Pero piense el Gobierno que si España se le va de entre las manos, no podrá escudarse tras de una excusable negligencia. Cuando la negligencia llega a ciertos límites y compromete ciertas cosas sagradas, ya se llama traición.

José Antonio Primo de Rivera.
(F.E., núm. 15, 19 de julio de 1934)

miércoles, 26 de mayo de 2010

SOBRE TRIFULCAS Y ELECCIONES.

Trifulca, la de ayer en el Senado, con los populistas pidiendo a gritos -literalmente- la dimisión de Zapatero, y los sociatas aplaudiendo a su pastor, que les concede graciosamente la mamandurria.
Dijo el Presidente de la Cámara; dijo la televisión y la radio; dice la prensa de hoy, que fue un espectáculo lamentable. Es posible que lo fuera para los que parasitean el chiringuito. Quizá hasta para los que aún creen en el sistema. No lo fue para mi, porque me proporcionó uno de los pocos instantes de regocijo que esa casta puede producir. Para mí, que recordé inmediatamente la chanza de José Antonio en ocasión similar -lo que tiene que hacer Su Señoría es dejar que nos peguemos de vez en cuando-, lo de ayer puso las cosas en su sitio: juego de niños en patio de colegio.
Los socialistas como un solo hombre -disculpe, doña Bibiana: como un solo hombre u hombra, una sola mujer o mujero, un solo híbrido o híbrida- aplaudiendo a su macho alfa -¿macha alfo?- aunque los conocedores indiquen que en su propio partido están hasta el gorro del susodicho remendón. Esas opiniones, en casita o en la tasca de rigor; en el partido, "si amo", y "qué quieres que te vaya lamiendo hoy". Y luego dicen que hay socialistas honrados, inteligentes y buenas personas. Si, claro que los hay; aquél alcalde que dimitió al aprobarse la Ley del aborto.
Pero también los populistas demostraron lo suyo, y aquí coincido, con el señor Rodríguez, acaso porque en la excitación del momento el Presidente tuvo un lapsus de inteligencia, sinceridad y decoro intelectual, tan extraños en un fulano así.
Y es que acertó dos plenos: uno, que al PP le importa tres leches todo, salvo trincar el poder. Ahora, que las encuestas le cantan al oído una considerable diferencia en intención de voto, ven llegado el momento de aprovecharse antes de que los vientos cambien. Porque en el PP tal vez no sean tan tontos como para creerse que son ellos los que -según los sondeos- van a ganar las elecciones, en vez de ser Rodríguez el que las va a perder. Que a efectos prácticos es lo mismo, pero que no es igual, puesto que el PP suma muy poquito y es el PSOE el que pierde mucho.
Zapatero dijo su otra verdad: que el PP perderá las elecciones del 2012. Y así será. Los que se informen y dejen manipular por la derecha ultracapitalista -COPE, Intereconomía, Libertad Digital, La Razón...- estarán convencidos, porque así se lo dicen, de que el PSOE se hunde, que los ministros andan a la greña, que el PP lo tiene hecho. Los que leemos al menos los titulares de otra prensa, vemos que el número de tontos es infinito, y hay mucho gilipollas que manda cartitas a los periódicos apoyando a su ZP de su alma, tan bueno, tan guapo, tan listo, que a cambio de joder a los pensionistas y a los funcionarios -esos vagos que se lo tiene merecido- va a arreglar el desaguisado de los dineros que se ha llevado el PP del asuntillo de los trajes de Camps. Porque el votante socialista saca esta consecuencia de las parrafadas incomprensibles y monótonas, como de hipnotizador de feria ambulante, de su Pepe Luí de sus entresijos. Su Pepe Luí -tan segundorepublicano, tan salteador de tumbas, tan hideputa- que flagela sin compasión a la derechona capitalista, que es la culpable de la crisis. Obviamente, ninguno de esos ha leído jamás a Orwell y su 1984. Tal vez porque no saben leer -de lectura comprensiva hablo, no de pronunciar letras como yo mismo pueda hacer con el alemán, pongo por caso-, pero votan.
Sin embargo, el PP no ve mas allá de los titulares de sus panegiristas de guardia, y ahora, cuando ya los tertulianos de su partido en diversos medios llevan meses pidiendo elecciones; cuando incluso la cadena COPE ha panzado una recogida de firmas para pedir la anticipación electoral, han decidido lanzarse al ruedo: elecciones ya, que ahora tengo posibilidades de agarrarme a La Moncloa.
Por supuesto, Rodríguez no va a caer en la trampa. El sabe que su rebaño le seguirá aunque se tire de cabeza por un precipicio, según demuestran los últimos seis años. El sabe que sus de la Vega, sus Aído -o Aída- sus Chacón, sus floreros -o floreras- de cuota todas; sus Sebastián, sus Pepiño, sus Corbacho o sus Bono, nunca van a levantarle la voz ni mirarán mal a su amo y señor. Y sabe que a dos años vista sus borregos se habrán acostumbrado a la falta de pitanza en los empobrecidos pesebres y, si acaso lo notan, habrán aprendido que la culpa es de la derecha.
Rodríguez no va a convocar elecciones anticipadas y -esta es la segunda coincidencia con él que anunciaba- estoy de acuerdo en ello.
Primero, porque aunque gobernase el PP, tampoco iba a hacer lo que de verdad hay que hacer. Y lo que hay que hacer es lisa y llanamente anular todo gasto suntuario de la casta política. Fuera autonomías, con un ahorro de 58.379.118 euros anuales (20 Minutos, 19.05.2010), sólo en sueldos de mandamases taifeños, a los que habría que añadir dietas, mamandurrias y gabelas varias, y la retahíla de altos cargos y consejeros digitales, que fácilmente decuplicarían la cantidad. Y eso, repito, sólo en sueldos y pasta gansa asimilable. Si hablamos de idioteces como las "miniembajaditas", las subvenciones al separatismo o al estudio del onanismo, las subvenciones de que les hablé hace unos días, la cifra resultante sería astronómica.
Y eso no lo va a hacer el PP aunque gane, motivo por el que no considero necesario adelantar elecciones. Y, además, no lo considero conveniente por una razón de peso o, cuando menos, de número: lo que nos cuestan las elecciones.
Primero, lo que los partidos se gastarían en la campaña, que -según Público- en las últimas elecciones fueron cincuenta millones de euros. Cantidad que -me dirán- es suya y la gastan como quieren. O no. Porque luego resulta que los partidos no pagan los créditos a los bancos, o estos los condonan graciosamente, y al final... ¿quien paga? ¿Quien sacude la tela para sacar a los bancos del lío? Pues eso, el Estado. Vamos, usted y yo.
Pero es que, además, los partidos no se financian ellos solitos, cada uno a su aire y como pueda, no. Los partidos se financian con las subvenciones que -por Ley- les da el Estado -recuerde, usted, y yo, y aquél señor que pasa por allí- y que en 2010 ya van por 85,41 millones, según informaba El Mundo, y según certificaba el BOE.
Así es que el dinero de los partidos políticos -los que tienen representación parlamentaria, que son los subvencionados; a los demás se les niega el pan y la sal- no es tanto suyo de cada cual, como nuestro, de cada uno.
Pero es que, además, tras unas elecciones generales, todos los partidos que hayan obtenido representación, tienen un suculento festín añadido del que informaba 20 Minutos tras las últimas elecciones generales: 0,79 euros por cada voto para el Congreso, y 0,32 euros por cada voto para el Senado. El montante final fue de 44.859.345 euros.
Además, cuéntese el gasto de urnas, de papeletas, de sobres, de personal para llevar todo ello a los colegios y ponerlo en su sitio; cuéntese el gasto en dietas y horas extra para la Policía Nacional, la Municipal y la Guardia Civil; cuéntese el gasto en dietas y horas extra de los miembros de las Juntas Electorales y de los juzgados que reciban las actas; cuéntese el gasto en dietas para los miembros de cada mesa (que hace catorce años se cifraba en unas siete mil pesetas por cada uno de los integrantes; esto es, veintiuna mil por mesa, a multiplicar por todas las de la geografía nacional); cuéntese el importe -para las empresas- de los permisos remunerados por los trabajadores designados para las mesas, y se tendrá una idea de lo que nos cuestan las elecciones.
¿Alguien piensa que, con la que está cayendo, estamos para ese putiferio?

1 comentario:

Apañó dijo...

¡Brillante y acertada reflexión!

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