Pero piense el Gobierno que si España se le va de entre las manos, no podrá escudarse tras de una excusable negligencia. Cuando la negligencia llega a ciertos límites y compromete ciertas cosas sagradas, ya se llama traición.

José Antonio Primo de Rivera.
(F.E., núm. 15, 19 de julio de 1934)

martes, 27 de agosto de 2013

SOBRE LA REFORMA DE GALLARDÓN.

Reforma del Código Penal, que al parecer se centra en dar gusto -con perdón- a los fiscales progresistas de los que hablé hace unos días; a los jueces progresistas, a los gilipollas progresistas -disculpen, lo sé, es una tautología- y a los canallas a granel.

El caso es que don Alberto Ruiz Gallardón no se centra en perseguir la corrupción de los partidos políticos, ni de los sindicatos -¿hace falta decir políticos?-, ni de la banca, ni de las autonomías, diputaciones, ayuntamientos, aldeas y retretes con banda de música y banderilla propia. Don Alberto no se centra en que los asesinos cumplan sus penas; en que los delincuentes no puedan salir de la cárcel a delinquir en vacaciones o fines de semana; en que los paidófilos y violadores no puedan repetir sus hazañas durante las décadas que la Ley determine en manera proporcional a sus culpas.

Don Alberto no se centra en penalizar como corresponde la no tenencia de documentación válida de los inmigrantes ilegales; esto es en la misma medida que se penaliza a los autóctonos, para los que no tener el DNI a mano si lo pide la Policía puede ser un lío.

No se centra don Alberto en que los conductores borrachos y con el carnet de conducir retirado que causan muertes, paguen como determine la ley, sin indultos digitales, prevaricadores y, posiblemente, cohechistas.

No se centra don Alberto en garantizar para todos el derecho fundamental de la vida, ni la igualdad ante la Ley con independencia de los órganos genitales que a cada cual correspondan, de forma que si es delito darle una colleja a la mujer, también lo sea mesar los cabellos al marido. 

Y menos aún se centra don Alberto Ruiz Gallardón en defender la libertad de expresión, que consagra el artículo 20 de la Constitución; ese cuyo primer apartado figura en mi cabecera, para advertencia de fiscales, jueces y ministros totalitarios.

No; don Alberto se centra en perseguir la apología del fascismo, el nazismo y -a poco que se le rasque- la Ley de la Gravedad. Así -vean la noticia en Alerta Digital- el señor Ministro Gallardón ha conseguido el apoyo unánime de todos los partidos para que en la reforma del Código Penal -según afirma un barandilla de los fiscales progres-, “la simple manifestación pública de actitudes fascistas tendrá una repercusión penal sobre estos individuos”.

Como los fiscales progres, los jueces progres, los giliprogres en general, no tienen ni idea de nada, carecen de razones y sólo degluten tópicos, está claro que la reforma de Gallardón pretende perseguir -el mismo barandilla de los fiscales progres lo cita- a quien se atreva a ondear la bandera de España que los necios llaman franquista porque lleva el escudo de los Reyes Católicos. O sea, y para entendernos: la misma que aquí, en mi cabecera, pueden ver los lectores, los fiscales giliprogres y el ministro Gallardón. 

Es de suponer que el Ministro Gallardón conocerá muy bien esa bandera, pues a buen seguro en casa de su propio suegro debe haber alguna, si no en presencia viva, en multitud de fotos que José Utrera Molina, falangista que no cambia de bandera y, por tanto, camarada al que respeto y admiro, tendrá como testigos de una vida al servicio de una España mejor. También es de suponer que Gallardón estará pensando en el indulto que habrá de conceder a su hijo, que escribió un prólogo apologético del libro de su citado abuelo.

También permitirá la reforma, por ejemplo, que a quienes gustamos de saludarnos con el brazo en alto y la mano abierta -cosa que viene desde la antigua Roma que nos dejó, entre otras muchas cosas, la Lengua y el Derecho; pero que hay quien afirma que los romanos aprendieron de los hispanos- nos metan un paquete. Cuestión peligrosa, que puede convertir en heroicidad cuestiones tan habituales como saludar a un amigo que camina por la acera contraria -no necesariamente la de en medio-, llamar un taxi o agradecer a otro conductor que nos ceda el paso. 

Por contra el señor Gallardón, los señores fiscales progresistas, los señores jueces progresistas, los señores políticos progresistas, los señores idiotas progresistas, no prevén la menor sanción a quienes se manifiesten con banderas que no sólo lleven un escudo que no es el vigente legalmente -aunque la Constitución si lo tenga como bueno-, sino que son manifiestamente ilegales, inconstitucionales y, si me apuran, prehistóricas, como son las banderas de la Segunda República, tan profusamente exhibidas por comunistas, socialistas, quincemierdas y gorrinos en general. 

Ni que decir tiene, don Alberto y sus congéneres pijoprogres no contemplan punible lo de levantar el puño cerrado, actitud evidentemente amenazadora en toda cultura, todo lugar y todo tiempo, especialmente desde que los seguidores de Carlos Marx lo instituyeron para avisar de lo que le esperaba a quien se opusiera al totalitarismo de los revolucionarios de salón que usaban la canalla -palabras dirigidas por Marx a Engels- para comprobar sus doctrinas.

Y mucho menos se estipula como delito la apología de la guerra santa musulmana, ni las santas costumbres islamistas que predican sus imanes, como lo de sacudir a la coima -con lecciones especiales para que no queden señales-, el asesinato de las muchachitas que pretendan casarse con un no mahometano, o de las que se nieguen a casarse a los diez años con un desconocido.

Tampoco parece interesado el nuevo Código Penal de Gallardón en perseguir la apología de mas genocidio que el de los judíos en la GMII. Así, parecen quedar legalizados los genocidios por razones eugenésicas -los llamados bebés medicamento, por ejemplo, para cuya consecución deben morir muchos embriones viables hasta hallar el que sirva-; por razones hembristas -nosotras parimos, nosotras decidimos; y al hijo de este señor que me fecundó que me lo quiten de dentro, que me estorba-; o por razón del odio a los diferentes -niños con enfermedades-. 

¿Puede desprenderse de esta reforma gallardoniana que entramos decididamente en el camino del totalitarismo marxista, con unas gotitas de islamismo? 

Pues no; si miramos los detalles de la reforma del Código Penal de don Alberto Ruiz Gallardón, aún podemos tener esperanzas. Porque incluye a los que “fomenten, promuevan o inciten directa o indirectamente” al odio por motivos ideológicos, racistas, de religión u orientación sexual, entre otros.

Esto, con la letra del Código en la mano, implica que a los señores fiscales progresistas les esperan de uno a tres años de cárcel si me vienen a tocar las narices por mi ideología Nacionalsindicalista; que a los simpáticos inmigrantes de color -negro- les caerán de uno a tres años si nos vienen a jorobar a los blancos; que los amables musulmanes verán varios años las hermosas filigranas de las rejas si nos dan la murga con sus comidas especiales en los centros públicos -hospitales, colegios, cárceles-; que los homosexuales de los tres sexos se las entenderán con la ley si nos exhiben sus gustos por las calles...

Es más: significa que los blancos, católicos y heterosexuales tendremos, por fin, la protección que la Ley -o al menos su práctica- nos ha negado desde hace décadas.

Y no; no estoy borracho. Para tajada aparente -entiéndame bien, señor fiscal: apariencia de tajada- la del señor Gallardón en cierta ocasión inmortalizada en la tele, que pueden ustedes contemplar pulsando sobre la imagen o siguiendo este enlace.

Así es como se hacen las reformas legales en esta memocracia.

miércoles, 21 de agosto de 2013

SOBRE LOS FISCALES PROGRESISTAS Y SU APOLOGÍA DE LA GILIPOLLEZ.

Ustedes ya saben -y si no lo saben, se lo digo- que progre y gilipollas viene a ser lo mismo. Hay gilipollas que no son progres, porque de todo ha de haber, y en las mejores familias sale un papanatas; pero no conozco un solo caso de progre que no sea gilipollas.
 
Si la afirmación les parece exagerada, tengan la bondad de comprobar la noticia que daba ayer Público -claro ejemplo de lo que les digo- sobre una llamada unión progresista de fiscales, que estudia denunciar los gestos fascistas de miembros y dirigentes de Nuevas Generaciones (NNGG) que han salido a la luz en los últimos días, para advertir de que el "auge" de estos comportamientos "no son una cosa trivial", según ha informado el presidente de esta organización, Álvaro García." Advierte, además, "que los actos de apología nazi y fascista "son delictivos" y "deben ser perseguidos por la Fiscalía y debidamente sancionados".
 
A mi -Nacionalsindicalista desde poco después de la muerte de Franco- me importa una higa lo que hagan o dejen de hacer las Nuevas Generaciones del PP. Según lo veo, y creo no errar en un buen porcentaje, son jovenzuelos que o no saben lo que hacen, o no saben donde están, o ambas cosas, que no hay que poner puertas al campo y la ignorancia es amplia y generosa.
 
Pero a mi, Nacionalsindicalista -o para que los fiscales progres y demás gilipollas me entiendan, Falangista- me parece muy divertido que unos funcionarios públicos, a los que pago con mis impuestos, decidan perseguirme por mis ideas.
 
Ya lo intentó algún Director General de Seguridad de la Segunda Republiquita -con el resultado de todos conocido, incluidos los fiscales progres que no sean demasiado incultos-,  y José Antonio le respondió en el Parlamento comparando la persecución del fascismo -así lo decía para que los estúpidos le entendiesen- era la persecución de una idea y que era equivalente a perseguir, por ejemplo, la geometría euclidiana. El lo dijo con mucha más gracia de la que yo soy capaz de transcribir, y recomiendo la lectura del discurso de fecha 1 de febrero de 1934.
 
Hay por ahí una Directiva Europea que ordena perseguir a cualquiera que haga manifestaciones públicas de intolerancia, de radicalismo o de incitación a la discriminación por razón de las ideas. Como todavía no se ha institucionalizado el derecho de pernada en la UE -ni siquiera en la memocracia que nos acogota- espero que estos señores fiscales progres sean debidamente encausados. No tanto por intolerantes, radicales y discriminadores, sino por prevaricadores y, en último extremo, por imbéciles.
 
Pero como las Directivas Europeas, las democracias europeas, las tolerancias y las legalidades europeas son de sentido único y también, como aquellos gobiernillos segundorepublicanos, beligerantes contra el fascismo mientras el comunismo les roe el calcañar y aún otras cosas, y el islamismo les prepara para ponerles de cara a la Meca, supongo que estos señores fiscales prevaricadores, publicistas, políticos, que no obedecen a la Ley sino a la ideología -y que sólo toleran una ideología, que es la rojiprogre- tendrán un gran éxito persiguiendo el fascismo. Lo que ellos llaman fascismo, entendámonos, que es todo aquello que no era bueno para la IIIª Internacional, ahí es nada qué modernos son.
 
Y como uno, a fuer de español y falangista, tiene su puntito de fanfarronería y su miajita de generosidad, aquí tienen los señores fiscales progresistas toda la apología del fascismo que quieran encontrar. Aquí tienen la imagen del Valle de los Caídos, cruz fascista donde las haya; aquí tienen la bandera española con el águila de San Juan de los Reyes Católicos, fascistas redomados y contrarios a la alianza de civilizaciones zapateril y rajoyesca; aquí tienen enlaces a las publicaciones fascistas que he tenido el honor de dirigir, y a los artículos que durante más de 30 años he escrito haciendo apología del fascismo. Aquí tienen enlaces a otros varios sitios peligrosamente fascistas; y aquí tienen, por último, mi confesión.
 
También podría incluir la advertencia -que no amenaza, porque no es ese el estilo nacionalsindicalista- de que probablemente nos veremos las caras un día de estos, y puede que entonces las cosas sean distintas. Pero eso llegará por sus pasos contados, que algunos vamos viendo y ustedes, como los cenutrios que son, ni se enteran metidos en su burbujita de progremierda.
 
Amén.

miércoles, 14 de agosto de 2013

SOBRE GIBRALTAR.

Tema que lleva coleando un par de semanas, y cuya ausencia en este diario habrá sorprendido a mis habituales. No había dicho nada por dos motivos. Uno, que estoy recuperando mis viejos y buenos hábitos de programar, lo que me sumerge en un mundo perfectamente lógico, totalmente racional, absolutamente consecuente. Abismalmente alejado, por tanto, de la porquería cotidiana, de la cotidiana mentira.

Otro -el principal- que no me lo creo, y a continuación me explicaré. 

No me creo que a estas alturas, Rajoy y sus mangarranes sientan la llamada patriótica, ni el recordatorio de la dignidad, ni el peso de la Historia. Menos, aún, que hayan notado que España limita al Sur con la vergüenza de Gibraltar.

No me creo que la enésima afrenta, la enésima provocación, la enésima desfachatez de los llanitos haya colmado ningún vaso.

Y menos aún me creo que este Gobierno -con esta oposición y con estos cabritos aldeanos- vaya a llegar a las últimas consecuencias. Últimas consecuencias que no son bélicas, evidentemente, porque entre otras razones tampoco tenemos con qué. Pero últimas consecuencias que son, en buena lógica, la aplicación rigurosa de la legalidad vigente.

En el tema de Gibraltar hay un tratado internacional y varias resoluciones de la ONU. El Tratado de Utrech prohíbe terminantemente la comunicación por tierra entre el territorio usurpado por Gran Bretaña y el resto de España; las resoluciones de la ONU dejan claro que Gibraltar es un territorio ocupado y colonizado, y recomiendan el establecimiento de negociaciones para determinar la descolonización.

No hay más legalidad vigente al respecto, y la postura lógica del Gobierno español sería aplicarla a rajatabla, lo cual conllevaría el cierre absoluto de la verja, en primer término. Igualmente conllevaría el cierre del espacio aéreo español para aeronaves con destino u origen en Gibraltar, la negativa a dar soporte técnico de control aéreo a las mismas, y la expulsión de las aguas territoriales españolas, puesto que el Tratado de Utrech no se las reconoce a Gibraltar.

No tiene, pues, derecho el gobiernete colonial llanito ni a arrojar bloques de hormigón ahora, ni a arrojar en los pasados meses miles de toneladas de tierra, con el fin de ganar territorio al mar. No tiene derecho a mantener un aeropuerto que está en territorio español, ni a navegar su contrabando por aguas españolas.

Esa es la única política posible: cumplir el Tratado de Utrech, en tanto el Gobierno británico -no el llanito, que no tiene voz, ni voto, ni vela en entierro- no se avenga a negociar la descolonización ordenada por la ONU.

Política acompañada, en lo interior, con la necesaria creación de empleo para todos los españoles que a día de hoy han de pasar a Gibraltar para ganarse un pan que la democracia -no se olvide que cuando se cerró la verja en los años 60 se estableció un Polo de Desarrollo en La Línea- les niega.

Y política acompañada, en lo interior, con la inmediata disolución de partidos que, como ERC -véase El País- muestran su apoyo a los llanitos en contra de España.

¿Va a hacer esto el Gobierno del señor Rajoy? ¿O se la va a envainar si consigue aplacar los escándalos de financiación irregular de su partido? ¿Va a llegar hasta el final, empezando por proteger a los trabajadores españoles de la zona, o los dejará -una vez más- en la estacada cuando ya no le sea rentable mantener la presión? 

Pues ahí tienen el por qué empecé diciendo que no me lo creía.

martes, 30 de julio de 2013

SOBRE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN DE ANASAGASTI.

Libertad de expresión avalada por el Tribunal Supremo -véase Público- que le permite decir al citado individuo que "lo que mejor podían hacer con el Valle de los Caídos, previo al hecho de sacar los restos de los allí enterrados, era volar todo". 

Para el mínimo Tribunal Supremo, estas palabras de Anasagasti -que perpetró en un artículo publicado en Deia- no incitan al odio ni a la violencia, ni contienen "de por sí un contenido vejatorio ni discriminatorio". Para el Tribunalillo, de la manita con la Fiscalía y de acuerdo con la doctrina del primo de zumosol del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, afirmar que hay que dinamitar un templo consagrado como Basílica es cosa de simple opinión.

Como el fulano Anasagasti -en el mismo artículo- decía que "Madrid limita al sur con una vergüenza mayor, el Valle de los Caídos, con Franco dentro", me considero eximido de presentar más prueba de que Anasagasti es un indocumentado, un necio, un inculto y un tonto. Porque todo el mundo sabe que el Valle de los Caídos está al norte -noroeste, por mayor exactitud- de Madrid.

Pero esta declaración del prevaricador supremo sobre la libertad del tontiloco para hablar sin saber de qué, sin saber con qué, y sin saber por qué, me va a permitir decir otras cuantas cosas acogiéndome al mismo derecho.

Así, espero que señor fiscal incompetente de guardia y -llegado el caso- en tribunalillo prevaricador que corresponda, entiendan que las declaraciones que siguen son "opinables, evaluables y cuestionables, pero se hallan dentro de los límites de la libertad de expresión, y desde luego no entran dentro del perímetro de cobertura de la norma penal que cita la parte querellante (art. 510 del C. Penal)". 

Por tanto, espero que no sea considerada violencia, ni incitación, ni vejación, ni discriminación, la sugerencia de que lo mejor que se podría hacer con el alopécico vergonzante Aasagasti, es meterle un cartucho de dinamita por el camino recto, y explotárselo -por control remoto, para quedar al resguardo de la mierda-, previo sirenazo de aviso, como suele hacerse con las demoliciones de lo viejo, caduco, desfasado e inservible.

Entiendo que en este mundo tiene que haber de todo -hay gente p'a tó, que dijo El Guerra cuando le presentaron a Ortega y Gasset como filósofo-, y así la infinita bondad de Dios Nuestro Señor permite que existan los Unamuno y los Anasagasti; las águilas y las cotorras; los halcones y los buitres; que usemos el mismo idioma Rafael García Serrano y yo. 

Pero también que coexistan los Anasagasti y los paramecios; los Anasagasti y los batracios; los Anasagasti y las hienas; que haya cabras, cabritos, cabrones y Anasagastis.

Todo ello, por supuesto, sin -como indica el tribunalillo ínfimo- vejar ni discriminar, y ruego me disculpen por la asociación con Anasagasti los paramecios, los batracios, las hienas, las cabras y los cabritos. Los cabrones no, que vienen a ser lo mismo. 

domingo, 21 de julio de 2013

SOBRE LA NUEVA ESTAFA DEL GOBIERNO.

Probablemente, ustedes habrán observado que los edificios de nueva construcción están coronados por una batería de paneles solares. Esto no es una concesión del constructor al ecologismo, no es un guiño al comprador sensibilizado, no es una oferta de ahorro: es una obligación desde que se aprobó hace unos años el Código Técnico de Edificación.

Pues ahora, cuando ya los edificios nuevos han incluido paneles solares, y muchos antiguos se han adaptado instalándolos para ahorrarse unos euros, viene el Gobierno con los aumentos. Concretamente, con la subida del peaje de respaldo que se pagará por generar energía en un domicilio, y que será un 27% más alto que si se opta por el consumo convencional y se abona el peaje por el uso tradicional de la red, según informa El País.

Dicho en román paladino: que si usted se produce su propia energía -pagando un buen precio por los paneles, evidentemente- tiene que pagarle a las empresas eléctricas más que si toma la corriente de la red sin más.


¿No les recuerda esto el invento de la gasolina sin plomo, mucho más barata que la normal hasta que ya todos los coches tenían que utilizarla por narices?

Nada nuevo bajo el sol, nunca mejor dicho. Hay que ayudar a los amiguetes -esos mismos que se quejan de no se qué déficit tarifario, pero cada año tienen ganancias multimillonarias-; y si encima cobramos el IVA sobre la estafa, mejor.

sábado, 20 de julio de 2013

SOBRE LA NUEVA GARZONADA.

Nueva hasta el momento, que nunca se sabe hasta qué extremos de bufonez puede llegar este condenado ex juez.

Dice ahora -véase El País- que como el presidente del Tribunal Constitucional, Francisco Pérez de los Cobos, era militante del PP, debe ser anulada la decisión sobre el recurso que Garzón presentó contra su condena.

Y esto lo dice un señor que fue de número dos de Felipe González Márquez en las listas del PSOE por Madrid.

miércoles, 17 de julio de 2013

18 DE JULIO.

Érase un país carcomido por la corrupción, naufragando entre la incapacidad y la desidia, hundido en la cobardía. Érase un país donde las instituciones estaban llenas de miserables, de apocados, de traidores, de incapaces y de chulos. Érase un país donde cada región, y cada reyezuelo, y cada tribu, y cada aldea, y cada retrete, querían tirar por su lado, renegando de la unidad que les daba sentido.

Érase un país donde los pobres eran cada vez más pobres, los ricos más ricos, los sinvergüenzas más canallas y los criminales más impunes.

Érase un país donde los señoritos de izquierda no entendían de más libertad que la que les caía en la entrepierna, y los señoritos de derechas no conocían más principios que los que les salían de las cuentas corrientes.

Érase un país donde recordar con orgullo la historia patria era claro signo de fascismo, donde la Universidad estaba entregada a la horda asiática, donde la Justicia estaba entregada a la política y donde la política se vendía al mejor postor.

Érase un país... ¿a que están pensando que hablo de España hoy? Pues no; hablo de la España de 1936. Entonces, toda aquella podredumbre tuvo fin, y el fin comenzó un 18 de julio.

Evidentemente, este 18 de Julio de 2013 no va a suponer el fin de la miseria, la podredumbre y la apatía. Pero iguales causas tienden a producir idénticas consecuencias, y la esperanza es lo último que podemos perder. Al menos, hasta que tengamos los santos cojones de ponerle un buen cirio a Sanseacabó.

lunes, 15 de julio de 2013

SOBRE LA MUJER DE CESAR.

Suele verse escrito el dicho -más o menos- como que la mujer del César no sólo debe ser honrada, sino que debe además parecerlo.

 

Esto es inexacto, y así me lo hizo saber un lector de La Nación con ocasión de haberlo escrito como antecede en un artículo. No se trata -decía mi comunicante- de un dicho aplicable a un César indeterminado, sino al propio Julio César que dio nombre al cargo. Y la historia -continuaba- sucedió cuando las habladurías comentaron que la mujer de Cayo Julio mantenía relaciones inadecuadas con un íntimo amigo de César. Este aseguró que confiaba plenamente en su mujer y en su amigo, y afirmó que las habladurías eran falsas. Después, se divorció de su mujer, aduciendo que no sólo debía ser honrada, sino parecerlo.

 

Bien, discúlpenme la referencia entre lo histórico y el cotilleo de sociedad, y díganme si don Mariano Rajoy, por muy honrado que sea, no debería parecerlo un poquito más.
 

lunes, 8 de julio de 2013

SOBRE LA JUSTICIA QUE FUNCIONA.

"España ha demostrado ser un país serio, en el que si perseveras, la justicia funciona".
 
Esto es lo que dice el ciudadano británico Keith Rule, tras conseguir -luego de cinco años de pleitos- la devolución de 53.434 euros que había dado como anticipo para la adquisición de una vivienda que no se llegó a construir. La historia la cuenta El País, y les recomiendo la lectura para hacerse con el cuadro.
 
El caso es que, tras buscar legislación aplicable a su caso, logró encontrar una Ley que protegía sus derechos y que surge -como dice la norma en su propio texto- por "la justificada alarma que en la opinión pública ha producido la reiterada comisión de abusos, que, de una parte, constituyen grave alteración de la convivencia social y, de otra, evidentes hechos delictivos".
 
Dicha Ley exige al promotor la devolución del dinero y obliga al banco donde se ingresan esas cantidades a garantizar que se dedican a la construcción de las viviendas prometidas.
 
Una ley perfecta para garantizar que promotores sinvergüenzas no nos van a estafar ¿verdad? Ahora, con tanto desahucio, con tanta hipoteca leonina, con los intereses usurarios, con tantas buenas gentes como se están quedando sin hogar, esta Ley es un soplo de aire fresco.
 
Tiene, sin embargo, un defecto. Grave. Muy grave. Es la Ley 57/1968.
 
Si, eso es: de la época de Franco. Cuando la justicia funcionaba.

jueves, 4 de julio de 2013

SOBRE EL HUNDIMIENTO DEL MUNDO CIVILIZADO.

Hay ocasiones en que el espectador de un acontecimiento tiene constancia de estar viviendo un hecho histórico. Hay ocasiones en que sólo el paso de los años, tal vez decenios, permite señalar un acontecimiento como frontera entre épocas.
 
Hay otras en que entre el hecho inicial y el final de una transformación, media un tiempo largo, que sólo al cabo de los siglos se entenderá como algo ligado. Así -por no irnos a las guerras europeas de cien años o de veinte, que antes estudiábamos en una lección y ahora ni siquiera se estudiarán- tendríamos la Reconquista española.
 
A riesgo de resultar pedante, tengo para mí que el hundimiento de la civilización occidental comenzó en la farsa de Nuremberg, donde los vencedores -uno de ellos antiguo cómplice de los supuestos crímenes- juzgaron a los vencidos por delitos no tipificados anteriormente a la comisión de los mismos. Esto, que hubiera horrorizado a los creadores -españoles- del derecho de gentes -esto es, el Derecho Internacional que rigió las relaciones entre los Estados durante unos quinientos años-, pudo ser el pistoletazo de salida que marca la carrera hacia una nueva barbarie, en la que toda guerra es justa si se gana, y en la que el único crimen de guerra que no se perdona es la derrota.
 
Han hecho falta, tras aquella vergüenza de Nuremberg, casi tres cuartos de siglo para que otro hecho -aparentemente irrelevante- pueda servir de punto final a la transformación de la civilización en barbarie. Evidentemente puedo equivocarme -lo más seguro es que lo haga- pero tengo la impresión de que la escala obligada del avión presidencial de Evo Morales en Viena, a cuenta de la negativa a permitirle el paso por su espacio aéreo varios países europeos, puede ser ese punto final del mundo que hemos conocido.
 
Sabido es que el señor Morales no es santo de mi devoción, que en ocasiones diversas he escrito que me parece un fantoche, un mentiroso, un indocumentado y un payaso. Pero ahora no tengo más remedio que darla la razón cuando dice -véase La Gaceta- que esto no es una provocación a Evo Morales, sino a Bolivia y a toda Latinoamérica. Es una agresión a América Latina de algunos países europeos.
 
Bien; salvando la gilipollez de la América Latina, don Evo -probablemente sin saberlo- acierta de pleno. Porque nada -al menos en tiempo de paz- justifica la prohibición al avión presidencial de un país de surcar el espacio aéreo de otro.
 
Además, este tipo de aeronaves -como los buques de guerra y las embajadas- gozan de extraterritorialidad, y por mucho que se pueda imaginar que en ellas viaja un perseguido, nada justifica la vulneración de tal privilegio consagrado en el -quizá extinto- Derecho Internacional.
 
Por lo tanto, este hecho -si se quiere, menor- de la retención del avión del Presidente boliviano, nos hace entrar de lleno en una nueva etapa en la que -arrojada toda careta de legalidad- la real gana de los poderosos impone sus deseos sin disimulo.
 
Se me dirá que siempre ha sido así. Y responderé que en la España imperial, el monarca más poderoso de su tiempo no sólo respetaba, sino que inventaba el Derecho de Gentes para poner coto a su santa voluntad. Claro, que aquél rey era Carlos I y el mascarón de proa del imperio de hogaño es un cómplice de asesinatos múltiples y de descarados robos cometidos por sus huestes.

jueves, 27 de junio de 2013

SOBRE LAS REINTERPRETACIONES DE UPyD.

UPyD es -ustedes ya lo saben; y si no lo saben, ya se lo digo y a continuación se lo demostraré- ese partido que nació para que doña Rosa Díez hiciera política de izquierdas con los apoyos y votos de las derechas.
 
Rosa Díez, que fue paniaguada socialista del PSOE hasta que se le terminó el momio, sigue siendo socialista, pero a cuenta de un chiringuito pensado para recoger a los sociatas descontentos por la colaboración con el terrorismo de Rodríguez, y a cuenta de los halagos de Federico Jiménez Losantos en la COPE. Sin que -todo sea dicho- los señores Obispos dijeran palabra en contra de favorecer desde sus ondas a un partido abortista -lo de divorcista se da por supuesto hoy en día para casi todos-, anticlerical, homosexualista, y que cifra la españolidad en tener un documento administrativo.
 
A UPyD -las primeras elecciones a las que acudió lo demostraron- saca su votos de los descontentos con la política del PP en asuntos como la lucha contra el terrorismo, la educación, la defensa de la unidad nacional, la cesión ante los separatismos y la tolerancia de la corrupción. Asuntos todos ellos que también protagoniza el PSOE, pero los votos socialistas no van a UPyD, a cuya dirigente ven como traidora.
 
UPyD -justo es reconocerlo- ha marcado una cierta diferencia con los demás partidos de la memocracia, y en este mismo sitio he aplaudido su actitud en algunas ocasiones, como la fulminante expulsión de su cargo de cierto concejal encausado por algún delito relacionado con los cuartos públicos; asunto del que ahora mismo no encuentro referencia, pero que estoy seguro de haber comentado. Porque –como dijera José Antonio- nosotros no recatamos ninguna verdad.
 
Los que sí parece que asoman la patita son los de UPyD, que -informa Alerta Digital- han presentado una proposición no de Ley para introducir en el Código Penal el delito de negacionismo y evitar así que se "reinterpreten los crímenes del franquismo".
 
Doña Rosa Díez tiene edad más que suficiente para conocer de primera mano los crímenes del franquismo. Quiero decir para conocer la falsedad de los crímenes atribuidos al franquismo. Doña Rosa no es una adolescente descerebrada -por lo menos, adolescente seguro que no-, y debe tener un mínimo de memoria, si no histórica-zapateril, si personal.
 
Por lo tanto, debe saber que la reinterpretación de los crímenes del franquismo a que alude, es la que hacen ellos; y que las conductas lesivas para la convivencia en una sociedad democrática son las suyas. Pero parece bastante ilógico que doña Rosa se quiera entrullar a sí misma, luego lo que pretende es que nos toquen las narices a quienes pensamos, y decimos, que los llamados crímenes del franquismo son la mentira con que los rojos quieren ganar la guerra que perdieron, después de pedirla a gritos y proclamarla en mítines; que son la justificación para que grupos, grupitos y grupetes de desocupados, vagos y probablemente maleantes, se amorren a los presupuestos; que son la excusa para tratar de legitimar los auténticos crímenes, que fueron los suyos.
 
Debe saber también doña Rosa que -si bien ahora lo cita para darse una pátina de ecuanimidad-, ella misma negó el genocidio etarra cuando pertenecía al gobiernito autónomo de Vascongadas. Si vamos por ese camino, sus compadres del PSOE y su filial separatista vasca, que le daban a los etarras la consideración de luchadores por la libertad, y que en miles de ocasiones han dicho que con la democracia no se justificaban los asesinatos -con lo que daban por buenos los crímenes anteriores- están incursos en el delito de negacionismo que usted quiere establecer.
 
No sólo usted y sus compañeros; también los comunistas y los democristianos; los ultraizquierdistas y los peperos. Todos ustedes niegan un holocausto, y en su momento lo justificaron porque les venía bien.
 
Quizá por esto, doña Rosa advierte que la libertad de expresión no es un derecho "absoluto", sino que se encuentra sometido "a ciertos límites". O sea: lo justito para que a usted y a los suyos no le metan un paquete merecido, pero a mí me entrullen por decir la verdad. Nada nuevo bajo el sol: la historia la cambia a su gusto el que manda, y esto ya lo escribió Orwell en su 1984.
 
Así es que, doña Rosa, aquí tiene usted la prueba -le estoy firmando la declaración- de que soy un negacionista de lo que ustedes, colaboradores con el terrorismo, llaman crímenes del franquismo. No dirá que no se lo pongo fácil.

viernes, 21 de junio de 2013

SOBRE EL RECORTE DE BECAS.

Si, vale, lo sé. Me estoy metiendo en un jardín; pero es que para eso estamos aquí.
 
El caso es que los rectores de Universidades protestan por el nuevo sistema de concesión de becas que propone el Ministro Wert, aumentando las exigencias académicas para la obtención de beca. Concretamente -dice El País- un 6,5 en lugar de un 5,5 para optar a una beca, y repartir la ayuda en dos partes, una fija mucho más baja que la que se concede ahora, y otra variable, cuya cuantía dependerá de la renta familiar, las notas del alumno y del presupuesto que quede después de repartir la parte fija, lo cual significa -en opinión de los rectores- disminuir la igualdad de oportunidades entre los alumnos que quieren cursar estudios universitarios.
 
En esto, como en casi todo -porque para todo hay respuesta en ella- me guío por la Norma programática de la Falange: La cultura se organizará en forma de que no se malogre ningún talento por falta de medios económicos. Todos los que lo merezcan tendrán fácil acceso incluso a los estudios superiores.
 
Y ahí, precisamente en la última frase del punto 24, está la clave: todos los que lo merezcan. Está bien, es justo y razonable, que el Estado -que somos todos- provea de oportunidades a quien las merezca. Que la falta de medios económicos no sea obstáculo para quien tenga dotes naturales y se esfuerce.
 
Pero ahora díganme si es justo y razonable que entre todos le paguemos los estudios -es un decir; lo más probable es que ni pisen las aulas- a quienes o no tienen capacidad o no les da la gana estudiar. ¿Por qué tenemos que pagarle para que estudien a los vagos que no se quieren esforzar? ¿Por qué parte de mi dinero -que el Estado me quita- ha de ir a darles la sopa boba a una pandilla de vividores?
 
Entendámonos, porque la casuística es enorme. Todos conocemos -de oídas o de sufrimiento directo- que hay profesores que tienen a gala suspender al 99% de sus clases, sin darse cuenta de que este elevadísimo número de suspensos sólo indica un mal profesor. Todos conocemos al típico hueso, al que tiene una noción esclavista de la enseñanza y al -simple y llanamente- profesor gilipollas. Y una de las fundamentales ocupaciones de los señores rectores sería determinar si tal o cual profesor sufre en sus clases una invasión de zotes, o es que no sabe enseñar, y tomar al respecto las medidas pertinentes.
 
Pero una vez excluidos los casos de malos profesores, el hecho es que obtener una calificación de 6,5 para ser digno de recibir ayudas no parece una exigencia desaforada. Obliga, evidentemente, a estudiar; pero es que las becas deben ser para quienes las merezcan, no una limosnita indiscriminada a todos por igual. Para eso, le damos la paga de fin de semana a todos los vagos, y que dejen las aulas libres para quienes quieran estudiar en serio, con lo cual ganarían alumnos y profesores.
 
Otra cuestión es la de la capacidad. La naturaleza es radicalmente injusta, y produce genios y tontos. Además, la proporción de los últimos suele ser alarmante. ¿Tiene sentido insistir en que estudie, año tras año y hasta la jubilación, quien no tiene dotes para ello? ¿Metemos un burro -de los de cuatro patas, digo- en la Universidad, hasta que termine la carrera?
 
Para los casos de incapacidad para estudios superiores hay soluciones. No todo el mundo ha de ser abogado, ingeniero, médico o periodista; y los medios empleados en su educación pueden ser más útiles si le encaminan a una profesión que no les exija estudiar lo que no quieren, y les permita realizarse personalmente con más satisfacción.
 
Otro tema es el que ya me planteó alguien en los comentarios a una entrada de hace tiempo, en el sentido de que hay estudiantes que a la vez tienen que trabajar, lo que merma su rendimiento académico. En esto nuevamente, la solución es fácil: La cultura se organizará en forma de que no se malogre ningún talento por falta de medios económicos. O sea: el que lo merezca tendrá las ayudas suficientes y adecuadas a su situación.
 
Por ello, no parece tampoco descabellado que las becas -en las medidas que propone el Ministro Wert- estén vinculadas en una parte a la renta familiar, las notas del alumno. Esto permitiría que al buen estudiante, con capacidad y disposición al esfuerzo, se le ayudase en todo lo necesario. La contrapartida, obviamente, es que al malo no se le prime la incapacidad o la vagancia.
 
¿No es esto justo en teoría? Queda por ver, por supuesto, la práctica; pero entiendo que lo único que cabe discutir de estas propuestas es el método de aplicación más adecuado.
 
Todo ello, claro está, fiándome de lo que dice la prensa. Si la realidad es distinta, y hay otros asuntos de fondo que desconozco, habría que empezar de nuevo.

miércoles, 19 de junio de 2013

SOBRE MÁS DE LO MISMO EN LA CEOE.

Más de lo mismo, porque hay individuos que dejarían a las mulas en pañales en cuanto a tozudez. Este es el caso del ya citado ayer señor De la Cavada, director de Relaciones Laborales de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) que -según El Mundo- ha pedido "muchas disculpas" a quienes se hayan sentidos dolidos al plantear reducir los cuatro días de permiso por fallecimiento de un familiar en otra ciudad.
 
Dejando a un lado -porque pedir corrección gramatical a estas alturas sería floritura de puro adorno- la diferencia que va entre pedir disculpas -exigir que se pida perdón- y ofrecerlas o presentarlas, lo cierto es que la sinceridad no parece ser uno de los dones del referido señor De la Cavada. Porque a continuación se descuelga con lo que sigue: Hay permisos por intervenciones quirúrgicas que no requieren hospitalización de cuatro días y siempre se duplican por desplazamientos.
 
O sea: que mucho disculparse si a alguien ha ofendido -como si no lo supiera, el cenutrio-, pero vuelta a la rueda de la noria, como buen borrico, y a emprenderla con las enfermedades de los familiares.
 
Ignoro la situación personal de este individuo. No se si tiene padres, si tiene esposa, si tiene hijos, o si es un botarate surgido por generación espontánea y aislado del resto del mundo por una gruesa capa de necedad, en todas las acepciones permitidas para el sustantivo del que esta palabra deriva. Ignoro -aunque no soy necio, porque la vida privada del señor De la Cavada no es algo que debiera conocer- si este señor ha sufrido en su entorno familiar enfermedades más o menos graves, intervenciones quirúrgicas o resfriados comunes.
 
Por ignorar, ignoro incluso si el señor De la Cavada ha sido alguna vez hospitalizado y abandonado como un perro -cada cual es abandonado como lo que es, ya saben- en tal tesitura. O si cuando él y los suyos sufren alguna indisposición, tienen a todo el personal de una clínica privada pendiente de los estornudos del amo. Pero la gran mayoría de los trabajadores no estamos en condiciones de pagar enfermeros que cuiden de, por ejemplo, una persona operada de cataratas. Intervención ambulatoria, saldada en cuatro o cinco horas de hospitalización, y que a priori no reviste gravedad; pero que incapacita para cualquier esfuerzo durante varios días.
 
Insiste el señor De la Cavada en que estos permisos y licencias derivan de la legislación franquista -qué horror, nefasta época donde se sobreprotegía a los trabajadores y se vetaba la explotación humana-, y que estos permisos y licencias le cuestan un punto del PIB a las empresas.
 
Basándose en ello, el señor De la Cavada presiona a los políticos para que recorten derechos a los trabajadores -el derecho a enterrar a su padre, a inscribir a su hijo en el Registro Civil, a cuidar de sus hijos, a acompañar a su marido o mujer tras una operación- en vez de exigirles que retorne toda la legislación del franquismo, y la Seguridad Social se haga cargo de las bajas de los trabajadores desde el primer día, y no -como ahora- dejando de cuenta de la empresa hasta la quincena. Porque la legislación franquista, si a ello vamos, también sobreprotegía a los empresarios, que si pagaban su parte de las cuotas de la Seguridad Social, obtenían de ello los beneficios derivados de no tener que hacer frente al salario de un trabajador que se ponía enfermo. Contra eso, precisamente, se aseguraban los empresarios.
 
Pero el tema no es ese para el señor De la Cavada. El tema es lograr que reine el capitalismo sin legislación -franquista, lo dice él- que ponga coto a la explotación, al expolio y a la humillación de los trabajadores, en el mejor estilo caricaturesco del capitalista de puro y chaqué.
 
Nada extraño, si tenemos en cuenta que este simpático señor De la Cavada fue multado en 2010 por la Inspección de Trabajo -véase El País- por una infracción muy grave consistente en someter a prácticas humillantes a sus subordinados, que incluso -al manifestarse especialmente contra mujeres- podrían ser consideradas como acoso por razón de sexo.
 
Total: que el señor De la Cavada es un modelo de capitalista -probablemente sin ninguna empresa, simple botarate enchufado en la CEOE por ser incapaz de ganarse la vida de forma honrada-, y además muestra su cobardía al meterse preferentemente con mujeres.
 
En fin, señor De la Cavada: que lo suyo es, plenamente, el término resultante de trabucar una letra de su apellido por, justamente, la que cae encima en el teclado. Cosa que yo nunca haría, por supuesto.

martes, 18 de junio de 2013

SOBRE LOS VIAJES EN DILIGENCIA DE LA CEOE.

En la Viña del Señor hay de todo, como es bien sabido. Tan es así, que lo mismo hay simpáticos jilgueros que buitres; truchas que besugos; mariposas que garrapatas; ovejas que machos cabríos, hormigas que sanguijuelas.
 
Entre buitres, besugos, garrapatas, machos cabríos y sanguijuelas, también tenía que haber un José de la Cavada que hiciera de -según El Mundo- responsable de relaciones laborales de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE).
 
Este responsable -irresponsable- considera que los cuatro días de permiso que el Estatuto de los Trabajadores otorga por defunción de un familiar de primer grado cuando ocurre fuera del lugar de residencia del trabajador son excesivos; y que el Estatuto de los Trabajadores se hizo pensando que los viajes se hacen en diligencia, y que se basa en la legislación del franquismo, superprotectora...
 
Este irresponsable responsable tiene razón en que la legislación de la época de Franco -inspirada por ministros falangistas- era infinitamente más protectora del trabajador que la actual. Pero es que ahora el trabajo es una mercancía, y entonces era un timbre de honor. También ahora el trabajador es un puñetero activo económico, y entonces era portador de valores eternos.
 
Este irresponsable De la Cavada considera que cuatro días cuando se te muere padre o madre es demasiado porque hay autopistas, y trenes y aviones, y con unas horas te basta para asistir al entierro. Luego, a producir y darle beneficios a la CEOE.
 
Entre, probablemente, muchas otras cosas, el irresponsable De la Cavada no sabe que padres o madres no se entierran solos; que la puñetera burocracia ni siquiera te deja tiempo al dolor, que toda persona deja tras de sí infinitos lazos con organismos, institucionales, empresas, que hay que resolver para que al fallecido no le reclamen el pago de recibos los empresarios como el señor De la Cavada.
 
Este irresponsable señor responsable de la CEOE debe tener -salvo partenogénesis- padre y madre. No entro a discutir si conocidos o no. Y algún día se verá en la tesitura -si aún tiene la suerte de tenerlos a su lado- de perder a sus padres, cosa que deseo tarde lo más posible, porque sus padres quizá no tengan la culpa de haber engendrado un capullo.
 
Pero este irresponsable, cuya organización cobra subvenciones estatales -esto es, de los que pierden padre o madre y necesitan darles tierra, entre otros muchos que no se ven en ese trance- se permite cachondearse de si los viajes se hacen en diligencia.
 
Y luego, cuando las cosas lleguen a donde tienen que llegar, se extrañarán los cabrones del sindicato mafioso empresarial de que les den la carrera del señorito.

lunes, 17 de junio de 2013

SOBRE LA TIMIDEZ DE RAJOY.

Timidez pública, que es la que nos importa a quienes le sufrimos; con la privada, si la tiene, que se apañe él solo.
 
La timidez es la que -lo dice El Mundo- padecerá la reforma local que el Gobierno había anunciado hace meses, y todavía anda en el limbo. "Ni se reducirán los ayuntamientos, ni se acabará con las diputaciones, ni se suprimirán las mancomunidades, ni bajará el número de concejales", asevera el citado periódico.
 
Si tenemos en cuenta que esta reforma, con los prometidos recortes en la cuchipanda municipal y espesa, fue anunciada -sigue diciendo El Mundo- "el mismo día que hizo pública una gran subida de impuestos (el IVA o el fin de la desgravación por vivienda) y recortes que afectaban al subsidio del paro o la eliminación de la paga extra de los funcionarios el año pasado", la conclusión es obvia y afecta a la buena fama de los ancestros de don Mariano.
 
En cierto tiempo pasado, un juez argentino dictaminó la inocencia de un individuo acusado de llamarle a otro hijo de puta. Basaba la sentencia en que la condición de hijo de puta es personal, y no tiene nada que ver con llamar hijo de una puta, lo cual sería ofensivo para la madre del hideputeado.
 
Evidentemente, todo esto no tiene nada que ver con la timidez rajoyesca, ni con el independiente Poder Judicial, ni con los jueces para la democracia, los fiscales para la impunidad o los políticos para la corrupción. Lo cual se comunica antes de que cualquiera de estos colectivos -o todos de la mano, porque una lava la otra-, intenten meterme un loro -término que en las antiguas academias militares valía por paquete- de aquí te espero.

lunes, 10 de junio de 2013

SOBRE LA VERGÜENZA DE GIBRALTAR.

Me llega, por mediación de mi camarada Arturo Robsy, anuncio de una tertulia sobre -en palabras de Julio Ruíz de Alda- la vergüenza de Gibraltar, con la participación de mi también camarada Guillermo Rocafort.

Podría decir algo al respecto, pero creo que lo que dice Arturo ya pone las cosas en su sitio; así que les dejo sus palabras y el cartel del acto referido.

* * * * *

Los historiadores, cuando son buenos, siempre recalan en el Peñón. Guillermo Rocafort ya ha llegado a él y me imagino que tiene mucho y serio que decir. Saldrán, por ejemplo, la Paz de Amiens y los tratados de Utrech y Rastatt. Y los constantes tozudos ingleses, que han seguido comiendo terreno y nuestra propia vergüenza.

Pero imagino que más saldrán nuestros propios errores y el acierto de Castiella cuando sitió el Peñón en serio, y tuvieron que ser algunos españoles progres los que sacaron del apuro a los gibraltareños en una de las muchas traiciones que nuestros gobiernos han hecho a España.

Quizá, en lo antiguo, fue lástima que la francesada se ocupara de Cádiz y no del Peñón, que estaba al lado y al lado seguirá, legalmente sin aguas territoriales pero con cañoneras. Para este que lo es, lo más glorioso último fue cuando unos submarinistas de Falange se infiltraron e hicieron hermosa pintada en aquel submarino atómico averiado. ¿No podrá repetirse con más gente o, al menos, subirles el precio del agua y de la luz y del metro cúbico de nuestra tierra que andan usando para hacer urbanizaciones?

Pero hay que esperar a lo que nos cuente Guillermo Rocafort desde Madrid. Porque el Peñón es una miserable mordida que sigue haciendo juego -bien se ve- con los hábitos políticos de Andalucía.

jueves, 6 de junio de 2013

SOBRE EL COMA ETÍLICO DEL GOBIERNO.

Porque si no es desde la ingesta abusiva de alcohol, díganme cómo se explica que -lo dice El Mundo- el delegado del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, Francisco Babín, pretenda multar a los padres de los menores que ingresen repetidamente en Urgencias por coma etílico, dado que eso demuestra -en su opinión- que hay una dejación de la tutela efectiva por parte de los padres o tutores.

Bien, señor Babín: lo que su propuesta demuestra es que si no ha empinado usted el codo en demasía, es usted desconocedor de aquello que debería saber -lo que la Academia llama necio, y reclámeles a ellos-. Por ejemplo, que las mismas leyes que ustedes -los políticos, digo, que para mí son todos lo mismo- han hecho, impiden que los padres tomen medidas para meter en vereda a sus retoños.

¿Cómo quiere usted que un padre o una madre -o padro y madro, según- eviten que sus hijos se emborrachen como cosacos? ¿Es que no sabe usted -como debería- que si un padre castiga a su hijo sin salir de fiesta, van los jueces y le meten en el trullo por malos tratos?  ¿Es que usted no sabe que si cualquier gamberro adolescente denuncia a sus padres, va el juez y como mínimo le casca una orden de alejamiento del menor maltratado? ¿Cómo quiere usted que los padres impidan las borracheras de sus hijos, si ustedes les impiden educarlos como es debido, y cualquier niñato puede hacer detener a sus padres con sólo presentar una denuncia -por falsa que sea- ante la policía?

Y ahora quiere usted, señor Babín, que los padres a quienes ustedes -los políticos que hacen las leyes- impiden educar a sus hijos; castigarlos -evidentemente por castigo no quiero decir maltrato- para que aprendan que los actos tienen consecuencias; prohibirles lo que consideren nocivo; los padres a quienes ustedes roban la más alta función de la paternidad, paguen por no impedir aquello que ustedes no les permiten impedir.

Lo suyo, señor Babín, señores del Gobierno -presente y pasados- es de una desfachatez sólo concebible en la intoxicación etílica o en la necedad más supina.

Y lo peor es que quienes les votan -a ustedes, y a los anteriores, y temo que a los venideros- deben estar igual de alelados o escasos de razón, que es lo que nuestra madre Academia entiende por imbéciles.
 
O que les encanta ser meretrices y poner el lecho.

lunes, 3 de junio de 2013

SOBRE LA OFERTA DE RUBALCABA.

La que -según Público- hacía ayer don Alfredo Pérez durante un acto celebrado en Vizcaya con motivo de la Fiesta de la Rosa, y a cuyo propósito afirmaba que ofrecemos un acuerdo porque en esto no somos como ellos.

 

Lo que son las cosas, estoy de acuerdo con usted, don Alfredo, en que lo que hay que hacer no es abaratar el despido, sino facilitar la contratación. Es más: aunque usted no lo diga, pienso que las cuantiosas subvenciones que reciben los partidos -justo en la entrada anterior está la muestra-, que reciben las oenegés, las fundaciones, los meneíllos gays y tolerantes, los hembrismos varios, estarían mejor empleadas en abaratar la contratación de trabajadores.

 

También podría coincidir con usted, don Alfredo, en que en época de crisis es bueno que haya moderación salarial, pero si los trabajadores hacen un esfuerzo hay que pedirle el mismo a los empresarios y al gobierno. Lo que no entiendo, es por qué -cuando usted estaba en el Gobierno del señor Rodríguez-, no aplicó las medidas que ahora pide.

 

Pero, señor Pérez; aunque no soy precisamente lo que se dice un defensor del PP, y los habituales pueden dar cuenta, lo que me parece de chiste es que usted -precisamente usted, don Alfredo- diga que ofrecen un pacto al PP porque no somos como ellos.

 

¿Es que ya no se acuerda usted, señor Pérez Rubalcaba, de cuando ustedes -PSOE- firmaron un pacto contra el terrorismo con el PP, mientras negociaban con ETA a escondidas?
 

viernes, 31 de mayo de 2013

SOBRE LA AUSTERIDAD.

 
Pulsen sobre la imágen para verla bien.

 
 
Sin comentarios.
 
¿Es que hacen falta?
 

viernes, 24 de mayo de 2013

SOBRE LAS CUENTAS DE MAS.

Que cada día que pasa demuestra más su absoluta ignorancia. En el caso que me ocupa hoy, el desconocimiento de las básicas nociones aritméticas que cualquiera de su edad debe tener claras desde la educación primaria. De las generaciones posteriores no lo puedo asegurar, dado que se ha conseguido -muy hábilmente- elevar la incultura y la estupidez media a niveles estratosféricos.

El caso es que el señor Mas -en una nueva muestra de necedad-, ha exigido -dice El Mundo- a los exmandatarios españoles José María Aznar (PP) y José Luis Rodríguez Zapatero (PSOE) que respeten "políticamente" la voluntad mayoritaria que tienen los ciudadanos de Catalunya.

Bien, Arturillo: la voluntad mayoritaria de los ciudadanos de Cataluña, fue -en las últimas elecciones regionales- que sólo un 31,7% votó a favor de tu aldeanoseparatismo cutre, que hiciste eje fundamental de tu campaña electoral. O sea: que el 68,3% de los votantes no es tan paleto como tú, imbécil.

jueves, 23 de mayo de 2013

SOBRE LOS DERECHOS DE LA SEÑORA VALENCIANO.

Socialista ella; progre ella; abortista ella; necia ella -visite el diccionario antes de empapelarme, señor fiscal-; genocida ella, que sigue emperrada en no saber nada fuera de sus tópicos; en no admitir la realidad porque se le sale de los estereotipos de mitin; en no permitir que algo tan evidente como la vida le estropee el hembrismo.

Emperrada, por tanto, en repetir tautológicamente la cantinela putiprogre del nosotras parimos nosotras decidimos, consecuencia lógica del hijos sí, maridos no, pasionario y furcial. Y emperrada -hay otros verbos, lo sé; pero lo hago adrede- en coger -véase El País- el rábano por las hojas: "Aunque tuvieran ustedes los 350 escaños no tienen derecho a decirle a las mujeres cuándo tienen que ser madres".

Tal afirmación, que nadie discute, no guarda relación alguna con el abortismo de doña Elena Valenciano. Ella y sus hembristas tienen todo el derecho del mundo a no ser madres, y desde el comienzo de los tiempos se conoce la forma de evitarlo, pues basta con -lo diré en términos bíblicos, por fastidiar- no conocer varón.

Pero temo que las hembristas y abortistas de la señora Valenciano no van por ese camino. Lo que ellas pretenden es lo contrario; o sea, conocer varones -dígase mejor machos- y evitar la maternidad. Cosa que a mí -como perro viejo y suficientemente conocedor, siquiera por referencias, del hembrismo rampante- me trae sin cuidado, porque ya estoy de vuelta de lo que puede ofrecer esta sociedad emputecida y encabronada.

Por lo tanto, que la señora Valenciano y sus comadres hagan de sus órganos genitales el uso que les plazca. Pero lo que ni la señora Valenciano, ni sus comadres, ni sus compadres, tienen derecho a hacer, es disponer de la vida de otros. En el caso del aborto, de la vida de sus inmerecidos hijos en gestación.

Y a eso -defender la vida de los seres humanos frente a los que quieren asesinarlos-, no es que las leyes tengan derecho, sino que tienen obligación.

¿Le parece a usted, señora Valenciano, que yo exija que la ley no se meta en cuándo puedo matar a un político sociata -o pepero, vaya, o comunista, que no soy melindroso-? ¿Le parece bien que reclame el derecho a decidir si quiero dejarla vivir a usted, doña Elena?

A fin de cuentas, usted -como yo, no se me encampane- no es más que un feto de varias décadas, en contraposición a los de semanas que usted desea matar. Fuera de esa cuestión cronológica, dígame usted qué diferencias hay. Pero dígame razones científicas, no tópicos de mitin abortero y putiprogre.

SOBRE NO IZAR LA BANDERA.

Según decía ayer La Gaceta, el Ministerio de Defensa podría suspender el acto solemne de izado de bandera programado para el 1 de junio en Madrid, con motivo de la celebración del Día de las Fuerzas Armadas, al encontrarse la Plaza de Colón, donde iba a realizarse, ocupada por otro evento.

Digo yo que el señor ministro Morenés podía haber comunicado al Ayuntamiento de Madrid la celebración del acto con la debida antelación. Digo yo que la señora alcaldesa Botella podía haber recordado que en torno al 30 de mayo se celebra el Día de las Fuerzas Armadas. Digo yo que a la ONCE -organizadora del evento que ocupará esos días la Plaza de Colón- no le molestará que se ice la Bandera de España. Digo yo que para izar una Bandera -por grande que sea- tampoco hace falta tanto sitio.

Y digo yo, sobre todo, que qué mierda de país -ahora sí, país- han hecho, donde se suspende un acto festivo de izado de la Bandera Nacional por la dejadez de los burócratas, o por el precio del alquiler de la plaza para actividades privadas, o por la simple desvergüenza de unos y otros.

Y digo yo que si las Fuerzas Armadas tienen ya tan asumido su papel puramente mercenario, como para que se les de una higa que la Bandera de España ni siquiera ondee en el día que la memocracia les concedió a cambio de la sumisión lamebotas al paisa de turno.
 
 

martes, 21 de mayo de 2013

SOBRE LA QUERENCIA SERVIL.

Querencia servil, con ánimo de esclavo, que presentan una vez más los separatistas catalanes con respecto a Francia.
 
Ahora, es ERC -como dueña de ese llamado Consejo de Transición Nacional que se inventó Mas- la que afirma -véase La Gaceta- que los separatistas no desean un Ejército propio, pero están dispuestos a pagar para que otro país los defienda, y aseguran que algunos expertos señalan que Francia podría estar interesada.
 
Esto demuestra varias cosas. Una, que los separatistas no tienen nada en contra de que su presencia en el mundo -que, nos pongamos como nos pongamos, la marca la potencia militar- esté subordinada a otro país. Lo suyo no es independentismo, sino antiespañolismo; les importa poco someterse a un país distinto, con tal de dejar de ser españoles.
 
Dos, que los catalanistas no quieren ser independientes, sino franceses. Y que no han aprendido nada de las anteriores ocasiones en que se pasaron a Francia, y al cabo de pocos años volvieron, con el rabo entre las patas -y algunos incluso sin él- suplicando a la Corona de España que los admitiera de nuevo, porque Francia -que no se podía tomar en serio a unos sinvergüenzas que se cambian de nación como de calzoncillos- les trataba peor que el centralismo español. Centralismo importado de esa misma Francia que los separatistas añoran, junto a los Borbones; cosas ambas que los separatistas de Catalunlla ignoran o prefieren no recordar.
 
Tres, que -cada cosa lo que sea- los separatistas han calado bien a Rajoy, como antes a Rodríguez: en el contexto internacional actual es difícil que España haga uso de la fuerza para tomar el control de Cataluña- afirman.
 
Lo han calado bien -a todos los anteriores igual; pero el palo que debe aguantar la vela hoy es Rajoy- porque saben que no será capaz de hacer uso de los elementos a su disposición. Que no es la fuerza -el victimismo separatista sólo anhela que lo flagelen- sino la Ley. La Constitución de 1978, sin ir más lejos, que -incluso hoy- haría innecesario el uso de la fuerza militar y, todo lo más, requeriría el de la fuerza pública para enchiquerar a los separatistas más resabiados. Y a los enriquecidos fraudulentamente, y acaso por ahí les duele: por la posible pérdida del cortijo particular que ordeñan impúdicamente desde hace décadas.
 
Y por ahí les duele también la posibilidad de que -en la hipotética independencia que sueñan- les fuera necesario, a falta de Ejército, una unidad especializada en grupos radicales, especialmente en grupos españolistas, para evaluar la potencialidad de posibles acciones que rompan el orden público.
 
Evidentemente, los separatistas de Catalunlla saben que esas manadas de antisistema, de rojos apesebrados en la mamandurria y la subvención, de tocanarices lingüideformes y dictadorzuelos de idioma prefabricado y normalizado, no dan para formar media Compañía. Y que una simple Sección -por no recargar mucho el servicio; si no, un pelotón- los manda a todos ellos a la frontera francesa que desean a patadas en la popa, por no citar los órganos viriles de que carecen.
 
Evidentemente, los separatistas de Catalunlla saben que lo que ellos llaman españolistas -o sea, la gente bien nacida- se basta y sobra para dar al traste con la payasada independentista -volveré a recordar que el separatismo no alcanzó un tercio de los votantes censados en la última mamarrachada urnera-, y no necesitaría siquiera romper el orden público. Con que de una puñetera vez los llamados a las urnas voten siguiendo sus ideas, en vez de la propaganda, es suficiente.
 
Pero -si la inutilidad de Rajoy y su Gobierno; si el mesianismo delirante de los separatistas de Catalunlla; si la cobardía de todos los partidos, partidetes y partiduchos, nos llevaran al delirio- les aseguro a los rojoseparatistas que no iban a tener lo que ellos llaman problemas de orden público. Y si no me entienden, estudien Historia.
 

jueves, 16 de mayo de 2013

SOBRE MOURIÑO.

José Mouriño, entrenador del Real Madrid C.F.

Los habituales saben que raramente escribo de fútbol. Ni tengo conocimientos para sentar cátedra en este tema, ni me parece que sea una cuestión digna de romperse la cara -siquiera virtualmente- cuando tantos otros buenos motivos hay, por más que nunca haya ocultado mi madridismo y me sienta razonablemente orgulloso de los logros de mi equipo.

Por eso hoy, a un día vista de la final de la Copa, me parece el momento justo de decir un par de cositas sobre el señor Mouriño. Antes de que se juegue el partido, para que -si lo perdemos- nadie vea en ello una reacción frente a la derrota; y si lo ganamos, nadie lo tome por crítica a la marcha del citado entrenador, ya más que segura a decir de los entendidos.

Para mi, -madridista de filas, simple aficionado- el señor Mouriño le ha dado al Real Madrid más problemas que alegrías. Ha traído un estilo que no es el del Madrid; un estilo más próximo a la taberna que al señorío. Ha traído una chulería barriobajera, unos desplantes de mal perdedor, unas rabietas de niño malcriado y a veces llorón.

Lamento no coincidir en esto con mucho madridistas -alguno tan querido como mi camarada Eloy, que comentaba esto no hace mucho en su trinchera-; lamento no estar de acuerdo con las tácticas de un entrenador que -también es cierto, y no lo voy a discutir- ha hecho que el Real Madrid levantara la cabeza.

Pero los entrenadores, y los títulos pequeños, pasan. Las entidades permanecen. Y prefiero un Real Madrid con tres titulitos menos y el señorío que lo ha hecho lo que es, a un club marrullero y quejica, que no sabe perder ni -aún peor- sabe ganar.

En fin, señor Mouriño: no le ha hecho usted -en mi modesta opinión- ningún servicio al Real Madrid. Ni tiene usted el espíritu del club, ni ha sabido mantenerlo limpio de rencillas y murmuraciones, ni ha respetado una historia limpia de buen ganador y mejor perdedor.

Vaya usted, señor Mouriño, a donde guste marcharse, y váyase en paz. Aquí no necesitamos niñatos maleducados, que paguen sus berrinches con quien le desagrada a costa de menoscabar la dignidad del club y la efectividad de la plantilla.

Váyase usted, señor Mouriño, a donde le venga en gana, y a donde necesiten un payaso que encubra con sus desplantes extemporáneos sus evidentes fracasos.

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