Pero piense el Gobierno que si España se le va de entre las manos, no podrá escudarse tras de una excusable negligencia. Cuando la negligencia llega a ciertos límites y compromete ciertas cosas sagradas, ya se llama traición.

José Antonio Primo de Rivera.
(F.E., núm. 15, 19 de julio de 1934)

jueves, 19 de marzo de 2009

SOBRE LA RABIETA CONDONERA.

Cuenta ADN que el Ministerio de Sanidad va a enviar un millón de preservativos a África para contribuir a frenar la expansión del VIH-Sida y fomentar la prevención de esta infección.
Ello, justo después de que Su Santidad pusiera las cosas en su sitio, afirmando que la solución para el SIDA -y para tantas otras cosas, me permito añadir- es humanizar la sexualidad con nuevos modos de comportamientos.
Como la contribución de la Sanidad española a las cópulas estériles en Africa está aún pendiente de la convocatoria del pertinente concurso, no hay que ser un lince -de esos que el Gobierno protege más que a los niños- para deducir lo de la rabieta a que antes me refería. Exactamente lo mismo que la prensa amarilla; esto es, casi toda. Porque unos y otros -y sobre todo, otras- no tienen ideas al respecto pero, eso sí, atesoran fervientes antipatías. De manera que, diga lo que diga Su Santidad, siempre irán a la contra.
Deberían los consejeros del Papa, para que la prensa y el Gobierno español adopten una actitud lógica -o simplemente humana- aconsejar a Benedicto XVI que abogue por el folleteo libre, la cópula indiscriminada, el roce fijo discontínuo, y tantas otras fórmulas como los golfos y las casquivanas han puesto de moda. Viviríamos entonces una vuelta a la moralidad que casi podría convertir en decentes a las futuras generaciones.

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