Pero piense el Gobierno que si España se le va de entre las manos, no podrá escudarse tras de una excusable negligencia. Cuando la negligencia llega a ciertos límites y compromete ciertas cosas sagradas, ya se llama traición.

José Antonio Primo de Rivera.
(F.E., núm. 15, 19 de julio de 1934)

jueves, 15 de noviembre de 2012

SOBRE UN MANIFIESTO.

Recibo por correo electrónico el manifiesto que a continuación reproduzco:
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ANTE LA SITUACIÓN DE ESPAÑA
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Como españoles y cuadros de mando de nuestros Ejércitos, conscientes y responsables de nuestra misión, fieles a nuestro deber, consecuentes con el solemne juramento empeñado y unidos solidariamente al Pueblo -aquí representado- perteneciente a diversos ámbitos sociales, pedimos a los españoles que reflexionen sobre lo dispuesto en la vigente Constitución española:

“La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles.” (art. 2)

“Los ciudadanos y los poderes públicos están sujetos a la Constitución y al resto del ordenamiento jurídico.” (Art. 9.1)

“Los españoles son iguales ante la ley…” (Art. 14)

“Todos los españoles tienen los mismos derechos y obligaciones en cualquier parte del territorio del Estado.” (Art. 139.1)

“Si una Comunidad Autónoma no cumpliera las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuara de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquella al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general.” (Art. 155.1)

Ante la pretensión de un sector de la sociedad catalana de proclamar la independencia de la Patria común -iniciándola con un ilegal referéndum- no podemos permanecer como soldados ajenos a tal desafío y solicitamos la adhesión de los españoles para impedir la desmembración de España, participando en el cumplimiento de las obligaciones constitucionales reguladas -para todos- en nuestra Carta Magna:

“Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional.” (Art. 8.1)

“Los españoles tienen el derecho y el deber de defender a España”. (Art. 30.1)

Compatriota, solidarízate.


Apellidos y nombre

Profesión

DNI

Firma


* * * * *

Como quiera que se solicita la firma del mismo, y su difusión, transcribo también las instrucciones que lo acompañan:
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... cubre los datos del manifiesto y, tras firmarlo (rellenar los datos), envíalo directamente a la dirección: santipelayo@hotmail.com

También puedes imprimirlo, firmarlo, digitalizarlo y remitirlo como pdf a la misma dirección.

...Te remito texto de manifiesto ante la grave situación en que se encuentra nuestra Patria. Si estás de acuerdo fírmalo y remítelo a esta dirección en PDF. Es conveniente darle -rápidamente- la máxima difusión posible y distribuirlo también en papel para que se conozca mejor. Cuando se haga público, las firmas aparecerán por orden alfabético.

Por España Una, Grande y Libre

Santiago Pelayo


* * * * *

Quien desee firmarlo y remitirlo a la dirección indicada, puede descargar el manifiesto original en este enlace, para cumplimentarlo y reenviarlo.

martes, 13 de noviembre de 2012

A LOS PASOTAS, COBARDES Y TRAIDORES (Carta del Ilmo. Sr. D. Antonio Tejero Molina).

Está llegando un momento en nuestra Patria, que si no se actúa rápidamente nos encontraremos con una España además de pobre, rota. Y la verdad es que si esperamos contar con la clase política para que lo arregle, va siendo una utopía cada vez mayor.

Desde que murió el Generalísimo Franco, tras regalar el reino de España a Juan Carlos de Borbón, empezó el desastre. Este se inicio ya con Suárez, debido a la paulatina entrega de nuestra herencia a los mangantes que la esperaban para destrozarla; como así lo hicieron, hasta que consiguieron convertir a la novena potencia industrial del mundo en una nación a punto de perder su soberanía, ya que puede que sea intervenida por potencias extranjeras, muchas de las cuales pertenecieron al imperio español, cuando en España nacían hombres de verdad.

Estos individuos, se atrevieron a redactar una constitución donde se cambio nuestro mapa político, construyendo uno a la carta, creando unas llamadas autonomías, precursoras de unos separatismos que son las que ahora nos están anunciando a bombo y platillo sus ansias de independencia, sin que haya la menor reacción contra los que las abanderan.

Continuaron apoderándose de nuestro dinero, de tal forma que nos han dejado más que en la ruina, endeudados hasta los ojos, mientras que ellos han amasado miles de millones; millones que han robado a las clases humildes y a la clase media, y ahora nos obligan a pagar sus latrocinios consentidos, ya que ninguno de estos ladrones ha devuelto ni un céntimo del dinero mal adquirido.

Más tarde quitaron a España su dignidad, ya que en el mundo no pinta nada, se ríen de nosotros, y muchos se alegran de lo que nos sucede. ¡Qué bien lo han preparado nuestros ancestrales enemigos! Todas las democracias abanderan libertades, pero en la española se ha convertido en libertinaje. Hay libertinaje en las calles, en los colegios, en las universidades, en nuestra mal llamada cultura y también en contra de nuestras más hondas creencias históricas y religiosas, hasta tal punto que han despertado en mí y en muchos otros, un sentimiento de envidia hacia los pueblos que defienden su religión, e igualmente hacia los ciudadanos que escuchan con respeto y con la mano en el pecho su himno nacional.

En nuestra Patria, se anuncia que una masiva reunión de mal nacidos vascos y catalanes iban a hacer una pitada en el campo de fútbol mientras sonara nuestro himno nacional, y se les dejó entrar en el campo con los silbatos permitiéndoles que los usaran, hasta ahogar nuestro himno, y lo hacen en presencia del rey y de toda su corte que aguantaron flemáticamente el abucheo; siguió el partido ¡y allí no paso nada! los medios de comunicación llegaron a defender la postura de aquellos energúmenos, invocando una libertad de expresión constitucional ¡de vergüenza!

Este es un problema patrio, y comprendo perfectamente que aquel que sufre con el económico, no tenga ni tiempo, ni ganas de preocuparse de los sueños de independencia de aquellos que dicen no sentirse españoles, y que sin contar con el resto de sus conciudadanos intentan desgajar unilateralmente un trozo de la Patria.

Aquellos a quienes le han quitado lo más esencial de sus vidas, como es el trabajo el pan y la vivienda, en lo único que piensan, mientras esperan en las colas del INEM, en las de cáritas o en el anunciado desalojo de sus casas, es en buscar soluciones para sus vidas y las de sus hijos, además de despotricar contra los causantes de su situación.

Mientras tanto, el gobierno dando recortes y más recortes a las economías más débiles, a fin de sostener con ellos a quienes nos han endeudado de por vida robando y malgastando sin piedad, así como a esos diecisiete gobiernos autonómicos además del central; y lo que es peor, a esos sindicatos para que no tengan apuros económicos a la hora de preparar huelgas generales que tanto ayudan a la nación, y para cerrar esas compensaciones a los partidos políticos que amparados en una nefasta ley electoral son los causantes de muchos de nuestros males.

Me gustaría poder calcular los miles de millones que se ahorrarían, si las dichosas autonomías pasaran a ser solo diputaciones potenciadas, aunque sin cesiones de aquellas competencias que solo deberían pertenecer al Estado, sobre todo la educación, la sanidad y la justicia. Son incontables los paniaguados que viven del cuento autonómico, así como la cantidad de empleos, edificios, embajadas, consultores, vehículos, diputados, dietas, etc... que no sirven en la mayoría de los casos más que para alimentar votantes seguros.

¡No¡ No nos podemos imaginar el chorro de oro que eso cuesta, y que si se redujera a lo que debiera de ser, se acabarían las penurias por las que hemos pasado y pasan los humildes y la clase media; además al haber créditos podría dar trabajo la mediana empresa, que es la base de la nación. También se lograría que acabase la permisividad de que gozan las autonomías. En las escuelas no se inculcaría el odio y el desprecio a todo lo español, que hasta hoy ha sido permitido por los gobernantes. Desgraciadamente, esto tal y como está todo, es un sueño, porque ni el gobierno, ni el rey, como árbitro constitucional, tienen el valor y la equidad necesaria para acabar con este despilfarro económico, así como tampoco lo tienen para ilegalizar a partidos etarras que ya están gobernando en Vascongadas, gracias a la decisión del Tribunal Constitucional, ni con el separatismo vasco y catalán.

Todos los separatistas, creados a base de permisividad gubernamental, estarán viendo con placer como se aplauden mutuamente Arturo Mas y Otegui, que ya tienen encargadas sus coronas de reyes independientes. ¡Ah¡ Juan Carlos tendrá que mandar arreglar la suya achicándola.

Mientras estas cosas ocurrían, Mariano soñaba con Merkel con la tijera en la mano, y el rey de cacería de elefantes o de lo que sea, aunque más bien de lo que sea; y una vez conocida su escapada, ensayando la mejor forma de pedir perdón a los españoles, con cara de niño cogido en falta y prometiendo que no lo haría más... sin comentarios.

Tanto el gobierno, como el rey, la milicia y todos los españoles hemos contemplado durante años y años como, a cambio de unos votos oportunos, cada vez se llevaban más dinero y más competencias los separatistas, y no importaba que estuvieran preparando la independencia, intentando borrar a España, y a todo lo español, de su mapa autonómico… y todos tan contentos. ¿Y ahora que?

Por todo ello, por lo que deberíamos aprender de los izquierdosos. Es un crimen que un puñado de facinerosos se coman nuestro dinero, otros maten a nuestra gente, y se les premie dándoles un gobierno y encima quieran acabar con España; una obra de más de quinientos años y que de ninguna manera pueden disponer de ella, porque no es suya, pertenece a todos los que somos, a los que han sido y a los que serán. Pero aunque parezca mentira, lo están consiguiendo con la complicidad de la mayoría.

Que Dios nos ayude, y que confunda a los pasotas, a los cobardes y a los traidores, que han consentido y consienten el latrocinio, la injusticia, la traición y la desvergüenza en nuestra Patria…..y añado, que si esto es una monarquía parlamentaria, una democracia y un estado de bienestar, quiero borrarme de todo, porque es una puñetera mentira.

¡Viva España ¡


Antonio Tejero Molina.
Teniente Coronel de la Guardia Civil
Expulsado del ejercito por el 23-F.


sábado, 10 de noviembre de 2012

SOBRE CATALUÑA.

Y esta vez sí; así, Cataluña, con todas sus letras.

Porque aquí y ahora, según verá quien lea, no se va a tratar de los hideputas separatistas, de los traidores secesionistas, de los golpistas paletos; se va a tratar, con la máxima elevación intelectual, de la Cataluña eterna.

Por supuesto, no serán mis palabras las que lo hagan, sino las del hombre que -lo dijo Jordi Pujol- mejor ha entendido a Cataluña:
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ESPAÑA ES IRREVOCABLE -

LA UNIDAD DE DESTINO

Nadie podrá reprochamos de estrechez ante el problema catalán. En estas columnas antes que en ningún otro sitio, y, fuera de aquí, por los más autorizados de los nuestros, se ha formulado la tesis de España como unidad de destino. Es decir, aquí no concebimos cicateramente a España como entidad física, como conjunto de atributos nativos (tierra, lengua, raza) en pugna vidriosa con cada hecho nativo local. Aquí no nos burlamos de la bella lengua catalana ni ofendemos con sospechas de mira mercantil los movimientos sentimentales –equivocados gravísimamente, pero sentimentales– de Cataluña. Lo que sostenemos aquí es que nada de eso puede justificar un nacionalismo, porque la nación no es una entidad física individualizada por sus accidentes orográficos, étnicos o lingüísticos, sino una entidad histórica, diferenciada de las demás en lo universal por una propia unidad de destino.

España es la portadora de la unidad de destino, y no ninguno de los pueblos que la integran. España es pues, la nación, y no ninguno de los pueblos que la integran. Cuando esos pueblos se reunieron, hallaron en lo universal la justificación histórica de su propia existencia. Por eso España, el conjunto, fue la nación.


LA IRREVOCABILIDAD DE ESPAÑA

Hace falta que las peores deformaciones se hayan adueñado de las mentes para que personas que se tienen, de buena fe, por patriotas, admitan la posibilidad, dados ciertos requisitos, de la desmembración de España. Unos niegan licitud al separatismo porque suponen que no cuenta con la aquiescencia de la mayoría de los catalanes. Otros afirman que no es admisible una situación semiseparatista, sino que hay que optar –¡qué optar!– entre la solidaridad completa o la independencia. “O hermanos o extranjeros”, dice “ABC”, y aún afirma recibir centenares de telegramas que le felicitan por decirlo. Es prodigioso –y espeluznante– que periódico como “ABC”, en el que la menor tibieza antiespañola no ha tenido jamás asilo, piense que cumple con su deber al acuñar semejante blasfemia: “Hermanos o extranjeros”; es decir, hay una opción: se puede ser una de las dos cosas. ¡No! La elección de la extranjería es absolutamente ilícita, pase lo que pase, renuncien o no renuncien al arancel, quiéranlo pocos catalanes, muchos o todos. Más aún terminantemente: aunque todos los españoles estuvieran conformes en convertir a Cataluña en país extranjero, seria el hacerlo un crimen merecedor de la cólera celeste.

España es irrevocable. Los españoles podrán decidir acerca de cosas secundarias; pero acerca de la esencia misma de España no tienen nada que decidir. España no es nuestra, como objeto patrimonial; nuestra generación no es dueña absoluta de España; la ha recibido del esfuerzo de Generaciones y generaciones anteriores, y ha de entregarla, como depósito sagrado, a las que la sucedan. Si aprovechara este momento de su paso por la continuidad de los siglos para dividir a España en pedazos, nuestra generación cometería para con las siguientes el más abusivo fraude, la más alevosa traición que es posible imaginar.

Las naciones no son contratos, rescindibles por la voluntad de quienes los otorgan: son fundaciones, con sustantividad propia, no dependientes de la voluntad de pocos ni muchos.


MAYORÍA DE EDAD

Algunos han formulado la siguiente doctrina respecto de los Estatutos regionales: no se puede dar un Estatuto a una región mientras no es mayor de edad. El ser mayor de edad se le nota en los indicios de haber adquirido una convicción suficientemente fuerte de su personalidad propia.

He aquí otra monstruosidad ideológica: se debe, con arreglo a esa teoría, conceder su Estatuto a una región –es decir, aflojar los resortes de la vigilancia unitaria– cuando esa región ha adquirido suficiente conciencia de sí misma; es decir, cuando se siente suficientemente desligada de la personalidad del conjunto. No es fácil, tampoco ahora, concebir más grave aberración. También corre prisa perfilar una tesis acerca de qué es la mayoría de edad regional acerca de cuándo deja de ser lícito conceder a una región su Estatuto.

Y esa mayoría de edad se nota, cabalmente, en lo contrario de la afirmación de la personalidad propia. Una región es mayor de edad cuando ha adquirido tan fuertemente la conciencia de su unidad de destino en la patria común, que esa unidad ya no corre ningún riesgo por el hecho de que se aflojen las ligaduras administrativas.

Cuando la conciencia de la unidad de destino ha penetrado hasta el fondo del alma de una región, ya no hay peligro en darle Estatuto de autonomía. La región andaluza, la región leonesa, pueden gozar de regímenes autónomos, en la seguridad de que ninguna solapada intención se propone aprovechar las ventajas del Estatuto para maquinar contra la integridad de España. Pero entregar Estatutos a regiones minadas de separatismo; multiplicar con los instrumentos del Estatuto las fuerzas operantes contra la unidad de España; dimitir la función estatal de vigilar sin descanso el desarrollo de toda la tendencia a la secesión es, ni más ni menos, un crimen.


SÍNTOMAS

Todos los síntomas confirman nuestra tesis. Cataluña autónoma asiste al crecimiento de un separatismo que nadie refrena: el Estado, porque se ha inhibido de la vida catalana en las funciones primordiales: la formación espiritual de las generaciones nuevas, el orden público, la administración de justicia.... y la Generalidad, porque esa tendencia separatista, lejos de repugnarle, le resulta sumamente simpática.

Así, el germen destructor de España, de esta unidad de España lograda tan difícilmente, crece a sus anchas. Es como un incendio para cuya voracidad no sólo se ha acumulado combustible, sino que se ha trazado a los bomberos una barrera que les impide intervenir. ¿Qué quedará, en muy pocos años, de lo que fue bella arquitectura de España?

¡Y mientras tanto, a nosotros, a los que queremos salir por los confines de España gritando estas cosas, denunciando estas cosas, se nos encarcela, se nos cierran los centros, se nos impide la propaganda! Y la insolencia separatista crece. Y el Gobierno busca fórmulas jurídicas. Pero piense el Gobierno que si España se le va de entre las manos, no podrá escudarse tras de una excusable negligencia. Cuando la negligencia llega a ciertos límites y compromete ciertas cosas sagradas, ya se llama traición.

José Antonio Primo de Rivera.(F.E., núm. 15, 19 de julio de 1934)

jueves, 8 de noviembre de 2012

SOBRE EL RECHAZO DEL SEÑOR MINISTRO.

En este caso, el del Interior, don Jorge Fernández Díaz, que -lo contaba ayer La Gaceta- sigue creyendo que el matrimonio es entre hombre y mujer, por mucho que diga la reciente sentencia del Tribunal Constitucional.

En lo cual, obviamente, el señor ministro anda acertado, no sólo por la tradición de siglos, sino por la definición de la Real Academia de la Lengua (la actual, porque para la edición futura los señores académicos ya se han unido a la farsa); por la más abrumadora mayoría democrática -sólo once países tergiversan la naturaleza legalizando como matrimonio el arrejunte homosexual- y, lo que es más importante con arreglo al derecho, por la literalidad del artículo 32 de la Constitución. Ese mismo artículo que el Tribunal Constitucional retuerce para adaptarse a la modernidad pijoprogre.

Pero lo más importante de las declaraciones del señor ministro del Interior es lo que no dijo: la fecha en que presentará su dimisión, si es cierto que no está conforme con la aberración que su colega Ruiz Gallardón se propone perpetuar, y su Presidente del Gobierno tolerar.
 

lunes, 5 de noviembre de 2012

SOBRE LA ADVERTENCIA DEL MINISTRO MORENES.

Ministro de Defensa, como acaso sepa algún estudioso de la política actual, que -según Minuto Digital- podría haber advertido “la preocupación del Ejército por lo grave del desafío catalán”.

Aquí hay, evidentemente, un error de concepto, no se si achacable al señor ministro o al periódico: el desafío no es catalán, sino separatista; y no debe olvidarse, porque hacerlo es caer en un separatismo de sentido contrario.

Por lo demás, de lo que debe ser consciente -no el Ejército, sino el ministro que lo administra y el Presidente del Gobierno que lo manda- no es del "desafío", sino de la legalidad vigente y de la legitimidad histórica.

Y sobre todo, debe ser consciente de que el señor Mas se ofrece dispuesto -véase Minuto Digital- a tirar los pies por alto a cualquier precio: “El proceso hacia un estado propio no será detenido por tribunales ni constituciones”

Pues, señor Morenés, señor Rajoy, a buen entendedor con esa afirmación basta: ni tribunales ni constituciones; luego la única solución ante la que el separatismo no se engalla está clara. Y, además, es –artículo 8º- constitucional.

Me gustaría añadir lo que afirmaba el maestro Rafael García Serrano, sobre que la rapidez es una virtud que demuestra seguridad y elegancia; pero temo que ustedes, señores del Gobierno, no lo iban a entender.

viernes, 2 de noviembre de 2012

SOBRE LA MORTALIDAD ABORTISTA.

Mortalidad materna por abortar de forma clandestina e insegura, de la que la OMS ha advertido al ministro Ruiz Gallardón, según cuenta Público.

Según parece, la OMS -que en sus siglas equivale a Organización Mundial de la Salud- se teme que lo que considera restricciones al aborto en la nueva Ley que prepara el ministro de Justicia español se traduzca en abortos clandestinos o inseguros para -según las feministas- las mujeres que no puedan viajar. Cosa que -si no tratáramos de asesinatos- sería para jartarse de reír, cuando hoy en día no hay mujer, jovencita o niñata, que no esté harta de pasar por los vuelos de bajo coste. Amén de por otros muchos sitios, ya ustedes me entienden.

También sería para echarse a reír lo de que una organización dedicada a la Salud se preocupe porque se pueda asesinar con seguridad. Y no menos risible es que hable de mortalidad materna, cuando de lo que se trata es de que la hembra en cuestión no quiere, precisamente, ser madre.

Pero el tema de la seguridad da para mucho. Porque, si hacemos una traslación sencilla, yo quiero que la ley me garantice también seguridad. Y como por razones evidentes no puedo ser madre, quiero que mi derecho a decidir se aplique a lo que sí me resulta posible.

Por lo tanto, exijo que la Ley me de seguridad a la hora de disparar, sin restricciones, a cualquier bicho -o bicha- que haya cometido un asesinato.

Las abortistas, por ejemplo.
 
 

martes, 30 de octubre de 2012

SOBRE DIALOGO Y LEY, CON UN RAJOY AL FONDO.

Según cuenta El Mundo, don Mariano Rajoy ha asegurado que la situación actual con Cataluña se va a superar desde el diálogo y la Ley, que es donde están, dijo, los demócratas, la gente sensata y con sentido común.

Con estas palabras, el señor Rajoy habrá satisfecho a los quiero y no puedo, los tibios y los cobardes de su partido. Habrá extasiado de puro gozo a los flojeras, a los de tripa suelta, a los tontos cum laude y a los cabrones con pintas. Habrá enloquecido de placer a los moderaditos, los acomodaticios, los liberaloides sin gallardía y los derechistas sin vergüenza.

A mi, como soy falangista y no necesito camuflarme-, las palabras del señor Rajoy me parecen -amén de una gilipollez de las que le son tan propias- una contradicción en sus términos.

Porque -precisamente en una Democracia, en un Estado de Derecho del tipo que sea- lo que debe primar sobre cualquier consideración es el respeto a la Ley. Siendo así, ¿de qué hay que dialogar?, La Ley se cumple, y punto. Si la Ley no sirve, no es buena, no convence ni satisface, se deroga o se modifica de acuerdo con las normas que determinan el proceso. Pero mientras esté vigente, se cumple.

Y si las leyes vigentes -la Constitución, por ejemplo; que es una mierda, pero es lo que hay- determinan que las Fuerzas Armadas salvaguardarán la unidad nacional y la integridad territorial de España, no cabe diálogo. Sólo cabe -en un gesto de buena voluntad, de condescendencia, casi de pacifismo- permitir al señor Mas y sus cómplices que canten la gallina, que pidan perdón -por televisión y en directo- por su incitación a la sedición y que -si muestran arrepentimiento y buena conducta- el juez les avíe con la inhabilitación a perpetuidad para cargo público.

Cuando la Constitución dice lo que dice en su artículo 1 -la soberanía reside en el pueblo español-; en su artículo 2 -indisoluble unidad de la Nación española-; su artículo 8 -las FAS son garantes de la integridad territorial de España-; en su artículo 14 -no discriminación-; en su artículo 30 -derecho y deber de los españoles de defender a España-; en su artículo 92 -condiciones para la convocatoria de referéndum-; en el Capítulo 1º del Título VIII -organización territorial del Estado-; artículo 149, 1, 32 -competencia exclusiva del Estado para convocar referéndum-; y, finalmente, en su artículo 155 -meter en vereda a las autonomías que vulneren la ley-; cuando la Constitución, señor Rajoy, dice todo esto, ¿de qué quiere usted dialogar?

Cuando, además, el Código Penal, -artículo 472, 5- considera delito de rebelión la declaración de independencia de una parte del territorio nacional, y condena -artículo 506- con pena de prisión de uno a tres años, y de inhabilitación para cargo público de seis a doce años a la autoridad que dictare disposiciones careciendo de atribuciones para ello, ¿qué coño tiene usted que dialogar, señor Rajoy?

SOBRE LA REPRESION DE MINTEGI.

La señora Mintegi -que digo yo que en español será Mintegui, pero bueno, así lo escribe El Mundo-, es la filoetarra de EH-Bildu que dentro de unos días gobernará, bajo la sombra protectora del PNV, en Vascongadas.

Esta señora -o lo que sea, que vaya usted a saber, aunque yo si que lo sé- se ha quejado amargamente por la detención de unos etarras en Francia, afirmando que no puede aplaudir una operación de represión y  que el Gobierno español no sabe lo que significa un proceso de paz, no tiene ni idea.

En fin, señora Mintegi: se nota que a usted se le han subido las nueces que anunciara el padre Arzallus; esas que sus compinches de ETA han conseguido sacudiendo el árbol. Porque, en primer lugar, la detención ha tenido lugar, como queda dicho, en Francia, así es que no cabe acusar al Gobierno español de nada. Quéjese usted a Francia, y verá lo que le responden, porque los franceses son gente seria en sus cosas, y siguen luchando contra el crimen organizado etarra, gracias a Dios y a que saben lo que es un Estado de Derecho, algo que en España desconocemos desde hace demasiado tiempo.

Con respecto a si el Gobierno español sabe lo que significa un proceso de paz, déjeme recordarle -o no me deje, que me da lo mismo- que la criminal detenida controlaba armas y explosivos, según informa El País.

¿No le parece que quien no sabe lo que es un proceso de paz es quien tiene en el armario armamento y explosivos, señora Mintegui?
 

lunes, 29 de octubre de 2012

SOBRE LA MÁXIMA ACTUALIDAD: 29 DE OCTUBRE

Hoy es 29 de Octubre, fecha que probablemente a muchos no les diga nada. Pero, incluso a los que esta fecha no les diga nada, tal día como este de 1933 se les ofreció una forma distinta -mejor- de entender la vida, de entender la convivencia y de entender la Patria.

Me dirán -acaso- que aquello es Historia, que está pasada, que los tiempos han cambiado y que recordar fechas de hace casi ocho décadas es pura nostalgia.

Eso me dirán los que no hayan leído lo que aquél día se dijo. Y para que tengan ocasión de comprobarlo, aquí les dejo con el discurso fundacional de la Falange, prounciado por José Antonio Primo de Rivera el 29 de Octubre de 1933.

Luego me dicen si no resulta de la máxima actualidad.

* * * * *

Nada de un párrafo de gracias. Escuetamente, gracias, como corresponde al laconismo militar de nuestro estilo.

Cuando, en marzo de 1762, un hombre nefasto, que se llamaba Juan Jacobo Rousseau, publicó El contrato social, dejó de ser la verdad política una entidad permanente. Antes, en otras épocas más profundas, los Estados, que eran ejecutores de misiones históricas, tenían inscritas sobre sus frentes, y aun sobre los astros, la justicia y la verdad. Juan Jacobo Rousseau vino a decirnos que la justicia y la verdad no eran categorías permanentes de razón, sino que eran, en cada instante, decisiones de voluntad.

Juan Jacobo Rousseau suponía que el conjunto de los que vivimos en un pueblo tiene un alma superior, de jerarquía diferente a cada una de nuestras almas, y que ese yo superior está dotado de una voluntad infalible, capaz de definir en cada instante lo justo y lo injusto, el bien y el mal. Y como esa voluntad colectiva, esa voluntad soberana, sólo se expresa por medio del sufragio –conjetura de los más que triunfa sobre la de los menos en la adivinación de la voluntad superior–, venía a resultar que el sufragio, esa farsa de las papeletas entradas en una urna de cristal, tenía la virtud de decirnos en cada instante si Dios existía o no existía, si la verdad era la verdad o no era la verdad, si la Patria debía permanecer o si era mejor que, en un momento, se suicidase.

Como el Estado liberal fue un servidor de esa doctrina, vino a constituirse no ya en el ejecutor resuelto de los destinos patrios, sino en el espectador de las luchas electorales. Para el Estado liberal sólo era lo importante que en las mesas de votación hubiera sentado un determinado número de señores; que las elecciones empezaran a las ocho y acabaran a las cuatro; que no se rompieran las urnas. Cuando el ser rotas es el más noble destino de todas las urnas. Después, a respetar tranquilamente lo que de las urnas saliera, como si a él no le importase nada. Es decir, que los gobernantes liberales no creían ni siquiera en su misión propia; no creían que ellos mismos estuviesen allí cumpliendo un respetable deber, sino que todo el que pensara lo contrario y se propusiera asaltar el Estado, por las buenas o por las malas, tenía igual derecho a decirlo y a intentarlo que los guardianes del Estado mismo a defenderlo.

De ahí vino el sistema democrático, que es, en primer lugar, el más ruinoso sistema de derroche de energías. Un hombre dotado para la altísima función de gobernar, que es tal vez la más noble de las funciones humanas, tenía que dedicar el ochenta, el noventa o el noventa y cinco por ciento de su energía a sustanciar reclamaciones formularias, a hacer propaganda electoral, a dormitar en los escaños del Congreso, a adular a los electores, a aguantar sus impertinencias, porque de los electores iba a recibir el Poder; a soportar humillaciones y vejámenes de los que, precisamente por la función casi divina de gobernar, estaban llamados a obedecerle; y si, después de todo eso, le quedaba un sobrante de algunas horas en la madrugada, o de algunos minutos robados a un descanso intranquilo, en ese mínimo sobrante es cuando el hombre dotado para gobernar podía pensar seriamente en las funciones sustantivas de Gobierno.

Vino después la pérdida de la unidad espiritual de los pueblos, porque como el sistema funcionaba sobre el logro de las mayorías, todo aquel que aspiraba a ganar el sistema, tenía que procurarse la mayoría de los sufragios. Y tenía que procurárselos robándolos, si era preciso, a los otros partidos, y para ello no tenía que vacilar en calumniarlos, en verter sobre ellos las peores injurias, en faltar deliberadamente a la verdad, en no desperdiciar un solo resorte de mentira y de envilecimiento. Y así, siendo la fraternidad uno de los postulados que el Estado liberal nos mostraba en su frontispicio, no hubo nunca situación de vida colectiva donde los hombres injuriados, enemigos unos de otros, se sintieran menos hermanos que en la vida turbulenta y desagradable del Estado liberal.

Y, por último, el Estado liberal vino a depararnos la esclavitud económica, porque a los obreros, con trágico sarcasmo, se les decía: "Sois libres de trabajar lo que queráis; nadie puede compeleros a que aceptéis unas u otras condiciones; ahora bien: como nosotros somos los ricos, os ofrecemos las condiciones que nos parecen; vosotros, ciudadanos libres, si no queréis, no estáis obligados a aceptarlas; pero vosotros, ciudadanos pobres, si no aceptáis las condiciones que nosotros os impongamos, moriréis de hambre, rodeados de la máxima dignidad liberal". Y así veríais cómo en los países donde se ha llegado a tener Parlamentos más brillantes e instituciones democráticas más finas, no teníais más que separamos unos cientos de metros de los barrios lujosos para encontramos con tugurios infectos donde vivían hacinados los obreros y sus familias, en un límite de decoro casi infrahumano. Y os encontraríais trabajadores de los campos que de sol a sol se doblaban sobre la tierra, abrasadas las costillas, y que ganaban en todo el año, gracias al libre juego de la economía liberal, setenta u ochenta jornales de tres pesetas.

Por eso tuvo que nacer, y fue justo su nacimiento (nosotros no recatamos ninguna verdad), el socialismo. Los obreros tuvieron que defenderse contra aquel sistema, que sólo les daba promesas de derechos, pero no se cuidaba de proporcionarles una vida justa.

Ahora, que el socialismo, que fue una reacción legítima contra aquella esclavitud liberal, vino a descarriarse, porque dio, primero, en la interpretación materialista de la vida y de la Historia; segundo, en un sentido de represalia; tercero, en una proclamación del dogma de la lucha de clases.

El socialismo, sobre todo el socialismo que construyeron, impasibles en la frialdad de sus gabinetes, los apóstoles socialistas, en quienes creen los pobres obreros, y que ya nos ha descubierto tal como eran Alfonso García Valdecasas; el socialismo así entendido, no ve en la Historia sino un juego de resortes económicos: lo espiritual se suprime; la Religión es un opio del pueblo; la Patria es un mito para explotar a los desgraciados. Todo eso dice el socialismo. No hay más que producción, organización económica. Así es que los obreros tienen que estrujar bien sus almas para que no quede dentro de ellas la menor gota de espiritualidad.

No aspira el socialismo a restablecer una justicia social rota por el mal funcionamiento de los Estados liberales, sino que aspira a la represalia; aspira a llegar en la injusticia a tantos grados más allá cuantos más acá llegaran en la injusticia los sistemas liberales.

Por último, el socialismo proclama el dogma monstruoso de la lucha de clases; proclama el dogma de que las luchas entre las clases son indispensables, y se producen naturalmente en la vida, porque no puede haber nunca nada que las aplaque. Y el socialismo, que vino a ser una crítica justa del liberalismo económico, nos trajo, por otro camino, lo mismo que el liberalismo económico: la disgregación, el odio, la separación, el olvido de todo vínculo de hermandad y de solidaridad entre los hombres.

Así resulta que cuando nosotros, los hombres de nuestra generación, abrimos los ojos, nos encontramos con un mundo en ruina moral, un mundo escindido en toda suerte de diferencias; y por lo que nos toca de cerca, nos encontramos en una España en ruina moral, una España dividida por todos los odios y por todas las pugnas. Y así, nosotros hemos tenido que llorar en el fondo de nuestra alma cuando recorríamos los pueblos de esa España maravillosa, esos pueblos en donde todavía, bajo la capa más humilde, se descubren gentes dotadas de una elegancia rústica que no tienen un gesto excesivo ni una palabra ociosa, gentes que viven sobre una tierra seca en apariencia, con sequedad exterior, pero que nos asombra con la fecundidad que estalla en el triunfo de los pámpanos y los trigos. Cuando recorríamos esas tierras y veíamos esas gentes, y las sabíamos torturadas por pequeños caciques, olvidadas por todos los grupos, divididas, envenenadas por predicaciones tortuosas, teníamos que pensar de todo ese pueblo lo que él mismo cantaba del Cid al verle errar por campos de Castilla, desterrado de Burgos:

¡Dios, qué buen vasallo si oviera buen señor!

Eso vinimos a encontrar nosotros en el movimiento que empieza en ese día: ese legítimo soñar de España; pero un señor como el de San Francisco de Borja, un señor que no se nos muera. Y para que no se nos muera, ha de ser un señor que no sea, al propio tiempo, esclavo de un interés de grupo ni de un interés de clase.

El movimiento de hoy, que no es de partido, sino que es un movimiento, casi podríamos decir un antipartido, sépase desde ahora, no es de derechas ni de izquierdas. Porque en el fondo, la derecha es la aspiración a mantener una organización económica, aunque sea injusta, y la izquierda es, en el fondo, el deseo de subvertir una organización económica, aunque al subvertiría se arrastren muchas cosas buenas. Luego, esto se decora en unos y otros con una serie de consideraciones espirituales. Sepan todos los que nos escuchan de buena fe que estas consideraciones espirituales caben todas en nuestro movimiento; pero que nuestro movimiento por nada atará sus destinos al interés de grupo o al interés de clase que anida bajo la división superficial de derechas e izquierdas.

La Patria es una unidad total, en que se integran todos los individuos y todas las clases; la Patria no puede estar en manos de la clase más fuerte ni del partido mejor organizado. La Patria es una síntesis trascendente, una síntesis indivisible, con fines propios que cumplir; y nosotros lo que queremos es que el movimiento de este día, y el Estado que cree, sea el instrumento eficaz, autoritario, al servicio de una unidad indiscutible, de esa unidad permanente, de esa unidad irrevocable que se llama Patria.

Y con eso ya tenemos todo el motor de nuestros actos futuros y de nuestra conducta presente, porque nosotros seríamos un partido más si viniéramos a enunciar un programa de soluciones concretas. Tales programas tienen la ventaja de que nunca se cumplen. En cambio, cuando se tiene un sentido permanente ante la Historia y ante la vida, ese propio sentido nos da las soluciones ante lo concreto, como el amor nos dice en qué caso debemos reñir y en qué caso nos debemos abrazar, sin que un verdadero amor tenga hecho un mínimo programa de abrazos y de riñas.

He aquí lo que exige nuestro sentido total de la Patria y del Estado que ha de servirla.

Que todos los pueblos de España, por diversos que sean, se sientan armonizados en una irrevocable unidad de destino.

Que desaparezcan los partidos políticos. Nadie ha nacido nunca miembro de un partido político; en cambio, nacemos todos miembros de una familia; somos todos vecinos de un Municipio; nos afanamos todos en el ejercicio de un trabajo. Pues si ésas son nuestras unidades naturales, si la familia y el Municipio y la corporación es en lo que de veras vivimos, ¿para qué necesitamos el instrumento intermediario y pernicioso de los partidos políticos, que, para unimos en grupos artificiales, empiezan por desunimos en nuestras realidades auténticas?

Queremos menos palabrería liberal y más respeto a la libertad profunda del hombre. Porque sólo se respeta la libertad del hombre cuando se le estima, como nosotros le estimamos, portador de valores eternos; cuando se le estima envoltura corporal de un alma que es capaz de condenarse y de salvarse. Sólo cuando al hombre se le considera así, se puede decir que se respeta de veras su libertad, y más todavía si esa libertad se conjuga, como nosotros pretendemos, en un sistema de autoridad, de jerarquía y de orden.

Queremos que todos se sientan miembros de una comunidad seria y completa; es decir, que las funciones a realizar son muchas: unos, con el trabajo manual; otros, con el trabajo del espíritu; algunos, con un magisterio de costumbres y refinamientos. Pero que en una comunidad tal como la que nosotros apetecernos, sépase desde ahora, no debe haber convidados ni debe haber zánganos.

Queremos que no se canten derechos individuales de los que no pueden cumplirse nunca en casa de los famélicos, sino que se dé a todo hombre, a todo miembro de la comunidad política, por el hecho de serlo, la manera de ganarse con su trabajo una vida humana, justa y digna.

Queremos que el espíritu religioso, clave de los mejores arcos de nuestra Historia, sea respetado y amparado como merece, sin que por eso el Estado se inmiscuya en funciones que no le son propias ni comparta –como lo hacía, tal vez por otros intereses que los de la verdadera Religión– funciones que sí le corresponde realizar por sí mismo.

Queremos que España recobre resueltamente el sentido universal de su cultura y de su Historia.

Y queremos, por último, que si esto ha de lograrse en algún caso por la violencia, no nos detengamos ante la violencia. Porque, ¿quién ha dicho –al hablar de "todo menos la violencia"– que la suprema jerarquía de los valores morales reside en la amabilidad? ¿Quién ha dicho que cuando insultan nuestros sentimientos, antes que reaccionar como hombres, estamos obligados a ser amables? Bien está, sí, la dialéctica como primer instrumento de comunicación. Pero no hay más dialéctica admisible que la dialéctica de los puños y de las pistolas cuando se ofende a la justicia o a la Patria.

Esto es lo que pensamos nosotros del Estado futuro que hemos de afanamos en edificar.

Pero nuestro movimiento no estaría del todo entendido si se creyera que es una manera de pensar tan sólo; no es una manera de pensar: es una manera de ser. No debemos proponemos sólo la construcción, la arquitectura política. Tenemos que adoptar, ante la vida entera, en cada uno de nuestros actos, una actitud humana, profunda y completa. Esta actitud es el espíritu de servicio y de sacrificio, el sentido ascético y militar de la vida. Así, pues, no imagine nadie que aquí se recluta para ofrecer prebendas; no imagine nadie que aquí nos reunimos para defender privilegios. Yo quisiera que este micrófono que tengo delante llevara mi voz hasta los últimos rincones de los hogares obreros, para decirles: sí, nosotros llevamos corbata; sí, de nosotros podéis decir que somos señoritos. Pero traemos el espíritu de lucha precisamente por aquello que no nos interesa como señoritos; venimos a luchar porque a muchos de nuestras clases se les impongan sacrificios duros y justos, y venimos a luchar porque un Estado totalitario alcance con sus bienes lo mismo a los poderosos que a los humildes. Y así somos, porque así lo fueron siempre en la Historia los señoritos de España. Así lograron alcanzar la jerarquía verdadera de señores, porque en tierras lejanas, y en nuestra Patria misma, supieron arrostrar la muerte y cargar con las misiones más duras, por aquello que precisamente, como a tales señoritos, no les importaba nada.

Yo creo que está alzada la bandera. Ahora vamos a defenderla alegremente, poéticamente. Porque hay algunos que frente a la marcha de la revolución creen que para aunar voluntades conviene ofrecer las soluciones más tibias; creen que se debe ocultar en la propaganda todo lo que pueda despertar una emoción o señalar una actitud enérgica y extrema. ¡Qué equivocación! A los pueblos no los han movido nunca más que los poetas, y ¡ay del que no sepa levantar, frente a la poesía que destruye, la poesía que promete!

En un movimiento poético, nosotros levantaremos este fervoroso afán de España; nosotros nos sacrificaremos; nosotros renunciaremos, y de nosotros será el triunfo, triunfo que –¿para qué os lo voy a decir?– no vamos a lograr en las elecciones próximas. En estas elecciones votad lo que os parezca menos malo. Pero no saldrá de ahí nuestra España, ni está ahí nuestro marco. Esa es una atmósfera turbia, ya cansada, como de taberna al final de una noche crapulosa. No está ahí nuestro sitio. Yo creo, sí, que soy candidato; pero lo soy sin fe y sin respeto. Y esto lo digo ahora, cuando ello puede hacer que se me retraigan todos los votos. No me importa nada. Nosotros no vamos a ir a disputar a los habituales los restos desabridos de un banquete sucio. Nuestro sitio está fuera, aunque tal vez transitemos, de paso, por el otro. Nuestro sitio está al aire libre, bajo la noche clara, arma al brazo, y en lo alto, las estrellas. Que sigan los demás con sus festines. Nosotros fuera, en vigilancia tensa, fervorosa y segura, ya presentimos el amanecer en la alegría de nuestras entrañas.

José Antonio Primo de Rivera
(29 Octubre 1933)

Emblema por gentileza de ARTURO ROBSY.

miércoles, 24 de octubre de 2012

SOBRE LAS DUPLICIDADES ABSURDAS.

Duplicidades que el gobiernillo autónomo catalán dice haber descubierto con respecto a lo que para ellos es el Estado; o sea, el Gobierno de España, para el resto del ancho mundo.

Según ha revelado -véanlo en El Mundo- un tal señor Homs, vocero -y voceras- del gobiernillo autonómico, un estudio del Institut d'Estudis Autonòmic, dice que la Generalidad de Cataluña es una mera gestoría administrativa. En lo cual, tanto los sesudos estudiosos autonómicos de ese Instituto, como el señor Homs, como el señor Mas, aciertan de pleno. Porque la Generalidad es un órgano administrativo del Estado Español, y sus mandamases simples funcionarios interinos de la Administración General.

Por otra parte, también tienen razón en lo de las duplicidades absurdas. Lo que ya no está tan claro, es que eso haga evidente que hemos de ir hacia el Estado propio. Porque lo que indica es que, si hay duplicidad de funciones, el órgano inferior sobra. Es decir: lo que hay que quitar es la autonomía.

lunes, 22 de octubre de 2012

ANIVERSARIO - Luis Tapia Aguirrebengoa.

Se cumple el aniversario del fallecimiento de mi camarada Luis Tapia Aguirrebengoa, amigo, maestro, guía y ejemplo para cuantos tuvimos la fortuna de conocerlo. Y se cumple, precisamente, en estos momentos en que la unidad de España está más a punto de perecer que nunca hasta ahora.

Sin embargo –pese a los aspavientos de periodistas, tertulianos, políticos y fauna diversa- nada de esto es nuevo. Lo que ocurre hoy, lo que ocurrirá mañana, ya fue dicho y escrito por quienes venteaban el aire del futuro, precisamente por conocer la Historia.

Hace 22 años -en el Nº 10 de EJE, Marzo de 1990-, mi Coronel Luis Tapia Aguirrebengoa lo avisaba así:




* * * * *

AUTODETERMINACIÓN, IMPOSIBLE

por Luis TAPIA AGUIRREBENGOA

Dice el punto primero de la Síntesis Ideológica y Programática de Juntas Españolas que España es una unidad histórica irrevocable. Y que, en cuanto entraña una grave contradicción, propugnamos la revisión del artículo 2- y la supresión del Título VIII de la vigente Constitución española, que admite el término nacionalidades referido a las comunidades regionales, puesto que no existe en nuestro territorio más nación que España, síntesis de peculiaridades regionales, culturales e idiomáticas que es preciso respetar, descentralizando al máximo la organización administrativa del Estado, con un único e insoslayable límite: la soberanía nacional reside únicamente en el estado de la nación española, y cualquier traspaso de competencias de este a las autonomías habrá de ser revocado y derogado a tocios los efectos.

Se trata de una profesión de amor a España y de una declaración de propósitos que podrían ser asumidas por cualquier partido u organización política que no contenga en su ideario el virus separatista. La Constitución debe ser reformada sin tardanza para arrancar de su texto cuanto respalde cualquier veleidad nacionalista.

Así sucede que casi desde los comienzos de la instauración democrática, y más aún en las últimas semanas, la autodeterminación se ha convertido en un tema muy delicado que ha originado enfrentamientos dialécticos y puede ser causa de graves tensiones. Todo comenzó en esta última fase con una desdichada sesión del Parlamento catalán, seguida por una iniciativa nacionalista vasca en la que se proclama que el pueblo euskaldún tiene derecho a la autodeterminación, haciendo alusión al autogobierno, aunque se omita, púdicamente, el término independencia, que ha estado en la mente de todos ellos, desde que Sabino Arana, en las postrimerías del siglo XIX, enarboló la bandera de la secesión.

Hay quienes se extrañan cuando, ante tan intolerable pretensión, nos escandalizamos los que, desde las entrañas, nos nace el amor a España. Y los mas extrañados, por lo que hemos oído y leído, son quienes creen que todo es posible dentro de la legalidad de un estado democrático, incluso la separación de una región o territorio, por el simple ejercicio del voto popular.

Siempre resultó inquietante jugar con el término, que, con el actual o parecido enunciado, nació cuando el romanticismo abrió en el siglo pasado la caja de Pandora de los nacionalismos, y aún ahora, en las postrimerías del siglo XX y del milenio, resulta extraño y confuso su significado. ¿Qué es autodeterminación? ¿Que pretenden sus partidarios? Mal que les pese a algunos, autodeterminación es secesión o independencia, y los que la exigen abogan por un Estado propio, escalando estadios autonómicos intermedios de autogobierno, representados por los modelos autonómico, de autonomía profunda, que es a la que aspiran ahora los nacionalistas vascos y catalanes, federal, en el sentido disgregador no unificador, y confederal, hasta recibir el último impulso que lleve a la separación total. Puede ser que aún se tarden años, diez, quince, una generación, pero siguiendo el actual camino vamos derechos hacia la disgregación nacional, cuando Europa y el mundo marchan en la dirección contraria, la del abatimiento de muros separadores y barreras fronterizas, creando superestados que conservan las variedades y peculiaridades de las naciones que los constituyen.

No nos quepa la menor duda, los nacionalistas españoles, sólo pretenden romper España, aquejados de la enfermedad del cantonalismo v el enfrentamiento, a la que tan propicia es nuestra individualista sociedad.

Nosotros, los hombres y mujeres de Juntas Españolas no comprendemos como aún quedan quienes creen que todo se reduce a una mera y beneficiosa descentralización administrativa, de la que somos partidarios, cuando los propósitos separatistas se presentan tan claros. El derecho a la autodeterminación -ha dicho un portavoz nacionalista- es la opción a constituirse, por propia y libre decisión, en estado independiente, o a separarse del territorio de un estado por elección mayoritaria de la población. Aunque, como antes se ha dicho, puede ser que todavía no esté el fruto suficientemente maduro, y que el desenlace sea a plazo medio. A este respecto, Arzallus cifraba en una generación el tiempo que podían aguardar para alcanzar la independencia. Mientras tanto, continuarán las presiones, las escaramuzas dialécticas, la petición de más libertades políticas, la escalada en el campo de las transferencias, pues mucho es lo alcanzado hasta ahora, pero aún quedan importantes aspiraciones que arrancar al débil estado español. He aquí algunas: en Cataluña, la catalanización lingüística, la reorganización territorial y la asunción de competencias y despliegue de los Mossos d'Esquadra; en el País Vasco, el despliegue de la Ertzaintza, simultáneo al repliegue de las fuerzas de seguridad del Estado, la transferencia de medios y facultades de la administración de justicia, la sustitución de la escuela pública estatal por la escuela publica vasca, y, a más largo plazo, la creación de un ejército vasco, con mandos autóctonos, para caso de una invasión extranjera (¿la española?) y la autorización de un banco nacional vasco. Y no piensen que éstas son exageraciones, que no somos dados a ellas, se trata de una denuncia formulada en la prensa de Bilbao, por Adolfo Careaga, ex diputado a Cortes.

Semejantes pretensiones son como querer forzar las leyes y el sentido de la Historia, pues ni el País Vasco ni Cataluña fueron nunca independientes, y la autodeterminación no aparece como fórmula política en la Constitución, ni podrá contemplarse nunca, pues cualquier reforma al respecto sería como legislar la propia autodestrucción del Estado. Y el alegato nacionalista de que la firma de la Caita de las Naciones Unidas lleva implícita el reconocimiento por España de este derecho, no es válido por referirse a los pueblos en vías de descolonización, y ni el País Vasco ni Cataluña fueron nunca colonias, Garaicocchea, ha dicho, también, que va a trasladar las aspiraciones vascas al Parlamento Europeo y al seno de la Alianza libre europea, que reúne a las diversas organizaciones nacionalistas del continente, lo cual es algo así como recurrir al Archipámpano de las Indias, ya que ni el primer organismo, ni menos el segundo tienen facultades para hacer nada en favor de su desdichada causa.

De todos modos, no puede ignorarse la gravedad del tema, cuyos resultados a ten tan contra la unidad de España, pues las actuales aspiraciones de autodeterminación pueden tomar la forma de una explosión nacionalista incontrolada, cuando agotada la capacidad negociadora del Estado, hechas por éste todas las concesiones posibles en el elástico marco constitucional maltrecha la soberanía española y preparada la sociedad española a aceptar lo inaceptable, se alcance el techo de la unidad nacional.

Se llega así al aspecto más delicado del problema, el de la unidad de España, incuestionable en los límites actuales del territorio nacional; nada ni nadie puede alterarla, no siendo válidas las urnas, ni supuestas reformas constitucionales para lograrlo. España ha existido a través de los siglos por voluntad de muchas generaciones de españoles, que la construyeron y sostuvieron, a veces con muchos sacrificios, y la determinación de una minoría de una cierta época carece de fuerza y de derecho a romperla mediante el cauce democrático del voto o el cauce bélico de la violencia. Es ineludible deber de todos los españoles defenderla, y el Ejército, pieza básica de la unidad, aplicará, sin duda, toda su fuerza y toda su pasión en el cumplimiento del mandato que el pueblo español le tiene confiado; varios Capitanes Generales así lo han proclamado. En principio, bastará con la disuasión de su presencia, pero si fuera necesario, recurriría a otros medios- Los españoles, incluidos los secesionistas, deben estar convencidos de que así se hará.

Procuremos entre todos que no sea necesaria la intervención del Ejército; unámonos, para ello, en un frente común ante los separatistas; no persistamos en el error cometido en los comienzos de la transición democrática, cuando se dio a los nacionalismos unas alas que ahora va a ser muy difícil cortar con procedimientos pacíficos. El punto de arranque del nuevo camino está, sin duda, en la reforma constitucional, y Juntas Españolas aboga por ella. Hagamos lo imposible para lograrla.

viernes, 19 de octubre de 2012

SOBRE LOS CONFLICTOS DE PUIG.

Don Felip Puig es consejero de Interior de la Generalidad de Cataluña. Es, por tanto, el señor Puig, un funcionario del Estado español, con carácter interino, aunque él -algo desconocedor de lo que debería saber (esto es, necio, según nuestra madre Academia)- se tenga por la pata derecha del Estado catalán, entelequia inexistente más allá de su imaginación exaltada, quien sabe por qué motivo.

Don Felip Puig es, en función de su cargo interino como funcionario del Estado, el jefe de la policía autónoma de la región catalana. Este hecho, en el orden jurídico, sería equivalente a la función del concejal de cualquier Ayuntamiento que se encargue de la policía municipal, lo cual se reseña con intención de bajarle los humos al señor Puig.

Porque da la impresión de que el señor Puig se ha ahumado en exceso con alguna sustancia desconocida, habida cuenta de que se ha permitido decir -acaso en una exaltación no del todo natural- que la policía autónoma de su región, a la que llaman Mossos d’Esquadra estará “al servicio de la Generalitat” si se contrapone una “legalidad jurídica a una legalidad democrática.”

Esto -según El País, poco sospechoso- significa que “según el consejero catalán, si el Gobierno cumple con su intención de prohibir con la ley en la mano un referéndum, la policía autonómica obedecerá al Ejecutivo de Artur Mas.”

O sea: que el señor Puig advierte que empleará las fuerzas armadas bajo su mando para apoyar el secesionismo de su Gobierno regional.

Hagamos un salto ahora. Imagínense que escribo -aquí mismo, porque a mí no me dan cancha en los periódicos- que La Legión garantizará el orden constitucional y la unidad de España, y que la División Acorazada -que imagino que ya no lleva el sobrenombre de Brunete- obedecerá las órdenes del Gobierno. Los lloriqueos de los separatistas llegarían hasta la Luna, y el señor Fiscal General del Estado me buscaría las vueltas. Todo ello, a pesar de que sería una afirmación de perogrullo, implícita -y explícita- en las leyes vigentes y aprobadas por el Parlamento. O sea: legalidad jurídica y democrática, señor Puig.

¿Creen ustedes que le va a pasar lo mismo al señor Puig? ¿Piensan que el fiscal le va a meter un paquete, que algún juez le va a entrullar, como corresponde a un -digamos que presunto- delito de sedición o de incitación al golpismo?

Porque las afirmaciones del señor Puig son, lisa y llanamente, la advertencia de que está dispuesto a dar un golpe de Estado con sus fuerzas paramilitares.

¿Para cuando, pues, un proceso -militar- por rebelión?

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