Pero piense el Gobierno que si España se le va de entre las manos, no podrá escudarse tras de una excusable negligencia. Cuando la negligencia llega a ciertos límites y compromete ciertas cosas sagradas, ya se llama traición.

José Antonio Primo de Rivera.
(F.E., núm. 15, 19 de julio de 1934)

jueves, 7 de julio de 2011

SOBRE LOS SANFERMINES.

Hay un libro -espectacular y curioso- que se titula exactamente así: Los sanfermines. Quiso la casualidad -y mi buena fortuna para algunas cosas-, que lo encontrara en un saldo de no se qué gran superficie comercial, de esas a las que habré ido cuatro o cinco veces en mi vida.

Por supuesto, casi me tiré en plancha sobre él. Porque, además de un precio asequible, era uno de los dos o tres libros de Rafael García Serrano que me faltaban en la colección.

Los sanfermines -ya queda dicho, pero por si acaso- es libro del maestro Rafael, al alimón con muchas espléndidas fotografías de Ramón Masats.

Y, aunque no se cuanto de aquello pueda quedar ya, aquí les dejo con un fragmento de Rafael García Serrano. No puede haber mejor homenaje al Moreno.

***

INTRODUCCIÓN A LOS SANFERMINES

-
Si usted va a Pamplona dispuesto a pasar los Sanfermines no preste demasiada atención a los elementos superfolklóricos. Suelen ser falsos; hágame caso, señor. ¿Usted juzgaría a Granada por las cuevas gitábanas y pestilentes del Sacromonte? Pues no juzgue usted a Pamplona por un cierto tufillo a Carnaval que se desprende de su alegría antigua, cristiana y báquica. Eso son los flecos de la fiesta, pero no su cogollo; la guarnición que adorna un plato -pero que apenas si se cata-, no el manjar sólido ni la rica salsa.

Un pañuelo rojo le basta para afiliarse al festejo, y también, si usted me apura, un buen sombrero de segador. Si a San Fermín le da por decir: «Allá voy» en punto a calorina, el sombrero le vendrá de rechupete para defenderse del sol; pero si a San Fermín, que es moreno y algo guasón -como un ribereño con la cosecha recién recogida y recién cobrada-, le da por decir «Allá voy» y entolda el cielo y lo deshace en temporal o en dulce y menuda llovizna, el sombrero le servirá de paraguas, sin que tal artefacto desentone con sus aires de Bond Street el júbilo primario de una fiesta en la que juega, fundamentalmente, la muerte.

Tampoco se asuste por esto de la muerte, pero es verdad, y más que nadie lo sabe el Santo Obispo, que va haciendo el quite a los temerarios, a los locos e incluso a los borrachos. A lo largo de mis años, que ya no son pocos, pero que no son muchos, ni menos demasiados, he conocido nueve muertos entre la calle y la plaza. Nueve mozos que murieron de tanto divertirse, quizá por demostrar que también dentro de la alegría está la muerte y que por eso la alegría es tan buena y tan santa, porque se acurruca como un pájaro en las orillas del río de la muerte.

(¿Acaso los encierros de 1936 no fueron un buen entrenamiento para la dura prueba que se avecinaba?

Hemingway, el gran escritor de Fiesta y también de Por quien doblan las campanas, se nos marchó sin pagar su deuda, sin darnos la novela de los corredores del encierro que se fueron a la muerte al día siguiente de terminar aquellas fiestas que duraron del 6 al 18 de julio. El día 19 fue domingo. Un domingo radiante y airado que iba a revolver la Historia. Aquella gente le gustaba a Hemingway. Le gustaba al periodista y guerrillero rojo Roberto Jordán, norteamericano, que miraba a un enemigo y se decía: «Probablemente lo habré visto correr por las calles delante de los toros, en la feria de Pamplona», y también se hacía reflexiones de este porte: «Pero te gusta la gente de Navarra más que la de ninguna otra parte de España.»

Yo le hablé a Ernesto Hemingway de su deuda. Se lo dije en El Escorial, que es un buen sitio, y también en el bar del Suecia y en la tasca del callejón de la Ternera, y habíamos quedado en que se lo diría en Pamplona, en nuestra tierra, la mía y la de él, por San Fermín. Pero Ernesto no fue a los Sanfermines, dejó de ir a los Sanfermines y ya no volverá más a los Sanfermines. Me sentía seguro de que Hemingway pagaría su deuda en letras de oro. Era un tema que le iba como anillo al dedo, como pañuelo rojo al cuello, como sombrero de segador a su cabeza, como la sombra de la boina roja a su barba blanca de abuelo de Montejurra -que es lo que era de verdad y él no lo sabía, aunque don Ramón del Valle-Inclán se lo hubiera explicado pero que muy bien-; un tema que le iba como el vino de Artajona a su bota de aficionado al mosto.

Le dije todo esto a la patalallana, con copitas a mano, y él asentía gravemente y chocó su vaso con el mío, y ahora pienso que ya por todos los Sanfermines que me queden tendré que enviarle el programa de colorines, con el ritual de la fiesta, con la lista de matadores, con la hora de comenzar el festejo, con las colecciones de fuegos artificiales y los nombres de los acreditados pirotécnicos de aquí y de allá, con los precios de las localidades y con la cuantía de las multas a los que arrojen almohadillas al redondel. Sí que se lo he de mandar, cada año, como las mejores flores para su tumba de Idaho.)

Bueno, pues si usted va a Pamplona dispuesto a pasar los Sanfermines, esto es lo que le hace falta: un pañuelo rojo, un sombrero de segador y un corazón joven, un corazón sano, un corazón sin pizca de rencores. Y beber, beber a modo, bien, con gusto, con un exceso moderado por el ejercicio, el sudor y el baile. Beber a todas horas menos a la del encierro; o al revés, que cada maestrico tiene su librico, y yo conozco quien no soplaba en todo el día y en cambio se arreaba un par de latigazos antes de atarse las cintas de las alpargatas, quizá por llevar la contraria a todo el mundo.

El que bebe sólo para animarse a correr es digno del chirrión. No cuenta. La boina va muy bien. Si me apuran algo más les diré que hasta la faja roja va bien y desde luego son imprescindibles unas aladas y blancas alpargatas de infantería montaraz. Quizá sobren las blusas multicolores, puede que no tanto la chimba y la negra, y desde luego sobran algunas zarrapastroserías, pero tampoco llegan a molestar. Usted, señor, se las puede poner; únicamente corre el riesgo de definirse demasiado rápidamente como forastero, que no es nada malo. Un bilbaíno le dijo a otro, en medio de ese gulf stream de la salida de los toros: «La cosa es que vamos tan vestidos de pamplonicas, que se nos nota en seguida que somos de Bilbao.» Con el atuendo clásico, en cambio, corre el riesgo de que le tomen por alguien de Pamplona, lo cual -se lo aseguro por experiencia- no es tampoco mala cosa, aunque determinadas jotas digan lo contrario, como ésa que arranca así:

Para ser un buen navarro
aunque seas de Pamplona...

Los Sanfermines -sépalo, señor-, son la bacanal más casta que se conoce, una atlética bacanal, una juerga olímpica que exige temple recio, músculos deportivos, humor de soldado y aún más virtudes. Pero tampoco es cosa de ponerlo difícil y estropear el pasodoble al turismo de buena voluntad. Los Sanfermines son un planeta distinto, un lugar fuera del mundo, un presagio casi paradisiaco, al menos un satélite donde toda preocupación queda fuera, el continente de la alegría, el continente del pañuelo rojo, allá donde músicas entre silvestres y campesinas, entre celtibéricas y goyescas -el chistu, el acordeón, la guitarra y la charanga- dan la medida del júbilo del hombre y en donde el hombre da la medida de su gozo y de su valor.

Baroja dijo que los Sanfermines eran «unas fiestas ridículas». Así era Baroja. Cosas de nuestro abuelito don Pío, de un abuelito incendiario, fantástico contador de cuentos, inteligente, cínico, algo chocholo, gruñón y delicioso. Los Sanfermines son el encierro. Hemingway se ha ocupado del encierro y de los Sanfermines en Fiesta y en Muerte en la tarde, aunque en esta segunda obra de manera incidental y poco importante. Los norteamericanos -y en general todos los anglosajones y muchos otros extranjeros- que acuden a los Sanfermines con beatitud de novicios e ímpetu de conversos, lo hacen porque leyeron a Hemingway o son amigos de lectores de Hemingway, de esto no hay duda. Hemingway ha sido, en la posguerra española, el mejor agente publicitario de las ferias y fiestas de San Fermín, y hasta las películas inmaculadamente horrendas que sobre Fiesta se hicieron, han contribuido a la fama del gran jolgorio navarro, de modo que cada año, ahora, el encierro es la aventura de la mocedad pamplonesa, de la navarra y también de una buena representación de la del resto de España, y asimismo de la de Kansas, Sussex, Buenos Aires, Formosa, Vancouver, Sidney y La Habana. Cada año el encierro es noticia y estrena, de modo que sale en las portadas de todas las revistas del mundo, igual que las muchachas que trabajan la cubierta, o que Ava Gardner, Onasis, la señora Kennedy, la princesa Margarita o Luis Miguel Dominguin, pongo por ejemplo de tercos usufructuadores de portadas. El encierro es novedad que nace cada doce meses, como las rosas rojas del Retiro, y acapara periódicos y noticiarios cinematográficos, espacios de radio y pantallas de televisión, lo cual obliga a pensar que acaso en la bárbara alegría del encierro se esconde también alguna grave lección de honestidad, valor y sencillez.

Así, de pasada, recuerdo varios libros españoles que hablan de los Sanfermines: un capítulo de El barrio maldito, de Félix Urabayen; creo que también otro capitulo de Retorno, de Manuel Iribarren, así como su biografía de Navarra, clave para el conocimiento de esta provincia; José María Iribarren habla mucho de los Sanfermines a lo largo de su extensa y singular obra, con tantos y tan buenos títulos como vacas echan a la plaza en las fiestas riberas; Agustín de Foxá sitúa en la víspera de un San Fermín el prólogo de su comedia Baile en capitanía, justo a la puerta de la última de nuestras guerras por la Independencia: la de 1936. Hay una boina roja en un arca antigua y todo se perfuma de leyenda mientras suenan ya los cohetes del festejo. Luis del Campo publicó un curioso libro, erudito y práctico, titulado El encierro de los toros. Debe leerlo quien quiera licenciarse en historia y teoría del encierro; las asignaturas para el doctorado, en la cuesta del Hospital Militar, en el Mercado, en Santo Domingo, en la plazuela del Ayuntamiento, en la calle Mercaderes, en la Estafeta, frente a la Telefónica o en el callejón de la plaza de toros. Estas últimas clases son puramente prácticas y no hay más profesor que el propio cuajo.

Recomiendo a quien quiera pasar un buen rato el Batiburrillo, las Navarrerias, El patio de caballos y Pamplona y los viajeros de otros siglos, de José María Iribarren. Encontrará en ellos parcelas sanferminescas sobre las que reclinar la cabeza para mejor mirar a la bota, centrarla sobre el garganchón, y, hale, a leer y beber, que es lo bueno. De comer, nada; porque la prosa de José María Iribarren es tan suculenta como el ajoarriero, tan rica y tierna como el cordero de la Cuenca, tan fina y hortelana como la vieja Rochapea. Por mi parte, he tratado de los Sanfermines en Plaza del Castillo, Los toros de Iberia, un poquito de La fiel Infantería y, aunque parezca mentira, en el prólogo de mi Madrid, noche y día, lo cual es rizar el rizo. También en un cachito de Ronda española, una película con historias de las chicas de Coros y Danzas en sus viajes por América; y como elemento bueno para la comedia disparatada, en la libre adaptación que con destino al cine hice de Tú y yo somos tres, una estupenda obra de Enrique Jardiel Poncela. Pero esto, palabra, lo digo por lealtad bibliográfica, no por presumir.

Beba, pues, si piensa ir al San Fermín; entrénese en su hogar de Londres, en su rancho de Nevada, sobre el fuerte caballo de la Camarga; deje la matera y péguele al vino de Mendoza, si usted aguarda el gallo de julio a la sombra del ombú; en donde quiera que esté, beba; y cuando usted desembarque en Pamplona, que es un breve e intenso Shangri-La del júbilo, si ha de regar su alegría con aquella inmoderación discretísima que es la característica de los Sanfermines, hágalo con el vinazo de Peralta, Tudela y Artajona, pero no deje de arrimarse al clarete de Olite.

(El clarete de Olite es fino, sentimental y duro como un Gleen Ford con pañuelo rojo. El clarete de Olite es borrascoso, pendejo y galán como don Juan Tenorio, de cuya capa toma color. El clarete de Olite es fuerte, descolorido, veterano e invencible como la boina de un requeté del Tercio de Lácar o el de Montejurra, del Tercio de Navarra o el de San Fermín. El clarete de Olite es fuerte, descolorido, veterano e invencible como las flechas de un falangista de cualquiera de las nueve Banderas de Navarra. El clarete de Olite es terco y santo como Ignacio, aún más valiente que Xavier, lógico y frío como un centauro del Pirineo, fanfarrón y desafiante como una jota, mejor trabado que el castillo de su propio pueblo, con más terrazas y más jardines flotantes y todavía más imaginación sobre la plana del mundo. Hay eruditos que dicen que doña Blanca de Navarra, las infantas y sus damas, usaban el clarete de Olite como colonia o loción real. Dios las bendiga. Su amor sería como comer y beber. Sólo de pensarlo cae uno en la cuenta de cómo perdió el tiempo enamorándose de Nefertiti, allá en las primaveras de Filosofía y Letras, pudiéndose haber enamorado de doña Blanca de Navarra, bota de amor, vaso de amor, odre de amor, pellejo de amor, botella de amor, porrón de amor, zaque de amor. Todas las mujeres son una dulce o agria bodega de blanco, tinto o clarete. También de cerveza, lo cual no es tan bueno, o de «Aromas de Montserrat» o algo así, que es peor; de licor de violetas, de rosas; en fin, porquerías. Las infantas de Navarra eran unas chicas serias. El clarete lo usaban de colonia, es de suponer que para perfumarse el aliento, y el blanco para darse fricciones en el pelo. Yo no lo dudo. Nunca dudo de lo que dice un erudito, porque entonces el erudito se explica y es tremendo. Tampoco dudo de que las fricciones estuviesen destinadas a fortificar la raíz del cabello; esto es, no dudo de que las fricciones eran internas. En cualquier caso, si en el «Marrano» -ilustre, venerable, santa y decorosa taberna de la que hablaremos- o en cualquier otra embajada del mismo tipo tropiezan con el clarete de Olite, no vacilen: bébanlo. No se lo echen al pelo. No se den fricciones. Bebido, simplemente bebido, el clarete va al corazón y al pelo, al alma y a la piel, al talento y a los zapatos.)

Nuestro abuelito Pío dijo que los «Sanfermines eran unas fiestas ridículas». Se equivocó nuestro celestial Baroja porque junto a la sinceridad de los vinos navarros, los más bravos del Alcorato de los Vinos Machos -según la sabia y vinícola geografía de Luis Antonio de Vega-, nada puede resultar ridículo. Y porque nada es ridículo con la muerte al costado. Y en el encierro, que es la sustancia del San Fermín, la muerte va al costado, mejor dicho, la muerte va en los riñones, resoplando sobre los riñones de los corredores, comiendo el cáñamo de la suela de sus alpargatas. No hay ridículo con la muerte; usted puede cantar la copla del que espera a los Sanfermines, sin miedo de caer en él.

Uno de enero, dos de febrero,
tres de marzo, cuatro de abril,
cinco de mayo, seis de junio,
¡siete de julio: San Fermín!

Es natural que la canción anunciadora de los Sanfermines, la más popular, la que se canta en todo el mundo, apoye su tema literario en las cuentas cronológicas. El hecho de que desde enero a julio se contabilicen siete meses y también el que San Fermín caiga en dia siete se presta mucho a la contundencia enumerativa y justa del «Uno de enero, dos de febrero, tres de marzo», etcétera.

(Sucede, sin embargo -y conste que esto no es una afirmación, sino una especie de vago conocimiento, algo que me parece haber oído o leído y que en este momento no recuerdo muy precisamente-, que San Fermín, de verdad, cae por septiembre. En mi infancia incluso se celebraba en esas fechas el llamado San Fermín Chiquito, que el coincidente equinoccio se encargaba de remojar con abundancia, casi con ofensiva insolencia, de tal manera que el San Fermín Chiquito pasó a la historia, se ahogó en las lluvias de otoño, justificando así el lejano trueque de septiembre por julio.)

Ahora bien, quien atienda nada más que a la letra de la canción calendario, se pierde el nacimiento de la fiesta, el aperitivo, el fuerte entremés, el primer paladeo, el trago inicial, esa suculenta rodaja de chorizo -precisamente de Pamplona- que es el arranque de los Sanfermines; porque cuando amanece la mañana del 7 de julio ya lleva la ciudad dieciocho horas de jaleo. En realidad, San Fermín comienza a las doce del mediodía anterior con un cohete lanzado desde los balcones del Ayuntamiento. Este cohete parte el año de Pamplona -y en el fondo el de todos los navarros y aficionado a serlo que vivimos dispersos por el mundo- en dos cachos perfectamente definidos. Igual que los soldados del 14, del 36, del 39, hablan siempre de «antes de la guerra» o de «después de la guerra», nosotros hablamos de «antes de San Fermín» o de «después de San Fermín». San Fermín no es sólo un santo, ni una fiesta sólo, sino también una enfermedad de larga convalecencia, tanto en el orden físico como en el espiritual y financiero.

Si físicamente un hombre joven se repone del San Fermín con un par de coliquillos oportunos, alguna que otra pupa y seis días de dormir a pierna suelta, espiritualmente agota su cupo de jarana violenta para una buena temporada, aunque por aquello de entrenarse no deje de acudir, a poco que pueda, a los encierros estivales de Estella, de Tudela, de Olite, de Sangüesa, de Tafalla, de Corella y aun de otras plazas de menor importancia, pero de igual resistencia para el trinquen, la sed, el baile y otros números. Por cierto, que muy cerca de Madrid, en San Sebastián de los Reyes, se ha montado algo así como una sucursal de los Sanfermines para uso de la nostalgia madrileña, preferentemente de la de los socios del Centro Navarro, que allí van a soñar con su tierra. En el orden financiero -si volvemos al tema- no hay manera de recuperarse. Sólo la moderaci6n, al suprimir todas las inversiones no rentables -que son las únicas divertidas- y la ayuda externa, permiten al mozo sanferminero el echarse a pensar que los próximos Sanfermines están a la vuelta de la esquina y que le conviene ir amasando una fortunita para el dispendio desordenado de siete días. El número 7, como se ve, es casi cabalístico en estas fiestas, y más si se recuerda que el encierro comienza a las siete de la mañana, y que el primero que Dios envía es el día siete a las siete en punto.

Decir que la fiesta empieza es decir poco. Lo que la fiesta hace es reventar como un triquitraque. Yo siempre he opinado que lo que hacemos -hacíamos, por lo que a mi se refiere- en Pamplona por San Fermín es como desenterrar el hacha de guerra y ponerse a jugar con ella aun a riesgo de que se nos caiga encima. Temo que esto, dicho así, pueda parecer exagerado al lector que no sea muy imaginativo y de benévola condición, pero para que todo quede en claro, aquí van a ver la serie de fotografías de Massats, que definen con el rigor de Velázquez, arrebatan con el vital, celtibérico y jotero don Francisco de Goya; pormenorizan con los pinceles de Teniers, mojados en los pucheros y en las cazuelas de una buena cocina, y hasta tienen, a ratos, la desgarrada, melancólica y sugerente brutalidad de Solana.

Oh, sí, la fiesta estalla, revienta, cruje, se incendia, toma lo que puede del ciclón y el huracán, de los tifones y las tormentas: salen los gigantes y cabezudos, los kilikis y los zaldikomaldikos; barren las charangas toda sutileza y se acerca el zezenzusko, el misterioso toro ibérico, el descendiente de los rojos Carriquiris que derrotaron a Amílcar Barca; zumban las bandas de música militares y civiles, los chistularis, los gaiteros, los dulzaineros; atruena la cohetería con el agrio olor de la pólvora, y toda la ciudad, que estaba silenciosa en la calle, que estaba trabajando en silencio desde un año atrás, se pone a cantar y brincar porque ya han dado las doce y es hora de desbordarse en una alegría vieja e ingenua, ruidosa y pública, inocente, perfecta. «La fiesta había empezado de verdad», escribe Hemingway. «Siguió día y noche durante siete días. Continuó el bailar, el beber y el barullo. Las cosas que ocurrieron solamente durante una fiesta podrían ocurrir. Al final todo se tornó completamente irreal y pareció como si nada pudiese tener consecuencia alguna. Parecía fuera de lugar pensar en las consecuencias durante la fiesta. Se tenía la sensaci6n de que todo estaba tan quieto, que uno tenía que gritar sus observaciones para hacerse oír. Daban la misma sensación todos los otros actos. Era una fiesta y duró siete días.»

(Y usted perdone, Ernesto, pero la traducción no es castellana y eso siempre se nota.)

La tarde del día 6 se celebran las vísperas religiosas, más parecidas a las sicilianas -al menos en su aspecto extemo- que a otra cosa, y ya todo va cuesta abajo. Esa noche es noche de cenas de amigos, y no se preocupe por los amigos, forastero; si usted es un forastero de verdad, en Pamplona siempre encontrará amigos y salutaciones. Incluso pancartas en las que leerá: «Viva el vino y vivan los forasteros.» El vino no es forastero, el vino es de allí; el forastero es usted, amigo, y en cuanto lo beba le parecerá que tampoco usted es forastero, que también usted es de Pamplona, o quizá de Sangüesa, patria ilustre de las pochas, unas alubias tan tiernas como una madre; o quién sabe si le parecerá que es usted de Tudela, sobre el Ebro, una espléndida tierra para nacer y envolverse en seguida en los ricos pañales de la Mejana; o quizá le parecerá que usted es, forastero, un baztanés que pasa de los soportales de Elizondo a los de la plaza del Castillo sin tocar baranda; o de Ujué, la romera, o de cualquier lado de Navarra. El vino cría sangre, buena sangre, y el San Fermín es la fiesta de la buena sangre, de modo que si usted bebe el vino de Navarra usted se hace algo navarro, incluso bastante, si es que usted sabe beberlo y merecerlo.

Para esa noche de cenas de amigos le recomiendo el ajoarriero con langosta, forastero; un plato fuerte y de digesti6n laboriosa -a menos que uno tenga cierta capacidad de embarque en cuestión de caldos, y eso, como el valor en nuestro Ejército, se le supone a todo hombre bien nacido-, porque el tal ajoarriero, al que hay que saludar con la boina en alto, ayuda mucho a esperar la recena de madrugada. La recena es un rito y también una estación intermedia entre la primera noche y el primer encierro. Hay quien le da en la recena a las sopas de ajo y al cordero de la Cuenca, que es un cordero para quitarse la boina de la cabeza, eso sí, con mucha reverencia. Posiblemente, y ya que tocamos el tema, lo mejor es andar siempre con la boina en la mano porque en Pamplona hay mucho que saludar esos días, y también los otros. Para la recena, si usted no se me ofende, forastero, le aconsejaría más ajoarriero con langosta. Es un plato extraño, delicioso y duro, como un banderín de la dulzura ibérica, y no se come bien más que en Pamplona. Pasa como con el romesco y Tarragona. Bien forrados de ajoarriero con langosta, las emociones del encierro pueden soportarse horas después con menos taquicardia de la prevista, y si se sobrevive a un tratamiento como el que tengo el honor de recomendar aquí, los Sanfermines son suaves, delicados, refrescantes y fáciles de consumir como un sorbete de limón hecho con la nieve de los pozos de Roncesvalles, o como un plato de diminutas y arciprestales fresas de los bosques de Burguete, llenas de agridulce fragancia, rojas y fuertes como la sangre de Rolando, que es el tipo que las nutre y cromatiza, como usted bien sabe, forastero, si se asomó un poquito a la Historia.

Acaso convenga al llegar aquí hacer un alto en el camino y ponerle en antecedentes de la gloriosa tradición gastronómica de Pamplona. Si los duelos con pan son menos, excuso decirle lo bien que le van a un cristiano dispuesto a divertirse los guisos, fritos y asados que forman en nuestra amplia cocina nacional, desde los superacorazados, como el cocido, la fabada o la paella, hasta los flecos de la escuadra, como el pinchito, la gamba al ajillo o las almejas a la marinera. Las cocinas de Pamplona son tan sólidas como sus murallas, tan variadas como el paisaje que desde ellas se contempla, tan honestas como su tradición, y están a la mano, lo mismo que el corazón de las gentes de aquella tierra. A la hora de comer -y este consejo vale dinero, amigo-, no vacile, no pregunte, no dude un momento: entre en la taberna, en el figón, en la casa de comidas, en el restaurante, en el hotel que le pille más cerca. Una media de buen tono gastronómico está asegurada en cualquier parte. Claro que en esto, como en todo, también hay privilegios, y si en la calle Estafeta encuentra usted un verdadero hogar donde se armoniza mozartianamente el vino del Señorío de Sarria con el jamón de aquellos pagos, también hay un equilibrio áureo entre las tapas rústicas de casa del Marrano respecto a la bravura del vino que despacha, y si hay algo en este mundo parecido a una gastronómica «tournée des grands ducs», le aseguro, forastero, que su itinerario cruza por la plaza del Castillo camino de las Pocholas o el Hostal del Rey Noble, que tanto da, donde la gentileza y la hermosura se hacen caldo y salsa, invención y cortesía; o bien camino del Hostal de Aralar, en la calle San Nicolás, palacio del ajoarriero con langosta, al menos para mi gusto, que no es nada malo; o del Iruña, en la Mercaderes de mi infancia, asiento natural de toda suculencia, sin olvidar la casa llamada de doña Blanca de Navarra, donde comer un plato de alubias da la sensación de que se muerde levemente, tibiamente, ésta quiero y ésta también, a una tribu de princesas tan rubias, repetidas y apetitosas, como tan chicas del antiguo Scala de Berlin; o camino de casa Marceliano, en Santo Domingo, márgenes del Mercado -para mayor comodidad-, donde el corderico de la Cuenca alcanza la excelsitud beethoveniana del asado, de modo que, sea el tiempo litúrgico que sea, usted está comiendo siempre cordero pascual, cordero de fiesta, cordero que le nutre cándidamente los pastos del corazón; o bien, camino de la Hostería del Caballo Blanco, en el Redín de mis juegos escolares, lugar al que desde aquí concedo un largo crédito, porque aún no se inauguró y ya tiene fama, y yo sé que, con la bondad de Dios, alguna buena comida me queda por hacer allí, y si es en Sanfermines mejor que mejor. Desde cualquiera de estos sitios, citados en justicia -pero a los que con el corazón en la mano habría que añadir otros muchos que la distancia y el tiempo me han borrado un tanto-, se pueden elevar plegarias de gratitud al ingenio de los hombres que combinaron el melón con el jamón, y éste con la trucha fresca, saltarina y suave del Irati, el Bidasoa o el Urederra y hasta con el talento literario de los que llamaron a las truchas a la navarra, truchas a caballo, que es como un toque de botasillas culinarias, algo como mezclar la gastronomía y la guerrilla, en fin, un nombre perfecto; y no debe faltar, tampoco, la gratitud de nuestros pechos -el suyo, forastero, y el mío- al chorizo de Pamplona, al rojo, rico, radiante chorizo de Pamplona, que es también como el pañuelo rojo de la fiesta gastronómica, y que acompaña en los toros mejor que ninguna otra merienda. Una buena corrida, un buen bocadillo de chorizo y un buen vino en una buena bota, hacen la vida regalada, contenta de sí, grata como una tarde a orillas del río, entre los árboles y con una guapa chica cerca. Si la corrida es mala, cosa que puede pasar y de hecho pasa, el chorizo y el vino buscan el lado mejor de las cosas, sin enconos, y lo encuentran, claro, de modo que ya es sabido por todos cuantos vivieron el San Fermín de Pamplona, que si la O.N.U. quisiera servir de algo más que de pura risa, tendría que celebrar sus sesiones en la plaza de toros de Pamplona, a ser posible en los tendidos de sol, bien adobadas las delegaciones con la gente de bronce, con sus canciones y sus charangas, con sus cestos de pan, sus bocadillos de chorizo o sus magras con tomate -quítese la boina de nuevo, por favor, forastero- y con el rico, rojo y radiante chorizo de Pamplona. La paz se sienta en aquellos tendidos, pese al alboroto, y los delegados de la O.N.U. harían bien en tomar en serio este consejo. Si nos daban pan y paz, nosotros pondríamos el chorizo para ellos y para todos; y si algún botarate se desmandaba, siempre tendríamos a mano los corrales y los cabestros.

Para entrar en este continente de la alegría, que ya hemos quedado en que eso son los Sanfermines, no hay aduanas ni fronteras. Sólo se exige buena voluntad y en cambio se otorga automáticamente el hondo derecho de vivir como se quiera, con la bota al hombro o bien chupando bota del colega, conocido o no, presentado o no, que le caiga más cerca. La gran hermandad del pañuelo rojo no conoce la descortesía y allí todos comparten con su prójimo el buen humor, la botella y el baile, y si algunos se cuelgan una horca de ajos al cuello, es porque la ristra de ajos es como un cándido y picante collar de bienvenida, un aloha con derecho a cocina. Por otra parte, esos ajos tienen voluntad de rosas, quisieran ser rosas -y casi lo son-, pero las rosas, demasiado delicadas para soportar el bullicio de los Sanfermines, se hacen representar por los ajos, que son fuertes, resistentes, varoniles, y que además van muy bien para el reúma, eso en el caso de que la humedad del vino pueda perjudicar la buena marcha de las articulaciones.

Y ahora, amigos -y antes que nadie usted, forastero-, pasen y vean, como dicen los feriantes de la barraca de los monstruos o de las bailarinas modernas, pasen y vean la hermosa plaza del Castillo, el bonito cohete de las doce, la traca virulenta del riau-riau, la noche de Pantagruel y el toro de fuego; pasen, oigan, vean, huelan, toquen la gracia de los Sanfermines, la diana frenética, el encierro -nada más, el encierro- y prueben los churros de la Mañueta, la brisa matutina en las terrazas del Kutz y el Iruña, bailen en los casinos, en las calles, en las tabernas, en los tendidos de sol; y usted, forastero, fúndase con la fiesta y aspire el humo de los habanos que la inciensan y déjese llevar por el corazón, que es el mejor guía para entrar en Pamplona, vivir en Pamplona y divertirse en Pamplona. El pañuelo rojo al cuello le armará caballero de este zipizape jocundo, viril, cristiano. ¡Póngaselo! ¿Y una ristra de ajos? Y una ristra de ajos, ¿por qué no? Hasta ahí todo va reglamentario, pero si usted se cuelga del cuello un chorizo de medio metro, tampoco va a pasar nada, salvo que no llegará vivo a la noche, porque antes, entre usted y los amigos que vaya haciendo ya habrán dado buena cuenta de él.

Se lo aseguro, forastero.

miércoles, 6 de julio de 2011

SOBRE LOS GASTOS DE LA VISITA PAPAL.

Gastos que -según 20 Minutos- sumarán 50 millones de euros, pagados por los peregrinos y los patrocinadores.

Como este dato, así dicho y recontado, no tiene nada que criticar, añaden que las instalaciones públicas -colegios, institutos, albergues, polideportivos- que han sido cedidas gratuitamente no están comprendidos en ese coste cero, y los ayuntamientos tendrán que pagar la luz y el agua que se consuma.

También, que la seguridad costará 1,7 millones de euros, en dietas a las policías municipal y nacional, y Guardia Civil.

Desde hace ya tiempo, muchos soplagaitas vienen quejándose de los gastos que puede ocasionar la visita del Papa. Incluso, decía la prensa hace unos días, no se qué grupito, grupete, grupillo, gruleches, de católicos; cosa sumamente extraña, porque católico significa Universal, luego toda parcelación es contradictoria con la esencia. Y si se trata de curas, en lo menos que pueden incurrir es en la suspensión de sus funciones.

Y uno, que no es ni por casualidad lo que se dice un beato, y que incluso anda distanciadillo de la institución eclesiástica, piensa que estos grupos, grupitos, grupetes, y los gilipollas que para presumir de ateos o laicos hacen girar su vida en torno a la Iglesia, ya podían protestar por otros gastos mucho más considerables y menos útiles.

Por ejemplo, por la luz y el agua que se gasta en los centros de acogida y de internamiento para inmigrantes ilegales, o por el chorreo de millones que se van en -por sólo citar una- la guerra de agresión -definida en el precedente de Nuremberg- contra Libia.

martes, 5 de julio de 2011

SOBRE IMPUESTOS ESPECIALES.

Los que el PSOE, por boca de su señor ministro de Trabajo, don Valeriano Gómez -véase El Mundo y El País-, quiere establecer para los sueldos excepcionalmente altos de los directivos de banca.

Bastó que Alfredo arremetiese contra los bancos por haber concedido hipotecas alegremente -olvidando, sin duda, los milloncejos concedidos a su propio partido y a los demás, que esos si que son incobrables, según se demostró con el PSC-, para que todo el sociatismo -no es errata-, haya empezado a clamar contra los bancos y los banqueros.

Y a mí no me parece mal, entre otras cosas porque esa misma Bankia cuyos directivos cobrarán 10,15 millones de euros anuales, pretende sablear dos euros mensuales a quien no tenga en su cuenta corriente más de dos mil euros de saldo, por ejemplo.

La desfachatez de los bancos -y no digamos de las excajas de ahorro- es oceánica, y ya no se conforman con percibir intereses usurarios por los préstamos, sino que sacan tajada hasta de quienes les llevan el dinero. Pero la desfachatez de los bancos se corresponde con la desvergüenza de quienes se lo permiten. Y -evidentemente- con la estupidez de quienes votan a los que lo toleran.

Aclarado este punto, no puedo dejar de resaltar que la ideita de crear impuestos especiales para los grandes sueldos de los banqueros es, como poco, inconstitucional Porque, primero, no se puede discriminar a nadie por razón de su trabajo (art. 14)  -agárrese los machos don Alfredo, no sea que su colega Pajín lo envuelva en su Ley de igualdad de trato-; y porque, segundo, clamaría al cielo cargar la mano con los directivos de banca y permitir que -por ejemplo- los señores González y Aznar no tributasen de igual forma por los 80.000 euros que cobran del Estado, amén de sus sueldos privados; que don Felipe González no tributase de manera acorde por sus emolumentos como consejero de Gas Natural, y don José María por lo suyo en no se qué otra empresa parecida, de la que ahora no encuentro la documentación; que la señora Cospedal cobrase 240.000 euros en 2009, y los que procedan en el año corriente; que Carod Rovira perciba alegremente 6.000 euros pos asesorar a una red sanitaria, o que actrices fracasadas como Cayetana Guillén Cuervo, trinquen 60.000 euros al mes de TVE, que somos todos, sin pasar por la caja de Hacienda de la misma forma.
No discriminemos. Que se retraten los banqueros sí, desde luego; pero que se retraten los demás, también.

miércoles, 29 de junio de 2011

SOBRE MI PROPUESTA HIPOTECARIA.

Tema en el que nadie parece saber qué hacer, ni cómo, ni para qué.

Porque tiene narices que un banco se te quede con la casa, y encima tengas que pagar la hipoteca. La cosa será legal, pero -evidentemente- no es justa. Pero tampoco puede ser que los bancos se queden con cientos de miles de viviendas estancadas, y sin poderles sacar siquiera lo que prestaron por ellas.

No se les puede exigir a los bancos que se esperen unos años, a ver si así consiguen cobrar, porque a ver qué hacen entretanto.

Ni se les pueden dar ayudas así como así a los hipotecados, porque las ayudas van a salir de los bolsillos de los demás hipotecados, o de los que ya en su día pagaron como buenos y no tienen por qué pagarle la casa a otro.

Así es que, como el tema es peliagudo, aquí ofrezco una idea para quien guste llevarla al BOE, que es donde estas cosas valen:

***

PREÁMBULO:

-

Siendo evidente la incapacidad del Gobierno, de los adheridos, chupópteros, lameculos y salvaslips del Gobierno; de la oposición mayoritaria y de las oposiciones minoritarias y aún mínimas;

Siendo conocido que muchos cientos de miles de personas corren el riesgo de no poder pagar la hipoteca a las entidades bancarias y, en consecuencia, de quedarse endeudados y sin casa;

Siendo obvio que los bancos no pueden quedarse con todas las viviendas y sin fondos líquidos;

Siendo injusto que quienes ya han pagado vuelvan a hacerlo por otros;

Y siendo que el Estado entregó cantidades multimillonarias a la banca, para salvarla del hundimiento,

-

DISPONGO:

-

1º) Las viviendas cuyos titulares no puedan pagar la hipoteca sobre ellas, pasarán a manos de las entidades de crédito, saldando completamente la deuda contraída y, en su caso, devolviendo al hipotecado la cantidad a que hubiere lugar, si ya hubiese pagado más de lo que valga actualmente la vivienda.

2º) Las entidades bancarias cederán esas viviendas al Estado, en pago por las ayudas ya recibidas, al precio actual de la vivienda, sin intereses hipotecarios.

3º) El Estado establecerá unas condiciones adecuadas y asumibles por los propietarios de las viviendas, para que puedan hacer frente a los pagos.

4º) Oportunamente, se desarrollará el correspondiente Reglamento por funcionarios de carrera del Ministerio de Vivienda. En ningún caso participarán asesores digitales, ni comisiones políticas.

lunes, 27 de junio de 2011

SOBRE LA CREDIBILIDAD.

Afirmaba el señor Rubalcaba -llámame Alfredo- que "Bildu pierde credibilidad cada día que no pide el fin de ETA".

Será porque soy un malpensado -que lo soy-, o porque no soy un imbécil -que tengo motivos para creer que no lo soy tanto-, pero en mi modesta opinión, cada día que pasa Bildu es tan creíble como lo era cuando el Tribunal Constitucional le permitió concurrir a las elecciones.

Es totalmente creíble cuando retira los retratos del Rey de los salones municipales. Y conste quea mi no me gustan los retratos del Rey, ni me gusta el Rey, ni me gusta la Monarquía borbónico-liberal. Pero el Rey es el Jefe del Estado, y si quitan su retrato no es porque sea de la persona Juan Carlos de Borbón, sino porque es del símbolo Rey de España.

Bildu es totalmente creíble cuando quita la Bandera de España de los mástiles; es totalmente creíble cuando exige la expulsión de las Fuerzas Armadas y de las Fuerzas de Seguridad del Estado de una parte del territorio nacional que considera su aldea propia. Es totalmente creíble cuando apoya manifestaciones pidiendo trato de favor -que el Gobierno concede- para los asesinos etarras.

En resumen, Bildu está en lo suyo, en lo que siempre ha sido; y en lo que usted, señor Rubalcaba, su Gobierno y su Tribunal Constitucional sabían perfectamente que era.

Así es que, si alguien pierde credibilidad cada día que no se aplica la legislación vigente, es su Gobierno, señor Rubalcaba, y su Fiscal General.

Quien pierde credibilidad es usted mismo -tu mismo, Alfredo-, como principal encargado de hacer cumplir la Ley desde tu Ministerio.












viernes, 24 de junio de 2011

SOBRE LAS BARBAS Y LOS REMOJOS.


El Tribunal Penal Internacional para Ruanda (TPIR) condenó este viernes a cadena perpetua a una antigua ministra de la Familia y Desarrollo de la Mujer, Pauline Nyiramasuhuko... El TPIR, con sede en Arusha (norte de Tanzania), ha considerado que Nyiramasuhuko fue culpable de cargos como genocidio (...) durante las matanzas perpetradas entre abril y junio de 1994.

Pues ya sabe usted, doña Bibiana, lo que debe ir haciendo con sus -supongo que metafóricas- barbas.

martes, 21 de junio de 2011

SOBRE LA LUZ DEL TUNEL, EL BROTE VERDE Y TODO ESO.

¡Albricias, hermanos!

¡Ya están aquí!

Ya han llegado los brotes verdes, la luz al final del túnel, la mejoría contrastable, la curva ascendente, la economía sostenible, las octavas, novenas y décimas maravillas del mundo.

Lo cuenta 20 Minutos -los demás periódicos ayer por la tarde aún no lo decían-, y el titular es regocijante: Los grupos bancarios que operan en España tuvieron un beneficio neto conjunto de 3.714 millones de euros entre enero y marzo de 2011.

Así es que ya, ahorita mismo, empezarán a devolver el dinero de nuestros impuestos que le dió el Gobierno, y a los pensionistas se les subirá la pensión; a los funcionarios se les devolverá el 5% robado; a los empleados se les rebajará la edad de jubilación y los años cotizados, las administraciones locales y autonómicas pagarán todo lo que deben a sus proveedores, y todo volverá a ser Jauja.

lunes, 20 de junio de 2011

SOBRE EL MIR DE "ALFREDO".

Que ya saben ustedes que a uno le gusta ser educado, y para ello debería decir que la idea es del Excelentísimo señor D. Alfredo Pérez Rubalcaba, pero todo sea por darle gusto al señor Ministro y llamarle como él prefiere.

El caso es que se le ha ocurrido proponer -porque ya estamos en campaña electoral, evidentemente-, una especie de MIR para los futuros profesores, con la correspondiente oposición, un año de prácticas y otro exámen final.

Ignoro cómo andan los planes de estudio actuales para profesores, pero cuando hice esa carrera lo cierto es que no se salía de ella con mucha preparación. Hablo, claro, de épocas antediluvianas -últimos años 70, ahí es nada-, cuando la asignatura fundamental en todas las universidades era la solidaridad con los compañeros del metal. Solidaridad -justo es decirlo, creo- que nunca fue recíproca, porque los compañeros del metal jamás se solidarizaron conmigo cuando me pusieron, por ejemplo, exámenes finales de matemáticas en un sábado de junio a las cuatro de la tarde, hora inhumana para examinarse en esa época del año.

Se salía de la Escuela Universitaria sin mucha preparación, y no por carencia de prácticas, que aunque fueran pocas -un mes en 2º y otro en 3º- para algo llegaban. La falta de preparación era debida, fundamentalmente, a los temarios de estudio. Porque en esa carrera de lo que se trataba -pienso- era de aprender a enseñar. Los conocimientos que debía transmitir un -en aquél tiempo- profesor de EGB, entiendo que se le debían dar por supuestos, porque si alguien que había llegado a la Universidad no sabía matemáticas, física, filosofía, literatura, geografía, ciencias naturales, historia... suficientes para el nivel de un niño de primaria, apañados estábamos.

Y en la Universidad se enseñaba todo eso -según qué especialidad-, generalmente a un nivel inferior al de COU, salvo cuando algún profesor o catedrático iluminado consideraba su asignatura como el centro del mundo y, por ejemplo, se empeñaba en enseñarnos matemáticas -a los de Ciencias Humanas- como si fuéramos a aspirar a una cátedra en la materia. Muy lejos, obviamente, de lo que tendríamos que enseñar a los críos, que era el objetivo de la carrera.

Ni que hablar de la historiografía marxista, la filosofía marxista, la literatura marxista y la lingüística -no se si marxista, pero si infumable-, dirigidas a adoctrinar a los universitarios, y no a enseñarnos a enseñar todo aquello a nuestros futuros educandos.

De forma, Alfredo, -y ya vuelvo al redil del comentario-, que si lo que quieres es una enseñanza de mejor calidad, lo primero que tienes que hacer en enseñar adecuadamente a los futuros profesores. Y eso sólo lo vas a conseguir si cambias los temarios, si cambias la orientación de los estudios universitarios y si sacas de los programas de los niños las gilipolleces adoctrinadoras de la educación para la ciudadanía socialista, la manipulación para la sodomía, la perversión para las criaturitas, el gamberrismo avanzado, el horizonte circunscrito a la aldea, y la tolerancia hacia la delincuencia.

Y si estableces que una -sólo una- falta de ortografía impida terminar la carrera. Porque si ya es malo que un Licenciado en Matemáticas, o en Medicina; en Biológicas o en cualquier Ingeniería, no sepa escribir adecuadamente, que un maestro escriba con faltas de ortografía es un crimen.

Y, claro está, si devuelves a los profesores la autoridad imprescindible para que impongan, no sólo orden, sino ejemplo.

¿Entiendes, Alfredo, por dónde pasa la solución al fracaso escolar y a la ignorancia institucionalizada?
___
P.S. Por supuesto, aunque estudié la carrera que entonces se llamaba Profesorado de EGB, nunca la he ejercido. La lucha contra apas, amas, gamberros consentidos y gilipollas graduados era superior a mis fuerzas, lo cual se comunica a los efectos oportunos por si algún posible lector se siente alarmado porque un fascista -facha, ultra, racista, xenófobo... en fin, sumen ustedes cuantos epítetos gusten- pudiera estar dando clase a sus hijos.

domingo, 19 de junio de 2011

SOBRE OTRA VUELTA A LA NORIA.

Otra encuesta sobre el mismo tema, porque lo malo de ser burro de noria es que siempre se acaba en el mismo sitio que se empezó. Y no se dan cuenta.

Se trata, una vez más, del Valle de los Caídos, realidad que escuece como si en vez de ser piedra fuera plomo fundido, y en este enlace preguntan -de nuevo, qué cansinos- si hay que sacar a Franco de allí. La cosa va por un 47,7 a favor del si, y el lógico 52,3 para el no, así es que para luego es tarde.

Lobo_Ibero -que es quien me lo pasa- añade otro enlace a un trozo del programa, que ahí queda por si alguien tiene estómago.




SOBRE UN AVISO.

Procedente de mi camarada Lobo_Ibero y de su -como él la llama- lobera de Cruzada Hispánica, me llega este aviso con ruego de difusión. Así es que, como es lógico, aquí se lo dejo:

*****

PROYECTO PARA

Campamento Juvenil – Club Patriota Español

Estimado Camarada:

Este un borrador del proyecto para que poco a poco vaya cogiendo cuerpo y si se puede, ponerlo en marcha en lo más pronto posible, yo voy a colaborar al máximo, pero se necesitan muchos colaboradores.

Habría que divulgar el Proyecto, en todas las páginas webs, tener reunión con todos: FE Falange, AJE, Movimiento Carlista, Fuerza Nueva, DN, AES, E.2000, FrN, AN, etc, para que participen en lo que puedan, para mí lo importante es que salga adelante, yo seré un asociado de base, pero comprometiéndome y trabajando en todo lo que pueda hacer y desarrollar.

Se formará una gestora para poner en marcha el Proyecto y los Estatutos que han de regir en él, y a los treinta días de que se admitan solicitudes de asociados, se celebrará el primer congreso para elegir la junta directiva.

Este proyecto piloto se haría donde más entusiastas hubiera, para que si tiene éxito se pudiera propagar por todo el territorio español.

Desde mi punto de vista, pondría en marcha el Campamento – Club, para los que estén Asociados, el importe mínimo será de un €uro mensual por persona, el máximo, lo que puedan y quieran (con lo cual sabremos cuantos ingresos hay, ergo, cuantos Patriotas) el asociado podrá ver donde esta su ingreso a través de Internet, y mensualmente se le facilitará los gastos del Campamento - Club - por Internet. Esto es lo más importante, de lo que en principio se pueda pensar, puesto que la transparencia es total. No hay que decir que la mayoría trabajaremos gratis.

Como nombre se le podría dar el que decida la Asamblea por mayoría votos, ya que lo que se pretende desde mi punto de vista es aglutinar, en principio, a los anteriormente aludidos y Patriotas en general.

La necesidad de este proyecto viene desde que se cerraron todos los centros de esta ideología, el punto de salida me lo ha proporcionado, cuando he visto todo lo expuesto con motivo del aniversario de J. Ignacio González.

Este Proyecto, Campamento - Club, se basa, por un lado, en la preparación de las nuevas generaciones basado en los principios y valores que nos han caracterizado como pueblo, Dios Patria y justicia, por otro lado, un punto de reunión (de oxigeno patriota) donde los españoles que comulguen por estos principios y valores puedan reunirse y conocerse en un recinto (finca) privada y cerrada al público, donde sólo pueden entrar los socios, para impedir en la medida de lo posible que hayan elementos nocivos, donde tendrán cafetería, comedor y actividades de todo tipo.

Nos hará falta colaboradores, de los que tengan conocimiento del funcionamiento de estos campamentos y nos ofrecieran, estatutos, normas, actividades, etc.

No obstante, hay que desarrollar estos extremos:

1.Desarrollar, Requisitos para entrar en la Asociación, (filtros), hablar con Gil de la Pisa, y otros.

2.Desarrollar vestuario, (entre otros, el de la Falange, (gorra negra o roja) a valorar, ya que con la roja se agrupa a más gente.

3.Desarrollar, consentimiento de los padres para dejar al menor en el campamento.

4.Desarrollar, normas de comportamiento y sanciones: obediencia, respeto etc.

5.Desarrollar, ficha clínica del menor, por un médico o similar.

6.Desarrollar, actividades en el campamento, desde la diana hasta la retreta, es decir, desde la izada hasta la arriada de la bandera. (Corneta)

7.Desarrollar, ideario patriota.

8.Desarrollar, decoración en el campamento, símbolos, iconos, videos, música, tanto exteriores, recinto, como en los interiores de los habitáculos.

9.Desarrollar, servicio sanitario y de vigilancia en el campamento, así como botiquín.

10.Desarrollar, vehículo de emergencias para casos urgentes.

11.Desarrollar, Alimentación, médico nutricionista.

12.Desarrollar, Monitores, deporte, instrucción, religión, ocio, etc.

13.Desarrollar, retenes para limpieza, cocina, recinto etc.

14.Desarrollar, los nueve días de la semana, de viernes a domingo, ya que si algunos no se adaptan se pueden ir el domingo siguiente, y así los padres pueden recogerlos.

15.Desarrollar, precio alumno por los nueve días, que será excesivamente económico.

16.Desarrollar, visitas al campamento de patriotas que aún están vivos, ejem: D. B. Piñar, D. A. Tejero, D. A. Gil de la Pisa, D. R. P. Zancada, etc, en horas de clase, ya que su exposición de su ideario y vivencia será una clase magistral.

17.Desarrollar, Acto de recibimiento de alumnos y de despedida, así como premios.

18.Desarrollar, actividades en el campamento y en el club.

De momento ya hay trabajo.

Camarada esto es un proyecto de ámbito nacional, y viable. Hay que intentar difundirlo urbi et orbe

Saludos. Feliz y revolucionario 2011.

¡¡Por España!! ¡¡Franco. J. Antonio. Presentes!!

sábado, 18 de junio de 2011

MAS COMENTARIOS BREVES.


Rebelde libio: 'Yo no puedo luchar sin fumar hachís, me llena de coraje guerrero'

¡Coño...! ¡A que iba a tener razón Gadafi con eso de que los rebeldes eran una panda de vagos, maleantes y drogadictos!

***


Strauss-Kahn alegó tener inmunidad diplomática

O sea: que los mandamases socialistas tienen derecho de pernada.

***


El consejero de Agricultura pide a los catalanes “patriotismo alimentario”

Sobre todo, señor Consejero, que le den mucha butifarra.

***


Evo Morales: 'Por culpa de las telenovelas hombres y mujeres nos ponemos los cuernos'

Hombre, don Evo, por las series sólo no; pero si añadimos el cine, la literatura, la Educación para la Ciudadanía, la prensa amarilla, las revistas del hígado, los botellones y el encanallamiento escolar, lo mismo no anda descaminado.

***


¿Se acabarán los anuncios de putas en los periódicos tradicionales?

¿Y el emputecimiento en el BOE?

***


Zapatero: “La democracia es libertad con reglas”

Ergo, cuando no se cumplen las reglas -jornada de reflexión del 13 de marzo de 2004, trabajo digno que dice la Constitución, igualdad ante la Ley, Tribunales Constitucionales que admiten etarras en las elecciones, Ministras que hacen apología del asesinato intrauterino...- no hay democracia.

***


El Gobierno acuerda con el PNV seis nuevos traspasos al País Vasco que estaban pendientes

Pero... vamos a ver: El Presidente autónomo de Vascongadas... ¿no era Pachi nadie?

***


El alcalde de Bildu planea prohibir los toros en la plaza de San Sebastián

Diga usted que sí, señor Alcalde, que tiene que defender a sus votantes.

viernes, 17 de junio de 2011

SOBRE UNA CARTA A JOSE BONO.

Carta que escribe el Ilustrísimo Señor don Jesús Flores Thies, mi camarada y que, como no podía ser menos, suscribo por completo:

*****

Jesús Flores Thies
Coronel de Artillería-retirado

Barcelona 14 de junio de 2011

Señor D. José Bono

Congreso de Diputados y Diputadas

Se va a convertir usted en coleccionista de mis cartas, la última se la escribí recién nombrado, nadie sabe por qué, ministro de DEFENSA, en un vano intento de salvar el Museo Militar de Montjuich. Su respuesta, “lo que se haga será a satisfacción de todos”, fue muy original, teniendo en cuenta que el museo se cerró definitivamente y sus restos mortales, dispersos, me imagino que de forma muy satisfactoria. Hoy le toca al Valle de los Caídos…

Sigo, más perplejo que indignado, las maniobras, operaciones y trampantojos para convertir este monumento en una especie de mancebía política, eliminando las nobles e históricas razones de su fundación. Si los suyos volaron el monumento al Sagrado Corazón en el Cerro de los Ángeles ¿qué podemos esperar de los “legalmente constituidos?

Contra lo que se pudiera creer, no resulta asombrosa la rabiosa y larga maniobra de venganza de los herederos ideológicos y políticos de aquellos que cometieron la mayor persecución religiosa de la Historia, el mayor robo, depredación y saqueo del Patrimonio de toda nuestra Historia, los de Paracuellos y las chekas, ambos crímenes “legales”, lo que resulta asombroso es que una gran parte de España, que nada tiene que ver con la política corrupta y sectaria del PSOE y de sus acólitos separatistas, anarquistas etc, lo permita. Claro que enfrente tiene a una derecha política, también corrupta y sectaria, además de cobarde y una sociedad dopada o capada, que hay diversidad de opiniones sobre ello.

El desprecio y vileza cometidos contra millones de españoles (millones…) silenciosos y silenciados para quienes esta maniobra talibán representa una infame agresión a sus sentimientos, ideales y principios religiosos que eran, por cierto, los de su padre (que hizo bien en morirse a tiempo para no ver tanta vileza), nos hace entender mejor las razones de una guerra civil.

He leído lo que ha dicho Jáuregui, ministro de algo: "ya es hora de que un icono de la represión del nacional-catolicismo se convierta en un lugar para todos, de memoria reconciliada (sic)"; y lo que también ha dicho usted con referencia a la exhumación de los restos del Generalísimo Franco: "para ajustar cuentas con la historia, para luchar contra Franco el momento no es éste; acabó en el 75, cuando murió, aunque los que tuvieron el honor de luchar por la libertad (sic) con Franco dictador, autoritario, totalitario y vivo tienen ahora "cierta autoridad moral" (otro sic) para decir eso”.

Ni usted, ni el apellidado Jáuregui, podrían sostener esos raros argumentos delante de mi, indudablemente menos inteligente que ambas joyas de la política capital-socialista, porque no pasé de coronel con un parco retiro recortado, nada que ver con los que ustedes se preparan concienzudamente, y no lo podrían sostener de forma razonada porque nunca han tenido enfrente a alguien que pueda responderles con dignidad y conocimiento, y están faltos de entrenamiento.

Observo que la indignidad, la vileza y hasta la estupidez de muchos de nuestros políticos no tienen límites conocidos. Curiosamente, en todo este guiñol no aparece la figura del Rey, que fue quien quiso que los restos de Franco, a quien le debe el Trono, fueran al Valle de los Caídos ¿Ya han metido al Rey en el cuarto trastero?.

Una muestra de la calidad de ese PSOE, de triste y sanguinario pasado, es la creación de esa “Comisión de Expertos”, algunos de cuyos componentes conocí hace tiempo en un programa de televisión en el que pude llamar criminal, en directo, a su amigo el genocida Carrillo Solares, componentes de la misma calaña sectaria de los demás “comisionados”, donde lo mismo hay un fraile separatista que odia a los “Mártires de la Cruzada”, que otro perteneciente a la millonariamente subvencionada “Fundación Pablo Iglesias”, además de algún que otro cura rebotado o una feminista compulsiva que clama por algo así como el “derecho al mal”.

Antes de que la moribunda rata del PSOE muera en marzo del 2012, morderá en el último estertor que pasará a la Historia, cuando ésta se vuelva a escribir por historiadores y no pendejos de la política de sectas, como vergüenza cultural e histórica de dimensiones algo así como siderales.

Que Dios les perdone el daño que hacen y la desvergüenza política que ejercen, y a nosotros nos permita, antes de morir, eliminar el odio que sentimos hacia ustedes y su tropa depredadora, y perdonarles el daño que hacen a una España a la que han llevado a los límites insoportables de indignidad.

No pierda el tiempo lanzándome a los Conde Pompidu, Villarejo y otros jueces del sistema, sería perder el tiempo. No se matan moscas a cañonazos. En mi carta no hay insulto alguno. Sino opiniones que respalda la Constitución, y valoraciones de sus actos, actitudes, trapacerías, indignidades y espíritu cainita. Y los mantendré aunque llame a su amigo para que me de un paseo por Paracuellos.

No puede decir que le he faltado al respeto, a usted y a esas instituciones llamadas partidos políticos, incluso a esas leyes cainitas miserables hechas por políticos miserables. El respeto es un sentimiento que nace del alma (el corazón), o de la razón (la cabeza), como son el amor, el odio, la compasión o la solidaridad. Hemos hablado de corazón y cabeza, motores de nuestros actos, pero los motores que mueven a quienes son capaces de crear la vileza de la “Memoria Histórica”, habría que localizarlos en alguna zona entre el bajo vientre y los pies.

El gobierno del PSOE, moribundo, es como ese morlaco manso que derrota de forma peligrosa. Puede todavía hacer mucho más daño.

Jesús Flores Thies
Coronel de Artillería-retirado





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