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jueves, 15 de julio de 2010

SOBRE UNA CONFESION.

Me confieso fumador.
Me confieso fumador dede hace unos 35 años, salvo un periodo de meses en el que comprobé mi incapacidad para dejarlo y seguir siendo un ser relativamente sociable.
Me confieso fumador, y sólo arrepentido de tener que pagar un 80% de impuestos en cada cigarrillo que fumo, y de ser uno de los patrocinadores de un Estado que recaudará cerca de 8.500 millones de euros a costa del tabaco.
Me confieso fumador, y declaro que me siento discriminado por mi camello, el Estado, que me clava indecorosamente, me cose a impuestos, me insulta, me veja, me maltrata psicológicamente, niega mis derechos, pero no retira la mano de mi bolsillo.
Me confieso fumador, y me entero -hoy lo dice 20 Minutos, edición papel de Madrid, pág. 11- de que el 68% de los españoles estaría a favor de que se prohibiera totalmente el tabaco. No en los lugares cerrados, incluidos locales de ocio, sino total y absolutamente. Hasta en mi propia casa, vamos.
Y me confieso fumador y ni siquiera asombrado de que más de dos tercios de la población de este batiburrillo de pijos y progres pida la prohibición del tabaco, mientras le importa un carajo -cuando no apoya claramente- el consumo de todo tipo de drogas, incluyendo los comas etílicos de fin de semana.
¿Acaso porque un borracho o un cocainómano, heroinómano, desneuronado de cualquier tipo y orígen, es fácilmente manipulable, en tanto que el tabaco no afecta a la claridad mental?
¡Adelante, savonarolas de nuevo cuño! Prohibid fumar al tiempo que permitís el consumo de toda droga y otras lindezas como el asesinato del enfermo, del anciano o del no nacido.
¡Así fuera verdad que lo prohibiérais totalmente, y los capos de la droga volvieran al clásico contrabando de tabaco!
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P.S. Si alguno de los citados me lee, y quiere volver al negocio tradicional, que se ponga en contacto conmigo.