Pero piense el Gobierno que si España se le va de entre las manos, no podrá escudarse tras de una excusable negligencia. Cuando la negligencia llega a ciertos límites y compromete ciertas cosas sagradas, ya se llama traición.

José Antonio Primo de Rivera.
(F.E., núm. 15, 19 de julio de 1934)

sábado, 14 de enero de 2012

SOBRE LA VERGÜENZA AJENA.

Vergüenza que siente uno, pese a ser perro viejo, ante la catarata de quejas hacia el Gobierno del PP. Y más aún, ante el torrente despendolado de tantos que hace un mes corto ladraban casi mordientes, y ahora -con perdón- menean el rabo en laude imposible.

Como mi circunstancia familiar me obliga a dejarme días de vacaciones hasta el último momento, ando ahora quemando los restos del pasado año. Eso me permite ver un trozo de la programación de Intereconomía, particularmente esos en los que una parte de la pantalla es ocupada por los mensajes de los espectadores.

Y si: se me cae la cara de vergüenza ajena viendo que ahora se quejan -generalmente por el nombramiento de la señora Vela, aunque también por otros temas- e incluso amenazan con no votar de nuevo al PP.

También se me cae la cara de vergüenza ajena -se me cae y rebota-, oyendo cómo ciertos contertulios se hacen de nuevas, asombrados al parecer, por las primeras inicitivas de Rajoy. Y no es que se me caiga la cara; es que sale pitando como un fórmula 1, ante la cara dura -sin paliativos- de cierta señora García de Vinuesa, que en otros momentos no tan lejanos parecía a punto de morder en antena a quien osara decir algo contra el PP; y que ahora, con una mansedumbre ejemplar, cariacontecida, suplicante y convertida la voz tronante de antaño en mero susurro, pide comprensión para su PP.

Vergüenza ajena ante tanto becerro que ha ido al matadero de la urna sin querer oír, ni ver, ni entender, y ahora lloriquea; vergüenza ante tanto bandarra que critica al PP, pero sigue en sus trece de no dar cancha a otras opciones. Vergüenza ante los palmeros que bajan la cabeza, pero siguen embistiendo, probones y mansos.

Porque no será porque no se les ha advertido en todas las formas posibles, desde los sitios donde los que vemos claro lo que es el PP hemos podido hacerlo. No, desde luego, desde esa Intereconomía que tanto ha contribuído a llevar a engaño al votante, donde sólo dan voz a su PP y a su PSOE -suyo, pues representantes cualificados socialistas participan en sus programas-, pero niegan el pan y la sal -y los programas y los anuncios pagados-, a los que podrían decir otra cosa. Otra cosa que es, precisamente, lo que esa buena gente -engañada aunque por su gusto-, ha querido votar al votar PP.

Vergüenza ajena de una sociedad suicida, que no mira más allá de pasado mañana, que no quiere ver lo que se nos viene encima y que, como todos los pueblos dormidos, despertará cuando sea tarde.

3 comentarios:

Ocón dijo...

Disfruta entonces de estos días libres Rafael.

¿Se puede morir de vergüenza?. Ajena o propia, debe ser el sentimiento que mayormente llevo experimentando los últimos años. Están los cabreos y las depres y los escasos buenos momentos, pero sobretodo la vergüenza.

Un saludo

Rafael C. Estremera dijo...

Gracias, Carlos.

Creo que no; porque si se pudiera morir de vergüenza, la mitad de nosotros no estaría aquí.

Ocón dijo...

Mugüeno

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