Pero piense el Gobierno que si España se le va de entre las manos, no podrá escudarse tras de una excusable negligencia. Cuando la negligencia llega a ciertos límites y compromete ciertas cosas sagradas, ya se llama traición.

José Antonio Primo de Rivera.
(F.E., núm. 15, 19 de julio de 1934)

martes, 27 de enero de 2026

SOBRE EL LUGAR EN LA POSADA.

No hace mucho comenté -justo en el periodo navideño- una idiotez del señor Argüello, que pasa como Monseñor, y que en sus redes sociales desde las que hace política, o mercadotecnia -que los anglófilos llaman marketing- criticaba lo que para él y otros muchos necios es no se qué especie de racismo, de xenofobia, de populismo y de fascismo.

El señor Argüello caía en la manipulación, en la tergiversación del Evangelio y, ni que decir tiene, en la complicidad con la delincuencia.

Hoy -esta mañana, entre 8 y 10- el señor Herrera, don Carlos, ha expelido por dos veces la injuria de que VOX coopera con el PSOE, y le hace el trabajo sucio, habida cuenta de que no lame las partes pudendas del señor Feijoo ni del señor Fernández Mañueco, que es lo que debe parecerle bien a don Carlos Herrera y sus paniaguados de cabecera.

Hoy -esta mañana, poco después de las horas citadas- el señor Fernández Mañueco ha tenido vía libre en el programa del señor Herrera para, no ya criticar -que sería lícito si dijera verdad-, sino para difamar a VOX desde las ondas episcopales. Difamar porque el señor Fernández Mañueco ha acusado a VOX de haber abandonado a los aragoneses cuando dejó el gobierno autónomo, y de no mantener los compromisos adquiridos. Ha callado el señor Fernández Mañueco que VOX dejó su gobierno porque él -Fernández- y su partido -PP- incumplieron los acuerdos a que habían llegado. Y, evidentemente, el señor Herrera -o su bufón señor Bustos- no han recordado tan pequeño detalle. Todo sea por la PP y por la manipulación que ordena la Conferencia Episcopal.

Y a todo esto -nada nuevo bajo el sol en esta malhadada España de traidores vendidos por una puñetera subvención- añade la Institución eclesiástica la expulsión de VOX del templo. Literalmente.


No sólo la Iglesia expulsa a VOX del templo (La Basílica del Pilar no da permiso a Vox para fotografiarse dentro como hizo Azcón con Ayuso), sino que ni siquiera le permite manifestar su fe católica (La diócesis de Zaragoza veta a Vox el uso de un cartel de Abascal ante una iglesia con «fin electoral»).

En cambio, si les parece correcto a los Obispos, a los chalanes de la COPE, al señor Herrera, Carlos, que el citado señor Argüello -que se dice Monseñor- manipule el Evangelio para disfrazar su vocación esclavista -¿quién va a hacer los trabajos que los españoles no quieren? preguntan- de caridad.

Y yo -lo vuelvo a repetir por si aún alguien no se ha enterado, o por si alguien viene por aquí de nuevas- no soy de VOX. Tengo con ese partido las suficientes diferencias para no serlo. Pero la manipulación de los peperos de lengua suelta y lamedora no la soporto.

Os merecéis lo que os viene, canallas.

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