Pero piense el Gobierno que si España se le va de entre las manos, no podrá escudarse tras de una excusable negligencia. Cuando la negligencia llega a ciertos límites y compromete ciertas cosas sagradas, ya se llama traición.

José Antonio Primo de Rivera.
(F.E., núm. 15, 19 de julio de 1934)

jueves, 29 de abril de 2010

SOBRE LOS HIDEPUTAS IDEOLOGICOS.

Como resulta que las imágenes de las camaras de seguridad captaron la agresión de un rojo ultraizquierdista a un chaval pacíficamente sentado en un vagón del Metro, los periódicos, las televisiones, las radios, se han lanzado a pontificar sobre el odio ideológico. Así lo titula el 20 Minutos (edición papel de Madrid, pag. 2).
Por supuesto, con la inestimable colaboración del tolerante profesional Esteban Ibarra -que vive cojonudamente de su meneíllo subvencionado-, y que declara que todo esto viene de "webs" donde se fomenta la xenofobia.
Como para los rojos de sillón los únicos xenófobos somos los ultras -los que llaman de derecha, claro, porque de los ultras de izquierda nadie habla; los ultrarojos sólo son radicales- queda claro a quien se culpa de todo.
Por si faltaba algo, o por si los lectores de los panfletos amarillos son más tontos de lo que le parecen a los amos, hacen un repaso de los crímenes ideológicos, xenófobos, racistas, y -ni que decir tiene- fascistas: desde la dominicana Lucrecia Pérez, asesinada en 1992, hasta el pollo Palomino, en 2007, y pasando por Aitor Zabaleta, aficionado de la Real Sociedad asesinado en un partido de fútbol, que no se a qué viene citarlo.
Y para completar, la referencia a si el agredido en esta ocasión reciente había dicho algo sobre el difunto pollo, y si el ultraizquierdista agresor defendía a su fenecido amigo Palomino, motivo suficiente para que a la madre del citado pollo le parezca muy bien la paliza que el ultrarrojo le pegó a un pacífico viajero de Metro.
También la Policía -que para eso cobra- dice que es lo que pasa cuando hay tantos radicales. Pero sólo citan -según el mencionado 20 Minutos; si no es cierto, que le reclamen al becario correspondiente- que agredido y agresor estaban "fichados" (esto es, aunque no habían cometido ningún delito aún, los tenían localizados y espiados, pasándose por el forro de la gorra la presunción de inocencia y la no interceptación de las comunicaciones); y que uno era antifascista y el otro simpatizante de la extrema derecha. Vamos, que el antifascista no es ultraizquierdista.
Curiosamente, la madre del difunto pollo asegura no conocer al agresor -llamado por la prensa Raúl, sin apellido, no se sabe si por defender su anonimato pese a ser mayor de edad y delincuente, o porque carece de él- pero sí afirma que respondió a una provocación muy concreta: "jódete, que el pollo está muerto". ¿Soy el único al que le parece que esta señora sabe demasiado para no conocer al agresor? ¿O es que, con estos tolerantes, ir a un asador a pedir un pollo asado va a ser una heroicidad digna del huevo frito, Laureada por otro nombre?
En fin, que ya sabemos lo que es esto: el radical -no ultraizquierdista, ni infrarrojo, sino radical-, el tolerante meneíllo del no tan joven Ibarra, los becarios gilipollas de periodiquines y periodicuchos, los amos de los susodichos -de los papeles y de los plumíferos-, la policía y los bienpiensantes -no es errata- insinúan que el agredido se lo tenía merecido por ser ultraderechista.
Bien; en tal caso, es evidente que ustedes -todos los precitados y quien guste sumarse, que hay para todos- son, en lenguaje cervantino, unos hideputas.
Y esto no es -ustedes no tienen ideas, sino antipatías- odio ideológico sino constatación de una realidad indiscutible.

1 comentario:

Soldado Vikingo dijo...

Lo que me parece milagroso es que si fue hace mes y medio el caso haya salido a la luz...Le deseo todo lo mejor al chaval agredido, ¡animo camarada!.

Publicidad: