Pero piense el Gobierno que si España se le va de entre las manos, no podrá escudarse tras de una excusable negligencia. Cuando la negligencia llega a ciertos límites y compromete ciertas cosas sagradas, ya se llama traición.

José Antonio Primo de Rivera.
(F.E., núm. 15, 19 de julio de 1934)

martes, 8 de noviembre de 2011

SIN COMENTARIOS.

Titular de El Mundo: El Rey suspende su agenda para evitar sobreesfuerzos en el tendón de Aquiles

* * *

Ángel Palomino, Caudillo:

Los médicos le prohíben tomar parte en el consejo del día 17 de octubre y responde que muchas gracias: ellos cumplen con su deber prohibiéndole asistir a la reunión, y el lo cumple presidiéndola.

Será mejor reproducir la escena tal como la cuenta el doctor Pozuelo:

-Su excelencia debe guardar reposo absoluto. No puede ir a presidir el consejo de ministros. Cualquier hombre de empresa obedecería a sus médicos.

Respondió:

-Pero yo no soy un hombre de empresa.

Vital Aza le interrumpió:

-Es que corremos un riesgo vital.

-¿Eso que quiere decir?

-Riesgo de vida, excelencia. Riesgo de vida si usted se levanta.

Intervine:

-Que el consejo se celebre en este dormitorio.

Me cortó:

-No. Es necesario que yo me siente en mi puesto. La enfermera propuso entonces una solución intermedia:

-Excelencia; le traigo una silla de ruedas y va en ella.

-Gracias, no. Tráigame el traje.

Le colocamos un monitor. Tratábamos con ello de controlar telemétricamente el electrocardiograma. Era absolutamente preciso conocer su ritmo cardiaco.

Me acerqué y le informe:

-Excelencia. Esto que lleva puesto es un monitor que nosotros estaremos vigilando desde una pantalla de televisión en una habitación contigua al salón del consejo. Si observamos una alteración importante no tendremos mas remedio que entrar. Esto sucederá si vemos signos de fibrilación ventricular. Si esto ocurre, que Dios no lo quiera, entraremos con un desfibrilador, le tenderemos y antes de treinta segundos procederemos a desfibrilarle, porque si no, se nos muere.

Por toda respuesta, dijo sonriente:

-Bien.

Sin decir otra palabra comenzó a andar hacia el despacho.

lunes, 7 de noviembre de 2011

SOBRE LA TUMBA DEL REY QUE NUNCA EXISTIÓ.

Según cuenta La Gaceta, Patrimonio Nacional prepara la tumba del difunto Conde de Barcelona como Juan III, como si don Juan de Borbón hubiera sido Rey de España.

Como todo el mundo sabe, el Panteón de los Reyes del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial está reservado a Reyes y a Reinas cuyo hijo haya reinado; lo cual hace evidente que no es el sitio que corresponde al señor de Borbón y Battemberg; pero este asunto no deja de ser cuestión de familia, y cada cual entierra a sus muertos donde quiere, o donde puede.

Lo que a mí me mueve a poner un puntito sobre esta minúscula "i", es el tratamiento que se pretende dar al difunto, enmascarándole con un ordinal que nunca tuvo, salvo en la imaginación calenturienta de cuatro monárquicos conspiradores de salón que, al final, vieron sus alucinaciones cumplidas porque el único monárquico de verdad que había en España era Franco.

Ya hace bastantes años -cuando Juan de Borbón falleció- escribí sobre el asunto. También he dicho alguna coseja de vez en vez -cuando los pelotas y los cretinos se han revolucionado más allá de la cuenta-; pero ahora les dejo con mi argumentación de hace la friolera de 18 años:

* * * * *

Por la gracia de Franco

LA NACION
NUMERO 81 - 28 DE ABRIL A 4 DE MAYO DE 1993

Nunca he sido antimonárquico. Ni «anti» nada. El ser «anti» supone que uno tiene que esperar a que el otro se defina para ponerse en contra.

Tampoco he sido nunca monárquico. Admiro la grandeza y la dignidad de la Monarquía española hasta Felipe II, el último Rey importante de nuestra Historia, aunque gobernase un imperio como si fuera un jefe de negociado. A partir de él, los demás reyes de España —que no es lo mismo que españoles— no nos han dejado más que palacios suntuosos, monumentos conmemorativos de sucesos sin grandeza, quintas de recreo cortesano y escándalos de alcoba. Motivo más que suficiente para que nadie en su sano juicio pretenda lanzar el ímpetu —no ya de la juventud, sino ni siquiera el de los viejos decrépitos— a la reconquista de una institución que José Antonio consideró fenecida, aunque añadiendo —en un alarde de generosidad— que «gloriosamente».

En resumen: que la monarquía nunca me ha dado frío ni calor; y si bien no voy a decir que me haya alegrado el óbito de don Juan de Borbón, tampoco voy a engañarme —ni a engañarles— escribiendo que lo he sentido profundamente, y Dios me perdone la falta de caridad cristiana. Menos aún voy, a estas alturas, a alterarme discutiendo si tal o cual persona de la familia real tiene o no derecho a ser enterrado en uno u otro panteón.

Sí voy a discutir, sin embargo —y hasta puede que se me alteren las teclas del ordenador— sobre el tratamiento protocolario dispensado al difunto pretendiente don Juan de Borbón, llamado en los actos fúnebres —con obvia impropiedad histórica— Juan III.

Comprendo los sentimientos filiales del rey don Juan Carlos, y que su íntimo deseo hubiera sido recibir la Corona de manos de su padre, al igual que el mío hubiera sido que mi padre viviera para —por ejemplo— leer estas líneas. Pero una cosa son los deseos y otra la realidad.

Y la realidad histórica es que los derechos y las legitimidades de la Corona de España los recogió —quién sabe en qué cuneta o en qué arcén de la carretera entre Madrid y Cartagena, donde los había dejado olvidados Alfonso XIII un 14 de abril— un hombre llamado Francisco Franco.

Un hombre ante el que todos los que ahora han llamado Juan III al pretendiente difunto, exhibían sus mejores sonrisas y simpatías; y si no doblaban el espinazo —untuosamente serviles— o lamían sus botas de guerrero triunfador, es porque Franco —más digno que todo eso— no toleraba semejantes bajezas en torno suyo. Intentar dar por no existidos los años que van de 1931 a 1975 es seguir el ejemplo del avestruz. Pensar que la Casa de Borbón hubiera vuelto a disfrutar la Corona de España por obra y gracia de los republicanos, radicales, socialistas y comunistas a los que Alfonso XIII entregó generosamente los destinos de España, es ridículo. Otra cosa es que, tras la derrota en la Guerra, pensaran que el hijo del Rey que había abandonado su Corona —con tal de reinar a cualquier precio— estaría dispuesto a darle el poder a los mismos que habían arrojado a su padre del trono. Conocidas son, a este respecto, las opiniones de Indalecio Prieto sobre don Juan de Borbón, en carta a un amigo suyo; y las de Santiago Carrillo sobre don Juan Carlos, en la famosa entrevista de Oriana Fallaci, que se recogen en el libro «Los papeles reservados de Emilio Romero». Opiniones que mi respeto por los muertos —por todos los muertos, no sólo los míos— me impide reproducir aquí en esta circunstancia.

En todo caso, lo único razonable es reconocer —con el Príncipe Segismundo de Calderón de la Barca— que «los sueños, sueños son». Y lo único razonable en lo tocante a la Corona de España —puesto que es lo único que ha ocurrido realmente, y está escrito en la Historia— es que don Juan Carlos de Borbón es Rey de España porque así lo proclamaron las Cortes, a propuesta de Francisco Franco.

Cuando falleció —en la cama de un hospital de la Seguridad Social que él había creado— el excelentísimo señor don Francisco Franco Bahamonde, Generalísimo de los Ejércitos —que así debe figurar, a perpetuidad, por orden del Rey don Juan Carlos I, en cabeza de todos los escalafones— la gente comentaba que, en las monedas que se fueran acuñando a partir de aquel momento, debería sustituirse la leyenda que declaraba a «Francisco Franco, Caudillo de España por la Gracia de Dios», por otra que proclamase a «Juan Carlos I, Rey de España por la gracia de Franco».

Otro tema es que, bastantes españoles, añadieran el exabrupto: «Pues vaya una gracia...»

LA MARSELLESA BUFA (por Arturo Robsy).

Allá va: Formez vos bataillons, Marchons, marchons, vers la libertée. ¡aux armes citoyens! En España la cantaron -los que podían- los rojelios que sabían un poquito. Mi abuela, de Primo de Rivera, la cantaba, como tantos, por contagio, fregando los platos, porque sonaba bien y lo propagaban las radios rojas.

Lo recuerdo porque los ciudadanos no van a las armas, no forman sus batallones ni van a salir a ninguna parte en estos momentos. Pero no está claro -por mucho que opriman-, si son los rojos o los liberales los que se enfanguen en formar batallones.

Palabras míticas que siguen intentando usar las gentes de ideas flojas. No hay Marsellesa: no hay Internacional. No hay pobres de la tierra, y por la famélica legión ningún mundo se interesa. Me pregunto cómo Verdi lo musicaría. "Non pensiero..." Cuántas inutilidades en el pensamiento que se pueden expresar con una simple frase: Doscientos años, o menos, negando no sólo verdades sino el hecho de que los hombres podemos decidir antes que los bancos, empezando por los Médicis.

O sea, el gran cambio inasequible fue la larga marcha hasta aquí. Que nos mande el dinero.

Y luego estuvo Manhattan.

Ser Miser o misérrimos.

Y este que lo es no quiere volverse a creer que las verdades son palabras repetidas, cuando ve que las guerras aumentan, como la miseria y la verdad se disipa.

Arturo ROBSY

domingo, 6 de noviembre de 2011

SOBRE UN ESTUDIO ALCOHÓLICO-SEXUAL.

Estudio realizado en la Universidad de Granada por doña Mónica Romero-Sánchez y don Jesús López Megías, que concluye -dice El Mundo- que un 28% de los universitarios españoles sigue recurriendo a conductas sexualmente coercitivas, como la de 'invitar a unas copas', para conseguir mantener relaciones sexuales con sus compañeras, dado que -continúa el estudio- "pese a que esta estrategia puede no ser considerada como una conducta explícita de agresión sexual, lo cierto es que conlleva un debilitamiento de la capacidad de las mujeres para resistirse a un contacto no consentido, facilitando que el agresor logre su objetivo".

Bien. Como no soy estudioso del alcohol, ni de la compraventa de contactos, me fío de la veracidad de los resultados del estudio. Incluso podría admitir que invitar a unas copas sea entendido como agresión, y que los que permiten los botellones sean considerados como cómplices.

Pero me surge una pregunta: a las mujeres cuya capacidad de resistirse a las intenciones sexuales con el alcohol, ¿las obligan a beber?

sábado, 5 de noviembre de 2011

SOBRE MAS Y MEJORES ARGUMENTOS ELECTORALES.

Los publicados por Javier Paredes, Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Alcalá, en Diario Ya, a quien no aplico el correspondiente don, porque es viejo conocido -ya que no personal, radiofónico y periodístico-, y de esta forma quiero significar la proximidad de pensamiento.

También yo lamento, como Javier Predes, no estar censado en Navarra, donde sí hay una candidatura a la que daría mi apoyo sin dudarlo. Y aquí traigo sus palabras, que explican mejor que las mías lo que yo le pido a un partido para votarle, y por qué no votaré.

(Y también por qué a mi, que no nací en tierra española, me hubiera gustado venir al mundo en Navarra. Pero esa es otra historia)

* * * * *

¡Ojala votase en Navarra!

Javier Paredes.

Podían ser diez que es un número bastante redondo, pero son once los motivos por los siento en el alma no estar empadronado en mi querida Navarra, para poder votar a la coalición que han formado Derecha Navarra y Española y Alternativa Española. Mis diez primeros motivos tienen que ver con los diez puntos de acuerdo de los partidos que acabo de citar. Así que vayamos por partes, expondré esas diez razones inspiradas en dicho acuerdo y, reservo para el final la exposición de la número once, que esa lechuga sí que es de mi huerto:

1º.- Por el derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte natural. Ese ha sido siempre mi pensamiento, desde que hace tantos años junto con otros amigos impulsé los movimientos provida en España, y de los que me he separado últimamente porque apestan a “Pepismo” y a subvención de la calle Génova. Les han domesticado. Así se han puesto de contentos los provida y profamilia del sistema, porque Rajoy va modificar la ley Aído, para que las menores tengan que pedir permiso a sus papás para abortar. Como si no supiéremos que en la mayoría de los casos las menores van a abortar, presionadas por sus padres. Además, ¿qué pretende Rajoy con esta medida… aumentar el número de cómplices en ese horrendo crimen? Porque no deja de ser un crimen abortar con permiso o sin permiso de papá y mamá.

2º.- Por la familia acorde al orden natural fundada por hombre y mujer y base de la sociedad. Después de todas las agresiones que ha sufrido la familia natural por parte de todos los partidos del Parlamento, no he encontrado en ningún programa una mejor definición. Yo lo que quiero para mí y los míos es lo que propone DNE y AES, lo que nada tiene que ver con las parejas homosexuales o las señoras, que por no tener o no querer con quién, se fecundan en un banco de semen, lo que por cierto es el método generalmente usado para la selección de la ganadería vacuna, ovina y porcina.

3º.- Por el derecho de los padres a decidir sobre la educación de sus hijos. Y la mejor manera que tenemos los padres para poder ejercer ese derecho es conquistar el cheque escolar y acabar con el sistema de convenios, que es lo que permite a los políticos tener cogidas por el cuello a las instituciones promotoras de los centros educativos. Si bien es cierto que algunas de esas instituciones interpretan el estrangulamiento como una caricia en el cuello, los padres que somos los paganos de la situación lo que queremos es respirar a pleno cheque escolar.

4º.- Por el bien común, contra la partitocracia y por la unidad de España. Totalmente de acuerdo y sin comentarios, porque si empiezo a glosar cada uno de estos conceptos, me sale un libro.

5º.- Control exhaustivo de la inmigración ilegal, desde un rechazo total al racismo y la xenofobia. No puedo este más de acuerdo en este punto, pues coincide con la doctrina social de la Iglesia. Además, así fuimos siempre los españoles, basta darse una vuelta por nuestra América Hispana, para ver que la mezcolanza que allí se produjo se basa en el polo opuesto del racismo y la xenofobia.

6º.- Eliminación de la Transitoria Cuarta de la Constitución española por ser una traición a Navarra y España. Fue la dichosa Transitoria Cuarta lo que provocó la fundación de Unión del Pueblo Navarro, a cuyo partido me afilié. Tuve uno de los primeros carnets de ese partido y pertenecí a su comité político, durante mi permanencia en Pamplona. Y lejos de Pamplona desde hace tantos años, permanezco en la misma idea de eliminar la Disposición Transitoria Cuarta de la Constitución.

7º.- Eliminación de subvenciones a los sindicatos y estudio profundo sobre su futuro como ente económico-social. Para mí que en este punto se han quedado un poco cortos, porque yo le quitaría también la subvención a los partidos políticos. Pero por algo se empieza y todo se andará.

8º.- Por una profunda regeneración política, sin complejos y clara. Y esa regeneración exige acabar con la concentración de los poderes y colocar a cada uno en su sitio o lo que es lo mismo: desconcentralos. Y no sólo me refiero a los tres consabidos poderes, clásicos, legislativo, ejecutivo y judicial, sino a todos los existentes como son el poder de la Prensa, de la Banca, de la Universidad… etc. De ningún modo puedo dar por válido, como ahora sucede de hecho, el lema fascista de “todo es política”, porque esa es la manera para que en España todas las decisiones del ámbito que sean –económicas, intelectuales, religiosas…- , tengan que ser sometidas a la aprobación de los jefes de los partidos políticos.

9º.- Por el final de los terroristas de ETA sin negociación, aplicando la máxima pena y con el cumplimiento pleno de ésta, sin aplicación posible de beneficios penitenciarios en ninguno de los casos. Amén.

10º.- Apoyo incondicional a las víctimas del terrorismo y de la violencia perpetrados por ETA y su entorno. Otro amén.

11º.- Y por último el próximo 20 me voy a quedar en casa –ni voto en blanco, ni monsergas- porque tengo que votar en Madrid, y no estoy dispuesto a apoyar con mi voto un retroceso de varias décadas en la conquista de libertad política de los católicos. Porque lo del voto del mal menor para el PP y la injusta marginación que padecen las partidos políticos que defienden los principios innegociables de Benedicto XVI han reinventado con el PP el partido único de los católicos, que para colmo presenta un programa antifamiliar y abortista. Por todo ello, repito, el día 20 me voy a abstener, pero con la pena y la nostalgia de no estar empadronado en Navarra, porque entonces votaría a la colación DNE-AES.

Javier Paredes

Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Alcalá y navarro, aunque no de nacimiento, desde luego de adopción y de todo corazón. ¡Aupa Navarra!

SOBRE LA INJURIA BARATA.

Un juzgado de Valencia -véase Público- ha condenado a un concejal de IU que se dice Amadeu Sanchis, a pagar 500 euros a España 2000, por daños morales y una falta de injurias, además de otros 150 euros de multa.

Para este rojo antediluviano, pues, el insulto, la descalificación, la injuria, la mentira, la discriminación por razón de pensamiento, sale a 650 eurillos que, a buen seguro, no es gran cosa comparada con el sueldo que tendrá a costa del erario público.

Mi sueldo, desde luego, no es como el que tendrá ese rojo de mierda; pero, por ese precio, me puedo permitir llamarle hijoputa cada cuatro o cinco meses.

SOBRE EL MITIN COMPARTIDO.

Titular de El País: Los dinosaurios españoles, a escena en Granada

Tal y como están las cosas, lo primero que se me ha venido a la mente es que Granada se verá favorecida con un mítin conjunto, donde don Alfredo Pérez, don Mariano Rajoy, don Cayo Lara, y algunos compinches más de tercera fila, harán a pachas la delicia de los asistentes.


viernes, 4 de noviembre de 2011

MI CAMPAÑA ELECTORAL.

Cuando en las lejanas elecciones generales de 1982, aquellas que ganó Felipe González -Felipe, capullo, queremos un hijo tuyo- más que por méritos propios por deméritos contrarios, todos estuvieron de acuerdo en afirmar que había sido un gran triunfo del sistema democrático, dada la alta participación.

Ni que decir tiene que, en la loa y alabanza de las bondades del sistema, tanto contaron los votos al triunfador PSOE, a la hundida UCD, a la probona AP o -como fue mi caso, y lo digo porque el voto secreto es un derecho, pero no un deber- a Solidaridad Española, partido creado exprofeso para que se presentara el Ilustrísimo señor D. Antonio Tejero Molina.

Lo bueno de ir sumando años -si es que tiene algo de bueno- es que uno acaba viendo muchas cosas y -al menos algunos- recordándolas. Mi recuerdo de aquellas elecciones que Calvo-Soltelo preparó para perderlas, es nítido en cuanto a la conclusión: participar es algo que le da réditos al sistema, que lo alimenta, lo amamanta y, al cabo, lo justifica. La no participación se puede leer de muchas formas; pero todas ellas, invariablemente, devienen en una interpretación: que no interesa el tinglado.

Llegados a este punto, mi duda ante unas elecciones siempre es la misma. No tengo nunca ninguna acerca de a quien votar, sino si merece la pena votar. ¿Hay en estas elecciones una candidatura que merezca dejar de lado el repudio al sistema?

Cuando la respuesta es afirmativa, voto; cuando es negativa, me niego a hacerme cómplice.

¿Voy a votar al PP que mantendrá la Ley del aborto, que legalizó en su anterior apoltronamiento la píldora abortiva del día siguiente, que financia abortos en clínicas concertadas, que mantendrá las autonomías como están, que propone adaptar el derecho de familia a las nuevas realidades sociales, que subvenciona a homosexuales para celebrar que están orgullosos de ofender a los que no lo somos, que va a terminar de definir al trabajador como simple mercancía?

¿Voy a votar al PSOE que se empeña en revivir la guerra civil que perdieron, y en ganarla por Decreto, que subvenciona a los Sindicatos para que traguen la crisis en silencio y buena armonía con el Gobierno; que hace apología del asesinato desde el BOE, con el aborto y la eutanasia; que baja sueldos y congela pensiones mientras los políticos se suben el sueldo y la cuantía de todas sus prebendas?

¿Voy a votar a los comunistas antediluvianos, que como modelo y guía tienen a Fidel Castro o a Hugo Chávez, y como ejemplos cualificados a los indignos quincemierderos?

¿Voy a votar a UPyD, que aprueba el aborto, que contempla la permanencia de la Educación para la Ciudadanía siempre que sea por consenso, como si lo bueno y lo malo fuera cuestión de votos?

Pues no; no voy a votar a ninguno de ellos.

En estas elecciones votad lo que os parezca menos malo. Pero no saldrá de ahí nuestra España, ni está ahí nuestro marco. Esa es una atmósfera turbia, ya cansada, como de taberna al final de una noche crapulosa.

José Antonio Primo de Rivera.
Discurso de la Fundación de Falange Española. (29 de octubre de 1933)

¿Hay ahora algo que sea menos malo? Creo que no, y la única forma de hacerlo saber es no participar en su fiesta tabernaria.

Puedo pecar por desinformación, y si alguien conoce una candidatura nacional que presente listas en Madrid y que se me haya pasado, le ruego me lo comunique.

Por supuesto, esta es mi opinión. No voy a censurar a nadie porque piense otra cosa y decida votar a unos o a otros, a los de acá o los de acullá. Cada uno es cada uno y tiene sus cadaunitos, que parafraseaba un antiguo compañero de Universidad a propósito de la sentencia orteguiana.

Pero yo, repito, no quiero ser cómplice.

(Véanse los argumentos, en este mismo sentido, del Catedrático Javier Paredes.)

jueves, 3 de noviembre de 2011

SOBRE QUIEN VA A GANAR.

Evidentemente, las elecciones.

Ya parece más que asumido por todo el mundo que va a ganar el PP. Al menos, si los trenes de cercanías no descarrilan la situación -cosa nada deseable, pero tampoco descartable-, o si no ocurre algún desaguisado achacable a la ultraderecha -tan socorrida en estos casos, y tan utilizada por quien sabe y puede-, que sería mucho más socorrido para don Alfredo y sus cuates.

Pero no trato de eso ahora. Hoy quiero tratar de las declaraciones de don José María Aznar, recogidas por El Mundo, que textualmente cita esta frase: yo creo que las van a ganar los buenos, es decir, los míos.

A primera vista, parece lógico que el señor Aznar considere preferible que ganen los suyos, y que piense que son los buenos. Sin embargo, nos da la clave de lo que muchos llevamos tiempo diciendo: que se identifica a los buenos con los míos. Esto es, que los míos son buenos por definición; porque son los míos. Hagan lo que hagan.

Ni se critica, ni se razona; se vota de acuerdo con el símbolo -floripondio, gavioto- que cada cual se haya grabado a fuego en la pezuña de meter la papeleta. Y como los míos son los buenos, lo que hagan y digan es bueno.

Ya puedo pensar que el aborto es un asesinato, que si los míos dicen que está bien en cuanto las menores de 16 años tengan que pedir permiso a papá, el asesinato estará bien. Ya puedo pensar que a ETA ni media concesión, que si los míos dicen que nada de diálogo, pero los presos a la cárcel más próxima a su casita, eso estará bien. Ya puedo pensar que -aunque lo dijera don Alfonso Guerra- las autonomías son un choteo y había que eliminarlas de plano, que si los míos necesitan pactar con los separatistas, eso es bueno. Si yo pienso que la familia es la familia, y lo demás son ganas de tocar las narices; pero los míos dicen que hay que adaptar las leyes a las nuevas realidades sociales -literal del programa del PP-, entonces benditos sean los matrimonios de homosexuales y bisexuales, y trisexuales.

Porque aquí -y este es el valor de la declaración del señor Aznar- nunca se piensa, ni se razona, ni se critica. Los míos son los buenos, y ya me pueden ir diciendo qué es lo que tengo que pensar.
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Evidentemente, de la parte sociata hay mucho que decir, pero no merece la pena. Lo primero, porque parece que van de cráneo. Lo segundo, porque si apareciese por aquí un votante socialista, no iba a ser yo quien le pudiera convencer de no hacerlo. Uno puede intentar razonar con quien razona, pero ya me considero incapaz de batallar contra los tópicos de los encefalogramas planos, definición que vale lo mismo para la mayoría de los del PP, conste. Y lo tercero, porque los votantes socialistas son más consecuentes, al menos con sus estereotipos, pero lo de los votantes peperos es de loquero de guardia.

Así es que, como anticipo de la campaña electoral -que comenzará mañana, pero cualquiera diría que llevamos meses en ella, por no decir siete años-, les confieso que para mi los del PP no son los buenos, y que esta vez no hay nada que merezca la pena, así es que pueden ir no contando conmigo en la mascarada.

Pacto de Derecha Navarra y Española y Alternativa Española en Navarra.

DERECHA NAVARRA Y ESPAÑOLA Y ALTERNATIVA ESPAÑOLA FIRMAN UN PACTO ELECTORAL PARA LAS PRÓXIMAS ELECCIONES GENERALES Y ELECCIONES MUNICIPALES PARCIALES EN NAVARRA DEL 20 N

Derecha Navarra y Española y Alternativa Española han firmado un pacto electoral con la finalidad de presentarse a las próximas elecciones legislativas al Congreso Senado y municipios navarros del 20 de noviembre.

Este pacto se constituye en la base común de la defensa de los denominados “principios no negociables” y principios ideológicos que ambas formaciones comparten y que se resumen en los siguientes puntos básicos programáticos:

· Por el derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte natural

· Por la familia acorde al orden natural fundada por hombre y mujer y base de la sociedad

· Por el derecho de los padres a decidir sobre la educación de sus hijos

· Por el bien común, contra la partitocracia y por la unidad de España.

· Control exhaustivo de la inmigración ilegal, desde un rechazo total al racismo y la xenofobia

· Eliminación de la Transitoria Cuarta de la Constitución española por ser una traición a Navarra y España.

· Eliminación de subvenciones a los sindicatos y estudio profundo sobre su futuro como ente económico-social.

· Por una profunda regeneración política, sin complejos y clara.

· Por el final de los terroristas de ETA sin negociación, aplicando la máxima pena y con el cumplimiento pleno de esta, sin aplicación posible de beneficios penitenciarios en ninguno de los casos.

· Apoyo incondicional a las víctimas del terrorismo y violencia perpetrado por ETA y su entorno.

La validez de este Pacto Electoral se circunscribe a esta finalidad electoral. Una vez finalizada la misma las partes estudiaran la continuidad o no de este pacto de colaboración y participación política común.

Las listas se conformaran bajo las siglas de Derecha Navarra y Española (DNE) y la elaboración de las mismas corresponderá a DNE. AES facilitará afiliados de su formación para la composición de tales listas. En los actos públicos y elementos de imagen de campaña aparecerán los logotipos de las dos formaciones.

Este Pacto Electoral queda abierto a todos aquellos partidos políticos que deseen sumarse al mismo siempre que se adhieran plenamente y sin condición o reserva alaguna.

Nieves Ciprés
Presidenta DNE

Rafael López-Diéguez
Secretario General AES

lunes, 31 de octubre de 2011

SOBRE EL ATAQUE DE LA "ULTRADERECHA".

Ataque a la página web del señor Rubalcaba, que el PSOE achaca, como era de esperar, a "la derecha más radical".

Véase Público o La Gaceta, para que no digan que no soy plural, ya que ambos periódicos dicen exactamente lo mismo, seguramente calcadito de la noticia de agencia..

Se justifican las fuentes del PSOE aduciendo que la derecha radical es la única que mantiene la teoría conspiratoria sobre el 11-M.

Es evidente que lo que los rojillos sociatas llaman ultraderecha, es el único sector de opinión que sigue pensando que el PSOE -inspirado por don Alfredo, según consta- cometió un acto subversivo de la legalidad vigente al montar sus algaradas en la jornada de reflexión. Al resto de los demócratas parece no importarles un carajo que los partidos políticos vulneren la Ley.

Pero, más allá de consideraciones sobre la querencia golpista de los demócratas -que nunca están contra un golpe de Estado si los que lo perpetran son los suyos-, hay un detalle que quiero comentar y -modestia aparte, porque ya lo avisé- recordar.

Y el detalle es que, al poco de hacerse pública la fecha de las elecciones, avisé de que a los sociatas les vendría muy bien cualquier cosa de la que pudieran culpar a la extrema derecha. Por aquello de tensionar, atendiendo al consejo de don Iñaki Gabilondo en desliz televisivo.

No se si la ultraderecha tendrá gente capaz de hackear páginas web. A mí, eso de meterse en un servidor y toquetearle los códigos me parece una cosa de magia, y por tanto me asombra y maravilla que haya quien lo haga.

Pero, a buen seguro -y si no, díganme para qué coño los tenemos- si hay quien sea capaz de hacerlo, deben ser los agentes de los Servicios Secretos, llámese Presidencia del Gobierno, CESID o CNI.

Ojo, amigos y camaradas, que empieza la campaña paraelectoral.

domingo, 30 de octubre de 2011

SOBRE EL TONTO.

Que si, que lo se, que tontos hay muchos; que si los tontos volaran, no veríamos el sol; que si los tontos fueran escarabajos peloteros, moverían el mundo sin el punto de apoyo de Arquímedes.

Según dice La Gaceta, Patxi López ha lamentado que, tras el anuncio de ETA, los nacionalistas estén desempolvando "sus obsesiones particulares" como el "derecho a decidir, Navarra o la autodeteminación".

En serio: ¿alguien puede ser tan tonto como para imaginar que los separatistas baskos -que no es igual que vascos- van a renunciar a exigir la independencia, aunque su Euskadi nunca existió más que en las indigestiones de Sabino Arana?. ¿Alguien puede ser tan tonto como para creer que van a renunciar a la anexión de Navarra y, si cae, de Rioja y un cacho de Cantabria? ¿Alguien puede ser tan tonto como para engañarse sobre los objetivos de los separatistas-terroristas? ¿Alguien puede ser tan tonto como para imaginarse que ahora, precisamente ahora que les han abierto las puertas de las Instituciones, van a dejar de pedir lo que han pedido desde siempre?

Pues si, hay alguien así de tonto: Pachi López.

Pachi, hijo, si llegas a ser más tonto, naces gamusino.

sábado, 29 de octubre de 2011

SOBRE OTRO COMENTARIO, Y EL 29 DE OCTUBRE.

Pero en un plan distinto al de la última, porque en el presente caso se trata de un planteamiento puesto en razón, y que indica dos líneas interesantes. El comentario dice:

* * * * *

Ocón dijo...

No es este el mejor lugar para decirlo, imagino, pero yo estoy encantado de haber apoyado y votado a UPyD estos años, desde que existen.

No veo ni las derechas que no ve el autor ni las izquierdas que exhiben tantos.

Veo política/basura, mentiras, traición,...

Y, hasta hoy, UPyD ha dicho (¡y ha hecho!) lo que a mí me gustaría que se dijera y se hiciera.

Es verdad que soy un inculto en general y con respecto a falange, José Antonio y nacionalsindicalismo solo sé lo que he 'aprendido' estos dos últimos años y casi todo en este sitio de Rafael y algunos otros.

¿Por qué no hay un partido que aglutine ese pensamiento y esas virtudes que apenas puedo intuir?

¿O por qué 'no sabemos nada' de ellos/vosotros?

¿Por qué no se entra en el juego, asqueroso pero obligatorio, para hacerse oír, para ayudar desde 'dentro' de este -horrible- sistema?

Y si hay otra manera ¿por qué no se pone en marcha ya?

* * * * *

En primer lugar, Carlos, en este sitio se puede decir lo que se quiera cuando -como es tu caso- se dice con buenas maneras y con buenas razones. Nadie, aquí, te va a censurar, ni te va a mirar mal, ni te va a retirar el saludo, por decir que has votado a UPyD y que te sientes satisfecho de ello.

Lo que a mi me gustaría, es que todo el mundo votase a lo que realmente le gusta; que se votara a favor de unas ideas, o de unas personas; y no, como se hace aquí, en contra de otros. En España la democracia liberal consiste en alabar cualquier cosa que haga el propio, y en denigrar todo lo que haga el contrario. Los socialistas votan contra la derecha; los peperos votan contra los socialistas. Y a ninguno de ellos le importa lo que diga o haga el suyo. Bien está lo que haga Rajoy para el votante del PP; bien está lo que ha hecho Zapatero para el votante del PSOE. Y en ello seguirán, porque aquí son "anti". Y el ser "anti" obliga a estar pendiente del adversario, para ponerse en contra.

En fin: que si has votado UPyD porque te gustaba su programa, y estás satisfecho del resultado de tu voto, me alegro por ti. Eres uno de los pocos españoles conscientes que pueden decir algo así.

Yo no he votado a UPyD, ni lo haré, porque aunque estoy de acuerdo en algunas cosas, difiero radicalmente en otras. Por ejemplo, UPyD se muestra a favor del aborto, de dar carácter de matrimonio a las uniones homosexuales, porque se muestra a favor de la Educación para la Ciudadanía siempre que se consensúe el contenido; porque propugna la retirada de los símbolos religiosos, poniendo en pie de igualdad lo que ha forjado nuestra cuivilización Occidental y lo que la está destruyendo; porque, aunque dice que ya está bien de remover el pasado, no se sitúa frontalmente en contra de la Ley de Memoria Histórica, que es una Ley para imponer la ucronía por Decreto.

UPyD tiene un sentido de España puramente jurídico y administrativo. Pero España es mucho más que un Estado y una Administración. Ser español no es tener un DNI -esa fue la propaganda del UPyD en las últimas generales-, sino mucho más. España es una unidad de destino en lo universal, y ser español es una de las pocas cosas serias que se pueden ser en el mundo.

¿Por qué no hay un partido que aglutine a los que pensamos más o menos de igual forma? Espléndida pregunta, que no se contestar. ¿Por qué no dejamos atrás las cuatro diferencias que pueda haber, y proyectamos hacia el futuro las enormes coincidencias? ¿Por qué seguimos cada tres o cuatro montando un chiringuito propio, y en permanente controversia con todos los demás?

Bien me gustaría saberlo. Bien me gustaría que cada uno de los grupos nos explicara qué encuentra inadmisible en todos los demás. Bien me gustaría poder pensar que hay diferencias ideológicas marcadas, en vez de creer, como creo, que lo que marca las distancias son los personalismos. No sólo de los dirigentes, sino también de los subordinados. Cada uno se considera depositario de las más puras esencias, y tacha de contaminación al resto.

De todas formas, todos los grupos más o menos similares intentan abrise camino en el conocimiento público. Pero el público no presta oídos más que a los que piensa que pueden ganar. ¿Por qué los votantes del PP, que en buena proporción parecen estar contra el aborto, contra la eutanasia, contra la disolución de España, contra el terrorismo, contra el despilfarro, contra unos políticos convertidos en casta cerrada, contra la inmigración ilegal, contra la impunidad de los delincuentes, contra la desfachatez de los separatismos, vota al PP? ¿Por qué no ha votado -citaré, puesto que ha sido mi opción en las últimas convocatorias electorales- a Alternativa Española?

Nosotros -me meto, aunque no soy militante de ningún grupo ni lo seré mientras no haya propuestas de unidad- hacemos lo que podemos, y tenemos la culpa de la dispersión en nuestra mochila; pero el ciudadano votante y responsable elige la mierda y se la traga con fruición.

En esta próxima ocasión, el ciudadanito lo tiene más fácil: los dos partidos que tienen marcados a fuego en el anca a los votantes, han impedido que se presenten otros. Se ha cerrado el círculo de la oligarquía, y sólo la casta política establecida puede expresarse.

No creo tu afirmación de que seas un inculto. Ni mucho menos. Puede ser que no conozcas mucho de la ideología Nacionalsindicalista, porque para ello no se dan demasiadas facilidades hoy día. Por lo que a mí respecta, lo que escribo intento -en la medida de mi capacidad- hacerlo desde este ideario; pero no deja de ser un desahogo personal, centrado en la actualidad y no en la difusión de un pensamiento. No soy un ideólogo, en suma.

Para conocer el pensamiento Nacionalsindicalista, la única forma es leer a José Antonio. Para quien guste, aquí ofrezco un enlace a sus obras completas.

Y, como da la casualidad de que este debate se ha suscitado en torno al 29 de Octubre, aquí dejo el Discurso Fundacional de la Falange:

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DISCURSO DE LA FUNDACION DE FALANGE ESPAÑOLA

(Discurso pronunciado en el Teatro de la Comedia de Madrid, el día 29 de octubre de 1933)


Nada de un párrafo de gracias. Escuetamente, gracias, como corresponde al laconismo militar de nuestro estilo.

Cuando, en marzo de 1762, un hombre nefasto, que se llamaba Juan Jacobo Rousseau, publicó El contrato social, dejó de ser la verdad política una entidad permanente. Antes, en otras épocas más profundas, los Estados, que eran ejecutores de misiones históricas, tenían inscritas sobre sus frentes, y aun sobre los astros, la justicia y la verdad. Juan Jacobo Rousseau vino a decirnos que la justicia y la verdad no eran categorías permanentes de razón, sino que eran, en cada instante, decisiones de voluntad.

Juan Jacobo Rousseau suponía que el conjunto de los que vivimos en un pueblo tiene un alma superior, de jerarquía diferente a cada una de nuestras almas, y que ese yo superior está dotado de una voluntad infalible, capaz de definir en cada instante lo justo y lo injusto, el bien y el mal. Y como esa voluntad colectiva, esa voluntad soberana, sólo se expresa por medio del sufragio –conjetura de los más que triunfa sobre la de los menos en la adivinación de la voluntad superior–, venía a resultar que el sufragio, esa farsa de las papeletas entradas en una urna de cristal, tenía la virtud de decirnos en cada instante si Dios existía o no existía, si la verdad era la verdad o no era la verdad, si la Patria debía permanecer o si era mejor que, en un momento, se suicidase.

Como el Estado liberal fue un servidor de esa doctrina, vino a constituirse no ya en el ejecutor resuelto de los destinos patrios, sino en el espectador de las luchas electorales. Para el Estado liberal sólo era lo importante que en las mesas de votación hubiera sentado un determinado número de señores; que las elecciones empezaran a las ocho y acabaran a las cuatro; que no se rompieran las urnas. Cuando el ser rotas es el más noble destino de todas las urnas. Después, a respetar tranquilamente lo que de las urnas saliera, como si a él no le importase nada. Es decir, que los gobernantes liberales no creían ni siquiera en su misión propia; no creían que ellos mismos estuviesen allí cumpliendo un respetable deber, sino que todo el que pensara lo contrario y se propusiera asaltar el Estado, por las buenas o por las malas, tenía igual derecho a decirlo y a intentarlo que los, guardianes del Estado mismo a defenderlo.

De ahí vino el sistema democrático, que es, en primer lugar, el más ruinoso sistema de derroche de energías. Un hombre dotado para la altísima función de gobernar, que es tal vez la más noble de las funciones humanas, tenía que dedicar el ochenta, el noventa o el noventa y cinco por ciento de su energía a sustanciar reclamaciones formularias, a hacer propaganda electoral, a dormitar en los escaños del Congreso, a adular a los electores, a aguantar sus impertinencias, porque de los electores iba a recibir el Poder; a soportar humillaciones y vejámenes de los que, precisamente por la función casi divina de gobernar, estaban llamados a obedecerle; y si, después de todo eso, le quedaba un sobrante de algunas horas en la madrugada, o de algunos minutos robados a un descanso intranquilo, en ese mínimo sobrante es cuando el hombre dotado para gobernar podía pensar seriamente en las funciones sustantivas de Gobierno.

Vino después la pérdida de la unidad espiritual de los pueblos, porque como el sistema funcionaba sobre el logro de las mayorías, todo aquel que aspiraba a ganar el sistema ,tenía que procurarse la mayoría de los sufragios. Y tenía que procurárselos robándolos, si era preciso, a los otros partidos, y para ello no tenía que vacilar en calumniarlos, en verter sobre ellos las peores injurias, en faltar deliberadamente a la verdad, en no desperdiciar un solo resorte de mentira y de envilecimiento. Y así, siendo la fraternidad uno de los postulados que el Estado liberal nos mostraba en su frontispicio, no hubo nunca situación de vida colectiva donde los hombres injuriados, enemigos unos de otros, se sintieran menos hermanos que en la vida turbulenta y desagradable del Estado liberal.

Y, por último, el Estado liberal vino a depararnos la esclavitud económica, porque a los obreros, con trágico sarcasmo, se les decía: "Sois libres de trabajar lo que queráis; nadie puede compeleros a que aceptéis unas u otras condiciones; ahora bien: como nosotros somos los ricos, os ofrecemos las condiciones que nos parecen; vosotros, ciudadanos libres, si no queréis, no estáis obligados a aceptarlas; pero vosotros, ciudadanos pobres, si no aceptáis las condiciones que nosotros os impongamos, moriréis de hambre, rodeados de la máxima dignidad liberal". Y así veríais cómo en los países donde se ha llegado a tener Parlamentos más brillantes e instituciones democráticas más finas, no teníais más que separamos unos cientos de metros de los barrios lujosos para encontramos con tugurios infectos donde vivían hacinados los obreros y sus familias, en un límite de decoro casi infrahumano. Y os encontraríais trabajadores de los campos que de sol a sol se doblaban sobre la tierra, abrasadas las costillas, y que ganaban en todo el año, gracias al libre juego de la economía liberal, setenta u ochenta jornales de tres pesetas.

Por eso tuvo que nacer, y fue justo su nacimiento (nosotros no recatamos ninguna verdad), el socialismo. Los obreros tuvieron que defenderse contra aquel sistema, que sólo les daba promesas de derechos, pero no se cuidaba de proporcionarles una vida justa.

Ahora, que el socialismo, que fue una reacción legítima contra aquella esclavitud liberal, vino a descarriarse, porque dio, primero, en la interpretación materialista de la vida y de la Historia; segundo, en un sentido de represalia; tercero, en una proclamación del dogma de la lucha de clases.

El socialismo, sobre todo el socialismo que construyeron, impasibles en la frialdad de sus gabinetes, los apóstoles socialistas, en quienes creen los pobres obreros, y que ya nos ha descubierto tal como eran Alfonso García Valdecasas; el socialismo así entendido, no ve en la Historia sino un juego de resortes económicos: lo espiritual se suprime; la Religión es un opio del pueblo; la Patria es un mito para explotar a los desgraciados. Todo eso dice el socialismo. No hay más que producción, organización económica. Así es que los obreros tienen que estrujar bien sus almas para que no quede dentro de ellas la menor gota de espiritualidad.

No aspira el socialismo a restablecer una justicia social rota por el mal funcionamiento de los Estados liberales, sino que aspira a la represalia; aspira a llegar en la injusticia a tantos grados más allá cuantos más acá llegaran en la injusticia los sistemas liberales.

Por último, el socialismo proclama el dogma monstruoso de la lucha de clases; proclama el dogma de que las luchas entre las clases son indispensables, y se producen naturalmente en la vida, porque no puede haber nunca nada que las aplaque. Y el socialismo, que vino a ser una crítica justa del liberalismo económico, nos trajo, por otro camino, lo mismo que el liberalismo económico: la disgregación, el odio, la separación, el olvido de todo vínculo de hermandad y de solidaridad entre los hombres.

Así resulta que cuando nosotros, los hombres de nuestra generación, abrimos los ojos, nos encontramos con un mundo en ruina moral, un mundo escindido en toda suerte de diferencias; y por lo que nos toca de cerca, nos encontramos en una España en ruina moral, una España dividida por todos los odios y por todas las pugnas. Y así, nosotros hemos tenido que llorar en el fondo de nuestra alma cuando recorríamos los pueblos de esa España maravillosa, esos pueblos en donde todavía, bajo la capa más humilde, se descubren gentes dotadas de una elegancia rústica que no tienen un gesto excesivo ni una palabra ociosa, gentes que viven sobre una tierra seca en apariencia, con sequedad exterior, pero que nos asombra con la fecundidad que estalla en el triunfo de los pámpanos y los trigos. Cuando recorríamos esas tierras y veíamos esas gentes, y las sabíamos torturadas por pequeños caciques, olvidadas por todos los grupos, divididas, envenenadas por predicaciones tortuosas, teníamos que pensar de todo ese pueblo lo que él mismo cantaba del Cid al verle errar por campos de Castilla, desterrado de Burgos:

¡Dios, qué buen vasallo si oviera buen señor!

Eso vinimos a encontrar nosotros en el movimiento que empieza en ese día: ese legítimo soñar de España; pero un señor como el de San Francisco de Borja, un señor que no se nos muera. Y para que no se nos muera, ha de ser un señor que no sea, al propio tiempo, esclavo de un interés de grupo ni de un interés de clase.

El movimiento de hoy, que no es de partido, sino que es un movimiento, casi podríamos decir un antipartido, sépase desde ahora, no es de derechas ni de izquierdas. Porque en el fondo, la derecha es la aspiración a mantener una organización económica, aunque sea injusta, y la izquierda es, en el fondo, el deseo de subvertir una organización económica, aunque al subvertiría se arrastren muchas cosas buenas. Luego, esto se decora en unos y otros con una serie de consideraciones espirituales. Sepan todos los que nos escuchan de buena fe que estas consideraciones espirituales caben todas en nuestro movimiento; pero que nuestro movimiento por nada atará sus destinos al interés de grupo o al interés de clase que anida bajo la división superficial de derechas e izquierdas.

La Patria es una unidad total, en que se integran todos los individuos y todas las clases; la Patria no puede estar en manos de la clase más fuerte ni del partido mejor organizado. La Patria es una síntesis trascendente, una síntesis indivisible, con fines propios que cumplir; y nosotros lo que queremos es que el movimiento de este día, y el Estado que cree, sea el instrumento eficaz, autoritario, al servicio de una unidad indiscutible, de esa unidad permanente, de esa unidad irrevocable que se llama Patria.

Y con eso ya tenemos todo el motor de nuestros actos futuros y de nuestra conducta presente, porque nosotros seríamos un partido más si viniéramos a enunciar un programa de soluciones concretas. Tales programas tienen la ventaja de que nunca se cumplen. En cambio, cuando se tiene un sentido permanente ante la Historia y ante la vida, ese propio sentido nos da las soluciones ante lo concreto, como el amor nos dice en qué caso debemos reñir y en qué caso nos debemos abrazar, sin que un verdadero amor tenga hecho un mínimo programa de abrazos y de riñas.

He aquí lo que exige nuestro sentido total de la Patria y del Estado que ha de servirla.

Que todos los pueblos de España, por diversos que sean, se sientan armonizados en una irrevocable unidad de destino.

Que desaparezcan los partidos políticos. Nadie ha nacido nunca miembro de un partido político; en cambio, nacemos todos miembros de una familia; somos todos vecinos de un Municipio; nos afanamos todos en el ejercicio de un trabajo. Pues si ésas son nuestras unidades naturales, si la familia y el Municipio y la corporación es en lo que de veras vivimos, ¿para qué necesitamos el instrumento intermediario y pernicioso de los partidos políticos, que, para unimos en grupos artificiales, empiezan por desunimos en nuestras realidades auténticas?

Queremos menos palabrería liberal y más respeto a la libertad profunda del hombre. Porque sólo se respeta la libertad del hombre cuando se le estima, como nosotros le estimamos, portador de valores eternos; cuando se le estima envoltura corporal de un alma que es capaz de condenarse y de salvarse. Sólo cuando al hombre se le considera así, se puede decir que se respeta de veras su libertad, y más todavía si esa libertad se conjuga, como nosotros pretendemos, en un sistema de autoridad, de jerarquía y de orden.

Queremos que todos se sientan miembros de una comunidad seria y completa; es decir, que las funciones a realizar son muchas: unos, con el trabajo manual; otros, con el trabajo del espíritu; algunos, con un magisterio de costumbres y refinamientos. Pero que en una comunidad tal como la que nosotros apetecernos, sépase desde ahora, no debe haber convidados ni debe haber zánganos.

Queremos que no se canten derechos individuales de los que no pueden cumplirse nunca en casa de los famélicos, sino que se dé a todo hombre, a todo miembro de la comunidad política, por el hecho de serio, la manera de ganarse con su trabajo una vida humana, justa y digna.

Queremos que el espíritu religioso, clave de los mejores arcos de nuestra Historia, sea respetado y amparado como merece, sin que por eso el Estado se inmiscuya en funciones que no le son propias ni comparta –como lo hacía, tal vez por otros intereses que los de la verdadera Religión– funciones que sí le corresponde realizar por sí mismo.

Queremos que España recobre resueltamente el sentido universal de su cultura y de su Historia.

Y queremos, por último, que si esto ha de lograrse en algún caso por la violencia, no nos detengamos ante la violencia. Porque, ¿quién ha dicho –al hablar de "todo menos la violencia"– que la suprema jerarquía de los valores morales reside en la amabilidad? ¿Quién ha dicho que cuando insultan nuestros sentimientos, antes que reaccionar como hombres, estamos obligados a ser amables? Bien está, sí, la dialéctica como primer instrumento de comunicación. Pero no hay más dialéctica admisible que la dialéctica de los puños y de las pistolas cuando se ofende a la justicia o a la Patria.

Esto es lo que pensamos nosotros del Estado futuro que hemos de afanamos en edificar.

Pero nuestro movimiento no estaría del todo entendido si se creyera que es una manera de pensar tan sólo; no es una manera de pensar: es una manera de ser. No debemos proponemos sólo la construcción, la arquitectura política. Tenemos que adoptar, ante la vida entera, en cada uno de nuestros actos, una actitud humana, profunda y completa. Esta actitud es el espíritu de servicio y de sacrificio, el sentido ascético y militar de la vida. Así, pues, no imagine nadie que aquí se recluta para ofrecer prebendas; no imagine nadie que aquí nos reunimos para defender privilegios. Yo quisiera que este micrófono que tengo delante llevara mi voz hasta los últimos rincones de los hogares obreros, para decirles: sí, nosotros llevamos corbata; sí, de nosotros podéis decir que somos señoritos. Pero traemos el espíritu de lucha precisamente por aquello que no nos interesa como señoritos; venimos a luchar porque a muchos de nuestras clases se les impongan sacrificios duros y justos, y venimos a luchar por que un Estado totalitario alcance con sus bienes lo mismo a los poderosos que a los humildes. Y así somos, porque así lo fueron siempre en la Historia los señoritos de España. Así lograron alcanzar la jerarquía verdadera de señores, porque en tierras lejanas, y en nuestra Patria misma, supieron arrostrar la muerte y cargar con las misiones más duras, por aquello que precisamente, como a tales señoritos, no les importaba nada.

Yo creo que está alzada la bandera. Ahora vamos a defenderla alegremente, poéticamente. Porque hay algunos que frente a la marcha de la revolución creen que para aunar voluntades conviene ofrecer las soluciones más tibias; creen que se debe ocultar en la propaganda todo lo que pueda despertar una emoción o señalar una actitud enérgica y extrema. ¡Qué equivocación! A los pueblos no los han movido nunca más que los poetas, y ¡ay del que no sepa levantar, frente a la poesía que destruye, la poesía que promete!

En un movimiento poético, nosotros levantaremos este fervoroso afán de España; nosotros nos sacrificaremos; nosotros renunciaremos, y de nosotros será el triunfo, triunfo que –¿para qué os lo voy a decir?– no vamos a lograr en las elecciones próximas. En estas elecciones votad lo que os parezca menos malo. Pero no saldrá de ahí nuestra España, ni está ahí nuestro marco. Esa es una atmósfera turbia, ya cansada, como de taberna al final de una noche crapulosa. No está ahí nuestro sitio. Yo creo, sí, que soy candidato; pero lo soy sin fe y sin respeto. Y esto lo digo ahora, cuando ello puede hacer que se me retraigan todos los votos. No me importa nada. Nosotros no vamos a ir a disputar a los habituales los restos desabridos de un banquete sucio. Nuestro sitio está fuera, aunque tal vez transitemos, de paso, por el otro. Nuestro sitio está al aire libre, bajo la noche clara, arma al brazo, y en lo alto, las estrellas. Que sigan los demás con sus festines. Nosotros fuera, en vigilancia tensa, fervorosa y segura, ya presentimos el amanecer en la alegría de nuestras entrañas.










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