Pero piense el Gobierno que si España se le va de entre las manos, no podrá escudarse tras de una excusable negligencia. Cuando la negligencia llega a ciertos límites y compromete ciertas cosas sagradas, ya se llama traición.

José Antonio Primo de Rivera.
(F.E., núm. 15, 19 de julio de 1934)

sábado, 30 de mayo de 2026

SOBRE EL ASOMBRO.

En este caso, mi propio asombro. 

Asombro por el hecho de que periodistas, tertulianos, comentaristas, parlanchines varios sin graduación, se asombren.

Mis -quizá ya escasas- neuronas, no alcanzan a comprender cómo es posible que todos ellos se asombren e que el PSOE sea una máquina de robar, de estafar, de prevaricar, de corromper. 

No alcanzo a comprender que se asombren porque el PSOE haya intentado -esté intentando, porque seguirá hasta el fin- dar un golpe de Estado contra el sistema al que todos rinden pleitesía. Se asombran de que el PSOE se haya dedicado -durante décadas, porque esto no viene de los siete años de Sánchez- a chantajear o buscar posibles motivos de chantaje; a enchufar -de forma más o menos encubierta- comisarios políticos en la Policía y en la Guardia Civil, y de forma descarada en la Justicia. Esa Justicia en la que cada vez menos ciudadanos creen, bienvenidos sean a la trinchera de los que nunca creímos en ella.

No alcanzo a comprender que se asombren de que el PSOE -y toda la ultraizquierda que lo utiliza y lo mantendrá mientras pueda exprimirle algo más- esté convirtiendo en ciudadanos de segunda, sin derechos civiles ni casi humanos, a la mitad de los españoles. De que los -Zapatero dixit- rojos, pretendan expulsar de la política nacional a todos los que no sean socialistas, comunistas o separatistas. De que los medios de manipulación social: los del Gobierno de ultraizquierda que pagamos todos -incluidos la mayoría que no votó a Sánchez en las últimas elecciones generales-, y los de la derechita papanatas y meapilas que se divierte mientras la porculizan, se conchaven para anatematizar a los millones de españoles que ya se han dado cuenta de que les están robando. Robando mucho. Robando a manos llenas. 

No alcanzo a comprender que se asombren de que el PSOE se haya mostrado -una vez más- como una fábrica de ilegalidades, de manipulaciones, de prevaricaciones, de enchufismo, nepotismo y puterismo. No alcanzo a comprender que se asombren de que los socialistas aplaudan a los delincuentes que han elegido como diputados, o cargos del partido, o ministros, alcaldes, concejales... de que para ellos, mientras los canallas sean de su ideología, está bien que delincan. Aunque lo hagan con los impuestos que les roban a ellos mismos, porque hay gente que gusta de -además de lo otro- poner la cama.

No alcanzo a comprender que se asombren los votantes del PSOE de que sus señoritos hayan salido ranas, de que lo que nos quitan a todos se lo gasten ellos en mantener queridas, en irse de putas, en subvencionar aberraciones, en promover delincuencia y en colocar a sus familias. 

Lo que todavía me asombra -aunque no mucho-, es que los que votan socialista pase lo que pase, hagan lo que hagan, roben lo que roben, todavía sigan sin entender que el PSOE es una simple y vulgar mafia, y lo ha sido desde siempre. Una mafia en la que los mangoneantes de cabecera aspiran a vivir -como su ídolo Carlos Marx, que no dio un palo al agua en su puta vida y siempre vivió del cuento- a costa de los tontos que los siguen, los votan y son capaces de asesinar al vecino, al conocido, al amigo, al hermano que no se deje estafar. 

Me asombra que se nieguen a entender que el PSOE es una organización criminal; la misma que dio el golpe de Estado de Octubre de 1934; la misma que -en palabras de sus líderes- invitaba a la guerra civil en la primavera de 1936. La misma que hoy, ahora, con la venia de todas las izquierdas y la mitad de las derechas, y de esos que no saben lo que son y se quedan pasmados en medio de ningún sitio, pretenden eliminar a la mitad de la población española, la que no cumple sus estándares de buenismo estúpido, de bajada pantalonera ante el crimen, la delincuencia, la ilegalidad, la estupidez del absurdo como forma de gobierno y la mentecatez como máximo ejemplo de convivencia. Una organización mafiosa que -no contenta con robarnos- impone la máxima sumisión al amado líder, a la pesoísta copia de una nueva parejita Ceaucescu, de triste recuerdo y justo final en Rumanía.

Me asombra que ahora salgan las derechas estúpidas loando al terrorista Felipe González, última "X" de los GAL que el condenado -por el peor crimen que puede cometer un juez, la prevaricación- Garzón no fue capaz de encontrar. O si, pero se lo calló y se sumó al carro. Y conste que no es que a mi me pareciera mal que a ETA se le respondiera en su idioma -el 9 mm parabellum-, sino que los que lo hicieron estuvieran más preocupados y ocupados en trincar fondos reservados para comprarle joyas a sus queridas... esposas, o algo así. 

Me asombra que ahora los soplagaitas de la mierdocracia alaben al PSOE de los latrocinios de Juan Guerra, el hermano de Alfonso, que tenía despacho en la Junta de Andalucía sin ser funcionario ni cargo público, y desde él exigía mordidas varias. En Juntas Españolas lo denunciamos, y en el número 13 de EJE -junio de 1990, ya ha llovido- le dedicamos una portada.

Lo que no me asombra -nada, ni lo más mínimo- es la cobardía de los que no se atreven a decir que está en marcha un golpe de Estado comunista, y que ya se da por normal que la "familia presidencial" campe libremente sableando a diestra y siniestra, cobrando mordidas o sueldos inmerecidos, ocupando a su antojo cátedras o cargos de su apetencia. Que intenten sobornar jueces, chantajear policías o guardias civiles; que amenacen a cualquier funcionario con postergarlo contra todo derecho si no se pliega a los caprichos de los señoritos de este triste cortijo. Que paguen -con nuestro dinero- divisiones bien nutridas de payasos que distraigan a la plebe desde la televisión que también pagamos todos; de canallas mentirosos, de hideputas sin el menor atisbo de vergüenza, manipuladores de la verdad desde su óptica de necios vividores.

No me asombra nada, porque desde hace mucho tiempo se -no usaré el plural, porque ya no se si fuera de tres o cuatro camaradas de la lucha vieja de medio siglo queda alguien al que pueda dar ese nombre, que es como el de hermano- que estos canallas esperan la ocasión de que estalle el odio que han sembrado durante décadas, y se que van a intentar -una vez más- eliminarnos, barrernos -que decía doño Irena Montera- porque eso es lo que hacen los asesinos cobardes, las manadas de bestias importadas y los señoritingos que lanzan a sus esbirros a que defiendan sus lujos de nuevos ricos.

Ni siquiera me asombra que haya periodistas, tertulianos, charlatanes, imbéciles varios, que se lamenten de que pueda desaparecer el PSOE, porque -según ellos, o quien les pague- el partido socialista es necesario. Si nos ponemos así, también es necesario el cáncer para los laboratorios que fabrican medicamentos para esa enfermedad. 

Menos aún me asombra que esos mismos gilipollas cum laude pontifiquen desde sus cátedras bien pagadas -como la de doña Begoña, y la mitad de ellos con los mismos merecimientos- que este no es el partido socialista, que esto es el partido sanchista. 

Si, evidentemente. Lo mismo que antes fue el partido zapaterista; el que llegó a La Moncloa en tren de cercanías. 

Lo mismo que antes fue el partido gonzalista y guerrista, el mismo de los GAL, de Filesa y Malesa, del papel del BOE. 

Lo mismo que antes fue el partido pabloiglesista, el que en pleno Congreso de los Diputados se dirigió a Maura para decirle: “Hemos llegado al extremo de considerar que antes que su Señoría suba al poder debemos llegar al atentado personal.” Y ahí está hogaño el orangután de la PSOE -simio, al fin-, imitándolo.

Lo mismo que antes fue el partido largocaballerista, el que escribía en “El Liberal” el 20 de enero de 1936: “si triunfan las derechas, nuestra labor habrá de ser doble, colaborar con nuestros aliados dentro de la legalidad, pero tendremos que ir a la Guerra Civil declarada.”

¿En dónde deja la realidad documentada a estos giliprogres que dicen que el partido socialista es necesario? ¿En la de necios que hablan sin saber? ¿En la de meretrices que además ponen la cama? ¿En la de cagurrines que guardan la ropa no sea que los lleven a las nuevas chekas? ¿En la de cómplices?

Se dónde me deja a mi todo esto: en el mismo sitio en que he estado desde 1975. Se que quedamos pocos que no hayamos cambiado de bandera ni busquemos congraciarnos con el enemigo. Se que estoy sólo, y no me importa. Porque todos morimos solos, pero unos con la cabeza más alta que otros. 

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