Pero piense el Gobierno que si España se le va de entre las manos, no podrá escudarse tras de una excusable negligencia. Cuando la negligencia llega a ciertos límites y compromete ciertas cosas sagradas, ya se llama traición.

José Antonio Primo de Rivera.
(F.E., núm. 15, 19 de julio de 1934)

lunes, 27 de enero de 2014

SOBRE LA "VERDAD" Y LA "JUSTICIA" DE LOS CÓMPLICES.

Les copio textualmente de El País, y luego hablamos:

“Deberían tener los mismos derechos: verdad, justicia y reparación, igual que nosotros”, afirma Mari Carmen Hernández, viuda de Jesús María Pedrosa, concejal del PP en Durango (Vizcaya) asesinado por ETA en 2000. Para ella, tanto los fusilados por falangistas como los muertos por la banda terrorista “defendían las libertades, los mataron por sus ideas”. “El Gobierno debería comprometerse y no vulnerar los derechos de las víctimas del franquismo”.

(...)

Robert Manrique, superviviente de la mayor matanza de ETA, el atentado de Hipercor, que mató a 21 personas en 1987, considera que las víctimas del franquismo tienen un “sufrimiento añadido”: “Sufren el abandono y sufren porque no han podido enterrar a sus muertos”. Preguntado por qué cree que las víctimas del franquismo no tienen los mismos derechos, responde: “Las Administraciones han visto en las víctimas de ETA un filón de utilización partidista. Con las del franquismo, después de tantos años olvidadas, pensaron que nadie iba a pedir por ellas. No dan los réditos políticos que dan algunas víctimas del terrorismo”. Manrique recuerda que durante mucho tiempo las víctimas de ETA sufrieron un abandono e incomprensión similar. “Hasta 1999 no hubo una ley de solidaridad con las víctimas del terrorismo. Las del franquismo llevan 70 años esperando y aún no tienen la legislación que se merecen”.

(...)

Maite Pagazaurtundua, hermana de Joseba, exjefe de la Policía Municipal de Andoain (Gipuzkoa) asesinado por ETA en 2003, invita a las víctimas del franquismo a reunirse con ellas —es miembro del Colectivo de Víctimas del terrorismo en el País Vasco, Covite— y “compartir experiencias”. No obstante, cree que en algunos aspectos aquellas lo tienen mejor. “En una parte del País Vasco sigue sin verse a ETA como algo negativo, pero no hay ningún territorio de la geografía nacional en el que haya cientos de personas a las que le parece bien lo que hizo Franco”, afirma.

* * * * *

Ustedes saben de sobra mi opinión. Saben que tengo muy claro que ETA mata españoles por el hecho de serlo, con independencia de su pensamiento político. También ha matado a algunos extranjeros, cierto, pero sin intención al elegirlos. ETA mata indiscriminadamente a los maketos, y quien quiera establecer distinciones de que si un asesinado era obrero que no se metía en nada, o político que defendía su democracia, es caer en la complicidad con un acto criminal que no tiene más objeto que asesinar españoles.

También saben de sobra mi pensamiento sobre los asesinatos etarras: que prefiero que no haya muertos, pero que si los tiene que haber prefiero que los muertos sean políticos a gente de uniforme. Cosa, por cierto, que a los etarras les costó mucho aprender porque en su cerrilidad criminal no veían más allá de las banderas de España del uniforme de militares, guardias civiles y policías, y tardaron en darse cuenta de que los políticos no tenían inconveniente en pagar con la sangre de otros.

Por tanto, los asesinados por ETA lo han sido porque eran españoles, y no por -como dice la señora Hernández, viuda de concejal del PP en Durango- sus ideas ni por defender las libertades entendidas al memocrático modo. En todo caso, a su marido puede que lo mataran por ser del PP; esto es, por ser político opuesto a los políticos separatistas; pero a la inmensa mayoría de los asesinados los mataron por ser españoles. Independientemente de lo que cada uno pudiera pensar. 

A los políticos del PP y del PSOE puede que los mataran por sus ideas, caso de que alguien, alguna vez, haya podido saber qué es lo que piensa el PP y el PSOE de algo. Pero ¿qué pensaban los generales, jefes, oficiales, suboficiales y soldados -incluidos, evidentemente, los de la Guardia Civil- asesinados? ¿Qué pensaban los policías, bajo sus diversas adscripciones? 

Sabían, sí, que el hermano de doña Maite Pagazaurtundua -sin acento en el periódico- era socialista. ¿Cuántos socialistas de uniforme, aunque fuera municipal, asesinó ETA? ¿Cuantos peperos? Y, ¿cuántos cuyo único pensamiento conocido era que habían jurado derramar hasta la última gota de su sangre en la defensa de España?

La cuentas, salvo para cretinos, están claras.

Pero esto casi es lo de menos. Porque lo más es la comparación entre los asesinados por ETA y las -dicen- víctimas del franquismo; comparación que sólo puede venir a un intento de congraciarse con los asesinos y sus cómplices habituales -los políticos del maten a quien maten mientras los muertos eran de uniforme-, y que le convierte a su vez en cómplices.

Puede que en la guerra y la inmediata postguerra se diera rienda suelta a venganzas, rencillas o envidias. Pero las víctimas del franquismo -ya es hora de decirlo bien claro, coño- fueron sometidas a  proceso y, en su caso, condenadas. Con muchas más garantías procesales de las que esas víctimas habían dado a sus propias víctimas.

En la España de Franco a nadie se juzgaba por sus ideas, sino por sus hechos. En la desgraciada España de la Segunda República y de ésta Monarquía memocrática, se juzga por las ideas. Se persiguen las ideas, no los hechos.

Yo soy Nacionalsindicalista. Para los poco versados, se lo aclararé en falangista. Y a mucha honra, porque falangista es una de las pocas cosas serias -otra es requeté- que se pueden ser en España, así como español es una de las pocas cosas serias que se pueden ser en el mundo.

Y a mi -a mí y a los míos, pero hablo exclusivamente desde mi opinión y no quiero mezclar a nadie- se me condena, por falangista, a compararme con los etarras, en las palabras de la señora viuda de concejal del PP en Durango. No sólo de ahora, porque los papanatas y los canallas ya hace tiempo que se aprendieron el latiguillo del fascismo de ETA, cuando cualquiera que no sea imbécil sabe que ETA es marxista. Por propia confesión.

Claro, que no es eso todo. La señora Pagazaurtundua me condena igualmente como a bicho raro, delincuente peligroso, cuando dice que no hay ningún territorio de la geografía nacional en el que haya cientos de personas a las que le parece bien lo que hizo Franco.

Pues, señora Pagazaurtundua, lo que no hay es ningún lugar en el territorio nacional donde no se cuenten por miles los que bendicen la época de Franco. Lo que ocurre es que ustedes los condenan por sus ideas, los condenan al ostracismo en los medios de manipulación de los que tan bien se valen para seguir en sus mamandurrias de viuda de pepero o hermana de socialista asesinado. 

Y por si algo faltara, llega el superviviente de Hipercor y dice que hasta 1999 no hubo una ley de solidaridad con las víctimas del terrorismo. Las del franquismo llevan 70 años esperando y aún no tienen la legislación que se merecen.

Esto es verdad. Lo es desde que un Gobierno de Franco concedió la amnistía total por los delitos cometidos en la guerra a todos los rojos que aún no habían respondido de sus crímenes, cuando la legislación que se merecían era la de Nuremberg.

Me he manifestado, por escrito, en innumerables ocasiones, y quien guste comprobarlo puede hacerlo con sólo descargarse todos mis artículos en los enlaces que hay en la página de Ediciones anteriores. Me he manifestado, físicamente, en unas cuantas, comenzando por la manifestación contra el terrorismo convocada por Fuerza Nueva allá por el año 1979, y terminando por la convocada por Juntas Españolas en -no recuerdo exactamente- 1988 ó 1989, de la que mi camarada Eloy hacía referencia hace poco en su Trinchera. Después de esa fecha, las circunstancias me obligaron a retirarme de la militancia activa, y tampoco he querido acudir al llamamiento de asociaciones que bendecían al PP y exigían ocultar sus símbolos a otros grupos, y que -ahora se ve- acabarían comparándome con los asesinos de sus familiares.

Así es que -una vez más, pero con más razón cada día- sigo en mis trece. Las mujeres y hombres de los Ejércitos, de la Guardia Civil, de los grupos nacionales, asesinados por ETA -o por el GRAPO, o por cualquier hideputa sin graduación- son mis muertos. Los demás, Dios me perdone, que se apañen con sus parientes lameculos y canallas.

3 comentarios:

Rafa España dijo...

Por no hablar de las victimas del "Frente Popular".
Miles de asesinados por las hordas rojas tampoco fueron desenterradas durante el franquismo, pero de ellos mejor no hablar.
¡Qué bien se vive contra Franco!
Saludos mi General.

C S Peinado dijo...

Mi buen amigo, no hay más verdad en España que todo lo que huela español es reo de muerte. Lo que me parece pasmoso es la reacción de las víctimas. Cosa que, por otro lado, creo que es lo más normal en un país donde lo más normal es cagarse en la rojigualda mientras se ensalza cualquier mierda que vaya en su contra. Cosas veredes.

Un saludazo.

Rafael C. Estremera dijo...

Así es; toda la gentuza sigue viviendo cojonudamente contra Franco. Pero, pese a conocerme el paño, esto de esas víctimas vergonzantes no me lo esperaba.

No deja de ser agradable tener aún capacidad de asombro.

Un saludo.

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