Pero piense el Gobierno que si España se le va de entre las manos, no podrá escudarse tras de una excusable negligencia. Cuando la negligencia llega a ciertos límites y compromete ciertas cosas sagradas, ya se llama traición.

José Antonio Primo de Rivera.
(F.E., núm. 15, 19 de julio de 1934)

miércoles, 24 de febrero de 2010

SOBRE EL DIALOGO SINDICAL.

Diálogo al que el señor Rodríguez invita a los sindicatos, mostrándose seguro de que al final habrá acuerdo sobre el tema de las pensiones porque -dice El Imparcial- su Gobierno escucha y no hace decretazos.
No me cabe la menor duda de que habrá acuerdo. Por una sencilla razón: los sindicatos que se llaman mayoritarios -¿para cuándo lo de hacer público el número de afiliados?- están pagados por el Gobierno.
No por este Gobierno en concreto, sino por el que haya en cada momento. Los sindicatos autodenominados mayoritarios perciben enormes cantidades del Gobierno. Cantidades sin las que no podrían subsistir, porque las cuotas de sus afiliados no llegan, seguramente, ni para pagar el agua.
Y digo del Gobierno, no del Estado. Los sindicatos estarían subvencionados por el Estado si hubiese una Ley que indicara qué cantidad les corresponde en función de tal o cual criterio: número de afiliados, número de delegados... Pero no es así. Es el Gobierno el que -cada año, en la Ley de Presupuestos Generales- determina la partida que destinará a sufragarlos.
Y ya lo dijo don Alfonso Guerra: el que se mueve no sale en la foto. Así es que, ni que decir tiene, el señor Rodríguez obtendrá su acuerdo, y los sindicatos mayoritarios entonarán loas al augusto prócer que nos permitirá jubilarnos a los 90 años, evitándonos así la tentación de la pereza, la apatía y la molicie en la cuarta edad.

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