Como era de esperar, ya han salido los cuatezones y las tiorras gubernamentales con la consabida monserga de que los ciudadanos a los que hace un par de días se les hincharon las gónadas, les dijeron a los cooperantes -cooperantes con los mojamés- de la Cruz Roja lo que pensaban de su cooperación con los invasores, y les mostraron a los susodichos invasores que harían bien en volverse por donde habían venido, que la experiencia demuestra que es un camino bien fácil, son "la ultraderecha."
Eso es lo normal: para el comunismo -y desde la III Internacional, que ya ha llovido-, todo el que no se pliegue a sus deseos es fascista. Por supuesto, los mamporreros del régimen socialista -con especial fruición los que desde la emisora de los Obispos muestran una sospechosa inclinación a proteger jovencitos extranjeros- han aprovechado para hacerles el coro, y para clamar que defenderse de los invasores no es admisible; que lo bueno, bonito y barato es bajarse los pantalones como manda el señor Sánchez y sus ministres.
Así se expresaba un fulano que se presentó en la COPE el viernes por la tarde como presidente de la asociación de vecinos de no se qué barrio. Quien no me crea, que lo busque en la citada emisora. Evidentemente, un fulano al que los sociatas no han sido capaces de enchufar en un puesto mejor, porque hasta para concejal socialista -o diputado, o diputado/concejal, o como se le llame a estos individuos/as/es en las "ciudades autónomas"- hay que tener algunas luces.
Hay otros ceutíes, eso si, que cada vez que alguien les pregunta piden que España no los olvide, que no los dejemos solos, que los ayudemos. Y me gustaría saber cuáles son los que representan el sentir general de Ceuta, si los que solicitan ayuda y quieren que el resto de los españoles los apoyemos, o los que no quieren que vayan de fuera -¿de dónde han llegado los invasores?- porque eso es provocar. Si la mayoría de ceutíes están dispuestos a defender su ciudad, su pueblo, su casa, o la mayoría es una masa amorfa, vagamente buenista, blandita y suave como si fueran un Platero de guardarropía, para los que defenderse de los que se mofan y recochinean en sus narices es algo impensable.
Me gustaría saber cual es el sentir de la gente de Ceuta. No de los periodistas que adoran a las lenguas sin manos. No de los presidentes de asociaciones de vecinos, que ya sabemos todos lo que son desde que los rojos se las sacaron de la manga para soliviantar los barrios hace más de 50 años. No de los cabrones y las zorras que le llaman fascismo a cualquier cosa que sea decente.
Me gustaría saber si los ceutíes tienen los santos cojones de empezar la limpieza echando al agua a los blanditos, a los amorfos, a los cobardes. Porque si la mayoría de los ceutíes renuncian a defenderse a mano alzada, la próxima vez que pidan ayuda, que no los olvidemos, que les mandemos policías o soldados, les enviaré un saludo fervoroso: un corte de mangas por tiempos, al más puro estilo castrense de la época en que en España había soldados.



