Pero piense el Gobierno que si España se le va de entre las manos, no podrá escudarse tras de una excusable negligencia. Cuando la negligencia llega a ciertos límites y compromete ciertas cosas sagradas, ya se llama traición.

José Antonio Primo de Rivera.
(F.E., núm. 15, 19 de julio de 1934)

lunes, 23 de diciembre de 2013

SOBRE LA FELICITACION NAVIDEÑA HABITUAL.

Que, como saben los habituales, en mi caso suele ser algo especial.
 
Especial, porque no me da la gana de desearle felices fiestas a nadie. Las fiestas, hoy, son las de litrona, porro y lo que por discreto callo. Estas son Navidades; es decir, la conmemoración de la Natividad de Nuestro Señor; de Dios hecho niño para morir por nosotros en la Cruz.
 
Así puestos, comprenderán que aquí no se felicite -esto es: no se desee feliz Navidad- más que a aquellos a los que en verdad les deseo lo mejor. Que -Dios me perdone, si hay de qué- no son todos ni mucho menos.
 
Aquí se desea una feliz, santa y católica Navidad a los españoles que aman a España, sea cual sea su lugar de residencia, provincia, región, taifa o cantón. Se desea feliz Navidad a los amigos y camaradas que aman a España desde el extranjero, sea cual sea su nacionalidad.
 
Se desea Feliz Navidad a todos aquellos que no votan a los separatistas o a los complacientes con el separatismo; a los que no votan a genocidas o a transigentes con el genocidio de los más inocentes, los no nacidos.
 
Se desea Feliz Navidad a los que no autorizan ni aplauden el mercadeo del trabajo, el mercadeo de la dignidad, el mercadeo de la honradez. A los que no disculpan la corrupción cuando es de los suyos; a los que no trapichean con la vida de los demás ni convierten en un muladar la propia.
 
Y a los demás -separatistas, abortistas, esclavistas, ladrones, sinvergüenzas de toda especie, corruptos, cohechistas, memohistéricos, cabrones con pintas o a rayas...- que les vayan dando.
 
 

viernes, 20 de diciembre de 2013

SOBRE LA NECIA SEÑORA RAHOLA.

Necio -como ya tengo muy dicho- vale por inculto, por desconocedor de lo que se debería saber. Siento repetirme -cosa que a los habituales se les hará pesada-, pero cuando uno trata de incultos, de bobos, de tontilocos, de politicuchos o de fiscaletes, la reiteración es obligada.
 
La señora Rahola es buena prueba de ello y según La Gaceta no ha tenido mejor idea -o lo que tengan los elementos y elementas de su especie- que despotricar contra Albert Rivera, presidente de Ciudadanos, acusándole -porque la pobre idiota se cree que eso es una acusación- de hacer discursos similares a los de Primo de Rivera y reiterando que antes que usted han venido Primo de Rivera y otras personas como José Antonio, en fin, es el mismo Primo de Rivera, es igual.
 
Lo que se ve que siempre es igual es la gilipollez cerril de los paletos. Tan idiotas como para no haberse enterado aún de que su propio mito pujolero dijo que José Antonio era el español que mejor había entendido a Cataluña en el último siglo.
 
Pero es lo que tiene llevar en el anca la marca del amo, y lo que conlleva no tener ideas, sino tópicos. La señora Rahola, perfecto ejemplo de separatista que tras vivir unos años de la politica, ahora -es miembro, o miembra, del Consejo Asesor de la Transición Nacional- lleva décadas viviendo del cuento. Como todos los fulanos -dispénseme de no aplicar el femenino- de su ralea.
 
A mi don Alberto Rivera me trae bastante sin cuidado. Si tiene que defenderse ya lo hará, y no seré yo quien saque la cara por su abortismo y su concepto de nación puramente liberal. No tengo nada que ver con él ni con su partido, aunque me parezca que en la política regional catalana es la única opción válida -junto con UPyD- para los españoles que quieran votar, si las leyes dictatoriales persisten en no permitir la concurrencia a las fuerzas políticas que no forman ya parte del tinglado.
 
Pero que doña Pilar Rahola venga a nombrar a José Antonio en su ridícula cerrilidad, me motiva lo suficiente para afirmar que esta señora es groseramente necia, típicamente tópica, y burdamente paleta.
 
Como todos los fulanos y -vaya, señor fiscal, por doña Bibiana miembras Aído- fulanas de su especie.

jueves, 19 de diciembre de 2013

SOBRE LA SOLUCION AL SEPARATISMO.

Según La Gaceta, la provincia de Gipúzcoa -que ya será Guipúzcoa, digo yo- cuenta con un nuevo municipio, Igeldo -que digo yo que ya será Igueldo-, separado de San Sebastián en aplicación del "derecho a decidir" que propugna Bildu.
 
Esto, lo que son las cosas, me parece estupendo. También hay barrios -actualmente- de Barcelona, que piden la independencia de la ciudad, y me parece igualmente positivo.
 
Tanto, que espero que cunda el ejemplo y todos los separatismos comiencen por ahí, de forma que pronto lleguemos al ideal: el batiburrillo cantonal de la Primera República, o el descojonamiento vaticinado por maestros como Ángel Palomino o Rafael García Serrano.
 
Después, lógicamente, llegaremos al máximo de las aspiraciones nacionalistas, separatistas, aldeanas y paletas, y espero impacientemente el día en que los más furibundos separatistas den ejemplo de independencia, y se arrojen sobre una sierra circular en marcha, a efectos de concederse la nacionalidad derecha e izquierda independientes; o -acaso más poéticamente, por cuanto pudiera significar la separación de la razón pura de las servidumbres físicas- se autoindependicen la mitad superior de la inferior.
 
¿Se imaginan la satisfacción de ver en la tele la cabeza flotante de Artur Mas, en acalorado diálogo con la pata izquierda de Carod Rovira? ¿No les complacería ver algún mondonguillo de Otegui, en animada charla con media cabeza de Arzallus?
 
Confieso que a mi si, y no pierdo la esperanza de disfrutar pronto el espectáculo. Teta me lo iba a pasar.

lunes, 16 de diciembre de 2013

SOBRE EL OMBLIGUISMO CATALANISTA.

Se que este tema es viejo -como de tres siglos, vaya-; se que me voy a repetir, porque las cosas son como son y no cabe más argumento que el que hay. Se que las gilipolleces de estos catalanistas pedestres aburren a las ovejas, y que sus pataletas piden a gritos un par de soplamocos y dejarse de más gaitas. Pero habrá que repetirse, puesto que ellos son monocordes hasta el anquilosamiento.
 
Un fulano apellidado Mas-Colell, a quien los catalanes tienen la desgracia de sufrir como consejero de Economía, ha declarado -véanlo en La Gaceta, si gustan- ha declarado que la actitud del Gobierno "no variará demasiado" porque, a su juicio, "es consciente de que cualquier movimiento que discriminara por razones políticas a los ciudadanos de Cataluña estaría en contradicción con su propio discurso de la españolidad de todos los catalanes".
 
Como de costumbre, este ceporro -como todos sus compinches separatistas- toma el rábano por las hojas, confunde el culo con las témporas, las churras con las merinas y su ombligo con el centro de la Tierra, al entender que la justa y razonable encarcelación de los delincuentes separatistas tiene algo que ver con Cataluña.
 
Los catalanes, señor Mas-Colell, son evidentemente ciudadanos españoles, con los mismos derechos y -ojo- las mismas obligaciones que cualquier otro. Pero usted -y sus compinches- se arrogan la catalanidad como cosa suya, propia, interiorizada en su cerebro enfermo y sus gónadas chiquititas. Y no es eso; al contrario, ustedes -los separatistas en general, todos revueltos- no suponen siquiera la mayoría de los habitantes de Cataluña con derecho a voto, puesto que en las últimas elecciones autonómicas no llegaron entre todos al 30% del censo.
 
Ustedes, los separatistas, se creen el centro del Universo, pero no son mas que unos paletos ceporros, que no saben ver más allá de su aldehuela, y piensan que si a ustedes les meten el paquete que merecen, eso es un ataque a Cataluña, en vez de ser una simple medida de higiene social.
 
Ningún Gobierno español -ninguno digno de ese nombre- va a castigar a los catalanes. Pero cualquier Gobierno español -digno del nombre y de la función- limpiaría Cataluña de la podredumbre corrupta y chupóptera que la está aniquilando, y le daría a los catalanes todos los derechos y libertades que ustedes -los separatistas- le han ido quitando.

sábado, 14 de diciembre de 2013

SOBRE LA PROPUESTA DE UPyD.

Saben ustedes que no soy precisamente seguidor de doña Rosa Díez. Saben, también, que aquí -en este diario- se intenta seguir la enseñanza de José Antonio y, en consecuencia, no se recata ninguna verdad.

Por tanto, a nadie extrañará que aplauda a UPyD por -véanlo en El Mundo- plantear al Gobierno la línea de actuación correcta ante el delincuente Mas, aplicando el artículo 509 del Código Penal: «el juez o magistrado, la autoridad o el funcionario público que, legalmente requerido de inhibición, continuare procediendo sin esperar a que se decida el correspondiente conflicto jurisdiccional, salvo en los casos permitidos por la Ley, será castigado con la pena de multa de tres a diez meses e inhabilitación especial para empleo o cargo público por tiempo de seis meses a un año». 

Siguiendo esta línea, UPyD pregunta al Gobierno si «se aplicará el artículo 155 de la Constitución y cualquier otro que fuera preciso para reponer el respeto y la observancia del orden constitucional». 

A mi, que siempre me habrán ustedes leído decir que las Leyes están para aplicarlas, y que si no funcionan lo que procede es cambiarlas, pero no saltárselas a la torera, me parece que esto es o que tiene que afirmar hoy un partido político español, sea cual sea su ideario. 

A mi, que ya estoy más que harto de los señoritos separatistas, me parece poca medida, porque yo empezaría por meter en el trullo a todos -todos, digo, y no sólo al delincuente Mas-, y tenerlos en prisión preventiva los no se si tres o cuatro años que permite la Ley, antes de juzgarlos. 

A mi, que estoy hasta más allá del pirigurcito de la boina de que la cobardía de los sucesivos gobiernos que ha padecido España desde hace casi cuatro décadas siempre se traduzca en pasar por las horcas caudinas ante los paletos separatistas, los aldeanos ombligueros y los gilipollas con master, lo procedente me parecería privarles de la nacionalidad española -que no quieren- y dejarlos irse por el ancho mundo a tocar la flauta sin un puñetero pasaporte que llevarse a la aduana. 

A mi, que se me cae la cara de vergüenza ajena cuando el Gobierno afirma, tan melifluamente como buen cobarde, que -lo dice también El Mundo- 'garantiza' que no habrá consulta en Cataluña, pero no se atreve a decir que el señor Mas es un simple funcionario -designado a dedo- de la Administración española, y que será removido de su cargo por medio del expediente disciplinario correspondiente, lo normal me parecería ordenar a los "mozos de escuadra" -que para eso quien les paga es el Gobierno de España- que se trajeran al señor Mas y a los demás idiotas que le siguen la corriente, a pie y por jornadas ordinarias, a la Audiencia Nacional.

O, al menos, me parecería adecuado -en vista de que lo único que le importa al acojonado PP es el euro- que pusiera un mossu en cada presunta mesa electoral, cobrando -por adelantado- la multa que corresponda por participar en una consulta ilegal a cada supuesto votante.

Y me parece, también, que si UPyD hubiera dicho esto mismo cuando -léanlo en Diario Ya, si gustan- lo dijo AES, llevaríamos casi un año adelantado.

viernes, 6 de diciembre de 2013

SOBRE LO QUE VA DE AYER A HOY.


Fuero de los Españoles de 1945. 
(17 de Julio de 1945) 


Francisco  Franco  Bahamonde,  Caudillo  de  España,  Jefe  del  Estado  y  Generalísimo  de  los Ejércitos de la Nación: 

Por cuanto las Cortes Españolas, como órgano superior de participación del pueblo en las tareas del Estado, según la Ley de su creación, han elaborado el Fuero de los Españoles, texto fundamental definidor de los derechos y deberes de los mismos y amparador de sus garantías; y teniendo en cuenta, al igual que ocurre en el Fuero del Trabajo, que sus líneas maestras acreditan el valor permanente del ideario que las inspira y gran número de sus declaraciones y preceptos constituyen un fiel anticipo de la doctrina social-católica, recientemente puesta al día por el Concilio Vaticano II y finalmente, dada la modificación introducida en su Artículo 6 por la Ley Orgánica del Estado, aprobada previo referéndum de la Nación, a los efectos de adecuar su texto a la Declaración Conciliar sobre la libertad religiosa, promulgada el 1 de diciembre del año 1965, que exige el reconocimiento explícito de este derecho, en consonancia, además, con el segundo de los Principios Fundamentales del Movimiento, según el cual la Doctrina de la Iglesia habrá de inspirar nuestra legislación: Vengo en disponer lo siguiente: 

Artículo único.- Queda aprobado, con el carácter de Ley fundamental reguladora de sus derechos y deberes, el Fuero de los Españoles, que a continuación se inserta: 


Título Preliminar. 

Artículo 1.- El Estado español proclama como principio recto de sus actos el respeto a la dignidad, la integridad y la libertad de la persona humana, reconociendo al hombre, en cuanto portador de valores eternos y miembros de una comunidad nacional, titular de deberes y derechos, cuyo ejercicio garantiza en orden al bien común. 

Título I. 
Deberes y Derechos de los españoles. 

Capítulo I 

Artículo 2.- Los españoles deben servicio fiel a la Patria, lealtad al Jefe del Estado y obediencia a las leyes. 

Artículo 3.- La Ley ampara por igual el derecho de todos los españoles, sin preferencia de clases ni acepción de personas. 

Artículo 4.- Los españoles tienen derecho al respeto de su honor personal y familiar. Quien lo ultraje, cualquiera que fuese su condición, incurrirá en responsabilidad. 

Artículo 5.- Todos los españoles tienen derecho a recibir educación e instrucción y el deber de adquirirlas, bien en el seno de su familia o en centros privados o públicos, a su libre elección. El Estado velará para que ningún talento se malogre por falta de medios económicos. 

Artículo 6.- La profesión y práctica de la Religión Católica, que es la del Estado español, gozará de la protección oficial. 

El Estado asumirá la protección de la libertad religiosa, que será garantizada por una eficaz tutela jurídica que, a la vez, salvaguarde la moral y el orden público. 

Artículo 7.- Constituye título de honor para los españoles el servir a la Patria con las armas. Todos los españoles están obligados a prestar este servicio cuando sean llamados con arreglo a la Ley. 

Artículo  8.-  Por  medio  de  leyes,  y  siempre  con  carácter  general,  podrán  imponerse  las prestaciones personales que exijan el interés de la Nación y las necesidades públicas. 

Artículo  9.-  Los  españoles  contribuirán  al  sostenimiento  de  las  cargas  públicas  según  su capacidad económica. Nadie estará obligado a pagar tributos que no hayan sido establecidos con arreglo a ley votada en Cortes. 

Artículo 10.- Todos los españoles tienen derecho a participar en las funciones públicas de carácter representativo, a través de la familia, el municipio y el sindicato, sin perjuicio de otras representaciones que las leyes establezcan. 

Artículo 11.- Todos los españoles podrán desempeñar cargos y funciones públicas según su mérito y capacidad. 

Artículo 12.- Todo español podrá expresar libremente sus ideas mientras no atenten a los principios fundamentales del Estado. 

Artículo 13.- Dentro del territorio nacional, el Estado garantiza la libertad y el secreto de la correspondencia. 

Artículo 14.- Los españoles tienen derecho a fijar libremente su residencia dentro del territorio nacional. 

Artículo 15.- Nadie podrá entrar en el domicilio de un español ni efectuar registros en él sin su consentimiento, a no ser con mandato de la Autoridad competente y en los casos y en la forma que establezcan las Leyes. 

Artículo 16.- Los españoles podrán reunirse y asociarse libremente para fines lícitos y de acuerdo con lo establecido por las leyes. 

El Estado podrá crear y mantener las organizaciones que estime necesarias para el cumplimiento de sus fines.  Las normas fundacionales, que revestirán forma de ley, coordinarán el ejercicio de este derecho con el reconocido en el párrafo anterior. 

Artículo 17.- Los españoles tienen derecho a la seguridad jurídica. Todos los órganos del Estado actuarán conforme a un orden jerárquico de normas preestablecidas, que no podrán arbitrariamente ser interpretadas ni alteradas. 

Artículo 18.- Ningún español podrá ser detenido sino en los casos y en la forma que prescriben las Leyes. En el plazo de setenta y dos horas, todo detenido será puesto en libertad o entregado a la Autoridad judicial. 

Artículo 19.- Nadie podrá ser condenado sino en virtud de Ley anterior al delito, mediante sentencia de Tribunal competente y previa audiencia y defensa del interesado. 

Artículo 20.- Ningún español podrá ser privado de su nacionalidad sino por delito de traición, definido en las Leyes penales, o por entrar al servicio de las armas o ejercer cargo público en país extranjero contra la prohibición expresa del Jefe del Estado. 

Artículo 21.- Los españoles podrán dirigir individualmente peticiones al Jefe del Estado, a las Cortes y a las Autoridades. 

Las Corporaciones, funcionarios públicos y miembros de las Fuerzas e Institutos armados sólo podrán ejercitar este derecho de acuerdo con las disposiciones por que se rijan. 


Capítulo II 

Artículo 22.- El Estado reconoce y ampara a la familia como institución natural y fundamento de la sociedad, con derechos y deberes anteriores y superiores a toda ley humana positiva. 

El matrimonio será uno e indisoluble. 

El Estado protegerá especialmente a las familias numerosas. 

Artículo 23.- Los padres están obligados a alimentar, educar e instruir a sus hijos. El Estado suspenderá el ejercicio de la patria  potestad o privará de ella a los que no la ejerzan dignamente, y transferirá la guarda y educación de los menores a quienes por  Ley corresponda. 


Capítulo III 

Artículo 24.- Todos los españoles tienen derecho al trabajo y el deber de ocuparse en alguna actividad socialmente útil. 

Artículo 25.- El trabajo, por su condición esencialmente humana, no puede ser relegado al concepto material de mercancía, ni ser objeto de transacción alguna incompatible con la dignidad personal del que lo presta. onstituye por sí atributo de honor y título suficiente para exigir tutela y asistencia del Estado. 

Artículo 26.- El Estado reconoce en la Empresa una comunidad de aportaciones de la técnica, la mano de obra y el capital en sus diversas formas, y proclama, por consecuencia, el derecho de estos elementos a participar en los beneficios. 

El Estado cuidará de que las relaciones entre ellos se mantengan dentro de la más estricta equidad y en una jerarquía que subordine los valores económicos a los de categoría humana, al interés de la Nación y a las exigencias del bien común. 

Artículo 27.- Todos los trabajadores serán amparados por el Estado en su derecho a una retribución justa y suficiente, cuando menos, para proporcionar a ellos y a sus familias el bienestar que les permita una vida moral y digna. 

Artículo 28.- El Estado español garantiza a los trabajadores la seguridad de amparo en el infortunio y les reconoce el derecho a la asistencia en los casos de vejez, muerte, enfermedad, maternidad, accidentes del trabajo, invalidez, paro forzoso y demás riesgos que pueden ser objeto de seguro social. 

Artículo 29.- El Estado mantendrá instituciones de asistencia y amparará y propulsará las creadas por la Iglesia, las Corporaciones y los particulares. 

Artículo 30.- La propiedad privada como medio natural para el cumplimiento de los fines individuales, familiares y sociales, es reconocida y amparada por el Estado. 

Todas las formas de propiedad quedan subordinadas a las necesidades de la Nación y al bien común. La riqueza no podrá permanecer inactiva, ser destruida indebidamente ni aplicada a fines ilícitos. 

Artículo 31.- El Estado facilitará a todos los españoles el acceso a las formas de propiedad más íntimamente ligadas a la persona humana: hogar familiar, heredad, útiles de trabajo y bienes de uso cotidiano. 

Artículo 32.- En ningún caso se impondrá la pena de confiscación de bienes. Nadie podrá ser expropiado sino por causa de utilidad pública o interés social, previa la correspondiente indemnización y de conformidad con lo dispuesto en las Leyes. 


Título II. 
Del ejercicio y garantía de los Derechos. 

Artículo 33.- El ejercicio de los derechos que se reconocen en este Fuero no podrá atentar a la unidad espiritual, nacional y social de España. 

Artículo  34.-  Las  Cortes  votarán  las  Leyes  necesarias  para  el  ejercicio  de  los  derechos reconocidos en este Fuero. 

Artículo 35.- La vigencia de los Artículos doce, trece, catorce, quince, dieciséis y dieciocho podrá ser temporalmente suspendida por el Gobierno total o parcialmente mediante Decreto-Ley, que taxativamente determine el alcance y duración de la medida. 

Artículo 36.- Toda violación que se cometiere contra cualquiera de los derechos proclamados en este Fuero será sancionada por las Leyes, las cuales determinarán las acciones que para su defensa y garantía podrán ser utilizadas ante las jurisdicciones en cada caso competentes. 

Dada en el Pardo de diecisiete de julio de mil novecientos cuarenta y cinco. 

Francisco Franco. 

lunes, 2 de diciembre de 2013

SOBRE UN COMENTARIO DE SEGUNDA MANO.

De segunda mano, porque lo que voy a comentar me llega por comentario interpuesto de mi camarada Eloy en su trinchera.
 
Como ustedes saben, me hallo casi fuera del mundo por mor del fallo de mi ordenador, que ya está recuperado, pero que ahora requiere cuidados intensivos: instalaciópn del sistema, configuración, reinstalación de programas, restauración de copia de seguridad de datos, etc... En fin, lo habitual en estos casos. Sin embargo, gracias a un ordenador viejo tengo algo de acceso al mundo a través del correo electrónico, que puedo recibir pero no enviar, así son las cosas.
 
Total, que me llega el comentario que mi camarada Eloy hace a propósito del articulejo de un tal Secondat en El Mundo. Les ruego que lo lean en la Trinchera de Eloy -si esto se publica bien, que no lo sé, tendrán el enlace aquí al lado-, porque de él saco la información.
 
Voy a hacer algo que siempre he criticado, y es responder a frases que sólo conozco por la cita de otra persona. Pero ocurre que -por una parte- no puedo acceder al original y -por otra, y principal- me fío de Eloy como de mí mismo, y aún puede que más. Así es que al toro, que es una mona.
 
Parece ser que el tal Secondat -seudónimo que me suena, y acaso alguna vez supe a quien se le atribuía- dice que "poco a poco, pero con una insistencia preocupante, se van filtrando en los medios de comunicación opiniones favorables a lo que en España fue el franquismo".
 
Evidentemente, esto es falso. Lo correcto es decir que poco a poco los medios de comunicación van perdiendo capacidad para ocultar la verdad; esto es, que el franquismo fue, como poco, favorable para España. Acaso se deba -usted, señor Secondat, probablemente lo sepa- a que las subvenciones por tonelada de mentira se han reducido, o a que ustedes -los de la prensa amarilla, digo- han colmado el vaso de la falsedad, de forma que la reacción lógica -como el cuerpo que lucha contra la enfermedad- es de sentido contrario al bacilo que ustedes inoculan.
 
Añade, al parecer, el tal Secondat: "... quienes padecimos los casi 40 años de carencia de libertad, debemos aclarar que una dictadura, por muy blanda que pueda llegar a ser, siempre es un régimen despreciable".
 
Bien, señor Secondat: si usted ha padecido los casi cuarenta años del Régimen de Franco, usted debe tener, como mínimo, 77 años. Conozco, a Dios gracias, muchas personas que a esta edad conservan una vitalidad envidiable y una mente clara, profunda y poderosa; pero obviamente no es su caso, y a su -primera acepción- provecta ancianidad debo achacar el cuento de la falta de libertad. Porque -me citaré como ejemplo- también yo he vivido el franquismo -no tantos años como usted declara, pero sí algunos- y nunca nadie me prohibió nada.
 
Nada normal y admisible, se entiende. Por supuesto, no se podía matar, robar, violar; no se podía prevaricar, cohechar, estafar, meter mano al dinero público -que contra la memez de doña Magdalena Álvarez si es de alguien, porque es de todos-; no se podía insultar a la Patria de todos los españoles. No se podía -descendiendo a lo menor- llenar la calle de basura traída de casa por los basureros huelguistas, ni se podía tomar como rehenes a cientos de miles de viajeros de autobús, tren, metro o avión. Para evitar ese tipo de huelga, los trabajadores tenían una representación infinitamente mejor que la que tienen ahora, con los sindicatitos de -mala- clase, que le enchufan a la cuenta de los desempleados sus mariscadas.
 
(Si usted, señor Secondat -señor, señora, señoro- no alcanza la edad que su afirmación le adjudica, entonces quizá no sea anciano, aunque si provecto -caduco, viejo-, y es, además, un mentiroso).
 
"Los muy jóvenes -parece que dice usted- corren el riesgo de creerse que aquello fue casi un paraíso". Coño, señor Secondat, es que lo fue. Lo fue para toda persona decente, honrada, trabajadora; lo fue para los -entonces- jóvenes que pudimos estudiar hasta donde nuestra capacidad alcanzaba, y con becas que nos ganábamos con esfuerzo, lo cual -al menos a los jóvenes de entonces- nos satisfacía más que la sopa boba porque teníamos aprendidas las lecciones de dignidad de nuestros mayores. Lo fue para los jóvenes que querían -y podían- formar una familia con 20 años en vez de tener que esperar a la treintena larga, y aún así en precario. Lo fue para quien quería participar en la vida política y valía para ello. Evidentemente, no lo fue para los politicastros inútiles, para los golfos, los vividores, los tiralevitas y los malandrines. Y usted, señor Secondat, que tanto se queja, sabrá a qué fauna estuvo adscrito.
 
"El bienestar económico -continúa Scondat-, que benefició a algunos, no basta para justificar una forma de convivencia que se apoya en un autoritarismo despiadado y severo".
 
El bienestar económico no benefició a algunos; el bienestar económico benefició a todos hasta límites insospechados e increíbles. ¿Cuando habían tenido -antes- los españoles la posibilidad de ser propietarios de su vivienda, de acceder a un vehículo propio, de mandar a sus hijos a la Universidad, de tener un mes de vacaciones pagadas y disfrutarlas en la playa o donde les apeteciera ir? ¿Cuando volverán los españoles -en el futuro- a tener esas opciones?
 
Había, eso sí, que ganárselo a pulso. Había que trabajar y -una vez superada la destrucción de la guerra- había trabajo para todos. Incluso, cuando -ya en los años 60 y 70- los españoles salían a trabajar en el extranjero, la mayoría de las veces lo hacían por conseguir un capitalito con el que establecer, a la vuelta, un negocio, o comprarse una vivienda al contado, o disponer de un fondo para mirar al futuro con seguridad.
 
¿Despiadado el franquismo? Hombre, Secondatillo, según se mire. Puede que a los delincuentes les pareciera despiadado dar con sus huesos en las cárceles tras cometer sus fechorías; pero no les parecería despiadado a las víctimas, que normalmente no tenían que convivir con los asesinos de su familiares, con sus propios atacantes, con sus violadores o atracadores, puestos en libertad antes de que la policía termine el papeleo. Todo es según se aprecie, y la preferencia por el delincuente sitúa a cada cual donde le corresponde.
 
Comenta al rspecto mi camarada Eloy: Despiadado. No más que en circunstancias similares, despues de una guerra, lo fueran otros. Que se pregunte a los alemanes e italianos que perdieron la Segunda Guerra Mundial, y eso que los vencedores eran demócratas.
 
Y no sólo eso; no sólo los pededores de la guerra a manos de los vencedores, por demócratas que estos fuesen. Que se lo pregunten a los franceses llamados colaboracionistas, a manos de los mismos franceses, generalmente comunistas, a los que los americanos y algunos españoles -rojillos, pero españoles- les dieron ganada su guerra. Que se lo pregunten a los estadounidenses o británicos que, antes de la guerra, habían declarado su admiración por la Alemania nazi. Que se lo pregunten a los yugoslavos no comunistas tras el triunfo de Tito.
 
Y severo. Severo es, según la Real Academia riguroso, áspero, duro en el trato o castigo o bien exacto y rígido en la observancia de una ley, precepto o regla.  Pues qué quiere usted que le diga, señor Secondat; prefiero un Gobierno riguroso, exacto y rígido en la observancia de las leyes, y que castigue con dureza al infractor, que esta marabunta de templagaitas que se pasan las leyes por el forro de la propaganda electoral; esta recua de politicuchos incapaces de tomar una medida impopular por necesaria que sea; esta piara de sinvergüenzas cuyo único interés es sobrevivir aunque tras ellos venga el diluvio, y que les den gratis el pan que no se ganan, aunque les digan tontos.
 
Eso si, señor Secondat: nada ásperos. Son todo sonrisas y gracietas de niñatos malcriados. Lo que quiere la plebe del pan y circo.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

20-N

Hundidos, como estamos, en la mierda hasta el cuello, se hace muy difícil escribir sobre una fecha como la del 20 de Noviembre. Máxime, este año que la ya referida vicisitud con mi ordenador casi me dispensaría de hacerlo.
 
Pero -creo- esa es precisamente la actitud que no puedo permitirme. La apatía, la dejadez, la desgana, el "ya lo hará otro", son las actitudes que nos han traido hasta donde estamos.
 
No fueron apáticos, ni cedieron al desánimo, ni dejaron que dieran la cara otros los que en esta fecha recordamos. Que son José Antonio Primo de Rivera -asesinado por el Frente Popular republicano, pero puesto en la lista por liberales, derechistas, y centristas-, y Francisco Franco, vencedor del frente Popular asiático y torvo, de obediencia soviética; pero que también son todos los que dieron su vida por una España mejor.
 
Los que dieron su vida por España a un lado y a otro, porque tan dignos son de recuerdo los falangistas, los requetés, los militares que dieron el primer paso al frente, los legionarios, los regulares, los soldaditos de reemplazo de la España Nacional, como los que -al otro lado- combatían también por España. No, desde luego, los que luchaban -o paseaban en la retaguardia- por la Internacional, por la madrecita Rusia o la madrastra URSS. A esos ya los recuerdan los que -al final- han ganado la guerra en la batalla de la propaganda, incapaces de echarle riñones entonces aunque sobrados de mentiras y canalladas ahora.
 
Así es que, como sé que joroba, y aunque este año no les puedo dejar el Toque de Oración y la Oración por los Caídos, sí les dejo mi oración personal:
 
Caídos por Dios y por España, ¡Presentes!
José Antonio Primo de Rivera, ¡Presente!
Francisco Franco, ¡Prsente!
¡Arriba España!
 
 
 

domingo, 17 de noviembre de 2013

SOBRE LA DESAPARICION.

La mía, desde hace cosa de un par de semanas, y lo que cuelga.
 
Para conocimiento de camaradas y amigos -y aviso de los que nolo sean-, debo explicar que una vez más me encuentro fuera del "mundo" gracias a que mi ordenador ha tenido a bien ponérseme en huelga. Acaso imitando a los juerguistas de la basura madrileña, que ahora se dedican a esparcir la que antes recogían.
 
El caso es que mi ordenador dijo hace unos días que hasta allí había llegado, se apagó, y se mantiene en sus trece, así es que tengo que recurrir a un ordenador prestado para dar este aviso, en tanto le miro las tripas al mío o -caso extremo- lo llevo al técnico.
 
No quiero aburrir a los habituales con mis peripecias para intentar poner en uso un ordenador viejo, el cual también ha considerado oportuno dejarme tirado. Las historias sobre formateos, particiones, instalaciones de sistema, etc., darían para mucho, y regocijarían a cuantos empezaron en este mundillo de la informática cuando el señor de los sistemas era el MS-DOS. Pero valga de momento un saludo a todos, como explicación de por qué no escribo aquí, ni puedo recibir correo, ni responderlo.
 

miércoles, 6 de noviembre de 2013

SOBRE LA NOTICIA A MEDIAS.

Noticia -la de repetir el juicio al asesino abortista Morín- que han ofrecido algunos medios de comunicación, de mejor o peor gana según su afinidad con el genocida y sus cómplices. Cómplices que, evidentemente, no son sólo los sicarios que le ayudaban a descuartizar niños, sino los que le daban negocio, los que le permitían tener abierto el negocio -PSOE y PP, fundamentalmente- y los que le juzgaron en el primer juicio, ahora anulado.

La noticia -completa- la pueden ver en Diario Ya; pero como quizá algún lector haya tenido conocimiento de la misma por otros medios -por ejemplo, la cadena de los Obispos, tan cómplice del PP- que no han dado cuenta más que de su parte de la información, aquí les adjunto la Nota de prensa de AES, Alternativa Española, que es el partido que presentó la denuncia y que ejerció -junto a otros grupos que sí tienen suficiente publicidad en otros sitios- la acusación particular.


martes, 5 de noviembre de 2013

SOBRE LA NECEDAD GUBERNAMENTAL.

Necedad -ya ustedes lo saben, y si no, se lo digo con el auxilio de la RAE- es el desconocimiento de lo que se debería saber.

Evidentemente, nadie puede saberlo todo -sólo los muy necios creen que son omniscientes-; evidentemente, nadie puede estar en todo, hacerlo todo. Pero hay cosas que se caen por su propio peso, y que son claras aún para el más lerdo.

Por tanto, resulta tautológico explicar la necedad del Gobierno del señor Rajoy -de los anteriores también; pero ahora quien hace como que gobierna es Rajoy- cuando necesita -lo dice El Mundo- gastarse 28 millones de euros en asesores

Porque el señor Rajoy no lo puede saber todo, vale; pero sí debe saber que la Administración cuenta con funcionarios de carrera capaces -desde el conocimiento que cada uno tiene de su puesto y sus labores- de darle todas las explicaciones que el Presidente necesite, todos los asesoramientos que quiera; todas las posibilidades que le haga falta valorar para tomar decisiones. 

La Administración no es una banda al servicio de la política del partido que gobierna, sino la que custodia -en la medida que los políticos la dejan, claro- el exacto cumplimiento de la normativa vigente. También es la que debe preparar las nuevas leyes que sean necesarias, siguiendo las directrices del Gobierno, por supuesto; pero asegurando que las reformas se ajusten a Derecho y se hagan por sus pasos legales.

Para conocer la realidad, para conocer las previsiones, para conocer lo que sería bueno, el Presidente del Gobierno y los Ministros no necesitan más que consultar a sus funcionarios, u ordenar que se haga tal o cual cosa, siempre dentro de las normas.

Sentado este principio, la necedad gubernamental consiste en ignorar la función de la Administración y hacernos pagar 28 millones de euros anuales por su desconocimiento.

Cabe otra posibilidad, y es que el Gobierno no ignore el valor y la función de la Administración, y  tome -a sabiendas- decisiones injustas para enchufar a los amiguetes, mientras posterga a funcionarios de carrera -véase Público-. O sea, lo que se llama prevaricar, de toda la vida.


martes, 29 de octubre de 2013

29 DE OCTUBRE

Hace exactamente 80 años, José Antonio Primo de Rivera pronunciaba el discurso que iniciaba la andadura de Falange Española. Puede parecer que un discurso de hace casi un siglo resultaría desfasado, antiguo, caduco o -como dicen los cursis- obsoleto.

Animo a los amigos que visiten este diario a leer el discurso, a abrir su mente y olvidarse de las fechas. Animo a los amigos lectores a abandonar los prejuicios que les haya inculcado la prensa amarilla; la podredumbre de los partidos políticos que padecemos; la mentira cien millones de veces repetida por los canallas que viven de la difamación, y por los tontos que no tienen ideas, sino antipatías.

Animo a los amigos lectores a profundizar en el análisis de la teoría de las ideas políticas, y a enjuiciarlo con sinceridad.

Y animo a los amigos lectores a pensar seriamente si todo lo que entonces dijo José Antonio no es estremecedoramente válido para el día de hoy.


DISCURSO DE LA FUNDACION DE

FALANGE ESPAÑOLA

(Discurso pronunciado en el Teatro de la Comedia de Madrid, el día 29 de octubre de 1933)


Nada de un párrafo de gracias. Escuetamente, gracias, como corresponde al laconismo militar de nuestro estilo.

Cuando, en marzo de 1762, un hombre nefasto, que se llamaba Juan Jacobo Rousseau, publicó El contrato social, dejó de ser la verdad política una entidad permanente. Antes, en otras épocas más profundas, los Estados, que eran ejecutores de misiones históricas, tenían inscritas sobre sus frentes, y aun sobre los astros, la justicia y la verdad. Juan Jacobo Rousseau vino a decirnos que la justicia y la verdad no eran categorías permanentes de razón, sino que eran, en cada instante, decisiones de voluntad. Juan Jacobo Rousseau suponía que el conjunto de los que vivimos en un pueblo tiene un alma superior, de jerarquía diferente a cada una de nuestras almas, y que ese yo superior está dotado de una voluntad infalible, capaz de definir en cada instante lo justo y lo injusto, el bien y el mal. Y como esa voluntad colectiva, esa voluntad soberana, sólo se expresa por medio del sufragio –conjetura de los más que triunfa sobre la de los menos en la adivinación de la voluntad superior–, venía a resultar que el sufragio, esa farsa de las papeletas entradas en una urna de cristal, tenía la virtud de decirnos encada instante si Dios existía o no existía, si la verdad era la verdad o no era la verdad, si la Patria debía permanecer o si era mejor que, en un momento, se suicidase.

Como el Estado liberal fue un servidor de esa doctrina, vino a constituirse no ya en el ejecutor resuelto de los destinos patrios, sino en el espectador de las luchas electorales. Para el Estado liberal sólo era lo importante que en las mesas de votación hubiera sentado un determinado número de señores; que las elecciones empezaran a las ocho y acabaran a las cuatro; que no se rompieran las urnas. Cuando el ser rotas es el más noble destino de todas las urnas. Después, a respetar tranquilamente lo que de las urnas saliera, como si a él no le importase nada. Es decir, que los gobernantes liberales no creían ni siquiera en su misión propia; no creían que ellos mismos estuviesen allí cumpliendo un respetable deber, sino que todo el que pensara lo contrario y se propusiera asaltar el Estado, por las buenas o por las malas, tenía igual derecho a decirlo y a intentarlo que los, guardianes del Estado mismo a defenderlo.

De ahí vino el sistema democrático, que es, en primer lugar, el más ruinoso sistema de derroche de energías. Un hombre dotado para la altísima función de gobernar, que es tal vez la más noble de las funciones humanas, tenía que dedicar el ochenta, el noventa o el noventa y cinco por ciento de su energía a sustanciar reclamaciones formularias, a hacer propaganda electoral, a dormitar en los escaños del Congreso, a adular a los electores, a aguantar sus impertinencias, porque de los electores iba a recibir el Poder; a soportar humillaciones y vejámenes de los que, precisamente por la función casi divina de gobernar, estaban llamados a obedecerle; y si, después de todo eso, le quedaba un sobrante de algunas horas en la madrugada, o de algunos minutos robados a un descanso intranquilo, en ese mínimo sobrante es cuando el hombre dotado para gobernar podía pensar seriamente en las funciones sustantivas de Gobierno.

Vino después la pérdida de la unidad espiritual de los pueblos, porque como el sistema funcionaba sobre el logro de las mayorías, todo aquel que aspiraba a ganar el sistema, tenía que procurarse la mayoría de los sufragios. Y tenía que procurárselos robándolos, si era preciso, a los otros partidos, y para ello no tenía que vacilar en calumniarlos, en verter sobre ellos las peores injurias, en faltar deliberadamente a la verdad, en no desperdiciar un solo resorte de mentira y de envilecimiento. Y así, siendo la fraternidad uno de los postulados que el Estado liberal nos mostraba en su frontispicio, no hubo nunca situación de vida colectiva donde los hombres injuriados, enemigos unos de otros, se sintieran menos hermanos que en la vida turbulenta y desagradable del Estado liberal.

Y, por último, el Estado liberal vino a depararnos la esclavitud económica, porque a los obreros, con trágico sarcasmo, se les decía: "Sois libres de trabajar lo que queráis; nadie puede compeleros a que aceptéis unas u otras condiciones; ahora bien: como nosotros somos los ricos, os ofrecemos las condiciones que nos parecen; vosotros, ciudadanos libres, si no queréis, no estáis obligados a aceptarlas; pero vosotros, ciudadanos pobres, si no aceptáis las condiciones que nosotros os impongamos, moriréis de hambre, rodeados de la máxima dignidad liberal". Y así veríais cómo en los países donde se ha llegado a tener Parlamentos más brillantes e instituciones democráticas más finas, no teníais más que separamos unos cientos de metros de los barrios lujosos para encontramos con tugurios infectos donde vivían hacinados los obreros y sus familias, en un límite de decoro casi infrahumano. Y os encontraríais trabajadores de los campos que de sol a sol se doblaban sobre la tierra, abrasadas las costillas, y que ganaban en todo el año, gracias al libre juego de la economía liberal, setenta u ochenta jornales de tres pesetas.

Por eso tuvo que nacer, y fue justo su nacimiento (nosotros no recatamos ninguna verdad), el socialismo. Los obreros tuvieron que defenderse contra aquel sistema, que sólo les daba promesas de derechos, pero no se cuidaba de proporcionarles una vida justa. Ahora, que el socialismo, que fue una reacción legítima contra aquella esclavitud liberal, vino a descarriarse, porque dio, primero, en la interpretación materialista de la vida y de la Historia; segundo, en un sentido de represalia; tercero, en una proclamación del dogma de la lucha de clases. El socialismo, sobre todo el socialismo que construyeron, impasibles en la frialdad de sus gabinetes, los apóstoles socialistas, en quienes creen los pobres obreros, y que ya nos ha descubierto tal como eran Alfonso García Valdecasas; el socialismo así entendido, no ve en la Historia sino un juego de resortes económicos: lo espiritual se suprime; la Religión es un opio del pueblo; la Patria es un mito para explotar a los desgraciados. Todo eso dice el socialismo. No hay más que producción, organización económica. Así es que los obreros tienen que estrujar bien sus almas para que no quede dentro de ellas la menor gota de espiritualidad.

No aspira el socialismo a restablecer una justicia social rota por el mal funcionamiento de los Estados liberales, sino que aspira a la represalia; aspira a llegar en la injusticia a tantos grados más allá cuantos más acá llegaran en la injusticia los sistemas liberales. Por último, el socialismo proclama el dogma monstruoso de la lucha de clases; proclama el dogma de que las luchas entre las clases son indispensables, y se producen naturalmente en la vida, porque no puede haber nunca nada que las aplaque. Y el socialismo, que vino a ser una crítica justa del liberalismo económico, nos trajo, por otro camino, lo mismo que el liberalismo económico: la disgregación, el odio, la separación, el olvido de todo vínculo de hermandad y de solidaridad entre los hombres.

Así resulta que cuando nosotros, los hombres de nuestra generación, abrimos los ojos, nos encontramos con un mundo en ruina moral, un mundo escindido en toda suerte de diferencias; y por lo que nos toca de cerca, nos encontramos en una España en ruina moral, una España dividida por todos los odios y por todas las pugnas. Y así, nosotros hemos tenido que llorar en el fondo de nuestra alma cuando recorríamos los pueblos de esa España maravillosa, esos pueblos en donde todavía, bajo la capa más humilde, se descubren gentes dotadas de una elegancia rústica que no tienen un gesto excesivo ni una palabra ociosa, gentes que viven sobre una tierra seca en apariencia, con sequedad exterior, pero que nos asombra con la fecundidad que estalla en el triunfo de los pámpanos y los trigos. Cuando recorríamos esas tierras y veíamos esas gentes, y las sabíamos torturadas por pequeños caciques, olvidadas por todos los grupos, divididas, envenenadas por predicaciones tortuosas, teníamos que pensar de todo ese pueblo lo que él mismo cantaba del Cid al verle errar por campos de Castilla, desterrado de Burgos:

¡Dios, qué buen vasallo si oviera buen señor!

Eso vinimos a encontrar nosotros en el movimiento que empieza en ese día: ese legítimo soñar de España; pero un señor como el de San Francisco de Borja, un señor que no se nos muera. Y para que no se nos muera, ha de ser un señor que no sea, al propio tiempo, esclavo de un interés de grupo ni de un interés de clase.

El movimiento de hoy, que no es de partido, sino que es un movimiento, casi podríamos decir un antipartido, sépase desde ahora, no es de derechas ni de izquierdas. Porque en el fondo, la derecha es la aspiración a mantener una organización económica, aunque sea injusta, y la izquierda es, en el fondo, el deseo de subvertir una organización económica, aunque al subvertiría se arrastren muchas cosas buenas. Luego, esto se decora en unos y otros con una serie de consideraciones espirituales. Sepan todos los que nos escuchan de buena fe que estas consideraciones espirituales caben todas en nuestro movimiento; pero que nuestro movimiento por nada atará sus destinos al interés de grupo o al interés de clase que anida bajo la división superficial de derechas e izquierdas.

La Patria es una unidad total, en que se integran todos los individuos y todas las clases; la Patria no puede estar en manos de la clase más fuerte ni del partido mejor organizado. La Patria es una síntesis trascendente, una síntesis indivisible, con fines propios que cumplir; y nosotros lo que queremos es que el movimiento de este día, y el Estado que cree, sea el instrumento eficaz, autoritario, al servicio de una unidad indiscutible, de esa unidad permanente, de esa unidad irrevocable que se llama Patria.

Y con eso ya tenemos todo el motor de nuestros actos futuros y de nuestra conducta presente, porque nosotros seríamos un partido más si viniéramos a enunciar un programa de soluciones concretas. Tales programas tienen la ventaja de que nunca se cumplen. En cambio, cuando se tiene un sentido permanente ante la Historia y ante la vida, ese propio sentido nos da las soluciones ante lo concreto, como el amor nos dice en qué caso debemos reñir y en qué caso nos debemos abrazar, sin que un verdadero amor tenga hecho un mínimo programa de abrazos y de riñas.

He aquí lo que exige nuestro sentido total de la Patria y del Estado que ha de servirla. Que todos los pueblos de España, por diversos que sean, se sientan armonizados en una irrevocable unidad de destino. Que desaparezcan los partidos políticos. Nadie ha nacido nunca miembro de un partido político; en cambio, nacemos todos miembros de una familia; somos todos vecinos de un Municipio; nos afanamos todos en el ejercicio de un trabajo. Pues si ésas son nuestras unidades naturales, si la familia y el Municipio y la corporación es en lo que de veras vivimos, ¿para qué necesitamos el instrumento intermediario y pernicioso de los partidos políticos, que, para unimos en grupos artificiales, empiezan por desunimos en nuestras realidades auténticas?

Queremos menos palabrería liberal y más respeto a la libertad profunda del hombre. Porque sólo se respeta la libertad del hombre cuando se le estima, como nosotros le estimamos, portador de valores eternos; cuando se le estima envoltura corporal de un alma que es capaz de condenarse y de salvarse. Sólo cuando al hombre se le considera así, se puede decir que se respeta de veras su libertad, y más todavía si esa libertad se conjuga, como nosotros pretendemos, en un sistema de autoridad, de jerarquía y de orden.

Queremos que todos se sientan miembros de una comunidad seria y completa; es decir, que las funciones a realizar son muchas: unos, con el trabajo manual; otros, con el trabajo del espíritu; algunos, con un magisterio de costumbres y refinamientos. Pero que en una comunidad tal como la que nosotros apetecernos, sépase desde ahora, no debe haber convidados ni debe haber zánganos.

Queremos que no se canten derechos individuales de los que no pueden cumplirse nunca en casa de los famélicos, sino que se dé a todo hombre, a todo miembro de la comunidad política, por el hecho de serio, la manera de ganarse con su trabajo una vida humana, justa y digna.

Queremos que el espíritu religioso, clave de los mejores arcos de nuestra Historia, sea respetado y amparado como merece, sin que por eso el Estado se inmiscuya en funciones que no le son propias ni comparta –como lo hacía, tal vez por otros intereses que los de la verdadera Religión– funciones que sí le corresponde realizar por sí mismo.

Queremos que España recobre resueltamente el sentido universal de su cultura y de su Historia.

Y queremos, por último, que si esto ha de lograrse en algún caso por la violencia, no nos detengamos ante la violencia. Porque, ¿quién ha dicho –al hablar de "todo menos la violencia"– que la suprema jerarquía de los valores morales reside en la amabilidad? ¿Quién ha dicho que cuando insultan nuestros sentimientos, antes que reaccionar como hombres, estamos obligados a ser amables? Bien está, sí, la dialéctica como primer instrumento de comunicación. Pero no hay más dialéctica admisible que la dialéctica de los puños y de las pistolas cuando se ofende a la justicia o a la Patria.

Esto es lo que pensamos nosotros del Estado futuro que hemos de afanamos en edificar.

Pero nuestro movimiento no estaría del todo entendido si se creyera que es una manera de pensar tan sólo; no es una manera de pensar: es una manera de ser. No debemos proponemos sólo la construcción, la arquitectura política. Tenemos que adoptar, ante la vida entera, en cada uno de nuestros actos, una actitud humana, profunda y completa. Esta actitud es el espíritu de servicio y de sacrificio, el sentido ascético y militar de la vida. Así, pues, no imagine nadie que aquí se recluta para ofrecer prebendas; no imagine nadie que aquí nos reunimos para defender privilegios. Yo quisiera que este micrófono que tengo delante llevara mi voz hasta los últimos rincones de los hogares obreros, para decirles: sí, nosotros llevamos corbata; sí, de nosotros podéis decir que somos señoritos. Pero traemos el espíritu de lucha precisamente por aquello que no nos interesa como señoritos; venimos a luchar porque a muchos de nuestras clases se les impongan sacrificios duros y justos, y venimos a luchar por que un Estado totalitario alcance con sus bienes lo mismo a los poderosos que a los humildes. Y así somos, porque así lo fueron siempre en la Historia los señoritos de España. Así lograron alcanzar la jerarquía verdadera de señores, porque en tierras lejanas, y en nuestra Patria misma, supieron arrostrar la muerte y cargar con las misiones más duras, por aquello que precisamente, como a tales señoritos, no les importaba nada.

Yo creo que está alzada la bandera. Ahora vamos a defenderla alegremente, poéticamente. Porque hay algunos que frente a la marcha de la revolución creen que para aunar voluntades conviene ofrecer las soluciones más tibias; creen que se debe ocultar en la propaganda todo lo que pueda despertar una emoción o señalar una actitud enérgica y extrema. ¡Qué equivocación! A los pueblos no los han movido nunca más que los poetas, y ¡ay del que no sepa levantar, frente a la poesía que destruye, la poesía que promete! En un movimiento poético, nosotros levantaremos este fervoroso afán de España; nosotros nos sacrificaremos; nosotros renunciaremos, y de nosotros será el triunfo, triunfo que –¿para qué os lo voy a decir?– no vamos a lograr en las elecciones próximas. En estas elecciones votad lo que os parezca menos malo. Pero no saldrá de ahí vuestra España, ni está ahí nuestro marco. Esa es una atmósfera turbia, ya cansada, como de taberna al final de una noche crapulosa. No está ahí nuestro sitio. Yo creo, sí, que soy candidato; pero lo soy sin fe y sin respeto. Y esto lo digo ahora, cuando ello puede hacer que se me retraigan todos los votos. No me importa nada. Nosotros no vamos a ir a disputar a los habituales los restos desabridos de un banquete sucio.

Nuestro sitio está fuera, aunque tal vez transitemos, de paso, por el otro. Nuestro sitio está al aire libre, bajo la noche clara, arma al brazo, y en lo alto, las estrellas. Que sigan los demás con sus festines. Nosotros fuera, en vigilancia tensa, fervorosa y segura, ya presentimos el amanecer en la alegría de nuestras entrañas.

 

viernes, 25 de octubre de 2013

SOBRE EL COMENTARIO DE MI CAMARADA ELOY.

Ayer, en su Trinchera, mi camarada Eloy comentaba la cerrilidad de que hacían gala los aspirantes a profesores de primaria, de EGB o como quiera que se llame ahora. Y concluía aventurando que mi expediente académico en esa misma especialidad de magisterio sería mejor que el de los opositores cuyas perlas desgranaba el recorte de periódico adjunto a su comentario, que abajo pueden contemplar.
Lo cierto es que mi paso por la Universidad no fue demasiado brillante, dado que en aquellos años la asignatura predominante -en cualquier rama o especialidad- era la solidaridad con los compañeros del metal. Y, a veces, con cualquier otro colectivo tan íntimamente relacionado con la enseñanza como el citado.
Ni que decir tiene que las huelgas de penenes y no penenes estaban a la orden del día -hablo de los años 1976 a 1980-; las de estudiantes a la orden de la hora, y las de todos revueltos a la orden del minuto. Ni que decir tiene, tampoco, que los profesores -numerarios, no numerarios, catedráticos- impartían marxismo en concentraciones letales, ya fuera en las clases de Historia, en las de Pedagodía, en las de Psicología, en las de Lengua y en las de Matemáticas. Difícil, ¿verdad?. Pues lo hacían. También, justo es decirlo, había algunos profesores que daban clase de lo suyo, pero el ambiente general era el que era, y nadie podía hacer milagros.

En resumen, que de la Universidad salí sabiendo menos de lo que sabía cuando entré, aunque aprendí alguna cosilla útil, como que los compañeros del metal no se iban a solidarizar conmigo si me ponían un exámen de matemáticas a las tres de la tarde de un sábado del mes de junio -cosa que debería estar catalogada como crimen contra la humanidad, por lo menos-; o que si uno se empeñaba en asistir a clase, era posible que el profesor se aviniera a darla y los piqueteros se la envainasen.

Dicho todo esto -por centrar el tema y las épocas- lo cierto es que en aquellos años ni un sólo estudiante universitario habría cometido las faltas que señala el suelto periodístico que comenta Eloy. El Bachiller era suficientemente serio como para formar intelectualmente a unos niveles que hoy son desconocidos incluso en Universidad, y cualquiera que lo terminase razonablemente bien, salía preparado para ampliar estudios, para trabajar decorosamente, para formarse por su cuenta, o para desenvolverse dignamente en la vida y en la sociedad.

Incluso quienes, por múltiples razones, no podían acceder a ese Bachiller, acaso ni terminar la educación primaria, se desenvolvían en un ambiente familiar y social que les llevaba a superarse, que les permitía aprender -aunque fuese por su cuenta- y mejorar, hasta niveles que ya quisieran muchos universitarios de hoy.

Porque el hecho es que las faltas de ortografía, los deslices geográficos, las burradas conceptuales que señala el recorte, el nivel no es que sea universitario bajo; es que es de primaria.

Y si mal está que un ingeniero, un médico, un químico o incluso un abogado no sepan escribir decentemente su idioma, que lo hagan los encargados de enseñar es de juzgado de guardia. Porque lo mas grave, es que esos opositores -caso de aprobar- enseñarán a las futuras generaciones, expandiendo sus burradas en proporción geométrica, a veinte o treinta pobres criaturas al año.

martes, 22 de octubre de 2013

SOBRE EL RECUERDO ANUAL A MI CAMARADA LUIS TAPIA AGUIRREBENGOA.

Los amigos y camaradas que me hacen la merced de visitar este diario, saben que mi mes de Octubre se significa por el recuerdo a dos grandes hombres. El uno, maestro a través de sus obras a quien no tuve la fortuna de conocer personalmente, es Rafael García Serrano, a quien el pasado día 12 dediqué un artículo. 

Artículo -todo sea dicho en honor a la verdad- que ya había sido publicado años atrás, porque en esta ocasión un cúmulo de circunstancias me han tenido tan centrado en problemas concretos, que casi marro la ocasión por primera vez en un cuarto de siglo.

No quiero que me pase lo mismo con respecto a otro de mis maestros al que -en este caso- sí tuve la suerte de conocer y de tratar personalmente: mi amigo y camarada Luis Tapia Aguirrebengoa. 

Para quien -como yo- le conociera, todo comentario es innecesario. Su fe, su valor, su hombría de bien, su gallardía, su señorío, siempre será muestra y ejemplo a seguir. Para quien no tuviera la fortuna de tratarle, cuanto yo pueda decir es inútil, porque nunca conseguiré dar una idea exacta de la serenidad, la seguridad y el buen juicio que su sola presencia transmitía. 

De su vida militar da fe el hecho de que, al cabo de los años, sus legionarios le recordaran con el cariño y la admiración que sólo produce un buen jefe. De su actividad periodística, son testigo las hemerotecas y la colección de EJE, a la que quien lo desee puede acceder en mi página de Ediciones anteriores; de su incansable actividad política al servicio de España, queda la semilla en sus queridas islas Canarias, presta a la cosecha a poco que se atienda la siembra que él hizo, como ya demostré -con datos- en no recuerdo qué pasadas elecciones. 

Sé que me repito, pero es que todo lo que se puede decir de Luis Tapia Aguirrebengoa se resume en pocas palabras: un caballero español y un Caballero Legionario.

Luis Tapia Aguirrebengoa, ¡Presente!

domingo, 20 de octubre de 2013

SOBRE UNA CARTA DE MI CORONEL FLORES THIES.

El Ilustrísimo Señor Don Jesús Flores Thies, al que tengo la suerte de tener por camarada y amigo, siquiera sea a través de Internet, define en la siguiente carta lo que muchos pensamos acerca de la actitud de la Iglesia española. 

Podría comentar algo, a mi aire, pero lo que mi Coronel dice está perfecto. Aquí lo tienen:

* * * * *
Jesús Flores Thies
Coronel de Artillería-retirado

   Barcelona 16 de Octubre de 2013

   Excmo.Sr. Obispo de Tarragona

  Monseñor:

  He presenciado por televisión la extraordinaria ceremonia de la beatifi-cación de mártires españoles, a los que denominan “del siglo XX”. El siglo XX, al igual que los siglos precedentes y los que vengan, tiene 100 años, y los 522 mártires lo fueron sólo entre los años 1931 y 1939, sólo 8 años de este siglo. De haber sido 522 mártires alemanes beatificados, por ejemplo, en Munich, el gran  panel habría puesto, por supuesto que en alemán: “Mártires víctimas de la persecución nazi. 1939-1945”. Pero España y su Conferencia Episcopal son diferentes.

  También ha habido un poco inteligente implacable servicio de seguridad que por orden del Señor Obispo no permitía ninguna bandera, no ya de Falange o con el águila de San Juan, es que ni siquiera un paraguas (sombrilla) con la bandera de España, paraguas y banderas que habrían inundado la Plaza de San Pedro en Roma de haberse celebrado allí la Beatificación. Es de agradecer que el Legado del Papa leyera un discurso donde al menos se daban datos sobre las causas del martirio, aunque sin citar por su nombre a los culpables, a los que cristianamente hay que perdonar, pero ese perdón no alcanza a las organizaciones criminales a las que pertenecían los asesinos (PCE, ER, PSOE, UGT…). A Satán no se le perdona.

  También se ha echado de menos a los innumerables mártires anónimos (aunque tenían nombre) que fueron asesinados por los de esas siglas por llevar una cadena con una medalla o un crucifijo, por encontrarles unas estampas religiosas, un Sagrado Corazón en sus casas o por haber pertenecido a la Adoración Nocturna. Estos mártires anónimos deberían haber sido recordados ¿Por qué no se hizo? ¿Por miedo? Se sabe que el santo P. Kolpe, polaco, fue asesinado por los nazis en un campo de concentración nazi ¿dónde y por quién fue asesinado, por ejemplo, el P. Poveda? ¿Por qué ese empeño en ocultarlo? Triste cobardía, señor obispo. 

  Pero es que también hubo mártires combatientes, que al caer prisioneros fueron asesinados, algunos torturados previamente, para que renunciaran a su fe. Para estos ni una oración. Nada…. 

 No podemos olvidar a aquellos españoles, muchos de ellos jóvenes falangistas, que durante la guerra por medio del “Socorro Azul”, conseguían introducir en las cárceles de los ya casi mártires, las Sagradas Formas para las misas clandestinas. Una joven falangista de esta organización fue fusilada en Barcelona por los hoy silenciados asesinos. Siempre mujer les dijo: “por favor, no me disparéis a la cara”

  La cobardía de la Conferencia Episcopal quiere mostrar al mundo que esos mártires “del siglo XX” estaban en medio de una guerra entre  azules y rojos y que ellos, sin tener nada que ver con unos y otros, se  llevaron la peor parte.

  Quizá le parezca una falta de respeto esa viñeta. Posiblemente, de haber dejado al Frente Popular que hiciera lo que quisiera sin alzamientos que le impidieran conseguir sus objetivos, después de unos largos años de dominio marxista en España, al caer el muro y recuperar parte de Europa su dignidad, habría vuelto lo religioso a la sociedad española. Pero quizá con otros 1.500 mártires más que la victoria del 1 de abril de 1939 pudo evitar.  

  Y antes de terminar quiero contarle algo personal. Mi padre, que cayó por Dios y por España (no lo dude, por Dios y por España) al mando de una compañía de una Bandera del Tercio, el 20 de mayo de 1937, escribía en una agenda unos meses antes, exactamente en la noche del 31 de diciembre de 1936, desde el sótano del Hospital Clínico, donde le habían llevado sus legionarios con una fiebre de 39 grados: “La tristeza y soledad de esta Noche Vieja se compensa con la idea de que nuestro sacrificio servirá para que nuestros hijos puedan rezar en toda España en voz alta”. ¿Qué le parece? ¿Eran los dos bandos iguales?

  Que Dios les perdone su tibieza, su ingratitud y su cobardía.

   Le saluda respetuosamente.



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