Pero piense el Gobierno que si España se le va de entre las manos, no podrá escudarse tras de una excusable negligencia. Cuando la negligencia llega a ciertos límites y compromete ciertas cosas sagradas, ya se llama traición.

José Antonio Primo de Rivera.
(F.E., núm. 15, 19 de julio de 1934)

miércoles, 23 de diciembre de 2015

SOBRE LAS CALLES DE DOÑA MANUELA.


Las calles que el ajuntamiento de Madrid -podemita, revanchista y antiguo-, va a cambiar de nombre a propuesta de los sociatas mamporreros, con las explicaciones que ayer recogía, con el regocijo de buscona que encuentra, el periódico El País.

Iba a decir una vez más lo que ya llevo tantas veces dicho, porque este tema -desde que el payaso Rodríguez se lo sacó de la manga y el complejo, para contentar a los que estaba llevando a la miseria- es habitual. Cada vez que una pandilla de energúmenos, de idiotas, de gilipollas o de hideputas no sabe qué hacer -porque gobernar en una nación, en una ciudad o en un villorrio requiere algo más que ocurrencias histriónicas-, saca a relucir el franquismo, los nombres de las calles franquistas -¿qué es una calle franquista? ¿las que no existían antes de la época de Franco? ¿las que pasaron de ser caminos de cabras a ser avenidas?- y la dictadura. La de Franco, evidentemente; no ha habido otra en la ancha y larga Historia, al menos para los mamarrachos zarrapastrosos y snob que saltan desde la mugre o el lupanar a la televisión y los semicircos.

Iba a decir una vez más, que a ver si tienen... eso que están pensando para quitar, no sólo las placas, sino lo que hay debajo. Por ejemplo, los cientos de miles de viviendas que se construyeron bajo la protección del Instituto Nacional de la Vivienda. Que quiten las placas, y también las casas que hay alrededor de las placas, a ver qué dicen los ocupantes de las viviendas que algunos sinvergüenzas han llamado chabolismo vertical, porque un piso de sesenta u ochenta metros cuadrados en el franquismo era una chabola, pero un cuchitril de 30 metros cuadrados, en tiempos de la zapateril y espesa ministra Trujillo, era una solución habitacional.

Que quiten las placas de los embalses, esos gracias a los cuales beben los españoles, y que estaban tan cojonudamente estudiados que siguen siendo suficiente -aunque empiecen a escasear, porque nada se ha hecho en cuarenta años- a pesar de un incremento de población del 50%. Y que quiten, claro, los embalses.

Y ya puestos, que quiten -siguiendo las indicaciones de lo que ayer aprobó el conciliábulo de piojosos y mamporreros del madrileño ajuntamiento- los escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación, personal o colectiva de la dictadura franquista, de la Guerra Civil... Pues si; que quiten -porque además es ilegal- el zurullo que el hijo del genocida Carrillo erigió a sus compinches de las Brigadas Internacionales en -pásmense si les queda capacidad-, la mismísima Universidad Complutense.
Que quiten la estatua de Prieto en los Nuevos Ministerios; la calle de Francisco Largo Caballero, incitador de la guerra civil en los mítines de la anteguerra, cuando se las prometía muy felices creyendo que los adversarios se dejarían matar sin mover un dedo, de la misma forma que sus sicarios socialistas habían asesinado a José García Vara, obrero falangista, cuya placa conmemorativa figura entre los objetos a retirar. 

¡Ah, no! ¡Que de lo que se trata es de exaltar aquella República de sangre y mierda que llevó el ordinal segundo... ! Porque no es que ustedes quieran instaurar una República -a la que nada tendría que oponer, porque tengo claro que la monarquía se desprendió de España, como cáscara muerta, hace casi un siglo-; lo que quieren es volver a la Segunda; la que, pudiendo partir de cero entre el apoyo de muchos y la tolerancia de casi todos, prefirió ser parcial, sectaria, beligerante contra la mitad de España, fratricida y -recuérdese 1934- golpista. Y ahí, vean ustedes, no nos vamos a encontrar. Porque mi República Nacionalsindicalista no se parece en nada a eso. 

Me queda, no obstante, una precisión que hacer; y es que, como ustedes se empeñen en volver a 1931 -¿es que no se ve, y se huele, ahí a la vuelta de la esquina?- puede haber quien no tenga mas remedio que plantarse en un quinquenio después.


lunes, 21 de diciembre de 2015

SOBRE LOS RESULTADOS ELECTORALES.

Resultados de las elecciones que -como seguramente saben, aunque anden tan fuera de ese mundo turbio como el que suscribe- se padecieron ayer.

Seguramente, también, andan al cabo de la calle -los habituales, al menos- de cuan poco me importa el tejemaneje de las papeletas, la metedura de urna, la sacadura de escaños y, en suma, la llamada fiesta de la democracia, que no deja de ser la bacanal de la memocracia.

Seguramente, suponen cual fue mi voto, sobre todo a la vista de la anterior entrada, donde citaba las palabras claras, serenas y clarividentes de mi camarada José Antonio. No había nada que fuera menos malo, así es que dejé la fiesta para los saltimbanquis, y me entretuve en cosas necesarias y serias.

Lo hice así porque, como decía, no había ninguna opción que fuera menos mala; pero, sobre todo, porque no quería participar en el crimen. No quería ser responsable del desaguisado, y quiero, en cambio, poder decir sin sonrojo de vergüenza que lo que pase de ahora en adelante no es culpa mía.

Porque a partir de ahora -ahí vamos con lo que anticipaba el titular, disculpen la digresión previa- lo que va a ocurrir es que España tendrá un Gobierno paralítico, incapacitado para tomar decisiones, ineficaz, inútil.

Y será así ocupe el silloncito de La Moncloa quien lo ocupe. Si se aposenta de nuevo don Mariano, porque estará sujeto a caprichos, encabezonamientos y rabietas de segundos y aún terceros. Es decir; será menos capaz de gobernar que en los últimos cuatro años, donde ha actuado como un regular gerente de empresa, pero no ha gobernado, porque gobernar es cosa bien distinta de cuadrar balances, aunque los balances sean parte del buen gobierno.

Si lo ocupa don Pedro, o don Pablo, estará atado a los caprichos y las mentecateces de segundos, terceros, cuartos, quintos y vaya usted a saber cuantos ordinales más. Todos ellos a cual más lejano del sentido común, no digamos ya del sentido histórico, de la capacidad de ser los señores de la hora; y todos ellos -cada cual más, en competición ridícula- atados al sinsentido, al halago de los bajos instintos de la plebe, al politiquerío chabacano de taberna y a la algarada de facultad de la Complutense. Que viene a ser lo mismo.

España va a estar sin Gobierno serio, responsable, cuatro años, si es que se llega a terminar el plazo. Puede ocurrir que en el ínterin dejemos de ser esta memocracia tan alabada por los jetas, y pasemos a ser una república cantonal y bananera, podemita y piojosa, rijosa y antigua.

Y ¿saben ustedes una cosa?. Ninguna de las dos opciones me preocupa. Las dos son consecuencia lógica -y, por tanto, inevitable- de un sistema radicalmente injusto, donde los medios de comunicación y los partidos políticos son -constitucionalmente- creadores de opinión. No intérpretes; no relatores, no; creadores. Los amos y señores del cotarro, los que deciden qué está bien y qué está mal; los que mandan en nuestras ideas y en nuestras conciencias, al menos en las de los que se dejen.

Los que hace una semana daban gracias a sus dioses lares por el falseamiento de la voluntad popular en Francia, donde la izquierda recomendó votar a la derecha para que no pudiera ganar -democráticamente- el Frente Nacional, un partido político legal que no dice otra cosa que lo que piensa la mayoría de la gente. Los que dan gracias a todos sus dioses manes -el señor Expósito de las tardes en la COPE- porque en España no haya un partido de ultraderecha, pero que nunca se queja de que los haya de ultraizquierda. Los que -como el citado señor- jamás usan el término ultraizquierda; y si lo usan, lo hacen con mucha menos carga peyorativa que el de sentido contrario.

Porque ellos, en el fondo, no son mas que unos pobres monigotes, manejados a distancia de casi un siglo por las consignas -aun vivas y en uso- de la III Internacional estalinista.

Esto, en fin, tampoco me preocupa. Tampoco nos preocupa a los que -no de ahora, precisamente- vemos en este sistema un engañabobos en el que no está nuestro sitio. Ayer, gracias a Dios, tuve ocasión de pasar unas agradabilísimas horas con mi camarada Eloy, a quienes ustedes conocen por mis referencias y por su Trinchera, en la que con tesón digno del mayor elogio hace frente cotidianamente a la chabacanería y la hediondez. Como no podía ser menos coincidimos plenamente, lo cual no es nada extraño porque ambos -y súmense cuantos quieran- somos personas normales, razonablemente inteligentes y razonablemente curados de espanto tras cuarenta años de soportar marrullerías, desvergüenzas, triquiñuelas y sandeces.

Por supuesto, a ambos nos traía al pairo el resultado de las papeletitas y las urnillas. Porque nuestro sitio está fuera -así lo certificó el gilipollas de Landelino desde su prepotencia de enchufado en el Congreso-, y sabemos que las cosas no han hecho sino empezar a ir a peor.

También, porque los dos -y súmense cuantos quieran- sabemos que ya no queda más esperanza que dejar que las cosas terminen de enredarse, de complicarse y de -disculpen la franqueza- joderse.

Y después, empezar de nuevo los que queden. Amén.

sábado, 19 de diciembre de 2015

SOBRE LAS ELECCIONES.

En estas elecciones votad lo que os parezca menos malo. Pero no saldrá de ahí nuestra España, ni está ahí nuestro marco. Esa es una atmósfera turbia, ya cansada, como de taberna al final de una noche crapulosa. No está ahí nuestro sitio. Yo creo, sí, que soy candidato; pero lo soy sin fe y sin respeto. Y esto lo digo ahora, cuando ello puede hacer que se me retraigan todos los votos. No me importa nada. Nosotros no vamos a ir a disputar a los habituales los restos desabridos de un banquete sucio. Nuestro sitio está fuera, aunque tal vez transitemos, de paso, por el otro. Nuestro sitio está al aire libre, bajo la noche clara, arma al brazo, y en lo alto, las estrellas. 

Que sigan los demás con sus festines. Nosotros fuera, en vigilancia tensa, fervorosa y segura, ya presentimos el amanecer en la alegría de nuestras entrañas.

José Antonio Primo de Rivera.
DISCURSO DE LA FUNDACIÓN DE FALANGE ESPAÑOLA.
(Teatro de la Comedia de Madrid, 29 de octubre de 1933).


domingo, 13 de diciembre de 2015

SOBRE "COMPARATIVAS OFENSIVAS"

Lo que sigue me ha llegado por correo electrónico y, como al final pide difusión, procedo a ello con mucho gusto. Reenvío el correo dirigiéndolo al blog, así es que no respondo de que salga más o menos vistoso.
 
Debo hacer, no obstante, una precisión ante la comparativa que se propone. Y es que lo de los separatistas catalanes es de circo, y lo de don Adolfo Hitler fue una cosa seria. Todo lo delictiva que los señores políticos, los señores jueces, los señores fiscales, me obliguen a decir; pero seria.
 
Vaya, que ahí se lo dejo, y vean ustedes si el autor -al que desgraciadamente desconozco, pues me gustaría poner referencias y enlaces- está acertado.
 

Recibido con el preámbulo adjunto.
 
Ni la más remota semejanza de ideología cívico-sociológica excluyente. ¡Volem bisbes catalans! Y así "subversivamente". Todo democracia, solo democracia y nada más que democracia  con la estrella de cinco puntas que no es la svástica. Cualquier parecido es simple casualidad inherente al proceso. Barras y estrella.
 

Ante la intolerable oleada de difamaciones que pueblan Internet junto con otros espacios donde también florece el siempre deseable debate público como producto de la convergencia de diferentes corrientes de opinión, y actuando en mi calidad de autor y administrador únicos del blog, me siento en la obligación moral de precisar lo siguiente: que NO existen similitudes entre el nacionalismo catalán y el nazismo alemán fundado por Adolf Hitler.

 

 

Ninguna, ni la más remota; por mucho que algunos se obstinen en buscarlas.

 

 

No son en absoluto comparables, ni en sus métodos ni en la escenificación de sus multitudinarias movilizaciones.

 

 

Tampoco en su iconografía.

 

 

Desconozco a quién puede habérsele ocurrido tan disparatadas ignominias.

 

 

Pero albergo el convencimiento de que tales acusaciones responden, sin duda, a un ánimo infamante contra esa nobilísima y democrática opción ideológica de la Cataluña de nuestros días.

 

 

Y creo que es así porque resulta imposible encontrar puntos en común entre ambos movimientos políticos.

 

 

¡Como si alguna vez hubiera podido alguien demostrar lo contrario, vamos!

 

 

Nuestra postura ética, la mía y la de todos, no debe ser otra que la de hacer prevalecer la verdad negando cualquier semejanza.

 

 

Combatir esas malintencionadas analogías sin desca nso, con denuedo, vigorosamente... más aun, ¡febrilmente! En todo momento, circunstancia y lugar.

 

 

Desmentirlas, sea cual sea la clase de mentes calenturientas de las que provengan.

 

 

A mí se me hace muy difícil comprender cómo puede haber gente capaz de inventar maledicencias así, la verdad.

 

 

Sirva la presente aclaración como comunicado oficial de este sitio web y procúrese en adelante su máxima divulgación a iniciativa de los amables lectores que lo deseen.

 

En Cataluña, a primero de septiembre del año de Nuestro Señor de dos mil quince.

 

 

 Y EL FÚTBOL POLITIZADO, LO QUE FALTABA NEN.

 

 

 

Este correo electrónico se ha enviado desde un equipo libre de virus y protegido por Avast.
www.avast.com

jueves, 3 de diciembre de 2015

SOBRE EL CONSTITUCIONAL Y LA HOJA DE RUTA.

Y háganme el favor de no equivocar alguna vocal o consonante, porque aunque sería totalmente cierto, me podría llevar a un desagradable desacuerdo con algún señor fiscal. Vamos -para que los señores fiscales progres se enteren- que no me refiero a ningún vástago de casquivana. Aunque haberlos, haylos.

Si me refiero, en cambio, y como seguramente han deducido -véase en El País-, a la sentencia del Tribunal Constitucional sobre la gilipollez del parlamento regional de Catalunlla; la de la declaración independentista, aclaro. Porque también hay muchas y conviene precisar.

Ya en su día transcribí unos párrafos de José Antonio, y ahora me quiero referir concretamente a la referencia sobre que el gobierno busca fórmulas jurídicas... Porque el problema es que este asunto no es -se pongan como se pongan- un tema jurídico. Y el único que parece haberlo visto así es, curiosamente, un separatista: Francesc Homs, que -según recoge El País- ha declarado que es un error monstruoso de la política española, y no lo digo yo solo, también medios internacionales, tratar el tema desde los tribunales.

En efecto: es un error monstruoso tratar la declaración independentista del parlamento regional catalán en los tribunales. En los tribunales habrá que tratar a los separatistas, uno a uno y según sus merecimientos. Pero las declaraciones políticas no se pueden tratar mas que políticamente. Es decir: estableciendo una política igual a la de los separatistas pero de sentido contrario. Una política de defensa de la lengua común de los españoles, que es el español -no, como dicen los crusiprogres, el castellano, sino el español, y a quien necesite aclaración se la daré con mucho gusto-; una política de escolarización en el idioma oficial de España, con horas extras lectivas en catalán para quien guste; una política de fiscalizar los gastos del gobierno regional, de manera que no tengamos los demás españoles que acudir cada pocos meses a soltar la mosca para que los habitantes de Cataluña tengan medicinas u hospitales. Una política que retire de inmediato todas las competencias que el gobierno regional haya utilizado abusivamente o con mala fe. Una política que disuelva de inmediato -con las garantías legalmente establecidas, por supuesto- cualquier asociación, de cualquier índole, desde la que se cometa o aliente algún delito. Y una política, por supuesto, que ponga a disposición judicial a quien lo haya menester cuando se produzca el delito.

Y todo ello, evidentemente, con la decisión política de recuperar para el Estado -esto es, para todos los españoles- las competencias que se usan en contra del Estado.

Mientras tanto, y volviendo a José Antonio, cuando la negligencia llega a ciertos límites y compromete ciertas cosas sagradas, ya se llama traición.




jueves, 26 de noviembre de 2015

SOBRE LA FINANCIACIÓN DEL ABORTO.

Lo ha dicho la candidata a la presidencia de Estados Unidos, y lo recoge La Gaceta:

Hillary Clinton: ‘EEUU debería financiar abortos en todo el mundo’

Pero, bueno, ¿qué quiere usted que le financien ahora, doña Hilaria?

domingo, 22 de noviembre de 2015

SOBRE EL RIDÍCULO.

Se que no están las cosas para hablar de tonterías, pero a fin de cuentas uno también tiene su corazoncito.

El ridículo es el del Real Madrid, con su entrenador-oficinista, sus estrellitas millonarias inútiles, y su parte de la afición estúpida. La afición que silbó a Iker Casillas hasta obligarle a irse a un sitio donde hubiera menos gilipollas.

¿O es que también el ridículo de ayer del Real Madrid ante el Barcelona es culpa de Casillas?

viernes, 20 de noviembre de 2015

SOBRE EL 20-N.

Que, como vengo diciendo desde hace muchos años, sería una fecha que sólo recordaríamos unos pocos -cada vez menos- si no fuera porque los rojos, los peperos, los hideputas, los tontos y los acojonados se empeñan en tenerla presente. Todos ellos siguen viviendo cojonudamente contra Franco, el único gobernante español que ha dejado huella desde Felipe II.

Se cumplen cuarenta años desde la muerte de Franco. En un hospital de la Seguridad Social que él había creado. No en clínicas de quinientas estrellas, ni en centros sanitarios de Universidades famosísimas, no; en un hospital donde se atendía a cualquier español, y doy fe de ello pues -en las mismas fechas- mi madre era atendida en él.

Ya lo he contado en algunas ocasiones -especialmente para una entrevista que tuvo a bien hacerme mi camarada Rafa España en su blog-, pero lo repetiré, copiando literalmente lo que entonces dije:

* * * * *

Pregunta.- Para muchos de nosotros, el año 75 nos pilló en pañales y chupete. Creo que tu ya tenías conocimiento de causa a la muerte de Franco. ¿Cómo recuerdas aquel 20 de nov del 75?. ¿Fuiste a "la cola"?. ¿Cómo discurrió para tí aquél día?.

* *

El 20 de noviembre del 75 me pilló con 17 años cumplidos dos días antes.

Lo primero que recuerdo es que un amigo me llamó para avisármelo, así como que en la radio habían dicho que habría tres días de luto y no había clase. Nos fuimos de todas formas al Instituto y luego, comprobado que en efecto no había clases, nos volvimos a casa tranquilamente.

Vivía entonces en un barrio netamente obrero, que pocos años después se vería sacudido por la droga pero que entonces estaba habitado por buena gente, trabajadora, honrada y tranquila, que seguía su vida normalmente. A pesar de todo, había un cierto aire de tristeza o acaso preocupación. Desde luego, en ningún caso de alegría. Ni se vio en las calles del barrio más Policía que de costumbre -alguna patrulla muy de vez en vez-, ni hubo nada especial con respecto al orden público.

Bastantes vecinos fueron a "la cola". Yo no. Tenía la sensación de que había fallecido alguien conocido, pero no próximo. Sin embargo, cuando escuché a Arias Navarro leer en televisión el Testamento Político de Franco, se me saltaron las lágrimas.

A los 17 años recién cumplidos, nunca me había interesado la política, ni sabía nada de nada sobre esos temas. El Régimen pecó de una absoluta falta de ideologización, por mucho que ahora digan que la Formación del Espíritu Nacional -la Política, como todos la llamábamos- fue como la actual Educación para la Ciudadanía. Falsedad absoluta, y demostrable con algunos libros de texto que aún conservo.

Empecé a ser franquista dos días después. Justo dos días después, el 22 de noviembre de 1975, día de la coronación del entonces Príncipe Juan Carlos. Sin razones aún -pero con sensaciones- porque sería ridículo pretender que entendí lo que había detrás de las palabras en el discurso del ya Juan Carlos I. Eso lo entendería mas tarde, pero la sensación no era buena. Franco merecía -así lo sentía- algo más que palabras altisonantes y hueras; merecía lo que, por otra parte, mostraba la televisión: las interminables colas de gentes de toda condición y edad, para rendirle un último homenaje. Sentí -más tarde le pondría vestiduras de razón- que el pueblo había dado la talla y aquellos figurones, no. Por eso digo que soy franquista emocional.

Muy poco más tarde pasé a ser franquista visceral, por la náusea que me producían los ataques a Franco -lanzadas a moro muerto-, y el consentimiento de los que todo se lo debían. En cierta forma, puedo decir que llegué al Nacionalsindicalismo por el asco que me daban los demás.

* * * * *

Resulta obvio decir que, transcurridos cuarenta años, sigo siendo más franquista que nunca, y por las mismas razones: porque todos los demás me dan asco. Soy franquista emocional, no ideológico. Fundamentalmente, porque el llamado franquismo no creó ideología alguna. Tomó algunos principios de la Falange, algunos de la Tradición, y demasiados de la derecha. Pero fue, sobre todo -eso lo señalan hasta los estúpidos- fundamentalmente pragmático. En cada vicisitud histórica tomó lo mejor que encontró en la sociedad para solventar los problemas de la mejor forma posible.

No es momento de reiterar lo que consiguió Franco para los españoles y para España. Baste decir que aún vivimos de su herencia en muchísimos aspectos, y que todo el fundamento del bienestar económico que hemos disfrutado nació en aquél régimen. Y esto no es así porque yo lo diga -que también- sino porque lo prueban todos los que -como dije al principio- siguen viviendo contra Franco.

En el fragmento de la entrevista de Rafa España que he reproducido apunto una segunda conclusión. Llegué al Nacionalsindicalismo y al pensamiento de José Antonio por el asco que me producían los canallas y los snobs -o sea, sine nobilitate, sin nobleza- que atacaban a Franco muerto tanto como le habían alabado vivo.

Esa reacción visceral no podía quedarse sólo en eso, y una vez pasada la primera náusea debía fundamentarse e la razón. Así es que -como las gentes de mi generación, y aún de las anteriores, le debemos a la voluntad de Franco el conocimiento de José Antonio- me incliné a la investigación del Nacionalsindicalismo y de la Falange.

Y aquello -el pensamiento de aquél joven universitario perseguido por la izquierda y la derecha- fue un encuentro deslumbrante. Allí estaba la razón, la verdad, la forma, el fondo y el estilo. Allí estaba la nobleza y allí el valor, lo mismo el que lleva al acto heroico que el que conduce al sacrificio diario, callado, silencioso.

Hay, lo se, falangistas que reniegan de Franco. Se que Franco nunca fue falangista -tampoco tradicionalista-, y que su Régimen careció prácticamente de otra ideología que no fuera la unidad, grandeza y libertad de España. Creo que, para cualquier español, eso sería más que suficiente; que ojalá tuviéramos menos ideología socialista, izquierdista, mundialista, liberal, y mas españolidad a secas y sin etiquetas.

Eso -que las etiquetas no fueran lo fundamental- es lo que pretendió Franco. Lo consiguió mientras vivió, porque para la gente de bien era un ejemplo, y para la mala gente era un aviso. Después, sueltas las ambiciones, la dispersión, los intereses de secta, partido y grupo; encumbrados los mediocres, los chalanes, los embusteros, los -Alfonso Guerra dixit- tahúres, todo fue imposible, y hasta aquí hemos llegado.

Pero Franco -y esto lo digo para los falangistas que quieren hacerse perdonar y aceptar por el enemigo a costa de ser mas antifranquistas que nadie- fue quien permitió que las gentes de mi generación -y en consecuencia de las posteriores- conocieran a José Antonio. Sin la voluntad de Franco, el Nacionalsindicalismo -que, cierto, no se llevó a la práctica más que en algunos puntos, aunque fundamentales- habría desaparecido o se habría difundido entre catacumbas.

Franco quiso que los españoles conociéramos a José Antonio, y una extraña coincidencia, una carambola del destino o -como prefiero pensar- la Divina Providencia unió a los dos en la fecha de la muerte.

No me ha salido este año un apunte de tonos heroicos o emotivos. La situación de pequeñez, de mediocridad, de estulticia y cobardía que nos envuelve no me resultaba propicia para ello. No importa, sin embargo, porque el tono heroico lo pondrá, como siempre, la Oración de este día:


Señor:

Acoge con piedad en Tu seno a los que mueren por España, y consérvanos siempre el santo orgullo de que solamente en nuestras filas se muera por España, y de que solamente a nosotros honre el enemigo con sus mejores armas.

Víctimas del odio, los nuestros no cayeron por odio, sino por amor; y el último secreto de sus corazones, era la alegría con que fueron a dar sus vidas por la Patria. Ni ellos ni nosotros hemos conseguido jamás entristecernos de rencor, ni odiar al enemigo.

Y Tú sabes, Señor, que todos estos caídos mueren para libertar con su sacrificio generoso a los mismos que les asesinaron; para cimentar con su sangre fértil, las primeras piedras en la reedificación de una Patria libre, fuerte y entera. Ante los cadáveres de nuestros hermanos, a quienes la muerte ha cerrado los ojos antes de ver la luz de la victoria, aparta, Señor, de nuestros oídos, las voces sempiternas de los fariseos, a quienes el misterio de toda redención ciega y entenebrece, y hoy vienen a pedir con vergonzosa indulgencia delitos contra los delitos, y asesinatos por la espalda a los que nos pusimos a combatir de frente.

Tú no nos elegiste para que fuéramos delincuentes contra los delincuentes, sino soldados ejemplares, custodios de valores augustos, números ordenados de una guardia, puesta a servir con honor y con valentía la suprema defensa de una Patria.

Esta ley moral es nuestra fuerza. Con ella venceremos dos veces al enemigo, porque acabaremos por destruir, no sólo su potencia, sino su odio.

A la victoria que no sea clara, caballeresca y generosa, preferimos la derrota. Porque es necesario que mientras cada golpe del enemigo sea horrendo y cobarde, cada acción nuestra sea la afirmación de un valor y de una moral superior.

Aparta, así, Señor, de nosotros, todo lo que otros quisieran que hiciésemos, y lo que se ha solido hacer en nombre de vencedor impotente de clase, de partido o de secta. Y danos heroísmo para cumplir lo que se ha hecho siempre en nombre de una Patria, en nombre de un Estado futuro, en nombre de una Cristiandad cvilizada y civilizadora.

Sólo Tú sabes, con palabra de profecía, para qué deben estar aguzadas las flechas y tendidos los arcos.

Danos ante los hermanos muertos por la Patria, perseverancia en este amor, perseverancia en este valor, perseverancia en este menosprecio hacia las voces farisáicas y oscuras, peores que voces de mujeres necias.

Haz que la sangre de los nuestros, Señor, sea el brote primero de la redención de esta España en la unidad nacional de sus tierras, en la unidad social de sus clases, en la unidad espiritual en el hombre, y entre los hombres. Y haz también que la victoria final sea en nosotros una entera estrofa española del canto universal de Tu Gloria.



José Antonio Primo de Rivera, ¡Presente!
Francisco Franco, ¡Presente!
Caídos por Dios y por España, ¡Presentes!
¡Arriba España!




lunes, 16 de noviembre de 2015

SOBRE EL DESCUBRIMIENTO DEL SEÑOR MINISTRO.


El ministro, en este caso, es don Jorge Fernández Díaz, que -véase La Gaceta- ha coincidido con el presidente francés, François Hollande, en que los terroristas "han declarado la guerra a la civilización."

Por supuesto, tanto para el señor Fernández como para el señor Hollande, la cosa es cuestión de unos pocos, los terroristas. Sin añadir apellido. Terroristas crecidos por generación espontánea, sin madre, padre, ni raíces culturales o ideológicas. Todo por no decir, -pese a tener las evidencias en la mano-, que son terroristas musulmanes.

Y los que le añadimos el apellido y les damos la filiación completa, somos ultraderechistas, fascistas, racistas y xenófobos, claro está. Lo cual no impide que los terroristas del sábado en París se explotaran o dispararan al grito de "Alá es grande", o similar cosa que gusten decir.

Y los que decimos que entre esos refugiados tan majos -que se vienen a esta Europa perdida en vez de combatir al enemigo del que dicen huir-, habrá gente que verdaderamente huye del horror; pero también hay maleducados que tiran la comida que se les ofrece porque el envase tiene una cruz roja; y también hay terroristas -léanlo en La Gaceta- que vienen con pasaportes sirios robados, y están dispuestos -véase de nuevo La Gaceta- a matarnos, y el pasado sábado lo hicieron en Francia; los que decimos estas cosas -aunque estén avaladas por los hechos- somos racistas y... bueno, todo eso.

Bien: han hecho falta casi diez años para que un Ministro del Interior español y un Presidente de la República Francesa se enteren de que esto es una guerra. Han hecho falta cientos de muertes. ¿Cuántos años serán necesarios, cuantas muertes, para que se enteren de que es una guerra entre dos civilizaciones y de que -para el enemigo- es una guerra de religión?

¿Se acuerdan del señor Zapatero, el de la Alianza de Civilizaciones que tantos millones nos ha costado? Ya por entonces, hace casi diez años -y lo citaré para que nadie diga que me pongo medallas que no corresponden- escribí sobre el tema, y -a riesgo de parecer inmodesto por la autocita- ahora lo copio:


SOBRE LA “ALIANZA”
01/02/2006

Esa de civilizaciones que se ha inventado el señor Rodríguez Zapatero.

Como invento no está mal. También en Bizancio se inventaron el debate sobre el sexo de los ángeles, mientras los árabes, en las puertas, se preparaban para dárselas todas juntas. Realmente, la Historia es monótona porque el número de los tontos es infinito.

Desde la inmodestia de no considerarme demasiado tonto, creo que no estamos precisamente en una alianza de civilizaciones, sino en una clara GUERRA DE CIVILIZACIONES. En la cual, obviamente, mientras discutimos sobre el sexo de los ángeles, el enemigo empieza a dárnoslas todas en el mismo sitio.

Cuando dos civilizaciones se enfrentan, la coexistencia es imposible. Una u otra deben vencer, destruir, hundir en el simple recuerdo del erudito, a la otra. Y la llamada civilización occidental, esencialmente cristiana, en franco declive, no tiene fuerza para oponer una resistencia real al ataque.

Se enfrenta la civilización occidental, hundida en la molicie, en la apatía, en el egocentrismo, sin fe en sí misma, a una civilización expansiva, creyente, fanática e impelida -por su propia religión- a la guerra.

Total, que será cuestión de más o menos tiempo, pero estamos listos si no se produce un rearme moral de Occidente.

 


**************


SOBRE EL DIÁLOGO
08/02/2006

El propuesto por su Santidad, Benedicto XVI, entre las religiones y las culturas.
Alabando sinceramente el deseo pacificador del Papa (esa es su obligación), creo que poco diálogo cabe entre la religión Católica y la musulmana. La religión musulmana es una religión del odio, de la guerra. Y quien piense lo contrario, que me ate por el rabo la mosca de que para entrar al paraíso de Alá la forma mas directa, el atajo, es despenar perros cristianos en guerra santa.

Podemos dialogar, claro. Pero –Rafael García Serrano lo dijo- del diálogo no brota la luz, sino el hematoma.

También es cierto que dos no se pelean si uno no quiere. Pero –también lo dijo el maestro Rafael- el que no quiere, se lleva todas las bofetadas.

Y en ello estamos.


***********


Y para aquél aviso de hace casi una década no hacía falta ser un lince. Bastaba con no ponerse las anteojeras del burro en torno a la noria, dejarse de topicazos y gilipolleces, y ver la realidad como es, no como quisieran que fuera los papanatas buenrrollistas y políticamente necios.

Sin embargo -entonces como ahora, aunque nuestros gobernantes anden tan retrasaditos como suelen- estamos en guerra. Una guerra que estamos perdiendo, y que no ganaremos si no la queremos librar como corresponde.

“Matadles dondequiera que los encontréis, y expulsadles de donde os hubieran expulsado.” 

Al leer esta frase que antecede, los bienpensantes, los políticamente correctos, los progres, los tontos con máster y los gilipollas sin graduación; los dialogantes, los blanditos, los cobardes y los tolerantes hasta el escarnio, me llamarán de todo sin tocar baranda. Pero lamento jorobarles el pasatiempo. La frase no es mía, sino del Corán (2,191).

Aunque, eso si, del enemigo el consejo.


jueves, 12 de noviembre de 2015

SOBRE LO QUE RAJOY PERMITIRÁ Y LO QUE NO.

Copio el párrafo de El País, asumiendo que sus entrecomillados son, como manda la norma, palabras textuales del señor Rajoy:

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha explicado este miércoles, tras convocar un Consejo de Ministros extraordinario y firmar y presentar el recurso contra la resolución de independencia y desobediencia de la Cámara catalana, que los independentistas pretenden "quebrarlo todo" y "devolvernos a la arbitrariedad del poder y retroceder a otros tiempos que la España constitucional ha dejado atrás definitivamente. Cuando se prescinde de la ley, se renuncia a la democracia. Pretenden acabar con la democracia y el Estado de Derecho y no lo vamos a permitir".

O sea -y dejando la palabrería para después- que los separatistas catalanes "pretenden acabar con la democracia y el Estado de Derecho." Y a España, Marianico, que le den dos duros.

Tiene el señor Rajoy -según sus palabras demuestran- una cierta empanada mental. La democracia, señor Rajoy, no es más que una forma de gobierno; el Estado, señor Rajoy, es la forma en que se vertebra la nación. Ni la una, ni el otro, son la parte fundamental, porque son meramente las formas, las vestiduras, con que se muestra lo sustancial. En nuestro caso, señor Rajoy, esa España a la que usted -según el citado artículo de El País, y reclámele a ellos si no es exacto-, no ha tenido a bien citar.

Defender "la democracia y el Estado de Derecho", señor Rajoy, es como velar porque a una persona no le rompan la chaqueta ni le quiten los pantalones, y allá se las componga esa persona para preservar sus brazos y piernas, porque a usted lo que le importa es la vestimenta. Lo accesorio, no lo fundamental.

Aquí, señor Rajoy, lo que se está ventilando es la existencia de España. Y por mi parte -y por la suya, si usted fuera una persona de bien- le pueden ir dando a la democracia y al Estado de las autonomías mientras se mantenga lo que me importa, que es España.

España -será necesario decirlo para topifílicos y necios- no es un territorio; España no es el conjunto de los habitantes con nacionalidad y derecho a voto; España no es la gente que hoy vive en ella; España no es un conjunto de Leyes, ni de normas, ni siquiera de costumbres y tradiciones.

España, señor Rajoy, es todo eso y mucho más. Porque España es el territorio, y es quienes la habitan, y quienes viven en ella; y es el conjunto de leyes, normas, y costumbres que mantenemos. Pero también es la Historia, la cultura, la tradición; lo que hicieron y pensaron nuestros antepasados, desde aquél mítico Orisón que le dio de collejas a los cartagineses a orillas del padre Ebro, hasta el último paleto que ha votado separatismo en las últimas elecciones regionales catalanas. España son los vivos -incluso los vivales-, y son los muertos que la hicieron hasta llegar a hoy. Y son, señor Rajoy, los que si usted y sus gobiernos abortistas los dejan, nacerán en el futuro.

Por eso, señor Rajoy, la democracia y el Estado de las autonomías constitucional son la ropa con que hoy se presenta ese cuerpo milenario de España. Y por eso, señor Rajoy, ni usted, ni yo, ni nadie, tiene derecho a reducir España a esa simple formalidad del sistema de gobierno o la forma del Estado.

Por eso, señor Rajoy, está usted errado -¿tal vez herrado?- cuando afirma que los separatistas catalanes pretenden "devolvernos a la arbitrariedad del poder y retroceder a otros tiempos que la España constitucional ha dejado atrás definitivamente." La referencia a "otros tiempos", contraponiéndolos a la "España constitucional", ya sabemos a donde va a parar. Se suma usted al carro del antifranquismo porque usted -como zopenco necesitado de herrajes- no tiene, según definía Longanessi, ideas, sino antipatías. O porque usted es, simple y llanamente, un cobarde, un pusilánime, un cagurrín y un acojonado -véase la "Trinchera" de mi camarada Eloy de ayer-; un individuo sin personalidad, que todo lo fía a sus asesores de imagen -no tiene otra cosa-, y teme que si habla de la unidad de España -aunque la cite la Constitución felizmente agonizante- le van a llamar fascista.

Lo de fascista es un anatema que acostumbran a expeler los rojos desde la III Internacional, y que acongoja mucho a los memos. A quien de verdad es fascista -o, en mi caso falangista, que no es lo mismo, pero para que los tontos me entiendan- el que los rojos le llamen fascista es algo que se pasan por donde no digan dueñas. Pero a los blanditos, a los suavones, a los nichichanilimoná, les hace pupa. Fundamentalmente, porque les cuelgan la etiqueta, pero carecen de gónadas para replicar con el "rojo de mierda" correspondiente. Y usted, señor Rajoy, está inmerso de lleno en la cualidad de cobardía tancrediana.

En cuanto a la arbitrariedad del poder... ¿qué hay más arbitrario que desobedecer las Leyes desde las Instituciones? ¿Qué hay mas arbitrario que permitir que los funcionarios del Estado, designados a dedo -por votación popular, pero a dedo- se pasen por el forro las sentencias de los Tribunales? ¿Qué hay más arbitrario que perseguir la lengua oficial de España en una región española, y qué hay más arbitrario que no mover un dedo para impedirlo desde el Gobierno? ¿Qué hay más arbitrario que ofrecer competencias a los gobiernitos regionales a cambio de votos para mamonear en Moncloa? ¿Hay, señor Rajoy, algo más arbitrario que la actuación de los sucesivos gobiernos regionales de Cataluña y de España en las últimas décadas, con respecto al desparrame separatista?

Porque aquí llegamos al asunto de fondo: que la cosa no es de hoy.

Lo he dicho no hace mucho, pero habré de hacerlo una vez más, habida cuenta de las muestras de asombro que se repiten en radios y prensa a propósito de la mamarrachada de los separatistas catalanes. Casi se rasgan las vestiduras -no del todo, pues entonces se les verían las vergüenzas, y no sólo las físicas- gimoteando sin explicarse cómo ha sido posible que hayamos llegado hasta aquí, hasta esta declaración de propósitos, en sede parlamentaria regional, de los secesionistas.

Y ninguno de ellos -ni políticos, ni periodistas, ni cualquier persona que una vez en su vida haya dicho interesarse en la política y en la sociedad- tiene derecho a asombrarse ni a escandalizarse. Esto que pasa hoy -lo que pasó ayer, lo que pasará mañana- ya está dicho, avisado y -para que no haya dudas- escrito desde hace mucho tiempo. Lo que está pasando ya lo avisamos muchos y desde el principio de este espectáculo circense autonómico. Lean ustedes -políticos y periodistas, enteradillos con o sin graduación de los aparatos partidistas-, los artículos publicados en El Alcázar, en Fuerza Nueva -revista-, en La Nación; o, mas modestamente, en las publicaciones Cruz de los Caídos -de los Distritos de Ciudad Lineal y San Blas de Fuerza Nueva de Madrid- o EJE, de Juntas Españolas, y lo verán.

Todo está avisado, y ya lo dijeron grandes patriotas y grandes escritores -Rafael García Serrano, Luis Tapia Aguirrebengoa, Ángel Palomino, Ismael Medina, Joaquín Aguirre Bellver...-; y también -en una dimensión distinta, pero también clarividente- mis camaradas que lo escribieron en EJE, y de los que sólo referiré a Eloy R. Mirayo y -modestia aparte- yo mismo. Quien quiera comprobarlo, sólo tiene que ir a la página de Ediciones Anteriores de mi diario, y desde allí se podrá descargar buena parte de ello sin que ningún fiscal tenga media palabra que decir, porque todo lo que ahí pueden encontrar fue escrito para darlo a la opinión pública, y la mayor parte es de mi absoluta propiedad -o la de mis camaradas- y sólo nos reservamos el derecho de que se cite la procedencia y no se modifiquen los textos.

Éramos -en su lenguaje de estereotipos y topicazos- fascistas, ultras, bárbaros fuera del sistema. Pero teníamos razón, y ahí lo están viendo, desde su falso asombro de arribistas, cohechistas, prevaricadores, comisionistas, estómagos agradecidos y tontos útiles; o desde su asombro real de tontos con máster, necios de aluvión o tontolabas pesebristas.

Nosotros -no unos cuantos "iluminados", sino cientos de miles de españoles ninguneados por el Sistema partitocrático- lo sabíamos. Nosotros lo dijimos. Nosotros sufrimos descalificaciones y calumnias. Pero teníamos razón.

También teníamos -tenemos- la claridad de conceptos que José Antonio nos legó. Justo debajo de la cabecera de mi diario figura, desde hace años, la premonición y el aviso. Pero aquí lo tienen de nuevo, escrito en 1934 y válido para hoy mismo:

Todos los síntomas confirman nuestra tesis. Cataluña autónoma asiste al crecimiento de un separatismo que nadie refrena: el Estado, porque se ha inhibido de la vida catalana en las funciones primordiales: la formación espiritual de las generaciones nuevas, el orden público, la administración de justicia.... y la Generalidad, porque esa tendencia separatista, lejos de repugnarle, le resulta sumamente simpática.

Así, el germen destructor de España, de esta unidad de España lograda tan difícilmente, crece a sus anchas. Es como un incendio para cuya voracidad no sólo se ha acumulado combustible, sino que se ha trazado a los bomberos una barrera  que les impide intervenir. ¿Qué quedará, en muy pocos años, de lo que fue bella arquitectura de España?

¡Y mientras tanto, a nosotros, a los que queremos salir por los confines de España gritando estas cosas, denunciando estas cosas, se nos encarcela, se nos cierran los centros, se nos impide la propaganda! Y la insolencia separatista crece. Y el Gobierno busca fórmulas jurídicas. Pero piense el Gobierno que si España se le va de entre las manos, no podrá escudarse tras de una excusable negligencia. Cuando la negligencia llega a ciertos límites y compromete ciertas cosas sagradas, ya se llama traición.
(F.E., núm. 15, 19 de julio de 1934)




jueves, 22 de octubre de 2015

SOBRE UN ANIVERSARIO Y SOBRE VER LAS COSAS CLARAS.

Aniversario del fallecimiento de mi camarada Luis Tapia Aguirrebengoa, Coronel de Infantería, Caballero Legionario, miembro de la Junta Nacional de Juntas Españolas y principal creador de la Declaración Programática de aquél movimiento en el que me siento orgulloso de haber militado en un tiempo en que los demás abandonaron el frente o se dedicaban a la lucha interna por purezas indefinibles.

En fin, un tiempo hermoso, donde parecía posible aún poner freno a la miseria moral que empezaba a adueñarse de España y que hoy campa a sus anchas.

En aquél tiempo –1989, 1990, 1991- mi Coronel Luis Tapia Aguirrebengoa era, para todos nosotros, ejemplo claro y firme, inteligencia precisa, honor personificado en su estampa de caballero español.

Fue Luis Tapia, además, vigía del futuro que senos venía encima. Cuando ahora salen los cuatro idiotas y los tres memos de guardarropía rasgándose sus escasas vestiduras al ver dónde nos han traído las pertinaces bajadas de pantalones ante los separatismos, me enorgullece poder decir que ya entonces, hace –ahí es nada- un cuarto de siglo, ya nosotros las veíamos venir; ya teníamos claro a donde íbamos a ir a parar, y donde nos estaban metiendo los papanatas y los mamarrachos.

Así lo escribió mi camarada Luis Tapia Aguirrebengoa, maestro muy querido, en el número 10 de EJE, de marzo 1990 -páginas 6 y 7- referido entonces al separatismo vasco, pero con referencias al catalán, y así tengo el gusto de ofrecérselo a quien guste leerlo y comprobar que todo esto de hoy, esta maraña de cobardías y suciedades, ya la avisamos hace tiempo.


AUTODETERMINACIÓN, IMPOSIBLE.
por Luis TAPIA AGUIRREBENGOA.


Dice el punto primero de la Síntesis Ideológica y Programática de Juntas Españolas que España es una unidad histórica irrevocable. Y que, en cuanto entraña una grave contradicción, propugnamos la revisión del articulo 2- y la supresión del Titulo VIII de la vigente Constitución española, que admite el termino nacionalidades referido a las comunidades regionales, puesto que no existe en nuestro territorio mas nación que España, síntesis de peculiaridades regionales, culturales e idiomáticas que es preciso respetar, descentralizando al máximo la organización administrativa del Estado, con un único e insoslayable límite: la soberanía nacional reside únicamente en el estado de la nación española, y cualquier traspaso de competencias de este a las autonomías habrá de ser revocado y derogado a todos los efectos.

Se trata de una profesión de amor a España y de una declaración de propósitos que podrían ser asumidas por cualquier partido u organización política que no contenga en su ideario el virus separatista. La Constitución debe ser reformada sin tardanza para arrancar de su texto cuanto respalde cualquier veleidad nacionalista.

Así sucede que casi desde los comienzos de la instauración democrática, y mas aun en las últimas semanas, la autodeterminación se ha convertido en un tema muy delicado que ha originado enfrentamientos dialécticos y puede ser causa de graves tensiones. Todo comenzó en esta ultima fase con una desdichada sesión del Parlamento Catalán, seguida por una iniciativa nacionalista vasca en la que se proclama que el pueblo euskaldún tiene derecho a la autodeterminación, haciendo alusión al autogobierno, aunque se omita, púdicamente, el termino independencia, que ha estado en la mente de todos ellos, desde que Sabino Arana, en las postrimerías del siglo XIX, enarbolo la bandera de la secesión.

Hay quienes se extrañan cuando, ante tan intolerable pretensión, nos escandalizamos los que, desde las entrañas, nos nace el amor a España. Y los mas extrañados, por lo que hemos oído y leído, son quienes creen que todo es posible dentro de la legalidad de un estado democrático, incluso la separación de una región o territorio, por el simple ejercicio del voto popular.

Siempre resulto inquietante jugar con el término, que, con el actual o parecido enunciado, nació cuando el romanticismo abrió en el siglo pasado la caja de Pandora de los nacionalismos, y aun ahora, en las postrimerías del siglo XX y del milenio, resulta extraño y confuso su significado. ¿Que es autodeterminación? ¿Que pretenden sus partidarios? Mal que les pese a algunos, autodeterminación es secesión o independencia, y los que la exigen abogan por un Estado propio, escalando estadios autonómicos intermedios de autogobierno, representados por los modelos autonómico, de autonomía profunda, que es a la que aspiran ahora los nacionalistas vascos y catalanes, federal, en el sentido disgregador no unificador, y confederal, hasta recibir el ultimo impulso que lleve a la separación total. Puede ser que aun se tarden años, diez, quince, una generación, pero siguiendo el actual camino vamos derechos hacia la disgregación nacional, cuando Europa y el mundo marchan en la dirección contraria, la del abatimiento de muros separadores y barreras fronterizas, creando superestados que conservan las variedades y peculiaridades de las naciones que los constituyen.

No nos quepa la menor duda, los nacionalistas españoles, solo pretenden romper España, aquejados de la enfermedad del cantonalismo y el enfrentamiento, a la que tan propicia es nuestra individualista sociedad.

Nosotros, los hombres y mujeres de Juntas Españolas no comprendemos como aun quedan quienes creen que todo se reduce a una mera y beneficiosa descentralización administrativa, de la que somos partidarios, cuando los propósitos separatistas se presentan tan claros. El derecho a la autodeterminación -ha dicho un portavoz nacionalista- es la opción a constituirse, por propia y libre decisión, en estado independiente, o a separarse del territorio de un estado por elección mayoritaria de la población. Aunque, como antes se ha dicho, puede ser que todavía no este el fruto suficientemente maduro, y que el desenlace sea a plazo medio. A este respecto, Arzallus cifraba en una generación el tiempo que podían aguardar para alcanzar la independencia. Mientras tanto, continuaran las presiones, las escaramuzas dialécticas, la petición de mas libertades políticas, la escalada en el campo de las transferencias, pues mucho es lo alcanzado hasta ahora, pero aun quedan importantes aspiraciones que arrancar al débil estado español. He aquí algunas: en Cataluña, la catalanización lingüística, la reorganización territorial y la asunción de competencias y despliegue de los Mossos d'Esquadra; en el Pals Vasco, el despliegue de la Ertzaintza, simultáneo al repliegue de las fuerzas de seguridad del Estado, la transferencia de medios y facultades de la administración de justicia, la sustitución de la escuela publica estatal por la escuela publica vasca, y, a mas largo plazo, la creación de un ejercito vasco, con mandos autóctonos, para caso de una invasión extranjera (¿la española?) y la autorización de un banco nacional vasco. Y no piensen que estas son exageraciones, que no somos dados a ellas, se trata de una denuncia formulada en la prensa de Bilbao, por Adolfo Careaga, ex diputado a Cortes.

Semejantes pretensiones son como querer forzar las leyes y el sentido de la Historia, pues ni el País Vasco ni Cataluña fueron nunca independientes, y la autodeterminación no aparece como formula política en la Constitución, ni podrá contemplarse nunca, pues cualquier reforma al respecto seria como legislar la propia autodestrucción del Estado. Y el alegato nacionalista de que la firma de la Carta de las Naciones Unidas lleva implícita el reconocimiento por España de este derecho, no es valido por referirse a los pueblos en vías de descolonización, y ni el País Vasco ni Cataluña fueron nunca colonias. Garaicoechea, ha dicho, también, que va a trasladar las aspiraciones vascas al Parlamento Europeo y al seno de la Alianza libre europea, que reúne a las diversas organizaciones nacionalistas del continente, lo cual es algo así como recurrir al Archipampano de las Indias, ya que ni el primer organismo, ni menos el segundo tienen facultades para hacer nada en favor de su desdichada causa.

De todos modos, no puede ignorarse la gravedad del tema, cuyos resultados atentan contra la unidad de España, pues las actuales aspiraciones de autodeterminación pueden tomar la forma de una explosión nacionalista incontrolada, cuando agotada la capacidad negociadora del Estado, hechas por este todas las concesiones posibles en el elástico marco constitucional, maltrecha la soberanía española y preparada la sociedad española a aceptar lo inaceptable, se alcance el techo de la unidad nacional.

Se llega así al aspecto mas delicado del problema, el de la unidad de España, incuestionable en los limites actuales del territorio nacional; nada ni nadie puede alterarla, no siendo válidas las urnas, ni supuestas reformas constitucionales para lograrlo. España ha existido a través de los siglos por voluntad de muchas generaciones de españoles, que la construyeron y sostuvieron, a veces con muchos sacrificios, y la determinación de una minoría de una cierta época carece de fuerza y de derecho a romperla mediante el cauce democrático del voto o el cauce bélico de la violencia. Es ineludible deber de todos los españoles defenderla, y el Ejercito, pieza básica de la unidad, aplicara, sin duda, toda su fuerza y toda su pasión en el cumplimiento del mandato que el pueblo español le tiene confiado; varios Capitanes Generales así lo han proclamado. En principio, bastara con la disuasión de su presencia, pero si fuera necesario, recurriría a otros medios. Los españoles, incluidos los secesionistas, deben estar convencidos de que así se hará.

Procuremos entre todos que no sea necesaria la intervención del Ejercito; unámonos, para ello, en un frente común ante los separatistas; no persistamos en el error cometido en los comienzos de la transición democrática, cuando se dio a los nacionalismos unas alas que ahora va a ser muy difícil cortar con procedimientos pacíficos. El punto de arranque del nuevo camino esta, sin duda, en la reforma constitucional, y Juntas Españolas aboga por ella. Hagamos lo imposible para lograrla.




miércoles, 21 de octubre de 2015

SOBRE LA CAZA DE MAS.

Que en su megalomanía y ombligomundismo, entiende que el hecho de que el tesorero de su partido sea detenido por el asuntillo del 3% -Maragall dixit-, y se descubra que la red de prevaricación, corrupción y estafa de los separatistas catalanes se extiende a toda Cataluña, es una cuestión política para jorobarle a él, personal e intransferiblemente.

En su soberana estupidez, en su oceánica estulticia, ha declarado -véase El País-: “Convergència y yo somos objeto de caza mayor.”

Hombre, señor Mas... caza mayor, lo que se dice caza mayor, es mucho decir. No sea usted tan fatuo ni tan engreído; usted y los suyos son, como mucho, caza ínfima. Conejitos casi de peluche. Vamos, de esa que uno tira porque no tiene nada serio que llevarse a la mira.

Publicidad: