Pero piense el Gobierno que si España se le va de entre las manos, no podrá escudarse tras de una excusable negligencia. Cuando la negligencia llega a ciertos límites y compromete ciertas cosas sagradas, ya se llama traición.

José Antonio Primo de Rivera.
(F.E., núm. 15, 19 de julio de 1934)

sábado, 20 de marzo de 2010

SOBRE LA SALIDA DE LA CARCEL.

La de don Luis Roldán, chorizo -si no mayor del reino, porque en este reino hay mucho chorizo y aún más gorrino- bien catalogado y con marchamo de origen socialista, que garantiza buena cochiquera o, para clásicos, zahúrda.
Daba ayer la noticia la prensa con cierto despliegue y bastante coincidencia en señalar que el chorizo Roldán no ha devuelto la pasta, dice él que porque no la tiene, que se la quitaron -lo de robar a un ladrón, será-, y con poca presencia de la declaración más interesante que hizo.
Así, el único periódico -de los que miro, que son bastantes- que ayer la citaba, era El Imparcial. El resto, por falta de tiempo o de voluntad, callaba ejemplar y mansamente.
La declaración a que me refiero es esa -en las teles sí que salió- donde decía que el había pagado mientras que otros se habían ido de rositas.
Pues, don Luis, no se a qué espera para cantar, por el palo que prefiera, quién tenía que haber pagado, y los porqués. Espero con ansiedad su traviata, señor Roldán.
Por cierto: entre los ejemplar y mansamente callados estaba -¿le extraña a alguien?- El País.

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