Pero piense el Gobierno que si España se le va de entre las manos, no podrá escudarse tras de una excusable negligencia. Cuando la negligencia llega a ciertos límites y compromete ciertas cosas sagradas, ya se llama traición.

José Antonio Primo de Rivera.
(F.E., núm. 15, 19 de julio de 1934)

sábado, 29 de octubre de 2011

SOBRE OTRO COMENTARIO, Y EL 29 DE OCTUBRE.

Pero en un plan distinto al de la última, porque en el presente caso se trata de un planteamiento puesto en razón, y que indica dos líneas interesantes. El comentario dice:

* * * * *

Ocón dijo...

No es este el mejor lugar para decirlo, imagino, pero yo estoy encantado de haber apoyado y votado a UPyD estos años, desde que existen.

No veo ni las derechas que no ve el autor ni las izquierdas que exhiben tantos.

Veo política/basura, mentiras, traición,...

Y, hasta hoy, UPyD ha dicho (¡y ha hecho!) lo que a mí me gustaría que se dijera y se hiciera.

Es verdad que soy un inculto en general y con respecto a falange, José Antonio y nacionalsindicalismo solo sé lo que he 'aprendido' estos dos últimos años y casi todo en este sitio de Rafael y algunos otros.

¿Por qué no hay un partido que aglutine ese pensamiento y esas virtudes que apenas puedo intuir?

¿O por qué 'no sabemos nada' de ellos/vosotros?

¿Por qué no se entra en el juego, asqueroso pero obligatorio, para hacerse oír, para ayudar desde 'dentro' de este -horrible- sistema?

Y si hay otra manera ¿por qué no se pone en marcha ya?

* * * * *

En primer lugar, Carlos, en este sitio se puede decir lo que se quiera cuando -como es tu caso- se dice con buenas maneras y con buenas razones. Nadie, aquí, te va a censurar, ni te va a mirar mal, ni te va a retirar el saludo, por decir que has votado a UPyD y que te sientes satisfecho de ello.

Lo que a mi me gustaría, es que todo el mundo votase a lo que realmente le gusta; que se votara a favor de unas ideas, o de unas personas; y no, como se hace aquí, en contra de otros. En España la democracia liberal consiste en alabar cualquier cosa que haga el propio, y en denigrar todo lo que haga el contrario. Los socialistas votan contra la derecha; los peperos votan contra los socialistas. Y a ninguno de ellos le importa lo que diga o haga el suyo. Bien está lo que haga Rajoy para el votante del PP; bien está lo que ha hecho Zapatero para el votante del PSOE. Y en ello seguirán, porque aquí son "anti". Y el ser "anti" obliga a estar pendiente del adversario, para ponerse en contra.

En fin: que si has votado UPyD porque te gustaba su programa, y estás satisfecho del resultado de tu voto, me alegro por ti. Eres uno de los pocos españoles conscientes que pueden decir algo así.

Yo no he votado a UPyD, ni lo haré, porque aunque estoy de acuerdo en algunas cosas, difiero radicalmente en otras. Por ejemplo, UPyD se muestra a favor del aborto, de dar carácter de matrimonio a las uniones homosexuales, porque se muestra a favor de la Educación para la Ciudadanía siempre que se consensúe el contenido; porque propugna la retirada de los símbolos religiosos, poniendo en pie de igualdad lo que ha forjado nuestra cuivilización Occidental y lo que la está destruyendo; porque, aunque dice que ya está bien de remover el pasado, no se sitúa frontalmente en contra de la Ley de Memoria Histórica, que es una Ley para imponer la ucronía por Decreto.

UPyD tiene un sentido de España puramente jurídico y administrativo. Pero España es mucho más que un Estado y una Administración. Ser español no es tener un DNI -esa fue la propaganda del UPyD en las últimas generales-, sino mucho más. España es una unidad de destino en lo universal, y ser español es una de las pocas cosas serias que se pueden ser en el mundo.

¿Por qué no hay un partido que aglutine a los que pensamos más o menos de igual forma? Espléndida pregunta, que no se contestar. ¿Por qué no dejamos atrás las cuatro diferencias que pueda haber, y proyectamos hacia el futuro las enormes coincidencias? ¿Por qué seguimos cada tres o cuatro montando un chiringuito propio, y en permanente controversia con todos los demás?

Bien me gustaría saberlo. Bien me gustaría que cada uno de los grupos nos explicara qué encuentra inadmisible en todos los demás. Bien me gustaría poder pensar que hay diferencias ideológicas marcadas, en vez de creer, como creo, que lo que marca las distancias son los personalismos. No sólo de los dirigentes, sino también de los subordinados. Cada uno se considera depositario de las más puras esencias, y tacha de contaminación al resto.

De todas formas, todos los grupos más o menos similares intentan abrise camino en el conocimiento público. Pero el público no presta oídos más que a los que piensa que pueden ganar. ¿Por qué los votantes del PP, que en buena proporción parecen estar contra el aborto, contra la eutanasia, contra la disolución de España, contra el terrorismo, contra el despilfarro, contra unos políticos convertidos en casta cerrada, contra la inmigración ilegal, contra la impunidad de los delincuentes, contra la desfachatez de los separatismos, vota al PP? ¿Por qué no ha votado -citaré, puesto que ha sido mi opción en las últimas convocatorias electorales- a Alternativa Española?

Nosotros -me meto, aunque no soy militante de ningún grupo ni lo seré mientras no haya propuestas de unidad- hacemos lo que podemos, y tenemos la culpa de la dispersión en nuestra mochila; pero el ciudadano votante y responsable elige la mierda y se la traga con fruición.

En esta próxima ocasión, el ciudadanito lo tiene más fácil: los dos partidos que tienen marcados a fuego en el anca a los votantes, han impedido que se presenten otros. Se ha cerrado el círculo de la oligarquía, y sólo la casta política establecida puede expresarse.

No creo tu afirmación de que seas un inculto. Ni mucho menos. Puede ser que no conozcas mucho de la ideología Nacionalsindicalista, porque para ello no se dan demasiadas facilidades hoy día. Por lo que a mí respecta, lo que escribo intento -en la medida de mi capacidad- hacerlo desde este ideario; pero no deja de ser un desahogo personal, centrado en la actualidad y no en la difusión de un pensamiento. No soy un ideólogo, en suma.

Para conocer el pensamiento Nacionalsindicalista, la única forma es leer a José Antonio. Para quien guste, aquí ofrezco un enlace a sus obras completas.

Y, como da la casualidad de que este debate se ha suscitado en torno al 29 de Octubre, aquí dejo el Discurso Fundacional de la Falange:

* * * * * * * * * * * * * * * * *

DISCURSO DE LA FUNDACION DE FALANGE ESPAÑOLA

(Discurso pronunciado en el Teatro de la Comedia de Madrid, el día 29 de octubre de 1933)


Nada de un párrafo de gracias. Escuetamente, gracias, como corresponde al laconismo militar de nuestro estilo.

Cuando, en marzo de 1762, un hombre nefasto, que se llamaba Juan Jacobo Rousseau, publicó El contrato social, dejó de ser la verdad política una entidad permanente. Antes, en otras épocas más profundas, los Estados, que eran ejecutores de misiones históricas, tenían inscritas sobre sus frentes, y aun sobre los astros, la justicia y la verdad. Juan Jacobo Rousseau vino a decirnos que la justicia y la verdad no eran categorías permanentes de razón, sino que eran, en cada instante, decisiones de voluntad.

Juan Jacobo Rousseau suponía que el conjunto de los que vivimos en un pueblo tiene un alma superior, de jerarquía diferente a cada una de nuestras almas, y que ese yo superior está dotado de una voluntad infalible, capaz de definir en cada instante lo justo y lo injusto, el bien y el mal. Y como esa voluntad colectiva, esa voluntad soberana, sólo se expresa por medio del sufragio –conjetura de los más que triunfa sobre la de los menos en la adivinación de la voluntad superior–, venía a resultar que el sufragio, esa farsa de las papeletas entradas en una urna de cristal, tenía la virtud de decirnos en cada instante si Dios existía o no existía, si la verdad era la verdad o no era la verdad, si la Patria debía permanecer o si era mejor que, en un momento, se suicidase.

Como el Estado liberal fue un servidor de esa doctrina, vino a constituirse no ya en el ejecutor resuelto de los destinos patrios, sino en el espectador de las luchas electorales. Para el Estado liberal sólo era lo importante que en las mesas de votación hubiera sentado un determinado número de señores; que las elecciones empezaran a las ocho y acabaran a las cuatro; que no se rompieran las urnas. Cuando el ser rotas es el más noble destino de todas las urnas. Después, a respetar tranquilamente lo que de las urnas saliera, como si a él no le importase nada. Es decir, que los gobernantes liberales no creían ni siquiera en su misión propia; no creían que ellos mismos estuviesen allí cumpliendo un respetable deber, sino que todo el que pensara lo contrario y se propusiera asaltar el Estado, por las buenas o por las malas, tenía igual derecho a decirlo y a intentarlo que los, guardianes del Estado mismo a defenderlo.

De ahí vino el sistema democrático, que es, en primer lugar, el más ruinoso sistema de derroche de energías. Un hombre dotado para la altísima función de gobernar, que es tal vez la más noble de las funciones humanas, tenía que dedicar el ochenta, el noventa o el noventa y cinco por ciento de su energía a sustanciar reclamaciones formularias, a hacer propaganda electoral, a dormitar en los escaños del Congreso, a adular a los electores, a aguantar sus impertinencias, porque de los electores iba a recibir el Poder; a soportar humillaciones y vejámenes de los que, precisamente por la función casi divina de gobernar, estaban llamados a obedecerle; y si, después de todo eso, le quedaba un sobrante de algunas horas en la madrugada, o de algunos minutos robados a un descanso intranquilo, en ese mínimo sobrante es cuando el hombre dotado para gobernar podía pensar seriamente en las funciones sustantivas de Gobierno.

Vino después la pérdida de la unidad espiritual de los pueblos, porque como el sistema funcionaba sobre el logro de las mayorías, todo aquel que aspiraba a ganar el sistema ,tenía que procurarse la mayoría de los sufragios. Y tenía que procurárselos robándolos, si era preciso, a los otros partidos, y para ello no tenía que vacilar en calumniarlos, en verter sobre ellos las peores injurias, en faltar deliberadamente a la verdad, en no desperdiciar un solo resorte de mentira y de envilecimiento. Y así, siendo la fraternidad uno de los postulados que el Estado liberal nos mostraba en su frontispicio, no hubo nunca situación de vida colectiva donde los hombres injuriados, enemigos unos de otros, se sintieran menos hermanos que en la vida turbulenta y desagradable del Estado liberal.

Y, por último, el Estado liberal vino a depararnos la esclavitud económica, porque a los obreros, con trágico sarcasmo, se les decía: "Sois libres de trabajar lo que queráis; nadie puede compeleros a que aceptéis unas u otras condiciones; ahora bien: como nosotros somos los ricos, os ofrecemos las condiciones que nos parecen; vosotros, ciudadanos libres, si no queréis, no estáis obligados a aceptarlas; pero vosotros, ciudadanos pobres, si no aceptáis las condiciones que nosotros os impongamos, moriréis de hambre, rodeados de la máxima dignidad liberal". Y así veríais cómo en los países donde se ha llegado a tener Parlamentos más brillantes e instituciones democráticas más finas, no teníais más que separamos unos cientos de metros de los barrios lujosos para encontramos con tugurios infectos donde vivían hacinados los obreros y sus familias, en un límite de decoro casi infrahumano. Y os encontraríais trabajadores de los campos que de sol a sol se doblaban sobre la tierra, abrasadas las costillas, y que ganaban en todo el año, gracias al libre juego de la economía liberal, setenta u ochenta jornales de tres pesetas.

Por eso tuvo que nacer, y fue justo su nacimiento (nosotros no recatamos ninguna verdad), el socialismo. Los obreros tuvieron que defenderse contra aquel sistema, que sólo les daba promesas de derechos, pero no se cuidaba de proporcionarles una vida justa.

Ahora, que el socialismo, que fue una reacción legítima contra aquella esclavitud liberal, vino a descarriarse, porque dio, primero, en la interpretación materialista de la vida y de la Historia; segundo, en un sentido de represalia; tercero, en una proclamación del dogma de la lucha de clases.

El socialismo, sobre todo el socialismo que construyeron, impasibles en la frialdad de sus gabinetes, los apóstoles socialistas, en quienes creen los pobres obreros, y que ya nos ha descubierto tal como eran Alfonso García Valdecasas; el socialismo así entendido, no ve en la Historia sino un juego de resortes económicos: lo espiritual se suprime; la Religión es un opio del pueblo; la Patria es un mito para explotar a los desgraciados. Todo eso dice el socialismo. No hay más que producción, organización económica. Así es que los obreros tienen que estrujar bien sus almas para que no quede dentro de ellas la menor gota de espiritualidad.

No aspira el socialismo a restablecer una justicia social rota por el mal funcionamiento de los Estados liberales, sino que aspira a la represalia; aspira a llegar en la injusticia a tantos grados más allá cuantos más acá llegaran en la injusticia los sistemas liberales.

Por último, el socialismo proclama el dogma monstruoso de la lucha de clases; proclama el dogma de que las luchas entre las clases son indispensables, y se producen naturalmente en la vida, porque no puede haber nunca nada que las aplaque. Y el socialismo, que vino a ser una crítica justa del liberalismo económico, nos trajo, por otro camino, lo mismo que el liberalismo económico: la disgregación, el odio, la separación, el olvido de todo vínculo de hermandad y de solidaridad entre los hombres.

Así resulta que cuando nosotros, los hombres de nuestra generación, abrimos los ojos, nos encontramos con un mundo en ruina moral, un mundo escindido en toda suerte de diferencias; y por lo que nos toca de cerca, nos encontramos en una España en ruina moral, una España dividida por todos los odios y por todas las pugnas. Y así, nosotros hemos tenido que llorar en el fondo de nuestra alma cuando recorríamos los pueblos de esa España maravillosa, esos pueblos en donde todavía, bajo la capa más humilde, se descubren gentes dotadas de una elegancia rústica que no tienen un gesto excesivo ni una palabra ociosa, gentes que viven sobre una tierra seca en apariencia, con sequedad exterior, pero que nos asombra con la fecundidad que estalla en el triunfo de los pámpanos y los trigos. Cuando recorríamos esas tierras y veíamos esas gentes, y las sabíamos torturadas por pequeños caciques, olvidadas por todos los grupos, divididas, envenenadas por predicaciones tortuosas, teníamos que pensar de todo ese pueblo lo que él mismo cantaba del Cid al verle errar por campos de Castilla, desterrado de Burgos:

¡Dios, qué buen vasallo si oviera buen señor!

Eso vinimos a encontrar nosotros en el movimiento que empieza en ese día: ese legítimo soñar de España; pero un señor como el de San Francisco de Borja, un señor que no se nos muera. Y para que no se nos muera, ha de ser un señor que no sea, al propio tiempo, esclavo de un interés de grupo ni de un interés de clase.

El movimiento de hoy, que no es de partido, sino que es un movimiento, casi podríamos decir un antipartido, sépase desde ahora, no es de derechas ni de izquierdas. Porque en el fondo, la derecha es la aspiración a mantener una organización económica, aunque sea injusta, y la izquierda es, en el fondo, el deseo de subvertir una organización económica, aunque al subvertiría se arrastren muchas cosas buenas. Luego, esto se decora en unos y otros con una serie de consideraciones espirituales. Sepan todos los que nos escuchan de buena fe que estas consideraciones espirituales caben todas en nuestro movimiento; pero que nuestro movimiento por nada atará sus destinos al interés de grupo o al interés de clase que anida bajo la división superficial de derechas e izquierdas.

La Patria es una unidad total, en que se integran todos los individuos y todas las clases; la Patria no puede estar en manos de la clase más fuerte ni del partido mejor organizado. La Patria es una síntesis trascendente, una síntesis indivisible, con fines propios que cumplir; y nosotros lo que queremos es que el movimiento de este día, y el Estado que cree, sea el instrumento eficaz, autoritario, al servicio de una unidad indiscutible, de esa unidad permanente, de esa unidad irrevocable que se llama Patria.

Y con eso ya tenemos todo el motor de nuestros actos futuros y de nuestra conducta presente, porque nosotros seríamos un partido más si viniéramos a enunciar un programa de soluciones concretas. Tales programas tienen la ventaja de que nunca se cumplen. En cambio, cuando se tiene un sentido permanente ante la Historia y ante la vida, ese propio sentido nos da las soluciones ante lo concreto, como el amor nos dice en qué caso debemos reñir y en qué caso nos debemos abrazar, sin que un verdadero amor tenga hecho un mínimo programa de abrazos y de riñas.

He aquí lo que exige nuestro sentido total de la Patria y del Estado que ha de servirla.

Que todos los pueblos de España, por diversos que sean, se sientan armonizados en una irrevocable unidad de destino.

Que desaparezcan los partidos políticos. Nadie ha nacido nunca miembro de un partido político; en cambio, nacemos todos miembros de una familia; somos todos vecinos de un Municipio; nos afanamos todos en el ejercicio de un trabajo. Pues si ésas son nuestras unidades naturales, si la familia y el Municipio y la corporación es en lo que de veras vivimos, ¿para qué necesitamos el instrumento intermediario y pernicioso de los partidos políticos, que, para unimos en grupos artificiales, empiezan por desunimos en nuestras realidades auténticas?

Queremos menos palabrería liberal y más respeto a la libertad profunda del hombre. Porque sólo se respeta la libertad del hombre cuando se le estima, como nosotros le estimamos, portador de valores eternos; cuando se le estima envoltura corporal de un alma que es capaz de condenarse y de salvarse. Sólo cuando al hombre se le considera así, se puede decir que se respeta de veras su libertad, y más todavía si esa libertad se conjuga, como nosotros pretendemos, en un sistema de autoridad, de jerarquía y de orden.

Queremos que todos se sientan miembros de una comunidad seria y completa; es decir, que las funciones a realizar son muchas: unos, con el trabajo manual; otros, con el trabajo del espíritu; algunos, con un magisterio de costumbres y refinamientos. Pero que en una comunidad tal como la que nosotros apetecernos, sépase desde ahora, no debe haber convidados ni debe haber zánganos.

Queremos que no se canten derechos individuales de los que no pueden cumplirse nunca en casa de los famélicos, sino que se dé a todo hombre, a todo miembro de la comunidad política, por el hecho de serio, la manera de ganarse con su trabajo una vida humana, justa y digna.

Queremos que el espíritu religioso, clave de los mejores arcos de nuestra Historia, sea respetado y amparado como merece, sin que por eso el Estado se inmiscuya en funciones que no le son propias ni comparta –como lo hacía, tal vez por otros intereses que los de la verdadera Religión– funciones que sí le corresponde realizar por sí mismo.

Queremos que España recobre resueltamente el sentido universal de su cultura y de su Historia.

Y queremos, por último, que si esto ha de lograrse en algún caso por la violencia, no nos detengamos ante la violencia. Porque, ¿quién ha dicho –al hablar de "todo menos la violencia"– que la suprema jerarquía de los valores morales reside en la amabilidad? ¿Quién ha dicho que cuando insultan nuestros sentimientos, antes que reaccionar como hombres, estamos obligados a ser amables? Bien está, sí, la dialéctica como primer instrumento de comunicación. Pero no hay más dialéctica admisible que la dialéctica de los puños y de las pistolas cuando se ofende a la justicia o a la Patria.

Esto es lo que pensamos nosotros del Estado futuro que hemos de afanamos en edificar.

Pero nuestro movimiento no estaría del todo entendido si se creyera que es una manera de pensar tan sólo; no es una manera de pensar: es una manera de ser. No debemos proponemos sólo la construcción, la arquitectura política. Tenemos que adoptar, ante la vida entera, en cada uno de nuestros actos, una actitud humana, profunda y completa. Esta actitud es el espíritu de servicio y de sacrificio, el sentido ascético y militar de la vida. Así, pues, no imagine nadie que aquí se recluta para ofrecer prebendas; no imagine nadie que aquí nos reunimos para defender privilegios. Yo quisiera que este micrófono que tengo delante llevara mi voz hasta los últimos rincones de los hogares obreros, para decirles: sí, nosotros llevamos corbata; sí, de nosotros podéis decir que somos señoritos. Pero traemos el espíritu de lucha precisamente por aquello que no nos interesa como señoritos; venimos a luchar porque a muchos de nuestras clases se les impongan sacrificios duros y justos, y venimos a luchar por que un Estado totalitario alcance con sus bienes lo mismo a los poderosos que a los humildes. Y así somos, porque así lo fueron siempre en la Historia los señoritos de España. Así lograron alcanzar la jerarquía verdadera de señores, porque en tierras lejanas, y en nuestra Patria misma, supieron arrostrar la muerte y cargar con las misiones más duras, por aquello que precisamente, como a tales señoritos, no les importaba nada.

Yo creo que está alzada la bandera. Ahora vamos a defenderla alegremente, poéticamente. Porque hay algunos que frente a la marcha de la revolución creen que para aunar voluntades conviene ofrecer las soluciones más tibias; creen que se debe ocultar en la propaganda todo lo que pueda despertar una emoción o señalar una actitud enérgica y extrema. ¡Qué equivocación! A los pueblos no los han movido nunca más que los poetas, y ¡ay del que no sepa levantar, frente a la poesía que destruye, la poesía que promete!

En un movimiento poético, nosotros levantaremos este fervoroso afán de España; nosotros nos sacrificaremos; nosotros renunciaremos, y de nosotros será el triunfo, triunfo que –¿para qué os lo voy a decir?– no vamos a lograr en las elecciones próximas. En estas elecciones votad lo que os parezca menos malo. Pero no saldrá de ahí nuestra España, ni está ahí nuestro marco. Esa es una atmósfera turbia, ya cansada, como de taberna al final de una noche crapulosa. No está ahí nuestro sitio. Yo creo, sí, que soy candidato; pero lo soy sin fe y sin respeto. Y esto lo digo ahora, cuando ello puede hacer que se me retraigan todos los votos. No me importa nada. Nosotros no vamos a ir a disputar a los habituales los restos desabridos de un banquete sucio. Nuestro sitio está fuera, aunque tal vez transitemos, de paso, por el otro. Nuestro sitio está al aire libre, bajo la noche clara, arma al brazo, y en lo alto, las estrellas. Que sigan los demás con sus festines. Nosotros fuera, en vigilancia tensa, fervorosa y segura, ya presentimos el amanecer en la alegría de nuestras entrañas.










viernes, 28 de octubre de 2011

ENCANTADO DE SER DE DERECHAS (por Arturo Robsy).

Una vez más me aprovecho del buen hacer de mi camarada Arturo, porque explica pero que muy bien lo mismo que yo pienso, pero me cuesta más exponerlo.

Ayer mismo, otro camarada me recordaba la salida de pata de banco del señor Uriarte, el diputadito pepero que era, además, barandilla de las Nuevas Generaciones -pobrines, tan viejos ya desde el nacer- y al que condenaron por conducir beodo. El señorito Uriarte, al ser preguntado en Radio Intercontinental -cuando Radio Intercontinental era una radio libre- por qué le aconsejaría votar al abuelo del entrevistador -que este definía como franquista-, respondió que buscara otro partido.

El problema es que entre el PSOE y el PP se las han ingeniado para pervertir un sistema de por si pervertido, eliminando cualquier opinión que no sea la suya, una simple moneda trucada, con dos culos y sin cara, y hoy no queda -si la hay ruego me lo comuniquen- ninguna opción mas que no participar en el putiferio, puesto que los señoritos del cortijo ponen cada vez más trabas a la expresión de la voluntad popular.

Y -recuérdese- ir a votar significa apoyar al sistema. Aunque se vote en blanco. Aunque se vote nulo. Aunque se meta -simbolismo puro- una loncha de chorizo en el sobre.

Aquél corte de radio, que todos rcordamos pero ninguno conseguimos localizar, define la derecha pepera, sea en su partido, en sus dirigentes o en sus medios de comunicación serviles.

Y aquí, Arturo, nos canta las verdades.

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ENCANTADO DE SER DE DERECHAS

Es posible que falle la memoria, pero tengo visto que, en algún momento, se dijo, por Intereconomía, "orgulloso de ser de derechas". No es bueno cometer cacofonías como "de DErechas". Pero es peor sentirse orgulloso de una postura que no se conoce bien: Derecha, como sabemos, viene de la parte en la que se sentaban unos y otros, o sea, del asentadero respecto a la presidencia de un parlamento.

Eso, con mirada ideológica, sólo informa del lugar donde va el propio trasero y, claro, con esos datos y esas presciencias, lo normal es lo que nos pasa, que se gobierna o se opone desde el culo. Con otra clase de mirada vienen las curvas: la llamada derecha en España es un partido Liberal, al menos en su cogollo, y los liberales, con perdón, fueron los primeros progresistas. En el Siglo XIX, pero progresistas a fondo, incluida la que bordó bandera, Mariana Pineda, que hoy los socialistas se hacen suya. No hay derecha en España, aunque se lo llamen. Hay votantes de derecha, conservadores. Tories o Torys, pero no partido.

¿Puede alguien sentirse orgulloso de ser de derechas? Si adivina dónde están, claro. Pero no se ven como organización a ojo desnudo. No hay Partido Conservador y tratar de unir, como Fraga hizo, Liberal-Conservador, es llevar la contraria a siglo y medio de historia. Como proclamar que el agua no es húmeda. Pero el orgullo vale. Es costumbre hispánica, del gen mismo.

Lo que tiene su punto de guasa es, como se escucha ahora, lo de "Encantado de ser de derechas". Entramos en lo brujo, en el misterio sobrenatural. Porque embrujar es algo que no está aceptado por la ciencia ni por los racionales. Embrujo es, como se escribe, un canturreo.

Ahora hay que darle a la pequeña erudición. La raíz protoindoeuropea de Encanto es *kan-, lo que coincide con nuestro canto o con Plácido Domingo, según. Y hay más: de la misma raíz vienen, en español -no se en castellano constitucional- palabritas como cantaleta, chantaje -hay razones, o ppexactitudes, para que el chantaje se mezcle en todo esto-, hechizar, y se termina con "engatusar", que en un principio español se dijo "encantusar". Nada que ver con los gatos.

Para el final se deja que encantar es como vaticinar. Y parece que a muchos la derecha, que no existe, ha vaticinado una victoria. Pero será una victoria liberal. Lo de "encantado de ser de derechas", en cuanto a encanto, será -de la misma raíz- un incentivo para llegarse a la urna. Encantador futuro que parece, además, previsto por el socialismo mientras se cae al pozo dando gritos de libertad y vivas a la calvicie de un espabilado cofrade.

O sea, mire, no se encante a la brava, o sea, no crea del todo a los canoros. Y no crea cosas de tanto rebote; la verdad es más sencilla, con menos revueltas y casi sin necesidad de insistir en que es verdad, cosa que no le pasa a cierta derecha disfrazada, puro leopardo al que se le cayeron algunas manchas, que fueron a huchas bancarias.

Arturo Robsy

No encantando pero sí orgulloso de ser y sentirme falangista.

jueves, 27 de octubre de 2011

SOBRE UN ANO-NIMO.

Primero copio, y después hablamos:

* * * * *


jajaja, veo que los falangistas de hoy en día seguís siendo tan mariconas como José Antonio. Arriba España, y que os den por detrás, locazas


¡Pobre anónimo!. La has "cagao". Pero... ¿cómo te metes en estos jardines?.

Pueden pasar dos cosas. Que el General te ignore -no sería de extrañar, pues eres un mierda cobarde- o que te haga una dedicatoria. En tal caso puedes darte con un canto en los dientes, o con una estaca en el culo, porque pasarías al elenco de galardonados con una entrada en "Mi libre opinión" junto a Pepiño, Zerolo y demás ralea.

* * * * *

En efecto, como indica mi camarada Rafa España, no iba a prestarle atención al saco de pus anónimo que ha aprendido a usar las pezuñas para insultar. Pero, fiel a mi tradición de no censurar nada, ni a nadie -porque para eso soy falangista, y no un rojo de mierda, ni un demócrata liberal de guano-, voy a sacar un ratito para intentar convencer al gilipollas que no sabe ni cómo se llama, ni el apodo que le daban en el lupanar donde creció. Además, uno se debe a la afición.

Evidentemente, con estos desechos infrahumanos no vale razonar. Es inútil explicar que, aunque su incapacidad manifiesta para entender lo que es hombría, virilidad, señorío, le impida darse cuenta, José Antonio fue un señor, un caballero, un hombre al que sus enemigos respetaron; y eso que sus enemigos eran tan poco capaces de distinguir la hombría de bien como el gusano anónimo que ha regurgitado ese comentario.

A mi, falangista, no me molesta que un cabrón me llame maricona, porque se que no lo soy y que, en todo caso, no haces más que reflejar tus complejos de amanerado intelectual, si es que tienes de eso. A ti, anónimo, no te debe molestar que te defina como hijo de puta, porque sabes que lo eres. Hijo de puta, digo, que es condición personal; no hijo de una puta, que sería ofender a tu desconocida madre.

A mi, falangista, no me molesta siquiera que bales inmundicia sobre uno de los hombres más grandes que ha dado España. No puedes aspirar ni a intentar seguir su pensamiento y su conducta, y eso debe ser duro porque te certifica la estupidez que ya sospechas en tí. Eres como la zorra de la fábula, que denuncia las uvas por verdes, en vista de que no vas a alcanzarlas de ni coña.

A mi, falangista, ni siquiera se me ocurre decirte que le puedo demostrar a tu mujer -concubina, meretriz fija o esporádica, zorrilla para desahogo, pelandusca finisemanal...- si soy o no soy homosexual, porque ni loco se me ocurriría la menor aproximación a quien se roce con un macaco como tú. Y porque, para no salir corriendo nada más verte y oírte, ya debe andar la pobre desesperada y urgida, consecuencia lógica de ser un callo, o una zorra, cosas ambas que no me seducen, ni me tientan, ni me motivan.

A mi, falangista, ni siquiera se me ocurre denunciarte a tus leires, tus bibianas y tus zerolos, por homófobo, al usar como descalificación una condición sexual que te imaginas, dadas tus querencias. Es lo que tiene ser rojo, gilipollas y tonto del esfínter.

Y a mi, falangista, me da igual que tu seas puto o bardaje, maricona o locuela. Me da lo mismo que seas un saco de mierda, un gusano, un caracol -cornudo, rastrero, baboso y hermafrodita-, un cuatezón o un idiota; que seas un besugo o un pervertido; un tarugo ágrafo o un desgraciado ente bibiano.

Lo evidente, es que tienes la cualidad intelectual de un bolardo, cosa que -para que me entiendas-, equivale por mojón.

De lo cual me alegro mucho, porque contribuye a despejarme las dudas -pocas- que tenía de cara a un futuro cada vez más próximo. Teta me lo voy a pasar.

miércoles, 26 de octubre de 2011

ESTACIÓN TÉRMINUS (por Arturo Robsy).

Mucho se ha hablado de que los socialistas y sus excrecencias no sabían historia y, de ahí, esas demoliciones, esa extrañas versiones de lo pasado y ese cavar sin descanso donde se suponían tumbas antepasadas.

Era un error creerles tan analfabetos. Sabían perfectamente todo eso y más: no hacían otra cosa que usar los métodos conocidos pero más despacio y en otro orden, crear milicias propias, algunas con uniforme, con el mismo objetivo: la absoluta división de España que equivale a su desaparición en el concierto de las naciones.

Pocos habrá que no hayan atisbado hacia adónde nos llevan, lugar conocido tres veces en tres siglos, si contamos el XXI. Un lugar del que no se sale con palabras ni con arrepentimientos, donde pronto sabremos que los frailes envenenaban las fuentes y los caramelos. Las brigadas internacionales ya están casi terminadas, unas vendrán de Vascongados y otras de catalanes pero no de sangre catalana.

Mientras, la actual oposición, que sin duda ve lo que se le viene encima, calla y aguarda, que es el plan rojo-masónico de siempre y el gran negocio de la muerte y de los cementerios. A la tercera -se dirá alguno tozudo- irá la vencida. Recuerdo la frase de uno de los últimos escritos de mi amigo y maestro, Ángel Palomino: Huele a Febrero. Y eso que estamos entrando en el mes de los muertos.

¿Que adónde nos llevan? A lo viejo; a lo fracasado; a la obsesión freudiana; al hombre nuevo, estrecho de cabeza y resentido de gónadas. Tras esa fase hay otra, que no se desea, pero que, arrinconados los valores permanentes, se presenta como posibilidad final.y única. Llega, pues, la legalidad republicana contra la que sólo queda la resistencia; aunque sea la del asno que clava las cuatro patas y se dice: ahí no. Pero el bueno apercibido está solo.

Pero nos llevan y sin ronzal: con cantos de sirenos boinudos.

Arturo Robsy.

lunes, 24 de octubre de 2011

SOBRE LA LECTURA DEL COMUNICADO.

Como ya se imaginan, el de los asesinos de ETA, que pueden encontrar, por ejemplo, en La Gaceta.
Como resulta que todos los políticos preguntados y untados, los ciudadanos preguntados y gilipollas, los escribidores de cartas a los periódicos -posiblemente untados, pero indudablemente gilipollas-, los imbéciles sin graduación y los cómplices graduados, se están refocilando con el anuncio de que los etarras prometen ser buenos chicos, parece buen momento para dejarse de las tonterías de los hemipléjicos morales y decir las cosas como son.
Y las cosas son que ETA ha conseguido lo fundamental de sus exigencias, de manera que no necesita continuar arriesgándose, no sea que algún gendarme les suelte un balazo, o que a algún guardia civil se le dispare el arma contra las ordenes recibidas.
La cosa es que ETA ha conseguido que se la reconozca internacionalmente como parte de un conflicto, gracias a la mascarada de los chupópteros extranjeros y zampabollos, bien pagados con cargo al regalo de pasta gansa de Pachi Nadie a los proetarras que organizaron la 'conferencia de paz', según informa La Gaceta.
La cosa es que a ETA le viene bien una solución democrática del conflicto político, para evitar la represión, siempre y cuando obtengan el reconocimiento de Euskal Herria.
La cosa es que ETA rinde homenaje a sus asesinos, a los que reconoce como creadores de esta oportunidad a través de largos años de crímenes, que han dado a Euskal Herria la experiencia y fuerza necesaria para conseguir nuevos logros contra la imposición que aún perdura.
La cosa es que ETA llama a los Gobiernos de España y Francia para dialogar sobre la resolución de las consecuencias del conflicto. Con lo cual, ETA se coloca en pie de igualdad con dos Estados -con uno, el español, porque el francés es demasiado serio para pensar que esta payasada va con ellos-, y si le aceptan ese diálogo, le estarán dando carta de autenticidad a su hipotético Estado, sólo existente en las mentes calenturientas de los ágrafos y de los estúpidos.
La cosa es que ETA hace un llamamiento a la sociedad vasca para construir un escenario de paz y libertad. El escenario de un Euzkadi independiente y socialista.
La cosa es que ETA sabe que a través de medio siglo de asesinatos, de torturas, de extorsiones, de amenazas, ha conseguido tener miles de cómplices que exigen -véase El Mundo-, el regreso de los presos de ETA a casa, la amnistía y la independencia. Y, claro está, amnistía -otra más- para los criminales. Aquí no ha pasado nada, y pelillos a la mar: no asesinamos si nos arregláis el conflicto político; o sea, nos dejáis proclamar la independencia, y nos pagáis para que tengamos nuestro chiringuito socialista. De la cárcel pasamos al Gobierno, y nos vais dando cuartos para montarnos el socialismo.
La cosa es que ETA cuenta con los buenos deseos de muchos cómplices; por ejemplo, el juez Garzón, que en declaraciones a El País afirma que "hay margen para compensaciones si ETA entrega las armas, que sucederá". O las ya mencionadas del señor Rajoy, admitiendo que no se había hecho ninguna concesión, cuando cualquiera que tenga ojos puede ver que los etarras están en las calles, en los ayuntamientos y en las diputaciones, y cualquiera que tenga una mínima inteligencia ve que estarán en el Congreso.
La cosa es que ETA -véase La Gaceta- "le pedirá al Estado el reconocimiento de las víctimas creadas por él y el uso de las formas violentas. El reconocimiento o resarcimiento moral y político de la lucha en Euskal Herria vendrá en el Marco Democrático".
O sea, lo dicho: que les paguemos por sus sufrimientos de gentuza de mal vivir, de criminales, de racistas, de xenófobos, de ladrones, de secuestradores, de extorsionadores, de asesinos... y que pongamos la cama.
Y lo que está claro, es que nadie con mando va a decir estas cosas. Que nadie con responsabilidades va a decir que la única forma de que ETA tenga paz en su conflicto, es que todos y cada uno de los etarras buscados se presenten en el cuartelillo de la Guardia Civil más próximo; que todos y cada uno de los cómplices -incluyendo, como es de justicia, a los que se han aprovechado de las nueces cuando ETA movía el árbol, hideputa Arzallus dixit- se entreguen y sean juzgados. Que cada autor de pintadas proetarras las limpie con sus manos; que cada colgador de carteles proetarras los quite con sus manos; que cada borroko quemacajeros, quemaautobuses, quemabasuras, pague los daños ocasionados; y que todos ellos, uno a uno primero, y juntitos después, rindan homenaje a la Bandera de España.
Porque toda paz y toda resolución del conflicto político que siga otro camino, significa la rendición del Estado español; significa el triunfo del terrorismo; significa la secesión de Vascongadas, y probablemente la usurpación de Navarra. Y significa la entrega de Vascongadas al marxismo-leninismo de ETA.
Quizá eso no estuviera mal. Teta me lo iba a pasar cuando los peneuveros -que son peores traidores que los etarras- fueran cazados por los borrokos, en la guerra civil baska que -Ángel Palomino lo dejó escrito- sucedería a la independencia.

SOBRE LOS ROBOS INDIGNADOS.

O, por mejor decir, los que dicen estar sufriendo los indignados okupas del Hotel Madrid.

Se quejan -lo cuenta ADN, pag. 21 de la edición en papel de Madrid- de que los habituales rateros de la Puerta del Sol se les cuelan en el hotel -donde ya se colaron ellos, por otra parte, robándoselo a su legítimo propietario- y les quitan ordenadores y móviles.

Lo cual, a mi parecer, tiene un cierto valor pedagógico. Porque así experimentarán en primera persona los indignos okupas que la Policía -esa Policía a la que tanto han insultado ante la ejemplar mansedumbre de sus mandos- sirve para algo.

domingo, 23 de octubre de 2011

NUESTRO COMUNICADO

NI OLVIDO NI PERDÓN

Ante la alegría generalizada de "LA MASA" social española por el último "comunicado" de los etarras, NOSOTROS tenemos mucho que decir.

Os invito a que colgéis en vuestros blogs nuestro "PERMANENTE" comunicado en forma de imagen, la que ilustra esta entrada. ¡DIFÚNDELO!


TODOS A UNA CONTRA EL TERRORISMO SOCIALISTA Y SEPARATISTA DE ETA.

SOBRE LA FELICITACION DE FELIPE(X).

Cuenta La Gaceta que don Felipe (X) González ha felicitado a todos los demócratas de todos los partidos políticos, destacando a don Alfredo Pérez Rubalcaba como el principal artífice del fin de ETA.

Indudablemente, invitar a los contertulios a unos canapés de faisán debe ayudar mucho a la buena comunicación y predisponer favorablemente.

sábado, 22 de octubre de 2011

SOBRE OTRO ANIVERSARIO - Luis Tapia Aguirrebengoa

Aniversario de la muerte de mi Coronel, mi camarada, mi maestro, Luis Tapia Aguirrebengoa.

Desde que conocí su fallecimiento, vengo explicando anualmente a quien no tuviera la fortuna de conocerle -para quien le conociera es innecesario- el ejemplo de hidalguía, de esfuerzo, de sacrificio y de camaradería que nos legó. Se me hace difícil no repetirme, porque pocas palabras bastan para definir a mi Coronel: un hombre de honor.

Por eso, hoy quiero dejarles con un artículo que escribió mi camarada Luis para el primer número de EJE, y que -salvo el retoque de un par de frases que se referían a aquella actualidad- les transcribo tal y como salió de sus manos, de su inteligencia y de su bien hacer:

* * * * *

ENTRE EL PESIMISMO Y LA ESPERANZA

Entre el pesimismo y la esperanza, vive nuestro ánimo inquieto, pues podría suceder que el ser de España estuviera otra vez en muy grave peligro, como ocurriera en otros momentos depresivos de nuestra historia. Entonces, cualquier solución volvería a ser válida para salvar a la Patria, si ésta es aún salvable.

Caminamos en esa dirección, como si hubiéramos perdido el sentido de la orientación y la fuerza de resistencia necesaria para detenernos y rectificar la orientación. Van muy mal las cosas de España, aunque muchos no quieran reconocerlo; todos los logros conseguidos en el próximo pasado se han malogrado: la empresa integradora del Alzamiento, la reconstrucción nacional de la paz de Franco, la reconciliación y la convivencia de las dos Españas, el desarrollo material y el milagro económico de los años sesenta, la seguridad ciudadana, el triunfo sobre la miseria de las clases humildes, el respeto de los otros pueblos, la confianza de nuestros aliados naturales y de nuestros hermanos de América, la auténtica libertad, y, lo que es más grave todavía, la unidad de la Patria. Todo nuestro patrimonio espiritual, cultural y material se está dilapidando.

Estamos asistiendo a la decadencia, la degradación y la destrucción de la nación, y ya nos queda poco tiempo para rectificar, pues, como dijo Julián Marías, España va a decidir entre la salvación y la anulación como pueblo. Pero, ¿es factible aún esta disyuntiva, o todo está ya cumplido?. Ciertamente, es válida esta inquietud, pues mucho tendrían que cambiar las cosas y la actitud de esta generación para que España entre en el siglo XXI por otro camino que no sea el de la liquidación nacional; sólo el genio de este pueblo, corno ya ocurrió en el tránsito del XIX al XX, podría hacer el milagro.

Pero, un pueblo cuya unidad es constantemente atacada carece de futuro. Y esto es lo que está ocurriendo aquí y ahora. El pronunciamiento nacionalista de las regiones se generaliza, en un ridículo viva Cartagena; los líderes políticos de esta tendencia disgregadora hacen públicos sus propósitos sin que nadie les salga al paso, ni aún los que por mandato constitucional tienen la obligación de velar y defender la unidad nacional; las comunidades autonómicas establecen sus oficinas consulares en Bruselas y Estrasburgo, y buscan que las instituciones europeas reconozcan su realidad nacional; las formaciones nacionalistas y regionalistas se agrupan a nivel del Estado para conseguir una nutrido representación que haga valer sus derechos en el Parlamento europeo; alguna autonomía está creando su propio ejército nacional, a costa del caudal de todos los españoles; la confusión de lenguas está llegando a límites intolerables; los presupuestos de algunas comunidades alcanzan y rebasan el techo del billón, y las competencias de éstas siguen aumentando, superando con creces a las que corresponden o los miembros de un estado federal.

Esto en el campo de la estructuración política y territorial, que es más bien un descoyuntamiento nacional, pues si pasamos a los campos de las relaciones exteriores, la economía y la defensa es igualmente estremecedor.

Entonces, si todo está tan mal, y no parece vislumbrarse una salida digna, ¿para qué seguir batallando, sin esperanza?, os diréis muchos de vosotros. Si esto es lo que nos aguarda, ¿qué hacemos aquí, en la primera línea de la defensa nacional?, ¿no será mejor retirarse de ella y llorar desconsoladamente la próxima muerte de la Patria? No; pues, aunque tan sólo quedara un resquicio de esperanza, debemos aunar fuerzas, los que seguimos amando a España, como lo hace los afines de Francia, Italia y otros países europeos, cuyas fuerzas mucho más aglutinadas que las nuestras representan un ejemplo a seguir. Unidos, todavía podemos hacernos escuchar, como ellos, consiguiendo despertar con nuestra llamada a los españoles desconcertados que están esperando que alguien reavive sus espíritus. Todo es cuestión de avanzar codo a codo, hombro con hombro, en este páramo de confusiones que es, hoy por hoy, nuestro pueblo.

En la convocatoria de las próximas elecciones europeas está, sin duda, la primera respuesta a nuestros deseos de una convergencia de las fuerzas nacionales, hasta ahora tan dispersa en grupos y corpúsculos, todos admirables por su lealtad a la causa de España, pero, algunos simplemente testimoniales. La Unión Nacional es nuestra esperanza y nuestra meta.

Luis Tapia Aguirrebengoa

EJE, 1 MAYO 1989




viernes, 21 de octubre de 2011

SOBRE EL COMUNICADO Y LAS REACCIONES.

Reacción, como sabe quien tenga alguna ligera idea de física, es algo que ocurre como consecuencia de una acción. En este sentido, que los que se suponen gobernantes, futuros gobernantes, políticos más o menos encumbrados, estén a expensas de lo que diga y haga ETA no puede ser sino un mal síntoma. Supone estar a la contra, esperar a que el enemigo hable, someterse a la iniciativa del contrario.
Y, sobre todo, cuando lo que se dice son auténticas idioteces, como es el caso.
Así, tanto el señor Rodríguez -la nuestra será una democracia sin terrorismo-, como el señor Pérez -hoy es un día para celebrar la gran victoria de la democracia-, vinculan una vez más la maldad del terrorismo con el sistema político al que ataque. Si los terroristas matan a quien sea en un sistema político que no sea la democracia sociata-liberal, bien muertos están, parecen decir; lo cual lleva a la justificación de cuantos fueron asesinados antes de 1978. Claro, que entonces a los sociatas y a los liberales les venía bien la existencia de ETA, los asesinatos de ETA y la ayuda de ETA porque -para ellos, desde los comunistas de Carrillo hasta los burgueses de Gil Robles, ya anciano pero igual de idiota que de joven- los etarras eran luchadores antifranquistas.
Otra reacción digna de la medalla de honor a la estulticia es la de don Pachi López quien -de viaje en Nueva York, con la que está cayendo- declaró que este supuesto cese de la violencia confirma su derrota porque llega a su final sin haber conseguido ninguno de sus objetivos. Estulticia -y gilipollez- a la que se suma Mariano Rajoy, afirmando que este paso se ha dado sin ningún tipo de concesión política.
Así es que sin haber conseguido sus objetivos y sin concesiones políticas, ¿verdad, Pachi Nadie, Marianico el corto?
¿Y cómo le llamáis vosotros a dominar buen número de ayuntamientos y diputaciones? ¿Cómo le llamáis a la presencia de Bildu en las elecciones? ¿Cómo le llamáis a las manifestaciones, las pintadas, los carteles a favor de los asesinos campando libremente en las calles? ¿Cómo le llamáis a la quema impune de Banderas españolas? ¿Cómo le llamáis a la pasividad frente a los que amenazan de muerte, a los que acosan, a los que extorsionan? ¿Cómo le llamáis a las negociaciones con los terroristas, desde las González en Argel hasta las de Rodríguez tras el atentado de la T-4 de Barajas, pasando por las de Aznar, por sólo citar las que están nítidamente documentadas?
¿Cómo le llamáis al llamamiento al diálogo hacia los Gobiernos de España y Francia, lo que les pone en pie de igualdad con los dos Estados implicados? ¿No está claro que la simple consideración de esa oferta les otorga a los asesinos el reconocimiento como interlocutor? ¿No está claro que la simple mención a la resolución de las consecuencias del conflicto que hacen los etarras, significa un trato de igual a igual y la impunidad para los criminales?
Porque la única respuesta posible es la que refleja el comentario de las asociaciones de Policía y Guardia Civil, que pasa por la entrega de las armas y de los terroristas con causas pendientes.
Esa es la clave: la entrega de los terroristas para ser juzgados por sus delitos. Porque a mi, lo de la entrega de armas de la que tanto hablan políticos y periodistas, me importa un pimiento. La entrega de armas es un objetivo meramente circunstancial, de acompañamiento escenográfico. Cierto que no vendrían mal las armas para que nuestros Ejércitos tuvieran algo con que ocultar el polvo de los arsenales; pero las armas, como símbolo de rendición, es inútil cuando ETA ha demostrado una sustanciosa capacidad para agenciárselas sin problema.
La única entrega admisible, como muestra de buena voluntad, es la de los terroristas buscados por cualquier crimen, sea el que sea. De los terroristas acusados de asesinatos, si; pero también de los buscados por extorsión, por secuestro, por amenazas, por acoso...; de los borrokos, de los incendiadores de cajeros automáticos, de contenedores de basura, de autobuses, de Banderas españolas...; de los que en cualquier tiempo y lugar han aplaudido a los terroristas, han señalado ETA, mátalos, han enseñado a sus niños a ganar puntos en un juego que consistía en matar guardias civiles.
Y, sobre todo, de los que han cometido y defienden el peor crimen; el único crimen sin perdón. Porque cada uno de las víctimas -lo sean de asesinatos o de amenazas, de robos o de acoso- puede perdonar si está en su ánimo hacerlo. Pero nadie puede perdonar un crimen que no se dirige contra él. Y el crimen contra España es imperdonable, porque ninguno de nosotros puede perdonar lo que va en contra de nuestros antecesores y de nuestros descendientes; ninguno de nosotros tenemos la propiedad de España, de la que sólo disponemos en usufructo y que tenemos la obligación de entregar, mejorada si nos es posible, a quienes nos sucedan.

jueves, 20 de octubre de 2011

SOBRE OTRA FABULILLA ROJA.

Porque es que ya los de Público no se molestan en tergiversar la Historia; directamente, se la inventan.

Se emperra el peripatético -cada vez más putón esquinero-, en contar mentiras que ni siquiera sus supuestos seguidores pueden admitir. O no podrían, si sus hipotéticos lectores tuvieran la mínima cultura y se molestasen en leer sus propias fuentes rojas.

Dice Público que "su llegada a Madrid, aquel 8 de octubre de 1936, menos de cuatro meses después de la sublevación franquista, sirvió para que la población republicana comenzara a sentir que no estaba sola". Se refiere a las Brigadas Internacionales, y el entrecomillado -si la señora que firma el artículo sabe escribir- sugiere una cita del denomiado historiador Justin Byrne.

El hecho de que este llamado historiador sea un brillante desconocido es normal. Los rojos tienen la tendencia a creer Oráculos de Delfos al primer borracho de taberna que berrea, porque así lo llevan en su genética; y si es extranjero, más. Y si encima dice que es intelectual, ni hablemos.

Pero hay otros hechos que demuestran que ese historiador en tan fiable como un mono con una ametralladora, o que la periodista no sabe ni copiar y pegar, o que la una no sabe y al otro no le importa que le tergiversen, lo cual muestra su categoría.

Y el hecho es que los documentos citan como fecha de la llegada de las Brigadas Internacionales a Madrid la del 8 de Noviembre. Arturo Barea (socialista de la época) lo atestigua:

“Aquel domingo, el interminable 8 de noviembre, desfiló por el centro de la ciudad una formación militar compuesta de extranjeros en uniforme, equipados con armas modernas: la legendaria Brigada Internacional, que había sido entrenada en Albacete, venia en ayuda de Madrid.”

¿Un mero error en el mes? No lo niego. Pero el caso es que el mismo periódico dice algo más adelante que "el 22 de octubre de 1936 el presidente del Gobierno de la República, Francisco Largo Caballero, firmó un decreto por el que se constituyeron esas unidades compuestas por voluntarios extranjeros y también españoles."

Por lo que se ve, los redactores de Público no sólo no consultan fuentes (ni siquiera las socialistas), sino que ni se leen lo que llevan escrito.

En cuanto al homenaje que el hijo del genocida Carrillo les prepara a los Internacionales -nada menos que en la Universidad Complutense-, todo son loas, como no podía ser menos. Pero la realidad era otra cosa, y la feliz arcadia que se inventan dista mucho de la verdad: para los españoles -los rojos, que a los nacionales ya se les supone- los Internacionales fueron unos auténticos invasores, y el propio Nick Gillain, oficial de las Brigadas Internacionales, reconoce que el pueblo de la zona roja les miraba hostilmente.

Un tal Julio Aróstegui, catedrático de Historia Contemporánea de la Complutense -continúa Público- afirma que los brigadistas contribuyeron a hacer de la guerra de España un "fenómeno internacional". Que es, evidentemente lo que la URSS pretendía, y que viene a demostrar que la aseveración de que la ayuda de Italia y Alemania internacionalizó el conflicto es falsa, porque las Brigadas Internacinales llegaron primero, y además con la idea de hacerlo internacional.

Unica forma, claro, en que podían tener una mínima esperanza de ganar. Porque este mismo Aróstegui considera "más que probada su cultura militar", y afirma: "Solían ser más expertos guerrilleros que los españoles. Vinieron poetas, intelectuales, abogados... también gente con menos formación. Todos pasaron por el centro de formación de Albacete, donde eran instruidos por un comunista francés llamado André Marty".

Más expertos guerrilleros que los españoles rojos es posible; los rojos -españoles o de cualquier sitio- estaban -y están- más acostumbrados a las tabernas que al aire libre, más hechos a la algarada callejera que a campear, más familiarizados con el asesinato por la espalda que con el combate. Los españoles que no adoraban a la madrecita Rusia les dieron siempre cien vueltas -porque no tuvieron ganas de darles mil-, a los rojos. Como guerrilleros y como todo.

Pero la mención al "comunista francés llamado André Marty", permite conocer al personaje y, en función del mismo, aproximarnos a lo que fueron las Brigadas Internacionales. Véase la descripción del carnicero de Albacete, de la pluma de Rafael García Serrano, quien toma los entrecomillados de alguien poco sospechoso: Hemingway.

* * *

Hemingway en Por quién doblan las campanas, parece como subvencionado por Gabriel Arias Salgado, y sin embargo, no es así. Lo que pasa es que Marty sí era así, “un anciano corpulento alto, cubierta la cabeza con una boina de las que suelen llevar los chasseurs a pied del ejército francés, envuelto en un capote, llevando una cartera y calzada al cinto una pistola”. Mixto de burócrata, de gangster y de abominable hombre de las nieves.

Esto por lo que a su geografía humana toca. Luego viene lo demás: “está más loco que una chinche. Tiene la manía de fusilar gente... Ese viejo mata más que la peste bubónica... Hemos fusilado a franceses, belgas y a gentes de todas las naciona-lidades y de todos los tipos. Tiene la manía de fusilar gente, siempre por motivos políticos. Purifica más que el “Salvarsán”. ¡Está rematadamente chiflado!”

A través de la pluma de Hemingway lo vemos como un ancianito con la sesera perturbada, lleno de fijaciones sanguinarias, entre el tonto de pueblo y el sacamantecas, a medias alilailó, a medias heredo-sifilítico; sin entender nada de lo que se le dice... Los generales rusos soñaban -los días que habían sido buenos- con que fusilaban al purulento tontiloco. Uno de ellos piensa mientras le escucha con paciencia y temor: “Debería fusilarte, André Marty, antes de permitir que pusieras ese dedo inmundo sobre mi mapa. ¡Que te lleve el diablo, para que respondas de todos los hombres a quienes has enviado a la muerte por entremeterte en asuntos de los que nada entiendes! Maldito sea el día en que dieron tu nombre a una fábrica de tractores, y a las aldeas y a las cooperativas, convirtiéndote así en símbolo intocable. ¡Vete a otra parte a sospechar, a exhortar, a intervenir, a denunciar y asesinar, pero deja en paz mi Estado Mayor!”

* * *

En vista de ello, también me sumo a la petición de la Asociación de Amigos de las Brigadas Internacionales, que pretende que pretende que "la historia de las brigadas se estudie de manera "más clara y notoria", por lo que trabajan para que se su historia se incluya en los currículos de enseñanza media." Ya lo creo que me sumo a que se estudie; pero haciendo hincapié en las fuentes originales: en Barea, en Gillain, en Hemingway, en Bolloten.

Porque los nacionales, desde luego, no dan una imagen auténtica de las Brigadas Internacionales: véase cómo las trata el alférez Cavero:

... cierta vez, al final de un ataque, recogió un perro procedente del campo soviético. El perro era negro y llevaba dibujado en el lomo, a fuerza de tijera, una hoz y un martillo. “Lamía mis manos cuando lo até con una cuerda de esparto -escribe el alférez-. Cuando terminó el ataque envié un enlace al coronel Galera, con la documentación de los muertos y con el perrillo y una nota que decía: ‘Adjunto remito a V.S. un individuo pasado del campo enemigo. Interrogado solo contesta guau, guau, por lo que creo pertenece a Brigadas Internacionales...’

Y es que hasta para reírse eran mejores los nacionales.

miércoles, 19 de octubre de 2011

SOBRE UNA EXPLICACION.

Necesaria, acaso, sobre la entrada inmediatamente anterior que -por mor de la distribución a que obliga el uso de este medio-, aquí es la que a continuación sigue. Para entendernos, la titulada SOBRE EL LEGADO. Y DOS HUEVOS DUROS.

El caso es que la prisa con que intento atender a, quizá, demasiados frentes, me ha hecho dar por sentado que todo el mundo sabría que el autor de lo que publico es mi camarada Arturo Robsy, y que bastaría ponerlo en negrita en el cuerpo del texto. Luego he visto que tal vez no quedase claro, razón que me lleva a explicarme -que para eso soy de Infantería, como decía el maestro Rafael García Serrano aunque, en mi caso, de Infantería de Marina-, y dejar las cosas claras.

Y añado otro comentario suyo, que bien lo merece:

* * *

Muchacho y General de brigada de los Francotiradores: Gracias infinitas y, si puede ser, perpétuas.

Creo que ambos disfrutamos de un divertido deseo de provocación. Hubo motivo para mi y me lo has atendido. Mi dirección es la zanahoria delante del burro. No creo que nadie la acepte ni creo que, ante la duda, la poli deje de echar un ojo. Por lo de llamar maricones a tantos generales tampoco tengo problema previsible: Si tienen qué decir qué les llamé, también deberán decir por que, y no será así.

Pudimos acabar con los asesinos desde el mismo 75. Algún general y algún coronel amigo ha muerto a sus manos. Pero pudimos vencer y todavía podemos hacerlo si amordazamos a tantos. Dos banderas (una bastaría) dejan Vascongadas a ras, no lo dudes.

Gracias por preocuparte por mi, Rafael, pero también tengo espada flamígera en el corazón y siento, cada vez más, la necesidad de enfrentarme con el pecho abierto. No quiero quedarme atrás de tantos que cayeron y, en principio, parece que de facilidades. No es así porque me dirijo a cobardes y me siento bien llamándoselo. E Hijos de putas. Me cubren el alma un millar y pido de muertos.

De nuevo gracias por lo que has hecho y porque trataste de protegerme.

O sea, No llores por mí Argentina.

Arturo Robsy.

¿Supondrá, quizá, un sacrificio para ti poner quién soy y qué digo? Porque, a fin de cuentas, ambos somos espiados con devoción.

SOBRE EL LEGADO. Y DOS HUEVOS DUROS.

Lo que importa es que el señor Brown, Marrón que tu lo llamas, lo que significa es Castaña, sin contar que a los negros, que desde EEUU les llaman Castaños por no decir "negroes", que es la palabra que se les dio hasta el S. XX entrado. Véase Nigeria. A los que no saben lo de Castaña y a los que quieran dársela.

Pues tienes toda la razón: el señor Castaña, que la está cometiendo por dinero ahora mismo en Sansestabién, no pasará a la historia. Evidente. Pero el señor Zapatero llegará como las pezuñas del caballo de Atila, que, tal Atila en persona y como educación, hizo menor daño por mucho que pisoteara la hierba. De casta dijo que le venía, el muy galgo. Ni siquiera como caballo.

O sea, me pregunto cómo pasará las páginas de la historia armado con las pezuñas. Pero, Rafael, tienes razón con las comparaciones que haces, sin duda, pero se te han olvidado El Obispo don Oppas, el Conde Don Illán (Julián), y, obligatoriamente, Bellido Dolfos que, como suena, era hijo de Dolfos Bellido. Y no te hablo ya del Alfonso, el rey que se la tenía jurada al Cid, o sea, al Señor.

Pero más, mucho más que todos ellos son los Capitanes Generales, o sea los Jefes del E.M. del Ejército, que. pudiendo, en sabiduría y fuerza, pero no en huevancia, han dejado que la ETA siga en la matanza pudiendo haberla eliminado, del todo, en cuatro meses. El trabajo que les quedaba era enterrar la carroña. Ninguno más. Como en el asalto al "miserable Cinturón de Hierro".

Y ojalá que algún etarra me lea (o su puta madre) y decida venirme. Ya soy viejales, Rafael, pero me siento a punto. Y me cago en las ideas del loco que se tomó en serio las bobadas de Marx y de Lenin y de los maricones que aplaudieron y brindaron con champán, el 21 de Noviembre (1975) y los que lo negaron luego: cobardes a paletadas. Y en los masones que tanto organizaron.

Nos han traído hasta aquí y merecen castigo serio. No por malos, sino por gilipollas analfabetos, además de maricones, claro.

Y si es necesario digo mi lugar, además de Arturo: San Antonio 53, Alayor, Menorca. Y que me pillen si pueden, que no.

Arturo Robsy, con los forros heridos de una vez.

Un taconazo, como dice un mi amigo. Y que nadie se nos vaya de rositas desde el Siglo XVIII. Eso lo digo yo. Y no lo llamo "revancha" porque es barbarismo. Y bárbaros también podemos serlo. Y dar caza.

Y luego, a vigilar y no a la hamaca. "Camaradas, siempre alerta estad". Se nos olvidó el imperativo.

P.D. Y lo que digo, como dirección, puede aventarse. A los cuatro vientos, y hacia la Rosa de los ídem. Sé lo que digo y las ganas casi me pervierten. O sea, Arriba España, así reviente este servidor de la Patria cansado.

SOBRE LOS ETERNOS PALETOS.

Que, para entendernos sobre seguro y con nuestra madre Academia de testigo, es tanto como decir rústico -que en segunda acepción equivale a tosco- y zafio, que vale por grosero.

Eternos paletos son los gobernantes españoles, al menos desde que el afrancesamiento nos ganó la Guerra de la Independencia, vieja de dos siglos y que aún nos colea. Eternos paletos, asombrados por cualquier boutade -palabro que la Academia, no se por qué, acaso por ese afrancesamirnto antedicho, admite-, boquiabiertos y pasmados ante cualquier cosa extranjera. Lo extranjero es mejor, podría ser su lema.

Eternos paletos, prestos a admitir, aceptar, implorar como damiselas carentes de lo que la señora madre de Boabdil afeaba a su retoño, que nos vengan los extranjeros a meter por la vereda, unas veces bonapartista y mameluca, otras constitucional y fernandina, y en ocasiones famélica y estalinista. O, como ahora, progreta y guarra.

El caso es que lo que digan los extranjeros -cualquiera, sea un corrupto exchorizo mayor de la ONU, sea un terrorista irlandés, sea una desconocida noruega, sea un mierda francés-, tiene patente de corso, y los eternos paletos saltan meneando la cola si cuatro gilipollas foráneos quieren venir un fin de semana a chulearnos.

Por supuesto -aclaro para posibles progres, sociatas, necios en general- me refiero a los seis o siete hideputas que han venido a decirnos que hay que negociar con los asesinos, que hay que darles lo que quieren, y que pelillos a la mar, los muertos al cementerio, los asesinos al Congreso y a los Ayuntamientos, y la vergüenza a tomar por culo.

Y ello, según se ve, con el tancredismo habitual del fantasma Zapatero, incapaz de la mínima gallardía. Incapaz de decirles que no son bienvenidos a España los que insultan a los muertos y aplauden a los asesinos. Que no son bienvenidos los que cohabitan con los cómplices del terrorismo, y que en España tenemos unas leyes, una Policía, unos jueces y unas cárceles perfectamente capaces de dar a ETA la única respuesta posible. ¿Quizá por un inesperado rapto de honradez, que no le ha permitido mentir sabiendo qué clase de leyes, de jueces y de mandos policiales tenemos?

Porque ya sabemos que no tiene capacidad para la humorada de invitarles a comer y exigir que de plato principal les den morcilla.

martes, 18 de octubre de 2011

SOBRE EL LEGADO.

Don Gordon Brown, primer ministro al que los británicos mandaron hace poco a tomar... el sol de forma harto explícita, ha acudido a un sarao organizado por la llamada Fundación Ideas, -malas- donde ha enjabonado untuosamente a su benefactor Rodríguez.

Es de comprender que estos fulanos, fulanitos, fulanetes, pese a haber sido enviados por sus ciudadanos a tomar... eso, ya saben, el sol, sigan creyendo que son alguien en el mundo. Que sigan pensando -dentro de su basta, y no es errata, capacidad- que lo que dicen le importa a alguien, y que algún periódico les va a dar media columna. Cualquier periódico que no sea el boletín oficial del pesoe, digo.

El caso es que don Gordon Brown ha declarado que -textual de El País- "El legado de Zapatero en derechos será recordado en el mundo"

Ignoro, señor Brown -esto es, marrón- si la Historia recordará a Zapatero. Todo puede ser, y ahí están los ejemplos de Calígula, Nerón, Roosevelt, Truman, Lenin, Stalin, Fernando VII, Isabel II, Azaña...

Lo que si me parece garantizado, es que la Historia, señor marrón, le recordará a usted en el mundo por su legado de gilipolleces.

domingo, 16 de octubre de 2011

HACKEADA LA PÁGINA DE PATRIOTAS.

Pocedente de La Ballena Alegre me llega el siguiente comunicado:

Como era de esperar, la respuesta a la “Actividad Patriota” en España llevada a cabo por numerosos patriotas, sumándose a la celebración del día de la hispanidad , ha tenido como resultado de nuevo el parón temporal del funcionamiento de una de las paginas más visitadas Patriotas.es.

Parón temporal y que en breve volverá a funcionar ya que sus responsables están trabajando para resolver el problema.

Por parte de mis amigos y camaradas se que si hay posibilidad de denuncia se tomaran medidas, y se que mantendrán el espíritu combativo bajo las reglas de este sistema, en la calle y en Internet, somos más fuertes, mas rápidos y más constantes que cualquiera de aquellos que nos intentan intimidar con sus cobardes actos, podrán censurarnos, arrestarnos, denunciarnos pero no podrán con nuestro pensamiento, sentimiento y UNIDAD.




jueves, 13 de octubre de 2011

VIDA INTERIOR. (por Arturo Robsy)

Están sobando la badana al Papa porque piensa que muchos jóvenes no bucean en sí mismos, ni en la vida ni en el más allá: que a muchos se les va la olla con lo inmediato, normalmente servido por las nuevas tecnologías. Los que se lo han tomado a mal añaden que esta juventud de hoy es la mejor preparada, pese a lo que diga la Unesco de la Logse y lo demás y a lo que muchos pensamos sobre el objetivo final de la vida, puesto que la muerte -pena de muerte vital- no hay sido aún prohibida.

Y bueno lo ponen por suponer que el hombre no debe estar todo el tiempo fuera de sí mismo. El Socialismo (con su ateísmo asilvestrado) nos quiere fuera de casa (que es la familia además), fuera del pensamiento y fiel a las consignas y los dichos. Ni un momento de paz para sobrevivir al materialismo, o sea, ni un minuto para preguntarse por sí mismo y por la trascendencia, que no es lo mismo que la cuenta corriente.

El silencio es una buena terapia. Como enfangarse en el Aleluya del Mesías. Le han dado bien al buen Papa por decir cosas básicas, incluso en las emisoras supuestamente católicas. Claro es, nadie ha mencionado Evangelios, ni a Sócrates ni a Platón ni a Aristóteles. Son elementos antiguos. Modificados. Porque no hace tanto se venía a la vida para mejorarse y salvarse al final. También aprendía a ir con ojo con los pecados, y especialmente con los Capitales, que hoy, precisamente, son parte de la moda y de los mensajes publicitarios y/o propagandísticos.

Basta con ver un par de series y un centenar de anuncios para comprobar que se nos estimula a la ambición, o sea, a la codicia; se nos guiña desde el egoísmo; se nos aplaude desde la gula; se aplaude la pereza especialmente porque para algo están los festivos y las bajas médicas. Es buena la ira cuando andamos por el campo de fútbol o en un mitin equivocado.

¿Y qué de la avaricia? Porque es como la banca pero desnudita: hasta el ombligo se ha guardado en la bolsa

Total, con todo esto habrá más sitio libre en el cielo.

Arturo Robsy

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