Pero piense el Gobierno que si España se le va de entre las manos, no podrá escudarse tras de una excusable negligencia. Cuando la negligencia llega a ciertos límites y compromete ciertas cosas sagradas, ya se llama traición.

José Antonio Primo de Rivera.
(F.E., núm. 15, 19 de julio de 1934)

martes, 22 de octubre de 2024

SOBRE MI CAMARADA LUIS.

Que como ustedes ya saben de sobra, es el Ilustrísimo Señor Coronel don Luis Tapia Aguirrebengoa, al que -como también saben de sobra- quiero rendir homenaje cada año en esta fecha. Esto lo digo también cada año, como conocen los habituales o incluso los visitantes esporádicos a este diario, si es que queda alguno.

Me temo, Luis -amigo, camarada- que lo que yo pueda escribir ya no le importa a nadie, y me parece bien. Cada cosa tiene su tiempo y el mío ya ha pasado. Me gustaría volver a aquel tiempo -difícil pero hermoso- en el que tu, y tantos otros camaradas, y yo, aún creíamos que España era posible. 

Y pienso si tu, Luis -amigo, camarada, maestro- ya habías llegado a la misma conclusión que yo he llegado ahora; si ya sabías que España estaba perdida para siempre, y que sólo nos quedaba -como al soldado romano que citaba Spengler-, permanecer sin esperanza en el puesto ya perdido. Si tu ya sabías -hermano, camarada-, que sólo nos quedaba clavar la bandera y tratar de sembrar la verdad que conocemos para que -acaso dentro de décadas- florezca de nuevo.

Y pienso que si. Pienso que tú, -amigo, camarada, maestro, hermano- ya sabías lo que iba a pasar, pero te mantenías firme en tu puesto, sin una concesión al desaliento, siendo ejemplo y acicate para todos los demás. Como el capitán de los viejos Tercios -del nuevo Tercio- que nunca se rendía.

Eso es grandeza, eso es tener raza. Ese honroso final es lo único que no se le puede quitar al hombre.

Presente, Luis. ¡Siempre presente, mi coronel!


sábado, 12 de octubre de 2024

SOBRE OTRO AÑO.

Un año más -y ya van 36- sin Rafael.


Rafael es -evidentemente, y más en este día-, Rafael García Serrano, cosa que cualquiera habrá adivinado sin necesidad de más pistas. Al menos, cualquiera que sea español de bien, aficionado a las buenas letras, amigo del humor fino y las verdades recias.

Rafael García Serrano es -sigue siendo- el mejor escritor en lengua española de todos los tiempos, con permiso de don Miguel y de don Francisco, los dos gigantes de las letras hispanas. Aclarado para camaradas y amigos despistados: Cervantes y Quevedo. Para el resto, toda aclaración es insuficiente, y no tengo hoy el día para desasnar percebes.

Otros años, Rafael, te he contado las aberraciones de la actualidad, las canalladas que sacuden a esto que ya no es España, porque me niego a pensar que pueda ser España esta mezcla de desvergüenza y cobardía, de podredumbre y falsedad, de ilegalidad y estulticia. 

Fíjate, Rafael: este año, el cura Paco ha recibido al canalla Perico, y se habrán reído de los tontos que les siguen a ambos, y el cura Paco habrá callado sobre la persecución religiosa que los católicos padecemos en estepaís, y el sinvergüenza Perico habrá obtenido la bendición del hereje para seguir destruyendo la mayor obra humana alzada a la mayor Gloria de Dios, en Cuelgamuros.

Otros años, Rafael, te he contado sobre esta sociedad aberrante, suicida y esperpéntica. Pero hoy no. Hoy sólo quiero decirte que te echamos de menos -¡cada vez más!-, y pedirte que, desde ahí, desde tu Lucero, nos eches una manita.

Siempre ¡presente!, Rafael.


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