No hace mucho comenté -justo en el periodo navideño- una idiotez del señor Argüello, que pasa como Monseñor, y que en sus redes sociales desde las que hace política, o mercadotecnia -que los anglófilos llaman marketing- criticaba lo que para él y otros muchos necios es no se qué especie de racismo, de xenofobia, de populismo y de fascismo.
El señor Argüello caía en la manipulación, en la tergiversación del Evangelio y, ni que decir tiene, en la complicidad con la delincuencia.
Hoy -esta mañana, entre 8 y 10- el señor Herrera, don Carlos, ha expelido por dos veces la injuria de que VOX coopera con el PSOE, y le hace el trabajo sucio, habida cuenta de que no lame las partes pudendas del señor Feijoo ni del señor Fernández Mañueco, que es lo que debe parecerle bien a don Carlos Herrera y sus paniaguados de cabecera.
Hoy -esta mañana, poco después de las horas citadas- el señor Fernández Mañueco ha tenido vía libre en el programa del señor Herrera para, no ya criticar -que sería lícito si dijera verdad-, sino para difamar a VOX desde las ondas episcopales. Difamar porque el señor Fernández Mañueco ha acusado a VOX de haber abandonado a los aragoneses cuando dejó el gobierno autónomo, y de no mantener los compromisos adquiridos. Ha callado el señor Fernández Mañueco que VOX dejó su gobierno porque él -Fernández- y su partido -PP- incumplieron los acuerdos a que habían llegado. Y, evidentemente, el señor Herrera -o su bufón señor Bustos- no han recordado tan pequeño detalle. Todo sea por la PP y por la manipulación que ordena la Conferencia Episcopal.
Y a todo esto -nada nuevo bajo el sol en esta malhadada España de traidores vendidos por una puñetera subvención- añade la Institución eclesiástica la expulsión de VOX del templo. Literalmente.
No sólo la Iglesia expulsa a VOX del templo (La Basílica del Pilar no da permiso a Vox para fotografiarse dentro como hizo Azcón con Ayuso), sino que ni siquiera le permite manifestar su fe católica (La diócesis de Zaragoza veta a Vox el uso de un cartel de Abascal ante una iglesia con «fin electoral»).
En cambio, si les parece correcto a los Obispos, a los chalanes de la COPE, al señor Herrera, Carlos, que el citado señor Argüello -que se dice Monseñor- manipule el Evangelio para disfrazar su vocación esclavista -¿quién va a hacer los trabajos que los españoles no quieren? preguntan- de caridad.
Y yo -lo vuelvo a repetir por si aún alguien no se ha enterado, o por si alguien viene por aquí de nuevas- no soy de VOX. Tengo con ese partido las suficientes diferencias para no serlo. Pero la manipulación de los peperos de lengua suelta y lamedora no la soporto.
Os merecéis lo que os viene, canallas.



