Pero piense el Gobierno que si España se le va de entre las manos, no podrá escudarse tras de una excusable negligencia. Cuando la negligencia llega a ciertos límites y compromete ciertas cosas sagradas, ya se llama traición.

José Antonio Primo de Rivera.
(F.E., núm. 15, 19 de julio de 1934)

sábado, 19 de septiembre de 2009

SOBRE LAS PRIMERISIMAS NECESIDADES DE LA SEÑORA SALGADO.

Ministra, como alguno de ustedes quizá sepa, de Economía y Hacienda o algo así, y ayer portavoz del Gobierno por gracia de los intestinos de doña María Teresa.
En tales funciones -¿o funcionas?- de portavoz -o portavoza-, aseguró que el Gobierno no va a subir el IVA superreducido, que es el aplicado a los productos de primerísima necesidad, tales que el pan, las frutas, las hortalizas, y la leche. Eso, la leche.
¡Loado sea Dios!, exclamarán los bobos, los gilipollas y los socialistas, alegrándose de que los impuestos que suban sean, por ejemplo, los de los combustibles. Eso, que se jodan los ricos, que son los que van en coche.
Obvian el pequeño detalle de que el pan, las frutas y la leche hay que transportarlas, y si se encarece el combustible se encarece el transporte. El de las lechugas y el del parado que se desplaza en autobús.
Pero de esto no se darán cuenta los bobos, los gilipollas y los socialistas -los tres o cuatro que no tengan coche oficial-, porque son de los que piensan que el pan ya sale hecho en una maceta de la panadería; que las frutas y hortalizas nacen por generación espontánea en las fruterías, y que es en las estanterías del supermercado donde se produce la leche.
Eso, la leche.

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