Pero piense el Gobierno que si España se le va de entre las manos, no podrá escudarse tras de una excusable negligencia. Cuando la negligencia llega a ciertos límites y compromete ciertas cosas sagradas, ya se llama traición.

José Antonio Primo de Rivera.
(F.E., núm. 15, 19 de julio de 1934)

viernes, 5 de junio de 2009

SOBRE EL SNOBISMO Y LA IGNORANCIA.

Porque no hay nada más penoso que un snob ignorante.
Motivos para decirlo y ejemplares de ignorante sin nobleza -que eso a fin de cuentas significa la palabra snob- hay muchos. Hoy me refiero a los padres que condenan a sus retoños al ridículo de lo que llaman -snobs al fin- bautizo civil.
Ya en su día comenté a propósito de un desaguisado semejante; pero ayer -leo en la página 4 de 20 Minutos- se perpetró otro en Madrid, a cargo del concejal socialista y homosexual -traigo a colación la condición sexual puesto que el interfecto la proclama públicamente como un valor añadido a su cargo- Pedro Zerolo. La víctima del choteo fue el hijo de Cayetana Guillén Cuervo, a la que ustedes recordarán por sus padres, grandes actores, y por no haber sido capaz de seguir los pasos artísticos de sus ancestros, quedándose en paniaguada televisiva.
El acto -al tratarse de oficiante invertido público habrá que decir con perdón- consistió en "el compromiso público -del bauticivilizado- con su ciudad y con los valores constitucionales", y obtuvo la "carta de ciudadanía".
La progresía avanza, pues, a todo trapo, y sustituye la tradicional forma de compromiso con la ciudad de residencia -el empadronamiento-; el compromiso con la Constitución -residencia dentro del territorio nacional-; y la ciudadanía -inscripción en el Registro Civil- con unas parrafadas de concejal monflorita y unas sonrisas de padres necios.
¡Pobre crío!



3 comentarios:

SPEER dijo...

Ahora falta que en mi Parroquia celebren "comicios seculares" a la elección del cura.
Al tiempo.

R C E dijo...

Por mi parte, creo que podemos exigir que la Partida de Bautismo tengo efectos en el Padrón y el Registro Civil.

Anónimo dijo...

¿Donde andaba el defensor del menor?pobre criatura entre gilipollas y maricones y encima su abuelito machacandole el cerebro con un poema del Benedetti.Que horror.Antón

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