Pero piense el Gobierno que si España se le va de entre las manos, no podrá escudarse tras de una excusable negligencia. Cuando la negligencia llega a ciertos límites y compromete ciertas cosas sagradas, ya se llama traición.

José Antonio Primo de Rivera.
(F.E., núm. 15, 19 de julio de 1934)

miércoles, 8 de mayo de 2024

SOBRE EL COMUNISMO PROPALESTINO.

No quería meterme en este charco, porque conozco las querencias antijudías de muchos de mis posibles lectores.

Digo antijudías, no antisemitas, porque -como me ilustró mi camarada Arturo Robsy, conocedor de historias y hasta de idiomas para mí imposibles- tan semitas de origen son los judíos como los palestinos.



Aclarado  esto,  paso  a  lo  que  me  importa  hoy  comentar:  la  acampada  de  gentes  que -supongo- han pagado una matrícula -estudiar, a la vista está que no- en la Universidad Complutense de Madrid, y otros que cobran por pasearse -enseñar, también está a la vista que no- por las aulas. Gentes -presuntos estudiantes y presuntos profesores- que mantienen una acampada indefinida para mostrar su apoyo al pueblo de Palestina y exigir el fin del conflicto en Gaza, indica El Debate.

Cito a este periódico porque suyos son los periodistas que han sido expulsados de la acampada, al grito de «fuera fascistas de la Universidad,» y de que «la extrema derecha abandone el espacio».

No serán estudiantes de Física, me permito aventurar, porque en tal caso sabrían que el espacio no se puede abandonar. Tampoco el tiempo, porque ambas magnitudes definen nuestra existencia y, la verdad, me parece una forma muy rebuscada para indicar a los aludidos que se mueran. Hace falta algo más de inteligencia para un juego de ideas así, y estos son de piñón fijo, de los que -decía Longanessi- no tienen ideas, sino antipatías. Y además, aunque sigan dentro del tiempo, están anclados a los años fastuosos del estalinismo rampante, lo cual les inhabilita para cualquier humorismo.

En fin, a lo que voy: los propalestinos son antifascistas, ergo comunistas. Lo cual me justifica sobradamente para mantener mi postura de siempre sobre Israel, el Estado que nos está salvando el trasero de la invasión musulmana, por más que los imbéciles políticos -y los religiosos- procuren abrir las puertas a todos los que un día u otro nos acabarán acogotando. Merecidamente, además. Por tontos.

Pero de momento, ahí sigue Israel; el único Estado del mundo que se pasa por el arco del triunfo la opinión de los manifestantes comunistas, de los profesores de estalinismo dictatorial, de los mamarrachos al estilo de un tal señor esposo de doña Begoña, y hace lo que tiene que hacer para defender su territorio, su existencia y su esencia.


viernes, 3 de mayo de 2024

SOBRE EL CABESTRO.

Dice la prensa que el ministro -con minúsculas, no es errata- Urtasun, que lo es de cultura -minusculísima- va a eliminar el Premio Nacional de Tauromaquia, porque al minúsculo ministro la Tauromaquia le parece una «actividad injusta, sádica y despreciable, que nada tiene que ver con la cultura.»



Por supuesto, la Tauromaquia no tiene nada que ver con la minúscula cultura del señor Urtasun. La Tauromaquia no trata de llevarse a un toro a dar un paseo sujeto con una correíta, ni de comprarle abriguitos o chubasqueros para el invierno. La Tauromaquia consiste en tratar al toro como el toro bravo merece: con respeto.

A mí, que no soy ministro -¡Dios me libre!-, ni soy nada culto al estilo del minúsculo señor Urtasun, me parece que lo injusto, sádico y despreciable es extinguir una especie. Y el toro -el toro bravo; el buey es otra cosa- no tiene más razón de ser que la plaza, la lidia y la muerte. Nadie va a criar toros bravos por el gusto de verlos en la dehesa, así es que si no fuera por la lidia el toro bravo desaparecería. Como mucho, quedarán unas decenas de toros, metidos en zoológicos -más o menos extensos, pero zoológicos- languideciendo sin fin hasta la muerte. 

Quizá es que al señor Urtasun, como a todos los suyos, le gusta meter incluso a los animales entre cuatro paredes, tenerlos contados, hacerles comer de su mano -o mejor, de su abrevadero, no vayamos a liarla- y disponer de sus vidas para protegerlos. Y para esclavizarlos.

Es una «actividad injusta, sádica y despreciable» condenar al toro bravo a la extinción o a una vida que no es la suya, la vida a que tiene derecho. 

Pero esto es lo que suele ocurrir cuando se quiere poner en la piel de un toro el que no pasará jamás de ser un cabestro.


domingo, 28 de abril de 2024

SOBRE LOS HIDEPUTAS.

Que sí, que ya se que así dicho no hay forma de saber a quien me refiero, porque hay muchos.

Pero hoy me refiero a los hideputas de la puta derecha de mierda.

En una información de El Debate me entero de que el mamarracho de Nuñez Feijóo ha proclamado: «Estamos ante un tic autoritario que desde Franco nunca lo habíamos visto.»

A esa información me he permitido comentar en dicho periódico lo que sigue:

"Por pura casualidad -en nada relacionada, probablemente, con la valiente lucha antifranquista del señor Feijoo- recuerdo unos versos de D. Pedro Muñoz Seca en "la venganza de don Mendo:"

"Es la triste condición
de aquél que nace cabrito,
que o muere de chiquitito
o acaba siendo... un cabrón"

Comentario que, por supuesto, ha sido censurado, por lo que lo publico aquí, en mi diario, donde aún se cumple la Constitución aunque no se comparta ni se respete.

Luego me da por poner la radio, y me encuentro a la señora López Schlichting, que también lucha valientemente contra Franco y recuerda las manifestaciones de la Plaza de Oriente para compararlo con los cuatro cabrones rojos de mierda que llevaron en autobús a Ferraz los sociatas.

En fin, a esta gentuza ya la definió nuestro padre Cervantes con certero calificativo.


sábado, 27 de abril de 2024

SOBRE PERICO EL DESFALLECIDO.

Perico, que es D. Pedro Sánchez para sus amigos. Bueno, para sus amigos y, sobre todo, sus clientes, dicho sea en el sentido que los romanos daban al término.
Perico Sánchez, el presidente del gobierno -ambos en minúscula- que desfallece de amor por su señora esposa hasta el punto de que se retira a sus aposentos moncloacos pensando si mantenerse en el poder vale la pena, habida cuenta de que la susodicha ha sido acusada de facilitar negocios a sus amiguetes a cuenta de los Presupuestos Generales del Estado.
Hombre, don Pedro: si no quería usted que su señora esposa estuviera expuesta a la fiscalización pública, lo primero que tenía que hacer es no buscarle puestecillos universitarios inmerecidos; esto es: no enchufarla.


Lo segundo, no haber permitido que las recomendaciones de su señora esposa fueran mérito sustancial a valorar por sus ministros a la hora de adjudicaciones públicas.
Todo ello, Periquito, está escrito en la prensa y está publicados documentos que parece verdaderos. Y que, en caso de no serlo, usted y sus ministros y sus jueces y sus fiscales ya habrían denunciado, de forma que asumo que los documentos publicados por El Debate, que demuestran que ciertos contratos fueron adjudicados a empresas que no cumplían las condiciones establecidas pero que, eso sí, tenían recomendación de doña Begoña Gómez, son ciertos.
En El Debate de hoy se citan las múltiples defensas y variadas gilipolleces que expelen los socialistas y sus periodistas comprados, y los entrecomillados que siguen pertenecen a dicho periódico.
Por ejemplo, el de una diputada llamada Marta Trenzano -a la cual probablemente conocerán en su casa- que dice: 
«La derecha política, mediática y sociológica tiene una maquinaria que siempre pone en marcha cuando no gobierna. Han acusado al presidente de ilegítimo y a su esposa y su familia de mil barbaridades. Haciendo eso, demuestan que no son demócratas, que no creen en la democrácia (sic). Políticamente la democracia se fundamenta en aceptar estar en la oposición cuando te toca y ellos tienen un sentido patrimonialista del Estado por el cual el poder les pertenece y, si no lo tienen, que salte todo por los aires».
No soy de derechas, doña Marta, pero quizá debería usted tener en cuenta quien -qué persona, qué partido- tuvo como argumento principal en las últimas elecciones eso de que había que impedir que gobernara la derecha. También le convendría darle una vueltecita a lo del sentido patrimonialista del Estado, cuando su amado Perico usa el Falcon hasta para ir al lavabo, y acompañado de sus amistades; lo mismo para ir a conciertos que para pasar unos días en las propiedades del Patrimonio del Estado que son exactamente igual de propiedad de don Pedro Sánchez que mías. Y eso de que salte todo por los aires, doña Marta... Decir eso, a un mes del 11-M... 
Por su parte, más de 3.000 periodistas y profesionales de los medios de comunicación han firmado otro «manifiesto» para reprobar el «golpismo judicial y mediático» que está sufriendo Begoña Gómez." (...) y que "«el ataque de la ultraderecha mediática y judicial contra la esposa del presidente del Gobierno es un nuevo intento de subvertir la voluntad popular expresada en las urnas mediante medios ilícitos.»
Ignorantes como buenos periodistas rojos, mezclan tonterías con las anteojeras del mandato partidista. Veamos: una persona física no puede sufrir «golpismo judicial y mediático», y puesto que doña Begoña Gómez es una persona física, ustedes -los periodistas firmantes- son gilipollas. Y los que se dejan informar por ustedes –entre otros, Silvia Intxaurrondo, Maruja Torres, Ana Pardo de Vera, Rosa Villacastin y Jesús Maraña–, más gilipollas aún.
Muestra de ello es la perla que sigue: «el ataque de la ultraderecha mediática y judicial contra la esposa del presidente del Gobierno es un nuevo intento de subvertir la voluntad popular expresada en las urnas mediante medios ilícitos.»
De entrada, no se sabe si es que los periodistas de marras no saben escribir -nada extraño, por otra parte- o que piensan que la voluntad popular  fue expresada en las urnas mediante medios ilícitos. Porque para querer decir que se intenta subvertir por medios ilícitos la voluntad popular, les falta una coma. Exactamente entre urnas y mediante. De nada, iletrados.
Y eso por lo que respecta a la forma, que en un periodista debe cuidarse algo, digo yo. Por lo que respecta al fondo, meten la pata hasta más arriba del corvejón, porque la voluntad popular expresada en las urnas dio como ganador al PP. Otra cosa es que luego la mayoría de los perdedores se hayan puesto de acuerdo para pervertir la democracia, cosa que -no lo niego- es legal, pero no demasiado acorde con esa voluntad popular.
Pero lo que alcanza cotas dignas de función circense es lo de Patxi López. Pachi Nadie, por otro nombre; el Pachi Nadie del que la madre del asesinado Pagazaurtundúa dijo que haría cosas que le helarían la sangre. Este Pachi Nadie que ha acusado al PP de «falta de humanidad enorme» y de un «corazón de piedra» por criticar a Sánchez.
Bueno, Paquito; el PP ya te dirá lo que tenga que decirte, que eso a mi ni me va ni me viene. Pero la oposición -en los sistemas de democracia liberal- está para criticar lo que le parezca mal de lo que hace el Presidente. Por ejemplo, colocar a su mujer en un puesto para el que no tiene cualificación, y admitir sus recomendaciones a la hora de otorgar contratos públicos, con ese dinero que -por mucho que doña Carmen Calvo dijese que no es de nadie- es de todos los que pagamos impuestos. Incluidos los votantes socialistas, tan contentos de poner la cama además de lo otro.
Por otra parte, Paquito Nadie, si «en la decisión del presidente hay una reflexión política, pero también hay mucho amor», a mi me parece que las cosas íntimas no son para hacer campaña política. Pero es que yo soy un machista que no ve bien eso de utilizar a la esposa para hacerse publicidad.
Y para finalizar: Asimismo, Víctor Camino, diputado del PSOE por Valencia y secretario general de Juventudes Socialistas de España, ha expresado que el PP y la derecha ha sacado «toda su maquinaria de fango para acabar con la salud mental de todos los progresistas».
Pues bien, don Víctor: creo que usted -aunque evidentemente sin pretenderlo- da en el clavo: acostumbrados a sacar la «maquinaria de fango» para -por ejemplo- seguir acusando al hermano de la señora Díaz Ayuso después de que los tribunales no han encontrado delito en su actividad, a ustedes les han saltado los fusibles al comprobar que a sus paniaguados también les sacan los colores, y también los investigan los jueces. Eso, claro, hace que a los progresistas se les haya desmejorado la salud mental. ¡Ahí es nada, tratarlos a ellos como a cualquier otro ciudadano sujeto a la Ley!


miércoles, 24 de abril de 2024

SOBRE INVITACIONES.

Recibo con cierta frecuencia -en ese invento absurdo y ridículo que es Facebook; invento que nos separa de nuestros semejantes más que nos une- invitaciones a unirme a tal o cual grupo, generalmente vinculado a VOX.

Respetando a quienes me invitan -y agradeciéndoles el interés-, quiero dejar las cosas claras por si alguna vez hubo duda en mi pensamiento.

Es cierto que he votado a VOX en algunas ocasiones; tres o cuatro si mal no recuerdo. Es cierto que en todas esas ocasiones lo he dicho, lo he escrito y lo he publicado, mas que nada porque sé que jode. También es cierto que siempre he dicho -ateniéndome a la recomendación joseantoniana para las elecciones de 1933- que VOX me parecía lo menos malo,  y en esa condición lo votaba. La satisfacción de fastidiar a los rojiprogres y a los tontiprogres -esto es: PSOE y PP- ya me valía el esfuerzo.

Pero, -lo repito- quiero dejar las cosas claras. No soy militante de VOX, ni siquiera simpatizante. No he asistido a ningún acto de VOX, ni tengo intención de hacerlo. Me parece que su programa para las citas electorales en las que lo he votado eran lo suficientemente compatibles con mis ideas, dentro de lo que su adhesión a este sistema permite, como para ir a votar. Y para nada más.

No puedo ser militante de VOX, ni simpatizante, ni unirme a ningún grupo de apoyo a VOX, por la sencilla razón de que soy Nacionalsindicalista.

Esto, para modernos, progres y peperos en general, que no sabrán qué es, quiere decir que soy falangista aunque -me apresuro a avisarlo- no pertenezco a ningún grupo falangista. Soy nacionalsindicalista -o joseantoniano, si así me entienden mejor- por libre. Y lo soy por la sencilla razón de que no reúno las condiciones que los grupos falangistas suelen exigir a la hora de combatir al Excelentísimo Señor D. Francisco Franco Bahamonde, así como por otras cuantas razones que me han ido dando a lo largo del tiempo.

Este es, también, el motivo de que no me defina simple y llanamente como falangista sin más. No tengo ganas de que ningún purista me venga diciendo que no puedo ser falangista si no coincido con su pensamiento particular sobre el Régimen de Franco, sobre su obra y sobre su recuerdo.

Quede, por tanto, claro: no apoyo a VOX más allá de un momento concreto. Soy Nacionalsindicalista porque creo en lo que dijo José Antonio; porque me da la gana, y porque puedo. Ser Nacionalsindicalista  -adviértese- no es algo al alcance de cualquiera, como tampoco está al alcance de cualquiera ser católico, por ejemplo.

No me llamo falangista porque no milito en ninguna Falange, y así nadie me tiene que echar por no cumplir sus estándares de antifranquismo o de connivencia con el rojerío. 

Así es que -sin sentirlo nada, pero agradeciendo el interés- comunico que no me voy a adherir a ningún grupo feisbuquero de apoyo a ningún partido político del sistema.


martes, 23 de abril de 2024

SOBRE LA CASILLA DE LA IGLESIA, OTRA VEZ.

Decía hace unos días, a cuento de que Facebook me avisaba de que tenía un recuerdo, el cual resultaba ser el de un artículo que escribí años antes sobre marcar la famosa casilla de la declaración de la renta que destina cuartos a la Iglesia Católica, que todo lo que escribí hace años seguía vigente y, por tanto, continuaba mi negativa a sufragar a la institución eclesiástica.

Hoy me encuentro con una noticia que recoge infovaticana.com, que se refiere a un comunicado de la archidiócesis de Tarragona justificando la presencia del vicario general Joan Águila en un acto republicano y comunista. El comunicado dice -copio el entrecomillado-: 

«La Iglesia de Tarragona, a través del Vicario General del Arzobispado, ha pedido perdón por el papel de la Iglesia en el franquismo, mostrando especialmente la proximidad a las víctimas y recordando que, al hablar de Memoria Histórica, se las incluye a todas y supone la voluntad de curar heridas, reconociendo el sufrimiento de tantas personas afectadas». 

Y sigue: «la historia del siglo pasado muestra que la Iglesia Católica sufrió persecuciones, juicios arbitrarios y asesinatos (...) por considerar que eran partidarios de los sollevados».

Y aún más: «con la quema de iglesias, monasterios y conventos, el patrimonio cultural e histórico de la Iglesia se vio gravemente afectado, con pérdidas irreparables» (...) «esta represión fue ejercida por grupos llamados comités, miembros de partidos y sindicatos radicales (sin especificar ninguna sigla), que aparentemente no dependían de las autoridades republicanas y actuaban al margen de toda ley».

Vamos, que según la archidiócesis de Tarragona, los que fueron asesinados lo fueron por provocar, porque qué es eso de ser católico y de derechas, y que bien asesinados estaban porque se podía deducir que eran partidarios de los sublevados. Y las iglesias, monasterios, conventos -y los colegios que desasnaron a tanto futuro rojo de mierda, y las bibliotecas y los museos-, fueron quemadas por particulares, nada que ver con el Gobierno, ni con los partidos de izquierdas, que ya sabemos que eran todos ellos beatíficos, unos auténticos hermanitos de la caridad y de los tiros a la barriga.

Por lo tanto, archidiócesis de Tarragona considera que pedir perdón a los republicanos, comunistas y otros izquierdistas -o sea, a los hijos de puta rojos de toda la vida- es «una cuestión de justicia, que ayudará a la Iglesia católica a recuperar su dignidad y que, sin duda, le acercará más al Evangelio».

Perfecto. La culpa de todo la tuvieron los que no se dejaron matar y se sublevaron, y los que se dejaron matar sin resistencia y dejaron mal a los comités radicales.

Más claro el agua. El agua de borrajas. O el agua de fuego, que deben haberse pimplado a conciencia.

Más clara, la vergüenza ajena que siente cualquier persona decente ante estos pastores traidores, que confraternizan con el enemigo que asesinó a sus antecesores; más clara, la náusea ante estos curas que venden a los que murieron por no renegar de Cristo; ante estos obispos canallescos, que callan como putas y asienten a toda bellaquería.

Más clara, la ocasión de ese cura Paco, que seguirá perdiendo excelentes ocasiones de disciplinar a los bellacos que traicionan, no ya a su Patria, que se da por hecho, sino a su Dios.

Y yo sigo siendo católico, apostólico y español. Porque me da la gana, no porque la institución eclesial me merezca el menor respeto. Sigo siendo católico, apostólico y español, y no caigo en la estupidez de las iglesias nacionales, pero al Obispo de Roma, traidor a España -que es la pieza fundamental de la Cristiandad- y traidor a Cristo, que le vayan dando.



viernes, 12 de abril de 2024

SOBRE LA CASILLA DE LA IGLESIA.

Hoy me dice Facebook que tengo recuerdos. Y resulta que los recuerdos son de cierto artículo que escribí hace unos cinco años, a propósito del anual asalto que sufrimos a manos de esa Hacienda que somos todos, pero unos más que otros.

Leo lo escrito antaño, y compruebo que nada hay hogaño que me permita cambiar de opinión. Que la casilla de la Iglesia, por lo que a mi respecta, va a seguir vacía. También, aclaro, la de "otros fines sociales" o algo así. 

Se que eso no me evita el expolio; que dejar de marcar las casillas no hace que me cueste menos el robo. Se que de esa forma, será el Gobierno el que dedique mis cuartos a lo que le salga de las narices a los sinvergüenzas que lo forman. 

Pero a mi conciencia le vale con saber que si no marco ninguna casilla no me hago cómplice del destino de esos cuartos que me roban anualmente. Que lo gasten en lo que quieran, que se lo metan donde les quepa; pero no seré yo quien firme ni las subvenciones a los obispos traidores y a los curas que sufragan viajes a los familiares de etarras, ni el que indique que mi dinero se utilice para promover el aborto y beneficiar a Oenegés trinconas.

Ahí les dejo, por si gustan leerlo, lo que pensaba hace esos cinco años:


jueves, 4 de abril de 2019

SOBRE LA CASILLA DE LA IGLESIA.

Como todos ustedes saben, ya estamos metidos en época de confiscación de la renta. Llega el momento en que el Gobierno nos saca los cuartos para dilapilarlos en sueldos para los suyos, en dádivas compravotos para los suyos, en proyectos faraónicos e inútiles para que trinquen sus empresas protegidas o subvencionadoras que -llegado el caso- darán puestos en consejos de administración a los suyos. A los de cada partido, porque esto no es cosa de unos, sino de todos.

Dando esto por sabido, y sentado el principio de que al votante no le importa que le saquen los higadillos siempre que lo hagan los suyos, parece que lo importante no es crear empleo y facilitar y proteger la vida y los derechos de los ciudadanos, sino la memez histórica y la exhumación de Franco.

Y también damos por sabido que en esta época nos van a pedir que marquemos la casilla de la Iglesia Católica en nuestra declaración de la renta. No dejan de repetirlo así desde los medios de comunicación vinculados a la Iglesia: desde esa cadena COPE que pertenece a la Conferencia Episcopal Española.

Esa misma cadena que, un día si y otro también, no deja de lanzar diatribas contra Franco; que no deja -por boca de cualquiera de sus estrellitas- de hablar de la feroz dictadura, de los represaliados, de los exiliados del franquismo; no deja de calumniar a Francisco Franco y a los millones de españoles que lo siguieron para hacer una España que -43 años después- aún puede pagar sinvergüenzas con la herencia recibida.

Esa misma Conferencia Episcopal que ha intentado guardar bien sus ropas en el asunto de la venganza exhumatoria. Que ha dicho que no era asunto suyo que se desenterrara a Franco del Valle de los Caídos, ni dónde se le fuera a enterrar de nuevo. Que eso era cosa del Gobierno y de la familia.

Desde que empecé a presentar la declaración de la renta he marcado siempre la casilla de la Iglesia. Porque soy católico, y por tocar las narices, que también es un motivo. Menos este año. 

Este año, no. Que a los Obispos cobardes los subvencione el socialismo y el comunismo con los que se quieren congraciar al precio de la traición. Que a los curas rojos los mantengan sus amos. Que a la institución eclesiástica que abandona a sus hijos y se morrea con los asesinos de sus hermanos en el sacerdocio, la ayude el estalinismo de Sánchez. Que a las emisoras de radio que mienten por sistema para no hacerse antipáticos a sus amos políticos, las sufrague su abuela.

Este año, no. Este año, que la Conferencia Episcopal Española no cuente con mi marca en la casilla de la Iglesia. Este año, no voy a seguir siendo cómplice de los mentirosos, de los traidores, de los chalanes y mercachifles que trapichean con la fe, se refocilan en la iniquidad y se deshonran en la condescendencia, que no es misericordiosa, sino culpable.

Y en lo que valga mi consejo, ahí queda para quien quiera usarlo. Este año, NO. Y a los traidores que los mantengan los socialistas a los que tanto quieren agradar. 


miércoles, 13 de marzo de 2024

SOBRE LA PASIONARITA.

Dice El Debate, con vídeo demostrativo, que la vicepresidenta primera y ministra de Hacienda mandó callar a los diputados del PP, los señaló y les amenazó con un enigmático «cuidao» (sic), mientras Pedro Sánchez exigía a Alberto Núñez Feijóo que pidiera a Isabel Díaz Ayuso su dimisión.


Esto, cuando al señor Sánchez le pedían cuentas de los tejemanejes de su ex ministro y paniaguado Ábalos, y de los tejemanejes del amigo de ex ministro, el individuo inútilmente llamado Luis, que se modernizó y actualizó a la gilipollez como Koldo.

El señor Sánchez, evidentemente, no va a responder nada sobre los tejemanejes, las mordidas, las corruptelas y mamandurrias varias de su partido, tan proclive al robo descarado, preferentemente a los más pobres y los más desvalidos. 

Los socialistas no se lo creerán, porque para ellos lo que robe su amo bien robado está. Tengo un vecino que afirma que el es socialista, y que votará socialista aunque se muera de hambre, lo cual cada día está más cerca, y sólo siento que probablemente él no tenga tiempo de morirse de hambre, porque la herencia de Franco todavía llega al día de hoy, pero acaso el hambre alcance a sus nietos.

Los moderados de centro, izquierda, derecha, emisora de los Obispos y demás imbéciles, tampoco creerán que los socialistas acostumbren a robar a los más pobres y los más desvalidos, porque ellos, a fuerza de cogerse las vergüenzas con papel de fumar, deben tenerlas ya consumiditas.

Pero si; los socialistas roban a los más pobres -los parados de Andalucía-, a los más desvalidos -los enfermos de covid- a los mas indefensos -los sanitarios de la pandemia-, y lo hacen a cuatro manos, e incluso a seis si se les deja ocasión.

Y no son, como dicen los periodistas palmeros que se trabajan las emisoras contrarias -el presunto periodista Carmelo Encinas en la COPE, por ejemplo- unos cuantos sinvergüenzas del partido; es el partido entero, y todos los que lo votan y lo han votado; todos los que aplauden que su amo robe a mansalva, aunque los gilipollas se mueran de hambre viendo cómo los amiguetes del amo disfrutan de  viajes en Falcon, de mariscadas y de putas. Es curiosa la afición a las marisquerías y a las casas de lenocinio de los socialistas, pero están documentadas en prensa y sumarios.

De la misma forma que no pierden ocasión de amenazar, de impedir que los demás hablen, de someter por la subvención o por la fuerza a la prensa que aún no inclina del todo la cerviz ni dobla totalmente el espinazo, de negarle el turno de preguntas en las ruedas de prensa a los no paniaguados del sistema corrupto del socialismo.

Así, no me extraña lo más mínimo que doña María Jesús Montero señalara con el dedo mandando callar y amenazando -cuidao- a los adversarios en mitad del Parlamento. 

Ni para eso son originales estos rojos de hoy. Dolores Ibárruri lo hizo mejor: este hombre ha hablado aquí por última vez, le dijo a don José Calvo Sotelo en sesión parlamentaria. Y así lo hizo. 

Luego vino lo que todos sabemos; sobre todo ellos, que aún intentan ganar aquella guerra.  


miércoles, 6 de marzo de 2024

SOBRE LA RIDICULEZ.

Que hay muchas, muy variadas y, generalmente, merecedoras del mayor desprecio sin más esfuerzo.

Así, veo en el diario 20 Minutos de hoy el siguiente anuncio:



Y digo yo que, puestos a usar otros idiomas en la edición española de un periódico, 

Stultum est tibi aliquid dare monstrare quod homines non intelligunt.

sábado, 17 de febrero de 2024

SOBRE CÓMO HACER FRENTE A LOS NARCOS.

Publica hoy El Debate una entrevista a doña Carmen Villanueva, Secretaria General de la Asociación Unificada de Guardias Civiles en Cádiz, sobre la situación de la lucha contra el narcotráfico en esa provincia.

Es interesante cuanto expone, y coloca las cosas en su sitio. Quien guste, podrá leerlo siguiendo el enlace.
Pero hay, sobre todo, una afirmación que deja claro el asunto:

–¿Cómo son estas bandas de narcotraficantes? ¿Me podría hacer un retrato de a lo que se enfrentan diariamente?
–Son gente que está muy organizada jerárquicamente. Sus presupuestos son ilimitados, o sea, disponen de unos medios tecnológicos que están a años luz de lo nuestros, y no tienen ningún tipo de aprecio por la vida humana, como se pudo ver el otro día en Barbate. Son como un ejército.

¿Está claro? Son como un ejército.
Y entonces uno se acuerda del artículo 8º de la Constitución:

1.  Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional. 

Presuponiendo -acaso con cierto exceso de generosidad- que las leyes prohíben el tráfico de drogas y que las leyes forman parte del ordenamiento constitucional, es fácil concluir que -habida cuenta de que la reparación de unas lanchas tarda meses- tal vez no sea momento para ponerse a meditar pausadamente si establecemos operativos, si sacamos concursos para suministro de material, o si trasladamos recursos de otro sitio que también los necesite.
Acaso sea el momento de combatir a un ejército con el Ejército.
Pero no creo que se vaya a hacer. Y no por impedimento legal, ni por respeto a unos presuntos derechos, sino porque entonces... igual nos damos cuenta de que tampoco tenemos Ejército.

jueves, 8 de febrero de 2024

SOBRE LA VERGÜENZA AJENA.

Así dicho -soy consciente-, pocos amigos lectores sabrán a qué me refiero. Por una razón sencilla: que en España llevamos años -décadas- en que cualquier persona decente está permanentemente avergonzada de los politicastros, los periodistillos, los fiscales, jueces y gentes de mal vivir en general que nos asola por nuestros pecados. Los pecados electorales, de elegir canallas cada vez que nos preguntan los amos del cotarro.
Pero en este caso, la vergüenza alcanza cotas aún superiores. Porque los politicastros, periodistuchos, juececines, fiscaloides y demás ralea son, al fin y al cabo, producto nacional, parte de nosotros mismos, de esta España que pare pícaros y canallas y que cuando no hay héroes que los metan en vereda proliferan, medran y mangonean. 
La vergüenza de ahora es mayor, porque comprende la bajeza suprema de llamar al extranjero para que nos pongan en orden la casa que no somos capaces de limpiar nosotros. Cierto que para la limpieza necesaria -diría que urgente- hacen falta herramientas que ninguno de los partidos -tan demócratas, tan tolerantes, tan gilipollas- va a utilizar. Eso quedará para los que vengan después, cuando todo estalle, y quiera Dios permitirme tomar parte o, por lo menos, verlo.
Pero ahora, los políticos del Estado español -porque ninguno lo es de España, y que se salga de la regla el que pueda- reciben a una llamada Comisión de Venecia, que viene de parte del Consejo de Europa, para que nos arregle el asuntejo de la amnistía a los separatistas catalanes.

Y tan contentos, porque incluso hay quien fía a esta visita la intervención europea en nuestros asuntos internos que nos evite la vergüenza de tener un Gobierno cómplice del terrorismo, y culpable de traición. Cosas ambas que ya -por lo menos algunos- llevamos tiempo dando por supuestas, y ahí, justo debajo de la cabecera de este diario, tienen ustedes desde hace bastantes años la sentencia joseantoniana sobre los límites de la negligencia y el principio de la traición.
Tan contentos, porque piensan que esta Comisión de Venecia va a decir por ahí arriba, por Europa, que e España está amenazada la independencia judicial, como si alguna vez los jueces -en bloque, y con las excepciones a que haya lugar- hubieran sido independientes, y como si alguna vez los jueces hubieran siquiera sentido una ligera inquietud por la imparcialidad. Tan contentos, porque la Comisión de Venecia les diga a papá y mamá que los hermanitos menores de este estado ibérico se están portando mal.
Y tan contentos, porque esta llamada al extranjero no es siquiera cosa nueva, sino que ya se va haciendo habitual, y no hace mucho vimos la foto del ministro de Presidencia y Justicia, Félix Bolaños, y el vicesecretario Institucional del PP, Esteban González Pons, negociando ante el atento aburrimiento del comisario europeo Didier Reynders.
Y sin embargo, esto tampoco es novedoso en la Historia de España, porque estos memócratas y estos estalinistas de hogaño son simplemente la escurridura de felones de mayor enjundia.
Porque Sánchez y Feijoo -con sus mariachis de guardia- no hacen sino emular a aquél grandísimo canalla que llamó a Napoleón Bonaparte para que mediara entre su padre Carlos IV y él; el traidor Fernando VII, al que hoy están dejando pequeñito.

sábado, 13 de enero de 2024

SOBRE LA DESIGUALDAD ANTE LA LEY.

La Constitución Española, es para los partidos políticos lo único que importa -de boquilla-, porque un partido político al uso no puede decir ni en sueños que lo que importa es España. Eso le haría quedar incurso en el oprobio, en esta sociedad de ciudadanitos, ciudadanitas y ciudadanites hechos a imagen y semejanza del sistema, que lleva casi medio siglo manipulando niños con la complacencia de sus señores padres y madres para hacerlos blanditos, maleables y, sobre todo, antifascitas. Ser fascista -hoy en día- es un crimen horrendo, y consiste básicamente en decirle que no al que reparte credenciales de democracia.
Total, que me voy de caña: que la Constitución Española, en su artículo 14, establece que todos los españoles son iguales ante la Ley, y que no vale hacer distinciones por religión, pensamientos y todo eso que sería muy loable si alguna vez se cumpliera.
Esto viene a cuento de algo, que es lo siguiente: según aparece hoy en 20 minutos, el Juzgado de lo Penal número 3 de Castellón ha absuelto a una asociación feminista y a su presidenta de los delitos de odio y amenazas contra el presidente de Vox, Santiago Abascal, en relación a unas pintadas donde se veía el rostro del político con un punto rojo en la frente que simulaba un disparo, según ha informado el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana.
La magistrada establece en la sentencia que no ha sido posible determinar la autoría material de las imágenes y tampoco ha quedado acreditado que éstas incitaran a la comisión de actos violentos.


Digo yo, desde mi desconocimiento de la Ley y desde la ignorancia de todos esos intríngulis que usan los juristas, que hacer pintadas simulando un asesinato de persona conocida y -evidentemente- odiada por sus ideas no es lo ideal para una convivencia sana.
Miren, sin ir mas lejos, la que se ha armado porque unos cuantos manifestantes se liaran a palos con un kiliki que tenía cierto parecido con el señor Presidente del Gobierno don Pedro Sánchez, que tras decirle los jueces que apalear un muñeco no era un delito, se ha definido como colectivo vulnerable -porque don Pedro Sánchez ya ha dejado de ser persona física y ahora es ya un colectivo, al parecer- para que los presuntos culpables de sacudirle estopa a un cabezudo de feria den con sus huesos en la cárcel, como si fueran unos Oteguis o Puigdemones cualquiera.
Para quien se pregunte, legítimamente, qué es eso de un kiliki, aclararé que es la forma en que en Navarra -posiblemente también en Vascongadas, aunque lo desconozco- se denomina a los tradicionales cabezudos de las comparsas festivas. Me vino a la cabeza -nunca mejor dicho, aunque la mía no alcance el tamaño de la del kiliki Sánchez- con el recuerdo de una divertidísima escena de la Plaza del Castillo del maestro Rafael García Serrano. Valga, pues, como explicación para quien desconozca al mejor escritor en lengua española de todos los tiempos.
Y valga también para expresar que, desde mi modesto punto de vista, pintar asesinatos en las paredes es ligeramente más grave que apalear una piñata. 
¡Coño, en Valencia llevan la tira de tiempo quemándolos en las fallas, y nadie ha dicho nada de momento! 
(Aunque eso último no se si debería escribirlo, no vayan a darse cuenta ahora los gilipollas).

domingo, 7 de enero de 2024

SOBRE LA LEY DE LOS MENTIROSOS.

Dice hoy el panfletillo 20 minutos que La 'repesca' de la Ley de Nietos dispara las solicitudes de nacionalidad española. Y luego explica muy ufano que esto es porque la Ley de memoria democrática de Sánchez facilita la obtención de la nacionalidad española a los descendientes de los españoles que se exiliaron tras la Guerra Civil y por la dictadura. Cosa que -sigue el panfleto- viene precedido por la Ley de memoria histórica de Rodríguez.


Lamento jorobarle el cuento a la señora, señorita o señorito que firma: AMAYA LARRAÑETA. Y lamento -bueno, no, ¡qué leche!, no lo lamento en absoluto- jorobarle la falsedad histórica a los -Zapatero dixit- rojos, a los necios y a los hideputas, condiciones nada excluyentes entre si. Pero el hecho cierto y quien lo haya menester lo podrá comprobar en el BOE, si es que aún no lo han reescrito en el mejor estilo orwelliano, que el derecho de solicitar la nacionalidad española por parte de los descendientes de españoles es cosa mucho más antigua.

Con esto pasa lo mismo que con la Seguridad Social, que los más tontos de cada lugar siguen diciendo que la creó Felipe González, cuando cualquier persona con una cultura mínima sabe que quien la levantó desde casi cero fue el falangista José Antonio Girón de Velasco. Y en época de Franco. Cierto es que la levantó aprovechando los exiguos cimientos que ya había puesto un cuarto de siglo antes el General Primo de Rivera.

Pues con lo de la nacionalidad ocurre lo mismo. Muchos años antes de la llegada de Zapatero a La Moncloa -en tren de cercanías, ya saben- investigué las posibilidades de que un familiar nacido en Argentina, de madre española, pudiera obtener la nacionalidad, y los trámites eran -en principio- bastante sencillos.

No se exactamente desde cuando estaba vigente esta legislación, ni cuantas modificaciones habría experimentado en el transcurso del tiempo. Lo que si puedo afirmar que en época de Franco cualquier descendiente de españoles podía solicitar la nacionalidad española. 

Y si no me creen, sólo tienen que preguntar a los aficionados al fútbol que vivieran los primeros años 70 del pasado siglo, qué era aquello de los oriundos, que permitió a todos los clubes españoles fichar a futbolistas iberoamericanos -brasileños también- que pudieran justificar su descendencia de padres, abuelos, bisabuelos... españoles, nacionalizándolos sin demasiado trámite.


domingo, 24 de diciembre de 2023

SOBRE ESTAS FECHAS.

Que no fiestas, aunque también lo marque así el calendario laboral, porque aquí de lo que se trata es de celebrar que nace Jesús, que nos nace Dios a todos y cada uno de nosotros.
Como es tradicional, quiero felicitar la Navidad; esto es, la Natividad del Señor, a los amigos conocidos y desconocidos. A los camaradas conocidos y desconocidos; conocidos todos, al fin, porque hijos somos de la misma madre España.
Quiero felicitar el nacimiento del Niño a todos los que, siendo españoles o -con más mérito- sin serlo, saben y sienten lo que es España; y quiero desearles -desearme- que el próximo año volvamos a tener la España que queremos, aunque no la merezcamos.
A todos los demás; a los que no saben lo que es España, ni lo sienten, ni les importa, no ha de extrañarles que tampoco a mí me importe una higa lo que sea de ellos. A los que no son mas que ciudadanos, o demócratas, o tolerantes, o cualquiera otra de las múltiples etiquetas idiotas, que les vayan dando. Y esta vez ni siquiera pido a Dios que me perdone por ello, porque ni estoy mínimamente contrito, ni tengo ningún propósito de enmienda.
A los que están dejando morir a mi madre España, a los que la están matando con su estupidez, su cobardía, su abulia, su necedad y sus topicazos de chinchín televisivo, no les puedo desear otra cosa. Únicamente a mis camaradas, a mis hermanos en España, les deseo una Feliz Natividad del Señor, y que Él -en Su misericordia- nos de Fe, Esperanza y buena mano.

lunes, 20 de noviembre de 2023

SOBRE HOY.

Hoy, que es 20 de noviembre, 20-N, para lo que gusten mandar.

La fecha del 20-N hace años que me resulta triste. No por la muerte -ellos están ahí, en los luceros-, sino por el abandono. Desde la profanación del Valle de los Caídos, con policías y guardias serviles paseando armados por la Basílica sin que la autoridad eclesiástica dijera esta boca es mía, acaso porque la autoridad eclesiástica sólo tiene manos pedigüeñas y subvencionadas, el 20-N es triste. Es la derrota, aunque no el fin de la lucha.

Pero se me hace difícil escribir con esperanza. No tengo esperanza alguna en esta sociedad que se suicida alegremente. Si acaso, la de sobrevivir hasta ver el suicidio colectivo y poder decir, una vez más, que lo avisamos; y que bien está, al fin, que se suicide una sociedad sin valores y sin valor; una sociedad bovina, que bala alegre hacia el matadero. 

No tengo más esperanza que llegar a ver -y si Dios lo permite, tomar la parte que pueda- cómo se realiza el proyecto de esta sociedad progresista, que odia al que no se somete al amo, que aplaude muros que expulsan de la vida pública a la mitad de los españoles, y que está poniendo los cimientos de una segunda vuelta que espera ganar. Y que volverá a perder, porque estos cuatezones que, de cumplir sus propias leyes, estarían todos enchiquerados por ese curioso delito de odio -como si los sentimientos sin acción pudieran delinquir-, siguen siendo inferiores. Lo que es peor -para ellos-: siguen sintiéndose inferiores, y por eso odian a los que -en su subconsciente- reconocen como superiores.

Y entre ellos, los dos hombres cuya muerte -y sobre todo, vida- recordamos hoy.  

Y escribo sin esperanza y -a decir verdad- sin ganas; pero escribo porque no hacerlo hoy sería cobardía, y ya tengo demasiados años para callarme. 

Así es que aquí queda, para amigos y enemigos, mi recuerdo:

José Antonio Primo de Rivera, ¡Presente!

Francisco Franco, ¡Presente!

¡Arriba España!


miércoles, 15 de noviembre de 2023

SOBRE LA AUSENCIA DEL "NO".

Sentencia don Alfonso Ussía en El Debate de hoy, que el 'No' es una colaboración, un reconocimiento del 'Sí', y aboga por la ausencia de todos los Diputados disconformes con la amnistía cuando dicho engendro se debata en el Parlamento.


Sin ser entusiasta del señor Ussía -aunque reconociéndole su humorismo de buena ley- tengo que estar de acuerdo con lo que propone. Ni un solo voto negativo, por ausencia de la mitad de la cámara.

Y no estoy de acuerdo exclusivamente porque lo diga el señor Ussía, sino porque es lo mismo que vengo diciendo -y escribiendo- desde hace más de cuarenta años: votar, aunque sea en contra, es ser cómplice. 

Por eso, como ya tengo muy repetido y los habituales saben de sobra, siempre he dicho que no iba a votar en las elecciones salvo encontrar algo menos malo, cosa que casi nunca ha ocurrido para mi modesto entender.

A este convencimiento de no ser cómplice votando a un sistema no me llevó, en su día, ninguna revelación, ningún profundo estudio, ninguna profecía. Me llevó, lisa y llanamente, la aseveración de todos los partidos y de todos los periodistas amarillos de que la alta participación registrada en las elecciones generales del 1982 -aquellas que ganó de calle el PSOE de Felipe González porque UCD se las puso a huevo- había sido un triunfo de la democracia.

Y en ello, evidentemente, se incluían todos los votos; hasta el mío que -el secreto del voto es un derecho, no un deber- había sido para la Solidaridad Española de don Antonio Tejero Molina.

Así lo escribí muchos años después -lo pueden comprobar pulsando aquí-, pero aún así bastante antes que don Alfonso Ussía, y a ello he sido fiel desde entonces. Ningún voto NO a la amnistía del traidor Sánchez, del traidor PSOE, del traidor comunismo de veinte caras y cien siglas. Ningún voto NO, simplemente por ausencia, por evidenciar que media España -la que no vive de los Presupuestos Generales del Estado, con subvenciones, falcons y guardaespaldas- simplemente -dicho sea con bien altas y nobles palabras- desprecia el juguete.


domingo, 29 de octubre de 2023

SOBRE LA ESPERANZA.

Hace 90 años.

Tal día como hoy de hace noventa años, un joven universitario al que tres años después fusilaría la izquierda con los fusiles que había cargado la derecha, mostró a los españoles que había un futuro para todos.

Muchos españoles lo creyeron, lo siguieron y, cuando los asesinos ultraizquierdistas del PSOE se lanzaron a la aniquilación de media España, se alzaron en armas para impedirlo. También cuando los separatistas catalans, baskos y otros gilipollas de la misma recua quisieron dinamitar -tenían querencia por la dinamita, como todos los cobardes que ponen la bomba y esconden la mano- la unidad de la primera Nación habida en este puñetero mundo.

Otros muchos -justo es decirlo- estuvieron en contra. Ninguno con razón y casi todos con antipatía, que es la razón del que no la tiene.

En un mundo normal, la bandera levantada el 29 de Octubre de 1933 habría sido para todos bandera de esperanza, de fe y de ánimo. En este mundo nuestro, aquella bandera sólo la seguimos unos cuantos -pocos para lo que la idea merece, muchos para el miedo del enemigo cobarde- y sirve de poco porque ya hemos vuelto al punto de partida; porque ya no sirve la esperanza, sino el odio, y en ello estamos con bastante éxito.

Por si acaso, ahí les dejo aquellas palabras que fueron luz.


* * *

DISCURSO DE LA FUNDACION DE FALANGE ESPAÑOLA 

(Discurso pronunciado en el Teatro de la Comedia de Madrid, el día 29 de octubre de 1933, por José Antonio Primo de Rivera).

Nada de un párrafo de gracias. Escuetamente, gracias, como corresponde al laconismo militar de nuestro estilo.

Cuando, en marzo de 1762, un hombre nefasto, que se llamaba Juan Jacobo Rousseau, publicó El contrato social, dejó de ser la verdad política una entidad permanente. Antes, en otras épocas más profundas, los Estados, que eran ejecutores de misiones históricas, tenían inscritas sobre sus frentes, y aun sobre los astros, la justicia y la verdad. Juan Jacobo Rousseau vino a decirnos que la justicia y la verdad no eran categorías permanentes de razón, sino que eran, en cada instante, decisiones de voluntad.

Juan Jacobo Rousseau suponía que el conjunto de los que vivimos en un pueblo tiene un alma superior, de jerarquía diferente a cada una de nuestras almas, y que ese yo superior está dotado de una voluntad infalible, capaz de definir en cada instante lo justo y lo injusto, el bien y el mal. Y como esa voluntad colectiva, esa voluntad soberana, sólo se expresa por medio del sufragio –conjetura de los más que triunfa sobre la de los menos en la adivinación de la voluntad superior–, venía a resultar que el sufragio, esa farsa de las papeletas entradas en una urna de cristal, tenía la virtud de decirnos en cada instante si Dios existía o no existía, si la verdad era la verdad o no era la verdad, si la Patria debía permanecer o si era mejor que, en un momento, se suicidase.

Como el Estado liberal fue un servidor de esa doctrina, vino a constituirse no ya en el ejecutor resuelto de los destinos patrios, sino en el espectador de las luchas electorales. Para el Estado liberal sólo era lo importante que en las mesas de votación hubiera sentado un determinado número de señores; que las elecciones empezaran a las ocho y acabaran a las cuatro; que no se rompieran las urnas. Cuando el ser rotas es el más noble destino de todas las urnas. Después, a respetar tranquilamente lo que de las urnas saliera, como si a él no le importase nada. Es decir, que los gobernantes liberales no creían ni siquiera en su misión propia; no creían que ellos mismos estuviesen allí cumpliendo un respetable deber, sino que todo el que pensara lo contrario y se propusiera asaltar el Estado, por las buenas o por las malas, tenía igual derecho a decirlo y a intentarlo que los, guardianes del Estado mismo a defenderlo.

De ahí vino el sistema democrático, que es, en primer lugar, el más ruinoso sistema de derroche de energías. Un hombre dotado para la altísima función de gobernar, que es tal vez la más noble de las funciones humanas, tenía que dedicar el ochenta, el noventa o el noventa y cinco por ciento de su energía a sustanciar reclamaciones formularias, a hacer propaganda electoral, a dormitar en los escaños del Congreso, a adular a los electores, a aguantar sus impertinencias, porque de los electores iba a recibir el Poder; a soportar humillaciones y vejámenes de los que, precisamente por la función casi divina de gobernar, estaban llamados a obedecerle; y si, después de todo eso, le quedaba un sobrante de algunas horas en la madrugada, o de algunos minutos robados a un descanso intranquilo, en ese mínimo sobrante es cuando el hombre dotado para gobernar podía pensar seriamente en las funciones sustantivas de Gobierno.

Vino después la pérdida de la unidad espiritual de los pueblos, porque como el sistema funcionaba sobre el logro de las mayorías, todo aquel que aspiraba a ganar el sistema ,tenía que procurarse la mayoría de los sufragios. Y tenía que procurárselos robándolos, si era preciso, a los otros partidos, y para ello no tenía que vacilar en calumniarlos, en verter sobre ellos las peores injurias, en faltar deliberadamente a la verdad, en no desperdiciar un solo resorte de mentira y de envilecimiento. Y así, siendo la fraternidad uno de los postulados que el Estado liberal nos mostraba en su frontispicio, no hubo nunca situación de vida colectiva donde los hombres injuriados, enemigos unos de otros, se sintieran menos hermanos que en la vida turbulenta y desagradable del Estado liberal.

Y, por último, el Estado liberal vino a depararnos la esclavitud económica, porque a los obreros, con trágico sarcasmo, se les decía: “Sois libres de trabajar lo que queráis; nadie puede compeleros a que aceptéis unas u otras condiciones; ahora bien: como nosotros somos los ricos, os ofrecemos las condiciones que nos parecen; vosotros, ciudadanos libres, si no queréis, no estáis obligados a aceptarlas; pero vosotros, ciudadanos pobres, si no aceptáis las condiciones que nosotros os impongamos, moriréis de hambre, rodeados de la máxima dignidad liberal”. Y así veríais cómo en los países donde se ha llegado a tener Parlamentos más brillantes e instituciones democráticas más finas, no teníais más que separamos unos cientos de metros de los barrios lujosos para encontramos con tugurios infectos donde vivían hacinados los obreros y sus familias, en un límite de decoro casi infrahumano. Y os encontraríais trabajadores de los campos que de sol a sol se doblaban sobre la tierra, abrasadas las costillas, y que ganaban en todo el año, gracias al libre juego de la economía liberal, setenta u ochenta jornales de tres pesetas.

Por eso tuvo que nacer, y fue justo su nacimiento (nosotros no recatamos ninguna verdad), el socialismo. Los obreros tuvieron que defenderse contra aquel sistema, que sólo les daba promesas de derechos, pero no se cuidaba de proporcionarles una vida justa.

Ahora, que el socialismo, que fue una reacción legítima contra aquella esclavitud liberal, vino a descarriarse, porque dio, primero, en la interpretación materialista de la vida y de la Historia; segundo, en un sentido de represalia; tercero, en una proclamación del dogma de la lucha de clases. 

El socialismo, sobre todo el socialismo que construyeron, impasibles en la frialdad de sus gabinetes, los apóstoles socialistas, en quienes creen los pobres obreros, y que ya nos ha descubierto tal como eran Alfonso García Valdecasas; el socialismo así entendido, no ve en la Historia sino un juego de resortes económicos: lo espiritual se suprime; la Religión es un opio del pueblo; la Patria es un mito para explotar a los desgraciados. Todo eso dice el socialismo. No hay más que producción, organización económica. Así es que los obreros tienen que estrujar bien sus almas para que no quede dentro de ellas la menor gota de espiritualidad.

No aspira el socialismo a restablecer una justicia social rota por el mal funcionamiento de los Estados liberales, sino que aspira a la represalia; aspira a llegar en la injusticia a tantos grados más allá cuantos más acá llegaran en la injusticia los sistemas liberales.

Por último, el socialismo proclama el dogma monstruoso de la lucha de clases; proclama el dogma de que las luchas entre las clases son indispensables, y se producen naturalmente en la vida, porque no puede haber nunca nada que las aplaque. Y el socialismo, que vino a ser una crítica justa del liberalismo económico, nos trajo, por otro camino, lo mismo que el liberalismo económico: la disgregación, el odio, la separación, el olvido de todo vínculo de hermandad y de solidaridad entre los hombres.

Así resulta que cuando nosotros, los hombres de nuestra generación, abrimos los ojos, nos encontramos con un mundo en ruina moral, un mundo escindido en toda suerte de diferencias; y por lo que nos toca de cerca, nos encontramos en una España en ruina moral, una España dividida por todos los odios y por todas las pugnas. Y así, nosotros hemos tenido que llorar en el fondo de nuestra alma cuando recorríamos los pueblos de esa España maravillosa, esos pueblos en donde todavía, bajo la capa más humilde, se descubren gentes dotadas de una elegancia rústica que no tienen un gesto excesivo ni una palabra ociosa, gentes que viven sobre una tierra seca en apariencia, con sequedad exterior, pero que nos asombra con la fecundidad que estalla en el triunfo de los pámpanos y los trigos. Cuando recorríamos esas tierras y veíamos esas gentes, y las sabíamos torturadas por pequeños caciques, olvidadas por todos los grupos, divididas, envenenadas por predicaciones tortuosas, teníamos que pensar de todo ese pueblo lo que él mismo cantaba del Cid al verle errar por campos de Castilla, desterrado de Burgos:

¡Dios, qué buen vasallo si oviera buen señor!

Eso vinimos a encontrar nosotros en el movimiento que empieza en ese día: ese legítimo soñar de España; pero un señor como el de San Francisco de Borja, un señor que no se nos muera. Y para que no se nos muera, ha de ser un señor que no sea, al propio tiempo, esclavo de un interés de grupo ni de un interés de clase.

El movimiento de hoy, que no es de partido, sino que es un movimiento, casi podríamos decir un antipartido, sépase desde ahora, no es de derechas ni de izquierdas. Porque en el fondo, la derecha es la aspiración a mantener una organización económica, aunque sea injusta, y la izquierda es, en el fondo, el deseo de subvertir una organización económica, aunque al subvertiría se arrastren muchas cosas buenas. Luego, esto se decora en unos y otros con una serie de consideraciones espirituales. Sepan todos los que nos escuchan de buena fe que estas consideraciones espirituales caben todas en nuestro movimiento; pero que nuestro movimiento por nada atará sus destinos al interés de grupo o al interés de clase que anida bajo la división superficial de derechas e izquierdas.

La Patria es una unidad total, en que se integran todos los individuos y todas las clases; la Patria no puede estar en manos de la clase más fuerte ni del partido mejor organizado. La Patria es una síntesis trascendente, una síntesis indivisible, con fines propios que cumplir; y nosotros lo que queremos es que el movimiento de este día, y el Estado que cree, sea el instrumento eficaz, autoritario, al servicio de una unidad indiscutible, de esa unidad permanente, de esa unidad irrevocable que se llama Patria.

Y con eso ya tenemos todo el motor de nuestros actos futuros y de nuestra conducta presente, porque nosotros seríamos un partido más si viniéramos a enunciar un programa de soluciones concretas. Tales programas tienen la ventaja de que nunca se cumplen. En cambio, cuando se tiene un sentido permanente ante la Historia y ante la vida, ese propio sentido nos da las soluciones ante lo concreto, como el amor nos dice en qué caso debemos reñir y en qué caso nos debemos abrazar, sin que un verdadero amor tenga hecho un mínimo programa de abrazos y de riñas.

He aquí lo que exige nuestro sentido total de la Patria y del Estado que ha de servirla.

Que todos los pueblos de España, por diversos que sean, se sientan armonizados en una irrevocable unidad de destino.

Que desaparezcan los partidos políticos. Nadie ha nacido nunca miembro de un partido político; en cambio, nacemos todos miembros de una familia; somos todos vecinos de un Municipio; nos afanamos todos en el ejercicio de un trabajo. Pues si ésas son nuestras unidades naturales, si la familia y el Municipio y la corporación es en lo que de veras vivimos, ¿para qué necesitamos el instrumento intermediario y pernicioso de los partidos políticos, que, para unimos en grupos artificiales, empiezan por desunimos en nuestras realidades auténticas?

Queremos menos palabrería liberal y más respeto a la libertad profunda del hombre. Porque sólo se respeta la libertad del hombre cuando se le estima, como nosotros le estimamos, portador de valores eternos; cuando se le estima envoltura corporal de un alma que es capaz de condenarse y de salvarse. Sólo cuando al hombre se le considera así, se puede decir que se respeta de veras su libertad, y más todavía si esa libertad se conjuga, como nosotros pretendemos, en un sistema de autoridad, de jerarquía y de orden.

Queremos que todos se sientan miembros de una comunidad seria y completa; es decir, que las funciones a realizar son muchas: unos, con el trabajo manual; otros, con el trabajo del espíritu; algunos, con un magisterio de costumbres y refinamientos. Pero que en una comunidad tal como la que nosotros apetecernos, sépase desde ahora, no debe haber convidados ni debe haber zánganos.

Queremos que no se canten derechos individuales de los que no pueden cumplirse nunca en casa de los famélicos, sino que se dé a todo hombre, a todo miembro de la comunidad política, por el hecho de serio, la manera de ganarse con su trabajo una vida humana, justa y digna.

Queremos que el espíritu religioso, clave de los mejores arcos de nuestra Historia, sea respetado y amparado como merece, sin que por eso el Estado se inmiscuya en funciones que no le son propias ni comparta –como lo hacía, tal vez por otros intereses que los de la verdadera Religión– funciones que sí le corresponde realizar por sí mismo.

Queremos que España recobre resueltamente el sentido universal de su cultura y de su Historia.

Y queremos, por último, que si esto ha de lograrse en algún caso por la violencia, no nos detengamos ante la violencia. Porque, ¿quién ha dicho –al hablar de “todo menos la violencia”– que la suprema jerarquía de los valores morales reside en la amabilidad? ¿Quién ha dicho que cuando insultan nuestros sentimientos, antes que reaccionar como hombres, estamos obligados a ser amables? Bien está, sí, la dialéctica como primer instrumento de comunicación. Pero no hay más dialéctica admisible que la dialéctica de los puños y de las pistolas cuando se ofende a la justicia o a la Patria.

Esto es lo que pensamos nosotros del Estado futuro que hemos de afanamos en edificar.

Pero nuestro movimiento no estaría del todo entendido si se creyera que es una manera de pensar tan sólo; no es una manera de pensar: es una manera de ser. No debemos proponemos sólo la construcción, la arquitectura política. Tenemos que adoptar, ante la vida entera, en cada uno de nuestros actos, una actitud humana, profunda y completa. Esta actitud es el espíritu de servicio y de sacrificio, el sentido ascético y militar de la vida. Así, pues, no imagine nadie que aquí se recluta para ofrecer prebendas; no imagine nadie que aquí nos reunimos para defender privilegios. Yo quisiera que este micrófono que tengo delante llevara mi voz hasta los últimos rincones de los hogares obreros, para decirles: sí, nosotros llevamos corbata; sí, de nosotros podéis decir que somos señoritos. Pero traemos el espíritu de lucha precisamente por aquello que no nos interesa como señoritos; venimos a luchar porque a muchos de nuestras clases se les impongan sacrificios duros y justos, y venimos a luchar por que un Estado totalitario alcance con sus bienes lo mismo a los poderosos que a los humildes. Y así somos, porque así lo fueron siempre en la Historia los señoritos de España. Así lograron alcanzar la jerarquía verdadera de señores, porque en tierras lejanas, y en nuestra Patria misma, supieron arrostrar la muerte y cargar con las misiones más duras, por aquello que precisamente, como a tales señoritos, no les importaba nada.

Yo creo que está alzada la bandera. Ahora vamos a defenderla alegremente, poéticamente. Porque hay algunos que frente a la marcha de la revolución creen que para aunar voluntades conviene ofrecer las soluciones más tibias; creen que se debe ocultar en la propaganda todo lo que pueda despertar una emoción o señalar una actitud enérgica y extrema. ¡Qué equivocación! A los pueblos no los han movido nunca más que los poetas, y ¡ay del que no sepa levantar, frente a la poesía que destruye, la poesía que promete!

En un movimiento poético, nosotros levantaremos este fervoroso afán de España; nosotros nos sacrificaremos; nosotros renunciaremos, y de nosotros será el triunfo, triunfo que –¿para qué os lo voy a decir?– no vamos a lograr en las elecciones próximas. En estas elecciones votad lo que os parezca menos malo. Pero no saldrá de ahí vuestra España, ni está ahí nuestro marco. Esa es una atmósfera turbia, ya cansada, como de taberna al final de una noche crapulosa. No está ahí nuestro sitio. Yo creo, sí, que soy candidato; pero lo soy sin fe y sin respeto. Y esto lo digo ahora, cuando ello puede hacer que se me retraigan todos los votos. No me importa nada. Nosotros no vamos a ir a disputar a los habituales los restos desabridos de un banquete sucio. Nuestro sitio está fuera, aunque tal vez transitemos, de paso, por el otro. Nuestro sitio está al aire libre, bajo la noche clara, arma al brazo, y en lo alto, las estrellas. Que sigan los demás con sus festines. Nosotros fuera, en vigilancia tensa, fervorosa y segura, ya presentimos el amanecer en la alegría de nuestras entrañas.


domingo, 22 de octubre de 2023

SOBRE MI CAMARADA LUIS.

Que es -como probablemente ya todos ustedes sepan- Luis Tapia Aguirrebengoa, mi Coronel, mi camarada y un maestro de señorío, de entereza y de hidalguía.

Quizá alguien piense que últimamente sólo escribo para recordar a quienes ya se fueron a los luceros, y es cierto. Pero es que -ya desde hace tiempo- pienso que los muertos son lo único serio en este país de vivos, vivillos y vivales.

Los vivos, vivillos y vivales hace tiempo que han ascendido en el escalafón de la canallería, y han llegado a cumplir sus objetivos personales: ya son presidentes de gobiernos -con minúscula, que no merecen otra cosa-; ministros, ministras y ministres; fiscales y fiscalas y fiscalos; jueces, juezas y juezos. Por no citar más grados de la hideputez.

En cambio, los muertos -los nuestros, al menos- cada día se demuestra que siempre estuvieron en lo cierto, que lo que dijeron iba a ir a Misa no tardando demasiado, y que lo que nos venía ya estaba a la vista para quien tuviese el valor de mirar de frente.

Como muestra, el artículo de mi camarada el Ilustrísimo Sr. D Luis Tapia Aguirrebengoa, Coronel legionario que desde Juntas Españolas intentó luchar por una España que ya desaparecía, y allí nos conocimos; y que desde las páginas de EJE lo dijo bien alto y claro.

Aquí pueden ver, pulsando sobre la imagen y ampliándola cuanto necesiten -porque la porquería de los sistemas operativos vigentes me impiden trasladarlo a texto con la facilidad de antaño-, lo que escribió mi camarada Luis acerca de los separatismos, los separatistas y los cómplices, hace la friolera de 33 años. Concretamente, en el número 10 de EJE, correspondiente a marzo de 1990.

Si cambian los nombres de entonces por los de ahora, ahí tienen la crónica de ayer o anteayer. Y -lo peor- la de mañana, cuando el separatismo triunfe gracias al traidor Sánchez, y ni uno solo de los patriotas oficiales de uniforme y pesebre recuerde el artículo 8º de la puñetera Constitución, y ni uno sólo de los ciudadanitos votantes del socialismo, el comunismo y el hideputismo se cuelgue bajo un puente como expiación.



jueves, 12 de octubre de 2023

SOBRE EL MAESTRO RAFAEL.


Que es, por supuesto, Rafael García Serrano, cosa que ya saben de sobra los pocos habituales que me puedan quedar, pero que acaso conviene explicar por si aparece algún amigo -o enemigo- nuevo.

Este año, Rafael -camarada, amigo, maestro- vuelvo a mis bases. A este Diario que durante años reunió cierta cantidad de camaradas, bastantes amigos y -también- algunos enemigos que me divirtieron mucho. 

Tu sabes, camarada, porque ya te lo he contado otros años desde que te fuiste a los luceros, los sitios por los que han pasado mis palabras. Si alguien tuviera interés, puede descargar las versiones digitalizadas de todos aquellos pasos en el apartado Ediciones anteriores.

Pero todo esto es dar vueltas a la noria para no reconocer lo que me cuesta escribir ahora. Recuerdo las palabras de José Luis Gómez Tello -otro de los grandes- en su colaboración para el libro en tu homenaje, Rafael. Ese libro que nunca se ha publicado, y que cuando yo me vaya se habrá perdido definitivamente. 


"Para entonces sus pausas de silencio eran frecuentes, cada vez mas prolongadas; el motivo no era ningún secreto para nosotros: Rafael atravesaba el túnel de una nueva depresión, tanto física como espiritual.

- Rafael -reclamaba el teléfono cuando la hora de cierre del periódico se aproximaba al límite- ¿contamos con tu Dietario? 

- Perdonad, no ha podido ser -se excusaba como pidiendo perdón."


También a mi -salvando las astronómicas distancias- me cuesta escribir cada vez más. No ya por una depresión, sino por el convencimiento de que ya a nadie le importa lo que pueda escribir, nadie lee mis palabras y, en consecuencia, es trabajo inútil. 

Y también porque tengo otro convencimiento, y es el de que España ya no existe, que esta marea de mierda, de miseria moral, de encanallamiento, no puede ser España; que el pueblo que vota a un sinvergüenza como Perico el de los palotes, a una imbécil -tercera acepción del diccionario de la RAE vigente a día de hoy, señor fiscal- como la rojiyoli; a unos hideputas como los separatistas y terroristas catalans y baskos, no puede ser España. Que el pueblo que vota a un pusilánime como Feijoo no puede ser España. Prefiero una España muerta a una España pútrida, y a ello me atengo.

Y, por último, porque sé que estoy derrotado. Y no lo acepto, porque el deber del derrotado es seguir la lucha mientras pueda y con lo que pueda, pero si lo admito, porque negarse a ver la realidad es la peor forma de derrota. 

Pero siento -allá donde la lógica no llega ni la razón ilumina- que seguir escribiendo como he hecho durante los últimos cuarenta y cinco años es darle alas al quiero y no puedo, vociferar sin la fuerza necesaria para mantener lo dicho y escrito por otros medios. Y no pienso ser nunca una lengua sin manos, aunque ello me condene al silencio.

No sé si a ti, Rafael -amigo, hermano, camarada- te rondaba alguna idea parecida. Quizá no, porque siempre hiciste frente a lo que te vino como lo hacen los españoles, navarros y falangistas, que vaya trío. 

Pero a mi si. Siento la derrota en los huesos, en la sangre y en el alma, y creo que ya no merece la pena la lucha con la palabra. Hemos pasado de ese punto, y lo único que queda es plantarse, y dar la cara. Aunque me la rompan. 

Dios quiera que, cuando llegue el momento, porque va a llegar algún día, y estamos repitiendo la Historia del 36, con dos bandos que cada día se odian más y unos rojoseparatistas empeñados en el suicidio colectivo, en aniquilar al enemigo -ya no adversario-, en negar el pan y la sal al que piensa distinto; y otros políticos empeñados en lo melifluo, en pasar por el aro, en dejarse pisotear, en proclamar tolerancias imposibles y en quejarse amargamente cuando les tocan la jeta.

Estamos repitiendo la Historia, y quiera Dios -decía- que cuando llegue el momento aún pueda usar las manos y ponerlas al servicio de lo dicho.

Y poder presentarme ante vosotros, Rafael, sin que se me caiga la cara de vergüenza.


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