Pero piense el Gobierno que si España se le va de entre las manos, no podrá escudarse tras de una excusable negligencia. Cuando la negligencia llega a ciertos límites y compromete ciertas cosas sagradas, ya se llama traición.

José Antonio Primo de Rivera.
(F.E., núm. 15, 19 de julio de 1934)

jueves, 23 de junio de 2016

SOBRE LA CAMPAÑA ELECTORAL (CUATRO).


Y hoy toca, finalmente, hablar de don Alberto Rivera. Estrictamente -reitero- por orden de caída. 


La verdad es que de las propuestas de Ciudadanos cabe decir bien poco, dado que en su propaganda electoral no dice absolutamente nada. 

Dice -en una modesta hojita- que es posible ayudar a la clase media y trabajadora; que es posible aumentar el permiso de maternidad y paternidad; que es posible una educación pública de calidad y libros gratis, y que los niños sepan inglés; que es posible invertir en sanidad en vez de en aeropuertos sin aviones; que es posible acabar con los aforamientos y que los corruptos devuelvan lo robado, y que es posible un país donde el voto de todos los españoles valga lo mismo.

Y punto, porque ese es el programa electoral del señor Rivera. Al menos, el que ofrece al presunto votante de su partido que no tenga ganas de irse a buscar documentos más extensos y más ocultos.

Por supuesto, señor Rivera, todo eso es posible. Muchas de esas cosas -las que iban acordes con los tiempos- ya las hemos tenido, y los memócratas se encargaron de birlárnoslas con sus promesas: esas que decía el profesor Tierno que nunca se cumplían. Pero lo que hace falta, don Alberto, no es decir que todo eso es posible, sino decir cómo lo quiere hacer. 

¿Cómo va a ayudar a la clase media y a la clase trabajadora? ¿Va a crear los millones de empleos que promete Rajoy; esos de trabajar media hora y se acabó lo que se daba, que tan bien maquillan las estadísticas y tanto desesperan a quien los sufre? Por cierto, curiosa distinción la suya entre clase media y clase trabajadora. ¿No trabaja la clase media? ¿Cual es la diferencia, para usted, entre clase trabajadora y clase media? ¿El sueldo? ¿El tipo de actividad? Explíquemelo si tiene la bondad, señor Rivera, porque a mi, que no creo en las clases y menos aún en que unas y otras anden a la greña, no me sale la línea separadora.

¿Cómo va a aumentar el permiso de maternidad y paternidad? Bueno, además de firmar un Decreto, quiero decir. Porque no basta, señor Rivera, con echar una firmita. Las gentes de su generación son muy propensas a creer que a ustedes, como a Dios, les basta con la palabra: ¡Hágase!.

Pero eso solo no basta. Le puede resultar suficiente a macacos como el difunto Chávez venezolano, que expelía un ¡exprópiese! como si el mundo fuera suyo. Pero eso, don Alberto, no basta en una sociedad de pueblos y naciones relacionados entre si. Al menos, no vale si no se quiere llevar a un país a la más absoluta miseria. Para estas cosas, señor Rivera, hay que pensar en el cómo y, sobre todo, en el quién; concretamente, en el quién lo va a pagar.

Porque los permisos por maternidad y paternidad, que son muy justos y muy necesarios, los tiene que pagar alguien. Y si ese alguien que paga es el empresario, la cosa va mal; pero si quien paga es la Seguridad Social, las cuentas no salen, y habrá que recaudar esos cuartos por otro sitio. 

Lo de la educación pública y de calidad es muy sencillo, señor Rivera. Es sencillo para mi, que tengo muy claro que para una educación suficiente, que prepare para que quien no quiera seguir estudiando pueda desenvolverse bien en la vida, y para que quien quiera continuar estudios tenga una base adecuada, basta con un plan donde se estudie lo necesario -no lo superfluo-; donde se estudie un aceptable resumen de la cultura, no una bárbara especialización desde los inicios, que lleva a un ingeniero -o arquitecto, o médico o, peor aún, profesor- a escribir con faltas de ortografía. Un plan donde el esfuerzo sea condición indispensable, pero que sea tenido en cuenta y gratificado. Donde la vaguería no encuentre acomodo -ni en los estudiantes, ni en los maestros-; donde no se pase de curso sin dar palo al agua, donde los colegios no sean un simple almacén de niños o adolescentes apáticos, a los que no se les puede pegar un berrido o imponer un castigo porque los pobrecitos se traumatizan. Más palos da la vida, y todos esos niñitos y niñatos sobreprotegidos por padres ineptos son carne de psiquiatra.

Pero temo, señor Rivera -y puedo temerlo, puesto que usted no explica nada- que pretenda solucionarlo todo con dinero. Y ese es el problema, porque muchas veces no hay que gastar más, sino gastar mejor, y de poco vale tirar millones a un pozo sin fondo. ¿De dónde va a sacar los millones que cuesten los libros gratuitos para los escolares? ¿Quien os va a pagar? ¿Los impuestos de la clase media o la clase trabajadora a la que quiere ayudar? ¿Y por qué no propone algo tan sencillo como rebajar -o quitar, directamente- el IVA de los libros de texto? ¿O algo tan fácil como legislar que los libros no haya que pintarlos, trocearlos, rellenarlos en cada curso? Usted, seguramente, sabe de la existencia de una cosa llamada cuaderno. ¿Por qué no dotar a cada colegio de los libros que necesite para todos sus alumnos, con la obligación de dejarlos al final del curso para los que vengan al siguiente año; y de devolverlos en perfectas condiciones o -de romperlos, perderlos o estropearlos- pagarlos? Una forma de responsabilizar a los niños. Y a los padres. Porque el todo gratis a que ustedes nos quieren acostumbrar, acaba saliendo muy caro para alguien.

Y el inglés... ¿qué me dice usted del ingles? ¿Qué me dice usted de que los niños, por ejemplo, se aprendan los nombres de los huesos del cuerpo humano en inglés, pero si alguien le pregunta donde está el radio, o el fémur, respondan que no saben qué cosa sea eso? Que está bien aprender idiomas, no lo niego; pero ya está bien de ser los eternos papanatas, y todavía estoy por conocer un inglés que se sienta inculto, inútil, ignorante, incapaz de aspirar a un puesto de trabajo por no saber español. O -si nos ponemos a ello- por no saber francés, alemán o portugués.

¿Que es posible invertir en Sanidad? ¡Pues claro, don Alberto, faltaría más!. Pero sería mucho menos lo que habría que invertir si la Sanidad no fuera un pozo sin fondo, del que todo el mundo saca mientras sólo ponen unos cuantos. No le discuto que la Sanidad sea un derecho universal; que haya que atender a todo el mundo, sean ciudadanos españoles, sean extranjeros, sean inmigrantes ilegales o sean turistas de paso. Pero si niego que deba hacerse con cargo a la Seguridad Social. Los gobiernos pueden incorporar a los presupuestos partidas para la atención sanitaria de todos aquellos que no estén afiliados a la Seguridad Social. Que se les atienda, si; que reciban idéntico cuidado, si; pero que no salga el dinero de lo que nos quitan a los trabajadores por ese concepto. Que el resultado práctico es el mismo, pero las cuentas son diferentes, y ahí se nota el que gobierna bien, el que administra adecuadamente, y el chapucero del -Zapatero dixit- como sea.

¿Y los aeropuertos sin aviones? Pues tiene usted en eso toda la razón. Pero la solución no es la de meter dinero en otras cosas y dejar de hacer infraestructuras, sino en determinar donde hacen falta aeropuertos, donde trasvases, donde canalizaciones de ríos, donde autovías y donde trenes. O aeropuertos. La solución no estriba en hacer más hospitales para los turistas sanitarios, sino en planificar en la debida forma. Y esto es algo que, mientras cada chiringuito autonómico haga de su capa un sayo, sin la previsión de conjunto, nunca se podrá hacer bien.

Y aquí llegamos a la última posibilidad que usted propone; la de que el voto de todos los españoles valga lo mismo. Porque lo de que se acaben los aforamientos y que cada chorizo sea juzgado por el juez natural que le corresponda, y que todos los ladrones devuelvan lo que hayan robado creo que nadie se lo discutirá. Al menos, en campaña electoral; luego, a la hora de plasmarlo en el BOE ya se iría viendo, y hasta ahora muchos lo han prometido pero ninguno lo ha hecho.

Pero que el voto de todos los españoles valga lo mismo es cosa que merece atención. Porque tampoco nos dice qué quiere hacer para conseguirlo, aunque la cosa es clara: supresión de la ley D'Hont, y circunscripción única, para evitar que los grandes partidos se beneficien a costa de los pequeños, y que los que no tienen implantación fuera de su aldea obtengan una representación desproporcionada. Y listas abiertas, para que se elija a la persona, no al partido. ¿Es esto lo que quiere usted, señor Rivera? ¡Pues dígalo, leñe!

Porque el problema fundamental es que usted y su partido no dicen nada, que es la mejor forma de engañar al electorado. Usted, señor Rivera, quiere parecer centrista, moderado, casi una reedición del chuletón de Ávila poco hecho -o sea, un Suárez-, de manera que los votantes descontentos con el PP -que es de donde usted saca renta- lo voten. Pero luego, señor Rivera, se le ve el plumero, y resulta que no es de ese presunto centro, sino que usted y su partido son socialistas.

Socialistas rosaditos -levemente alejados del rojo zapateril del PSOE-, pero socialistas en temas como la política familiar, con el asesinato libre de nonatos. También -todo sea dicho- como los abortistas del PP, que en esto no hay diferencia y todos ustedes son propicios a meter las manos en la sangre de los más débiles.

Y socialistas en cuanto a sus elecciones, y ahí -reciente, calentito aún- tienen su pacto con el PSOE, que era el primer perdedor de las pasadas elecciones. Y no me diga, don Alberto, que usted no puede apoyar a un partido -el PP- hundido en la corrupción, porque está usted apoyando a otro partido exactamente igual de corrupto en Andalucía. O al mismo PP en la autonomía de Madrid.

¿Que su rechazo es hacia Mariano Rajoy, personalmente? Pero no por ello deja de ser Mariano Rajoy el más votado en los últimos comicios celebrados, y por tanto el que más ciudadanos han elegido como su opción para gobernar. ¿Dónde está su respeto a la Democracia, señor Rivera?


SOBRE LA CAMPAÑA ELECTORAL (TRES).

Don Pedro Sánchez -a quien le toca el turno por, como dije, simple orden de caída en el buzón- comienza su carta demostrando varias cosas: que no sabe lo que dice, que no sabe sumar, y que no es un demócrata.

Durante estos últimos meses me he esforzado en impulsar el cambio deseado por la mayoría de los españoles en las elecciones del 20 de diciembre -dice.

Que se haya esforzado no lo pongo en duda, puesto que se está jugando -espero que sólo metafóricamente- la cabeza. Pero las matemáticas cantan que la mayoría de españoles no han deseado el cambio que ofrece el señor Sánchez. El PP ganó las elecciones, con la mayoría suficiente para que el PSOE no pudiera formar gobierno. Sencillamente, porque la mayoría de los españoles no eligió al señor Sánchez, sino al señor Rajoy. 

Una mayoría no absoluta, pero mayoría al fin. Y usted, señor Sánchez, ni siquiera contando sus diputados, los de los comunistas antisistema de Podemos, y los de los socialistas engañabobos de Ciudadanos podía aspirar más que a una legislatura imposible.

O sea: que la mayoría la obtuvo el PP, que la mayoría de los españoles no querían el cambio socialista, y que usted no sabe sumar, o sabe mentir demasiado. Nada nuevo, en todo caso.

Pide el señor Sánchez el voto para un montón de cosas. Sólo citaré algunas, porque me da pereza copiar todo su folleto y porque, además, no merece la pena.

Pide que lo votemos para crear un nuevo modelo económico que cree empleo estable, con salarios justos y condiciones de trabajo dignas. ¿Qué modelo económico, señor Sánchez? ¿El de las empresas de trabajo temporal que introdujo Felipe González? ¿El de los nos si cuatro o cinco millones de parados de Zapatero? ¿El de los ERES de Andalucía? ¿El de los fondos de los cursos para los parados de esa misma región?

Pide que lo votemos para tener una sanidad pública fuerte, que no excluya a nadie y que garantice a todos el derecho a la salud.

¿Una sanidad, señor Sánchez, donde el pobre desgraciado habitante de Madrid que sufra un percance en Sevilla sea atendido allí? ¿Donde el habitante de Valencia que sufra una fractura en Madrid no sea devuelto a su ciudad para que allí le operen? ¿Donde quien necesite medicinas las pueda obtener porque es su derecho, y no porque el farmacéutico -que lleva meses sin cobrar- le haga el favor de dárselas?

Por otro lado, me hace felicísimo saber que tengo derecho a la salud. Creí que -como cotizante obligatorio a la Seguridad Social- tenía derecho a sanidad; pero esto de la salud casi me convence. Ahí es nada, tener garantizado -acaso en la Constitución- que no me va a volver a doler la cabeza, que nunca sufriré un dolor de muelas, que jamás me romperé un hueso, que no tendré que preocuparme por si en el futuro me toca la china de padecer alguna enfermedad seria, porque usted, señor Sánchez, me garantiza la salud. Casi me convence para votarle; pero prefiero comprobar el cumplimiento de sus promesas y luego obrar en consecuencia. Si en los próximos cuatro años de su gobierno con Pablo Iglesias no me pongo enfermo -pero ni un puñetero catarro, ¿eh?, no vayamos a empezar con las rebajas- prometo pensármelo.

Pide que lo votemos para tener un sistema educativo público de calidad, para que nacer en una familia con menos recursos no conlleve tener menos oportunidades, y para apostar por la investigación, la cultura y la creatividad, porque la falta de conocimiento es una forma de pobreza.

Si usted piensa don Pedro, que la cultura y la creatividad son cuestión de cuartos, lo llevamos claro. Porque hay cosas que no se solucionan con dinero, aunque todos los tontos piensan lo contrario. Por ejemplo, don Pedro, los que creen que los padres que llevan a sus hijos a colegios privados o concertados lo hacen porque tienen mucho dinero, y que sólo los pobres van a la escuela pública. Los que llevan a sus hijos a colegios privados o concertados, lo hacen porque en ellos la educación es menos mala; y lo es porque ustedes -todos los que han gobernado, pero en particular los socialistas- han hecho que la enseñanza pública sea una auténtica mierda; un simple almacén donde meter los niños hasta que cumplan la edad, en donde se pasa de curso alegremente, aun sin tener ni idea de nada; donde no se exige el mínimo esfuerzo, donde los profesores están mediatizados por las apas y las amas y las ampas -sin hache, y a veces con ella- y las leches de los ignorantes, de los arrogantes y de los cretinos. Una enseñanza en la que los niños no estudian mas que su corralito cercano, -el Manzanares, aprendiz de río, los de Madrid; el río catalán que nace en tierras extrañas, los cercanos al padre Ebro- e ignoran profusamente que existe un ancho mundo ahí fuera, antes de llegar al extranjero. Un mundo, España, que es la que les da sus raíces y su identidad; un mundo sin el que no son mas que lugareños, aldeanos, accesorio de la Historia, y no categoría.

Si la falta de conocimiento es una forma de pobreza, señor Sánchez -y estoy de acuerdo con ello-, nadie ha hecho más que ustedes por empobrecer intelectualmente a los españoles.

Pide que lo votemos para combatir de raíz la corrupción, el fraude. Y esto lo dice el mandamás del partido al que le acaban de empapelar dos ex-presidentes de autonomía, y al que le están encontrando, día sí y día también, motivos para empapelar a un montón de altos cargos.

Pide que lo votemos para tener una nueva política, más participativa, más honesta, más útil para las personas. Pues eso, señor Sánchez, es fácil: basta con eliminar los partidos políticos, establecer un sufragio directo -donde todos los votos valgan lo mismo- que se ejerza a través de los cauces naturales de representación.

Pide que lo votemos para lograr un proyecto compartido para España, que respete la diversidad y garantice la igualdad de derechos y de oportunidades (…) al margen del lugar en el que vivan...

Y esto lo dice el representante del partido que -vía Zapatero- dio alas, y dineros, y su bendición -aprobaré en Madrid lo que hagáis aquí- al separatismo catalán. Del partido que negoció -se rindió- con el terrorismo etarra, despreciando los derechos de las víctimas. Del partido que ha tolerado -igual que el PP, todo sea dicho- que los españoles no puedan hablar, estudiar, nombrar sus negocios, en español dentro de España. Del partido que volvió a levantar la barrera que parte a España por la mitad, con la Ley de Iniquidad Histórica, y que nos devuelve a la guerra civil, a ver si esta vez la gana el abuelo del nietísimo Rodríguez.

Y no me diga usted, don Pedro; no me digan ustedes, amigos lectores, que lo que refiero con cosas del pasado. Por dos razones: la primera, que el pasado define el futuro en cualquier sociedad; la segunda, porque es el señor Sánchez el que finaliza su carta diciendo que pide el voto para el partido que transformó nuestro país defendiendo la libertad, la justicia, la solidaridad y el progreso.

O sea: que el señor Sánchez está satisfecho de lo que ha hecho su partido. Todo lo que llevo expresado, y muchas cosas más que se me olvidan y que definen al PSOE como el partido que busca con mas ahínco la zafiedad, la chabacanería, la incultura popular, el nepotismo con sus afines, el crimen de Estado para trincar fondos reservados, la injusticia con el adversario, la desunión nacional y la vuelta a la guerra civil.




miércoles, 22 de junio de 2016

SOBRE LA CAMPAÑA ELECTORAL (DOS).

Como -fray Luis de León me valga- decíamos ayer, hoy le toca a la niña de Pablo Iglesias. Porque si hace no se si tres o cuatro campañas electorales todos los graciosillos del país (y de El País) sacaron aquello de la niña de Rajoy cuando don Mariano habló de todo lo que su partido iba a conseguir para una presunta niña, no creo que el señor Iglesias deba ser menos.
La niña de Pablo Iglesias se llama Esperanza. Y ya ha crecido, porque dice tener 30 añitos, que en estos tiempos de irresponsabilidad es todavía casi la niñez, aunque en tiempos lógicos y respetuosos con la naturaleza ya sería más que talludita. En fin, la infantilidad de la sociedad que con tanto ahínco nos hemos empeñado en hacer.

La niña de don Pablo nació -si es cierto lo que los propagandistas del señor Iglesias cuentan- en 1986. Quizá por eso no conserva memoria de aquellos años en que el PSOE colocaba hermanos en despachos oficiales de la Junta de Andalucía para que en ellos hicieran sus negocios particulares; en que los cuartos volaban en las mamandurrias de Renfe, de la Cruz Roja, del BOE; en que los GAL eran excusa para saquear los fondos reservados a mayor gloria de los joyeros de esposas y queridas. Así es que, como aquello no lo vivió la señorita Esperanza -al menos, no con uso de razón- ahora se refiere, desde Inglaterra, a los chorizos recientes. Evidentemente, no le va a sacar los PER, ni los ERES, al futuro socio -al parecer minoritario- de su papaíto Pablo.

Porque Esperancita se ha tenido que ir a Londres a trabajar, la pobre. Pero no se ha ido de enfermera, de camarera o de cajera de supermercado, no; se ha ido de investigadora de Biología Molecular, nada menos. Porque aquí no puede trabajar de lo suyo, dado que no se apoya lo suficiente la I+D+i. La niña de Pablo -y los propagandistas de Podemos- son suficientemente pijos como para nadar a la perfección entre la sopa de siglas, palabros y gilipolleces con que -recordando a don José Ortega y Gasset- los bárbaros de la especialización nos bombardean y atarugan habitualmente.

Pero Esperancita sabe -porque las niñas de Pablo saben mucho, y son biólogas, como aquella famosilla en su día Anita Obregón- que en España no se protege la Investigación, Desarrollo e Innovación porque a quien se protege es a los banqueros.

Y Esperancita quiere gente honesta y preparada en el Gobierno, en una España que no sea conocida por la corrupción, los salarios basura y la juerga. Flaco favor le hace a su papaíto Pablo, porque debe ser el único caso de un partido que, sin haber tocado poltrona, ya tiene a sus dirigentes envueltos en cobro infundado de subvenciones, en recepción de becas injustificadas, en percibir suculentos salarios -no basura, desde luego- por trabajos que no realizan. Y en recibir ayudas para sus fundaciones -sus correas de transmisión- de Gobiernos extranjeros y dictatoriales.

Aunque ella va a votar a Unidos Podemos -ya saben, la reedición del Frente Popular del 36, porque realmente hay poco nuevo bajo el sol- porque defiende los principios que sus padres -los supuestos padres reales de la presunta niña de Pablo Iglesias- le inculcaron, cuando trajeron la democracia y participaron en el 82 de aquella inmensa ola de cambio. O sea: del ascenso de Felipe González, cuya obra -hermanos de Alfonso Guerra, BOE, Renfe, Cruz Roja- es la que Esperancita tiene como referencia. ¡Ah, y también los GAL, tan recordados, entre alusiones a la cal viva, por el señor Iglesias!

Esperancita, claro está, no existe. Esperancita, la niña de Pablo Iglesias, es un invento de la propaganda comunista, tan hábil siempre. Si Esperancita existiera, y de verdad se hubiera dejado la piel estudiando Biología Molecular, y consiguiendo una preparación digna de obtener un trabajo -de lo suyo- en Londres; si existiera y fuera tan lista como esa carta de propaganda nos la presenta; si tuviera los principios que declara haber recibido de sus padres -que trajeron la democracia y a Felipe González- estaría horrorizada al ver que los mangoneadores del partido al que dice que va a votar, propugnan que el Gobierno mande a los jueces los procesos que tienen que entablar, a quién tienen que buscarle las cosquillas, a quién hay que hacerle la vida imposible. Que en sus comienzos -antes de que los hicieran famosos- pregonaban que los medios de comunicación tenían que estar en manos del Gobierno. Del suyo, claro. Que consideran un modelo a seguir la dictadura bananera venezolana, con el pajarito de Chávez en el frontispicio.

Si de verdad quiere gente honesta y preparada en el Gobierno, y quiere ser fiel a los principios de sus presuntos padres, -que según la carta le parecen el no va más- estaría horrorizada ante las Colaus, los Kichis, las Carmenas, las señoritas Rita; ante gentes que antes de calentar el asiento comienzan a nepotear a cuatro patas; ante gentes que defienden a los delincuentes y menosprecian a la policía bajo su mando; ante gentes para quienes la libertad de expresión se circunscribe a lucir la lencería -o directamente las glándulas mamarias- mientras amenazan con quemar -arderéis como en el 36- las iglesias y a los que estén dentro de ellas.
Estaría horrorizada ante un partido -el comunista- que a escala mundial ha cometido las mayores matanzas de la Historia -desde la URSS hasta nuestra misma España- y ante otro -el se su papaíto Pablo- que defiende como el ideal a conseguir un país donde, pese a su riqueza natural, las tiendas están vacías de productos de primera necesidad, y en el que para adecentarse la popa resulta mas barato hacerlo con billetes que con papel higiénico, porque aquellos abundan -como en todos los países donde los iluminados y los tontos se piensan que basta con darle a la maquinita-, pero este escasea.

O acaso no estaría horrorizada. Acaso la niña de Pablo Iglesias quiere todo eso, pensando que la mejor forma de obtener sus deseos, es un régimen donde los miembros del partido tengan todas las ventajas -su puesto de investigadora con buenas subvenciones, por ejemplo- y donde el Gobierno le diga a los jueces a quien hay que meter en la cárcel. Para ella y sus amigos, la dacha; para el resto, el gulag.



martes, 21 de junio de 2016

SOBRE LA CAMPAÑA ELECTORAL.

Que es ese periodo de tiempo en que los partidos políticos prometen sin tasa, se atacan sin pausa, se pelean sin vergüenza y, en suma, mienten como bellacos. Es decir, como siempre.

Porque díganme ustedes si los partidos políticos han hecho otra cosa desde su desgraciado advenimiento, hace ya cuarenta años; díganme si han hecho otra cosa que atacarse, pelearse, y mentir. Sí, cierto; han hecho otra cosa: robar. Pero eso va en su origen puesto que, ya, de entrada, la existencia de partidos políticos conlleva la usurpación de la voluntad popular, tergiversándola en función de los intereses de los “creadores de opinión”. Que esa es otra: los partidos -constitucionalmente- están para crear opinión, no para representar las opiniones de sus electores, y díganme si puede existir mayor corrupción intelectual de este sistema presuntamente democrático.

Lo cierto es que la política española -de otros sitios no hablaré, aunque pienso que probablemente ocurra lo mismo- es una continua campaña electoral, de cara a llevarse al huerto el máximo de sufragios a costa del engaño manifiesto. Aquí llevamos cuarenta años de campaña electoral, en los que ningún político ha hecho nada digno de mención, más allá de llevarse los cuartos, las influencias, los cargos, los porcentajes y -en suma- de utilizar el Estado en provecho propio y de su partido. Porque todos -todos- han demostrado que su deseo, su interés, su pensamiento íntimo, es que el Estado sea propiedad de su partido.

Pero, a pesar de esta permanente publicidad, de este avasallador asalto de propaganda, hay unos periodos donde, además de hacerlo, lo confiesan. Es lo que llaman campaña electoral. O sea: esto de ahora, que se diferencia del resto del tiempo en que las subvenciones, los expolios y los trinques son públicos. Por ejemplo, las subvenciones por la propaganda electoral por correo, que es a donde quería llegar.

Contra mi costumbre acerca de la correspondencia electoral, que es depositarla -con mucho cariño- en la basura según la recibo, en esta ocasión he procedido a leerla. No lo he hecho por aburrimiento, ni por penitencia, ni por decrepitud intelectual, sino porque me hallo en una fase de probaturas en mi ordenador, y entre la instalación de sistemas operativos hay tiempo para mucho. (De sistemas operativos, que en sus ultimas versiones parecen ser algo incompatible con la inteligencia, ya hablaremos otro día)

Y, aprovechando la coyuntura -que decían los cursis al comienzo de la transición/traición- procederé a comentarla. Por orden de llegada, puesto que la que he recibido me merece idéntica consideración.

Para empezar don Mariano Rajoy está en lo cierto cuando asume que los ciudadanos estamos hasta el gorro -el lo dice más melifluo, pero se entiende- de elecciones y de políticos. Pero yerra -como es normal en los de su especie- al afirmar que “No votar no es decir que estás en desacuerdo. Es no decir nada. Y que suceda lo que decidan otros.

Bueno, don Mariano: no votar es, precisamente, que estamos hasta el citado gorro -o más claro, para que se me entienda, hasta los mismísimos- de ustedes. De todos ustedes. No es “no decir nada”, sino decir que se vayan a tomar... lo que gusten.

Le contaré una anécdota: en 1982, cuando la UCD del ciprés Leopoldo convocó elecciones para perderlas y ceder el paso al PSOE, voté la candidatura de Solidaridad Española, que presentaba como número uno a don Antonio Tejero Molina. Una opción -por mucho que los memócratas se rasguen la ropa interior- tan válida como cualquiera otra de las que la Ley permite. Y ¿sabe usted qué pasó? Pues que todos los políticos -todos, desde el fúnebre Calvo Sotelo hasta el “Felipe/ capullo/ queremos un hijo tuyo,” pasando por el simpático señor Guerra y el asesino de Paracuellos- dijeron que como había ido mucha gente a votar, aquello había sido un gran triunfo de la democracia. ¿Ve usted por qué no votar no es “no decir nada”, sino decirles a todos ustedes que les vayan dando?

Promete usted, don Mariano, bajar los impuestos; concretamente, bajar dos puntos del IRPF. Y me parece muy bien, si; pero me parecería mejor si bajara usted el IVA, que ese si que es un impuesto injusto, confiscatorio, insolidario y desproporcionado. Y le cuento la razón: y es que el IVA afecta lo mismo al millonario que al pobre de pedir. Lo mismo que los impuestos especiales, que hacen que le cueste lo mismo los impuestos sobre el litro de gasolina al que llena el depósito de un Ferrari que el que pone diez litros en una furgoneta que necesita para trabajar. Si quiere usted que la fiscalidad sea progresiva, y que cada cual pague según tenga, baje el IVA, elimine impuestos especiales, y ponga tramos de IRPF adecuados a la realidad de España, y no a la entelequia europea de los burócratas.

Promete usted crear empleo. Nada más ni nada menos que dos millones de puestos de trabajo. ¿Como los que dicen las estadísticas que ha creado en los últimos cuatro años? ¿Como los que se llevan creando los últimos 40 años? ¿Puestos de trabajo consistentes en repartir la miseria, y que cada persona en condiciones de trabajar y con voluntad de hacerlo, encuentren un empleo de horas, de un par de meses a lo sumo?. Que l he visto, señor Rajoy; que por mis manos han pasado resúmenes de la vida laboral de personas que habían sido dadas de alta, había trabajado tres horas tres horas de un sólo día- y habían vuelto al quedarse sin trabajo. Así, don Mariano, cualquiera. Así, cualquier tonto crea no dos millones de puestos de trabajo, sino doscientos millones. ¿Eso es lo que promete?

Promete, en cuestiones sanitarias, reducir las listas de espera y garantizar la libertad de elección de profesional y de centro en atención primaria y especializada.

Pero coño, don Mariano, ¿todavía estamos así, cuando esta promesa la llevan haciendo quince o veinte años? Porque ya se ha dicho por o menos cinco veces en televisión, radio o prensa que a partir de no se qué día se podría realizar esta elección. ¿Y resulta que lo prometen ahora? Pues una de dos: o ustedes mienten más que hablan, o no se enteran ni de lo que hacen.

Van ustedes -dice- a defender la unidad de España. Y lo van a hacer “defendiendo el Estado de las Autonomías,” pero sin ceder “ante el incumplimiento de la Ley y la Constitución”. O sea: que esta vez, cuando una autonomía se gaste más cuartos de los que le corresponden en montar embajaditas, en subvencionar antisistemas, en untar fundaciones, en subirse los sueldos hasta el escándalo, en inflar precios de contratos públicos para percibir su tres por ciento, en montar cuchipandas refenrendales, ustedes harán algo. Que cuando una autonomía no coloque en el lugar que le corresponde la Bandera de España, ustedes harán algo. Que cuando una autonomía multe a los comerciantes que rotulen sus comercios en la lengua oficial -la segunda lengua más extendida del mundo-, ustedes harán algo. Que cuando una autonomía perjudique a sus ciudadanos de forma manifiesta -por ejemplo, exigiendo a los bomberos hablar gallego en vez de pedirles experiencia; o cuando les exijan a los médicos hablar catalán, en vez de saber medicina; o cuando hablar batúa puntúe más que los conocimientos en una oposición- ustedes harán algo. Porque hasta ahora, don Mariano, ustedes han callado como... -vaya, usted ya sabe- cuando han ocurrido todas esas cosas, y otras muchas. Han mirado a otro lado, han metido la cabeza debajo del ala, y se han pasado la Constitución por la popa. Y eso, teniendo mayoría absoluta.

Y también van a impulsar el cambio de huso horario. ¿Cuántos años hacen falta para promulgar un puñetero Decreto, señor Rajoy? Porque -repito- han tenido cuatro años de mayoría absoluta, y además esta es una cuestión en la que, al parecer, todos están de acuerdo. ¿Son ustedes tan apáticos que no han podido hacerlo hasta ahora y necesitan una legislatura más?

De otras cosas que propone no quiero ni hablar. De las ayudas a la pymes y a los autónomos; de la conciliación laboral y familiar, de la enseñanza, mejor ni empezamos. Pero si voy a decirle algo sobre su promesa de apoyar a la familia. Voy a decirle, señor Rajoy, que a los señores Obispos, a sus medios de comunicación -COPE, 13TV, etc.- a los acomodaticios y a los cobardes, le parecerá bien que ustedes sean el mal menor; que ustedes digan que se pude abortar, pero un poquito menos; que ustedes hagan del divorcio una simple distracción que se puede disfrutar ante notario. Si eso le parece bien a la jerarquía eclesiástica, a los periodistas profesionalmente católicos, a los nichichanilimoná, a mi no me vale.

Así es que, señor Rajoy, no cuente con mi voto. No me diga que usted es el mal menor, que frente a usted y su partido sólo está el Frente Popular. Curioso que se den cuenta ahora. Otros -ya se sabe, los ultras, los fachas, los antidemócratas, los nostálgicos- lo vimos venir hace tiempo. Pero usted, señor Rajoy, debe ser mucho más tonto de lo que parece.


Vamos con el siguiente; pero iremos mañana -o dentro de un par de días-, porque esto se va alargando y, caso de que aún me quede algún lector, se va a  aburrir. Continuaremos con la niña de Pablo Iglesias.


miércoles, 8 de junio de 2016

SOBRE MÁS DE LO MISMO.


Más de lo mismo, que gira en torno a lo de los catalanistas catetos, cagurrines e hideputas del otro día; pero, en esta ocasión, visto desde el lado contrario.

El lado contrario es el asombro pazguato, el ridículo escándalo que muestran los comentaristas, tertulianos y paniaguados de las ondas. Asombro de que cosas así -que una recua de separatistas agredan a dos mujeres- puedan acontecer. Escándalo hacia ese hasta qué punto hemos llegado, que parece coartada de marido cornudo que consiente, y trata de salvar la jeta con aparatosos aspavientos.

Porque todos sabemos -todos los que no metemos la cabeza bajo la mordida- que cosas así no ocurren ahora, sino que llevan sucediendo muchos años. Por lo menos treinta, y ya he contado cómo a mis camaradas de Juntas Españolas, que habían ido -allá por el 92, supongo- a recibir la llama olímpica con sus banderas de España, la policía les hizo ocultarlas y les obligó a marcharse ante el griterío de los rojoseparatistas -antecedentes de la CUP, por ejemplo- y de los separatistas burgueses que ya vislumbraban el tres por ciento. Mis camaradas hubieran hecho frente a la fuerza bruta -que es la única que tienen los rojos, los separatistas y los canallas-; pero como a la fuerza bruta la protegía la fuerza pública, y el sistema judicial, y los partidos políticos -todos los del parlamento, todos-, y la prensa, y la radio, y la televisión, y las putas y sus hijos, no tuvieron más remedio que plegarse a la fuerza bruta de la fuerza pública. Ya se que parece un lío, pero si se fijan lo verán claro.

Porque el caso -lo que hay que ver- es que los separatistas, los rojos, los antisistema -o sea, los anarquistas y los vagos- están protegidos por el sistema político. Por los mismos que ahora condenan, se escandalizan y se asombran, aunque son ellos los que lo han hecho posible.

Lo han hecho posible todos los gobiernos padecidos en España, desde el -Alfonso Guerra dixit- tahúr Suárez, pasando por el X González, por el consentidor Aznar, por el psicópata Zapatero y por el tancredo Rajoy. Todos ellos han consentido, han mirado a otra parte, han pasado por las horcas caudinas del chantaje separatista a cambio de los votos para ocupar la Moncloa, y han callado como putas -si, eso: como putas- ante los continuos ataques a España, a los españoles, a la Historia y a la verdad.

Y ahora tienen la desvergüenza de escandalizarse. La cara dura -jeta de granito- de asombrarse. La hipocresía de gimotear ante un caso -especialmente llamativo, eso si, por su vileza- que es el pan de cada día de cuantos conservan la razón y la vergüenza en esa pobre y desgraciada Cataluña sojuzgada por la gentuza de peor calaña. 

Y cuando pasen tres días, una semana, volverán a la complicidad silenciosa. Y todos -políticos, periodistas, bienpensantes y bienpiensantes, cabrones con pintas e hideputas sin pedigrí- volverán a callar ante el sufrimiento, las injusticias, las amenazas y las extorsiones que sufre a diario la mayoría de los habitantes de Cataluña. Esa amplísima mayoría que no votó separatismo en sus últimas elecciones regionales, pero que es ocultada y privada de voz por los que se llaman a sí mismos -ejemplar engreimiento, manifiesta soberbia- formadores de opinión.

Y no habrá quien, la próxima vez que se rasguen sus vestiduras de hipocresía, les tire un canto a la cabeza.

lunes, 6 de junio de 2016

SOBRE LOS CAGURRINES CATALANISTAS.

Un personaje de Plaza del Castillo -extraordinaria novela del ya por sí extraordinario maestro Rafael García Serrano- calificaba al sector varonil de la especie humana: «Existen los hombres, los hombrines, los hominicacos y los cagurrines.»

Evidentemente, el hombre que pega a una mujer ni es hombre ni es hombrín, ni es hominicaco. Es un cagurrín de mierda, y gracias. También es un hijo de puta, pero a eso llegaremos luego.

Como también resulta evidente, me refiero a esos cinco separatistas -dice La Gaceta- que agredieron este sábado a las 17:00 horas a dos mujeres integrantes del colectivo "Barcelona con la Selección" mientras hacían promoción de la asociación y de la Selección Española y sus deportistas en las carpas informativas en el barrio de Sant Andreu tras la pertinente autorización del Consistorio, a las que insultaron con gritos de "putas españolas, fuera de aquí, os vamos a matar", y propinaron "empujones, golpes y patadas."

Si con la agresión basta para calificar a los catalanistas de cagurrines, lo de putas españolas les sitúa de lleno en la categoría -como avanzaba anteriormente-, de hijos de puta. La condición de hijo de puta, señor fiscal, es personal de cada uno; es una actitud del individuo, que en nada se refiere a sus antecedentes familiares. Es muy distinto, pues, ser un hijo de puta -caso de los separatistas, que reniegan de su madre-, que ser hijo de una puta, lo que sí afectaría a la progenitora B. Es una simple cuestión de cambio del artículo, que en este caso afecta al producto, como aquella coma que cambió el Canciller Bismarck en un mensaje del Kaiser dio origen a la guerra francoprusiana de 1870. Cosas de la semántica, que tiene su intríngulis aunque los hideputas catalanistas no lo entiendan.

Bien; ya sabemos que los catalanistas que golpean mujeres son unos cagurrines y unos hijos de puta. Pero como resulta que, además, a una de las agredidas le robaron el bolso, los tenemos calificados de ladrones. Bueno, quizá no tanto; simplemente chorizos, que también para robar hay clases, y estos cabrones son de la más baja, aunque probablemente aspiren a lograr cotas similares a sus pujoles y demás ralea.

Por otra parte, espero que las asociaciones feministas, antimachistas, ideogeneristas y similar, publiquen un proceloso comunicado en defensa de las dos mujeres agredidas y que -si por alguna casualidad los cagurrines son detenidos- se personen como acusación particular, o popular, o como leches le llamen ahora.

Espero que el señor fiscal que corresponda empapele a los cagurrines hideputa por los delitos de odio, de violencia de género e incluso de -según la catetez separatista- xenofobia.

Espero, eso si, cómodamente sentado. Porque también resulta evidente que los catetos hideputa, los cagurrines catalanistas, no han agredido a dos mujeres por ser mujeres -aunque los golpes y patadas los recibieran como si tal fuera el motivo-, ni por ser aficionadas al fútbol; ni siquiera por defender el derecho de los ciudadanos a reunirse en un lugar público para ver un deporte. La agresión fue porque los partidos de fútbol cuya visión pública promocionaban eran los de la Selección Española.

Y siendo así -¿verdad, señor fiscal, señores mosus?- no pasa nada. Lo de que te den patadas y golpes por ser español en Catalunlla va incluido, ¿no es eso?.

Y a ver para cuando leches los españoles -o sea, digo los españoles, no los hombrines, ni los hominicacos, ni los cagurrines, ni los hideputa- entendemos de una puñetera vez que a las bestias hay que tratarlas en la forma que mejor entiendan. En este caso y otros muchos similares, en la manera que ellos emplean: a palos.

jueves, 12 de mayo de 2016

SOBRE LOS HIJOS COLECTIVOS.

Que son los que -véase El País- le gustaría tener a doña Anna Gabriel: Según ha revelado en una entrevista a Catalunya Ràdio, llegado el momento de ser madre, la parlamentaria preferiría "formar parte de un grupo que decidiese tener hijos en grupo, en colectivo".

Esto -que según doña Anna sucede en muchas culturas del mundo- evita tener ese sentimiento de pertenencia del hijo que has tenido a nivel biológico, sino que son tan hijos tuyos los que has parido tú como el resto.

Bien: desconozco si esto ocurre en muchas culturas del mundo; lo que está claro, es que no sucede en ninguna de las que han hecho historia y lo han configurado. Ni siquiera en Esparta, donde los niños -hasta la edad de siete años- permanecían al cuidado de sus madres.

La cría de los niños en común sí sucede en determinadas circunstancias; cuando una guerra, una catástrofe natural, una plaga, ha diezmado la población adulta dejando multitud de niños huérfanos. Normalmente, en las culturas más atrasadas, donde el valor de la vida humana aún se entiende. En las culturas avanzadas, los niños se almacenan en orfanatos, o van caramboleando de casa en casa, como moneda falsa.

Si es algo que ocurre -hasta cierto punto-, en la naturaleza. En las manadas de lobos o de leones suelen cuidar de las crías todas las hembras; eso si, bajo la atenta mirada del macho. También en los rebaños salvajes de herbívoros puede ocurrir que toas las hembras cuiden, mas o menos, de todas las crías, independientemente de que cada madre amamante y proteja especialmente a las suyas.

Ignoro si doña Anna tiene vocación herbívora -esto es, de rebaño ungulado- o si se considera loba, leona o similar. En todo caso, todas estas manadas tienen en común que todas las hembras son propiedad exclusiva de un sólo macho. Lo mismo -con breves diferencias- que las comunas sectarias de jipilollas sesentayocheros, que probablemente caigan más cerca del gusto de doña Anna.

En el fondo -y por mucho que las hembristas de guardia vociferen, con o sin ubres al viento- lo de tener hijos en grupo, en colectivo, tiene un regusto antiguo, de caverna, porro y sudor, muy propio de los anarco-okupas, antisistema y antihigiene, drogatas y vividores por cuenta ajena, a los que doña Anna representa.

Y -aún más en el fondo- pudiera suceder que haya quien tenga el convencimiento de que, sólo formando parte de un grupo que decidiese tener hijos en grupo, en colectivo, -y a ser posible bien regado de vinazo o marihuana- puede conseguir un embarazo por los medios naturales, porque de otra forma el macho dominante de la manada huiría de la interesada como de deglutir excrementos.



martes, 10 de mayo de 2016

SOBRE SEPULTURAS DIGNAS Y SENTENCIAS INDIGNAS.

Sentencia del Juzgado de Primera Instancia Número 2 de San Lorenzo de El Escorial, ocupado por don José Manuel Delgado, que -afirma La Gaceta- ha autorizado la exhumación de los restos mortales de dos hermanos que fueron fusilados y enterrados en una fosa común en Calatayud (Zaragoza) y posteriormente trasladados al Valle de los Caídos, al estimar la petición de la nieta de los fallecidos para recuperar los restos mortales de Manuel y Antonio Ramiro Lapeña Altabás. Y lo hace, añade, tras la identificación positiva de los mismos con el fin de darles digna sepultura.

El juez toma esta decisión al recordar que "el derecho a recibir sepultura digna está indisociablemente unido a la dignidad propia de todo ser humano" como así recoge el artículo 10 de la Constitución.

Si tenemos en cuenta -tranquilo, señor fiscal- que, para nuestra madre Academia, indigno es lo que no tiene mérito ni disposición para algo, o lo que es inferior a la calidad y mérito de alguien o no corresponde a sus circunstancias, resulta obvio que la sentencia en indigna, pues va en contra de lo dispuesto por tribunales -Audiencia Provincial de Madrid, Tribunal Constitucional y Tribunal Europeo de Derechos Humanos- de evidente mayor jerarquía y mérito. Y -siga tranquilo, señor fiscal- el que la sentencia sea indigna no implica obligatoriamente que lo sea el autor, y toda interpretación en este sentido será de la exclusiva responsabilidad de quien así lo entienda.

Lo de entregar "los restos cadavéricos de los hermanos Lapeña Altabás a su familiar María Purificación Lapeña Garrido... con el fin de darles digna sepultura" implica que don José Manuel Delgado considera que las criptas del Valle de los Caídos no son una sepultura digna. Esto, evidentemente, es un juicio de valor; y -como otro simple juicio de valor, señor fiscal- creo poder afirmar que la presunta indignidad de la sepultura no está en el lugar físico, sino en quien la interpreta. O sea: que lo indigno no es el Valle de los Caídos -la mayor Basílica del mundo tras la de San Pedro- sino quien lo mira como la obra de un enemigo a derrotar. O de un enemigo que le dio carreras en pelo y sopas con honda. Lo cual me lleva a -usando del mismo derecho, pero en mi caso sin prevaricar- afirmar que lo indigno no es el Valle de los Caídos, sino quien eleva el revanchismo a nivel de sentencia judicial.

Mención aparte merece que doña María Purificación Lapeña Garrido sea -según La Gaceta- nieta de los fallecidos... Manuel y Antonio Ramiro Lapeña Altabás. Esta frase no se cita como textual de la sentencia, así es que la necedad pudiera muy bien provenir del periodista. Porque, dando por hecho que los dos hermanos fallecidos no pudieron procrear entre sí, sólo habría una forma de que esta señora fuera nieta de aquellos dos hermanos a la vez, y sería que cada uno de ellos hubiera tenido descendencia, y que un descendiente del uno y una descendiente -o descendienta- del otro hubiesen procreado a doña María Purificación. Que no es el caso, porque entonces la susodicha debería apellidarse Lapeña Lapeña.

Me sería fácil decir que es la cripta de la Basílica del Valle de los Caídos la que no merece la indignidad de albergar a determinados difuntos, pero no sería justo. En el Valle están enterrados algunos de los que, de uno y otro lado, quisieron una España mejor, y la indignidad de sus descendientes no justifica su exhumación. Porque, aunque algún texto bíblico afirme que las culpas de los padres recaerán sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación, en ningún lugar se dice que la indignidad de los nietos deba recaer hasta el tercer ancestro.


Ni siquiera aunque alguna asociación de tocapelotas indignos espere como agua de mayo la ocasión de pedir subvenciones para dar dignas sepulturas a quienes ya fueron sepultados con más dignidad de la que merecían.

lunes, 2 de mayo de 2016

SOBRE EL DOS DE MAYO.

Dos de mayo, en el que los tontolabas de guardia han vuelta a dar la murga con la  misma estupidez de siempre: que esta fecha de 1808 marca el nacimiento de la nación española, ignorando -obligado en su necedad- que España ya llevaba, por entonces, más de veinte siglos en primera línea del mundo. 

Como ellos -los tontolabas, los necios- no cambian, me veo en la necesidad de repetir lo que ya dije hace años. Concretamente, en 2008, año en que ofrecí un relato del maestro Rafael García Serrano -que en este enlace pueden releer, y les aseguro que merece la pena-, sobre el 2 de mayo de 1808 y el paralelismo con 1936, hoy más evidente que nunca, y a la vuelta de unos meses lo veremos.

Tras el relato del maestro Rafael, tuve que responder a los referidos tontolabas y necios con lo que sigue, publicado en el anterior alojamiento de este diario:


Ayer creí oportuno exhumar un relato sobre el Dos de Mayo de Rafael García Serrano que, para mi, es el mejor escritor en lengua española de todos los tiempos. Y cuando el tío de la trompeta deje de soplar el día del Juicio Final, y le pregunten al glorioso Infante de Marina Miguel de Cervantes, opinará lo mismo, seguro.

Este sí que refleja bien lo que fue aquello, y no la versión edulcorada y soplagaitas de la modernidad. Los españoles del 2 de mayo no se levantaron por la libertad ni por la nación moderna; se levantaron por la Patria -que ellos sabían muy bien lo que era, como lo sabían los hijosdalgo y los porquerizos que conquistaron imperios-; se levantaron por dignidad, por honor, por orgullo y por riñones. 

Se levantaron por un rey que era un sinvergüenza, un traidor, un cobarde y un hideputa; que fue el peor gobernante que ha tenido España hasta el apocalíptico advenimiento del nietísimo Rodríguez; que asesinó a la mitad de los que le habían dado una Corona que entre su padre y él habían malbaratado ante Napoleón, cosa habitual en la familia Borbón, cuyos descendientes -por vía de madre solamente, según aleccionadora confesión de doña Isabel II, la Isabelona- no dudan en permitir que se escupa -y aún en unirse al corro- sobre la memoria de quien les dio esa misma Corona. Un rey felón, pero que era la representación de España. 

De España, no de la libertad -la liberté la traían los franceses en la mochila, junto con el bastón de Mariscal, y los españolitos de a pie se la devolvían en la punta de la navaja cabritera-; de España, no de la solidaridad -la solidaria fraternité viajaba a la grupa de los caballos de Murat, y los españolitos competían fraternal y solidariamente por desjarretarlos-; de España, no de la igualdad ni de la tolerancia, ni de la mariconería generalizada.

De España, y no de las Cortes de Cádiz que los desocupados formarían años después, rellenas con los que preferían -diputados al fin- el chauchau a batirse el cobre en la guerrilla o en las unidades regulares, cien veces deshechas en el campo y ciento una reconstruidas sobre el tambor.

El pueblo del Dos de Mayo se levantó, en fin, porque eran españoles y no querían dejar de serlo. Porque, creadores del mayor Imperio del mundo, ni los soldados franceses ni los pedantes autóctonos les iban a someter, ni militar ni intelectualmente. 

Porque, en definitiva, los españoles -soldados y currutacos, petimetres y manolas, chisperos y burgueses- pensaban como el capitán Velarde: el mejor ejército del mundo es un español cabreado y con un fusil.

Dios nos lo haga bueno, don Pedro.

jueves, 14 de abril de 2016

SOBRE LA CONMEMORACIÓN.

La que los trogloditas, cavernícolas, antiguos, obsoletos, nostálgicos, etc., hacen de tal día como hoy de 85 años atrás; vamos, la prehistoria para este mundo de progres que se piensan que el mundo nació con ellos y en su ombligo se acaba.

Tal día como hoy, de hace casi un siglo, tuvo lugar en España un golpe de Estado de la izquierda liberal; esa izquierda quieroynopuedo, ridícula, acomplejada frente a la otra, la soviética; esa izquierda azañista, muy de burguesía progre, de casino de pueblo, de rebotica casposa. En fin, una izquierda muy de izquierdas.

Ese golpe de Estado consistió en subvertir el orden establecido, cambiando un régimen político por la fuerza de las manifas cutres de los currutacos -o sea, los progres de entonces-, por unos medios ajenos a la legalidad vigente a la sazón. Eso es un golpe de Estado, dicho sea para idiotas: la subversión del orden vigente en un momento dado, y su cambio por otro.

Eso es, también, una revolución: la subversión de un Estado y su sustitución por otro que -esto nos lo enseñó José Antonio- en el hecho revolucionario de su nacimiento tiene su legitimización.

Por lo tanto, aquí no se critica el advenimiento de la República Segunda; especialmente porque la Monarquía ya tuvo buen cuidado de quitarse de en medio a toda leche, no fuera a caerle la del pulpo. Pero si se pone -o se intenta, porque a los tontos es difícil ponerles en situación- a la altura que corresponde a los imbéciles que maldicen de Julio del 36, y se derriten ante el abril del 31.

Del próximo 14 de abril -el que asoma la oreja cada día más- aquí diremos lo mismo que afirmó José Antonio: que la monarquía está difunta. Aunque ahora, ni José Antonio -tan generoso, tan gran señor-, podría afirmar que gloriosamente.

Si acaso, en el más espantoso de los ridículos.

viernes, 8 de abril de 2016

SOBRE LOS BRAZOS ABIERTOS DEL CURA PACO.

Lo siento, palabra; lo siento, porque siempre que hablo/escribo de estos temas me meto en un berenjenal, y además no son asuntos en los que me considere debidamente preparado. Pero callarme sería, a mi modo de ver, sobre cobarde, hipócrita.

El cura Paco -por si aún no se lo imaginan- es el señor Bergoglio, aquél jesuita que los Cardenales fueron a buscar al fin del mundo, quizá porque más cerca era imposible encontrar a alguien así. Los brazos abiertos, son los que muestra hacia los divorciados vueltos a casar, a los que -véase en El País- les dice que no sólo no tienen que sentirse excomulgados, sino que pueden vivir y madurar como miembros activos de la Iglesia, y que ya no es posible decir que todos los que se encuentran en una situación así llamada irregular viven en pecado mortal, porque nadie puede ser condenado para siempre.

Y -siempre según El País- añade: No me refiero sólo a los divorciados en nueva unión, sino a todos, en cualquier situación en que se encuentrenEs mezquino detenerse solo a considerar si el obrar de una persona responde o no a una ley o norma general. A los sacerdotes les recuerdo que el confesionario no debe ser una sala de torturas, sino el lugar de la misericordia del Señor.

No se si los divorciados vueltos a casar caen en la excomunión automáticamente o no; lo que si se es que -si no hay por medio nulidad matrimonial- el divorciado vuelto a casar vive en adulterio. Si esto no es un pecado mortal, no se qué podrá serlo. Y la situación, no es que sea llamada irregular; es que lo es.

El confesionario no debe ser una sala de tortura, evidentemente; debe ser -dicho desde mi ignorancia, conste- el lugar donde el sacerdote orienta a quien haya ido a él para que encuentre el camino de Dios.

No se si será mezquino considerar si el obrar de una persona responde o no a una ley o norma genera"; pero creo recordar algo acerca de los Mandamientos, que al señor Bergoglio le deben sonar incluso más que a mí.

Y nadie puede ser condenado para siempre; pero también creo recordar algo acerca de que para el perdón de los pecados era condición indispensable el arrepentimiento y el propósito de enmienda.


Todo ello, lo repito, desde mi escaso conocimiento de la teología. Y mi aún menor conocimiento de las reglas del márqueting para aumentar clientela que emplean las multinacionales que ofrecen al cliente lo que este quiere comprar.

miércoles, 6 de abril de 2016

SOBRE LOS DUROS VENEZOLANOS.


Duros, pesos o -en definitiva-, euros, hasta siete millones, recibidos por los amiguetes de Podemos antes de serlo. Antes de ser Podemos, digo, no amiguetes que eso lo eran, al parecer, desde el momento en que decidieron pedirle una limosnita a papaíto Chavez, para importar la revolución bolivariana, el hambre, la miseria, la mugre, el descojonamiento y el limpiarse la popa con un canto, a falta de papel higiénico.

Destaca la prensa, la radio -supongo que también la televisión que no veo-, que esto es un caso flagrante de financiación irregular de un partido político, pues al parecer existe una Ley de Financiación de Partidos Políticos que en su Artículo 7.2 prohíbe aceptar ninguna forma de financiación por parte de gobiernos y organismos, entidades o empresas públicas extranjeras.

Dicen otros que no está demostrado que esos siete milloncejos -oiga, que en pesetitas suponen 1.164.702.000, o sea, un pastizal de más de mil millones- hayan ido a parar al partido, porque estaban destinados a una fundación. Lo que pasa es que los amiguetes que formaban esa fundación fueron luego los amiguetes que formaron el partido. A estas alturas, citar a la mujer de César por aquello de la apariencia, cuando no hay sujeto u objeto público que no tenga por qué callar, parece a destiempo. Pero no deja de oler mal, dentro de la habitual podredumbre.

Sin embargo, pese al asombro de la prensa, radio y etc.; y pese al cabreo de los ciudadanitos -los que no son de Podemos, claro; para esos, lo que haga el partido siempre estará bien hecho- los partidos políticos están guardando un discreto silencio o un cauto mirar a otro lado. Y no será aquí donde nos asombremos. Eso lo dejamos para los hipócritas. Aquí sabemos que ningún partido político con representación en el semicirco puede tirar, no ya la primera piedra, sino el primer grano de arena. 

¿Como va a tirar piedras el PSOE, si las campañas electorales de la transición/traición, se las financió don Willy Brandt, probablemente con cargo a los fondos de la III Internacional cuyo padre -el socialismo real de la URSS- aún existía? ¿Como se va a quejar el PP, si tras los sucesivos reveses del fracasado Manuel Fraga acaparó el espacio de la suicidada UCD, que en los referidos años estaba financiada por los países árabes a petición del propio rey? ¿Como se va a quejar lo que vaya quedando de los comunistas carrillianos, si hasta la implosión del sistema soviético se financiaron con la guita que les iban soltando los títeres de la URSS?

¿Cómo quejarse, en fin, ningún partido político de los que forman parte del tinglado, si desde que lo iniciaron saben que la podredumbre es el único medio de mantener este sistema?

sábado, 2 de abril de 2016

SOBRE LOS COMENTARIOS A LO DE AYER.

Lo de ayer, que era el Día de la Victoria como verán si tienen la bondad de bajar unas cuantas líneas. Y los comentarios, que les ruego lean antes de continuar, porque precisamente se trata de agradecerlos y desarrollar alguna idea que los mismos me han propiciado.

Gracias a todos por los comentarios. Recibir vuestras opiniones ayuda a saber que lo que uno dice no se pierde en esa nube postmoderna que a veces nos separa de nuestros semejantes pero que -en justa compensación- también nos acerca a amigos y camaradas lejanos en el espacio y cercanos en el corazón.

Como indica Maite C, lo cierto es que aquella Victoria impidió la España roja que hubiera cambiado el curso de la Historia. De haber persistido el Frente Popular, la GMII hubiera tenido un cariz muy distinto y probablemente hubiese terminado con una Europa sometida a la Unión Soviética. Una vez más, España fue avanzada en la defensa de Dios y de la Religión, y los Obispos de entonces lo supieron ver.

Ya lo indica Old Nick: la guerra la desataron los de siempre, a beneficio de los planes mundialistas del tío José y su frente popular antifascista, implantado en media Europa gracias a la III Internacional que -en espíritu, y quien sabe si todavía también en los recovecos de algún intrincado contubernio mundialista- sigue existiendo y cosechando éxitos. Ya se sabe que el número de tontos es infinito, y los politicuchos, periodistuchos, tontolabas a granel, mamarrachos en general y gilipollas con master abundan como hongos tras la lluvia. Son los que -acomplejados y topiqueros- siguen la norma de la citada III Internacional llamando fascista a todo el que no sea comunista; son los que, muy de derechas, siguen hablando del fascismo de ETA, o del fascismo de los podemitas, o del fascismo de cualquiera que no se siga el juego a lo políticamente correcto, y se atreva a llamarle pan al pan, vino al vino y tonto al tonto.

No hace falta, Old Nick, que haya nadie detrás de esta gentuza. No hace falta el amigo Fidel, ni el pajarito del amigo Maduro, ni el niñato norcoreano, ni el chino que corresponda. La semilla la puso el padrecito Stalin, y ahí sigue, dando fruto en el campo abonado de la estupidez.

Amigo Juan: el problema es que el Ejército al que José Antonio se refería no existe. España no tiene Ejército -pueblo en armas- sino mercenarios. Con todas las salvedades a que haya lugar, con todos los honorabilísimos Jefes, Oficiales y soldados que siguen la carrera militar por auténtica vocación y por patriotismo. Pero el concepto actual de militar es el de simple funcionario del Ministerio de Defensa. Todo por la Patria, de 8 a 15 horas. Y ahí está el ejemplo del señor José Julio Rodríguez, que en su vida anterior fue ni más ni menos que Jefe del Estado Mayor de la Defensa.

Hasta esa hermosa tierra argentina, querido Marcos, un fuerte abrazo.

viernes, 1 de abril de 2016

SOBRE LA VICTORIA.

Victoria antigua -que no vieja- de 76 años; unos cuantos más joven, pues, que esa republiquita de sangre y mierda que hoy los progres, los pijos y los tontos tienen como el no va más de la modernidad. Así es que, si alguien pensaba -bueno, ya se que para rojos eso es increíble; pero para entendernos- salir por peteneras con lo de la nostalgia, que se la vaya envainando.

Victoria con la que Franco -el Excelentísimo señor don Francisco Franco Bahamonde, Jefe del Estado y Generalísimo de los Ejércitos- daba por concluida la Cruzada -si, señores Obispos, Cruzada- contra los hijos de la Unión Soviética que a Stalin tenían por referente.

Y Victoria que hay que recordar cada año más, porque estamos en el camino de tener que repetirla. Lamentablemente, con los años que la precedieron.

Pero mire, señor fiscal; miren, señores rojos de mierda, progres de tebeo, mamarrachos todos, y observen que no es que este falangista que suscribe esté llamando al levantamiento, al golpismo ni al fascismo, que ya se sabe que fascismo es todo lo que se salga del estalinismo. No, señor fiscal; son ellos -los rojos, los progres, los mamarrachos- los que están repitiendo los años comprendidos entre 1931 y 1936, con lo cual es evidente que no nos quedará mas remedio que repetir también los posteriores.

Es una señora Carmena la que -zapaterilmente- persiste en desnombrar calles a beneficio de la ignorancia histórica, nombrando para ello a la vieja gloria del rojerío Francisca Sahuquillo, que militó -allá por los años de la traición- en los grupúsculos de ultraizquierda que antecedieron a los podemitas hace casi medio siglo. 

Señora Sahuquillo que procede -vía paterna- de militar franquista. Esto de descender de padre franquista -militar o no- que es cosa que a muchos nos honra, para ellos debe ser como mentarles a la bicha, pero allá cada cual con su zurrón de complejos y estereotipos.

Es una señorita Rita la que asalta capillas católicas; es un mulo al que el funcionario del Registro Civil inscribió erróneamente como persona y le puso el nombre de Andrés Bódalo -vean la referencia en la Trinchera de mi camarada Eloy- el que roba supermercados y sacude la badana a los trabajadores que no se someten a sus juergas; son los señoritos Sánchez, Iglesias y Rivera los que pretenden echar fuera del Gobierno al partido que ha ganado las elecciones, en similar maniobra de la que privó a la CEDA -en el 33- de gobernar, siendo el partido más votado.

En fin, lo dicho; como ellos están repitiendo la Historia, no nos queda más remedio que recordar -valga, acaso, como advertencia- cómo acabó todo aquello. Así:




miércoles, 30 de marzo de 2016

SOBRE EL RÍO Y LA MOZUELA.

Mis camaradas y amigos, que son personas inteligentes y cultas, saben sin más explicación de dónde procede la referencia que da título a este comentario. Pero como nunca se sabe qué socialista, qué comunista, qué progresista, qué moderno, qué tolerante, qué mamarracho o qué zopenco -condiciones todas ellas perfectamente compatibles-, puede caer por aquí, justo será desasnar al necesitado, y decir que la cosa viene por el poema de la casada infiel, de Federico García Lorca, que así comienza:

Y que yo me la llevé al río
creyendo que era mozuela,
pero tenía marido.

Y conviene decirlo, porque los socialistas, comunistas, progres, zopencos, etc., de García Lorca sólo sabrán -salvo excepciones a demostrar- que lo mató Franco -porque ya se sabe que Franco en persona iba despenando rojos, uno a uno-, y que era homosexual. También, acaso, el apego a la gitanería y una cierta aversión hacia la Guardia Civil, que entonces vestía mucho entre los progres. Nihil novi sub sole. Porque a García Lorca le hicieron inmortal las balas de la CEDA; de no haberle sacado los derechistas de la casa de los hermanos Rosales, falangistas, para asesinarle por oscuros motivos -ni siquiera políticos-, no habría pasado de ser otro de los tantos poetas costumbristas, y estaría tan -injustamente- olvidado como el enorme Rafael de León.

Hecho el comentario sobre el autor que da pié a mi título, vamos al tajo y expliquemos que aquí -en el día a día nacional- es evidente que el que creía haberse llevado al río del pacto a la mozuela es don Alberto Rivera. La mozuela -con perdón- sería don Pedro Sánchez, sin que la comparación pretenda cambiarle de sexo, sino ponernos en situación.

Don Alberto Rivera se las ha estado prometiendo muy felices por haber pactado, firmado y sellado un pactito con don Pedro Sánchez. Pero héte aquí que don Pedro Sánchez, tras parlamentar con don Pablo Iglesias, afirma que las posibilidades de diálogo son mayores, y que todo puede ocurrir. Lo dice El País: "con todas las cautelas y dificultades, estamos más cerca del gobierno del cambio y más lejos de la repetición de las elecciones. Hay una predisposición al diálogo".

El problema es que don Pablo dice que con don Pedro vale, que sí; pero que para eso tiene que renunciar a la relación con don Alberto.

Total, que don Alberto ha hecho el papelón de su vida, y la mozuela que creía haberse llevado al río le ha salido tan casquivana como al gitano del romancero lorquiano.

sábado, 26 de marzo de 2016

SOBRE SEMANA SANTA Y FRANQUISMO.

El franquismo, ya se sabe, es el referente fundamental de esta España, en la que todos  siguen viviendo cojonudamente contra Franco, a pesar de que lleve 40 años muerto, y de que falleciera -de viejo- en un hospital de la Seguridad Social que creó el falangista José Antonio Girón de Velasco bajo su mandato.

El párrafo precedente ya habrá puesto -a quienes me visitan con frecuencia- sobre la pista de que voy a hablar de otro papanatas de los que -heroicos mamarrachos-, siguen viviendo contra Franco; y aciertan, porque en este caso es -no podía ser de otra forma- un columnista de El País, que firma Guillermo Altares, el que afirmaba ayer:

Bajo el franquismo, comer carne en estas fechas era una actividad sospechosa. Pese a las procesiones, la Pascua ha cambiado mucho. Y luego se explaya, el imbécil: Sin embargo, pese a su inconfundible importancia actual, resulta difícil imaginar cómo era la Semana Santa bajo la dictadura franquista, cuando cerraban los cines y los teatros, comer carne podía representar un auténtico problema con las fuerzas de seguridad (y los vecinos) y toda la vida política y social giraba en torno a este acontecimiento que no tenía nada que ver con unas vacaciones de primavera.

En lo de que la Semana Santa no tenía  nada que ver con las vacaciones de primavera acierta el plumilla paisano. Pero es que aún no teníamos una señora Carmena, una señora Colau, una señorita Rita, que nos inventaran la Semana Santa laica, la Navidad laica, las procesiones laicas, los bautizos laicos y otras tantas laicidades, que uno no puede por menos que congratularse de ser católico trentino. También es cierto que entonces -en lo que el plumilla paisano llama dictadura franquista- la Conferencia Episcopal Española, los señores Obispos, los señores curas, y el señor Francisco, no nos habían metido en esta espiral de márqueting, en la que parece que lo que importa es tener mucha clientela, aunque no se sepa para qué. Entonces, la Semana Santa era Semana Santa; el Gobierno era Gobierno; las leyes eran leyes; los jueces eran jueces, y la vigilia era vigilia.

Y ahí entramos en la otra parte del articulito: en eso de que comer carne podía representar un auténtico problema con las fuerzas de seguridad (y los vecinos).

Y esto lo dice un individuo que me llamaría intolerante, racista, xenófobo y fascista si se me ocurre hablar del ramadán de los musulmanes o de la comida kosher de los judíos, por no irnos a la India y sus vacas sagradas y demás.

Esto es: si los progres hablan del Ramadán, en el
que -véase en Europa Press- los musulmanes se deben abstener de comer, beber y tener relaciones sexuales durante las horas de luz: del alba hasta la puesta de sol; o de la prohibición de comer carne de cerdo y de las varias normas a seguir para sacrificar a los animales -rito halal-; o de las enrevesadísimas prohibiciones -comida kosher- de los judíos, entonces hay que respetar las religiones, hay que ser tolerante, hay que aceptar las diferencias y hay que huir de la xenofobia, la intolerancia y todo eso que legitima a todo buen soplagaitas.


Pero si se trata de no comer carne los viernes de Cuaresma -no sólo el Viernes Santo, señor plumilla de El País; por lo menos, entérese antes de hablar-, entonces la cosa es intolerable, y clara muestra del oscurantismo franquista.

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