Pero piense el Gobierno que si España se le va de entre las manos, no podrá escudarse tras de una excusable negligencia. Cuando la negligencia llega a ciertos límites y compromete ciertas cosas sagradas, ya se llama traición.

José Antonio Primo de Rivera.
(F.E., núm. 15, 19 de julio de 1934)

viernes, 22 de mayo de 2015

SOBRE LA "CAZA DE BRUJAS" DE UN OBISPO.


Lo dice La Gaceta: El obispo Franco participa en la caza de brujas de la Memoria Histórica. Pide la colaboración del abogado ultraizquierdista Eduardo Ranz, que ha denunciado ya a 23 prelados, para elaborar un mapa de 'vestigios franquistas'.

El caso es que el tocapelotas rojo se ha dedicado en los últimos años a denunciar a cualquiera que tenga respeto por la Historia, por la verdad y por la simple y llana realidad, basándose en la Ley de Memez Histérica de aquél señor rojo Rodríguez -se lo decía él-, que llegó a Presidente del Gobierno en tren de cercanías. Y don César Augusto Franco, obispo de Segovia, le ha pedido ayuda al rojo para identificar qué cosas de las que hay en su Diócesis pueden molestar a los segundorepublicanos con el fin, evidentemente, de quitarlas. 

El señor Obispo, por lo tanto, toma parte en la guerra a favor de los, al cabo, vencedores, con manifiesto olvido y condena de los que -quiéralo o no el valiente y recto cura y el rojo asaltatumbas- cayeron por Dios y por España. Del otro lado solía caerse más por la madrecita Rusia de los cojones, aunque no niego que en ocasiones quienes cayeron tuvieran la esperanza de hacerlo por una España mejor que aquella mierda de república segunda.

Pero a lo que voy, que es a loar la fidelidad del señor Obispo, su valentía, su espíritu de sacrificio y, si me apuran, su predisposición al martirio por la causa de la fe, y a ayudarle en su cometido. Por ello, debo indicarle al señor Obispo de Segovia, don César Augusto Franco, que ya puede ir dimitiendo y abandonando no sólo su provincia, sino España. 

Porque lo que está claro es que el vestigio más evidente de la dictadura de Franco -no el cura, sino el otro, el bueno- es la Iglesia Católica en España. 

(Luego -dicho sea entre paréntesis- se extrañarán de que los católicos mandemos a la jerarquía a deglutir excrementos o, directamente, a tomar por el mismísimo camino recto, y la próxima vez que vengan mal dadas miremos a otro lado.)


jueves, 21 de mayo de 2015

SOBRE ERRORES INFORMÁTICOS.

Error cometido por -dice El País- el Gobierno vasco, al incluir entre grupos terroristas a la Guardia Civil, así como a  "Galindo, Dorado, Bayo", y "Saenz de Ynestrillas, Duce".

El error -denuncia Covite- se encuentra en una base de datos de la Secretaría de Paz y Convivencia a la que se accede a través de la web de la Lehendakaritza. O sea -digo yo- que no es que esté en la página de un aficionado o de un hideputa sin graduación.

Sin embargo, esto de los errores informáticos lo comprendo perfectamente. Los ordenadores son máquinas tontas, y para su correcto funcionamiento necesitan personas razonablemente listas. Cuando el ordenador lo maneja un tonto, ocurren errores informáticos como el acontecido en la web del gobiernillo autónomo de Vascongadas.

Digo que lo comprendo, y aún lo sufro con frecuencia, porque también hay ordenadores que parecen tener ideas propias, y a veces hasta los periféricos -entiéndase que los periféricos informáticos (ratón, teclado), y no periféricos regionales- tienen sus propias voluntades.

Así, entiendo que a los periféricos baskos el ordenador les haya jugado la mala pasada de poner Guardia Civil donde ellos querían, sin duda, poner Gran Cabrón, evidente indicativo de Sabino Arana, padre de la plena gilipollez separatista, aldeana, cazurra, racista y criminal.

Lo entiendo, porque a mí me pasa igual, y mi teclado -en realidad, cualquiera de los tres que uso habitualmente, pero vaya en singular por facilitar la lectura- tiene su propia manera de entender las cosas, resumirlas, definirlas y clarificarlas.

Así, cada vez que escribo una "b", me ofrece entre las opciones las de basko (que no, evidentemente, vasco, porque mi teclado sabe ortografía y sabe distinguir entre las personas), basto, bestia, bergante, birria, borrico, bruto, burro... en fin, cosas que pueden comprenderse, porque a fin de cuentas es un listado alfabético de términos políticamente equivalentes.

Lo curioso llega cuando escribo una "h". Porque entonces mi teclado manda una extraña señal a la CPU, por la que esta interpreta que pretendo decir hideputa -nada descabellado, dada mi afición por el cervantino apócope-; pero a continuación ofrece otros términos -etarra, peneuvero, separatista, asesino- que ortográficamente no presentan coincidencia.

Igual trasvase de lo ortográfico a lo conceptual ocurre si, por ejemplo, intento escribir Iñigo Urkullu; que el jodío ordenador me pone Imbécil Capullo. ¿Y qué me dicen cuando me cambia Arzallus por Canalla, que ni siquiera hay coincidencia de iniciales? Pues, ¿y de la habitual sustitución de PNV por ETA?
En fin: lo dicho, señor fiscal: que los errores informáticos tienen estas cosas, y que cuando guste puede llevarse mi teclado a la cárcel, para que le haga compañía a los ordenadores del gobiernito autónomo de las provincias Vascongadas. Por mi parte, soy tan inocente como el señor -capullo (no, no es eso...), cabrón (tampoco...), canalla (que no...) asesino (no, no, no...)- Urkullu (ahora si), en estos errores informáticos.

lunes, 18 de mayo de 2015

SOBRE LA CAMPAÑA ELECTORAL.

Como se pueden imaginar los presuntos lectores que aún me queden, si es que queda alguno, ando más bien abúlico para el comentario político, y no digamos el religioso, que tan buen juego daría de querer entrar en él.

Abúlico, no por dejadez, sino por aburrimiento; porque cada día es como el anterior y vaticina el siguiente; porque cada día se repite, pleno de estupideces que se plagian unos a otros sin moderación; porque cada día, al ver la prensa, me parece que el periódico es el de la jornada previa, y a veces incluso es así.

En cuanto a lo religioso, díganme si no es para tronar la alarmante sucesión de gilipolleces que estamos leyendo, oyendo y viendo, sobre los supuestos pastores. Pastores que -como en caso reciente Mons. Juan Vicente Córdoba, sj, obispo de Fontibón- afirman no saber si algún apóstol era mariconcito, ni si María Magdalena era lesbiana, pero parece que no porque bastantes pasaron por sus piernas. Acaso -permítanme suponer- como algún familiar próximo del dicente, porque el interfecto es un auténtico hijo de... y ya me entienden. 

Nada extraño, si tenemos en cuenta que el cura Paco -por otro nombre Cardenal Bergoglio, o sea, el Obispo de Roma, que es como se considera el interfecto, con desprecio patente al resto del Orbe- dirige la Iglesia como si fuera una multinacional que debe establecer alianzas comerciales con la competencia, a base de transigir con lo que sea para lograr el negocio.

Se pregunta uno si estos pastores -lo mismo el obispo de los mariconcitos que el presidente del consejo de administración de Iglesia S.A.- creen de verdad en lo que dicen representar. Porque cada vez me parecen más unos simples charlatanes, que a todo se amoldan con tal de vender su burra, y no tienen reparo en actualizarse con las modas de la sociedad para no perder clientela. También se pregunta uno si a la Iglesia Católica le vale de algo tener tantos o cuantos millones de fieles nominales, si los dichos fieles se pasan por allí mismo lo que la Iglesia Católica enseña. 

¿O de lo que se trata -de lo que trata el señor Bergoglio- es de amoldar las enseñanzas de la religión a los gustos de sus bases? ¿Se trata de adoptar las ideas acomodaticias de los que van a las reuniones semanales -no tengo valor para llamar a eso Misa, porque dudo mucho que ellos mismos tengan fe en que allí está presente Nuestro Señor; que Dios se hace Carne y Sangre en las manos del descreído del púlpito- para que no se vayan a otra religión menos exigente? 

De verdad: ¿de qué coño vale tener los locales parroquiales más o menos llenos, si el cincuenta, setenta o noventa por ciento no cree; si opina -en encuestas patrocinadas por el Vaticano- que hay que admitir a los divorciados, a los -dicho sea, señor fiscal, con las palabras del precitado obispo- mariconcitos en sus emparejamientos, que hay que admitir -lo dice don Rubén Salazar, arzobispo de Bogotá- que los homosexuales adopten, que los arrejuntes prematrimoniales -o sea, como cuando España era una nación civilizada y los melones se vendían a cala- están bien, y que hay que abrirse a las herejías diversas y religiones enemigas. Enemigas, por cuanto asesinan a los católicos y por dogma tienen despenar perros cristianos.

En fin, que iba a hablar de la campaña electoral, pero ya ven que me ha salido el tiro por otro sitio. No quería entrar en estos temas de la jerarquía eclesiástica porque les tengo cierta aprensión desde que me vi envuelto en una polémica durante mi época de director de EJE. Polémica que me supuso autocondenarme a publicar dos réplicas en el espacio normalmente dedicado a mi sección y, lo que fue más penoso, la pérdida de un suscriptor.

No quería entrar al tema porque ni soy teólogo, ni soy periodista informado, ni soy, siquiera, católico medianamente practicante. No lo soy -lo de católico practicante, digo- precisamente porque estas aperturas eclesiales me hacen carecer de fe en la jerarquía, y porque pienso que, al final, la única manera de tener posibilidades de salvar el alma va a ser abandonar esta Iglesia. Y, si acaso -como aquellos requetés de no hace mucho más de un siglo-, rezar por la conversión del Papa. Nada nuevo bajo el Sol.

Tampoco es que haya mucho nuevo en la cuestión de las elecciones. ¿Es nueva la corrupción a izquierda y derecha? ¿Es nuevo el incumplimiento de los programas electorales, esos que según el difunto profesor Tierno no había que cumplir? ¿Es nueva la concatenación de estupideces de los de acá, los de allá y los de acullá? 

Evidentemente, para adueñarse de la voluntad de las masas hay que poner en circulación ideas muy toscas y asequibles; porque las ideas difíciles no llegan a una muchedumbre; y como entonces va a ocurrir que los hombres mejor dotados no van a tener ganas de irse por esas calles estrechando la mano al honrado elector y diciéndole majaderías, acabarán por triunfar aquellos a quienes las majaderías les salen como cosa natural y peculiar.

¿Hay mejor definición del sistema liberal, mejor bosquejo de lo que se presenta a las elecciones?

Las reclamaciones, señor fiscal, a don Ángel Ganivet.

miércoles, 13 de mayo de 2015

SOBRE LAS DECISIONES DE RAJOY.


«Gobernar es tomar decisiones», afirmó -según El Mundo de hoy, página 5- don Mariano Rajoy en un mitin electoral.

Interesante afirmación, que acaso propondrá como norma para una hipotética próxima legislatura de gobierno, habida cuenta de que en la que acaba no lo ha hecho. A lo más que ha llegado don Mariano, es a permitir que los problemas se enquisten, se solapen, se pudran y desaparezcan del primer plano por la urgencia de otros nuevos con los que ha seguido el mismo sistema.

«El PP tiene ideas profundas, convicciones firmes, y las va a defender, sobre todo en los momentos difíciles, como se ha demostrado a lo largo de los últimos años», aseguró Rajoy.

Perfecto: lo demostrado en los últimos años es lo que tiene que ofrecer el PP; sus ideas profundas, sus convicciones firmes. 

Es decir: las ideas y las convicciones del PP son dejar el aborto prácticamente como lo puso Rodríguez; volver la vista a otro lado con el separatismo catalán; soltar etarras a mansalva; permitir que algunas autonomías nos chuleen a todos los que habitamos en las que cumplen; esconder la jeta ante su propia corrupción y no incidir demasiado en las ajenas; privatizar la administración pública tras demonizar a los funcionarios y ampliar las designaciones a dedo... En fin, sumen ustedes lo que gusten.

Esas son las convicciones del PP, y su idea -según muestra cualquier hemeroteca- es mentir en su programa electoral y engañar a los ciudadanos. 

Ahora, vuelvan a votarles. Y vuelvan a quejarse mañana.

sábado, 25 de abril de 2015

SOBRE LA FIESTA DE IZQUIERDA HUNDIDA.

Partidete, partiducho, coalicioneja, loquesea, que al parecer sigue existiendo. Al menos, sigue existiendo lo suficiente -o sea, en la vida artificial del parlamento cotorrista- como para hacer el ridículo. O, lo que es lo mismo, para presentar -dice La Gaceta- una proposición no de ley pidiendo que el día de la República sea fiesta nacional.

De la República segunda, claro; estos tipejos son tan incultos, que ni siquiera saben que antes del ordinal segundo debe haber forzosamente un primero.

En la exposición de motivos de la iniciativa, -cuenta el citado periódico- IU hace un repaso de los hitos alcanzados (...) la libertad ideológica, el reconocimiento del sufragio universal y el voto femenino, el derecho al divorcio, a la libertad de opinión, de conciencia y de culto, la separación de poderes o la supresión de la censura o la separación Iglesia-Estado.

No voy a decir eso de vayamos por partes -porque estos idiotas tienen pocas partes-, pero si comentaré uno por uno los hitos.

Libertad ideológica. La libertad que socialistas y comunistas se pasaron por el forro del golpe de Estado de la Revolución de Asturias cuando ganó las elecciones la derecha. O la que le ejercieron a don José Calvo Sotelo, diputado amenazado por la comunista pasionaria en pleno hemiciclo, y asesinado por las fuerzas de seguridad de la República segunda. O la que los rojos de mierda ejercieron, a su manera -o sea, asesinando- contra decenas de falangistas.

Reconocimiento del sufragio universal y el voto femenino. Lo primero, usando la motorizada socialista para el pucherazo de las elecciones del 36; lo segundo, impuesto por la derecha con la máxima oposición de la izquierda, que consideraba que la mujer era más conservadora y no la quería votando.

Derecho al divorcio. Que a la izquierda le interesaba bastante poco, porque ellos a lo que estaban era al hijos si maridos no pasionario, o a los vales por seis porvos con la Lola


Libertad de opinión, de conciencia y de culto. Según se demostró desde los primeros instantes, con la quema de iglesias y -ya puestos a ello- de conventos, de museos, de colegios, de archivos y de todo lo que le saliera de la boina al paleto soberano. Libertad que culminaría con los paseos a miles de sacerdotes y a decenas de miles de católicos sin graduación.


La separación de poderes o la supresión de la censura o la separación Iglesia-Estado. Separación de poderes demostrada en que el ejecutivo se pasara por el forro de los esbirros las sentencias judiciales, como la que declaraba perfectamente legal a la Falange Española de las JONS, que nunca fue cumplida. Supresión de censura como la que se ejerció permanentemente -por derechas e izquierdas; esto es: indistintamente entre 1934 y 1936- contra la prensa falangista; y la que se ejerció -desde febrero de 1936- contra toda la prensa en general. De la separación Iglesia-Estado ya se dijo: la Iglesia fue separada a tiro limpio.

Sirva todo lo cual como exposición de motivos de mi propuesta -de simple corrección de errores- para que estos mamarrachos izquierdosos hundidos en la ceporrez absoluta, sean devueltos a la escuela primaria. 

O a los corrales.

martes, 21 de abril de 2015

SOBRE EL CRIMINAL GARZÓN.

Que, en este caso, no es el juez prevaricador, sino el comunista de IU. Aunque, así dicho, lo mismo quedan dudas, porque el de las puñetas también... en fin, ustedes ya saben.

Bueno, a lo que iba es a comentar lo que informa La Gaceta: que el comunista Garzón ha expelido -porque estos cabrones no hablan, expelen, o regurgitan- que la Guardia Civil asesina inmigrantes en la frontera de Melilla.

No voy a explicar una vez más que la inmigración ilegal priva de cualquier derecho cívico al que la ejerce, lo cual se deriva de la ilegalidad de su estancia; no voy a explicar otra vez más que cualquier Estado serio -eso que llevamos ocho lustros sin saber qué coño es- repele con la fuerza necesaria cualquier intento de invasión. Ambas cosas son perfectamente claras para las personas racionales, y para las puñeteras bestias -léase animales y, en consecuencia, irracionales- ninguna explicación será suficiente.

Quizá al señor Garzón -irracional comunista- le convendría encontrarse en medio de una avalancha de salvajes que apedrean, apalean y navajean, a ver por dónde salía con su gilipollez. Pero temo que eso no sea posible; al menos mientras la Justicia española carezca de la necesaria imaginación para, por ejemplo, condenar al comunista Garzón, por la clara difamación cometida, a patrullar durante seis meses la frontera de Melilla.

Gracias a Dios, la Unión de Guardias Civiles, en un comunicado sobre este asunto, sí le echa su miajita de mala uva -tan útil para tratar con malas bestias- y aclara: Desde luego, los guardias civiles del siglo XXI poco y nada tenemos que ver con los de otra época en la que los derechos claramente no existían como también debemos ser claros al afirmar que los militantes y representantes del partido que el señor Garzón dirige tampoco son comparables a los que en ocasiones han arrebatado en esos mismos tiempos derechos fundamentales como es el de vivir...

Y también recuerda: Rectificar es de sabios señor Garzón.

Lo cual -añado por mi cuenta- clarifica bastante el motivo por el que a este gilipollas le resulta metafísicamente imposible rectificar.

jueves, 16 de abril de 2015

SOBRE EL CHANTAJE GRIEGO.

Según La Gaceta, el ministro de Defensa griego, Panos Kamenos, anuncia que dejará acceder a Europa millones de inmigrantes, incluidos yihadistas, si Bruselas no da marcha atrás con sus políticas austeras. (...) Hace una semana el titular de Exteriores, Nikos Kotzias, escenificó la respuesta del país heleno ante una posible salida del euro: ''Habrá diez millones de inmigrantes y miles de yihadistas''.

Y todo ello, porque lo que quieren los gobernantes griegos es que su deuda la paguemos los demás, y encima les permitamos seguir surtiendo de sopa boba a sus votantes, porque eso es lo que tiene la ultraizquierda: que es la mar de solidaria con el dinero y el trabajo de los demás.

Pero, ya que los gobernantes griegos se ponen a amenazar o, mas bien, chantajear, creo que el tiempo de la diplomacia está a puntito de acabarse, y habrá que tomar otras medidas. Por ejemplo, la inmediata expulsión de Grecia de la Unión Europea, embargo económico hasta que paguen sus deudas y, por supuesto, cierre de las fronteras -si hace falta, utilizando el dinero que los griegos exigen con su chantaje en construir un buen muro defensivo- para impedir ese envío de terroristas a nuestras casas.

martes, 14 de abril de 2015

SOBRE LOS CAVERNÍCOLAS.


Cavernícolas que tal día como hoy, 14 de abril, celebrarán el advenimiento de su segunda República, caída del cielo por la casualidad del miedo de unos y de la desfachatez de otros. 

No vino aquella República segunda de la mano de la voluntad popular, porque los republicanos habían perdido -ampliamente- las elecciones municipales que la antecedieron. Su llegada fue, de hecho, profundamente discriminatoria hacia los votantes de ciudades pequeñas, pueblos y villas, donde ganaron los monárquicos, frente al triunfo de los republicanos en las grandes ciudades, aunque sin mayoría en el número de concejales electos en el cómputo general.

Pero a aquella República no le importaban los ciudadanos, sino las masas; fue una República de altercados y algaradas; de golpes de Estado de la izquierda (1934) contra las urnas que daban el triunfo electoral a la derecha (1933); de tiros a la barriga contra los anarquistas andaluces (Casas Viejas) amotinados contra Azaña; de persecución religiosa y destrucción del patrimonio cultural por parte de los talibanes socialistas.

Aquella es la República que hoy festejarán los cavernícolas; los que siguen anclados al comienzo del siglo XX; los que no han aprendido nada, ni saben nada, ni les importa nada mas que el tópico. 

No son republicanos, sino segundorepublicanos. Si fueran republicanos, celebrarían la Primera República, aquella que vino de la abdicación de Amadeo I. Pero no; para ellos, los que hoy gritarán como guarros en cochiquera -y perdóneseme el símil, sobre todo porque no lo es- la República es la Segunda: la República de sangre y mierda que comenzó quemando iglesias y destruyendo obras de arte, y prosiguió matando curas, monjas, gente que iba a Misa, que usaba bigote o que pasaba por allí. 

Esa es la República que quieren: la segunda. La que nos van a meter cualquier día de estos los señoritos bolcheviques, los señoritos liberales, los señoritos de derechas de toda la puta vida, los señoritos de hacerse un partidito para salir en los papeles, los señoritos de trincar pasta gansa a manos llenas, los señoritos de la jerarquía eclesiástica y los señoritos monárquicos. 

Y a mi, que no soy monárquico, no me parece mal. Porque la situación es tan pútrida, que ya no caben parches; que es necesario tirarlo todo abajo, derribar el edificio ruinoso y comenzar de nuevo. Así es que, sin mover un dedo para traerla, no sufriré lo más mínimo cuando venga, no la Tercera República, sino la Segunda bis.

Es el camino para que llegue, nítida e históricamente inevitable, la República Nacionalsindicalista.


miércoles, 1 de abril de 2015

SOBRE LA VICTORIA.

Victoria acaecida hace 76 años sobre el rojerío y el separatismo.

Victoria que ya sólo deberíamos recordar unos cuantos aficionados a la Historia, si no fuera porque los vencidos nos la hacen presente cada día, porque no parece sino que Yagüe y Varela, y las Columnas del Sur, estén a puntito de llegar a Madrid cualquier día de estos, tras liberar una vez más el Alcázar; y los rojoseparatistas se apresten a poner en línea las Brigadas Internacionales, debidamente depuradas por el carnicero de Albacete, André Marty por otro nombre.

No parece sino que los requetés y falangistas de Mola se estén asomando a Somosierra, y los falangistas gallegos anden artillando bous, y los legionarios rebusquen botellas para metérselas al señor Molotov por el trasero de sus tanques.

No parece, en fin, sino que Franco acabe de ser nombrado Jefe del Estado por sus iguales, o que el difunto Juan Sin Tierra -entonces rubio mocetón aspirante a legitimidades imposibles- se vaya a presentar pidiendo incorporarse a filas para que -Mola primero, Franco después-, lo manden a cuidarse en Roma, junto a su huidizo padre.

Y lo parece todo ello porque no pasa un día sin que un rojo, un separatista, un cobarde, un macaco inmaduro extranjero o un gilipollas como el Anson de ayer -todo ello condiciones perfectamente compatibles entre sí y acumulables- no eche su cuarto a espadas contra Franco y contra los militares golpistas, en cuya categoría deben entrar -si su estupidez les permite la cuenta- los cientos de miles de voluntarios requetés, falangistas o -simple y llanamente- españolitos hasta el gorro de aquella república de sangre y mierda que llevó el ordinal segundo.

Todos, del primero al último, alineados en el bando de la chusma de entonces -de Azaña abajo, todos- y tratando de ganar en las rotativas o en las ondas la guerra que perdieron en los campos, y aun les escuecen las carreras en pelo.

Por eso está hoy tan viva como siempre, y más viva que nunca, la Victoria del 1º de abril. Porque los rojos, los separatistas y los extranjeros hideputas -desde el macaco maduro del río Orinoco hasta la juez servil del río de la Plata, pasando por chusma europarlamentaria, onus y demás burdeles de la internacionalidad- la recuerdan todavía, la tienen presente como si ayer mismo fuera el día en que el Excelentísimo Señor D. Francico Franco Bahamonde, Generalísimo de los Ejércitos y Caudillo de España por la Gracia de Dios, hubiera firmado esto:




martes, 31 de marzo de 2015

SOBRE LA ANTICIPACIÓN DE UN SEÑOR ANSON.


El señor Anson es el único monárquico de España. Lo fue cuando serlo era la forma de destacarse, en vista de que su vulgaridad le incapacitaba para destacar, que no es lo mismo. Entonces -cuando Luisito se destacaba- había en España, desgraciadamente, dos monárquicos: él -lo cual nos importaba a todos tres leches- y Franco.

Ahora, el señor Anson escribe esto en su columna de El Mundo de hoy:

EL DÍA 18 de octubre de 1992, Don Juan III recibe en la Clínica Universitaria de Pamplona a dos redactores del Diario de Navarra, Javier Errea y Santy Mendive, y les dice: «Veo a España mal, algo desgarrada y con su unidad amenazada». Se anticipaba así en más de 20 años al órdago secesionista de Arturo Mas y Oriol Junqueras.

¡Menuda anticipación, Luisito! ¡20 años!. Realmente pasmosa la anticipación del difunto Juan tres palos, habida cuenta de que habíamos sido cientos de miles los españoles que -desde el nivel de la calle, y sin un mal palacete que llevarnos a las entrevistas con los consejeros- lo habíamos venteado hace exactamente 40 años. Algunos hubo que lo vieron venir antes, y lo escribieron, y algunos lo dijimos de palabra ya en 1976, y empezamos a decirlo, por escrito, en 1977. Concretamente en la revista Fuerza Nueva, y después en la sección del Escaño Nacional de El Alcázar, y luego en EJE, y a continuación en La Nación y ahora en este blog. 

Hablo de mi trayectoria personal porque no quiero meter a nadie en líos pero, evidentemente, no he sido el único. Ni mucho menos. Así es que podríamos decir -puedo decir- que en lo que a anticipación se refiere, le hemos dado sopas con honda al difunto no rey. A Luisito Anson, por supuesto, también.

Y eso que el pobre Luisito, tan monárquico, intenta colarnos aquél patético manifiesto de 1945 como prueba de larga lucidez política. En aquél año, el Conde de Barcelona -el mismo que en 1936 se había presentado ante el General don Emilio Mola Vidal vestido con camisa azul y boina roja pidiendo incorporarse a los, en palabras de Anson, "secuestradores de la soberanía nacional"- clamaba por la aprobación inmediata, por votación popular, de una Constitución política; reconocimiento de todos los derechos inherentes a la persona humana y garantía de las libertades políticas correspondientes; establecimiento de una Asamblea legislativa elegida por la Nación; reconocimiento de la diversidad regional; amplia amnistía política; una más justa distribución de la riqueza y la supresión de injustos contrastes sociales.

Pero -añade Luisito- gobernaba España el dictador Francisco Franco, que encarnaba un régimen profundamente totalitario. Vencedor en 1939 de la guerra incivil, el caudillo, amigo del fürher Hitler y del duce Mussolini, era el amo de los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire y de todos los resortes del Estado, sin excepción. Don Juan fue perseguido hasta la náusea.

Pero el dictador Franco presentó a los españoles, para su ratificación mediante el voto, la Constitución que tomó el nombre de Leyes Fundamentales. Varias Leyes, entre otras cosas porque es absurdo meter en el mismo saco la exigencia de que el heredero al trono sea preferentemente varón -cuestión de poca importancia para el Estado y para los españoles- y la unidad nacional.

El dictador Franco llevó a las Cortes -la asamblea legislativa elegida por la nación a que aludía el no rey Juan- el Fuero de los Españoles, que reconocía "los derechos inherentes a la persona humana" -incluyendo el derecho a un salario mínimo suficiente para el desarrollo de la vida familiar, consignado casi veinte años antes en el Fuero del Trabajo- y las "libertades políticas correspondientes" a los ciudadanos que no se ven sometidos a las castas parasitarias de los políticos profesionales.

El dictador Franco favoreció la conservación de las diversidades culturales regionales, recomendando a la Sección Femenina la recuperación de un folclore que casi desaparecía; y -pasados los primeros momentos en que los catalanes hartos de separatistas acuñaron aquello de la lengua del imperio- se celebraron certámenes literarios en catalán o gallego. En lo que ahora llaman euskera no, porque no existía. El actual euskera no es sino el batúa, refrito de diversos dialectos vascongados realizado por una comisión de lingüistas en plena época de Franco. Véalo el señor Anson, si no me cree, en la hemeroteca de su antiguo periódico; la de ese ABC del que le echaron por causas que no conozco, pero imagino.

Para Luisito Anson, Franco era amigo de Hitler y de Mussolini. Se comprende que, dada su provecta senectud, el monárquico juanista no se acuerde de que Hitler prefería un dolor de muelas a entrevistarse con Franco -tanta era la amistad que se tenían, Luisito- y de que Mussolini -menos alejado que Hitler del carácter hispano- podía resultar más simpático como Jefe del Gobierno de la monarquía italiana.

Y claro: como Franco no llamó al Conde de Barcelona para regalarle la corona que su señor padre, Alfonso XIII el huidizo, había arrojado por el camino de Cartagena, el triste Juan sin tierra fue perseguido hasta la náusea.

Mira, Luisito: a ese Juan III que nunca existió en España sólo lo recordaban tres aficionados a la Historia, dos desocupados de algún casino de pueblo, cuatro monigotes como tu y, desgraciadamente, el Excelentísimo señor D. Francisco Franco. Eso es lo que le debía doler al Conde de Barcelona: el que nadie le hiciera el menor caso, el que España se hubiera olvidado de su efigie y de su nombre, al mismo tiempo que olvidaba la miseria, la marrullería política, el clasismo infundado de la monarquía alfonsina; los robos, desmanes y asesinatos de la república que nos dejó su señor padre.

Marrullería política, clasismo; robos, desmanes y asesinatos que ese Juan sin tierra al que Luis María Anson le concede un ordinal que nunca tuvo, estaba empeñado en devolvernos. Porque lo que él quería era reinar. Reinar a costa de lo que fuera, incluso de volver a España de la mano de los socialistas que habían asesinado a tantos monárquicos, de los republicanos que habían echado a su padre. Reinar aún a costa de la secesión nacional, porque en su camarilla nunca hizo ascos a los separatistas.

Franco lo sabía; se lo vio venir -era mucho D. Francisco para tan poco Juanito- y Juan de Borbón no pasó de ser el eterno pretendiente de una Corona fenecida. Por mucho que su hijo -en uso de las prerrogativas de Jefe de Estado que le otorgó el pueblo español a propuesta del Generalísimo- le mandara enterrar en El Escorial con la inscripción «Ioannes III, Comes Barcinonae», Juan III, Conde de Barcelona.

Pues te jodes, Ansón que insulta muertos y difama héroes, que no pudo poner Ioannes III, Hispoaniarum Rex.

Porque nunca lo fue.

martes, 24 de marzo de 2015

SOBRE LAS CONSTRUCCIONES NAZIS EN ARGENTINA.

Según nos cuenta La Gaceta, un equipo del Centro de Arqueología Urbana (CAU) informó haber hallado tres edificios levantados por los nazis en medio del parque Teyú Cuaré de la provincia argentina Misiones.

Y añade: la aeronáutica nazi generó un proyecto secreto de construcción de refugios para que los más altos jerarcas nazis pudieran esconderse allí tras una derrota", comunicó a 'Clarín' el director e investigador del CAU, Daniel Schávelzon. Los investigadores llegaron a tal conclusión tras haber hallado varios objetos como porcelana y monedas alemanas de los años 1938 y 1944, lo que indica que la construcción pudiera pertenecer a los nazis.

¡Menos mal!. Los investigadores aportan pruebas incontrovertibles, incontestables, nítidas: hay porcelana, y monedas alemanas fechadas entre 1938 y 1944.

Ahora, me gustaría qué pueden decir sobre mí los arqueólogos urbanos argentinos, teniendo en cuenta -no hace falta que vengan a mi casa, ya se lo cuento yo- que tomo mi café en una taza que dice que está hecha en Ucrania, que tengo monedas de la monarquía alfonsina, algún billetejo de la Segunda República -de aquellos que eran como estampitas y valían exactamente eso-; y también monedas argentinas, entre algunas cosas más.

¿Soy acaso un ucraniano partidario de la república de Alfonso XIII en Argentina?. ¿Soy un argentino que quiere establecer la monarquía alfonsina en Ucrania?.

Se lo pongo más fácil: tengo también -cuidadas con el máximo esmero- un par de monedas de la feroz dictadura franquista; de aquellas de 500 pesetas de plata, así es que mi casa debe ser un búnker fascista.

Abierto, por supuesto, a camaradas, y cerrado a investigadores idiotas.

sábado, 21 de marzo de 2015

SOBRE LAS CUESTIONES MORALES DE DOÑA CRISTINA CIFUENTES.

Señora Delegada del Gobierno en Madrid y candidata a presidir esta Comunidad Autónoma por el PP que, en declaraciones en la COPE ha dicho -más o menos- que el aborto es una cuestión moral de cada uno.

Partiendo del hecho científico -nada de moral ni de religión, sino pura ciencia- de que el feto tiene características genéticas únicas e irrepetibles desde el momento de la concepción, doña Cristina está afirmando que lo del asesinato es una cuestión de la moral de cada uno.

De forma que -como los tontos se repiten interminablemente- me veo en la obligación de responder lo que acostumbro: que aprueben una Ley declarando que es un derecho de cualquier ciudadano el de pegarle dos bofetadas a los Presidentes del Gobierno, y dejen a mi moral particular la elección de ejercitarme con don Mariano.

SOBRE UN BOTARATE SOCIATA EN ZAMORA.

Botarate que resulta ser alcalde de Puebla de Sanabria (Zamora) y senador del PSOE, y dicen que se llama José Fernández Blanco.

Este mamarracho no ha tenido mejor ocurrencia que decir lo siguiente, según La Gaceta: "Tenemos muy claro para qué estamos aquí, para que ustedes no nos pongan en el paredón, no nos peguen dos tiros y no nos echen de la provincia", refiriéndose a la presencia de su partido en las elecciones municipales que se nos están cayendo encima.

Este mamarracho sociata es uno de esos tontos que, en un concurso de tontos, quedaría segundo. Por tonto. Tan tonto, como para hablar de paredones y de tiros poniéndose de víctima, cuando todo el mundo -incluso él- sabe que fueron los suyos quienes pusieron en paredones y pegaron dos tiros -a los que tuvieron suerte; a los que no, los torturaron de todas las formas imaginables- a la gente de derechas que pudieron pillar.

A los falangistas y requetés también, por supuesto; pero menos, porque estos no se dejaban coger así como así, y ya procuraban llevarse puestos a unos cuantos asesinos socialistas.

O quizá este memo alcalde de Puebla de Sanabria y senador del PSOE sea uno de esos capullos -no se me altere, señor fiscal, lo digo por el emblema del partido- que, por no tener idea de Historia ni de nada, se creyó las memeces del psicópata Zapatero.

sábado, 14 de marzo de 2015

SOBRE LA ÚLTIMA DE EL PAÍS.

La última mamarrachada que saca El País en torno a Franco, que hoy versa sobre Franco y Hitler: un odio interesado.

Mamarrachada, no porque a mí me caiga mal el gilipollas que escribe, sino porque desde la primera línea se retrata: El Eje fue un salón de desconfianza a tres bandas. Hitler, Mussolini y Franco.

Y se queda tan ancho, el tonto, cuando cualquiera que haya terminado el Bachiller –al menos el Bachiller de cuando en España se estudiaba- sabe de sobra que el Eje lo formaban Alemania, Italia y Japón.

Nada extraño, teniendo en cuenta que el escritorzuelo no hace sino apiñar tópicos -en ocasiones contradictorios- sin saber de qué habla.

Por ejemplo, cuando dice que la novia a cortejar en los años treinta era Alemania. Bueno, paisanillo, sería a partir de 1933, porque hasta ese año Alemania estaba sometida a la rapiña de los vencedores de la GMI, y hundida en la miseria.

Hitler y Mussolini despreciaban a Franco -dice; pero luego añade: "Para Hitler, aunque algunos de sus colaboradores le quitaran importancia, fue fundamental tener bajo su yugo a España y Portugal con dos regímenes de su cuerda sin necesidad de invadir nada".

Falsedad e ignorancia. Falsedad, porque Alemania nunca tuvo bajo su yugo a España, y la prueba está en que, a pesar de su insistencia, Hitler no consiguió que España entrara en la Guerra Mundial. Lo de Portugal es ignorancia pura, pues cualquiera sabe que nuestro vecino tenía especial aprecio por Inglaterra desde el siglo anterior.

Pero no para la ignorancia ahí. ...Hitler soltó al conocer la desaparición de otro de los generales golpistas: “La verdadera tragedia para España fue la muerte de Mola, ahí estaba el auténtico cerebro, el verdadero líder. Franco llegó a la cima como Poncio Pilatos al Credo”... "Ya escocía entre los nazis la negativa que se produjo en Hendaya en 1940."

Cojonudo. A los nazis les escocía la negativa de Hendaya -1940- y por eso Hitler decía que Mola -muerto en junio de 1937- era el verdadero líder, tras haber sido el propio D. Emilio Mola uno de los más firmes defensores del nombramiento de Franco como Generalísimo el 1 de Octubre de 1936.

Después de esto casi no merecería la pena decir nada más. Pero vaya un último comentario: “Las intenciones de Hitler al involucrarse en la guerra española respondían a todo, menos al cariño personal”, comenta Preston.

Evidente, paisanillo. Los estadistas no se guían por las preferencias personales, ni por los gustos particulares, sino por los intereses de Estado. 

Algo que en esta memocracia nunca podréis entender los idiotas.

SOBRE LA TERCERA IDIOTEZ DE LA SERIE PAISANA.

Tercera idiotez del periodiquito antifranquista El País, que la verdad es que casi no merece comentario, porque el cenutrio que lo escribe se pasa todo el tiempo hablando de aquél divertidísimo payaso, José María Llanos, cura comunista que acabaría fotografiándose con los asesinos de sus propios hermanos, y eso ya describe al personaje.

“Él no quería, pero Franco se empeñó. Cada año hacía sus ejercicios con un jesuita y ese invierno se empeñó en hacerlos con Llanos”, dice Lamet -apunta el amarillento paisano. Y se queda tan ancho, aunque párrafos antes ha afirmado que el curita se dedicó a tirarle de los faldones de la guerrera a los ayudantes de Franco: “Mi distinguido amigo: Ruégole encarecidamente se tome la molestia de ponerme unas letras comunicándome si ha tenido alguna noticia sobre el proyecto de Ejercicios Espirituales, de que le hablé hace un mes para S. Excelencia el Jefe del Estado. Al mismo tiempo, aprovecho gustoso la ocasión para ofrecerme a vd. por si desea realice alguna nueva diligencia…”.

O sea: periodista gilipollas, que ni lee lo que lleva escrito. Normal, no hay quien se lo trague. Pero lo que ya es de traca, es que el cura Llanos le dijera a ese tal Lamet, su biógrafo -porque hay gente pa tó, que decía El Guerra- que Franco “... era un creyente milagrero, que no dejaba de narrar batallitas y que estaba convencido de que había sido la Virgen de África quien había ayudado a los legionarios a cruzar el Estrecho en lanchas salvándoles de caer ante la vigilancia, además de que se le había aparecido Santa Teresa para acompañarle en su cruzada”.

A saber cual de los tres -el periodista de El País, ese tal Lamet, o el cura comunista- se había rellenado de orujo. Porque los legionarios no cruzaron el Estrecho en lanchas, sino en los transportes que el cañonero Dato protegió de toda la escuadra roja de Cartagena, haciéndola volver popas con más miedo que vergüenza. Y Franco lo sabía, no sólo porque lo preparó, lo ordenó y lo vio, sino porque un ferrolano de estirpe militar y marinera sabe muy bien lo que es una lancha. Es más, Franco conocía de sobra las lanchas que entonces se usaban, porque fue el primero en saltar de ellas en el desembarco de Alhucemas, cuando las mismas eran incapaces de acercarse a la orilla y todo el despliegue estaba a punto de malograrse.

Tampoco nadie, salvo un cura borracho -de matarratas o de soberbia- ha dicho jamás que Franco pensara o dijera que se le había aparecido Santa Teresa. Lo que si es cierto, es que durante mucho tiempo llevó junto a sí una reliquia de la Santa, pero de lo uno a lo otro hay la misma diferencia que entre un periodista amarillo y asombrosamente estúpido y un escritor serio y riguroso.

Todo se explica en esta vida. Antes o después, pero se explica. Después de los ejercicios espirituales que al final el curita lameculos logró dar ante Franco, “entró a formar parte de la lista de intocables. Cuando las revueltas del Pozo, en el Consejo de Ministros varios de sus miembros se quejaban de él. Se lo advirtió Alberto Martín-Artajo, amigo suyo y encargado de Asuntos Exteriores. Pero Franco se mostró muy claro: A Llanos, ni tocarlo”. 

Así es que, lleno de fervor comunista, el curajo “se presentaba en la Dirección General de Seguridad y decía: ‘Vengo a que me detengan’. Pero los guardias no podían hacer nada. Figuraba en la lista”.

Un dechado de valor, vaya. Y un aguijonazo a su soberbia, porque en el fondo era consciente de que nadie se lo tomaba en serio.

viernes, 13 de marzo de 2015

SOBRE UNA NECEDAD QUE ROZA LA ESTUPIDEZ.


Porque estupidez, señor fiscal, es la torpeza notable en comprender las cosas. Se me ocurren otras muchas palabras para calificar la cortedad de falsario del plumífero de El País que, acaso por no tener capacidad para más, persiste en la repetición de tópicos, estereotipos, medias verdades, mentiras completas y gilipolleces sin cuento, aunque con cuenta. Corriente.

Ayer, el capullo paisano que sigue viviendo cojonudamente contra Franco, titulaba su vómito así: El desprecio de Franco a José Antonio. Y subtitulaba: Una carta de María Santos Kant, novia desconocida del líder falangista, y la respuesta del dictador español refleja el desprecio de este por su rival político.

Apenas habían pasado cuatro días del fusilamiento. José Antonio Primo de Rivera empezaba a ser El ausente. Entonces, el 24 de noviembre de 1936, María Santos Kant, desconcertada, se armó de cuajo para dirigirse en una carta ni más ni menos que a Francisco Franco.

Ahí es nada: a cuatro días de ser asesinado, José Antonio empezaba a ser El Ausente. Ni puta idea de nada, ni siquiera de lo que critica, pero el plumífero amarillo larga, por si algo queda. Por supuesto, como buen cenutrio, no entiende que si José Antonio era El Ausente, es porque no estaba entre sus falangistas, pero nadie creía que hubiera muerto. Asesinado. Cuando la certeza se impuso, dejó de ser El Ausente y fue ¡Presente!. Pero pedir al bellotero de El País que entienda -o se acerque mínimamente- a la mística falangista es como pedir naranjas al alcornoque.

Pero, además, esa señorita María Santos Kant, sólo cuatro días después del asesinato, ya pregunta por José Antonio a Franco. Portentosa celeridad si se tratase -como el plumilla insinúa- de que la noticia era de dominio público y Franco la quiso ocultar. Pudiera bien haber ocurrido que esta mujer, harta de oír los infinitos rumores que corrieron sobre el paradero de José Antonio, quisiera cerciorarse con información oficial y coincidiese con la fecha. 

Y la información oficial llega a vuelta de correo, el 1 de diciembre: El Sr GENERAL FRANCO me encarga manifieste a usted que recibió su carta del 24 actual referente al Sr. Primo de Rivera. El Sr. General no sabe directamente nada relativo a la suerte de dicho señor, porque las emisoras rojas aseguran haberlo fusilado y no es creíble lo digan sin que sea ello verdad, pues el mentir en este asunto no tendría para ellos utilidad. Sintiendo no poderle dar mejores noticias, usted disponga de su affmo….

Respuesta que el estúpido de El País comenta como escueta y ambigua, en la línea del más puro Franco siempre provisto de claroscuros y una baraja de ases en la manga. Respuesta, más bien, oficial, plumilla amarillento; como requiere el asunto. No se trata de correspondencia amistosa o familiar, sino de una petición a la máxima autoridad del Estado, contestada en el típico lenguaje administrativo. Franco manda contestar -a alguno de sus colaboradores- que no sabe nada directamente. Las radios rojas dicen que lo han fusilado, y a 11 días del hecho no hay confirmación, porque las radios rojas también habían dicho -desde julio a finales de septiembre, y cada dos o tres días-, que habían tomado el Alcázar, o que habían recuperado Talavera. 

¿Tendría Franco que haber escrito una carta afectuosa y de su puño y letra, señor plumífero? A una persona desconocida, de la que usted mismo dice que María Santos Kant podía ser una de tantas enfebrecidas fans del soltero de oro, abogado de éxito y diputado con porvenir. “Alguien que en mitad de la confusión se autocondecorara como la novia de José Antonio”, comenta Gibson.

Y si el plumífero paisano no ha sido capaz de encontrar rastro de la existencia real de esa persona, me contará cómo la iban a investigar -para juzgar si merecía una respuesta mas concreta, caso de haberla- en una semana y en medio de una guerra. Cierto que el plumífero, como buen tontolaba, afirma que no ha encontrado información ni en Google, ni en los índices onomásticos. Y claro: lo que no está en Google no existe, ya se sabe. Así es un periodista de El País: capaz de buscar en Internet para afirmar que no hay noticia de la existencia de alguien nacido a primeros del siglo XX. Con un par.

Pero esta respuesta es la prueba del desprecio de Franco hacia José Antonio. Esto, y el fracaso de los intentos de canje y las negociaciones emprendidas para salvarle, en las que discreta pero vagamente, se mezcló Franco. Sin duda -para el gilipollas amarillo- Franco tenía que haber ido a Alicante en persona ¿no?. 

Y, por supuesto, si no lo hizo fue porque a Franco le vino al pelo la muerte de José Antonio. Lo dicen historiadores tan imparciales como Stanley G. Payne, así es que no hay mas vueltas que darle, ¿verdad, paisanillo?. Nada nuevo bajo el sol. Lo mismo han dicho todos esos falangistas hiperauténticos, megapuros e incontaminados. Todos esos siempre dispuestos a tirar de navaja trapera contra sus iguales, y convenientemente camuflados ante el enemigo, al que dan la razón para que no se moleste. Hablemos mal de Franco para que los rojos nos dejen vivir para pelearnos entre nosotros, es su lema, al cual los rojos hacen eco, faltaría más.

Mal conocen a José Antonio esos falangistas. Por supuesto, los periodistas amarillos y los historiadores que siguen viviendo cojonudamente contra Franco no tienen ni idea, y se les da una higa mientras les paguen sus panfletos. Ya se sabe, y lo escribió Ángel Palomino: ellos siempre han estado seguros de que la URSS se acabaría comiendo a Europa, y entre la dacha y el gulag, no hay color. Ni siquiera un cuarto de siglo después de desmoronarse -sola- la entelequia del socialismo real.

Pero José Antonio -entre otras muchas enseñanzas no asequibles a gilipollas- nos marcó nítidamente el camino del servicio y del sacrificio. Mal le conoce quien piense que, con España en guerra o acosada por el extranjero, se iba a rebelar contra la autoridad del Generalísimo. Hubiera, probablemente, disentido en algunas decisiones, y hubiese tratado de guiarlas según su criterio. Hubiese tratado de influir -no con el peso de sus escuadras, sino con el de sus razones- en la regeneración española. Y hubiera servido a España sin reticencias, sin condiciones y sin cortapisas. Y sin anteponer la politiquería partidista al interés nacional.

Total, que el escritorzuelo paisanillo no saca a relucir mas que refritos de todos los resabiados precedentes, aunque a su panfleto amarillo se las haya conseguido vender como novedad basada en documentos recién encontrados. Es lo que tiene ser editor o director de periódico sin saber leer: que cualquier mindundi se la cuela.

Otro detalle demuestra qué clase de sujeto es el plumífero: llama a José Antonio Primo. No Primo de Rivera. Esto también suele ocurrir en ciertos casos. Cuando no se tiene educación. Cuando no se tiene puñetera idea de la Historia de España. O cuando se tiene tal desconocimiento de la genealogía propia, que se desconoce la existencia de apellidos compuestos.

O cuando concurren las tres cosas a la vez.

jueves, 12 de marzo de 2015

SOBRE LA NECEDAD PAISANA.


Se que lo repito con frecuencia y que mis habituales no lo necesitan; pero nunca se sabe cuando puede caer por aquí un fiscal progre, un juez garzoniano o un plumífero gilipollas, así es que recordaré que necio es el que no sabe lo que debería saber.

Lo de paisano quizá tampoco necesite mucha explicación, pero vaya, por si acaso, que se refiere al panfleto amarillo que se autotitula El País. Igual podría llamarse la zahúrda, y acertaría, acaso porque a estepaís lo han convertido en una vulgar cochiquera, donde toda miseria tiene asiento y todo villano reluce.

Pero a lo que voy, que es una infamia -una más de ese periodiquillo, acaso porque para salir de sus millonarias pérdidas sigue necesitando vivir contra Franco- publicada ayer y que prometía continuar.

Con la historieta de ayer, el plumífero "se centra en la relación con el dinero del dictador". Dejando a un lado la construcción gramatical -que sugiere lo contrario de lo que luego dice, y demuestra qué clase de iletrado escribe-, el caso es que todo lo que cuenta no sólo no indica que Franco tuviese particular interés en el dinero, sino que afirma lo contrario.

Empieza hablando del sueldo del General Franco como Jefe del Estado Mayor. Un sueldo de 2.429.98 pesetas de 1935, equivalente -dice- a 14,6 euros y -actualizado a día de hoy- a 5.261,80 euros. Poco -dice el propio plumilla- que afirma que el actual detentador de cargo similar cobra 118.701,86 -se supone que anuales, lo que daría 8.478,7 al mes, menos descuentos.

Quizá el plumífero -o mejor, dicho, bípedo implume- sea de los afortunados que pueden fijar su sueldo a voluntad, o goza del mamoneo correspondiente en su empresa. Franco -como cualquier militar de entonces y de ahora- tuvo el sueldo que le fijó el Gobierno de la República, en el cargo para el cual le había nombrado. Pero el necio escribidor sigue a lo suyo: aquél sueldo era mucho con arreglo a las pagas que en aquel momento previo al golpe percibían las tropas. ¿Para qué repetir quien fijaba los sueldos de los militares, quien incorporaba a los Presupuestos las partidas correspondientes, quien las aprobaba?

En un Estado de Derecho, es el Gobierno el que elabora los Presupuestos, y las Cortes quienes lo aprueban. Y en ellos se incluyen todos esos detalles de los sueldos del personal. Hay otro tipo de Estados y de administraciones, donde cualquier Chávez -y Chaves, o Griñan-, Maduro, Tomás Gómez, un hemmano de Arfonso, un Pujol, hace y deshace y se embolsa. El plumífero sabrá si su intención es decir que aquella republiquita era de ese tipo.

Otra cosa que dice el paisanete, es que Franco -desde ese puesto para el cual le había nombrado el Gobierno mas o menos legítimo de la más o menos legítima República- firmó acuerdos con fabricantes de armas alemanes como parte de un planeado rearme. Otra falacia con la que el plumilla demuestra no tener ni idea de nada, porque un General, por mucho que sea Jefe del Estado Mayor, no es quien para firmar acuerdos para la compra de armas. Eso compete al Ministerio, tras la aprobación del Consejo de Ministros si el gasto es considerable. El General, lo más que puede hacer, es recomendar tal o cual opción entre las que le ofrecen.

Pero si nos fijamos en otro detallito, quedará todo claro: Franco se forjó en La Legión. O sea, que -según este gilipollas-, la carrera militar de Franco no existía antes de La Legión, y sólo en ella tuvo lugar. No mandó tropas indígenas en Marruecos, no fue herido de gravedad, no estuvo destinado en Oviedo, y no fue llamado por Millan Astray para que fuera su lugarteniente en la creación de La Legión.

Total, que para este paisanillo necio, Franco salió de la Academia ya de Teniente Coronel. 

martes, 10 de marzo de 2015

SOBRE LA MEGALOMANÍA DE DOÑA ESPERANZA.


La que dice que no tiene, en vista de lo cual no piensa pisar la sede de Cibeles, en la que su enemigo Gallardón se gastó entre 126 y 140 milloncejos de nada, según qué fuente indique la cifra.

Doña Esperanza dice -lo cuenta 20 Minutos de hoy, página 4- que el mantenimiento, conservación, seguridad, calefacción y aire acondicionado del palacio de Cibeles cuesta demasiado, así es que si logra la alcaldía se volverá a la Casa de la Villa. Pero, eso si, no piensa gastarse mucho en el traslado, porque sólo se llevara su despacho. Se supone -digo yo- que también se llevará los despachos de sus colaboradores más próximos, porque si no el despiporre de viajes entre Cibeles y la Casa de la Villa iba a ser de aúpa.

Pero demos por bueno ese minitraslado y vayamos a otras cosas. Por ejemplo, a qué va a hacer doña Esperanza con el Palacio de Cibeles. Porque si sólo se traslada ella y unos cuantos colaboradores y funcionarios, el resto deberá quedarse allí. Y entonces habrá que seguir gastando lo mismo en calefacción y en aire acondicionado. ¿O es que doña Esperanza tiene derecho a estar calentita o fresquita -según la época, no me sean malpensados- y el resto del personal que se joda?

Y habrá que seguir gastando lo mismo en mantenimiento. ¿O es que doña Esperanza tiene derecho a lavabos con agua corriente y techos sin goteras, y ascensores que suban y bajen, y el resto del personal que se apañe con un cubo para recoger el agua de lluvia cuando jarree, y la use en los cuartos de baño; y que suba y baje por las escaleras aunque lleve encima mucho más peso que el bolso de marca?

Y habrá que seguir teniendo seguridad. ¿O doña Esperanza merece tener guardias a las puertas, pero al resto del personal no importa si le roban o pinchan, o apalean, en su puesto de trabajo?

¿Qué hará, entonces, doña Esperanza con el Palacio de Cibeles? ¿Lo dejará como está, sólo que gastándose más en colocar sus posaderas en otro edificio? ¿Lo dejará vacío? 

Y si lo deja vacío y no se gasta en mantenimiento ni conservación ni seguridad, ¿qué tendremos en Cibeles dentro de unos años? ¿Otro Palacio vacío, lleno de telarañas, de polvo y de mugre, que necesitará de una inversión millonaria para ser puesto de nuevo en uso; otro palacio fantasmal? 

¿O tendremos -con o sin traslado, y gane quien gane- un edificio lleno de fantasmas?

lunes, 9 de marzo de 2015

SOBRE LOS PUESTOS DE TRABAJO DE RAJOY.

Decía ayer La Gaceta que el señor Rajoy afirmaba ayer que 'en Andalucía se pueden crear 575.000 empleos'.

El deseo es muy loable, máxime viniendo de quien -dado su cargo- puede tomar medidas para ello. Es tan loable, que uno se pregunta por qué no lo ha hecho antes el señor Rajoy; y antes que Rajoy, Zapatero, y Aznar, y González y Calvo-Sotelo y Suárez. 

Cito los presidentes de la memocracia por la sencilla razón de que ahí se corta la línea de la dejadez, y antes de ellos si se hacían cosas para dar trabajo -no sopa boba, sino trabajo- a los españoles en general y a los andaluces entre ellos. No es que lo diga yo -fascista y todo eso- sino que lo dijo en su día el secretario general del Sindicato Obrero del Campo (SOC), Diego Cañamero: «Franco dio mil veces más tierras a los jornaleros andaluces que el Gobierno socialista en 25 años»

Si, ese mismo Diego Cañamero que luego se ha dedicado a asaltar supermercados de la mano del fantoche Sánchez Gordillo.

Pero a lo que íbamos, que es a la creación de puestos de trabajo que promete Rajoy, y que hoy se explica muy bien en otro titular de prensa, esta vez 20 Minutos: Los contratos de 7 días o menos suben un 43% durante la crisis y ya suponen uno de cada cuatro.

O sea: que cada contrato de siete días o menos es un puesto de trabajo creado ¿no?. Y los de media hora, un sólo día -que los he visto, palabra, en tiempos de Zapatero-, ¿también?

Joder, don Mariano, qué cara tienen ustedes.

miércoles, 4 de marzo de 2015

SOBRE LA PISADA EN EL BARRO DE UN SEÑOR SÁNCHEZ.


"¿Que coño tiene que pasar en este país para que Rajoy pise el barro?", dicen las crónicas -por ejemplo, 20 Minutos, página 6- que preguntó ayer el señor Sánchez, mandamenos del PSOE, mientras miraba las aguas desbordadas del Ebro desde una cómoda carretera.

En estepaís no se, señor Sánchez; en España, que pretende ser un Estado serio aunque sus supuestos representantes y gobernantes no lo sean ni por el forro, el sitio de un Presidente del Gobierno no está asomándose a las inundaciones desde un metro de distancia, sino disponiendo desde su despacho lo que sea menester. Otra cosa es que no lo haga.

Esto, señor Sánchez, es como decir que qué hace un general que no se mete en las trincheras de la primera línea. Que también los hay -los hubo- y, por ejemplo, el general Asensio ponía sus puestos de mando tan junto al tango, que de él comentaba un subordinado: El día menos pensado va a meter su puesto de mando en el de Lister, como si fuese a jugar al ajedrez, certifica Rafael García Serrano en su Diccionario para un macuto.

También Franco -ya Generalísimo- visitaba frecuentemente los frentes, y más de un soldadito se vio sorprendido por su presencia en la primera línea. Por ejemplo, en la fase más dura de aquella, de por sí, durísima batalla del Ebro; o en la batalla de Brunete, donde Términus -nombre clave del cuartel general avanzado- llegó a estar copado por el enemigo.

Pero el puesto de un general no es la primera línea, se ponga el señor Sánchez como se ponga, y si la presencia de un general en la avanzada puede motivar a las tropas -y la de Franco lo hacía, ¡vaya si lo hacía!- el sitio del general es aquél que le permita ver, no el combate, sino la batalla. 

Y además, seamos sinceros, la presencia de Rajoy a pié de agua no va a animar ni a las ranas, señor Sánchez. La suya, evidentemente, tampoco y si ha ido a ver las inundaciones es para hacer creer a la gente que tiene memoria de pez -ya que de agua hablamos-, que ustedes, los socialistas hubieran resuelto la situación mejor. O quizá, señor Sánchez, para que nadie le recuerde que son ustedes, los socialistas, los que derogaron el Plan Hidrológico Nacional del último gobierno Aznar nada más llegar Zapatero -en tren de cercanías, ya usted sabe- a La Moncloa.

Y repito -como dije en la anterior entrada- que ignoro si aquél plan era bueno, malo o regular: lo que se es que ustedes lo derogaron sin establecer nada útil en contrapartida, y nada hicieron al respecto durante los casi ocho años que gobernaron.

O sea, señor Sánchez: que -sin que esto suponga la menor loa a don Mariano- usted estaría mas mono calladito y sin meterse en charcos. Y la prensa, tirando de hemeroteca.

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