Pero piense el Gobierno que si España se le va de entre las manos, no podrá escudarse tras de una excusable negligencia. Cuando la negligencia llega a ciertos límites y compromete ciertas cosas sagradas, ya se llama traición.

José Antonio Primo de Rivera.
(F.E., núm. 15, 19 de julio de 1934)

sábado, 30 de abril de 2011

SOBRE CUBRIR LAS VERGÜENZAS.

Que eso es, ni más ni menos, lo que pretende el Ayuntamiento de Barcelona -lo cuenta El Mundo-, en modificación recién aprobada de sus Ordenanzas: que no vaya la gente en pelota picada -o casi- por sus calles.

Parece ser que los turistas han tomado Barcelona -y tantos otros lugares, no necesariamente costeros- por un lupanar donde exhibirse públicamente, y a los ediles no les parece correcto.

A mi tampoco, desde luego, y lo que en una playa es lógico y en un paseo marítimo tolerable, es inadmisible en el centro de las ciudades. Y si es -por ejemplo, y sin ánimo centralista- en Madrid, roza el absurdo.

Lo que si me parece, es que, de no haber tirado por tierra las normas -y la pedagogía a que aluden los concejales barceloneses- vigentes en el malhadado franquismo, se habrían ahorrado este camino.

3 comentarios:

Carlos Fernández Ocón dijo...

¡Por favor!. Si era cosa de Franco, entonces no.

Ya recuperaron la ley de vagos y maleantes como cosa de ellos, que encima era anterior a Franco pero estaba mal vista porque "era franquista", pero no lo era, pero la otra sí, no, tampoco. ¡Vaya lío!.
Estos modernos demócratas, pero ¡socialistas y/o nazionalistas!¿¿??, me vuelven loco con tanto liarla, liarse y hacerse la p... un lío solitos.
¡Qué harto me tienen!. ¿No podríamos rebobinar y volver a intentarlo de otros modos, con otros 'ilustres'?

Rafael C. Estremera dijo...

Como poder, podríamos. Bastaría con unas cuantas cosas:

Aplicar en todo su esplendor esa misma Ley de Vagos y maleantes que apoyó el PSOE en 1933.

Declarar nula a todos los efectos la Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado -si no mal recuerdo, de 1946- para que el "motor del cambio" se hubiese quedado en Estoril, con su amado progenitor Juan tres palos.

Aplicar a todos los separatistas y terroristas -armados de parabellum o de complejos y tópicos-, la misma legislación que la República aplicó a los campesinos de Casas Viejas.

Y así, cuantos ejemplos se quiera.

O, en su defecto, dejar de jugar a las quinielas en las elecciones, y votar de una puñetera vez a aquellos que ofrezcan lo que queremos, y no a los que nos manden cómo hay que pensar.

Carlos Fernández Ocón dijo...

Amén

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