Pero piense el Gobierno que si España se le va de entre las manos, no podrá escudarse tras de una excusable negligencia. Cuando la negligencia llega a ciertos límites y compromete ciertas cosas sagradas, ya se llama traición.

José Antonio Primo de Rivera.
(F.E., núm. 15, 19 de julio de 1934)

lunes, 27 de julio de 2009

SOBRE CONDENAS ESPERANZADORAS.

La condena de quince miembros de la organización Hammerskin, que lo han sido a penas de entre año y medio y dos años por los delitos de asociación ilícita, tenencia ilícita de armas y -por si fuera poco- promover el odio y la violencia.
 
La esperanza a que aludo no viene -obviamente- por el hecho de que hayan sido condenados estos señores, sino por las implicaciones que representa para el futuro.
 
Por ejemplo, la -espero- inmediata disolución de las asociaciones culturales de Latin Kings y similares, con el correspondiente encarcelamiento de sus miembros por los mismos delitos.
 
Por ejemplo, la -espero- inmediata persecución en serio de las bandas de delincuentes llamadas del Este, o gitanas, o marroquíes, senegalesas y subsaharianas en general, y de las llamadas latinas; esto es, hispanoamericanas, porque Julio César hace tiempo que no tiene trato con delincuentes, y la última vez fue para ahorcarlos.
 
Por ejemplo, el -espero- inmediato encausamiento de las asociaciones de maricas, tortilleras, y plumipescaderos, por su intolerancia para los de comportamiento sexual ajustado a la nauraleza, lo cual supone promover el odio y la violencia.
 
El de las asociaciones dichas contra la intolerancia, el racismo y la xenofobia, por su intolerancia hacia los que estamos hasta el gorro de soportar que a algunos se les permita hacer lo que a cualquiera de nosotros -generalmente pacíficos, españoles, y blancos- nos supondría entrullamiento, lo que equivale a promover el odio y la violencia.
 
El de las clínicas abortistas, porque nada es más clara promoción del odio y la violencia que el asesinato, con las agravantes evidentes de premeditación, alevosía, abuso de fuerza y de confianza, y otras muchas que cualquier jurista puede hallar.
 
El -espero- inmediato encausamiento de la Banca, por quedarse nuestros dineros generosamente entregados por el Gobierno socialista, y no facilitar mínimamente los créditos necesarios para las empresas modestas, lo cual evidentemente repercute en promover el odio y la violencia.
 
La -espero- inmediata investigación de las administraciones públicas que destinan partidas exorbitantes a gastos suntuarios -despachos, pisos, coches, muebles, celebraciones- e incluso criminales, como los de las embajaditas regionales dotadas de pasta gansa, lo cual es evidentemente promover el odio y la violencia.
 
La -espero- inmediata investigación de los delitos de prevaricación cometidos por las administraciones públicas, que al bajar el sueldo de los empleados de filas para subírselo a los directivos fomentan el odio y la violencia.
 
La -espero- inmediata disolución de las organizaciones empresariales y de las sindicales subvencionadas por el Gobierno, por promover el odio y la violencia, con exigencias irrazonables y huelgas salvajes injustificables -según el caso- que dañan al conjunto de la sociedad.
 
La -espero- inmediata expulsión de la carrera judicial de los jueces de reconocida filiación política o nombrados por los políticos, porque ello promueve el odio y la violencia.
 
La -espero- inmediata disolución de los partidos políticos que, con la redacción, aprobación y aplicación de la llamada Ley de Memoria Histórica -esto es: el PSOE en funciones de abuelito cabrón, revanchista y bastante lelo; IU en funciones de chivato y soplón, lo que mejor cuadra a su filiación comunista; el PP en funciones de fiel cumplidor de los mandatos del adversario y de meretriz lechodonante- promueven clara y evidentemente el odio, ya olvidado decenios atrás.
 
Y a todos ellos -políticos principalmente, y con preferencia los cobardes peperos- por promover una violencia que hoy es aún latente, pero que lleva camino de saltar y llevarse por delante lo que pille, en función de los muchos y profundos odios que generan.
 
 

3 comentarios:

Apañó dijo...

Lo que está sucediendo en España es una vergonzante y descarada aplicación de "la ley del embudo" (que decía mi difunto padre) Una "ley", de hecho, muy del gusto de las retroprogresías buenistas y "justicieras" que siempre autolegitiman sus acciones, poltolmorro, porque ellos lo valen y porque son los "buenos" buenísismos ¡faltaría más!
¡Si esto es un "democracia" yo soy un subversivo bolchevique!

Saludos y ¡Arriba España!

Rafa España dijo...

Marco de plata.
No se puede hacer mejor un artículo de un tema tan delicado y comprometido.
A mi tambien me hubiera gustado haberle hecho referencia al tema de esta condena pero no sabía abarcarlo sin quedar demasiado politicamente incorrecto.
Marco de plata.

R C E dijo...

Esto, Apañó, es la degeneración absoluta de la democracia; esto es, la demagogia. O, como dice Ismael Medina, la quinquicracia.

Gracias, Rafa. A mi también me ha costado encontrar la forma de decirlo, pero la frasecita de fomentar el odio me encendió la bombilla.

No hay nada como la mala leche para escribir...

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