Dice la prensa que los alcaldes de Madrid pasados y presentes han homenajeado al que también lo fue, D. Enrique Tierno Galván. Los alcaldes, alcaldas y alcaldos homenajeadores han loado el ejemplo de aquél sinvergüenza, proponiéndose seguirlo, cosa que llevan muchos años haciendo.
Quien guste leer las miserables declaraciones de los politicuchos que han ocupado la Alcaldía de Madrid durante el último medio siglo, en el enlace lo pueden hacer. No tengo tiempo, ni ganas, de ponerme a comentar una por una las lameculeces pijoprogres.
Sólo apuntar que, seguramente, todos ellos han seguido como alumnos aplicados la principal enseñanza del señor Tierno: al loro y a colocarse, sentencia filosófica y jurídica del ya difunto profesor que comenté -sólo de pasada, el tema era otro-, en el número 189 de La Nación (19 al 25 de julio de 1995):
Me parece muy bien que las almas sensibles quieran hacemos creer que la drogodependencia es una enfermedad. Eso nadie lo niega. Ahora bien: que nadie pretenda hacerme comulgar con ruedas de molino diciendo que los pobrecitos drogadictos han caído en la adición porque no sabían lo que era. Porque desde la llegada al poder de los socialistas a los ayuntamientos —venturoso hecho acaecido democráticamente en 1977— y su posterior apología del porro y similares —al loro y a colocarse, fue el grito de progresismo del difunto señor Tierno Galván— nadie puede decir que ha tomado drogas sin saber qué era aquello.
Eso fue la movida madrileña, eso fue el progreso socialista galvanesco, y eso nos ha llevado a donde estamos. Con unos miles de muertos por sobredosis en el camino, y cientos de miles de atracados o asesinados para procurarse una dosis de la filosofía del homenajeado.
Y quien vivió aquellos tiempos lo sabe, salvo que mienta o que le diera fuerte al consejo y tenga el cerebro hecho una mierda tan grande como fue el señor Tierno.
