Pero piense el Gobierno que si España se le va de entre las manos, no podrá escudarse tras de una excusable negligencia. Cuando la negligencia llega a ciertos límites y compromete ciertas cosas sagradas, ya se llama traición.

José Antonio Primo de Rivera.
(F.E., núm. 15, 19 de julio de 1934)

miércoles, 24 de agosto de 2016

SOBRE EL GUSANO WILLY.

Gusanillo al que le han cerrado -¡por un mesecito, pobrín!- la cuenta de no se qué red social, porque ha llamado gusano al atleta Orlando Ortega, y ha proclamado que se cagaba -la fineza intelectual es del señorito Güili- en la medalla de plata que aquél ha obtenido en las recientes Olimpiadas, y que celebró paseando la bandera de España, patria que le ha acogido, en vez de la de Cuba, patria en la que nació pero cuyo régimen político le obligó a huir para aspirar a tener una vida digna.

El término gusano, al parecer, se utiliza en Cuba para referirse a los opositores al régimen comunista. Así es que a don Güili -tan comunista, tan castrista, tan chavista, tan antiespañol, tan güilipollas- lo de gusano le debe sonar mucho, porque sus visitas a Cuba como invitado del partido le deben saber a gloria, y porque en el fondo sabe perfectamente que en Cuba es considerado -como tonto útil, pero considerado- y en el resto del mundo no le hace caso nadie salvo, a veces, cuando expele mierda -él lo ha dicho: se caga- y ejerce de niño malo.

Que en el fondo, es lo que es don Güili: un niño malcriado, llorón, envidioso, enrabietado contra un mundo que le reconoce, no por lo que él quisiera simular, sino por lo que vale; o sea: una mierda.

Don Güili, además, carece de memoria, amén de no haber tenido nunca vergüenza, y de presentar evidentes carencias educativas. Porque advierte a Orlando Ortega que Roma no paga traidores, vaticinándole un porvenir de abandono cuando deje de ganar medallas. Y don Güili sabe -o es un necio, por desconocer lo que debería saber- que en esta España si se paga a los traidores. El propio Güili Toledo es un ejemplo -lamentablemente vivo- de gusano traidor que vive de las subvenciones, de la sopa boba, del porqueyolovalgo, y del poner la mano y tirar de las levitas.

Al tiempo que muerde la mano que le da de comer, y que le permite seguir en libertad, siendo un gusano -él lo dice, no yo- en este sistema que le mantiene en la calle, cuando el señorito Güili aprueba que a los disidentes se les encarcele. Como poco.

En fin: comprenderán que si me entretengo en chotearme del señorito Güili es porque el resto de la actualidad es tan aburrida, tan previsible, tan pesada, que no merece la pena. En otro caso, el señorito Güili no merecería ni una leve descarga de esfínteres sobre su agusanada podredumbre.


miércoles, 10 de agosto de 2016

SOBRE ENSEÑAR AL CURA PACO.


Hace unos días, a su regreso de la JMJ de Cracovia, el Papa afirmaba -véanlo en Religión en Libertad- que "No me gusta hablar de violencia islámica. Todos los días hojeo los periódicos y veo violencias. En Italia, uno mata a su novia, otro a su suegra... Y son católicos bautizados, son violentos católicos. Si hablo de violencia islámica debo hablar también de violencia católica. Pero no todos los musulmanes son violentos, ni todos los católicos lo son, no hagamos una macedonia".

Esto lo decía Francisco cuando aún estaba caliente el cadáver del sacerdote Jacques Hamel, asesinado en su iglesia, mientras decía Misa, por unos simpáticos musulmanes.

También añadía algo acerca de que también los católicos matan -a la novia, a la suegra, comentaba- y que "Si hablo de violencia islámica debo hablar también de violencia católica. Pero no todos los musulmanes son violentos, ni todos los católicos lo son, no hagamos una macedonia".

Y no hablaba de la violencia islámica, pero si cargaba contra los católicos fundamentalistas, que matan con las palabras.

Ayer mismo me llegaba, por medio de una buena amiga, la noticia que recogía también Religión en Libertad: «Unos jóvenes árabes se presentaron a misa en la iglesia de San Zulian; recibieron la comunión, fingiendo ser devotos católicos, e inmediatamente después vomitaron la hostia sobre el altar como si fuera alimento del diablo, blasfemando contra Jesucristo».

Esto lo narraba  el director del periódico «Libero», Vittorio Feltri, que se define como ateo. Y -con respecto a otro suceso análogo, ocurrido algún tiempo atrás- añadía: «Se trata de un ataque terrorista a escondidas, sin sangre, pero que hace sangrar el corazón de uno como yo que soy ateo, pero que al mismo tiempo soy hijo de esta tierra donde suenan las campanas y el panorama está lleno de crucifijos. Han escupido a un Cristo, que será de madera, pero yo lo he sentido sobre mi cara y la de los míos, que me han enseñado la señal de la cruz».

Y uno -que no es católico fundamentalista, sino tridentino, y a mucha honra- piensa que ya podía don Jorge aprender algo de este director de periódico ateo, pero culto; ateo, pero decente; ateo, pero coherente con la cultura en la que vive, que ninguna de estas cosas están reñidas entre sí, salvo para el buenismo pánfilo.

Porque el caso es, señor Bergoglio, que -al menos que se sepa hasta el momento- ningún católico fundamentalista ha ido a una mezquita a escupir sobre el Corán, ni a vomitar sobre un imán, ni siquiera a pisar calzado sobre su suelo. Ni en un país musulmán, ni en una mezquita situada en los países que -por más que les pese a los zopencos de la inteleztualidad pijo-roji-progre- son hijos del cristianismo. 

Por supuesto que no todos los creyentes del islam son así. Por supuesto que no todos van por ahí con cuchillos, con pistolas, con subfusiles, con explosivos o con camiones. Pero niégueme -quien tenga pruebas que aportar, no sólo palabrería- que los musulmanes son alentados por su religión a la caza del perro infiel -o sea: los católicos fundamentalistas, los tibios, los mediopensionistas, los ateos y, en general, todos los no musulmanes-; niégueme quien tenga pruebas -no sólo tópicos- que los musulmanes quieren convertir nuestra sociedad a su gusto, que nos quieren hacer a todos fieles seguidores de su Corán, y que nos quieren aplicar su sharia. Cosa que, por cierto, ya han conseguido en barrios enteros de Londres, París, Bruselas y otras muchas ciudades europeas.

Pero mucho me temo que pensar y decir estas cosas me incluye en el grupo de malvados católicos fundamentalistas que -en opinión del señor Bergoglio- matan con la palabra.

Laus Deo.

viernes, 5 de agosto de 2016

SOBRE LA PERSECUCIÓN AL PDC.

O sea, el Partido Demócrata Catalán o -como lo dicen ellos- Partit Demòcrata Català. Que es, para quien no lo sepa, que será la mayoría, el nuevo invento del señor Mas y sus amigos.
Se quejan de que los persiguen al no permitirles tener grupo propio en el Parlamento, olvidando que lo que pasa es que -con los reglamentos en la mano- no les corresponde tenerlo, por su poca representatividad.

Porque lo que ocurre -aunque estos separatistas tan majos, que lo mismo mandan a hacer puñetas al Tribunal Constitucional que recurren a él- es que la única forma de tener el referido grupo es hacer trampas. Pedir diputados prestados a otros partidos, o torcer la norma para hacerles una interpretación a medida. En fin, lo que los distintos Gobiernos españoles llevan haciendo décadas para que los separatistas de los Pujol o de los Mas no se les enfaden. Esos mismos Gobiernos de España -según los separatistas, tan majos y tan coherentes- los persiguen.

Pero, en el fondo, los señores del PDC -doña Marta Pascal lo dijo ayer, según El País el 5 de agosto, pág. 10- van a tener razón en una cosa: «Hay una voluntad clara de que tengamos una voz más pequeña». Y también tiene razón el portavoz en la Cámara alta, don Josep Lluís Cleries: «No lo han querido autorizar, hay una persecución contra el Partit Demòcrata Català»

Rigurosamente cierto. Hay quien quiere que los separatistas burgueses catalanes tengan una voz más pequeña, y hay una persecución contra el Partit Demòcrata Català.


La de los votantes, que no les han elegido.

Pero es que ellos son así...

sábado, 30 de julio de 2016

SOBRE LA VISITA DE FRANCISCO.

La visita al campo de concentración de Auschwitz, en Polonia, donde -según La Gaceta-  ha orado en silencio y en un profundo recogimiento en el patio donde se llamaba a los elegidos condenados a muerte.

Y donde -según Religión en Libertad- ha escrito en el Libro de Honor del campo de Auschwitz: Señor, ten piedad de tu pueblo; Señor, perdona por tanta crueldad.

Es correcto, y está en lo suyo. Está bien que un Papa clame contra los asesinatos, consuele a las víctimas -eso que durante décadas no han hecho los curas y obispos baskos-, rece porque no se repita.

Me asalta, no obstante, una pregunta; pregunta que ruego se tome como indicación de mi ignorancia, y no de mala fe. Y la pregunta es para cuando -dentro de esta visita a Polonia- está prevista la visita del Papa Francisco a las fosas de Katyn. (*)


(*) Para demócratas, rojos, liberales y políticamente correctos en general, véase El País (18-04-2010): 
Uno a uno, a sangre fría, 22.000 militares polacos como Wolinski fueron ejecutados de un tiro en la nuca en 1940 y arrojados a fosas comunes en territorio de lo que entonces era la Unión Soviética. Fueron víctimas de la policía secreta de Stalin, el temido y siniestro NKVD. La conocida como matanza de Katyn -el bosque próximo a la ciudad de Smolensk en el que fueron hallados los primeros cadáveres- supuso el exterminio, en menos de un año, de la élite polaca. Durante medio siglo, el crimen fue censurado por el régimen comunista, que siempre acusó a la Gestapo de esa terrible carnicería.


miércoles, 27 de julio de 2016

SOBRE EL GRAVE PELIGRO DE LOS ATAQUES ISLAMISTAS.

Con su permiso, amigos lectores, voy simplemente a copiar unas noticias aparecidas en la prensa, y luego comentaré alguna cosilla.

- El País (26.7.2016): Los terroristas que degollaron a un cura en Francia proclamaron ser del ISIS.
Los dos terroristas que han degollado este martes a un sacerdote al que obligaron a arrodillarse durante una toma de rehenes en una iglesia del norte de Francia, en Normandía, y han dejado en estado crítico a otra víctima, proclamaron a gritos su pertenencia al grupo terrorista Estado Islámico.

- El País (25.7.2016): El refugiado sirio que se estalló en Alemania juró lealtad al ISIS
Un refugiado sirio de 27 años ha muerto este domingo al hacer estallar los explosivos que llevaba en una mochila dejando 15 heridos, tres de ellos graves, junto a un céntrico restaurante en la ciudad alemana de Ansbach, en el estado de Baviera. El ministro de Interior de la región, Joachim Herrmann, aseguró este lunes que en el móvil del atacante se ha encontrado un vídeo en el que juraba lealtad al líder del Estado Islámico, Abubaker al Bagdadi, y que el ISIS lo ha identificado como uno de sus combatientes.  

...el hombre que llevaba el artefacto dentro de una mochila, que llegó hace dos años al país y cuya solicitud de asilo fue rechazada en 2015. Mientras tanto, permanecía en el país con un documento temporal y los servicios sociales le habían facilitado un apartamento mientras se tramitaba su expulsión.

- La Gaceta (25.07.2016): La fiscalía de la ciudad polaca de Lódz (centro) informó este lunes del arresto de un ciudadano iraquí, de 48 años, por posesión de material explosivo. La detención llega un día antes de que comience en Cracovia la Jornada Mundial de la Juventud, con cientos de miles de peregrinos de todo el mundo y dos días antes de la llegada al país del papa Francisco para participar en el evento.

- La Gaceta (25.07.2016): Abdelkader Sadouni, un imán suní de origen argelino que desde hace varios años predica la ley de Alá en Francia, ha culpado a los franceses de la matanza yihadista en Niza.

Tras esas noticias -algunas más, de las que no tengo enlace en este momento, han ocurrido recientemente- vean ustedes una foto que representa la actitud europea, democrática y buenista:

Y después de todo esto, lo que preocupa a los papagayos de la radio, los mandriles de la prensa, los soplagaitas blanditos, es que estos ataques del radicalismo islámico puedan traducirse en votos para "la ultraderecha". Lo que les preocupa a los defensores de este sistema viciado, de estas democracias tuteladas y encorsetadas de una Europa senescente, incapacitada, tullida de espíritu, es que los ciudadanos elijan libremente, democráticamente, a quienes crean que les representan mejor, que les defienden mejor. Lo que les preocupa a los que se consideran oráculos de la mismísima estatua de la libertad, es que los ciudadanos puedan elegir a un partido que a ellos -periodistas, tertulianos, enchufados- no les gusta porque no es el que les paga.

El peligro no es que estemos llenos de fanáticos asesinos; que los políticos al uso les abran las puertas -nuestras puertas- de par en par; que los soplagaitas de oenegé trincona nos los metan en casa. Lo que les preocupa; el grave peligro, es que los ciudadanos -los ciudadanos libres- en uso de su derecho, digan que ya está bien, que basta, que están hasta donde no digan dueñas de que los políticos subvencionen con subsidios a los mismos que nos quieren matar.

Y luego se extrañan de que más de un tercio de los españoles haga un corte de mangas cuando los mamones del sistema llaman a la cuchipanda de las urnas; y de que los políticos sean -según el CIS- el tercer problema para los españoles, detrás, evidentemente, de los económicos, que afectan directamente a la subsistencia.

sábado, 23 de julio de 2016

SOBRE EL DERECHO HUMANO A NEGAR EL MATRIMONIO HOMOSEXUAL.

Que, dicho así, lo mismo levanta las suspicacias, sospechas y aún iras de los jueces, fiscales, pijos políticamente correctos, tontolabas del pensamiento único y -dicho sea en palabras de Federico García Lorca- "asesinos de palomas".

Pero el caso es que el Tribunal de Estrasburgo ha dictado una sentencia en el sentido de que “no existe el derecho al matrimonio homosexual”. Aquí abajo les copio la noticia:

*****

ESTRASBURGO, FRANCIA. – Por unanimidad, el tribunal de Derechos Humanos más importante del mundo estableció textualmente que “no existe el derecho al matrimonio homosexual”.

Los 47 jueces, de los 47 países del Consejo de Europa, que integran el pleno del Tribunal de Estrasburgo (el tribunal de Derechos Humanos más importante del mundo), han dictado una sentencia de enorme relevancia, la cual fue y es sorprendentemente silenciada por el progresismo informativo y su zona de influencia.

En efecto, por unanimidad, todos los 47 jueces, han aprobado la sentencia que establece textualmente que “no existe el derecho al matrimonio homosexual”.

El dictamen fue fundado en un sinfín de considerandos filosóficos y antropológicos basado en el orden natural, el sentido común, informes científicos y por supuesto, en el derecho positivo. Dentro de esto último fundamentalmente la sentencia se basó en el artículo No. 12 del Convenio Europeo de Derechos Humanos. Dicho artículo equivale a los artículos de los tratados sobre derechos humanos, tal el caso del 17 del Pacto de San José y al No. 23 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.

En la histórica y nada difundida resolución, también ha dicho el Tribunal que la noción de familia no sólo contempla “el concepto tradicional del matrimonio, a saber, la unión de un hombre y de una mujer” sino que no se debe imponer a los gobiernos la “obligación de abrir el matrimonio a las personas de mismo sexo”.

En cuanto al principio de no discriminación, el Tribunal también añadió que no hay tal discriminación dado que “los Estados son libres de reservar el matrimonio únicamente a parejas heterosexuales”.

*****

O sea, y aclarando: que los Estados -según el Tribunal de Estrasburgo, repito- no tienen obligación de admitir que la unión de dos hombres, o dos mujeres, o dos mediopensionistas de variada condición, sea un matrimonio, porque eso no es un derecho humano. El derecho humano, ergo, es el de no admitir una legislación que entra en conflicto con los Derechos Humanos reconocidos e interpretados por los más altos tribunales supranacionales.

lunes, 18 de julio de 2016

SOBRE EL ANIVERSARIO.


Aniversario de tal día como hoy, 18 de Julio, que hace 80 años recuperó España para sí misma.

Como el número de tontos es infinito, y el de cabrones también, no faltarán hoy las lanzadas a moro muerto que tanto rendimiento ofrecen actualmente a los que siguen viviendo cojonudamente contra Franco.

De poco vale que Franco no preparase ni dirigiese el alzamiento del 17 de Julio de 1936 -porque fue el 17-, porque el Director fue el Excelentísimo señor D. Emilio Mola Vidal. De poco vale que los militares sublevados fuesen minoría respecto a los civiles que dijeron ¡basta!, y que -excepto en África- las columnas nacionales llevasen más voluntarios -falangistas, requetés, gente decente sin filiación particular- que soldados.

De poco vale que aquella República segunda -la de los tiros a la barriga del señor Azaña, la de la Ley de Vagos y Maleantes del mismo individuo, la del guerracivilismo socialista, la del golpe de Octubre del 34- fuese ya antesala e instrumento de la entrega al padrecito Stalin de la nación mas antigua del mundo.

Y vale de poco porque todos los papanatas de la inteleztualidad volverán a alabar la democracia de la República II -la que utilizaba la Guardia de Asalto para asesinar a los políticos de la oposición-, la voluntad popular que la trajo -pese a ganar la monarquía en las elecciones municipales de abril del 31-, y la modernidad que suponía, quemando iglesias y conventos y -ya de paso- colegios y museos.

Y a mi me vale de aún menos toda la gilipollez de la rojiprogresía medio analfabeta y corrupta, y lo que me importa de verdad es que vivo -como dice mi camarada Eloy en su Trinchera- exiliado en este país que ya no es España, pero que espero y confío -en este día; precisamente en este día- recuperar.


viernes, 15 de julio de 2016

SOBRE MI CAMARADA ARTURO.


Que hace dos años que está en los luceros.

Me refiero -los habituales ya lo saben, pero por si acaso- a Arturo Robsy, camarada, amigo, maestro. 

Cada día leo menos prensa, y hace años que no veo informativos de televisión. Ni siquiera le presto atención a la radio, aunque a veces la tenga puesta. No me interesa la dosis periódica de corrupción, el suministro habitual de prepotencia y soberbia -o de catetez y esnobismo, que casi es peor-; el menudeo diario de mierda. No me interesa porque ya tengo asumido -desde que el guerracivilismo de un señor Rodríguez saltó al BOE- que ya no cabe más solución que esa que ustedes están pensando, y que la libertad de expresión para chulos, macarras, asesinos, ladrones y sinvergüenzas no me permite expresar.

Y pienso en qué artículo escribiría Arturo; en qué baño de humor les daría a estas malolientes cagarrutas que nos mandan y se desmandan; en qué misericordioso rapapolvo les echaría a tanta hetaira aficionada, a tanto maricomplejines, a tanto cateto, a tanto cervantino hideputa.

Nos hemos quedado sin ello, y bien que se nota. Pero en este enlace pueden ustedes descargarse algunas obras de mi camarada Arturo -que él, señor fiscal, declaró de libre distribución para uso no comercial- y en ellas encontrará lo que diría hoy. Porque los papanatas, los tontos, los cazurros, los cabrones y los hideputa siguen siendo iguales, no cambian, no retroceden, no desisten. Y el traje que tantas veces les hizo Arturo les sigue quedando a la medida.

miércoles, 6 de julio de 2016

SOBRE LA CARA Y EL ESPEJO.


Cuando hace años -muchos, por desgracia- mi buen camarada y respetado amigo Fernando Ibáñez, a la sazón administrador de La Nación, me pidió que colaborase en el proyecto del naciente semanario, no pude comprometerme a una comparecencia habitual. Dirigía por aquél tiempo EJE, y no me consideraba capaz de someterme a la disciplina de una publicación semanal, con plazos de entrega fijos e inaplazables. Sí le ofrecí enviarle artículos cuando buenamente pudiera, y así lo hicimos durante un tiempo.

Un par de años después deje de dirigir EJE, aunque manteniendo mi sección habitual que llevaba el mismo encabezamiento -mi libre opinión- que este blog, y entonces le pedí a Fernando Ibáñez y al director de La Nación, Félix Martialay, lo mismo que ellos me habían ofrecido tiempo atrás: una sección fija. Nos pusimos de acuerdo inmediatamente, como no podía ser menos -porque ellos me daban absoluta libertad para escribir lo que quisiera, y yo no pretendía cobrar un céntimo-, y empecé a calentar motores en busca de un título. 

No hacía mucho -o quizá si, pero lo mantenía fresco- había leído unos versos de Quevedo. A estas alturas no los recuerdo completos -si alguien me los pudiera refrescar le quedaría sumamente reconocido- pero sí aquellos que me dieron la idea: arrojar la cara importa,/ que el espejo no hay de qué.

Era -obviamente- una de las salvajes sátiras de don Francisco, en la que ponía a caldo a cierto imbécil que, descontento con lo que el espejo le mostraba, arrojaba el utensilio. La sección se hubiera titulado el espejo, pero no hubo lugar porque EJE dejó de publicarse, y entonces trasladé mi cabecera habitual a La Nación, donde campeó durante muchos años.

En fin, a lo que voy es al título de cabecera que nunca publiqué: el espejo

Porque ahora salen los catetos del separatismo catalán rasgándose las vestiduras porque les han vuelto a trincar a no se cuantos concejales, a cuenta de la corrupción institucionalizada en el -Maragall dixit- tres por ciento. Se quejan amargamente de que el Ministro del Interior les tiene manía, demonizan a los medios de comunicación que cuentan la noticia, y se victimizan en su intento de hacernos creer que ellos son puros, que es Madrit quien les persigue.

Y uno no tiene por menos que pensar lo que afirmaba Quevedo. El problema no está en que la Policía, la Guardia Civil, los fiscales o los periodistas detengan chorizos o den cuenta de ello. El problema, mamarrachos, está en que sois unos ladrones. Así es que arrojad la cara -o sea: vosotros-, y dejad el espejo en paz.

sábado, 2 de julio de 2016

SOBRE SEÑORES Y NIÑATOS (O DE CASILLAS Y DEL BOSQUE).

Vaya, pues resulta que acerté en mi último comentario: la culpa del ridículo de la Selección Española de Fútbol la ha tenido Iker Casillas.

Al menos, eso se desprende de los exabruptos del seleccionador Vicente Del Bosque, al que parece no haberle gustado -según Marca- que Casillas dijera que no le había dado explicación de su suplencia y que no habían hablado.

¿Ha mentido Casillas? ¿Le dio Del Bosque explicaciones? ¿Le dijo el motivo de tenerlo en el banquillo? ¿Habló con Iker de lo que acostumbren hablar los técnicos con los jugadores? ¿Es Casillas el que se ha enfadado, después de haber demostrado hasta la saciedad en el Real Madrid que se sometía a la disciplina del técnico que le tocara en suerte, aunque fuera un impresentable como Mouriño?

¿O es Del Bosque el que no soporta que no le den coba, le hagan la pelota y le alaben sin tasa, y el simple hecho de desvelar algo tan normal como que no ha hablado con un jugador que él mismo ha elegido le ha sentado mal?

¿O se trata de estratagema de mal perdedor, que no es capaz de encajar la derrota cuando la suerte es adversa, y busca a alguien a quien echarle la culpa de su incapacidad?

Porque Vicente Del Bosque ha llevado a la Selección Española a ganar una Eurocopa y un Mundial, si; pero lo ha hecho basando su juego en el del F.C. Barcelona -un juego aburridísimo la mayor parte del tiempo- pero sin los delanteros del club azulgrana, de forma que las victorias de la Selección han sido de pura chiripa casi siempre. Teniendo el balón mucho tiempo, pero sin saber qué hacer con él; creando ocasiones, pero sin concretarlas.

De todas formas, señor Del Bosque, usted acaba de demostrar su mínima categoría humana, pagando su pataleta con uno de los  jugadores que más han contribuido a que usted tenga títulos europeos y mundiales en su palmarés. Se ha portado usted, señor Del Bosque, como un niñato malcriado. Al revés que Iker Casillas, que se ha comportado como un señor.


martes, 28 de junio de 2016

SOBRE LO DEL FÚTBOL.


Como no soy entendido -más allá de saber lo que me gusta y lo que no-, no hablaré de lo que se podía haber hecho o lo que se debiera haber omitido. Simplemente diré que a mi no me parece que sea fútbol eso de jugar en cinco metros cuadrados al tuya, mía; tuya, mía; tuya, mía; tuya, mía...; hasta que los propios jugadores se duermen y entonces viene un italiano y se lleva el balón.

Sólo diré que -una vez más, y como siempre- la culpa de todo la tiene Casillas.


lunes, 27 de junio de 2016

SOBRE EL GANADOR DE LAS ELECCIONES.

Ya sabemos que, en estos casos, todos han ganado. Los unos, porque tienen más votos que antes; los otros, porque consiguen más escaños de lo que pensaban; los de allá, porque logran que no los desbanquen; los de acullá, porque se mantienen en liza... Total, que aquí nadie pierde, y acaba uno preguntándose si, entonces, quien pierde no es el pueblo español -que, sinceramente, se lo merece- y, lo que es peor, si quien pierde no es España.

Podríamos hacer cábalas con los números, y afirmar que el PP avanza algo porque ha sabido espolear el miedo a un más que posible Frente Popular. Podríamos decir que el PSOE no se hunde tanto como vaticinaban las encuestas: que el arrejuntamiento de comunistas con rojiverdes, animalistas (cada cual mira por lo suyo) y separatistas de vario pelaje se ha quedado muy por debajo de sus aspiraciones; y que los Ciudadanos del señorito Alberto han pagado por su inclinación socialista.

Podríamos hacer números con los escaños de unos y otros, y advertir que el Frente Popular sigue siendo posible, y que las ansias de tocar poder pueden mucho, con lo que tampoco es descartable que la izquierda se junte a quien haga falta -separatistas de derechas, filoterroristas de izquierda- y a los de Ciudadanos, que no saben lo que son, pero si saben a quien no quieren apoyar.

Pero todo esto no sería sino entrar en la menudencia del cambalache, cuando lo auténticamente revelador es la cantidad de españoles con derecho a voto que no ha elegido a ninguno de los que se presentaban: la friolera de 10.840.364, que supone un 31,84%. Es decir: casi un tercio de los que podíamos hacerlo, nos hemos negado a participar en la mascarada.

Es más: ese 31,84% es la segunda fuerza más votada, sólo por detrás del PP, que alcanza un 33,03%. Los demás -todos los demás- quedan por detrás de quienes no queremos ser cómplices, y lo expresamos bien sea no acudiendo a las urnas, bien votando en blanco, bien votando nulo. Porque la interpretación de esas tres opciones -no ir a votar, votar en blanco o nulo- es la misma.

La de quienes no vamos a votar -más del 30%- es clara: no votamos porque no creemos en el sistema. No me atrevería a afirmar de qué lado caería la posible elección, pero si hay un dato interesante, y es que en estas elecciones había una coalición de partidos de izquierda, de ultraizquierda, de antisistema, de anarquistas y de varios pelajes igualmente marginales, todos ellos posibles representantes de los que decían no sentirse representados en el Parlamento durante las algaradas del 15-M.

La opción del que vota en blanco es, evidentemente, la de no elegir a ninguno de los que se presentan. Ninguno les convence, a ninguno desean tener por gobernante, pero acaso estén de acuerdo con este tipo de sistema, pese a que no les ofrece salida.

Y la del voto nulo, ¿qué quieren que les diga?. Habrá algún caso de errores como meter en el sobre varias papeletas de distinto partido; de meter una papeleta donde se hayan tomado notas; de meter una papeleta donde el niño haya dibujado... Pero las papeletas -apuesto a que mayoritarias- de quienes hayan escrito lindezas como un generoso “¡que os den!”; un invitador “¡iros a tomar...!”; un definitorio “¡chorizos!”, o un genealogizante “¡hijos de...!”, no parece que sean un error.


Así es que, lo dicho: aquí, quien de verdad ha ganado las elecciones, ha sido la abstención, que cada día avanza más. Los que -por una u otra causa, y ya digo que la ultraizquierda sí tenía a quien votar- no queremos nada con este sistema que nos engaña, nos oprime y nos utiliza.

jueves, 23 de junio de 2016

SOBRE LA CAMPAÑA ELECTORAL (CUATRO).


Y hoy toca, finalmente, hablar de don Alberto Rivera. Estrictamente -reitero- por orden de caída. 


La verdad es que de las propuestas de Ciudadanos cabe decir bien poco, dado que en su propaganda electoral no dice absolutamente nada. 

Dice -en una modesta hojita- que es posible ayudar a la clase media y trabajadora; que es posible aumentar el permiso de maternidad y paternidad; que es posible una educación pública de calidad y libros gratis, y que los niños sepan inglés; que es posible invertir en sanidad en vez de en aeropuertos sin aviones; que es posible acabar con los aforamientos y que los corruptos devuelvan lo robado, y que es posible un país donde el voto de todos los españoles valga lo mismo.

Y punto, porque ese es el programa electoral del señor Rivera. Al menos, el que ofrece al presunto votante de su partido que no tenga ganas de irse a buscar documentos más extensos y más ocultos.

Por supuesto, señor Rivera, todo eso es posible. Muchas de esas cosas -las que iban acordes con los tiempos- ya las hemos tenido, y los memócratas se encargaron de birlárnoslas con sus promesas: esas que decía el profesor Tierno que nunca se cumplían. Pero lo que hace falta, don Alberto, no es decir que todo eso es posible, sino decir cómo lo quiere hacer. 

¿Cómo va a ayudar a la clase media y a la clase trabajadora? ¿Va a crear los millones de empleos que promete Rajoy; esos de trabajar media hora y se acabó lo que se daba, que tan bien maquillan las estadísticas y tanto desesperan a quien los sufre? Por cierto, curiosa distinción la suya entre clase media y clase trabajadora. ¿No trabaja la clase media? ¿Cual es la diferencia, para usted, entre clase trabajadora y clase media? ¿El sueldo? ¿El tipo de actividad? Explíquemelo si tiene la bondad, señor Rivera, porque a mi, que no creo en las clases y menos aún en que unas y otras anden a la greña, no me sale la línea separadora.

¿Cómo va a aumentar el permiso de maternidad y paternidad? Bueno, además de firmar un Decreto, quiero decir. Porque no basta, señor Rivera, con echar una firmita. Las gentes de su generación son muy propensas a creer que a ustedes, como a Dios, les basta con la palabra: ¡Hágase!.

Pero eso solo no basta. Le puede resultar suficiente a macacos como el difunto Chávez venezolano, que expelía un ¡exprópiese! como si el mundo fuera suyo. Pero eso, don Alberto, no basta en una sociedad de pueblos y naciones relacionados entre si. Al menos, no vale si no se quiere llevar a un país a la más absoluta miseria. Para estas cosas, señor Rivera, hay que pensar en el cómo y, sobre todo, en el quién; concretamente, en el quién lo va a pagar.

Porque los permisos por maternidad y paternidad, que son muy justos y muy necesarios, los tiene que pagar alguien. Y si ese alguien que paga es el empresario, la cosa va mal; pero si quien paga es la Seguridad Social, las cuentas no salen, y habrá que recaudar esos cuartos por otro sitio. 

Lo de la educación pública y de calidad es muy sencillo, señor Rivera. Es sencillo para mi, que tengo muy claro que para una educación suficiente, que prepare para que quien no quiera seguir estudiando pueda desenvolverse bien en la vida, y para que quien quiera continuar estudios tenga una base adecuada, basta con un plan donde se estudie lo necesario -no lo superfluo-; donde se estudie un aceptable resumen de la cultura, no una bárbara especialización desde los inicios, que lleva a un ingeniero -o arquitecto, o médico o, peor aún, profesor- a escribir con faltas de ortografía. Un plan donde el esfuerzo sea condición indispensable, pero que sea tenido en cuenta y gratificado. Donde la vaguería no encuentre acomodo -ni en los estudiantes, ni en los maestros-; donde no se pase de curso sin dar palo al agua, donde los colegios no sean un simple almacén de niños o adolescentes apáticos, a los que no se les puede pegar un berrido o imponer un castigo porque los pobrecitos se traumatizan. Más palos da la vida, y todos esos niñitos y niñatos sobreprotegidos por padres ineptos son carne de psiquiatra.

Pero temo, señor Rivera -y puedo temerlo, puesto que usted no explica nada- que pretenda solucionarlo todo con dinero. Y ese es el problema, porque muchas veces no hay que gastar más, sino gastar mejor, y de poco vale tirar millones a un pozo sin fondo. ¿De dónde va a sacar los millones que cuesten los libros gratuitos para los escolares? ¿Quien os va a pagar? ¿Los impuestos de la clase media o la clase trabajadora a la que quiere ayudar? ¿Y por qué no propone algo tan sencillo como rebajar -o quitar, directamente- el IVA de los libros de texto? ¿O algo tan fácil como legislar que los libros no haya que pintarlos, trocearlos, rellenarlos en cada curso? Usted, seguramente, sabe de la existencia de una cosa llamada cuaderno. ¿Por qué no dotar a cada colegio de los libros que necesite para todos sus alumnos, con la obligación de dejarlos al final del curso para los que vengan al siguiente año; y de devolverlos en perfectas condiciones o -de romperlos, perderlos o estropearlos- pagarlos? Una forma de responsabilizar a los niños. Y a los padres. Porque el todo gratis a que ustedes nos quieren acostumbrar, acaba saliendo muy caro para alguien.

Y el inglés... ¿qué me dice usted del ingles? ¿Qué me dice usted de que los niños, por ejemplo, se aprendan los nombres de los huesos del cuerpo humano en inglés, pero si alguien le pregunta donde está el radio, o el fémur, respondan que no saben qué cosa sea eso? Que está bien aprender idiomas, no lo niego; pero ya está bien de ser los eternos papanatas, y todavía estoy por conocer un inglés que se sienta inculto, inútil, ignorante, incapaz de aspirar a un puesto de trabajo por no saber español. O -si nos ponemos a ello- por no saber francés, alemán o portugués.

¿Que es posible invertir en Sanidad? ¡Pues claro, don Alberto, faltaría más!. Pero sería mucho menos lo que habría que invertir si la Sanidad no fuera un pozo sin fondo, del que todo el mundo saca mientras sólo ponen unos cuantos. No le discuto que la Sanidad sea un derecho universal; que haya que atender a todo el mundo, sean ciudadanos españoles, sean extranjeros, sean inmigrantes ilegales o sean turistas de paso. Pero si niego que deba hacerse con cargo a la Seguridad Social. Los gobiernos pueden incorporar a los presupuestos partidas para la atención sanitaria de todos aquellos que no estén afiliados a la Seguridad Social. Que se les atienda, si; que reciban idéntico cuidado, si; pero que no salga el dinero de lo que nos quitan a los trabajadores por ese concepto. Que el resultado práctico es el mismo, pero las cuentas son diferentes, y ahí se nota el que gobierna bien, el que administra adecuadamente, y el chapucero del -Zapatero dixit- como sea.

¿Y los aeropuertos sin aviones? Pues tiene usted en eso toda la razón. Pero la solución no es la de meter dinero en otras cosas y dejar de hacer infraestructuras, sino en determinar donde hacen falta aeropuertos, donde trasvases, donde canalizaciones de ríos, donde autovías y donde trenes. O aeropuertos. La solución no estriba en hacer más hospitales para los turistas sanitarios, sino en planificar en la debida forma. Y esto es algo que, mientras cada chiringuito autonómico haga de su capa un sayo, sin la previsión de conjunto, nunca se podrá hacer bien.

Y aquí llegamos a la última posibilidad que usted propone; la de que el voto de todos los españoles valga lo mismo. Porque lo de que se acaben los aforamientos y que cada chorizo sea juzgado por el juez natural que le corresponda, y que todos los ladrones devuelvan lo que hayan robado creo que nadie se lo discutirá. Al menos, en campaña electoral; luego, a la hora de plasmarlo en el BOE ya se iría viendo, y hasta ahora muchos lo han prometido pero ninguno lo ha hecho.

Pero que el voto de todos los españoles valga lo mismo es cosa que merece atención. Porque tampoco nos dice qué quiere hacer para conseguirlo, aunque la cosa es clara: supresión de la ley D'Hont, y circunscripción única, para evitar que los grandes partidos se beneficien a costa de los pequeños, y que los que no tienen implantación fuera de su aldea obtengan una representación desproporcionada. Y listas abiertas, para que se elija a la persona, no al partido. ¿Es esto lo que quiere usted, señor Rivera? ¡Pues dígalo, leñe!

Porque el problema fundamental es que usted y su partido no dicen nada, que es la mejor forma de engañar al electorado. Usted, señor Rivera, quiere parecer centrista, moderado, casi una reedición del chuletón de Ávila poco hecho -o sea, un Suárez-, de manera que los votantes descontentos con el PP -que es de donde usted saca renta- lo voten. Pero luego, señor Rivera, se le ve el plumero, y resulta que no es de ese presunto centro, sino que usted y su partido son socialistas.

Socialistas rosaditos -levemente alejados del rojo zapateril del PSOE-, pero socialistas en temas como la política familiar, con el asesinato libre de nonatos. También -todo sea dicho- como los abortistas del PP, que en esto no hay diferencia y todos ustedes son propicios a meter las manos en la sangre de los más débiles.

Y socialistas en cuanto a sus elecciones, y ahí -reciente, calentito aún- tienen su pacto con el PSOE, que era el primer perdedor de las pasadas elecciones. Y no me diga, don Alberto, que usted no puede apoyar a un partido -el PP- hundido en la corrupción, porque está usted apoyando a otro partido exactamente igual de corrupto en Andalucía. O al mismo PP en la autonomía de Madrid.

¿Que su rechazo es hacia Mariano Rajoy, personalmente? Pero no por ello deja de ser Mariano Rajoy el más votado en los últimos comicios celebrados, y por tanto el que más ciudadanos han elegido como su opción para gobernar. ¿Dónde está su respeto a la Democracia, señor Rivera?


SOBRE LA CAMPAÑA ELECTORAL (TRES).

Don Pedro Sánchez -a quien le toca el turno por, como dije, simple orden de caída en el buzón- comienza su carta demostrando varias cosas: que no sabe lo que dice, que no sabe sumar, y que no es un demócrata.

Durante estos últimos meses me he esforzado en impulsar el cambio deseado por la mayoría de los españoles en las elecciones del 20 de diciembre -dice.

Que se haya esforzado no lo pongo en duda, puesto que se está jugando -espero que sólo metafóricamente- la cabeza. Pero las matemáticas cantan que la mayoría de españoles no han deseado el cambio que ofrece el señor Sánchez. El PP ganó las elecciones, con la mayoría suficiente para que el PSOE no pudiera formar gobierno. Sencillamente, porque la mayoría de los españoles no eligió al señor Sánchez, sino al señor Rajoy. 

Una mayoría no absoluta, pero mayoría al fin. Y usted, señor Sánchez, ni siquiera contando sus diputados, los de los comunistas antisistema de Podemos, y los de los socialistas engañabobos de Ciudadanos podía aspirar más que a una legislatura imposible.

O sea: que la mayoría la obtuvo el PP, que la mayoría de los españoles no querían el cambio socialista, y que usted no sabe sumar, o sabe mentir demasiado. Nada nuevo, en todo caso.

Pide el señor Sánchez el voto para un montón de cosas. Sólo citaré algunas, porque me da pereza copiar todo su folleto y porque, además, no merece la pena.

Pide que lo votemos para crear un nuevo modelo económico que cree empleo estable, con salarios justos y condiciones de trabajo dignas. ¿Qué modelo económico, señor Sánchez? ¿El de las empresas de trabajo temporal que introdujo Felipe González? ¿El de los nos si cuatro o cinco millones de parados de Zapatero? ¿El de los ERES de Andalucía? ¿El de los fondos de los cursos para los parados de esa misma región?

Pide que lo votemos para tener una sanidad pública fuerte, que no excluya a nadie y que garantice a todos el derecho a la salud.

¿Una sanidad, señor Sánchez, donde el pobre desgraciado habitante de Madrid que sufra un percance en Sevilla sea atendido allí? ¿Donde el habitante de Valencia que sufra una fractura en Madrid no sea devuelto a su ciudad para que allí le operen? ¿Donde quien necesite medicinas las pueda obtener porque es su derecho, y no porque el farmacéutico -que lleva meses sin cobrar- le haga el favor de dárselas?

Por otro lado, me hace felicísimo saber que tengo derecho a la salud. Creí que -como cotizante obligatorio a la Seguridad Social- tenía derecho a sanidad; pero esto de la salud casi me convence. Ahí es nada, tener garantizado -acaso en la Constitución- que no me va a volver a doler la cabeza, que nunca sufriré un dolor de muelas, que jamás me romperé un hueso, que no tendré que preocuparme por si en el futuro me toca la china de padecer alguna enfermedad seria, porque usted, señor Sánchez, me garantiza la salud. Casi me convence para votarle; pero prefiero comprobar el cumplimiento de sus promesas y luego obrar en consecuencia. Si en los próximos cuatro años de su gobierno con Pablo Iglesias no me pongo enfermo -pero ni un puñetero catarro, ¿eh?, no vayamos a empezar con las rebajas- prometo pensármelo.

Pide que lo votemos para tener un sistema educativo público de calidad, para que nacer en una familia con menos recursos no conlleve tener menos oportunidades, y para apostar por la investigación, la cultura y la creatividad, porque la falta de conocimiento es una forma de pobreza.

Si usted piensa don Pedro, que la cultura y la creatividad son cuestión de cuartos, lo llevamos claro. Porque hay cosas que no se solucionan con dinero, aunque todos los tontos piensan lo contrario. Por ejemplo, don Pedro, los que creen que los padres que llevan a sus hijos a colegios privados o concertados lo hacen porque tienen mucho dinero, y que sólo los pobres van a la escuela pública. Los que llevan a sus hijos a colegios privados o concertados, lo hacen porque en ellos la educación es menos mala; y lo es porque ustedes -todos los que han gobernado, pero en particular los socialistas- han hecho que la enseñanza pública sea una auténtica mierda; un simple almacén donde meter los niños hasta que cumplan la edad, en donde se pasa de curso alegremente, aun sin tener ni idea de nada; donde no se exige el mínimo esfuerzo, donde los profesores están mediatizados por las apas y las amas y las ampas -sin hache, y a veces con ella- y las leches de los ignorantes, de los arrogantes y de los cretinos. Una enseñanza en la que los niños no estudian mas que su corralito cercano, -el Manzanares, aprendiz de río, los de Madrid; el río catalán que nace en tierras extrañas, los cercanos al padre Ebro- e ignoran profusamente que existe un ancho mundo ahí fuera, antes de llegar al extranjero. Un mundo, España, que es la que les da sus raíces y su identidad; un mundo sin el que no son mas que lugareños, aldeanos, accesorio de la Historia, y no categoría.

Si la falta de conocimiento es una forma de pobreza, señor Sánchez -y estoy de acuerdo con ello-, nadie ha hecho más que ustedes por empobrecer intelectualmente a los españoles.

Pide que lo votemos para combatir de raíz la corrupción, el fraude. Y esto lo dice el mandamás del partido al que le acaban de empapelar dos ex-presidentes de autonomía, y al que le están encontrando, día sí y día también, motivos para empapelar a un montón de altos cargos.

Pide que lo votemos para tener una nueva política, más participativa, más honesta, más útil para las personas. Pues eso, señor Sánchez, es fácil: basta con eliminar los partidos políticos, establecer un sufragio directo -donde todos los votos valgan lo mismo- que se ejerza a través de los cauces naturales de representación.

Pide que lo votemos para lograr un proyecto compartido para España, que respete la diversidad y garantice la igualdad de derechos y de oportunidades (…) al margen del lugar en el que vivan...

Y esto lo dice el representante del partido que -vía Zapatero- dio alas, y dineros, y su bendición -aprobaré en Madrid lo que hagáis aquí- al separatismo catalán. Del partido que negoció -se rindió- con el terrorismo etarra, despreciando los derechos de las víctimas. Del partido que ha tolerado -igual que el PP, todo sea dicho- que los españoles no puedan hablar, estudiar, nombrar sus negocios, en español dentro de España. Del partido que volvió a levantar la barrera que parte a España por la mitad, con la Ley de Iniquidad Histórica, y que nos devuelve a la guerra civil, a ver si esta vez la gana el abuelo del nietísimo Rodríguez.

Y no me diga usted, don Pedro; no me digan ustedes, amigos lectores, que lo que refiero con cosas del pasado. Por dos razones: la primera, que el pasado define el futuro en cualquier sociedad; la segunda, porque es el señor Sánchez el que finaliza su carta diciendo que pide el voto para el partido que transformó nuestro país defendiendo la libertad, la justicia, la solidaridad y el progreso.

O sea: que el señor Sánchez está satisfecho de lo que ha hecho su partido. Todo lo que llevo expresado, y muchas cosas más que se me olvidan y que definen al PSOE como el partido que busca con mas ahínco la zafiedad, la chabacanería, la incultura popular, el nepotismo con sus afines, el crimen de Estado para trincar fondos reservados, la injusticia con el adversario, la desunión nacional y la vuelta a la guerra civil.




miércoles, 22 de junio de 2016

SOBRE LA CAMPAÑA ELECTORAL (DOS).

Como -fray Luis de León me valga- decíamos ayer, hoy le toca a la niña de Pablo Iglesias. Porque si hace no se si tres o cuatro campañas electorales todos los graciosillos del país (y de El País) sacaron aquello de la niña de Rajoy cuando don Mariano habló de todo lo que su partido iba a conseguir para una presunta niña, no creo que el señor Iglesias deba ser menos.
La niña de Pablo Iglesias se llama Esperanza. Y ya ha crecido, porque dice tener 30 añitos, que en estos tiempos de irresponsabilidad es todavía casi la niñez, aunque en tiempos lógicos y respetuosos con la naturaleza ya sería más que talludita. En fin, la infantilidad de la sociedad que con tanto ahínco nos hemos empeñado en hacer.

La niña de don Pablo nació -si es cierto lo que los propagandistas del señor Iglesias cuentan- en 1986. Quizá por eso no conserva memoria de aquellos años en que el PSOE colocaba hermanos en despachos oficiales de la Junta de Andalucía para que en ellos hicieran sus negocios particulares; en que los cuartos volaban en las mamandurrias de Renfe, de la Cruz Roja, del BOE; en que los GAL eran excusa para saquear los fondos reservados a mayor gloria de los joyeros de esposas y queridas. Así es que, como aquello no lo vivió la señorita Esperanza -al menos, no con uso de razón- ahora se refiere, desde Inglaterra, a los chorizos recientes. Evidentemente, no le va a sacar los PER, ni los ERES, al futuro socio -al parecer minoritario- de su papaíto Pablo.

Porque Esperancita se ha tenido que ir a Londres a trabajar, la pobre. Pero no se ha ido de enfermera, de camarera o de cajera de supermercado, no; se ha ido de investigadora de Biología Molecular, nada menos. Porque aquí no puede trabajar de lo suyo, dado que no se apoya lo suficiente la I+D+i. La niña de Pablo -y los propagandistas de Podemos- son suficientemente pijos como para nadar a la perfección entre la sopa de siglas, palabros y gilipolleces con que -recordando a don José Ortega y Gasset- los bárbaros de la especialización nos bombardean y atarugan habitualmente.

Pero Esperancita sabe -porque las niñas de Pablo saben mucho, y son biólogas, como aquella famosilla en su día Anita Obregón- que en España no se protege la Investigación, Desarrollo e Innovación porque a quien se protege es a los banqueros.

Y Esperancita quiere gente honesta y preparada en el Gobierno, en una España que no sea conocida por la corrupción, los salarios basura y la juerga. Flaco favor le hace a su papaíto Pablo, porque debe ser el único caso de un partido que, sin haber tocado poltrona, ya tiene a sus dirigentes envueltos en cobro infundado de subvenciones, en recepción de becas injustificadas, en percibir suculentos salarios -no basura, desde luego- por trabajos que no realizan. Y en recibir ayudas para sus fundaciones -sus correas de transmisión- de Gobiernos extranjeros y dictatoriales.

Aunque ella va a votar a Unidos Podemos -ya saben, la reedición del Frente Popular del 36, porque realmente hay poco nuevo bajo el sol- porque defiende los principios que sus padres -los supuestos padres reales de la presunta niña de Pablo Iglesias- le inculcaron, cuando trajeron la democracia y participaron en el 82 de aquella inmensa ola de cambio. O sea: del ascenso de Felipe González, cuya obra -hermanos de Alfonso Guerra, BOE, Renfe, Cruz Roja- es la que Esperancita tiene como referencia. ¡Ah, y también los GAL, tan recordados, entre alusiones a la cal viva, por el señor Iglesias!

Esperancita, claro está, no existe. Esperancita, la niña de Pablo Iglesias, es un invento de la propaganda comunista, tan hábil siempre. Si Esperancita existiera, y de verdad se hubiera dejado la piel estudiando Biología Molecular, y consiguiendo una preparación digna de obtener un trabajo -de lo suyo- en Londres; si existiera y fuera tan lista como esa carta de propaganda nos la presenta; si tuviera los principios que declara haber recibido de sus padres -que trajeron la democracia y a Felipe González- estaría horrorizada al ver que los mangoneadores del partido al que dice que va a votar, propugnan que el Gobierno mande a los jueces los procesos que tienen que entablar, a quién tienen que buscarle las cosquillas, a quién hay que hacerle la vida imposible. Que en sus comienzos -antes de que los hicieran famosos- pregonaban que los medios de comunicación tenían que estar en manos del Gobierno. Del suyo, claro. Que consideran un modelo a seguir la dictadura bananera venezolana, con el pajarito de Chávez en el frontispicio.

Si de verdad quiere gente honesta y preparada en el Gobierno, y quiere ser fiel a los principios de sus presuntos padres, -que según la carta le parecen el no va más- estaría horrorizada ante las Colaus, los Kichis, las Carmenas, las señoritas Rita; ante gentes que antes de calentar el asiento comienzan a nepotear a cuatro patas; ante gentes que defienden a los delincuentes y menosprecian a la policía bajo su mando; ante gentes para quienes la libertad de expresión se circunscribe a lucir la lencería -o directamente las glándulas mamarias- mientras amenazan con quemar -arderéis como en el 36- las iglesias y a los que estén dentro de ellas.
Estaría horrorizada ante un partido -el comunista- que a escala mundial ha cometido las mayores matanzas de la Historia -desde la URSS hasta nuestra misma España- y ante otro -el se su papaíto Pablo- que defiende como el ideal a conseguir un país donde, pese a su riqueza natural, las tiendas están vacías de productos de primera necesidad, y en el que para adecentarse la popa resulta mas barato hacerlo con billetes que con papel higiénico, porque aquellos abundan -como en todos los países donde los iluminados y los tontos se piensan que basta con darle a la maquinita-, pero este escasea.

O acaso no estaría horrorizada. Acaso la niña de Pablo Iglesias quiere todo eso, pensando que la mejor forma de obtener sus deseos, es un régimen donde los miembros del partido tengan todas las ventajas -su puesto de investigadora con buenas subvenciones, por ejemplo- y donde el Gobierno le diga a los jueces a quien hay que meter en la cárcel. Para ella y sus amigos, la dacha; para el resto, el gulag.



martes, 21 de junio de 2016

SOBRE LA CAMPAÑA ELECTORAL.

Que es ese periodo de tiempo en que los partidos políticos prometen sin tasa, se atacan sin pausa, se pelean sin vergüenza y, en suma, mienten como bellacos. Es decir, como siempre.

Porque díganme ustedes si los partidos políticos han hecho otra cosa desde su desgraciado advenimiento, hace ya cuarenta años; díganme si han hecho otra cosa que atacarse, pelearse, y mentir. Sí, cierto; han hecho otra cosa: robar. Pero eso va en su origen puesto que, ya, de entrada, la existencia de partidos políticos conlleva la usurpación de la voluntad popular, tergiversándola en función de los intereses de los “creadores de opinión”. Que esa es otra: los partidos -constitucionalmente- están para crear opinión, no para representar las opiniones de sus electores, y díganme si puede existir mayor corrupción intelectual de este sistema presuntamente democrático.

Lo cierto es que la política española -de otros sitios no hablaré, aunque pienso que probablemente ocurra lo mismo- es una continua campaña electoral, de cara a llevarse al huerto el máximo de sufragios a costa del engaño manifiesto. Aquí llevamos cuarenta años de campaña electoral, en los que ningún político ha hecho nada digno de mención, más allá de llevarse los cuartos, las influencias, los cargos, los porcentajes y -en suma- de utilizar el Estado en provecho propio y de su partido. Porque todos -todos- han demostrado que su deseo, su interés, su pensamiento íntimo, es que el Estado sea propiedad de su partido.

Pero, a pesar de esta permanente publicidad, de este avasallador asalto de propaganda, hay unos periodos donde, además de hacerlo, lo confiesan. Es lo que llaman campaña electoral. O sea: esto de ahora, que se diferencia del resto del tiempo en que las subvenciones, los expolios y los trinques son públicos. Por ejemplo, las subvenciones por la propaganda electoral por correo, que es a donde quería llegar.

Contra mi costumbre acerca de la correspondencia electoral, que es depositarla -con mucho cariño- en la basura según la recibo, en esta ocasión he procedido a leerla. No lo he hecho por aburrimiento, ni por penitencia, ni por decrepitud intelectual, sino porque me hallo en una fase de probaturas en mi ordenador, y entre la instalación de sistemas operativos hay tiempo para mucho. (De sistemas operativos, que en sus ultimas versiones parecen ser algo incompatible con la inteligencia, ya hablaremos otro día)

Y, aprovechando la coyuntura -que decían los cursis al comienzo de la transición/traición- procederé a comentarla. Por orden de llegada, puesto que la que he recibido me merece idéntica consideración.

Para empezar don Mariano Rajoy está en lo cierto cuando asume que los ciudadanos estamos hasta el gorro -el lo dice más melifluo, pero se entiende- de elecciones y de políticos. Pero yerra -como es normal en los de su especie- al afirmar que “No votar no es decir que estás en desacuerdo. Es no decir nada. Y que suceda lo que decidan otros.

Bueno, don Mariano: no votar es, precisamente, que estamos hasta el citado gorro -o más claro, para que se me entienda, hasta los mismísimos- de ustedes. De todos ustedes. No es “no decir nada”, sino decir que se vayan a tomar... lo que gusten.

Le contaré una anécdota: en 1982, cuando la UCD del ciprés Leopoldo convocó elecciones para perderlas y ceder el paso al PSOE, voté la candidatura de Solidaridad Española, que presentaba como número uno a don Antonio Tejero Molina. Una opción -por mucho que los memócratas se rasguen la ropa interior- tan válida como cualquiera otra de las que la Ley permite. Y ¿sabe usted qué pasó? Pues que todos los políticos -todos, desde el fúnebre Calvo Sotelo hasta el “Felipe/ capullo/ queremos un hijo tuyo,” pasando por el simpático señor Guerra y el asesino de Paracuellos- dijeron que como había ido mucha gente a votar, aquello había sido un gran triunfo de la democracia. ¿Ve usted por qué no votar no es “no decir nada”, sino decirles a todos ustedes que les vayan dando?

Promete usted, don Mariano, bajar los impuestos; concretamente, bajar dos puntos del IRPF. Y me parece muy bien, si; pero me parecería mejor si bajara usted el IVA, que ese si que es un impuesto injusto, confiscatorio, insolidario y desproporcionado. Y le cuento la razón: y es que el IVA afecta lo mismo al millonario que al pobre de pedir. Lo mismo que los impuestos especiales, que hacen que le cueste lo mismo los impuestos sobre el litro de gasolina al que llena el depósito de un Ferrari que el que pone diez litros en una furgoneta que necesita para trabajar. Si quiere usted que la fiscalidad sea progresiva, y que cada cual pague según tenga, baje el IVA, elimine impuestos especiales, y ponga tramos de IRPF adecuados a la realidad de España, y no a la entelequia europea de los burócratas.

Promete usted crear empleo. Nada más ni nada menos que dos millones de puestos de trabajo. ¿Como los que dicen las estadísticas que ha creado en los últimos cuatro años? ¿Como los que se llevan creando los últimos 40 años? ¿Puestos de trabajo consistentes en repartir la miseria, y que cada persona en condiciones de trabajar y con voluntad de hacerlo, encuentren un empleo de horas, de un par de meses a lo sumo?. Que l he visto, señor Rajoy; que por mis manos han pasado resúmenes de la vida laboral de personas que habían sido dadas de alta, había trabajado tres horas tres horas de un sólo día- y habían vuelto al quedarse sin trabajo. Así, don Mariano, cualquiera. Así, cualquier tonto crea no dos millones de puestos de trabajo, sino doscientos millones. ¿Eso es lo que promete?

Promete, en cuestiones sanitarias, reducir las listas de espera y garantizar la libertad de elección de profesional y de centro en atención primaria y especializada.

Pero coño, don Mariano, ¿todavía estamos así, cuando esta promesa la llevan haciendo quince o veinte años? Porque ya se ha dicho por o menos cinco veces en televisión, radio o prensa que a partir de no se qué día se podría realizar esta elección. ¿Y resulta que lo prometen ahora? Pues una de dos: o ustedes mienten más que hablan, o no se enteran ni de lo que hacen.

Van ustedes -dice- a defender la unidad de España. Y lo van a hacer “defendiendo el Estado de las Autonomías,” pero sin ceder “ante el incumplimiento de la Ley y la Constitución”. O sea: que esta vez, cuando una autonomía se gaste más cuartos de los que le corresponden en montar embajaditas, en subvencionar antisistemas, en untar fundaciones, en subirse los sueldos hasta el escándalo, en inflar precios de contratos públicos para percibir su tres por ciento, en montar cuchipandas refenrendales, ustedes harán algo. Que cuando una autonomía no coloque en el lugar que le corresponde la Bandera de España, ustedes harán algo. Que cuando una autonomía multe a los comerciantes que rotulen sus comercios en la lengua oficial -la segunda lengua más extendida del mundo-, ustedes harán algo. Que cuando una autonomía perjudique a sus ciudadanos de forma manifiesta -por ejemplo, exigiendo a los bomberos hablar gallego en vez de pedirles experiencia; o cuando les exijan a los médicos hablar catalán, en vez de saber medicina; o cuando hablar batúa puntúe más que los conocimientos en una oposición- ustedes harán algo. Porque hasta ahora, don Mariano, ustedes han callado como... -vaya, usted ya sabe- cuando han ocurrido todas esas cosas, y otras muchas. Han mirado a otro lado, han metido la cabeza debajo del ala, y se han pasado la Constitución por la popa. Y eso, teniendo mayoría absoluta.

Y también van a impulsar el cambio de huso horario. ¿Cuántos años hacen falta para promulgar un puñetero Decreto, señor Rajoy? Porque -repito- han tenido cuatro años de mayoría absoluta, y además esta es una cuestión en la que, al parecer, todos están de acuerdo. ¿Son ustedes tan apáticos que no han podido hacerlo hasta ahora y necesitan una legislatura más?

De otras cosas que propone no quiero ni hablar. De las ayudas a la pymes y a los autónomos; de la conciliación laboral y familiar, de la enseñanza, mejor ni empezamos. Pero si voy a decirle algo sobre su promesa de apoyar a la familia. Voy a decirle, señor Rajoy, que a los señores Obispos, a sus medios de comunicación -COPE, 13TV, etc.- a los acomodaticios y a los cobardes, le parecerá bien que ustedes sean el mal menor; que ustedes digan que se pude abortar, pero un poquito menos; que ustedes hagan del divorcio una simple distracción que se puede disfrutar ante notario. Si eso le parece bien a la jerarquía eclesiástica, a los periodistas profesionalmente católicos, a los nichichanilimoná, a mi no me vale.

Así es que, señor Rajoy, no cuente con mi voto. No me diga que usted es el mal menor, que frente a usted y su partido sólo está el Frente Popular. Curioso que se den cuenta ahora. Otros -ya se sabe, los ultras, los fachas, los antidemócratas, los nostálgicos- lo vimos venir hace tiempo. Pero usted, señor Rajoy, debe ser mucho más tonto de lo que parece.


Vamos con el siguiente; pero iremos mañana -o dentro de un par de días-, porque esto se va alargando y, caso de que aún me quede algún lector, se va a  aburrir. Continuaremos con la niña de Pablo Iglesias.


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