Pero piense el Gobierno que si España se le va de entre las manos, no podrá escudarse tras de una excusable negligencia. Cuando la negligencia llega a ciertos límites y compromete ciertas cosas sagradas, ya se llama traición.

José Antonio Primo de Rivera.
(F.E., núm. 15, 19 de julio de 1934)

miércoles, 29 de mayo de 2024

SOBRE EL FANGOSO SÁNCHEZ.

Hoy hemos visto y oído cómo el señor de Begoña Gómez, de soltero Pedro Sánchez, ha lanzado fango a diestra y ultradiestra -lo que los rojos de mierda llaman derecha y ultraderecha, que hay que aclararlo porque son cortitos de entendederas-, en el curso de una sesión parlamentaria donde ha tenido a bien no contestar las preguntas de la oposición. Cosa, por otra parte, perfectamente normal en las dictaduras bananeras, las dictaduras estalinistas y la -como la llama mi camarada Eloy en su Trincherademocaca española.



Evidentemente -como buen rojo mentiroso y tramposo-, dice que es lo que él llama derecha y ultraderecha la que lanza fango sobre su reputación inmaculada. Sabe perfectamente que su señora esposa quizá sea honrada, pero desde luego no lo parece. Eso fue suficiente para que Julio César repudiara a su esposa, pero es que César era eso: un César. Y el señor de Gómez -de soltero Pedro Sánchez-, no es mas que un mindundi, un tahúr, un sinvergüenza y un canalla que desde la tribuna pública miente más que habla.
Y que persiste en la canallada de considerar que todos los españoles que han votado al PP y sobre todo a VOX no son dignos de consideración, no valen nada, no son nadie. Los votantes de VOX, especialmente, deben ser -como dicen en Méjico, al que debemos este término tan clarificador- "ninguneados."
Este Gobierno es libre y ustedes son esclavos con sus pactos con la ultraderecha. Ni mil palabras de fango van a tapar los gobiernos con Vox, ha dicho el señor de Gómez -de soltero Pedro Sánchez. El señor de los arrejuntamientos con la canalla separatista y terrorista; el señor que amnistía criminales con tal de seguir en La Moncloa; con tal de tener a su servicio a todos los canallas de la prensa, y de mandar en los Tribunales de Justicia -que cada vez son menos justos, si es que alguna vez lo fueron en este sistema pútrido-, en la fiscalía, y en todo el aparato del Estado. Ese señor que se permite decir que el PP forma gobiernos de la vergüenza con VOX.
Ese señor de doña Begoña Gómez -de soltero Pedro Sánchez-, que se permite hablar de VOX, un partido  elegido por millones de ciudadanos, como si fuera un mal a erradicar. 
O acaso es que de eso se trata. De ir haciendo al personal a la idea de que hay que eliminar a VOX de la forma en que ya hizo ademán doña Mónica García, y hace sólo unos días otro diputado autonómico de Madrid, un tal Pablo Padilla.
¿Se trata de eso, señor esposo de doña Begoña? ¿Van a quitarse ya la careta y a empezar lo que ustedes saben hacer? ¿Van a empezar ya a asesinar a adversarios políticos como Calvo Sotelo? Ni se imaginan la ilusión que me hace que se quiten la careta de una vez y den su cara auténtica de asesinos, de ladrones, de dictadorzuelos estalinistas. 
Lo digo por ir sacando el chopo.
Y a quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga.



miércoles, 8 de mayo de 2024

SOBRE EL COMUNISMO PROPALESTINO.

No quería meterme en este charco, porque conozco las querencias antijudías de muchos de mis posibles lectores.

Digo antijudías, no antisemitas, porque -como me ilustró mi camarada Arturo Robsy, conocedor de historias y hasta de idiomas para mí imposibles- tan semitas de origen son los judíos como los palestinos.



Aclarado  esto,  paso  a  lo  que  me  importa  hoy  comentar:  la  acampada  de  gentes  que -supongo- han pagado una matrícula -estudiar, a la vista está que no- en la Universidad Complutense de Madrid, y otros que cobran por pasearse -enseñar, también está a la vista que no- por las aulas. Gentes -presuntos estudiantes y presuntos profesores- que mantienen una acampada indefinida para mostrar su apoyo al pueblo de Palestina y exigir el fin del conflicto en Gaza, indica El Debate.

Cito a este periódico porque suyos son los periodistas que han sido expulsados de la acampada, al grito de «fuera fascistas de la Universidad,» y de que «la extrema derecha abandone el espacio».

No serán estudiantes de Física, me permito aventurar, porque en tal caso sabrían que el espacio no se puede abandonar. Tampoco el tiempo, porque ambas magnitudes definen nuestra existencia y, la verdad, me parece una forma muy rebuscada para indicar a los aludidos que se mueran. Hace falta algo más de inteligencia para un juego de ideas así, y estos son de piñón fijo, de los que -decía Longanessi- no tienen ideas, sino antipatías. Y además, aunque sigan dentro del tiempo, están anclados a los años fastuosos del estalinismo rampante, lo cual les inhabilita para cualquier humorismo.

En fin, a lo que voy: los propalestinos son antifascistas, ergo comunistas. Lo cual me justifica sobradamente para mantener mi postura de siempre sobre Israel, el Estado que nos está salvando el trasero de la invasión musulmana, por más que los imbéciles políticos -y los religiosos- procuren abrir las puertas a todos los que un día u otro nos acabarán acogotando. Merecidamente, además. Por tontos.

Pero de momento, ahí sigue Israel; el único Estado del mundo que se pasa por el arco del triunfo la opinión de los manifestantes comunistas, de los profesores de estalinismo dictatorial, de los mamarrachos al estilo de un tal señor esposo de doña Begoña, y hace lo que tiene que hacer para defender su territorio, su existencia y su esencia.


viernes, 3 de mayo de 2024

SOBRE EL CABESTRO.

Dice la prensa que el ministro -con minúsculas, no es errata- Urtasun, que lo es de cultura -minusculísima- va a eliminar el Premio Nacional de Tauromaquia, porque al minúsculo ministro la Tauromaquia le parece una «actividad injusta, sádica y despreciable, que nada tiene que ver con la cultura.»



Por supuesto, la Tauromaquia no tiene nada que ver con la minúscula cultura del señor Urtasun. La Tauromaquia no trata de llevarse a un toro a dar un paseo sujeto con una correíta, ni de comprarle abriguitos o chubasqueros para el invierno. La Tauromaquia consiste en tratar al toro como el toro bravo merece: con respeto.

A mí, que no soy ministro -¡Dios me libre!-, ni soy nada culto al estilo del minúsculo señor Urtasun, me parece que lo injusto, sádico y despreciable es extinguir una especie. Y el toro -el toro bravo; el buey es otra cosa- no tiene más razón de ser que la plaza, la lidia y la muerte. Nadie va a criar toros bravos por el gusto de verlos en la dehesa, así es que si no fuera por la lidia el toro bravo desaparecería. Como mucho, quedarán unas decenas de toros, metidos en zoológicos -más o menos extensos, pero zoológicos- languideciendo sin fin hasta la muerte. 

Quizá es que al señor Urtasun, como a todos los suyos, le gusta meter incluso a los animales entre cuatro paredes, tenerlos contados, hacerles comer de su mano -o mejor, de su abrevadero, no vayamos a liarla- y disponer de sus vidas para protegerlos. Y para esclavizarlos.

Es una «actividad injusta, sádica y despreciable» condenar al toro bravo a la extinción o a una vida que no es la suya, la vida a que tiene derecho. 

Pero esto es lo que suele ocurrir cuando se quiere poner en la piel de un toro el que no pasará jamás de ser un cabestro.


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