechan una matanza en Berlín para clamar contra la "ultraderecha" que se muestra hasta donde no digan dueñas de los atentados, están haciendo propaganda política. Propaganda política "antifascista", evidentemente. Como si aún les pagara la III Internacional y tuvieran que congraciarse con sus amos, llegando a la desfachatez de afirmar que los atentados islámicos benefician a la "ultraderecha" alemana o francesa. Vamos, que en cuanto les aflojen un poco más la mosca, dirán que los crímenes han sido cometidos por los "ultras".

Y no se cansan de clamar contra la "xenofobia de la ultraderecha," por más que los partidos que tertulianuchos y periodistines tildan de fascistas no pidan mas que el cumplimiento de las leyes y que se acote el desparrame de buenismo suicida. Porque las "ultraderechas" europeas -hasta donde alcanzo a saber, que es, sin duda, más que los parlanchines necios- no reniegan del extranjero por ser extranjero, ni exigen cerrar la frontera a cal y canto, como en su día hiciera el bolchevismo soviético. Lo que piden es que no se permita la entrada de cualquiera que venga aunque no cumpla unas mínimas condiciones de adaptación a su nueva residencia, y de respeto a las leyes, normas y costumbres de quienes les acogen.

Porque lo contrario -la autoreclusión en barrios cerrados y costumbres originarias- no hace sino fomentar la posibilidad de terroristas de segunda generación; o sea, los hijos de los inmigrantes, ya nacidos en Europa, que se sienten excluidos por los países que acogieron a sus padres, pero a los que no se sienten ligados.

No dejan los periodistas y tertulianos de asombrarse porque a veces los terroristas islámicos tienen la nacionalidad del país -Francia, Alemania, España- donde cometen sus fechorías. Y no entienden que, por mucho que tengan la nacionalidad por nacimiento -ius soli- no están integrados en sus respectivos países. No sienten, no piensan, no viven como alemanes, franceses o españoles; viven y piensan y sienten como enemigos de sus propios conciudadanos, a los que odian y a los que anhelan sojuzgar y -llegado el caso- exterminar.

Y no entienden que esto es así por una razón simple: los hijos de esos inmigrantes musulmanes -la segunda generación- se encuentra generalmente apartada de una sociedad que no les ofrece trabajo, ni vivienda, ni proyecto de vida; que los tiene apartados, en guetos medio autoimpuestos y medio obligados por la sociedad que no se esfuerza en integrarlos. 

La única manera de poderlos integrar es que tengan trabajo, vivienda -ganada con su esfuerzo, no regalada por ser distintos a los desgraciados que pagan impuestos-, proyecto de vida. 

Y la única manera de podérselo ofrecer, y que la segunda generación de inmigrantes no se revuelva contra sus países de nacimiento, es que no entren más nuevos inmigrantes de aquellos que la sociedad puede acoger. 

Lo contrario -lo que se lleva haciendo décadas- no es sino sembrar el terrorismo futuro.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

SOBRE MI AMIGO ESPARTANO.

Amigo, no pensaba traerte a este diario, donde tanta basura, tanta estupidez, tanta zafiedad tengo que comentar cuando no me vence el aburrimiento de una actualidad esperpéntica.

No quería mezclarte en esta zahúrda de miserias; pero, pese a lo que aquí me veo obligado a comentar, esta sigue siendo mi casa virtual, y en mi casa siempre tienes las puertas abiertas.

No quería mezclarte en la mezquindad actual, pero tu hijo -mi casi sobrino- me dijo que escribiera algo bonito. Me lo dijo -¡fíjate qué hijos has criado, y qué orgulloso puedes estar de ellos!- mientras me consolaban a mi por tu pérdida. Porque -lo sabes- al final me pudo el corazón, no logré mantener la serenidad para apoyarlos, y di rienda suelta a mi propio dolor mientras me abrazaba a ellos. Y a ti.

No se si de aquí saldrá algo bonito, si saldrá regular o siquiera legible. Se que nunca podrá salir lo que tu te mereces, y con la tristeza de saber que no estaré a la altura me pongo a la faena.

Y también con la nostalgia de esas conversaciones que ya no tendremos; de esos tiros a un bote que ya no pegaremos mano a mano; de esas cervezas, caducadas de cuatro o cinco años, que tan bien nos supieron, o de las que te esperan en mi casa, junto a las aceitunas y las almendras.

Quizá no sea nostalgia la palabra. La nostalgia es la tristeza por la ausencia, y se que tu no sólo no estás ausente de nuestras vidas, sino que estás -si cabe- más presente. Porque antes estabas con uno, dos, tres de nosotros; y ahora estás con todos.

Porque, ¿sabes?, no te has ido. No nos da la gana de que te hayas ido, así es que sigues con nosotros. Con todos y cada uno. Te has ido como un espartano, luchando como un león, peleando con uñas y dientes -y a mordiscos, cuando ha hecho falta- porque la única forma digna de irse -de volver- es sobre el escudo.

 Y los que vuelven sobre el escudo, siempre permanecen.

Te has ido porque el cuerpo tiene sus límites, porque las fuerzas físicas se agotan, porque somos mortales y hemos de morir. Pero tu espíritu no se ha rendido, no se ha doblado, no se ha permitido un descanso ni una derrota. Tu espíritu de león espartano que, en la adversidad, sacaba fuerzas para animar a quienes te rodeaban.

Nos has dejado -sólo por ahora- con un ejemplo de dignidad, de fortaleza y de valor. Con la dignidad de un Cónsul romano, la fortaleza de un león y el valor de un espartano.

Quiero decir tantas cosas que me lío. En las horas de insomnio es más fácil, todo cuadra, todo se hila; pero a la hora de ponerlo sobre el papel -sobre la pantalla- se deslavaza y sale a trompicones.

Se preguntarán los que lean a santo de qué viene tanto hablar de espartano. Tu lo sabes, amigo; lo sabe tu familia, y lo se yo. El resto, me harán la merced de aceptar mi palabra.

Los que no te conocieron -los que si te conocían y valen la pena no lo necesitan- también aceptarán mi palabra si digo que fuiste -eres- un hombre de bien, un amigo de los que están cuando hacen falta, de los que saltan sobre cientos de kilómetros cuando se les necesita. De los que hacen mejor este mundo. De los que dejan huella en el alma, no sólo en la memoria.


Por eso, Iñaki -amigo, hermano- no le pido a Dios que te acoja. Se que estás con Él y, por eso, lo que te pido -a ti, espartano- es que nos eches una manita.

jueves, 1 de diciembre de 2016

SOBRE EL PREMIO AL TONTO DE LA CLASE.

El Premio Cervantes -¡ay, si D. Miguel levantara la cabeza o, al menos, el brazo tullido!- regalado a un perfecto imbécil, indocumentado, topiquero y sinvergüenza llamado Eduardo Mendoza, porque en España somos tan generosos como para permitir que un macaco tenga nombre.

Este fulano -si, eso es: fulano- es una perfecta muestra del escribidor que hoy en día se premia en este país que un día fue España. Sobre él y su necedad tuve ocasión de escribir hace ya 6 años, cuando también le regalaron el premio Planeta a cuenta de una infamia sobre José Antonio Primo de Rivera.

Esto es lo que dije entonces y -como corresponde- mantengo hoy:


lunes 18 de octubre de 2010
Que dicen que es escritor, y hasta que ha ganado el premio Planeta con una cosa titulada Riña de gatos. Madrid 1936.

Nada extraño, si tenemos en cuenta el lamentable declive de esa editorial que fue un referente de señorío y ecuanimidad, convertida ahora en lo que a la vista queda, con su presidente en los tribunales, acusado de facilitar un plagio de Camilo José Cela.

Este tal Eduardo Mendoza -que lo mismo podría ser un Juan Lanas o, más castizamente, un don nadie-, se permite decir -en entrevista que le hacen en Público- de José Antonio Primo de Rivera que era "alguien con un interés intelectual y humano tan escaso..."

Obviamente, el señor Mendoza es tonto. Es -más que tonto-, necio con máster, soplagaitas sumo, tontolaba engreído, cretino cum laude, necio máximo.

José Antonio fue el único intelectual que le dio a la Segunda República una legitimidad de origen de la que legalmente hubiera carecido sin él: la de que todo hecho revolucionario -en tanto que subversivo del orden constituido- genera su propia legitimidad. Fue -según Jordi Pujol, nada sospechoso según creo- el único político español que había entendido a Cataluña. Fue -dicho por sus oponentes en los tribunales- un brillante abogado. Fue un hombre que -sobre todo uno que se llame escritor tiene que saberlo- dejó páginas hermosísimas desde un punto de vista meramente literario.

Lo que ocurre, es que José Antonio fue un intelectual al que se le entendía; que tenía tal capacidad y tal cultura, que se hacía comprender por cualquiera, lo mismo los intelectuales encumbrados que los campesinos y obreros tan queridos por él. Acaso este señor tonto Mendoza piensa -es un decir, vaya- que un intelectual es el que hace el programa político del PSOE o del PP, esos montones de palabrería de los que nadie saca nada en claro. Y entonces -entonces sí- José Antonio le resultaría de poco interés, porque quien tiene un cerebro viciado de estereotipos es incapaz de valorar la claridad, el rigor intelectual, el pensamiento recto y firme.

En cuanto a lo humano, José Antonio fue -según sus enemigos- un hombre ecuánime y valiente. Defendió la memoria de su padre -cosa que suelen hacer los hijos cuando lo conocen-, de pensamiento, en las Cortes; y, cuando resultó necesario, de obra, abofeteando a un General en plena calle, o saltando sobre tres filas de escaños en el Congreso, para enzarzarse con el maledicente. Pero ello no fue obstáculo para que, cuando era de justicia, le ofreciera su mano al enemigo.

Evidentemente, José Antonio no tuvo el interés humano de una vida trufada de escándalos, porque mantuvo en la mas estricta privacidad lo que no concernía a la actividad pública. Si este cretino Mendoza considera el interés humano por el número de concubinas conocidas, o de escándalos de cuernos, o de trifulcas públicas, José Antonio no le puede llamar la atención.

Añade después el capón Mendoza: "Es un personaje que me parece interesantísimo, aunque todos los historiadores coinciden en apuntar que era un memo."

Pero, ¿tu sabes leer, necio Mendoza? Aquí, el único memo eres tu, ababol. Cualquier historiador será más o menos favorable, pero a ninguno en absoluto le ha parecido un memo. Al contrario: por muy enemigos ideológicos que sean, todos coinciden en resaltar lo fascinante del personaje. 

Incluso tú mismo lo confiesas, mamarracho: un personaje que me parece interesantísimo. Te contradices porque ni siquiera en tu condición de caracol -rastrero, baboso, hermafrodita y cornudo- puedes sustraerte a la realidad.

Y por último, lo que te define: "Lo único que hizo con acierto estratégico fue morirse a los 33 años."

Eso es, botarate Mendoza: se murió. ¿De gripe? ¿De infarto? ¿De tuberculosis, aún no erradicada por la Sanidad del Régimen de Franco?.

Se murió. Y se queda tan ancho el hideputa, a ver si cuela y la gente se olvida de que fue fusilado -asesinado tras una farsa de juicio, mucho más ajeno a la legalidad que los que dicen que eran ilegales en el franquismo-, condenado sin prueba alguna por delitos que no pudo cometer porque llevaba preso -preso político- desde varios meses antes.

Ahí te retratas, mentecato. Se te nota la piel de zorra que, fracasada en el intento de alcanzar las uvas, se quiere convencer de que están verdes. Y aquí, lo único verde que hay eres tu.

Verde de envidia verde.

sábado, 26 de noviembre de 2016

SOBRE FIDEL CASTRO Y LOS CANALLAS.

Cada vez que uno cree haber llegado al fondo del asco sobre la naturaleza humana, hay un nuevo brote de mezquindad, un nuevo salto en las cotas de desvergüenza, una nueva canallada, que eleva estratosféricamente los límites de la abyección.

Es de auténtica vergüenza ajena -como para pedir la baja en el género humano- el espectáculo de la cobardía, de la iniquidad, de la incapacidad, la de esos cabestros que festejan la muerte de Fidel Castro. Los que no han tenido los santos cojones de luchar contra él, ahora se revuelven, como perro cobarde, a ladrar al difunto que ya no les puede responder.

Esto -lo de la cobardía ladradora- ya lo comenté en este mismo diario (1) hace unos diez años, cuando Fidel Castro cayó enfermo y los vociferantes cubanitos yanquizados se lanzaron a las calles de EEUU para celebrar que la natural caducidad de la condición humana parecía querer quitarles a su enemigo de en medio. Léanlo -si gustan-, más abajo, si no desean seguir el enlace.

Pero lo que ya clama al cielo -o al limbo, en este caso- es la alegría con que en la cadena de la Conferencia Episcopal Española han celebrado la muerte de un ser humano, llegando al extremo -doña Cristina López Schlichting- de dar cuenta, con particular regocijo, de una conversación con un amigo suyo, cubano, que la invitaba a compartir una botella de ron para festejar el óbito de Fidel Castro.

Esto, evidentemente, recuerda a todos aquellos hijos de la gran tarasca que presumían de haber brindado con champán por la muerte de Franco, al que la referida doña Cristina ha mencionado profusamente en su programa, razón por la que la referencia a Franco que hice en el comentario antes citado tiene hoy particular vigencia. 

Este particular tipo de cabestros, cobardes, sinvergüenzas, cabrones lisos o con pintas, abunda sobremanera; los que quieren que los demás -en este caso la muerte- les quite a sus enemigos de encima sin tomarse la molestia de combatirlos de frente para -eso sí- ocupar su puesto.

A mi, Fidel Castro siempre me ha caído bien, cosa que a poca gente que me conozca le puede extrañar. Lo pueden comprobar en los párrafos a que les remití antes, y en estos otros (2) que también copio más abajo. Y precisamente por las razones que en ellos explico: porque -equivocado o no, y yo creo que sí, pero es lo de menos- hizo lo que creyó que tenía que hacer, y se mantuvo fiel a ello. No fue un traidor a sus ideas; a las ideas de los que habían muerto por lo que él decía.

También porque Fidel Castro supo tenérselas firmes con el lucero del alba, y buena prueba de ello es la tercera cita que les traigo, en este caso de mi sección de La Nación (3) en el año 1996, que pueden igualmente leer más abajo.

Creo que con eso basta para explicar por qué Fidel Castro me ha parecido siempre mucho mejor enemigo -en lo ideológico, quiero decir- que los mamarrachos como Zapatero, Sánchez, Iglesias, el difunto Carrillo o la señora López de la COPE.

Por supuesto -tampoco esto le va a extrañar a nadie que me conozca y que conozca mi forma de pensar- en este diario no se va a brindar, ni se va a festejar, ni se va a manifestar alegría de ningún tipo. Aquí les ofrezco la última autocita del día: lo que escribí cuando falleció Santiago Carrillo Solares (4).

Precisamente porque -como termino el último párrafo que pueden leer al final si gustan- ser falangista obliga a mucho, lo que se dice hoy en esta "Libre Opinión" es que Fidel Castro descanse en paz.

* * * * * 


(1)
SOBRE FIDEL CASTRO.
http://milibreopinion.zoomblog.com/archivo/2006/08/01/sobre-Fidel-Castro.html
01/08/2006

Que se halla enfermo de cierta consideración, según parece.
Creo que nadie, a estas alturas, va a considerarme pro-castrista, comunista o cualquier otra cosa similar. Pero las imágenes de los exiliados cubanos en EEUU, entusiasmados hasta el paroxismo, no dejan de parecerme de un singular patetismo.
El mismo patetismo ridículo, indigno, de los antifranquistas que nunca movieron un dedo contra Franco, hasta que se murió -de enfermedad y en un hospital de la Seguridad Social- por obra de la natural caducidad humana.
Nada puede manifestar mejor la incapacidad, la impotencia, la indignidad y la falta de gallardía.


(2)
SOBRE CUBA.
http://milibreopinion.zoomblog.com/archivo/2007/04/03/sobre-Cuba.html
03/04/2007

A mi -lo tengo escrito- Fidel Castro me cae muy bien, aunque no puedo ser mas opuesto a su comunismo trasnochado y caduco. Pero admiro su hispánica terquedad de querer mantenerse en lo que siempre ha sido; de no venderse a los charlatanes ni ceder a las amenazas. Hizo su revolución y -aunque a mí me parezca equivocada- la mantiene. 
Sólo el pueblo cubano tiene derecho a seguir ese camino o modificarlo. Ni Moratinos, ni Bush, ni yo. Los cubanos, con su cara y su cruz, su aquiescencia o su oposición. Y con su hacer frente a las consecuencias de su actitud.
Lo que realmente me da asco, es la actitud de los traidores que le piden a los demás que echen a Fidel Castro para colocarlos a ellos. Me recuerdan demasiado a otros cabestros que aquí hemos conocido demasiado bien.


(3)
Nº 236
Del 11 al 24 de diciembre de 1996

Sobre la dignidad
"Franco tuvo la dignidad de no someterse a Estados Unidos y negarse al bloqueo de Cuba."
Lo ha dicho, en El Vaticano, Fidel Castro, ídolo de todos los liberales y demócratas, y particularmente de los de la prensa y televisión españolas.
A mí, para qué decir lo contrario, Fidel Castro me cae bastante bien como persona, independientemente de que, en lo ideológico, seamos enemigos irreconciliables. Me cae simpático por su terquedad de la mejor línea hispánica; por su testarudez; por no dar su brazo a torcer y mantenérselas tiesas contra el poderoso imperio yanqui. Me cae bien por indómito, por no apearse de una burra que, aunque sea equivocada, es la suya.
El hombre que reconoce la dignidad del comportamiento de su enemigo, merece ser combatido con respeto. Y, desde mi punto de vista, Fidel Castro se ha ganado el respeto de cuantos pensamos de forma diametralmente opuesta. Si este hombre no se hubiera alistado bajo las banderas equivocadas, la historia de la última mitad de este siglo habría sido bien distinta. Y mejor.



(4)
martes, 18 de septiembre de 2012
SOBRE EL OBITO. 
http://mi-libre-opinion.blogspot.com.es/2012/09/sobre-el-obito.html

El de Santiago Carrillo Solares, hijo de un Wenceslao socialista al que repudió, genocida protegido por los garzones de este muladar, delator de cientos de compañeros a los que prefirió hacer mártires para vivir a su costa.

El genocida Carrillo -dicen- celebró la muerte de Franco -de enfermedad y en la cama de un hospital de la Seguridad Social que José Antonio Girón creó bajo el mandato del Caudillo- brindando por ella. Con las burbujas debió tragarse la vergüenza -ya, ustedes perdonen, no la tuvo jamás- de que su enemigo se muriese de viejo.

Yo, que soy falangista por la gracia de Franco -como cualquiera que lo sea y que tenga menos de 90 años-, no voy a brindar con champán. Ni siquiera con agua del grifo. Precisamente porque ser falangista obliga a mucho.


domingo, 20 de noviembre de 2016

SOBRE PASADO Y FUTURO.

Pasado y futuro que, siendo hoy 20 de Noviembre, ya se sabe por donde va.

El pasado no lo conocemos ninguno -porque lo que ahora cuentan que fue el pasado no se parece a la realidad que viví ni por el forro-, y el futuro, en cambio, es cada vez más evidente. Al menos, para algunos, y precisamente por conocer el pasado.

No debería ser este un día donde en éste diario aparecieran los tontos, los pijos, los papanatas, los zafios y groseros, los hideputas. Pero es que eso es lo que hay, y hacer oídos sordos y ojos ciegos a la realidad haría poco favor a la memoria de los que hoy recordamos las personas decentes. Los -a decir del refranero castellano, tan pródigo en buenas sentencias- bien nacidos, por agradecidos.

Pero, lógicamente, no se puede pedir peras al olmo, ni se puede pedir agradecimiento a los sinvergüenzas, ni se puede pedir actitud de bien nacido a los hideputas. De esta forma, la actualidad de esta España que ya no es, se centra en los cenutrios más groseros y zafios; en los rufianes -y no lo digo por el separatista catalán, aunque si se empeña le añado-, en los ladrones, en los mequetrefes y en los cabrones sin pintas.

Queda lejos de esta España que ya no es, todo lo que pueda parecer grandeza, integridad, patriotismo, decencia. Y en estas condiciones, se hace difícil nombrar siquiera a los que hicieron del deber, del servicio a la Patria, de la dignidad y del honor el motivo de su vida. 

Se hace difícil nombrar a José Antonio, a Franco, a todos los que dieron su vida por una España mejor, y a todos los que ofrecieron su esfuerzo en el ara de esa España mejor que se iba logrando, hasta que llegó la horda de los vividores, de los traidores, de los canallas, y se dieron a sí mismos esta memocracia para vivir a costa de los españoles. Unos españoles, a estas alturas, perfectamente aclimatados al establo, contentos con quienes les ordeñan el bolsillo porque quienes les roban son "los suyos".

Tenemos lo que hemos querido y nos lo merecemos. Y algunos -que no queremos esto, pero nos lo merecemos- no tenemos más remedio que abrazarnos a la nostalgia por no ser capaces de darnos la mano entre nosotros.

La nostalgia no es sino la pena de verse ausente de la patria o de los deudos o amigos, o la tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida. Y hoy, las personas decentes -los bien nacidos del cantar- nos sentimos ausentes de la patria, y sentimos la tristeza del recuerdo de la patria perdida.

Pero la nostalgia no es forzosamente pasiva, y -al menos por mi parte- a lo que me conduce es a ponerme a disposición de quien quiera levantar la bandera. Porque no es momento de recrearse en la pérdida, sino de iniciar la recuperación; de lanzarnos a la reconquista de España, y de hacer de nuestros Caídos no un recuerdo, sino una referencia de la dignidad a la que aspiramos.

José Antonio ¡Presente!
Francisco Franco ¡Presente!
¡Arriba España!

viernes, 11 de noviembre de 2016

SOBRE LA VERGÜENZA AJENA.

O el -dispensen la desfachatez- descojonamiento propio.

Porque es para descojonarse de risa el espectáculo de los progres; los que presumen de liberales, de tolerantes y de -ni que decir tiene- demócratas. Más demócratas que la madre que las parió -a las democracias, digo- y que, casualmente, es precisamente los Estados Unidos de América, cuando menos por lo que a la democracia liberal y partitocrática se refiere.

Para descojonarse, ver u oír con qué aspavientos, con qué jeremíaco desasosiego, con qué atosigante relajamiento de esfínteres, se lamentan televisiones, periódicos, radios, partidillos, partidetes y partiduchos, por la victoria electoral de Donald Trump en USA.

A mí el señor Trump no me gusta. En lo que se ha revelado sobre él durante la campaña electoral, me da la impresión de ser un perfecto patán en su vida privada; uno de esos nuevos ricos engreídos y maleducados que -por desgracia- tanto conocemos por aquí. En su vida pública, el señor Trump ha hecho lo que tenía que hacer para ganar, y -a las pruebas me remito- lo ha hecho bien.

El señor Trump ha sabido entender qué es lo que le preocupa al ciudadano estadounidense. Un ciudadano que no es el habitante de Nueva York o de Los Ángeles solamente, porque entre ambas ciudades -y ambas costas- hay muchos millones de personas que también tienen derecho a hacerse oír, y que -los votos, tótem supremo del demócrata liberal, lo cantan- no parecen coincidir con los progres prepotentes de las grandes ciudades.

El señor Trump ha dicho -hablando claro y sin subterfugios- lo que cuando lo dicen los tontiprogres de la prensa -a la española me refiero- es lógico y razonable, y cuando lo dice otro, es anatema. Sobre todo, cuando quien lo dice no les cae bien. O no les unta bien, que ya nos vamos conociendo. Pero es que la incongruencia roza extremos verdaderamente patológicos en muchos casos, como los de esa cadena de radio de la Conferencia Episcopal, que se lamenta de que no haya ganado las elecciones de Estados Unidos la señora Clinton, reconocida abortista que, durante el mandato de su marido, se dedicó a exportar el aborto a los países desfavorecidos de África, Asia y América del Sur y del Centro. Y lo hizo supeditando la concesión de ayudas al establecimiento en esos países del aborto libre.

Entiendo perfectamente que el programa del señor Trump no sea considerado conveniente para Europa. Ya ha advertido, por ejemplo, que si Europa quiere Defensa que se la empiece a pagar, porque los EE.UU. ya están hartos de poner la cara por nosotros; sobre todo, porque esta Europa vieja, cobarde y marrullera reclama ayuda para, sacadas las castañas de fuego, entonar el go home.

También ha dicho que los americanos primero -cosa que, evidentemente aplicada a nosotros, ya decíamos en Juntas Españolas hace más de veinte años-; que no admitirá emigrantes que no acepten los valores del país; que deportará a los emigrantes delincuentes y meterá en la cárcel a los que vuelvan ilegalmente.

Ha dicho -ahí abajo tienen ustedes la copia de su contrato con el votante americano- otras muchas cosas que a mi me parecen bastante razonables.

Porque si esto no lo hubiera dicho Trump, cualquiera lo daría por bueno, por lógico, por razonable y por ejemplo a seguir. Cualquiera que no sea un delincuente extranjero, que no sea un progre apátrida, que no sea un demagogo o que no sea -directamente- gilipollas.

En otro orden de cosas, demuestran no vivir en el mundo los que temen que Donald Trump aplique su esnobismo y zafiedad personal al gobierno. En Estados Unidos -el único país, que recuerde, donde se ha destituido a un Jefe del Estado de forma legal y pacífica- el sistema es perfectamente capaz de atemperar excentricidades.


CONTRATO CON EL 
VOTANTE AMERICANO.


"Lo que sigue es mi plan de acción de 100 días para hacer a América Grande otra vez". El equipo de Donald Trump ha colgado en su web los temas prioritarios que abordará el nuevo presidente de EEUU durante los primeros meses de su mandato. Su "contrato con el votante americano" incluye numerosas medidas económicas, además de algunas de sus polémicas propuestas en materia de inmigración, como la famosa construcción de un muro con México. A continuación, los principales ejes de dicho plan:

- Congelará la contratación de nuevos empleos federales para reducir el personal público, pero exceptuando al ejército, las fuerzas de seguridad y la sanidad pública.
- Establecerá un nuevo requisito por el cual, en caso de aprobar una nueva normativa o regulación, la Administración deberá eliminar dos regulaciones ya existentes.
- Renegociará el tratado de libre comercio con Canadá y México (TLCAN) e incluso amenaza con retirarse del mismo.
- Anunciará la retirada del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), el mayor acuerdo comercial de la historia firmado hasta la fecha, aunque no incluía a China.
- Ordenará que China sea etiquetada como un "manipulador monetario", denunciando así que devalúa su moneda para abaratar artificialmente sus productos.
- Ordenará identificar "todos los abusos de comercio exterior que injustamente afectan a los trabajadores estadounidenses" y adoptar las medidas precisas para "poner fin a esos abusos de inmediato".
- Levantará las restricciones a la producción nacional que en su día impuso la Administración Obama al sector energético, incluyendo petróleo, gas y carbón, y eliminará las trabas al desarrollo de este tipo de proyectos, incluida la construcción del gran oleoducto Keystone Pipeline.
- Suspenderá los miles de millones de dólares que, en principio, debería aportar EEUU a la lucha contra el cambio climático y destinará ese dinero a la mejora y reconstrucción de infraestructuras medioambientales y acuíferas en EEUU.
- Propondrá al Congreso un "plan económico" para que el PIB crezca a un ritmo del 4% anual y genere, al menos, 25 millones de nuevos puestos de trabajo mediante una rebaja generalizada de impuestos y una amplia simplificación regulatoria. La rebaja fiscal será del 35% para las familias de clase media con dos hijos.
- Sancionará fiscalmente a las empresas que decidan deslocalizar su producción a otros países mediante la aplicación de aranceles a sus productos.
- Apostará por la cooperación público-privada, aplicando incentivos fiscales, para impulsar un gran plan de infraestructuras por valor de 1 billón de dólares durante diez años, que, según dicho "contrato", resultará "neutral" en materia presupuestaria.

- Redireccionará el dinero público que reciben los colegios para que los padres puedan decidir libremente a dónde enviar a sus hijos, ya sean centros públicos, privados o religiosos, a su elección. Además, devolverá la supervisión educativa a las comunidades locales.
- Derogará y sustituirá el polémico Obamacare por Health Savings Accounts(cuentas de ahorro para gastos sanitarios con ventajas fiscales y condiciones flexibles que, además, pueden dejarse en herencia, con la posibilidad añadida de poder deducirse las primas del seguro médico). Además, cada estado manejará los fondos destinados a Medicaid (seguros de salud públicos para gente sin recursos o con bajos ingresos).
- Reformará la Agencia Federal de Medicamentos (FDA) para agilizar la aprobación y venta de nuevos fármacos mediante la eliminación de burocracia.
- Impulsará un Ley de Cuidado Infantil y de Tercera Edad para que los estadounidenses puedan deducirse fiscalmente los gastos y servicios asociados al cuidado y la atención de niños y ancianos. Promete incentivar a las empresas para que incorporen guarderías en los centros de trabajo y ofrezcan fondos libres de impuestos para personas dependientes. Ofrecerá subvenciones públicas para las familias con ingresos más bajos.

Las políticas de inmigración.
Por otro lado, en el citado "contrato" incluye también algunas de sus propuestas más polémicas en materia de inmigración
Empezará a deportar a los más de dos millones de inmigrantes ilegales con historial delictivo y cancelar las visas a los países extranjeros que se nieguen a admitirlos.
Rechazará a los inmigrantes que procedan de regiones "propensas al terrorismo".
Todas las personas que quieran entrar en EEUU serán investigadas en profundidad.
Trabajará en la construcción de un muro en la frontera sur, cuyo coste será reembolsado por México.
Impondrá una pena obligatoria mínima de dos años para quienes intentan entrar en EEUU de forma ilegal tras una deportación y de cinco años de prisión para quienes, además, tengan antecedentes criminales o dos o más deportaciones previas. Asimismo, reformará las normas de visado para elevar las penas por expiración de permisos.
Pretende que los puestos de trabajo disponibles se ofrezcan primero a los estadounidenses.
Se asegurará de que quienes sean admitidos en Estados Unidos acepten los valores del país.
Cancelará toda la financiación federal a las denominadas "ciudades santuario", las más laxas e indulgentes con los inmigrantes ilegales.

Seguridad, ejército y corrupción.
Por último, aumentará los fondos y recursos destinados a combatir la delincuencia, el tráfico de drogas y las bandas criminales; aumentará la inversión militar; permitirá que los veteranos asistan a los médicos privados de su elección; mejorará la infraestructura contra los ataques cibernéticos; y combatirá la corrupción política.


Publicidad: