Pero piense el Gobierno que si España se le va de entre las manos, no podrá escudarse tras de una excusable negligencia. Cuando la negligencia llega a ciertos límites y compromete ciertas cosas sagradas, ya se llama traición.

José Antonio Primo de Rivera.
(F.E., núm. 15, 19 de julio de 1934)

lunes, 19 de octubre de 2026

SOBRE EL TELEFONO DE SANCHEZ.

Parece que tanto periodistas como políticos no socialistas -y alguno que si lo es, también- están convencidos de que la actitud del señor Sánchez con respecto a Marruecos, viene impuesta por algún tipo de información desconocida que los espías marroquíes -que no "marroquís"- obtuvieron de su teléfono móvil y el de algunos ministros.

En ello fundan la explicación de su cambio de postura sobre el Sáhara y de su público agradecimiento a Marruecos por habernos enviado unos ochenta mil asaltantes, teóricamente inmigrantes ilegales, pero dirigidos por militares marroquíes. Incluso apoyados por mar por diversas embarcaciones militares que invadieron las aguas territoriales españolas, según se ha sabido al cabo de dos meses largos, porque el del señor Sánchez es -él no deja de alabarse- un Gobierno "trasparente."

¿Qué pudieron encontrar los espías de Marruecos en los teléfonos móviles del Gobierno de España, y particularmente en el de su Presidente? Esta es la pregunta que todos -políticos, periodistas, curiosos sin graduación como yo- nos hacíamos. Es la pregunta que se siguen haciendo en tertulias, artículos, mítines, entrevistas y todo el etcétera posible. Una pregunta que, personalmente, he dejado de hacerme. 

Porque cada día estoy más convencido -a la vista de todas las novedades que se van descubriendo sobre las actividades "extracurriculares" del PSOE- de que los espías no hallaron nada de particular interés en el móvil de Pedro Sánchez; al menos, nada referido a sí mismo.

Y cada día estoy más convencido de que muy posiblemente sí hallaron datos que vinculen al señor Rodríguez Zapatero -el mentor del señor Sánchez y su ejemplo- con las circunstancias que le llevaron a la Moncloa. 

Si, aquello de los trenes.


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