Pero piense el Gobierno que si España se le va de entre las manos, no podrá escudarse tras de una excusable negligencia. Cuando la negligencia llega a ciertos límites y compromete ciertas cosas sagradas, ya se llama traición.

José Antonio Primo de Rivera.
(F.E., núm. 15, 19 de julio de 1934)

miércoles, 27 de mayo de 2009

SOBRE EL "INCONSCIENTE" GARZON.

Que no es que lo diga yo porque le tenga cierta ojeriza al señor Garzón -que también, y eso es obvio, y los motivos sobrados y evidentes-; sino el propio Baltasarito el que -según cuenta ADN, y cito un periódico de su cuerda para que no digan- ha afirmado: No tengo conciencia de haber cometido delito alguno.
Esto viene, ya supondrán, a cuenta de la admisión a trámite por el Tribunal Supremo de la querella presentada por Manos Limpias, sindicato que considera que Garzón incurrió en delito de prevaricación al investigar aquello de las presuntas fosas del franquismo sin tener competencia para ello y en contra del criterio de la propia fiscalía de la Audiencia Nacional.
Ahora, el Tribunal Supremo dictamina que lo denunciado por Manos Limpias no es algo que pueda considerarse ajeno al tipo penal de prevaricación, al menos como hipótesis que no se advierte que sea ni absurda ni irracional. Y Garzón comenta que está tranquilo porque no tiene conciencia de haber delinquido.
Ese es el tema, Baltasarcillo. Que eres un inconsciente o -peor aún- que no tienes conciencia. Tienes la tranquilidad del esbirro respaldado por su capo; la tranquilidad del soberbio ignorante; la tranquilidad del comisario político en su cheka. La tranquilidad del desvergonzado o del -tu lo has dicho- inconsciente.
Evidentemente, no te pasará nada. A los de tu calaña siempre les guardan las espaldas unos u otros. O unos y otros, porque los esbirros siempre son útiles.
Hasta que dejan de serlo, y yo que lo vea y aún lo escriba.

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